Otro Islam es posible

Tengo que aclarar que decir “Otro Islam es posible” es una simplificacion. Situar bajo el Islam a Omar Jayyam y a Ibn Warraq es tan absurdo como decir “Otro cristianismo es posible” y elegir como ejemplo de ello a Johan Sebastian Bach o a Bertrand Russell. Bach y Russell nacieron y vivieron en países cristianos, pero uno era creyente y el otro ateo. La música del creyente Bach tiene mucha relación con la religión, pero eso no significa que se pueda definir tan sólo como “música cristiana”.

russell

Russell escribió Por qué no soy cristiano y Warraq Por qué no soy musulmán. Russell no tuvo que usar seudónimo porque el cristianismo ya no tenía en su mano los instrumentos de la represión y la muerte.

Lo que llamamos Islam o “mundo musulmán” o “mundo árabe” es una entelequia como cualquier otra, que agrupa a decenas de países muy diferentes: basta con pensar que uno de sus extremos está en Pakistán, Indonesia o Filipinas y otro en Marruecos. Además, muy pocos de esos países son árabes: no lo es Irán, no lo es Turquía y lo es con muchísimos reparos Marruecos, en el que seguramente es mayoría la población bereber.

Lo único común a todos estos países es que están muy condicionados por la religión musulmana, lo que no creo que sea bueno para ellos. No porque la religión musulmana sea mala en sí, que lo es en tanto que lo es cualquier religión, como lo es también la cristiana, que exija a sus fieles fe y obediencia (y peor si, además, tiene la capacidad de imponer sus dogmas), sino porque, la supuesta identidad musulmana mantiene oculto todo lo que de particular tienen muchos de esos países y que, en muchos casos fue destruido por los árabes de Mahoma, a pesar de la versión que dice que el Islam fue una civilización tolerante. Lo fue, como lo fue el cristianismo, solo en momentos bastante precisos.

Alguien pensará que esto es una muestra de etnocentrismo cristiano u occidental, así que lo mejor será citar estas palabras de un persa (iraní) con el que conversó Erzesberger en su viaje a Irán:

“Siempre nos confundís con los árabes. Islam, islam, islam, no puedo oírlo más. Irán ya existía desde mucho antes que el arcángel Gabriel revelara su sabiduría a los profetas. El Corán es algo importado por los conquistadores musulmanes. ¿Qué es Irak, qué es Jordania? ¡Son países que ha inventado el Foreign Office de Londres! En cambio, nosotros ya sabemos desde hace dos mil años quiénes somos. Pero vosotros no queréis saber nada de eso. Para nosotros, Occidente es un anhelo al que nunca correspondéis. Vuestros medios de comunicación social sólo muestran todo aquello que odiáis.”

Y en efecto, Irán no tiene nada que ver con los árabes, excepto porque su cultura, de casi dos milenios de antiguedad, fue casi por entero destruída por ellos, tras la caída del último rey persa, Yazdigerd III, al que los chinos de la dinastía Tang no pudieron o no quisieron ayudar y que murió exiliado en la capital china, Changán.

¿Y qué decir de Egipto que vivió siglos bajo los faraones y casi un milenio entre Grecia y Roma? ¿Y Turquía, en la que se desarrollaron decenas de culturas, como la de los hititas y gran parte de la civilización griega?

Llegará un momento, y espero que no sea muy tarde, en que todos esos países se quitarán de encima el peso del Islam, como se lo quitaron los reinos cristianos de Europa hace no tanto tiempo. Hasta que eso suceda, lo que todos ellos tienen en común es esa simplista denominación de islámicos o musulmanes, y por eso la empleo aquí, como quizá habría empleado Cristiandad hace dos o tres siglos para referirme a un conjunto de países en los que el ingrediente cristiano todavía era el aglutinador social más poderoso.

islam

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(23 de marzo de 2006)

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