¿Quién ganó la guerra de Troya?
Homéricas /003

Si existen preguntas estúpidas, esta parece la más estúpida de todas.

Todo el mundo sabe que la guerra de Troya la ganaron los griegos y la perdieron los troyanos. Todo el mundo conoce la historia del célebre caballo inventado por Ulises y de la conquista a sangre y fuego de la ciudad. Todos saben que ese fue el desenlace de los épicos combates que se cuentan en la Ilíada. Todos lo saben, excepto el autor de la Ilíada.

En la Ilíada, en efecto, no se cuenta el final de la guerra de Troya. La historia termina en los funerales de Héctor. Es cierto que de vez en cuando escuchamos profecías que anuncian la caída de Troya, como cuando, durante los sacrificios propiciatorios de los griegos en Áulide, tuvo lugar un prodigio:

“Un horrible dragón de roja espalda, que el mismo Olímpico sacara a la luz, saltó de debajo del altar al plátano. En la rama cimera de éste se hallaban los hijuelos recién nacidos de un ave, que medrosos se acurrucaban debajo de las hojas; eran ocho, y, con la madre que los parió, nueve. El dragón devoró a los pajarillos, que piaban lastimeramente; la madre revoleaba en torno de sus hijos quejándose, y aquél se volvió y la cogió por el ala, mientras ella chillaba. Después que el dragón se hubo comido al ave y a los polluelos, el dios que lo había mostrado obró en él un prodigio: el hijo del artero Crono lo transformó en piedra, y nosotros, inmóviles, admirábamos lo que ocurría.” (Ilíada, Canto II)

Dragon eating nest of young birds
Alciato, Les Emblemes (1542, Paris)

El adivino Calcante interpreta que esa es una señal de los dioses que indica que Troya será conquistada:

“El próvido Zeus es quien nos muestra ese prodigio grande, tardío, de lejano cumplimiento, pero cuya gloria jamás perecerá. Como el dragón devoró a los polluelos del ave y al ave misma, los cuales eran ocho, y, con la madre que los dio a luz, nueve, así nosotros combatiremos allí igual número de años, y al décimo tomaremos la ciudad de anchas calles.”

¿Y por qué no interpretar lo contrario?  Que el ave y los polluelos son los griegos (Agamenon y sus aliados) y que el dragón es la prodigiosa fortaleza de Troya con sus muros rojos y sus almenas afiladas?

La de Calcante, en cualquier caso, es sólo una profecía más,  y el autor de la Ilíada nunca nos llega a confirmar que se cumpla. Así que, deberíamos recordar, como se ha visto ya (o se verá) en otras homéricas, que a los dioses les gusta engañar a los humanos y anunciarles cosas que no sucederán o que sucederán de una manera insospechada.

No es el autor de la Ilíada sino el de la Odisea quien nos cuenta el saqueo de Troya con la artimaña del caballo, por boca del cantor Demódoco, pero, como también veremos en otras homéricas, los expertos no sólo se preguntan si hay un autor individual detrás de la Ilíada y la Odisea, sino si, en caso de existir un autor, se trata del mismo autor. Si decidimos que el autor o autora de la Odisea no es el mismo que el de la Ilíada, tendremos que admitir que el de la Ilíada no nos llega a contar quién ganó la guerra. ¿Lo sabía?, ¿su versión era diferente que la que se cuenta en la Odisea?

Cómo dudar de lo indiscutible

Pero, ¿qué argumentos existen para dudar de algo tan admitido como que los griegos conquistaron Troya?

El primero es que cuando los caudillos griegos regresan a sus hogares, casi todos pierden su reinos: Agamenón es asesinado por su esposa y el amante Egisto; Menelao pasa por Egipto y, según algunos se queda allí, sin regresar a Esparta; Diomedes emigra a Italia tras ser también mal recibido en su reino; el hijo de Aquiles, Neoptolemo, también es expulsado de su tierra. El propio Ulises llega, tras largos años de navegación, a su Ítaca natal y, aunque recupera el reino, debe enfrentarse a los usurpadores.

Egisto asesina a Agamenón delante de Clitemnestra, que evita contemplar el crimen

Está claro que no se trata de un regreso triunfal para unos conquistadores. Más bien parece todo lo contrario: la huida, dando tumbos de un lado a otro, de unos derrotados. A esto se une el asombroso hecho de que la historia y la arqueología parecen confirmar que las ciudades griegas fueron destruidas coincidiendo con la guerra de Troya o poco después, y que allí se inició casi sin duda la llamada época oscura, que duró tal vez cuatrocientos años. Esa época oscura separa la época que cuenta Homero de la época en la que vivió el propio Homero (o quien escribió las versiones que conocemos de la Ilíada y la Odisea).

Pero hay otros detalles que nos hacen dudar de la versión oficial.

Tras conquistar Troya, los griegos se embarcan  a toda prisa, discuten y pelean entre ellos, incluso Menelao con su hermano Agamenón. Se echan al mar precipitadamente, enfrentándose a tormentas, en vez de esperar, en una tierra ya conquistada, el momento propicio. Parece de nuevo más una huida que una triunfante expedición de regreso.

Por otra parte, los troyanos, supuestamente vencidos, fundan reinos: el dardanio Eneas llega a Italia y su hijo Ascanio funda Alba Longa, origen de la futura Roma; Antenor también llega a  Italia, funda Padua y con sus hombres, los eneti, da nombre a la región del Véneto. Finalmente, Heleno, el hijo del rey Príamo de Troya, se convierte en rey de los molosos y del Epiro, es decir de una importante región griega. ¿Cómo es posible que un descendiente de la ciudad arrasada hasta sus cimientos se convierta en rey en Grecia? No parece tener mucho sentido.

Tampoco tiene mucho sentido que, como cuentan las leyendas oficiales, cuando murió el raptor de Helena, el príncipe Paris de Troya, ella no fuera devuelta a los aqueos, sino que se casara con otro de los hijos de Príamo, Deífobo. Parece más una alianza entre el pueblo de Helena (Esparta) y el de Troya que un rapto. De este asunto se hablará en ¿Fue raptada Helena de Troya?

¿Sólo un ejercicio dialéctico?

Dion Crisóstomo (Dión de Prusa)

Algunos de los argumentos que he ofrecido a favor de la victoria de Troya en la guerra pertenecen al Troico (Troyano) o Discurso sobre Troya, de Dión Crisóstomo. Se trata probablemente de un ejercicio retórico para ejercitarse en el estilo y en la argumentación, uno de los llamados progymnásmata (“ejercicios previos”).

El que emplea Dión es una refutación o aneskeué, en el que  la dificultad consiste en demostrar lo contrario a lo más creído y aceptado por todo el mundo, oponerse con buenas rzones a lo más evidente, a lo indiscutible. En otras ocasiones, la aneskeué consiste una refutación sin segunda intención, como Contra Celso, donde el cristiano Orígenes, para refutar a su enemigo, casi nos trasmite entero el texto del anticristiano Celso.

La verdad es que Dión Crisóstomo muestra una gran habilidad y puede llegar a hacernos dudar si creía sinceramente o no que Homero era un embustero, porque da buenos argumentos para dudar de lo que nos cuenta Homero. Algunos incluso coinciden con lo que hoy en día piensan los historiadores, lingüistas y arqueólogos:

“Él compuso sus poemas muchas generaciones después de los sucesos reales, cuando los que habían conocido los hechos había fallecido junto con sus descendientes, y sólo sobrevivió una tradición oscura e incierta, como es de esperarse en el caso de eventos que han ocurrido en el pasado distante.”

Homero quería complacer a sus lectores u oyentes griegos, así que cambió la historia:

“Además, Homero tenía la intención de recitar sus poemas a las masas y la gente común, por lo que exageró los logros de los griegos, de modo que incluso las personas más sabias no lo refutaran.”

Y concluye:

“Así sucedió que se fue tan lejos como para representar lo opuesto a lo que realmente ocurrió.”

Pero, ¿puede haber algo de verdad en este juego retórico de Dión Crisóstomo? ¿Puede ser cierto que en el largo trascurso desde los acontecimientos hasta su trasmisión en época griega se hubiera olvidado el verdadero desenlace de la guerra y se hubiera llegado a creer que ganaron quienes habían perdido? Parece difícil creer algo así, pero hay ejemplos similares, como la célebre batalla de Kadesh entre egipcios e hititas. Durante dos mil años se creyó que vencieron los egipcios, porque así lo contaron ellos, por ejemplo en el Poema de Pantaur, pero ahora algunos creen que la victoria fue para los hititas y otros que se produjo una especie de empate técnico.

En otras homéricas veremos si pudo suceder algo parecido en Troya.

*******************

NOTAS DISPERSAS

El de los regresos o nostoi es uno de los temas más interesantes relacionados con los textos homéricos y la tradición legendaria griega. Son los regresos de los héroes griegos tras conquistar Troya. El más célebre es, por supuesto, el de Ulises a Ítaca. He dedicado una página de poesía a los regresos: Nostoi.


Hablé de cómo Orígenes salvó el texto de Celso al intentar refutarlo en Elogio de la infidelidad:

“Se me perdonará, por quienes perdonan y castigan estas cosas, el uso de la cursiva y el abuso de Chesterton. En realidad, incluyo citas de Chesterton en todo lo que escribo con la secreta esperanza de que si sus libros no sobreviven por sí mismos puedan hacerlo en el interior de los míos. Así es como ha llegado hasta nosotros el Discurso verdadero contra los cristianos, de Celso: el cristiano Orígenes quiso refutarlo por hereje y lo copió casi entero en Contra Celso, mandándolo directamente a la posteridad.”


De las incertidumbres acerca de la batalla de Kadesh hablé en Las paradojas del guionista:

“Aunque muchos historiadores pretenden contar los hechos tal como sucedieron, no es una tarea tan sencilla como parece. La batalla de Kadesh, que enfrentó al faraón Ramsés II con el rey hitita Muwatali hacia el año 1290 a.C. se puede considerar un hecho histórico, pues es el primer conflicto bélico bien documentado. Sin embargo, los historiadores no acaban de ponerse de acuerdo acerca de quién ganó la batalla. Tanto Muwatali como Ramsés afirmaron que el triunfo era suyo, y el faraón egipcio incluso hizo grabar espectaculares murales en Abu Simbel, en los que se le podía admirar destrozando al ejército hitita. Aunque se ha considerado que el resultado fue un empate, los historiadores discuten si las consecuencias a medio y largo plazo fueron beneficiosas para los hititas o para los egipcios. Éste es un buen ejemplo de lo difícil que es interpretar un «hecho» histórico.”

La batalla de Kadesh y los hititas, por supuesto, aparecerán en otras homéricas.


En 2019 publiqué Maldita Helena en editorial Ménades, donde analizo con más detalle la supuesta invención de Dión de Prusa y otras historias sorprendentes acerca de la guerra de Troya.

Elogio de la infidelidad
Editorial Dayan, 2019
Comprar ebook 

Un ensayo que defiende la libertad y la razón y que niega que la fidelidad sea una virtud.
Entretenido, divertido y convincente, a pesar de refutar muchas ideas preconcebidas.
“Chispeante y demoledor” (Pilar González, arqueóloga e historiadora).

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Originally posted 2012-02-17 00:50:03.

Proust bajo las aspas

Alguien pone aspas rojas cubriendo otros plantillazos. Tal vez sea el mismo que pone lo que tapa, o tal vez su arte consista en fundirse con el de otro. Bajo las aspas rojas parece estar Proust.

2018: aunque también podría ser Gabriel García Marquez. Resulta difícil asegurarlo.


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Originally posted 2006-01-20 00:35:00.

Omar Jayyam entre Dios y el vino

 Omar Jayyam

Ghiyathuddin Abulfash Omar ben Ibrahim al Jayyam, conocido como Omar Jayyam (o Khayam) es un poeta, astrónomo y matemático persa que vivió en los siglos XI y XII. Nació en Nishapur y fue compañero en su juventud de Hassan al Sabbah, el fundador de la temida orden de los hassasin (que es el origen de la palabra asesino). Se dice que junto a otros siete sabios participó en la reforma del calendario musulmán. Amin Mahlouf le ha dedicado todo un libro, Samarcanda, que no he tenido el gusto de leer.

Samarcanda Maalouf

Desde que Edward Fitzgerald tradujo los Rubayyat al inglés, Jayyam se convirtió en el paradigma del poeta ateo y descreído, escéptico y volcado en los placeres del vino. Una especie de Anacreonte persa. Sin embargo, los sufíes niegan esta imagen de Jayyam y le convierten en uno de los adeptos a su secta.

Los sufíes son una variante o especialización mística del Islam, que se podría comparar a los gnósticos cristianos, aunque las coincidencias entre ambas corrientes son sólo ocasionales. Ali-Shah, que se declara sufí, tradujo los Rubayyat en colaboración con Robert Graves, el autor de Yo, Claudio, la crónica de la primera guerra mundial Adios a todo eso y libros de mitología como Los mitos griegos o La diosa blanca. Ali Shah y el propio Graves  reprochan a Fitzgerald haber realizado una traducción completamente desfigurada de Jayyam, tanto en la forma como en el fondo.

Del mismo modo que hizo Juan de la Cruz con el Cantar de los Cantares de Salomón, estos sufíes interpretan mediante alegorías la poesía de Jayyam: el vino es Dios, los efebos sus compañeros de religión, la taberna es la iglesia.

Así pues, el mito del Jayyam epicúreo se tambalea. ¿Quién tiene razón? Lo ignoro, pero me atreveré con algunas consideraciones dispersas.

En cuanto al asunto de la traducción, es casi seguro que es más fiel la de Shah y Graves (Alejandro Calleja en la versión castellana, porque la traducción original es en inglés) que la de Fitzgerald.

Sin embargo, ahora (en 2010) he descubierto que la traducción de Ali Shah es considerada muy inexacta por los islamistas, pero no sé si hay que entender islamistas en el sentido religioso y en tal caso con el sentido o no de extremismo religioso o islamistas en el sentido de estudios del Islam. Tengo que aclarar, en cualquier caso que el Ali Shah que tradujo los Rubayyat es Omar Ali Shah, y no su hermano Idries Shah, de quien no me fío demasiado, a pesar de que me encantan sus antologías, no sé si reales o en parte inventadas, de los dichos de ese gran sirvegüenza llamado Nasrudín.

En cuanto a si hay que interpretar alegóricamente el texto, estos autores que critican la traducción de Ali Shah también ofrecen argumentos poderosos en favor de la idea de que Jayyam era sufí (eso me hace suponer que me refería a “islamistas” en el sentido religioso). Ahora bien, el hecho de que sea sufí no valida sin más su interpretación alegórica.

Otro asunto interesante es el de los traductores y traidores (tradutore/traditore). Es cierto que hay traductores que más que traducir ofrecen variaciones sobre un tema, un tema insinuado o contenido en los poemas de la víctima, es decir, el autor. Pero unos lo hacen mejor y otros lo hacen peor.

A veces las variaciones son tan interesantes o más que el original. Esto no sucede, en mi opinión, con las traducciones homéricas de Agustín García Calvo, que me fatigan a pesar de su erudición y saber, pero sí en el de Fitzgerald. Tengo que reconocer que me gustan más las versiones de Fitzgerald, que las de Shah/Graves/Calleja. ¿Qué le voy a hacer?

Un ejemplo:

Oh, Tú que al hombre de tierra vil hiciste,
y que junto con el Edén creaste a la serpiente
por todo el pecado con el que el rostro del hombre
se ennegrece, da el perdón al hombre, !y tómalo!
(Fitzgerald)

Tú, siempre consciente de todos los secretos;
Quien socorres a toda carne en su hora de necesidad,
Concédeme arrepentimiento, también concédeme misericordia
Tú que perdonas todo, Tú que castigas todo.
(Graves/Shah/Calleja)

Como se ve, la diferencia es grande. Lo que en la versión de Fitzgerald es una poderosa acusación a un Dios que creó al ser humano a su imagen y semejanza, pero que, además, creo a la serpiente para tentarlo, sabiendo que era inevitable que lo consiguiera, y que le castigó: ¿no es acaso ese Dios el responsable de los males que ha causado a su criatura?

Se dice que Fitzgerald era un poeta mediocre, y tal vez sea cierto. Es posible, aunque yo lo dudo, que sea más hermosa la traducción de Graves/Shah/Calleja, pero no puedo evitar sentir algo parecido a la indiferencia al leer la cuarteta traducida por los tres puristas (quizá no haya que incluir a Calleja, como traductor de traductor (Graves) de traductor (Ali Shah). En el caso purista me parece estar ante poco más que una plegaria formal e insípida, mientras que siento algo mucho más intenso, desde un punto de vista emocional e intelectual, al leer esos versos en los que es Dios el que ha de pedir el perdón de los hombres. Tal vez sea debido a que soy un ateo decimonónico, no lo sé, pero la idea trasmitida en los versos de Fitzgerald-Jayyam me parece más intensa, más atinada y más interesante desde cualquier punto de vista.

Omar Ali Shah

Omar Ali Shah

La interpretación alegórica puede ser interesante cuando se ejercita en ella un talento como el de Juan de la Cruz, pero empleada como llave interpretativa casi siempre convierte algo espléndido en pura trivialidad sólo apta para almas transidas por la religión y/o el fanatismo.

Son los dudosos placeres del simbolismo barato, tan de moda hoy en día, que permite interpretar cualquier cosa como cualquier otra.

Quienes no gozamos del dudoso privilegio de disfrutar de las equivalencias triviales seguiremos leyendo vino donde pone vino, efebo donde pone efebo y crueldad donde pone crueldad. Después que vengan los teólogos y los simbólogos y digan lo que quieran: con sus interpretaciones lo único que consiguen es convertir el tacto verdadero de las cosas, del vino, de las rosas y de los cuerpos desnudos en brillo vulgar de revelación y religión. Pero hay muchos matices que añadir a este tema tan complejo; algunos de ellos se pueden leer en Entre la mística y lo carnal.

omarjayyamEn fin, no creo que se pueda resolver el problema de la traducción fácilmente, pues cada traductor de las Rubayyat no sólo ofrece su versión particular, sino que incluso da un número distinto de cuartetas atribuidas a Jayyam: Fitzgerald tradujo cien, Shrubsole trescientas cuarenta y seis, Gibert/Navarro doscientas cincuenta, más el poema Kuza-Nama (Las ollas y el ollero), y Sha/Graves/Calleja ciento once. Otro problema es que hay muchos manuscritos diferentes de las Rubayyat. Uno de ellos, al parecer el más importante, se encuentra en una de las cajas de seguridad del Titanic.

Copio a continuación algunas de las Rubayyat que más me gustan, citando siempre al final el nombre de cada traductor:

No obtuvo el universo provecho a mi llegada,
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
por qué un día llegué y otro me marcharé.
(Behnam/Munárriz)

El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.
(Gibert/Navarro)

Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué, pues, destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa?
(Behnam/Munárriz)

Mi norma es beber vino y así vivir alegre;
mi religión no incluye blasfemia ni oración;
a la novia del mundo pregunté por su dote
y me dijo: -Es mi dote tu alegre corazón.
(Behnam/Munárriz)

Donde nace una rosa roja, vertióse antaño
de un príncipe la sangre. Del lunar de un efebo
procede la violeta. Las flores del jacinto
nacieron de una frente que fue tersa y brillante.
(Gibert/Navarro)

Os cambio la diadema del Khazam, mi turbante de seda
y el airón del Shah, por la armonía
del canto de la flauta. Por un vaso de vino
doy a cambio el rosario que rezan los hipócritas.
(Gibert/Navarro)

Tú sentencias; nosotros actuamos mejor:
aunque borrachos,somos más lúcidos que tú;
tú viertes sangre humana,nosotros la de la uva;
se justo y dictamina: ¿quién es más sanguinario?
(Behnam/Munárriz)

!Animo!, no te apene el mundo pasajero;
del instante que pasa, goza con alegría:
si fuese la constancia lo propio de este mundo,
nunca habría llegado, tras los otros, tu turno.
(Behnam/Munárriz)

A los labios del jarro uní ansioso mis labios
pidiéndole una ayuda para mi larga vida;
sus labios en mis labios, me dijo sigiloso:
bebe vino, que al mundo nunca más volverás.
(Behnam/Munárriz)

!Oh Tú que hiciste al hombre de deleznable barro
y en el Edén pusiste la serpiente! Por negro
de pecados que veas al ser que Tú creaste,
perdónale y procura que él también te perdone.
(Gibert/Navarro)

*******************

Este artículo es la revisión en 2010 de otro que escribí en mi revista Esklepsis en 1994, aunque he aprovechado para releer el texto y corregirlo cuando me ha parecido necesario (si te interesa el texto original, puedes leerlo en la edición digital del número 1 de Esklepsis.

Cuando escribí esta revisión en 2010 encabecé el texto con este párrafo: “En estos días tan difíciles para Irán, cuando la esperanza de un cambio de régimen se ha diluido de nuevo, tal vez sea un buen momento para recordar a uno de los grandes poetas persas, Omar Jayyam”. Y añadí: “Dieciséis años después, quizá valga la pena darse una vuelta por el mundo literario y por Internet para ver cómo está la cuestión “Jayyam”. Lo haré cuando tenga un poco de tiempo”.

Esta de ahora, en 2014 es la tercera revisión importante del artículo, que me ha llevado a dividirlo en tres partes. Esta es la primera. Las otras dos son: “Un persa ateo lee a Jayyam” y “Entre lo místico y lo carnal”

************

[Publicado en 1994 en Esklepsis. Publicado en Signos el 7 de noviembre de 2010. Revisado en noviembre de 2014]

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Originally posted 2014-11-27 13:02:30.

Cuenco iluminado

No cabe duda de que con una buena cámara se pueden lograr buenas fotografías. También es cierto que las lentes permiten alcanzar resultados únicos, tanto al fotografiar un detalle con macro o lentes de aproximación como al emplear un gran angular o un teleobjetivo. También el tipo de encuadre y la posición de la cámara respecto a lo fotografiado es importante. Eso parece indiscutible, pero creo que todo eso no invalida que el elemento fundamental de la fotografía es la luz. Gracias a la luz, podemos transformar la realidad percibida de manera radical y hacer que un objeto en apariencia feo y sin interés, como un trozo de plástico, la esquina de una mesa o una superficie rugosa vulgar adquieran una insospechada belleza.

Cuenco verde (fotografía de Daniel Tubau). El cuenco es probablemente bonito en sí mismo, pero me gusta más en esta fotografía que cuando lo tengo delante. Lo compré porque se parecía un poco a mi cerámica favorita, el celadón. En la fotografía se parece más.

Este pequeño milagro de la luz me lleva a preguntarme varias cosas.

En primer lugar, cuando vemos ese hermoso objeto en la fotografía: ¿es un efecto de artificio porque la cámara, la lente y la luz han creado algo que no existía? Es decir,es un efecto ajeno a la realidad, que podríamos comparar a la visión de un artista en un dibujo, una pintura o una ilustración. ¿O más bien, el milagro fotográfico ha consistido en mostrarnos algo que estaba ahí pero que nosotros no habíamos sido capaces de ver?

Como es obvio, la realidad tal cual no existe para nosotros, sino tan solo la realidad percibida, la conjunción de lo que perciben nuestros sentidos y lo que interpreta nuestro cerebro con las cosas que están ahí fuera. Pero lo que registra una fotografía también lo podemos percibir nosotros, una vez que ya lo tenemos delante, fotografiado. No es algo inaccesible a nuestros sentidos, ni mucho menos. Podríamos entonces preguntarnos si lo que hace el arte fotográfico, más que mostrar la realidad, es ponerle filtros, del mismo modo que los pone nuestra percepción y nuestro cerebro.

Es sabido que esos filtros se pueden superponer a nuestra percepción también mediante drogas alucinógenas, como el ácido o la ayahuasca. La pregunta sería entonces: ¿esas drogas nos permiten ver la realidad tal cual es, como aseguran sus entusiastas, o más bien nos permiten aplicar filtros a la realidad?

Me inclino por esta segunda opción, por el momento. Lo que no significa que poner filtros mediante drogas o efectos fotográficos sea más o menos real que hacerlo mediante el funcionamiento cotidiano de nuestra percepción, producto de millones de años de evolución. Porque me da la impresión, pero puedo equivocarme, de que esos filtros, esa modificación de lo percibido, procede casi en exclusiva de nuestro cerebro que de los instrumentos de percepción. Depende más de cómo procesamos los estímulos que de una modificación del medio o de nuestros receptores sensoriales, como nuestra retina, por ejemplo (lo que tampoco es descartable, pero probablemente no es lo fundamental). Todo esto me lleva a sugerir, pero solo a modo de hipótesis provisional, que la modificación de la percepción que producen los alucinógenos se parece más a la manipulación digital de una fotografía que a los mecanismos que usamos al tomar esa fotografía, como lentes, encuadres o el manejo de la luz.

Dicho de otra manera: sea cual sea la respuesta a la pregunta de si la cámara percibe lo que siempre estuvo allí, o si más bien pone algo que no estaba allí, sabemos que una vez tomada una fotografía, se puede trasformar mediante manipulación digital al 100 por 100. De la manera más básica mediante filtros diversos, y de la manera más compleja pixel a pixel, de tal modo que aparecerán cosas que sin duda no estaban ahí, ni en la realidad percibida ni en la misma fotografía. Creo que el mecanismo de los alucinógenos puede ser semejante, pero que no funciona como una cámara de fotos, sino como una cámara de vídeo, lo que da paso a otras preguntas, a las que no intentaré responder en este momento.

*************

ÁLBUM DE FOTOS Y TEXTOS

Acerca de las descripciones

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Metáforas del cuenco

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Mi mesa y mis dioses

FOTOGRAFÍA


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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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Originally posted 2017-07-22 10:12:30.

El narrador de El Duelo

|| Sobre El Duelo

Comentarios en la edición (privada) de 1998.

Escribí El Duelo hace catorce años, pero, al editarlo ahora, no he cambiado casi nada. Quizá alguna palabra o frase, siempre por razones de comprensión. He visto defectos mayores en la forma y, por supuesto, en el contenido, pero he preferido conservarlos, aunque no exactamente por espíritu de fidelidad. No hace falta decir que El duelo, sea lo que sea, está incompleto. Calculo que su extensión, de haberlo terminado, sería cuatro o cinco veces más.

El duelo no es una novela, puesto que es todo diálogo excepto alguna breve descripción que sitúa la acción como lo hace una acotación de teatro. En cierto modo se asemeja mucho a una obra de teatro, puesto que todo es diálogo, pero también de vez en cuando aparece un narrador que nos dice lo que piensan los personajes, por ejemplo, después de la segunda entrevista del barón con Eugenia. Así que es un híbrido que podría ser convertido más fácilmente en teatro que en novela.

En estos días me interesa mucho este asunto de las novelas psicológicas, de si el narrador debe decir o no al lector lo que piensan los personajes. En cierto modo, ahora parece bastante extendida una forma, que debe mucho a Jacques el fatalista de Diderot y al Tristan Shandy de Sterne. Se trata de que los personajes son algo así como marionetas del autor, marionetas que representan distintos arquetipos: el inseguro pero valiente, la mujer que es incapaz de comprometerse aunque es lo que más desea, etcétera. El autor deja hablar a los personajes, nos cuenta lo que dicen y también lo que piensan y además, de tanto en tanto, se aparece para recordarnos que esos personajes no existen, que son seres inventados por él. Así que se trata de una narrador omnisciente en el más pleno sentido de la palabra. Es un autor todopoderoso: el crea el universo y no sólo lo observa y lo describe como alguien que mira un cuadro o un paisaje: también se mete dentro de las cabezas de sus seres ficticios y nos cuenta lo que pasa por ellas.

A mí me gusta mucho lo de hablar al lector, y recuerdo que hace quizá quince años o quizá veinte jugaba continuamente con la idea de escribir algo así, pero entonces comencé a leer Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino, y al ver que él hacía eso que yo pensaba hacer, me desanimé y abandoné el proyecto, además de no continuar con la lectura del libro de Calvino. Creo que fue años después cuando leí el maravilloso Jacques, y años más tarde, finalmente, el Tristam Shandy, con lo que recorrí el camino inverso al histórico, pues Diderot imitó a propósito a Sterne, y Calvino sin duda a ambos. Sé, sin embargo que hay muchos más ejemplos de esto, y creo que algunos se hallan en Grecia o Roma. Podría escribir un ensayo sobre el asunto.

Naturalmente, uno de los precedentes más claros se halla en el teatro, en esos bufones que hablan al público, revelando la intención secreta de los personajes, o en el coro griego, o sencillamente en esos personajes que recitan una introducción o entretienen al público con alguna reflexión entre acto y acto. Sé que hay ejemplos en el teatro francés, me parece recordar que en Marivaux y quizá en Moliere. Posiblemente también en Goldoni.

Pues bien me gusta eso de jugar al metanivel: saltar por encima y descubrir que esa novela es un juego de marionetas.

No siento, sin embargo tanta simpatía por el narrador omnisciente que nos revela los pensamientos de sus personajes. Me gusta cuando se narra en primera persona y, por tanto, sólo se conoce el pensamiento del narrador principal, aunque hay novelas en las que el autor se descuida y nos dice lo que piensan los demás personajes. Sí, claro, en realidad se trata de lo que el narrador en primera persona piensa que piensan los demás personajes, pero aún así, a menudo da la sensación de que no se debe ni puede dudar de que eso es realmente lo que piensan los otros personajes, de que realmente ese narrador en primera persona lo sabe. ¿Cómo puede saberlo?

No voy a seguir desarrollando este tema porque, precisamente, va a ser uno de los motivos y razones de algo que quiero escribir. Sólo añadiré algunas cosas, aun a costa de repetirlas allí dentro de unos meses.

Continuará….


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Sobre El Duelo

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Originally posted 2017-03-05 03:53:12.

Ted Nelson y Xanadú

A finales del siglo 20 y principios del 21, se atribuía el hiperenlace a tres personas: Jorge Luis Borges, Vannevar Bush y Ted Nelson. Hoy estamos mejor informados, pero eso no nos ha hecho olvidar la gran aportacion de los tres.

Se consideraba entonces que Bush fue el primero que había imaginado el sistema de una manera general, pero que Nelson, joven en los inicios de la Época Algorítmica, lo formuló de manera explícita y lo llamó hiperenlace.

Sucedió en el año 1968.

Vannevar Bush anticipó el hiperenlace en su artículo As we may think, publicado en 1945, y lo llamó memex

Nelson es hoy en día más conocido por Xanadú y también por su lucha en favor de la liberación de los seres humanos a través de las máquinas, así como por los primeros manifiestos a favor de la liberación de las propias máquinas, como cuando publicó aquel clásico inolvidable Computer Lib. De todo eso vamos a hablar aquí.

Un libro doble

Ted Nelson publicó en 1974 un libro doble: Computer Lib y Dream Machines. Empezabas leyendo Computer Lib, y cuando llegabas al final le dabas la vuelta al libro y podías leer Dream Machines .

En el libro de Nelson no había ningún tipo de orden aparente, ni índices, ni títulos de capítulos que pudieran guiar al lector.

Portadas de Dream Machines y de Computer Lib. Se puede observar que el pie del superhéroe de Dream Machines asoma en la portada de Computer Lib. Aquí hemos invertido una de las portadas, pero en el ejemplar impreso, se vería una de ellas boca abajo. 

El titulo Computer Lib hacía alusión a la liberación a través de las computadoras y a la liberación de las computadoras mismas. Aunque el libro fue inspiración constante de la primera era hacker, la mayoría de los hackers de segunda generación no llegaron a comprender o aplicar muchas de las ideas básicas de Nelson, que a menudo fueron llevadas a cabo por los que deberían haberse considerado los enemigos naturales de Nelson: las grandes compañías.

Como es sabido, las grandes compañías, movidas por intereses comerciales, posibilitaron la revolución informática del siglo 20 e incluso propiciaron el vertiginoso desarrollo de un mundo hacker con pretensiones de subcultura pero con cientos de miles de adeptos que tenían a su disposición todo tipo de aparatos y tecnología.

El precedente más inmediato de Dream Machines/Computer Lib era The Whole Earth Catalog, de Stewart Brand, (1968).

En Computer Lib se pueden encontrar muchos de los intereses de Nelson en aquellos años: psicología hacker, ataques a IBM, hologramas, notación musical, el Watergate, cómo programar en Trac, las primeras muestras de arte ASCII y todo tipo de referencias literarias.

En cuanto a Xanadú, de lo que se hablará más adelante, ya se mencionaba en Dream Machines y se decía que:

  “Te dará una pantalla en tu casa desde la que podrás acceder a librerías de hipertexto, ofreciendo altas prestaciones en gráficos y servicios de texto por un precio asequible… permitiéndote enviar y recibir mensajes… y haciéndote participe de un nuevo mundo de literatura y arte donde todas tus dudas podrán ser respondidas” (Dream Machines).

Nelson incluso ofrecía un jingle o cancioncilla promocional:

 The greatest things you’ve ever seen
Dance your wishes on the screen
All the things that man has known
Comin’ on the telephone –
Poems, books and pictures too
Comin’ on the Xanadu

Nelson el precursor

Recordemos aquí  algunas de las ideas de Nelson. En primer lugar, como se puede leer en la portada de Computer Lib:

You can and must understand computers NOW” (“Tú puedes y debes entender los computadores AHORA”).

Nelson, entre muchas otras cosas, decía en 1974:

“Tiene sentido que poseas tu propio ordenador”

Hay que recordar que entonces apenas había computadores personales y que los pocos que existían tenían una capacidad tan limitada que resultaba difícil imaginar para qué otra cosa podían servir que no fuera hacer cálculos; por otra parte, apenas había metalenguajes accesibles a alguien que no fuera programador.
Uno de los seguidores de Nelson, Gregory es conocido como el primer particular, no subvencionado por ninguna empresa o institución, que se compró un ordenador Sun en 1982 (número de serie 82).

 “Los computadores rígidos e inhumanos son la creación de personas rígidas e inhumanas”.

 

“Recuerda la ley de Grosch: “No importa lo listos que sean los chicos del hardware, los chicos del software los superarán”

Esta era una de las ideas de Nelson que más inspiró a los hackers, quienes lo demostraron una y otra vez. A pesar de las continuas cerraduras, candados y puertas que los chicos del hardware pudieran colocar, olvidaban ingenuamente que al final de la cadena siempre se necesita pasar por las horcas claudinas de una instrucción de software.

Primera mención de los hackers (1963) Probablemente se trataba de John Draper

Los primeros discípulos de Nelson fueron un grupo de hackers llamado R.E.S.I.S.T.O.R.S. (Resistentes) es decir Radically Students Interested in Science, Technology and Other Research Studies (Estudiantes Radicales Interesados en Ciencia, Tecnología y Otros Estudios de Investigación), que tenían muchas cosas en común con los hackers posteriores pero que, al contrario que muchos de los hackers posteriores, además poseían sentido del humor y se interesaban por todo tipo de cosas.

Cuando los resistentes conocieron a Nelson, tenían una media de edad de 15 años, pero Nelson los consideraba más capaces que los adultos de ayudarle: “Algunas personas son demasiado orgullosas como para acudir a los niños en busca de información”. Con el paso de los años, en la Era Algorítmica acabó resultando imprescindible acudir a los niños para solucionar muchos de los problemas planteados por los ordenadores.

Los R.E.S.I.S.T.O.R.S .en The Evening Times, Trenton, New Jersey, Wednesday, July 26, 1967.

TED NELSON
 “Usar un computador siempre debería ser mas sencillo que no usar un computador”.

 

“Cualquier sistema que no pueda ser entendido por una persona instruida en diez minutos, con un tutor que responda sencillamente a sus dudas, es demasiado complicado.”

A pesar de la admiración que sentían hacia Nelson, durante los primeros 25 o 30 años de computación la obsesión de muchos hackers no fue facilitar las cosas sino complicarlas, construyendo una jerga ininteligible para los profanos y elaborando a menudo programas que solo podían ser manejados por personas que se pasaran 18 horas al día frente al computador.

Como suele suceder, el cambio conceptual más radical vino propiciado por los avances tecnológicos de las primeras décadas del siglo 21, que hicieron posible que los ordenadores manejasen cantidades de información virtualmente infinitas a velocidades casi instantáneas. Este cambio propició la progresiva conversión de los lenguajes máquina y humano en uno solo y, tras la Época Oscura y la desaparición efectiva de consolas, teclados, ratones y discos duros, llevó al fin de la dualidad entre hardware y software, entre máquina y programa, incluso entre externo e interno y, por tanto, convirtió en obsoleta la distinción entre analógico y digital de una manera que, por supuesto, Ted Nelson no habría podido imaginar.

Pero hasta que todo eso sucedió, los verdaderos motores de la revolución fueron las grandes compañías, para las que trabajaban, casi siempre sin ser conscientes de ello, los propios hackers y que, por su parte, proporcionaban a los hackers los medios necesarios para convertirse en un fenómeno minoritario pero masivo.

  TED NELSON
“El conocimiento, el aprendizaje y la libertad pueden ser acelerados mediante la promoción y el desarrollo de las consolas de computador.”

Aunque Nelson expresa una idea correcta en la cita anterior, la referencia a consolas y otros dispositivos de hardware externo hoy nos hace sonreír. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas confusiones entre las ideas y su soporte han sido habituales, como señala danieltubau.com en un ensayo de inicios del siglo 21: Por que el mundo digital no es digital (confusión en la que él mismo no puede evitar caer en algún momento).

TED NELSON
“No importa la naturaleza de las máquinas, sino la de las ideas.”

Curiosamente, aquí Ted Nelson parece habernos captado y rectificado, por lo que, del mismo modo, nosotros rectificamos y elogiamos la clarividencia de Nelson.

TED NELSON
“Todo está profundamente interconectado.”

Lo acabamos de decir.


Nelson y el hiperenlace

Las anteriores eran algunas de las ideas que Nelson adelantó en Computer Lib y Dream Machines. También hablaba en aquel libro doble del hiperenlace, e incluso reproducía íntegro el artículo de Vannevar Bush As we may think. Pero la idea del hiperenlace la propuso años antes de publicar Dream Machines/Computer Lib, cuando en 1968 asistió a la reunión anual de la Asociación de Maquinaria Computacional (ACM).

Nelson dio allí una conferencia con el título: “Una estructura de archivos para lo complejo, lo cambiante y lo indeterminado”. Allí habló también del Docuverso y del hipertexto. Allí dijo lo que repitió después en Dream Machines/ Computer Lib:

 “Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que se bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario”.

Frente a los relatos secuenciales, frente a artes en mayor o menor grado secuenciales como el cine, el comic, o la televisión, Nelson anticipaba la no secuencialidad para los textos. Aunque se puede considerar que Nelson se refería tanto a la narración en sí como al manejo de la información, su influencia fue mayor en el segundo aspecto, y no se le puede atribuir, al menos de una manera directa experimentos no secuenciales como Rayuela, del escritor argentino Cortazar, los juegos de rol o los libro-juegos que empezaron a ponerse de moda en los años ochenta del siglo 20.

Página de un primitivo hipertexto impreso en papel, los llamados libro-juegos, en el que los lectores tenían que hacer las funciones de hipervínculo y pasar las páginas. Se trata de La espada mágica, de Daniel Tubau

En cuanto al multimedia, otro fenómeno mediático del siglo 20, ya existía desde mucho tiempo atrás, por ejemplo en una “cita para ir al cine”, que incluía estímulos auditivos, visuales, táctiles e incluso olfativos y gustativos, a través y mediante diversos soportes: pantallas, altavoces, palomitas, bocas, cuerpos, perfumes, etcétera.

No es este el momento para hablar de la secuencialidad que encierra incluso un relato aparentemente no secuencial, o de la secuencialidad temporal que inevitablemente introduce el degustador del texto no secuencial al elegir un itinerario que se desarrolla secuencialmente en el tiempo, pues el aspecto mas importante del hipertexto nelsoniano tiene que ver más con la herramienta que con su uso.

Hiperenlaces siempre existieron, ya antes de Nelson, por ejemplo en las notas a pie de página de un libro, que servían para que el lector viajase del cuerpo principal del texto a aspectos específicos, como la referencia al autor del que procedía una cita, que a su vez podía hacer que el lector crease por sí mismo otro hiperenlace y de desplazara hasta un estante de su librería para tomar el libro mencionado y abrirlo por la pagina indicada, lo que podía hacer que estableciese un nuevo vínculo, por ejemplo, descolgando el teléfono para llamar a su profesor y consultarle una duda. Todas esas operaciones ahora suceden en un mismo lugar, si es que podemos llamar “lugar” a la percepción ubicua.

Sin embargo, lo que proporcionaron aquellos ordenadores y soportes digitales primitivos fue una facilidad de uso del hiperenlace que permitía explotar casi todas sus posibilidades.

Gracias a esos links, incluidos en textos digitales, una marcasencilla, como una palabra subrayada en azul, permitía abrir un nuevo documento, leerlo y regresar de nuevo con un solo clic al lugar de origen. El hiperenlace reproducía de manera efectiva el modo de funcionar de un cerebro intelectualmente sano, que no se mantiene en un mismo carril, sino que salta continuamente a uno y otro lado, explorando las vías paralelas o perpendiculares.

En 1969 Nelson intentó llevar a la práctica sus ideas con uno de los primeros procesadores de texto que se estaba desarrollando en la Brown University. Adquirió el permiso para usar la novela Pálido Fuego de Nabokov con la intención de demostrar de manera práctica el funcionamiento del hipertexto. Una de sus ideas era que no se debía considerar el papel como el soporte básico, sino que las cosas debían ocurrir en la pantalla del ordenador. Pero las ideas de Nelson no gustaron a los inversores y tuvo que interrumpir el proyecto.

En 1981, Nelson publicó otro libro en el que hacía una descripción extensa del hipertexto: Literary Machines. El libro tenía un capítulo Cero, dos capítulos Uno, un capítulo Dos, y siete capítulos Tres. Nelson proponía al lector que empezara con uno de los capítulos Uno, leyera entonces el Dos, después uno de los capítulos Tres, y regresara con otro de los capítulos Uno, para leer luego otra vez el capítulo Dos y a continuación otro de los Tres. Literary Machines era, pues, una ejemplificación del hiperenlace y uno de los primeros hipertextos que realmente aprovechaban las caracterísicas narrativas del hiperenlace.

El proyecto Xanadu

Años despues de Literary Machines, Nelson se sumergió en un proyecto llamado Xanadú, que le llevo décadas a él y a sus colaboradores y que fue de fracaso en fracaso. Durante más de treinta años, no se llegó a saber  si lo que tenían entre manos era realmente importante o no, y hubo muchos que pensaron que Nelson solo vendía humo pero, tras los años de colapso de la ArqueoRed, el sistema de Nelson fue adoptado como modelo base de la nueva red universal. El modelo pronto fue corregido, pero sin duda llevando a su desarrollo lógico las ideas de Nelson.

Sin embargo, a comienzos del siglo 21 lo que se sabía de Xanadú, fuera del círculo de Nelson y sus seguidores, era que el nombre procedía del célebre poema de Coleridge “Kublai Khan”. En efecto, en el siglo 19 el poeta Coleridge tuvo un sueño de opio y en ese sueño le fue ofrecido un largo poema acerca de la legendaria ciudad de Xanadú y el emperador chino de origen mongol Kublai Khan. Coleridge empezó a escribir todo lo que recordaba hasta que, inesperadamente, recibió una visita a la que no pudo dejar de atender. Atender a esa visita inoportuna hizo que el resto del poema desapareciera de su mente.

Pues bien, resulta que el propio Nelson vivía esa pesadilla de Coleridge en su vida diaria, pues padecía el Síndrome de Atención Deficitaria (Attention Deficit Dissorder), una enfermedad que hace a quienes la padecen extremadamente sensibles a las interrupciones. Si el hilo de los pensamientos de Nelson era cortado, ya no podía recordar de que estaba hablando. Debido a ello, iba siempre cargado de un arsenal de libretas y de grabadoras que registraban todo lo que decía. De este modo, cuando olvidaba de qué estaba hablando, rebobinaba la grabadora y podía reanudar el tema donde lo había dejado.

No es casual, por lo tanto, que Nelson concibiese el proyecto Xanadú como una manera de ayudarse a sí mismo, un método para encontrar “ese mágico sitio de la memoria literal donde nada se pierde nunca”.

Curiosamente, el poema de Coleridge también tuvo una influencia directa en uno de los héroes de infancia de Nelson: Orson Welles.

El Xanadú de Orson Welles (o de Charles Foster kane)

No conformismo

Entre los héroes de Nelson estaban famosos no conformistas y hombres de negocios: Buckminster Fuller, Bertrand Russell, Walt Disney, H.L.Mencken, Orson Welles y, por supuesto, Alfred Korzybsky.

La presencia de Korzybsky nos hace suponer que a Nelson también le gustarían las novelas de ciencia ficción El mundo de NO-A y Los jugadores de No-A, de A. E.Van Vogt. Curiosamente, uno de los colaboradores de Nelson, Marc Stiegler, escribió una novela de ciencia ficción en la que el hiperenlace salvaba a la humanidad: David’s Sling.

Desde pequeño, Nelson tenía cuatro máximas favoritas:

 La mayor parte de la gente está loca

Casi toda autoridad es maligna

Dios no existe

Todo está equivocado.

Su tendencia en las discusiones era a simpatizar siempre con la idea rechazada o despreciada.

Hay que aclarar, sin embargo, que Nelson estaba muy orgulloso de su enfermedad, y consideraba que el Síndrome de Atención Deficiente fue llamado así por los Chovinistas de la Regularidad. Los Chovinistas de la Regularidad son “esa gente que insiste en que tienes que hacer la misma cosa todos los días”. Nelson prefería un nombre más positivo para su enfermedad, algo así como Mente Revoloteadora.

Xanadú, el Docuverso y la Arqueo-Red

El término vaporware fue acuñado para describir lo ocurrido con una paquete de software para DOS, llamado vaporware, que fue anunciado en 1983 por Ovation Tecnologies y nunca se comercializó

Nelson quedó muy decepcionado cuando la Arqueo-Red iniciada por Berners Lee y Andreessen adoptó un sistema de hiperenlaces incompatible con Xanadu, es decir, de un sólo sentido y compuesto de múltiples copias en vez de vínculos a un único texto. Porque otra de las funciones de Xanadu era, paradójicamente, defender los derechos de copyright, con lo que Nelson, de nuevo, se anticipó incluso a sus seguidores, durante mucho tiempo partidarios de la desaparición del autor.

[También en danieltubau.com, se publicó un artículo premonitorio en el que se argumentaba en contra de algunas de las ideas de los defensores de la no-autoría, pero no desde el punto de vista de las grandes corporaciones: Un regreso a la Edad Media.]

Todos los que trabajaban en el proyecto Xanadú tenían prohibido hablar de él y de su algoritmo secreto. Sólo se sabía que una de sus claves era algo llamado enfilade.

En efecto, el docuverso de Nelson no era otra cosa que un universo textual, de tal manera que cuando alguien citaba a otro autor, no copiaba en su texto la cita, sino que tan sólo ponía una flecha o gancho que apuntaba al fragmento en cuestión (que se hallaba en el docuverso) y lo situaba entre las comillas.

Ted Nelson era hijo del director de cine Ralph Nelson, que hizo Soldado azul, una de las primeras películas que mostraron la conquista del oeste desde el punto de vista indio, como un exterminio cruel y salvaje

Algo semejante a lo que hacía, en aquellos tiempos primitivos, un programa de dibujo vectorial, que en vez de archivar todos los puntos que constituían un cuadrado, lo que hacía era guardar la fórmula matemática que definía dicho cuadrado y aplicarla cada vez que se quería ver ese cuadrado. De este modo, se ocupaba menos memoria en tiempos en que la energía era tan escasa como la energía eléctrica.

Pero la intención de Nelson no era ahorrar memoria, sino, entre otras cosas, crear un sistema de copyright (llamado transcopy o transclusion) en el que los royalties no se recibían por textos enteros, sino por párrafos, palabras o bytes utilizados.

Sin embargo, Nelson desmintió a sus críticos y a los escépticos a principios del siglo 21, cuando presentó el primero de sus productos informáticos: zigzag

Lamentablemente, la censura aplicada a la Arqueo-Red nos impide saber qué hizo después Nelson y si Xanadú llegó a aplicarse antes de la Época Oscura, pero obsérvese que el símbolo de ZigZag casi podría ser también el de Xanadú.

AristotelesAnimalsAristotle

Los problemas para un sistema como Xanadu no solo se debían a la dificultad primera de crear enlaces a fragmentos en vez de a documentos, como decidió hacer la antigua World Wide Web (la Arqueo-Red), sino en la determinación de los contenidos de ese docuverso, la selección de la variante correcta de cada texto, la catalogación de todos los textos a incluir y la preparación de una edición princeps binaria de cada uno de ellos, etcétera.

Este problema se solucionó en gran parte con el proyecto The Whole Universe Catalog. Pero el problema de la catalogación no era el más grave.

El mayor problema era que lo que Nelson proponía chocaba incluso con sus propias ideas, con las posibilidades que el mismo hipertexto proporcionaba, ya que proponía un Docuverso rígido, casi inmutable, forjado sobre intereses (los de quienes pertenecían a él o poseían los fragmentos transcopyrighteados). Un Docuverso en el que las cosas apenas cambiaban, en el que las variantes o eran descartadas o exigían un trabajo casi infinito. En la década del 2020 un ingenioso ensayista pudo mostrar en “El dilema de Agustín” como un texto se convertía en otro, cambiando en cada paso una sola palabra (y usando siempre textos ya publicados). Algo semejante hizo Hertzwig con textos construidos a partir de cualquiera de los idiomas conocidos y los creados por James Joyce en el Finnegans wake, en este caso cambiando tan solo una letra cada vez para crear palabras y frases siempre dotadas de significado. ¿Quién poseería entonces el copyright de esa transición casi indetectable entre uno y otro texto? El problema era similar a otro que planteaba Agustín de Hipona: cuando tenga lugar el Juicio final y la resurrección de los muertos, ¿a quién pertenecerá la carne que ha sido devorada por un canibal: al devorado o al devorador?

Como se ve, nuevamente, todo esta relacionado, pues este proyecto nos recuerda inevitablemenre a la revista que inspiró Dream Machines/ Computer LibThe Whole Earth catalog. Una interesante premonición del sistema de catalogación universal se puede encontrar en la colección de ensayos y relatos arcaicos publicada en Recuerdos de la era analógica, en el ensayo Que nada se crea (una antología en la que también se incluye este ensayo).


En el libro Recuerdos de la era analógica, de Daniel Tubau, publicado por Evohé en el siglo 21, aparecen algunas reflexiones semejantes, pero no idénticas, a las de esta entrada, dentro del fanzine o ezine desplegable “Mundo analógico”.  Puedes conseguir un ejemplar digital o impreso del libro a través de la página de Evohé o de Amazon.


Kubla Khan or “A vision in a dream. A fragment” (Samuel Taylor Coleridge)

In Xanadu did Kubla Khan
A stately pleasure-dome decree:
Where Alph, the sacred river, ran
Through caverns measureless to man
Down to a sunless sea.
So twice five miles of fertile ground
With walls and towers were girdled round :
And there were gardens bright with sinuous rills,
Where blossomed many an incense-bearing tree;
And here were forests ancient as the hills,
Enfolding sunny spots of greenery.

But oh ! that deep romantic chasm which slanted
Down the green hill athwart a cedarn cover!
A savage place ! as holy and enchanted
As e’er beneath a waning moon was haunted
By woman wailing for her demon-lover !
And from this chasm, with ceaseless turmoil seething,ç

As if this earth in fast thick pants were breathing,
A mighty fountain momently was forced :
Amid whose swift half-intermitted burst
Huge fragments vaulted like rebounding hail,

Or chaffy grain beneath the thresher’s flail :
And ‘mid these dancing rocks at once and ever
It flung up momently the sacred river.
Five miles meandering with a mazy motion
Through wood and dale the sacred river ran,
Then reached the caverns measureless to man,
And sank in tumult to a lifeless ocean :
And ‘mid this tumult Kubla heard from far
Ancestral voices prophesying war !
The shadow of the dome of pleasure
Floated midway on the waves ;
Where was heard the mingled measure
From the fountain and the caves.
It was a miracle of rare device,
A sunny pleasure-dome with caves of ice !
A damsel with a dulcimer
In a vision once I saw :
It was an Abyssinian maid,
And on her dulcimer she played,
Singing of Mount Abora.
Could I revive within me
Her symphony and song,
To such a deep delight ‘twould win me,
That with music loud and long,
I would build that dome in air,
That sunny dome ! those caves of ice !
And all who heard should see them there,
And all should cry, Beware ! Beware !
His flashing eyes, his floating hair !
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

En danieltubau.com (ArqueoRed, por supuesto) se puede encontrar una de las primeras galerías virtuales de arte ASCII


La primera aparición conocida de esta entrada en lo que los autores llaman ArqueoWeb tuvo lugar en 2004 en una página llamada nuestroS antepasadoS. Este es el aspecto primitivo-futurista que tenía:

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CÓMO SE INVENTÓ EL FUTURO -3

Originally posted 2012-01-23 18:15:34.

Hipótesis mitológicas

Se puede aplicar el método de Kepler, que yo considero uno de los más interesantes y fecundos, al mundo mitológico.

Consiste en plantearse cualquier tipo de hipótesis, sin apenas prestar atención a la plausibilidad que pueda tener. A continuación, se defiende esa hipótesis como si ya supiéramos que ha sido comprobada, buscando todos los datos que la confirmarían. Una vez completamente desarrollada, se la somete a una dura crítica, intentando encontrar todo lo que pueda refutarla y comparándola con datos nuevos que puedan ponerla a prueba.

Eso hacía Kepler al suponer que el sistema solar se podía explicar por cualquiera de los sólidos perfectos o platónicos. Intentaba encajar todos los datos y luego sometía la hipótesis a contrastación. De esta manera acabó encontrando, casi por descarte, la única figura que satisfacía tanto la hipótesis aventurada como la rigurosa comprobación posterior: la elipse.

Intentaré aplicar el método kepleriano a la mitología griega, desarrollando diversas hipótesis, no por lo atractivas que me resulten, no porque algo me diga que son correctas, sino tan sólo, digamos, por entretenimiento, porque sí, sin más. Pero intentaré también buscar con sinceridad lo que pueda demostrarlas… y después lo que pueda refutarlas.

Comenzaré, creo, con una interpretación absolutamente evemerista y con otra semisimbolista: Helena no es una mujer, sino un concepto, una idea, un objeto, una riqueza determinada…

Creo que me centraré en la Guerra de Troya, pero tal vez elija el laberinto, aprovechando el excelente libro publicado por Marcos Méndes Filesi: “El laberinto, historia y mito”.

 

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[Publicado el junio 14, 2009]

NOTA EN 2012

Este es uno de los muchos proyectos que olvido. No recuerdo haber empezado esas investigaciones acerca de Helena o de la guerra de Troya, aunque en cierto modo sí estoy aplicando el método de Kepler en dos investigaciones paralelas: Homéricas y Babilónicas.

***

Religión, mitos y teología en Toda la mitología

NUMEN
Mitología comparada

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Originally posted 2012-08-10 01:35:40.

Cuenco lleno

Cuenco

Se cuenta que un investigador europeo interesado en el budismo visitó en una ocasión a un maestro zen. El investigador contó al maestro lo que sabía del zen y demostró que conocía todas las distinciones y todas las escuelas budistas. El maestro entonces le ofreció tomar un té y empezó a verter el líquido sobre el cuenco.

Mientras continuaba hablando, el investigador se dio cuenta de que el cuenco de té ya estaba lleno, pero el maestro seguía sirviéndolo como si no pasara nada. Cuando el té inundó la mesa, el visitante dijo: “Perdone, maestro, pero hace rato que ya no cabe más té en el cuenco”. El maestro sonrió, dejó de servir el té y dijo: “Lo mismo le sucede a usted: ¿cómo pretende aprender algo nuevo si antes no vacía un poco su mente?”.

 

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ÁLBUM DE FOTOS

Acerca de las descripciones

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Metáforas del cuenco

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Mi mesa y mis dioses

FOTOGRAFÍA


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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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Originally posted 2013-11-06 23:45:04.

La duda cartesiana y la vida practica

Después de decir Descartes en sus Principios de Filosofía que se debe dudar de todo al menos una vez en la vida, añade:

“Mientras tanto, esa duda no debe afectar a la practica de la vida” (Punto 3).

Este es, evidentemente, un precepto mucho mas pragmático que otros de los que da Descartes y no está mal.

Ahora bien, una vez establecida la duda, y tras la reflexión posterior, quizá si se produzca una modificación de la vida, porque resultaría bastante triste, además de sospechoso, que un acto de reflexión profunda no modificase en nada nuestro carácter, nuestra manera de vivir o nuestra actitud. Aquí quizá habría que recordar a Juan de Salisbury, quien opina que el filosofo debe seguir en su vida práctica las consecuencias a las que le conduce su reflexión teórica, en oposición a aquellos que piensan que teoría y práctica no tienen relación, como ha podido verse en el caso Heidegger. En el caso de Wittgenstein, aunque a veces no fue consecuente con ello, hay que reconocer que el filosofo vienes opinaba como Juan de Salisbury.

Por otra parte, lo que dice Descartes es lo que decía el escéptico Sexto Empírico. Otra coincidencia más de Descartes con los escépticos, en la que quizá debemos percibir también un consejo para mantener cierta prudencia en cuestiones polémicas (en especial, claro, con la doctrina de la Iglesia católica).

NOTA 1996
El caso más extremo de divorcio entre teoría y práctica es Schopenhauer. Sin embargo, hay que poner un matiz: la reflexión teórica puede llegar a conclusiones que después no es tan fácil llevar a la práctica. La razón es que, al igual que sucede en Física, la reflexión moral trata de situaciones idealizadas, sin tener en cuenta cosas como la fricción, la irregularidad del terreno, la no esfericidad perfecta de una esfera de metal, etcétera, que sí se dan en la realidad.

NOTA 1999:
Esta es una buena idea, que voy a intentar desarrollar en otro lado. Por ahora la voy a poner en Cronos 5, para no olvidarme de ella.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 15 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-17 23:25:00.

Una interpretación del taoísmo

Dice Giuseppe Tucci en su interesante  Apología del taoísmo:

“Nadie dejará de reconocer las innegables ventajas que una concepción semejante [dominar la naturaleza]  ha traído. A ella se deben las conquistas de la ciencia, el mejoramiento de las condiciones de la vida. Pero por todo esto que hemos ganado, ¿cuánto no hemos perdido? Y los progresos técnicos o científicos ¿representan verdaderos progresos cuando no van acompañados de una refinada sensibilidad ética, un mejoramiento de costumbres, un reavivamiento del sentido religioso?”

Este es un planteamiento que quizá podemos aceptar sin demasiadas dificultades: el progreso científico puede tener consecuencias negativas si no es empleado de una manera sensata y ética. No se entiende, sin embargo, qué tendría de bueno ese “reavivamiento religioso” que Tucci parece echar de menos. Sigamos leyendo:

“En el fondo, hay más que temer de la viquiana [por Giambattista Vico] barbarie de la reflexión que del plácido ascetismo del monje budista o taoísta. La cruel última guerra mundial demuestra cuán distintos son los caminos de la inteligencia y del corazón y cómo la ciencia, puesta al servicio de las malas causas, merece que se la desprecie antes que se la celebre. Es bien cierto que hoy se va de Roma a Pekín en un tiempo por lo menos diez veces menor que en el pasado; pero ¿han mejorado por esto las almas? Por mi parte, lo dudo mucho”.

Aquí ya la cosa empieza a moverse en terrenos que nos resultan familiares, más que nada por la distorsion a través de dicotomías imposibles: ¿es que alguien va a decir que hay que alabar a la ciencia “puesta al servicio de las malas causas”? Supongo que no lo dirá nadie, como nadie dirá que haya debamos alabar al primitivismo “puesto al servicio de las malas causas” o al taoísmo “puesto al servicio de las malas causas”. Nadie en su sano juicio o que no sea un inmoral elogiará ninguna cosa “puesta al servicio de las malas causas”. Pero con esa proposición absurda ya ha teñido de negatividad la ciencia.

También empiezan las asimilaciones caprichosas, como pensar que la Primera Guerra Mundial es un ejemplo de los “caminos de la inteligencia”, es decir de ese mundo de la razón que detesta, cuando muchos pensamos que esa guerra fue un reflejo del poder de los instintos, de los impulsos, del sentimiento intuitivo e irracional que impulsa a los nacionalismos, es decir, de lo que Tucci llama, con esa metáfora de casquería a la que tantos son devotos, “los caminos del corazón”. Continuémos: 

“Este correr, este afanarse, este anhelar, no tiene, en el fondo, otro objeto que hacer la cartera más pingüe y la vida más cómoda y bajo el hálito de ese craso materialismo que parece amenazar con ahogar los impulsos de toda noble y desinteresada idealidad, de la que el grupo de los poderosos está siempre dispuesto a reírse, pierde valor todo cuanto no tenga una utilidad práctica e inmediata”.

Como ya he dicho, el de Tucci es un discurso típico y mil veces repetido en el que se mezclan mentiras, verdades y medias verdades. Pero podemos preguntarnos: ¿en qué han empeorado las almas?, ¿respecto a qué? ¿Respecto a la barbarie de los siglos pasados, cuando las mujeres no eran siquiera seres humanos o ciudadanos de pleno derecho, ni tampoco lo eran los negros, ni tampoco los esclavos, ni siquiera los trabajadores? ¿Se puede refinar mucho el alma cuando el cuerpo es maltratado?

Sería fácil seguir, pero no lo haré, para no dejar que mi pensamiento también se desboque en frases grandielocuentes.

Convendría decir quizá y podríamos aceptarlo: “A nuestras almas todavía les queda un largo camino por recorrer” o algo parecido. Pero decir que hemos perdido algo, decírnoslo a nosotros, que como Tucci, espero, sabemos cuál ha sido la historia del mundo en los últimos siglos, la historia del mundo antes de esa contaminación de la inteligencia y la ciencia, resulta casi impúdico.

Más adelante dice:

“Las mismas leyes, que se han hecho tan casuísticas y minuciosas, atestiguan, en sustancia, que ha aumentado en nosotros la voluntad y la capacidad de pecar, las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión, y no hay casi otro campo en donde los hombres den muestra de su codicia y de su refinada astucia como en el arte de engañar al prójimo”.

Ahora bien, si alguien señala a Tucci algún acto bondadoso (seguramente alguien debió hacerlo), él tiene una respuesta rápida: “todo es hipocresia”. Veámoslo:

“Nuestra sociedad, con todos sus filantropismos y sus humanitarismos, etc., es, en el fondo, profundamente egoísta, y las vestiduras que asume son de pura hipocresía. Cuando tanto preocupan los problemas morales es que la moral falta; cuando preocupa la forma, falta la sustancia. Con la rectitud se gobierna un estado – dice Lao-tze (cap. 57) -; con las estratagemas se combate; con refrenar toda actividad se obtiene el dominio sobre el mundo entero”.

Y aquí el pensamiento de Tucci, que quiere ser taoísta, se desboca definitivamente. Es perfectamente razonable entender la desconfianza de Lao zi o de Zhuangzi acerca de la leyes, porque vieron para lo que esas leyes servían en su época, pero creo que se alegrarían de que ahora haya leyes que, por ejemplo, prohíben la pena de muerte. Pero dicho esto hoy, es no ver y, además mentir: “Las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión”, dice Tucci, y repitan tantos. Pero, si hablamos de Europa, de Estados Unidos, incluso de China,  nunca en toda la historia ha habido menos delincuencia y crímenes que ahora. Basta informarse para descubrirlo. Otra cosa (quizá) es si hablamos de América Latina, por ejemplo, de gran parte de Asia, de gran parte de África, pero Tucci está criticando esa supuesta degradación producida en los lugares en los que imperan las leyes y, se supone, el estado de derecho.

A mí siempre me ha parecido simplista esa interpretación del taoísmo, especialmente de Zhuangzi (si es que Zhuangzi era taoísta), porque creo que Zhuangzi nunca se habría dejado atrapar por sus propias opiniones cuando las circunstancias le mostrasen una realidad diferente.

Al revisar este artículo en 2018 y escribir lo que aparece en color verde, decidí investigar un poco acerca de Giuseppe Tucci y descubrí, y debo decir que eso no me sorprende en absoluto, que se acusa a Tucci de adherirse al Manifiesto de la Raza de los fascistas italianos. Al parecer, se trata de una cuestión debatida, pero su adhesión al fascismo esta fuera de toda duda, si tenemos en cuenta que fue nombrado representante del gobierno italiano con rango de ministro en una misión cultural en Japón entre 1936 y 1937, donde ofreció discursos radiofónicos en apoyo al Duce.

Si digo que no me sorprende descubrir esto, que confirma mis recelos ante los cantos encendidos a la naturaleza y contra la corrupta civilización moderna, es porque este tipo de discursos son frecuentes entre los fascistas y nazis, ya sean italianos, españoles, alemanes, ingleses o rumanos. Y también entre los izquierdistas más radicales, a qué negarlo (los extremos se tocan, ya se sabe).

Por otra parte, su Apología del taoísmo la escribió en 1924, por lo que no tiene sentido lo que dije acerca de las estadísticas actuales. Los crímenes e hipocresía a los que se refiere, sin embargo, no son sin duda los del fascismo, el nazismo o cualquier otra doctrina totalitaria, sino los de las sociedades democráticas de la época, que esos movimientos hacia los que unió o alabó Tucci se habían propuesto “regenerar y limpiar”. Fracasaron, afortunadamente.


[Publicado en 2004. Revisado en 2018]

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Originally posted 2018-08-18 12:02:14.