Taller Internacional de Guión y Desarrollo de Proyectos. Cuba 2017

TALLER INTERNACIONAL AVANZADO DE GUIÓN Y DESARROLLO DE PROYECTOS

SEPTIEMBRE DE 2017. CUBA

Curso en la Escuela de Cine de Cuba (EICTV)

con Francisco López Sacha y Daniel Tubau.

Sacha impartirá la primera semana y Tubau las cuatro restantes.

Del 11 de Septiembre al 13 de Octubre | 2017

Alumnos: 15

Requisitos:Los alumnos deben traer los proyectos, ideas o temas que van a desarrollar, también argumentos, o el proyecto en la fase en que se encuentre para ser trabajado.

Audiencia:Interesados que hayan cursado materias de composición y redacción literaria, graduados de Periodismo o Comunicación Social o carreras de Literatura y Artes, que tengan experiencia literaria (cuentos, novelas, etc.) o alguna experiencia como guionista de Cine o TV.

Plan de estudios:El curso consta de 5 semanas divididas en 3 módulos de clases que abarcan: (SEMANA1: El pensamiento narrativo, dramático, evolución del modelo dramático y categorías funcionales del discurso dramático. SEMANAS 2 y 3: Estructura del Guión: Desde el modelo clásico y las estructuras comerciales hasta  nuevas estructuras. SEMANAS 4 y 5: Desarrollo de Proyectos: Desde el desarrollo de la idea hasta la presentación del proyecto con sesiones de pitching..

Desarrollo de Proyectos: Desarrollo de un proyecto personal, que involucre los conocimientos adquiridos en el curso. Análisis de proyectos, tutorías en grupo y tutorías individuales.

Más información: Página de la EICTV

Descargar (PDF, 34KB)

Para cualquier duda o si no puedes contactar con la EICTV por algún motivo (como que coincida con vacaciones), puedes escribirme a: danieltubau@gmail.com


 

danieltubau

Daniel Tubau
Guionista y director de televisión durante más de veinte años y profesor en prestigiosos centros como la Escuela de Cine (ECAM) y universidades como Juan Carlos I, Carlos III, Nebrija y muchas otras.

Es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. También ha publicado El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión,  demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. Su último libro de guión es El protagonista es el espectador, manual y antimanual de guión, un libro que intenta superar los dogmas de los gurús de guión, que muestra los errores y los callejones sin salida a los que conducen muchos métodos y que propone recuperar el placer de escribir guiones trabajando de una manera más sensata y creativa, lejos de fórmulas dogmáticas y recetas mágicas que solo llevan a lo previsible.  Es también autor de libros de ensayo y de ciencia ficción.

Miteoriadelacreatividadmurcia

Perfil en Linkedin: http://es.linkedin.com/pub/daniel-tubau/15/321/a8b

Descarga aquí mi CV, curriculum o historia laboral: Danieltubau – CV

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LIBROS DE GUIÓN DE DANIEL TUBAU

El guión del siglo 21
El futuro de la narrativa en el mundo audiovisual
Alba editorial, 407 páginas.

En formato papel y en ebook para kindle, iPad, y cualquier lector electrónico: Amazon//Casa del Libro
Web del libro: El guión del siglo 21


LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA

Reglas y excepciones en la práctica del guión
Alba Editorial, 390 páginas

En formato papel y ebook electrónico
Casa del Libro//Amazon

web del libro: Las paradojas del guionista

 


espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

Desde hace décadas, los guionistas han examinado la estructura de sus guiones pensando en las cosas que pueden sucederle al protagonista, olvidando que lo que realmente debe preocupar a un narrador es lo que le sucede al espectador.

La obsesión por destripar estructuras y actos, rastrear motivos y significados o mirar solo en el mundo audiovisual, ha logrado que la escritura de guión se haya convertido en un proceso aburrido, fatigoso y previsible, más propio de analistas y críticos que de creadores.

Daniel Tubau,en coincidencia con los aires de renovación propiciados por los creadores o showrunners de las nuevas series de televisión, propone airear el cuarto mal ventilado de la escritura de guión y dejar que entre el aire fresco del gran arte narrativo.

Frente a los trucos fáciles, las estructuras férreas y las fórmulas al uso, con una mezcla equilibrada de humor, ingenio y rigor, Tubau recuerda la riqueza de recursos que tiene a su disposición cualquier guionista.

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos.

Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.


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Bondad y egolatría

|| Juicio y sentimiento 4

“De su bondad y su buen juicio, en mi opinión, nadie podrá dudar, nadie que lo haya conocido al punto de sostener con él una conversación sin ataduras”
                                Jane Austen, Juicio y sentimiento

 

Marilyn Monroe lee a Walt Whitman

En el capítulo anterior nos preguntábamos (tú y yo) si la descripción que un tal Richard Bucke hacía del poeta Walt Whitman podía creerse. Resultaba difícil pensar que alguien pudiera tener tantas virtudes y no ser un santo insoportable. Y con más razón si tenemos en cuenta que Walt Whitman es el principal protagonista de sus propias obras y que se escribía poemas a sí mismo, que es una cosa que casi nadie soporta. En fin, ¿era Whitman así o no?

Richard Bucke, que lo conoció personalmente y al que William James considera incluso su discípulo, dice:

“Cuando le conocí, pensaba que se conducía con cuidado y se controlaba, que nunca hablaba con antipatía, quejaba o protestaba, no se me ocurrió la posibilidad de que careciese de esos estados de ánimo; sin embargo, tras mucho observarle descubrí con satisfacción que esta ausencia o inconsciencia era totalmente real. Nunca hablaba con desaprobación de ninguna nacionalidad; ni de ningún tipo de hombre, de ninguna época de la historia del mundo ni de ningún oficio ni ocupación, ni siquiera contra animal alguno, insecto o cosa inanimada, ni de ley alguna de la naturaleza ni de las consecuencias de estas leyes, como pueden ser las deformidades, las enfermedades o la muerte. No se quejaba jamás del tiempo, ni del dolor ni de la enfermedad, ni de ninguna otra cosa; no juraba jamás, tampoco lo podía hacer porque no hablaba nunca enfadado y, aparentemente, nunca lo estaba. Nunca mostró miedo y no creo que lo tuviera jamás.”

Así que, como se ve, no había en Whitman autocontrol, lo que parece todavía más evidente si tenemos en cuenta, como dice William James, que Walt Whitman:

“Debe su importancia literaria a la negación sistemática en sus escritos de todo elemento restrictivo. Los sentimientos que se permitía expresar eran de orden expansivo y los expresaba en primera persona, no como los describirían los individuos vulgares monstruosamente presumidos, sino excitado por las emociones de todos los hombres de forma que una emoción ontológica, apasionada y mística cubre sus palabras y acaba persuadiendo al lector que los hombres y las mujeres, la vida y la muerte, y todas las cosas, son buenas de una forma sublime”.

Richard Bucke

Tras estos testimonios, podemos objetar que William James, que también conoció personalmente a Whitman, estaba mal informado, que el compañero de Whitman, Bucke, mentía y que Whitman era un hipócrita, pero tal vez resulte más sencillo pensar que a Whitman le pasaba eso que decía Bucke y que ahora voy a destacar en negrita:

“Cuando le conocí, pensaba que se conducía con cuidado y se controlaba, que nunca hablaba con antipatía, quejas o protestas, no se me ocurrió la posibilidad de que careciese de esos estados de ánimo“.

A esto es a lo que me refería en los capitulos anteriores: no tienes que ejercer el autocontrol si no tienes nada que controlar.

Como este ensayo folletín es una especie de Canto a mí mismo, he traído aquí a Whitman para mostrar que una persona no tiene por qué ejercer el autocontrol en sus relaciones con los demás, ni reprimir su enfado, su ira o su odio si no piensa que a su alrededor sólo hay estupidos, tontos o incapaces. Si no siente placer cuando habla mal de lo demás, ni le domina la necesidad de vengarse de alguien; si no está dominado por prejuicios estúpidos o deseos mezquinos, si no desea el mal de los otros, sean conocidos o desconocidos, amigos o enemigos, ¿qué es lo que tiene que controlar? ¿Qué es lo que tiene que reprimir?

Puesto que si dejara esto aquí me ganaría (quizá con todo merecimiento en esta ocasión) el calificativo de Mayor Ególatra del Universo o, lo que es peor, Aspirante Primero a la Santidad Cósmica, diré por el momento que no considero la actitud de Whitman, ni la mía en lo que coincide con la suya, como algo extraordinario, sino como lo más natural, sencillo y espontáneo. Lo raro y lo artificial me parece lo otro: odiar con rencor visceral, buscar los defectos de los demás y disfrutar con su enumeración, detestar a alguien sólo por su nombre, su nacionalidad o su ideología, tener deseos de venganza, acumular frustraciones, seguir la terapia del pecado y el arrepentimiento (que explicaré en próximas entregas). En realidad, eso es lo raro, lo rebuscado, lo artificioso. En definitiva, lo falso.

Tengo que aclarar, sin embargo, que mi amor hacia el universo no se puede comparar con el que sentía Whitman, y creo saber por qué. Al parecer, Whitman no distinguía en su amor absoluto entre el bien y el mal:

“Lo que llamamos bueno es perfecto y lo que llamamos malo es igualmente perfecto”.

Yo sí distingo entre el bien y el mal. Para demostrarlo, en el proximo capítulo haré un desnudo integral de mi conciencia moral (un asunto que suelo mantener siempre oculto).

Continuará…


[Publicado en 2004, Barcelona. Revisado en 2017, Madrid]


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Félix Guattari
|| Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa/2

Guattari-cartographies-schizoanalytiques

Félix Guattari solía escribir con Deleuze, pero este texto le pertenece sólo a él:

“Aquí se observa perfectamente que no existe ninguna correspondencia bi-unívoca entre los eslabones lineales significativos o de arqueo-escritura según los autores y esta catálisis maquinal multidimensional, multirreferencial. La simetría de escala, la transversalidad, el carácter pático no discursivo de su expansión: todas estas dimensiones nos llevan más allá de la lógica del tercio excluso y nos invitan a renunciar al binarismo ontológico que ya hemos denunciado anteriormente”.

Se me dirá que es un fragmento sacado de contexto, pero ¿es posible imaginar algún contexto para un discurso como éste? ¿Se puede escribir peor? Parece difícil, pero a Guattari no le faltan rivales, en especial en terreno francés, aunque he conocido a algunos imitadores en España y Argentina.

Lo curioso es que quizá estoy de acuerdo con lo que sostiene Félix Guattari, si es que, como si se tratara de una tablilla sumeria, he logrado descifrar su texto. Al parecer, lo que pretende en ese galimatías rococó y cargante es rechazar las fáciles dicotomías entre posturas enfrentadas, que es lo mismo que yo hago en La página noALT, aunque yo sólo me permito una rareza léxica, hablar de pensamiento alternante para definir  esa manera de pensar que consiste en proponer siempre alternativas excluyentes: “O esto o aquello“.

Pero, ¿vale la pena tanto esfuerzo interpretativo? ¿Vale la pena tirar por el desagüe la belleza de la lengua francesa en este acto de presunción desmesurado? Deleuze y Guattari sostenían algo así como que el inconsciente no es interno sino externo y que se manifiesta en el lenguaje que empleamos, en el discurso. ¿Qué pensar de un hombre que, como Guattari usa ese lenguaje y elabora esos discursos?

No se trata de que no se puedan usar palabras más o menos raras o extravagantes, expresiones poco conocidas, innovadoras, conceptos precisos o especializados, que a veces son imprescindibles para desarrollar un argumento complejo. De lo que se trata es del abuso desmesurado y pomposo, de la construcción de frases enrevesadas para decir algo evidente (a veces no: a veces es algo falso o un simple sinsentido). Pero emplear este tipo de lenguaje tiene otras consecuencias peores, de las que hablaré en otra ocasión.


[Publicado el 18 de enero de 2005. Revisado en 2017]


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Iván Tubau en Un viernes santo

Gracias a José Luis Guerín, que me lo contó en un reciente viaje a Barcelona y que después me puso sobre la pista, he descubierto Un viernes santo, un cortometraje en el que aparece mi padre muy joven, con 23 o 24 años.

Sorprende que Juan-Gabriel Tharrats rodase esta historia en 1960 y no sorprende nada que tuviera problemas con la censura franquista. Para mí, el cortometraje es obvio que tiene un valor sentimental que se sobrepone a todo lo demás, pero también me ha gustado la historia de esa muchacha que el viernes santo se escapa de la procesión y se entrega a un rito mucho más págano.

 Gracias a José Luis Guerín por avisarme de la existencia de Un viernes santo y a Enric H.March por haberlo subido a internet (Enric H.March: Un viernes santo)

IVÁN TUBAU (PASTECCA)

 

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¡Dios mío, otro americano no!

|| Juicio y sentimiento 3

“Era demasiado tímido para hacerse justicia a sí mismo, pero cuando esta timidez natural era vencida, todos sus actos revelaban un corazón franco y afectuoso. Era hombre de entendimiento, y su educación lo había mejorado sólidamente”
  Jane Austen, Juicio y sentimiento

En el capítulo 1 de esta serie, que es como un folletín decimonónico o como un ensayo por entregas, hablaba del autocontrol y en concreto de mi supuesto autocontrol. Negaba que yo me autocontrolase y decía por qué: no necesito hacerlo.

En el segundo capítulo hablé de William James y de su libro Las variedades de la experiencia religiosa.

¿Cuál es la relación entre el capítulo 1 y el 2, entre el autocontrol y William James?

Se trata de algo que William James contaba acerca de Walt Whitman.

Ambrose Bierce

Walt Whitman era un poeta americano (estadounidense), también decimonónico. Se lo considera el poeta más grande de Estados Unidos y su personalidad resulta a primera vista asombrosa, pues vivió en una época que asociamos a la austera y severa Reina Victoria, lo que David Stove llama el horror victorianorum.

Sin embargo, si miramos con más atención, descubriremos a unos cuantos personajes que no se ajustan a ese tópico victoriano y quizá nos sorprendería incluso la propia reina Victoria, ¿quién sabe?.

Muchos de estos personajes avictorianos son americanos, como Henry Thoreau, autor de Walden e inspirador de la desobediencia civil (junto al francés La Boetie), hoy en día adorado por anarquistas y uno de los santos patrones del ciberspacio;o como Ambrose Bierce, autor del Diccionario del Diablo, una obra superior en mi opinión al Diccionario de filosofía de Voltaire y el Diccionario de lugares comunes de Flaubert.

Pondré algún ejemplo del diccionario de Bierce (para los lectores poco dados a captar lo irónico, conviene recordar que es el diccionario del diablo):

Abdicación, s. Acto mediante el cual un soberano demuestra percibir la alta temperatura del trono.

 

Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.

Y éste que le gustará a mi querido amigo Java Jenner:

Paraíso, s. Lugar donde los malvados cesan de perturbarnos hablando de sus asuntos personales, y los buenos escuchan con atención mientras exponemos los nuestros.

Otros norteamericanos del siglo XIX e inicios del XX: Edgar Allan Poe, Herman Melville (autor de Moby Dick y Bartleby), Mark Twain… Podría seguir y no parar, porque los Estados Unidos en el siglo XIX y en el XX han dado a la cultura mundial un verdadero diluvio de delicias, no sólo MacDonalds y Bushes.

Volviendo a Whitman, lo cierto es que su personalidad resulta asombrosa incluso para los estándares actuales. Creo que si hay alguien con el que se le puede comparar es con Aristipo el cirenaico, o tal vez con Francisco de Asís, el gran amador. Whitman amaba con tanta pasión todo, que no tuvo más remedio que escribir el Canto a mí mismo, que es quizá la más elocuente demostración de que el amor al universo y el amor a uno mismo no se contradicen, sino todo lo contrario.

Un amigo de Walt Whitman llamado Bucke lo recordaba así:

“Su distracción preferida parece que era pasear y dar vueltas solo, contemplando la hierba, los árboles, las flores, las perspectivas de luz, los aspectos cambiantes del cielo, escuchar los pájaros, los grillos y los cientos de sonidos naturales; era evidente que estas cosas le proporcionaban un placer mayor que a la gente corriente. Hasta que le conocí no se me había ocurrido que se pudiera obtener tanta felicidad de esas cosas, tal y como él la poseía. Le gustaban mucho las flores -silvestres o cultivadas-, le gustaban todas; creo que admiraba las lilas y los girasoles tanto como las rosas. Tal vez no haya habido hombre alguno al que le agradaran tantas cosas y le desagradasen tan pocas como a Walt Whitman. Todos los objetos naturales poseían para él algún encanto; todo cuanto veía y sentía le complacía; parecía y pienso que era verdad que le gustasen todos los hombres, mujeres y niños que veía (aunque nunca le oí decir que le gustase alguno), pero cuantos le conocían se sentían amados y amaban a su vez a los demás. Jamás discutía ni se peleaba, y nunca hablaba de dinero. Siempre justificaba, unas veces en serio y otras en broma, a quienes hablaban de él duramente en sus escritos, y pensé a menudo que incluso gozaba con la oposición de sus enemigos.”

Un temperamento como este es el de un santo, un santo pagano y ateo, que ama al mundo con la misma intensidad que Francisco de Asís, pero sin ver a Dios detrás de todas esas cosas que ama.

Walt Whitman

Se puede sospechar, y a menudo se hace, algunas veces con razón, si detrás de este santo pagano que es Walt Whitman, no se escondía un hipócrita, un falso, alguien que controla sus emociones y sonríe falsamente al mundo. Una duda que tal vez sea contestada en el próximo capítulo, cuando cuente lo que William James decía de Walt Whitman, pero mientras tanto, puedes leer algo de Whitman:

                    “Canto a mi mismo”

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que me atribuyo, también quiero que os lo atribuyáis,
pues cada átomo que me pertenece
también os pertenece a vosotros.

Vago e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a placer sobre la tierra,
para contemplar una brizna de hierba estival.
Mi lengua, cada molécula de mi sangre emanan
de este suelo, de este aire.
He nacido aquí, de padres cuyos padres
nacieron aquí y cuyos padres también nacieron aquí.
A los treinta y siete años de edad, en perfecta salud,
comienzo a cantar, deseando hacerlo hasta la muerte.

Que se callen los credos y las escuelas,
que retrocedan un momento,
conscientes de lo que son y sin olvidarlo nunca.
Me brindo al bien y al mal, dejo hablar a todos,
a la desenfrenada Naturaleza con su energía original.

Continuará…


Quien quiera leer el Diccionario del Diablo de Bierce, puede hacerlo en Diccionario del diablo

Página con la obra completa de Whitman (en inglés)


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