Frases hechas en el Genji

Genji conoce a una mujer de baja condición en una de sus primeras aventuras. Al despertarse en la casa de ella, escucha los primeros ruidos de la mañana, que le parecen tan sólo una “mezcolanza”, pues es incapaz de saber a qué corresponde cada uno. También escucha las conversaciones de la gente que se levanta temprano:

El alba debía de estar cerca, porque oía las rudas voces de los hombres de las casas vecinas saludándose al despertar. -¡Cielos, qué frío hace!

-No hay mucha esperanza de hacer negocio este año… ¡No iré al campo! ¡Qué vida esta!

Frases hechas, lugares comunes, que, se supone, debían evitarse a toda costa en la sofisticada corte de Heian.

Me recuerda aquel poema de Matsuo Basho que dice:

Admirable es aquel que cuando

relampaguea, no dice:

“La vida pasa como un rayo”


[Publicado en 2010]

En la ilustración: el poeta matsuo Basho. 

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Ateísmo y optimismo

En Lo uno y lo plural dije que son pocos los ateos optimistas, aunque habría que recordar a todos los marxistas ateos y sin embargo optimistas en su anhelo de trasformar radicalmente la sociedad. Se podría decir, por supuesto, con algo de malignidad tal vez, que los ateos marxistas son creyentes en el dios de la Revolución.
Por otra parte, todo eso se refiere a la esencia moral del universo, no a cuestiones de ética personal o actividad práctica: se puede ser pesimista en lo que respecta al cosmos tomado en su conjunto, pero optimista al considerar la propia existencia.


Acerca del comunismo como religión: El santoral revolucionario

Ver también: Investigación acerca del optimismo y el pesimismo

[Publicado en 1998]

NUMEN - Mitología Comparada

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Bai Juyi

Bai Juyi (772-846) es un poeta chino que vivió durante la dinastía Tang.

La dinastía Tang se sitúa entre los años 618 y 907, y es considerada uno de los momentos de mayor esplendor de la cultura china. Los soberanos Tang extendieron sus dominios más allá de la China propiamente dicha, controlando a todos los pueblos de la ruta de la seda. La economía prosperó, el norte y el sur quedaron unidos gracias a la apertura del Gran Canal. La cría de caballos pasó de 5000 a 700.000 unidades. En la capital, Chang’an, vivía más de un millón de personas y era sin duda la mayor urbe de su época.

Durante la dinastía Tang, la poesía se desarrolló de manera extraordinaria, no sólo por razones puramente estéticas, sino porque era una de las pruebas que se exigían en los exámenes oficiales, que eran algo muy semejante a las modernas oposiciones de Occidente.

A finales del siglo XVIII se hizo una recopilación de la Poesía Tang, reuniéndose 48.900 poemas, pertenecientes a 2.200 poetas diferentes. Se calcula que esta cifra representa un diez por ciento de lo que se escribió.

En la época Tang también se crearon nuevas formas poéticas:

    • Los guti (estilo antiguo). Ni el número de versos ni el de palabras de cada verso está determinado. Sus esquemas rítmicos también son flexibles.
    • Los jinti (estilo nuevo): ocho versos. Aunque no era un metro nuevo, sí fue sometido a estrictas reglas métricas. Así, el segundo y tercer verso de cada estrofa debían seguir el paralelismo, que no sé muy bien qué es.
    • Los jueju: poemas de cuatro versos, que tampoco eran nuevos, pero que sí fueron sometidos a reglas.
    • Los ci: aparecieron en la segunda mitad de la dinastía y eran poemas líricos de ocho versos de metro irregular, puestos en música y hechos para ser cantados. El número de frases y de palabras por frase se establecían por reglas definidas.

En la poesía de la época Tang, los temas predilectos son: la denuncia social y la protesta, el amor, la amistad, los campos, los paisajes y una continua melancolía.

Bai Juyi nació en Xinzheng (Henan). Pertenecía a una familia humilde, pero se convirtió en funcionario, ocupó altos cargos y llegó a ser ministro, aunque fue desterrado varias veces por pedirle al Emperador que acabase con las guerras. Así, estuvo desterrado o fue enviado a trabajar a Jiangzhou (la actual Jiujiang), Hangzhou y Suzhoy. Finalmente, viajó a Luoyang, donde murió a los 75 años.

Escribió, durante la dinastía Tang, más poemas que nadie, cerca de 3000.

Era discípulo de Tu Fu y, como éste, creía que la literatura debía combatir los males sociales. Escribió poemas populares, sencillos, directos y rápidos que no consideraba dignos si su sirvienta no los entendía totalmente, al contrario de Eugenio D’Ors, quien, tras dictar a su secretaria le preguntaba:

– ¿Se entiende, Antoñita?
– Sí, maestro, perfectamente.
– Pues, oscurezcámoslo.

Bai Juyi ha sido comparado con Horacio y se considera que es el poeta chino más cercano al gusto occidental. Sus tendencias son confucianas.

C.G. Moral dice que su poema “Canción de la pena sin fin” es uno de los más hermosos de toda la época Tang, pero yo he preferido otros de los que se incluyen en la Antología de poesía de la época Tang. El que más me ha gustado es “A Li Chen”.

Al final de los poemas, añado algunos comentarios a alguna cuestión que se relaciona o menciona en ellos.

SOBRE LA TORRE DESDE LA QUE SE DOMINA EL RíO

Junto al río se encuentra, presuntuosa,
la torre de treinta metros de alto;
Por allí pasa una enorme
carretera de mil kilómetros;
Me basta contemplar el lejano horizonte
desde esta altura
para confortar
la mente y el espíritu.
Los correos no se detienen
a lo largo del camino,
los soldados se precipitan
hacia sus destacamentos.
En tiempos tan alborotados
siento de manera especial
que es bueno estar desocupado.
Ahora que he pasado los cuarenta,
en verdad no es demasiado pronto
para que me retire.
Déjame que ahora limpie
los vestidos manchados de polvo.
No es demasiado tarde
para que vuelva a las colinas.


DESCANSANDO SOLO EN EL TEMPLO HSIEN YU

La grulla de la playa permanecía
sobre las escalinatas;
Desde el estanque se veía brillar la luna
a través de una puerta abierta.
Encantado con el lugar
me quedé allí
dos noches sin moverme para nada,
contento de poder hallar
un lugar tan tranquilo;
Satisfecho de que ningún acompañante
me incordiara.
Desde entonces he disfrutado
de esta soledad
y he decidido no venir nunca acompañado.


 

A LI CHI

En los primeros tiempos
para encauzar el curso de mi vida,
directamente acudí
a Chuang Tzu, capitulo primero.
Pero en los últimos años
el espíritu es mi preocupación;
me convertí a la Dhyana
de la Escuela del Sur.

Exteriormente, acepto
el mundo tal como es;
íntimamente, supero las limitaciones
que imponen los sentidos.
Afuera, no siento aversión
ni por la aldea ni por la Corte;
en mi casa, no necesito
la compañía de nadie.

Desde que aprendí este arte,
adondequiera que vaya
mi mente está en sosiego
y no necesito
de inflexiones y estiramientos
para el bienestar de mis miembros;
ni de ríos ni de lagos
para calmar mis pensamientos.

Si tengo propensión al vino,
algunas veces bebo;
si no tengo nada que hacer
me siento reposadamente,
silencioso y tranquilo
hasta muy tarde
y al siguiente día, duermo profundamente
hasta que el sol está muy alto.

No me causan nostalgia, en otoño,
las noches largas;
no me lamento en primavera
por los días que pasan.
Enseñé a mi cuerpo a olvidar
si es joven o viejo,
y a mi alma, que aprecie igual
la vida que la muerte.

En la conversación que sostuvimos
ayer, cuando te vi,
diste a mis pensamientos
lo que llaman «corazón y médula»,
Porque también mi Camino es
como lo «inexpresable»
Y a no ser por ti, jamás
lo hubiese explicado con palabras.


CORAZÓN EN OTOÑO

Pocos visitantes atraviesan esta puerta.
Frente a las gradas crecen
numerosos pinos y bambúes,
la pared oriental resguarda
del aire del otoño.
Por el patio occidental
sopla la brisa fresca.
Aunque tengo un arpa
no tengo ganas de tañerla.
Tengo libros, pero
me falta tiempo para leer.
Todo el santo día, en esta región
de una pulgada cuadrada,
sólo existe la tranquilidad
y la ausencia de pasión.
¿Para qué habría de agrandar
mi casa?
No tiene sentido hablar mucho.
Una habitación mediana
es suficiente para el cuerpo;
dos tazones de arroz
bastan para el estómago.
Además de esto, sin ninguna habilidad
para el manejo de los negocios,
haraganeo y recibo
el salario que me da el Emperador.
Jamás he plantado una sola morera,
ni abrí un solo surco para el arroz.
No obstante, me alimento bien
todos los días
y ando bien ataviado
durante el año.
Con semejante conciencia
y conociendo mi retraimiento,
¿Por qué habría de estar descontento?


SOBRE LOS POEMAS DE BAI JUYI

Del poema Descansando solo en el templo Hsien Yu me encantan los tres últimos versos, que me parecen de una sensibilidad e inteligencia perfectas.

El poema A Li Chen es mi favorito.

El capítulo primero de Chuang Tzu (o Zhuangzi) al que se refiere en el cuarto verso se titula Placentera libertad y en él se cuentan varias historias, por ejemplo la del pez llamado Kun que es enorme y se convierte en pájaro (y entonces se llama Peng); la intención de estas historias es mostrar la relatividad de las cosas, que debería llevar a mantener opiniones menos dogmáticas. En otro momento explicaré qué quiero decir con ‘relatividad de las cosas’ y que creo que quiere decir Zhuang Zi, porque no se trata de eso de “Todo es relativo” como traducción de “Todo es igual de bueno o igual de malo”.

También cuenta ese primer capítulo del Zhuangi cómo el emperador Yao se retiró del mundo después de ponerlo en orden y establecer la paz en “las tierras entre los cuatro mares”. Además, se comenta por primera vez la virtud de ser inútil y la naturaleza del hombre perfecto: “El hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene éxito, los grandes sabios no tienen nombre”, lo que sin duda tiene relación con las palabras finales del poema, cuando se explica por qué fue escrito.

El momento al que se refiere esta pintura sería cuando Bai Juyi se encontró con el monje Daolin, que hacía meditación en las ramas de los árboles, con tanto sosiego que hasta los pájaros construían sus nidos junto a él. Bai Juyi pidió al monje que le enseñará las verdades del budismo. Daolin le dijo: “Abstente de causar el mal y practica buenas acciones”. Bai Juyi mostró su frustración nte el consejo y dijo: “Incluso un niño de tres años sabe eso”. Daolin replicó: “Un niño de tres años puede decir eso, pero incluso un anciano a los ochenta años puede no practicarlo”. Probablemente es una anécdota apócrifa.

La escuela budista Dhyana de la Escuela del Sur, que se menciona en los versos 7 y 8, es una secta budista que dio origen al Ch’an chino, que a su vez dio origen al zen japonés. Los dhyanas (Jhänas en pali), son medios de trascender el efecto de los estímulos sensoriales y nuestras reacciones normales frente a dicho efecto. Ch’an es la traducción china de Dhyana y significa meditación. Curiosamente, hacia el año 700 el Ch’an chino se constituyó como escuela separada. Según Edward Conze, el año 734 Sheng Hui, discípulo de Hui Neng, fundó una escuela en el sur de China. Tal vez sea esta la escuela a la que se refiere Bai Juyi. El ch’an prosperó en la época Tang y hacia el año 100 era la secta budista más importante, con excepción del Amidismo.

Así que lo que dice Bai Juyi en los siguientes versos parece un resumen de las enseñanzas ch’an.

En cuanto al verso antepenúltimo, parece referirse, según el anotador y traductor de los poemas (C.G.Moral) a las palabras preliminares del Tao Te Ching (o Lao Zi). Las busco… En la versión de Iñaki Preciado no están en el primer capítulo, sino en el 45, pues Preciado sigue el manuscrito del Lao Zi encontrado en 1973. En ese manuscrito, al contrario de lo usual, el libro del de aparece antes del libro del dao. Por cierto, aprovecho aquí, ahora que estoy aprendiendo chino, para aclarar una duda que yo mismo tenía hasta hace poco: de y dao deben pronunciarse te y tao, mientras que si escribimos te y tao, deberemos pronunciar t’e y t’ao (es decir, expulsando aire, como escupiendo, al pronunciar la ‘t’).

Este es el texto al que se refiere el traductor de Bai Juyi:

El dao que puede expresarse con palabras,
no es el dao permanente.
El nombre que puede ser nombrado,
no es el nombre permanente.
Lo que no tiene nombre (wu ming),
es el principio de todos los seres.
Lo que tiene nombre (you ming),
es la madre de todas las cosas.
La permanente ausencia de deseos (wu wu),
permite contemplar su esencia escondida;
la constante presencia del deseo (you wu),
lleva a contemplar sus manifestaciones.
Ambos (wu, you) tienen el mismo origen,
con nombres diferentes designan una misma realidad.
El profundo misterio,
es la llave de las transformaciones de los seres.

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[Publicado en 1998 e impreso en la revista Esklepsis. Las ilustraciones son de 2018, excepto la primera que es de la revista]

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El arte del engaño, manual y antídoto contra las mentiras

Entrevista en The Objective

Entrevista con Fátima Elidrissi pubicada el 7 de agosto de 2018

 

En su último libro el escritor y guionista Daniel Tubau analiza el famoso Arte de la guerra de Sun Tzu y junto a The Objective examina la estrategia seguida por políticos como Donald Trump, Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Cuenta Daniel Tubau en su última obra, El arte del engaño (Ariel, 2018)  que aunque las mentiras, los embustes y los métodos tortuosos para lograr nuestros fines tengan mala prensa, la vida social e incluso la supervivencia del ser humano sería difícilmente imaginable sin ellos. “Muchas veces se ha hablado de caballeros andantes en la Europa medieval, también en China estaban los caballeros shi de la época Zhou, pero esto seguramente no ha existido nunca”, afirma este guionista con dos décadas de experiencia y media docena de libros bajo el brazo. “El engaño es una manera de sobrevivir en circunstancias adversas, inferioridad o debilidad e incluso en situaciones de superioridad para evitar muchas muertes. Por ejemplo, conseguir la victoria sin que haya guerra como dice el maestro Sun”, añade el autor sobre su última publicación, un exhaustivo análisis del arte de la estrategia china en general y El arte de la guerra de Sun Tzu en particular.

La entrevista completa en ‘El arte del engaño’, manual y antídoto contra las mentiras

 


El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas
Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china publicada hasta la fecha.


Contiene la traducción completa de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia]

AmazonAriel-Casa del LibroFnac


 

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Metáforas de Cardenio

Otro ejemplo de idea que no acaba de funcionar en Historia de Cardenio (¿será por la traducción?):

CARDENIO: Si yo llorase la substancia de mis ojos se convertiría en lágrimas. ¡Quién me viera así vertirlas sobre el fuego que en mi pecho arde.”

No está mal llevar esas lágrimas imaginarias o concebibles a ese pecho que arde, pero no encaja ese “Quién me viera”, que no nos dice nada.Distinto sería si esos ojos convertidos literalmente en lágrimas sirvieran para apagar ese otro fuego, o algo semejante.


[Publicado en 2007]

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