Shakespare en New Jersey, Sófocles en Baltimore

|| EL GUIONISTA Y LAS NUEVAS SERIES

||

CURSO EN AZARTE (Madrid)

David Simon, creador de The Wire, decía que su serie no era Shakesperiana, como Los Soprano o Deadwood, sino griega:

“Hemos entrado a saco en los griegos: Sófocles, Esquilo y
Eurípides, no en el chistoso Aristófanes. Básicamente, hemos tomado la historia de la tragedia griega y la hemos aplicado a la ciudad-estado moderna”.

Aunque alguien quizá creerá que Simon recurre a los griegos para dar un barniz cultural a su serie, no sucde así, pues existen muy buenas razones para pensar que, en efecto The Wire se parece a una tragedia de Sófocles o incluso a la Ilíada.

Este es uno de los asuntos que tratar en mi proximo curso en Madrid: las otras influencias de las nuevas series de televisión, lo que han robado (en el buen sentido) a los clásicos, a Sófocles y a Eurípides pero también a Shakespeare o Balzac. Descubriremos en qué se parecen Macbeth y Walter White, el protagonista de Breaking Bad o Francis Underwood (de House of Cards) y Ricardo III, o qué guionista era capaz de improvisar en pentámetros yámbicos (el verso favorito de Shakespeare) en el momento del rodaje.

Pero también hablaré de muchas otras características de la narrativa televisiva que afectan no solo a los guionistas, sino también a los directores, actores, productores, montadores  incluso iluminadores, decoradores…

En Madrid, del 18 al 22 de diciembre y de 14 a 18 horas.


Si quieres inscribirte en el curso, escribe o llama ya mismo a AZarte:

info@azarte.com || 91 522 67 68

 

Más información e inscripciones: AZarte

Tambien pueds escribirme a mí para cualquier duda: danieltubau@gmail.com

Esquema del curso
– Innovación y tradición frente a las fórmulas convencionales
– El guión convencional de cine y televisión
– La estructura del guión
– El paradigma de Field
– La estructura de Seger, Truby y McKee
– El viaje del héroe de George Lucas en Star Wars y Christopher Vogler
– Las reglas de Disney y las reglas de Pixar
– Arquetipos narrativos
– El modelo de Hollywood: la estructura en tres actos reparadora
– La multitrama televisiva de Steven Bochco

Crisis de las estructuras convencionales
– La estructura en tres actos reparadora y su crisis
– Actos y estructuras: algunos equívocos y confusiones
– La verdadera estructura del guionista

Alternativas a las teorías convencionales.
– La estructura orgánica frente a la estructura como fórmula
– Historia y relato en el nuevo mundo audiovisual
– Secuencialidad y la estructura sobrevenida
– Cómo desactivar la estructura convencional en tres actos
– Un nuevo espectador para una nueva narrativa

Las nuevas series y la nueva narrativa
– Claves de la nueva narrativa audiovisual
– La estructura en las nuevas series de televisión
– Estructuras episódicas y nuevos modelos
– Series shakesperianas y series griegas
– La revolución narrativa de las series de televisión
– Cómo se escribe un guión en las nuevas series
– La figura del showrunner y el equipo de guionistas

Técnicas narrativas de las nuevas series
– Mad Men, The Wire, Los Soprano, Breaking Bad, Juego de Tronos, Lost…
– Cómo afecta la nueva narrativa al trabajo de los actores, a los diálogos, a la
realización, al montaje… y a los guionistas.
– Nueva y vieja narrativa: nuevas maneras de trabajar y nuevas teorías de guión
– Por qué el espectador es el protagonista

Los interesados pueden mandar un email con cv y foto a info@azarte.com


 

danieltubau

Daniel Tubau
Guionista y director de televisión durante más de veinte años y profesor en prestigiosos centros como la Escuela de Cine (ECAM) y universidades como Juan Carlos I, Carlos III, Nebrija y muchas otras.

Es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Recientemente ha publicado El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas
narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. Su último libro de guión es El protagonista es el espectador, manual y antimanual de guión, un libro que intenta superar los dogmas de los gurús de guión, que muestra los errores y los callejones sin salida a los que conducen muchos métodos y que propone recuperar el placer de escribir guiones trabajando de una manera más sensata y creativa, lejos de fórmulas dogmáticas y recetas mágicas que solo llevan a lo previsible.  Es también autor de libros de ensayo y de ciencia ficción.

Perfil laboral en Linkedin: http://es.linkedin.com/pub/daniel-tubau/15/321/a8b

Descarga aquí mi CV, curriculum o historia laboral: Danieltubau – CV

 

LIBROS DE GUIÓN DE DANIEL TUBAU

El guión del siglo 21
El futuro de la narrativa en el mundo audiovisual
Alba editorial, 407 páginas.

En formato papel y en ebook para kindle, iPad, y cualquier lector electrónico: Amazon//Casa del Libro
Web del libro: El guión del siglo 21


LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA

Reglas y excepciones en la práctica del guión
Alba Editorial, 390 páginas

En formato papel y ebook electrónico
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web del libro: Las paradojas del guionista

 


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Manual y antimanual de guión

 


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Guionistas del siglo 21. Curso en EICTV CUBA en 2018

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Fuxi

||Orígenes mitológicos de China

Fuxi (伏羲) es el hermano o amante, o ambas cosas, de Nüwa, la creadora de los seres humanos. Se le atribuyen algunas invenciones importantes, como la escritura, la adivinación, el calendario, la red para pescar, la institución de la realeza, las matemáticas o los ocho trigramas del Yi jing (I Ching), aunque tiene dura competencia mitológica con otros personajes, como Canjie, al que también se le atribuye la escritura. En cuanto a los trigramas del Yijing, es necesario aclarar algunos asuntos.

El Yijing es un libro muy popular hoy en día en todo el mundo, así que no hace falta explicar que se trata de un oráculo compuesto de líneas continuas y líneas cortadas:

Los 64 hexagramas del Yijing (o Zhouyi, para ser más exactos)

Como se ve en la ilustración anterior, los 64 hexagramas se pueden considerar como el resultado de combinar 8 trigramas (combinación de tres líneas) en la parte superior o inferior de cada figura. Los 8 trigramas son:

Los ocho trigramas. Los cuatro de la izquierda se consideran yang y los cuatro de la derecha yin, a pesar de la paradoja de que hay más trigramas con mayoría de líneas yang (continuas) entre los trigramas considerados yin, y a la inversa.

Ahora bien, el Yi jing o I Ching es un libro que se compone del oráculo llamado Zhouyi (Cambios de los Zhou) junto a otros textos muy posteriores que constituyen lo que se llama las Diez Alas. Se trata de comentarios al Zhouyi, muy influyentes y consultados, puesto que el oráculo original resulta difícil de interpretar y de entender. Casi todas las ideas populares acerca del oráculo proceden de esos comentarios tardíos al Zhouyi, e incluso es en el Gran Tratado, el más importante de esos comentarios, donde se atribuye a Fuxi la invención de los trigramas:

“En la antigüedad el honorable Bao Xi (Fuxi), soberano del mundo entero, miró hacia arriba para contemplar las imágenes [guan xian] que había en el Cielo, y luego miró hacia abajo para observar los modelos [fa] surgidos de la Tierra, observó los dibujos [wen] de cada ave y de cada bestia, y qué cosas eran adecuadas para la Tierra. Para lo cercano eligió [compararlos con] su propio cuerpo; para lo lejano, escogió [compararlos con] otras cosas, y a partir de ahí creó los ocho trigramas, para poder establecer una comunicación con la virtud inherente a la iluminación espiritual”.

M.E. Lewis traduce el final de este pasaje de manera bastante diferente:

“Para comunicarse con los poderes de las inteligencias espirituales y así clasificar [o categorizar] las naturalezas de la miriada de objetos”.

Por su parte, Richard Rutt traduce este importante pasaje de la siguiente manera:

“Entonces creó los ocho trigramas con los que es posible comunicarse [o que tienen el poder para comunicar] con los espíritus y clasificar la miriada de los seres”.

Es decir, los trigramas servían de alguna manera para que los seres espirituales se comunicasen con los seres humanos y les trasmitiesen sus conocimientos, por ejemplo ayudándoles a predecir el futuro, o al menos a saber si era un buen momento para llevar a cabo una determinada acción. Sin embargo, lo curioso es que Fuxi después fue creando diversos usos, costumbres e instituciones humanas inspirándose no en los trigramas (tres líneas) sino en los hexagramas(seis líneas), que se supone no existían entonces, pues serían creados dos milenios más tarde por el rey Wen de los Zhou a partir de los trigramas:

“Fuxi clasificó los diez mil seres de acuerdo a sus tendencias innatas, anudó cuerdas para poder hacer redes con las que cazar y pescar, y probablemente esto se le ocurrió gracias al hexagrama Li“.

Diagrama que Fuxi vio en el caparazón de una tortuga, en un dragón o en un caballo que surgió de las aguas del Río Amarillo. Sin embargo, estos diagramas también son muy posteriores, de la dinastía Song, hacia el año 1000 de nuestra era, y no se conserva ninguna de las representaciones antiguas, si es que existieron.

La confusión crece cuando seguimos leyendo el Gran Tratado, es decir uno de los comentarios o “alas” del Zhouyi y se nos cuenta que en realidad Fuxi creó los trigramas al contemplar el lomo de un dragón o de una tortuga que salía del Río Amarillo. Por si esto fuera poco, en otro de los comentarios, la Octava Ala, se dice que los trigramas fueron surgiendo simplemente cuando Fuxi se dedicó a examinar los hexagramas en detalle. El compilador más influyente durante siglos del Yijing, el precoz y prodigioso Wang Bi, creía que no solo los trigramas, sino también los hexagramas habían sido creados por Fuxi.

En cualquier caso, como he dicho antes, estas interpretaciones no pertenecen al oráculo original, al Zhouyi, sino a los añadidos posteriores o Diez Alas.

Como su nombre indica, el Zhouyi o Cambios de los Zhou es el libro oracular de la dinastía Zhou, que empezó a gobernar en lo que con el tiempo sería China, tras derrotar a los Shang. Los Shang, a su vez, tenían su propio libro oracular a partir también de los mismos hexagramas, pero ordenados de otro modo, llamado Guicang que desapareció, pero del que se han encontrado fragmentos en excavaciones realizadas en 1993 en una tumba de Wangjiatai, datada antes de la unificación de China, en la época final de los Zhou. Una de las curiosidades de este descubrimiento es que las líneas cortadas se representan de diferente manera:

 

 

 

   Ming Yi 明夷

Por otra parte, se supone que la dinastía Xia, todavía situada en el resbaladizo terreno que separa mito de historia pero de la que cada vez se encuentran más indicios, interpretaba los hexagramas de una tercera manera en su libro Lianshan. De todo esto hablo en mi próximo libro, dedicado al arte de la estrategia en China, que incluye la tradución de El arte de la guerra de Sunzi (o Sun Tzu) llevada a cabo por Ana Aranda Vasserot, y que se publicará en mayo de 2018, así que no me extenderé más aquí en este asunto. Pero sí es importante señalar que la idea tan extendida, no solo entre los neófitos sino también entre los expertos ya desde la época Han o incluso antes, de que se deben crear o agrupar los signos del Yijing (los 64 hexagramas), a partir de los trigramas, no parece pertenecer al oráculo original (al Zhouyi). Por lo tanto, el atribuirle a un personaje mítico como Fuxi la creación de los ocho trigramas es probablmente un recurso de quienes decidieron que ordenar las líneas en tríos era importante, para así dotar a su invención de una mayor respetabilidad. En realidad, resulta bastante habitual el hecho de que en todas las culturas y religiones que cuanto más se retrocede en la atribución de una invención, más cercana a nosotros es esa invención.

Volvamos a Fuxi.

En la entrada dedicada a Nüwa he hablado de la gran inundación que cubrió la tierra y de cómo la diosa de cuerpo de serpiente reparó los daños, pero lo que al parecer no pudo evitar fue la desaparición de todos los seres humanos, por lo que fue inevitable que ella y su hermano Fuxi repoblaran de manera incestuosa el planeta. Todos nosotros descendemos de aquellos dos hermanos, como se supone que descendemos de los hijos de Adán y Eva, también unidos de manera incestuosa (al menos si hemos de creer que no había más seres humanos que los que fueron expulsados del Paraíso). Lo que no he contado allí es que según una versión del mito, Nüwa y Fuxi fueron en cierto modo los culpables del Diluvio, cuando liberaron al dios del Trueno o la Tormenta, que el padre de ellos, todavía niños, había encerrado en una caja (para este interesante mito, ver Lei Gong). Los dos niños sobrevivieron gracias a un barco que construyó su padre, al que podemos considerar el Noé chino, o el Utanapishti, Atrahasis o Ziusudra, si retrocedemos hasta el mitos sumerio-babilonio-acadio que inspiró el relato bíblico del Diluvio Universal. Cuando el Señor del Cielo detuvo el diluvio, el barco se estrelló contra el suelo y el padre de Fuxi y Nüwa murió.

Dos nagas o dioses serpientes de la India, extraordinariamente semejantes a Fuxi y Nüwa.

En cuanto al origen de la nueva humanidad, también existen diferentes versiones. En Nüwa me he referido a la que asegura que la diosa creó a los seres humanos con arcilla amarilla, pero otras variantes dicen que tras el diluvio los dos hermanos pidieron permiso a los dioses para aparearse, que subieron a un monte y encendieron dos fuegos. Al ver que el humo de las dos hogueras se entrecruzaba al elevarse hasta el cielo, interpretaron que los dioses permitían la unión sexual entre ellos.

Nüwa quedó embarazada, pero la criatura que nació era tan solo una bola de carne, algo parecido a lo que los científicos de hoy en día intentan hacer para que podamos comer carne sin causar sufrimiento y matar a los animales. Fuxi cortó en tiras esa bola de carne y clavó las piezas en una larguísima lanza que elevó hacia el cielo, hasta que el viento fue dispersando los pedazos por toda la tierra. De cada uno de esos pedazos nació una persona y así se repobló la tierra entera.

Una versión nos ofrece una explicación más sencilla. Fuxi quería tener hijos con Nüwa, pero ella no estaba segura de que debiera hacerlo, así que retó a Fuxi a una carrera: si él la alcanzaba, tendrían hijos. Según parece, Nüwa era muy veloz, pero todos nosotros somos la prueba de que Fuxi logró correr más que ella.

En El mito de la creación en la tumba de Chu contaré en detalle la versión más antigua del mito de la creación y el papel que jugaron Fuxi y Nüwa.

 

 


Bibliografía: Mark Edward Lewis, Flood Myths in ChinaChinese Mithology A to Z, Jim DeFelice; Zhouyi, por Richard Rutt; Unearthing the Changes, por Edward Shaughnessy; Yijing, El Libro de los Cambios, por Jordi Vila y Albert Galvany.

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La columna de fuego

En casualidades significativas y narrativa  cité de memoria un pasaje de la novela El mago, de John Fowles:

“Un coleccionista de arte francés vive en su castillo rodeado de cuadros valiosísimos que ha reunido a lo largo de toda su vida. En un pequeño pueblo del cinturón del maíz de Estados Unidos, conocido por su religiosidad puritana, un granjero ruega todas las noches a Jesucristo que llegue el día del Juicio Final. Una noche el castillo del millonario francés arde. Esa misma noche el granjero se despierta y siente que el Juicio Final ha llegado… Tal vez estás pensando en la relación que existe entre las dos historias, la del granjero y la del millonario francés. Sin embargo, la única relación soy yo, el narrador”.

Ahora, casi diez años después. he buscado en la novela la cita. No la he encontrado, porque no existe. El pasaje que yo cité es un invento mío, fabricado a partir de varios pasajes del libro de Fowles. La historia no transcurre en el cinturon del maíz de Estados Unidos, sino en los bosques de Noruega y se desarrolla a lo largo de varios capítulos. En primer lugar, Conchis recuerda un viaje que hizo a un lugar llamado Seidevarre, para conocer a un campesino “bastante culto” que sabía mucho de pájaros. Allí conoce al campesino, Gustav, y a su cuñada, la esposa de Heinrik, un hombre que vive solo en un promontorio y al que su propio hermano define como “loco”. Un día van a visitar la cabaña de Henrik, aprovechando su ausencia. Conchis descubre que en las vigas de madera de la casa hay varias frases grabadas, como en la célebre torre de Montaigne. La primera cita está en noruego: “Henrik Nygaard, maldito de Dios, nos escribió con su propia sangre en el año 1912”. Las otras dos citas son bíblicas:

“Acamparon al borde del desierto. Y el Señor avanzaba delante de ellos durante el día montado en una columna de humo, y de noche en una columna de fuego”. (Éxodo)

 

“Os di la luz desde una columna de fuego, pero me habéis olvidado, dijo el Señor”. (Esdras)

Días después, Conchis visita la cabaña del loco Henrik con la excusa de proponerle un remdio para su casi ceguera y está a punto de ser asesinado por el hombre, que lo persigue con un hacha. Trascurridos varios días más, una noche asisten a una revelación de Henrik, que parece recibir un mensaje de Dios, pues la locura del hombre está asociada a un extremo fanatismo religioso. Esa noche, dice Cochis, al escuchar los gritos de Henrik agradeciendo a Dios su revelación, siente tambalearse todas sus certezas:

»Habréis comprobado que toda mi vida, hasta ese momento, se centraba en la actitud científica, médica, clasificatoria. Me condicionaba una visión casi ornitológica del ser humano. Buscaba especies, comportamientos, me dedicaba a observar tranquilamente, pero allí, por primera vez en mi vida, dejé de estar seguro de mis criterios, mis creencias y mis prejuicios. Sabía que aquel hombre vivía una experiencia que estaba fuera del alcance de toda mi ciencia y toda mi razón, y sabía que mi ciencia y mi razón serían imperfectas hasta que no fueran capaces de comprender y abarcar lo que estaba ocurriendo en la mente de Henrik. Sabía que Henrik estaba viendo una columna de fuego que flotaba sobre el agua; y sabía que no había allí ninguna columna de fuego, que podía demostrarse que la única columna de fuego estaba en la mente del propio Henrik.  Pero repentinamente vi, como un destello, como iluminado por un relámpago, que todas nuestras explicaciones, clasificaciones y derivaciones, que todas nuestras etiologías, eran una red muy delgada. Y que la realidad, ese gran monstruo pasivo, ya no estaba muerta y había dejado de ser fácilmente manejable; sino que, por el contrario poseía un misterioso vigor, y nuevas formas y posibilidades. La red no era nada. La realidad la atravesaba violentamente. Es posible que se produjera una corriente telepática entre Henrik y yo. No lo sé».

Pues bien, Conchis está contando este relato a Julie y al narrador de El mago, y entonces les revela una conexión entre un incendio en el castillo del coleccionista de arte De Deukans, amigo de Conchis y del que hablaron antes, y el momento de la revelación de Henrik:

        »    —Henrik vio en mi presencia su columna de fuego la medianoche del diecisiete de agosto de 1922. El incendio en Givray-le -Duc empezó aproximadamente a la misma hora del mismo día.

            Julie se mostró más abiertamente incrédula que yo. Conchis miraba hacia otro lado, y los ojos de ella se encontraron con los míos. Julie bajó la vista haciendo una mueca de decepción.

            —¿No estará sugiriendo…? —dije.

            —No estoy sugiriendo nada. No hubo relación alguna entre ambos acontecimientos. No es posible que exista ninguna relación. O, mejor dicho, la única relación soy yo. Yo soy el significado de la coincidencia, si es que tiene alguno».

El narrador añade que Conchis dijo esto último: “en un tono desacostumbradamente vanidoso, como si verdaderamente creyese que en cierto sentido él había precipitado ambos acontecimientos y su coincidencia temporal”, casi como si fuera un discípulo de Jung y la sincronicidad, lo que no sería extraño, dado el interés que Conchis confiesa por la ciencia y por el psicoanálisis, pero enseguida el narrador añade una observación muy inteligente, que nos aleja de la fantasía jungiana:

»Yo sentí que esa coincidencia no era una verdad literal, sino una circunstancia inventada por él y que tenía un significado metafórico; que ambos episodios tenían una vinculación significativa, que teníamos que utilizarlos para interpretar su personalidad»


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Casualidades significativas y narrativa

“Un coleccionista de arte francés vive en su castillo rodeado de cuadros valiosísimos que ha reunido a lo largo de toda su vida. En un pequeño pueblo del cinturón del maíz de Estados Unidos, conocido por su religiosidad puritana, un granjero ruega todas las noches a Jesucristo que llegue el día del Juicio Final. Una noche el castillo del millonario francés arde. Esa misma noche el granjero se despierta y siente que el Juicio Final ha llegado… Tal vez estás pensando en la relación que existe entre las dos historias, la del granjero y la del millonario francés. Sin embargo, la única relación soy yo, el narrador”.

Algo así (lo he citado de memoria) cuenta John Fowles en El mago.

Tenemos la tendencia irreprimible de trazar nexos y establecer relaciones, de justificar nuestros comportamientos y los de los demás. De dar razón de todas las cosas que observamos, de explicarlo todo. Pero casi todas nuestras brillantes explicaciones son tan arbitrarias como las que establecemos entre dos hechos cualesquiera cuya única relación es, por ejemplo, una coincidencia temporal.

Del mismo modo, esperamos también la conclusión de un argumento para que de pronto todo lo que se ha dicho cobre sentido, así que, cuando descubrimos que no existe tal conclusión, nos quedamos muy sorprendidos.

Quizá sería más razonable acostumbrarnos a aceptar que muchos sucesos no tienen otra conexión que su coincidencia temporal, o tal vez tan solo su coincidencia en nuestro propio cerebro. Y que muchos argumentos o muchas explicaciones deberían detenerse antes de traspasar el límite de lo que realmente podemos explicar o justificar. O al menos distinguir entre los trucos de la narrativa convencional y la complejidad del mundo real. 


COMENTARIO EN 2017

He buscado la cita en El mago de John Fowles, que no coincide en nada con la que yo me había inventado, excepto en el argumento precisamente, en la intención argumentativa, que sí es la misma.

Lo explico en La columna de fuego.

 


[Escrito en 2008]

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Los recuerdos de un melancólico

|| Casanova, segundo acto 2

Casanova dice en el prefacio de sus Memorias que a lo largo de su vida ha tenido todos los temperamentos:

“El colérico en mi infancia, el sanguíneo en la juventud; más tarde, el flemático, y, por fin, el melancólico, que probablemente no me abandonará ya”.

Es una manera muy interesante de aplicar la teoría de los humores o caracteres de Hipócrates, Teofastro y La Bruyere. En vez de considerar que cada persona se ajusta a uno de ellos, lo que sucede es que los atravesamos a lo largo de nuestra vida, de manera semejante a aquellas etapas de la vida de las que hablaba Kierkegaard, la estética, la ética y la religiosa.

Al considerar si yo mismo he atravesado por los temperamentos casanovianos, quizá diría que he sido colérico, melancólico, sanguíneo y tal vez ahora flemático, así que no sé si en la vejez repetiré alguno, o si ya me moriré flemático.

Regresemos a Casanova y su afirmación, implícita en su descripción de los temperamentos, de que la Historia de mi vida fue escrita por un melancólico, puesto que escribió el libro en su vejez.  Podríamos esperar entonces unas memorias melancólicas, pero no sucede así. Al menos no sucede así cuando es importante que no suceda así.

Es cierto que el anciano Casanova comenta a menudo los recuerdos que está narrando y que también se suceden las observaciones filosóficas o teológicas, las opiniones acerca de las ciudades o países que visitó, las disquisiciones sobre el carácter de los hombres y las mujeres que conoció. Todo ello desde el punto de vista del memorialista, del Casanova anciano. Es verdad también que de tanto en tanto se encuentran reflexiones sobre la fugacidad de la vida y el paso del tiempo que, por supuesto, son melancólicas, y que contagian al lector ese sentimiento. Pero lo notable es que esa melancolía desaparece enseguida, al iniciarse cada nueva aventura del veneciano. El Casanova melancólico sabe contarnos la aventuras del Casanova sanguíneo como si por un momento volviera a serlo. Ese anciano es capaz de comentar, explicar, buscar razones para entender lo que hizo aquel joven, pero al hacerlo no le roba su voz al Casanova que fue.

Por otra parte, al leer estas memorias inagotables, las desgracias que Casanova padece a lo largo de su vida nos inquietan sólo por un instante, porque sabemos que, unas páginas más adelante, nuestro héroe (¿pues qué es Casanova sino un héroe?), se recuperará, y que nos demostrará que “si existe el placer y sólo se puede gozar de él estando vivo, la vida es dicha”. 

Continuará


[Escrito en 1997. Republicado en 2007, 2011 y 2017]

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