Datos, datos… y datos

|| Tucídides y la democracia /24

Me preguntaba en ¿Existen los datos? acerca de en qué debe consistir la objetividad para un historiador.

La respuesta es, creo, que, esa objetividad no consiste en que el historiador no opine sobre lo que está contando, pero sí, en primer lugar, en que el historiador distinga claramente sus opiniones de lo que pretende ser una exposición neutra de acciones, que no intente disfrazar sus ideas e intereses bajo supuestos relatos desideologizados. Es obvio que no podrá lograrlo por completo, pero que al menos eso suceda de un modo más o menos inconsciente o involuntaria. También se le debe exigir que los datos que utilice sean rigurosos, ciertos y comprobables dentro de lo posible, los ordene como los ordene. Aquí podríamos distinguir también entre varios tipos de ‘datos’, que plantean problemas diferentes:

__“Murieron 5373 argivos”

__“Los egipcios ganaron la batalla de Kadesh”.

__“La guerra era inevitable”.

Cada una de las afirmaciones anteriores plantea problemas diferentes en relación con la objetividad del historiador. El primer dato es el de un contable, el de alguien que ha contado los cadáveres o las tumbas. Es un dato que en algunas guerras puede ser completamente fiable: basta con mirar cuántos soldados partieron y cuantos regresaron. Pero no hay que pensar que los números son siempre comprobables: a día de hoy resulta difícil saber la cantidad real de muertos durante los regímenes comunistas de la Unión Soviética o China y las dudas afectan no a decenas o miles de personas, sino a millones. Recientemente se ha llegado a pensar que las cifras de la población china actual están infladas y que la India tiene más habitantes que China. La razón sería que, al hinchar las cifras, se disminuyó al mismo tiempo el de los muertos durante el Gran Salto Adelante y la Revolución cultural maoísta, que por arte de magia pudo reducirse en millones. Hasta hace pocos años, e incluso ahora en gran medida, la manera de saber cuántos millones de personas habían muerto consistía en comparar las cifras de población antes y después de aquellos años espantosos.

En cuanto a la segunda afirmación: “Los egipcios ganaron la batalla de Kadesh”, esa afirmación está sometida a dudas de otro tipo. Según los egipcios, ellos ganaron. Según los hititas, la victoria fue suya, Pero incluso aunque el ejército egipcio hubiera sido derrotado en la batalla, se sospecha que los hititas quedaron los suficientemente debilitados como para no proseguir su avance contra Egipto o sus aliados, aunque también se puede sugerir que los egipciós, vencieran o perdieran, fueron los que quedaron detenidos en su expansión por Asia Menor y el mundo micénico, por ejemplo.

Finalmente, la tercera afirmación (“La guerra era inevitable”) es ya una cuestión sometida a tremendas incertidumbres y subjetividades. Así, por ejemplo, la manera en la que se presenta como inevitable la propia guerra del Peloponeso que nos trasmite Tucídides esta sometida a fuerte discusión.

En consecuencia, no todos los datos históricos son iguales ni es siempre fácil distinguir entre datos y opiniones.

Pues bien, a pesar de todas las precauciones anteriores, a pesar del esfuerzo del historiador por ser objetivo y desinteresado, creo que la subjetividad, en mayor o menor grado, siempre será inevitable.

 

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2018]

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Un matemático se encuentra con las musas

|| Una cita con las musas /8

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar (y ver algunas imágenes) de Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de cómo el gran matemático francés Heni Poincaré propuso que nuestra mente es capaz de darnos ideas sin que nos demos cuenta de cómo hemos llegado a ellas.


 

TRANSCIPCIÓN DEL PROGRAMA

CHUS: La semana pasada nos hablabas de cómo los poetas griegos invocaban a las musas para que les inspiraran. Esas nueve musas que ya nos presentaste en otro programa y que trabajan para que los poetas se luzcan.
DT: Sí, para que se lucieran los poetas, porque el resto de las artes, los griegos consideraban que eran una tecné o una técnica, es decir que había que seguir unas reglas determinadas para lograr crear un objeto artístico, como la Venus de Milo o el Partenón de Atenas, sin embargo creían que la poesía procedía más bien de una inspiración divina. Algo que no había manera de controlar.

Gaia crea el Cosmos a partir del Chaos

CHUS: Y a partir de ahí se fue desarrollando la idea de que la creatividad solo podía venir por la inspiración.
DT: Sí, pero esa idea se hizo más extrema con la llegada del cristianismo, cuando en Roma se adoptó como religión oficial, porque mientras que los griegos decían que el universo surgió de un caos original que ordenó la diosa Gaia, en el judaísmo y en el cristianismo (y posteriormente en el Islam) se pensaba que Dios había creado el universo a partir de la nada y que, por lo tanto, crear, lo que se dice crear, solo podía hacerlo Dios. Los seres humanos lo único que podían hacer era descubrir lo que ya había sido creado, así que durante la Edad Media incluso los poetas perdieron el nombre de creadores, para no caer en la herejía.

CHUS: Vaya. Entonces en la Edad Media no gustaba mucho la creatividad, la de las personas, me refiero, y hasta te podía meter en un lío y ser considerado hereje…
DT: Así es, porque competías con Dios mismo. Se apreciaba mucho más la repetición de los temas clásicos, de los autores grecolatinos que se habían conservado, de los Padres de la Iglesia, San Agustín… Incluso se llamaba peligrosos novatores o innovadores a quienes querían hacer algo novedoso, las personas que ponían en entredicho lo que ya había sido revelado y creado por Dios.

Marsias castigado por Apolo por querer competir con él con la flauta doble inventada por Atenea

CHUS: Claro, porque pasaba algo que sucede todavía ahora, que nos da miedo lo desconocido.
DT: Pues sí, y eso incluso sucedía en Grecia, donde había un miedo a las nuevas artes, a los nuevos medios… O como cuando surgió la televisión que se llamó la caja tonta, o internet y se decía que todo lo de internet era basura. Es el miedo a las nuevas narrativas, a las nuevas creaciones.

 

El Perseo de Benvenutto Cellini

CHUS: Entonces viene de lejos la cosa…
DT: Sí todavía tenemos un poco ese miedo a lo nuevo. Pero como decíamos, después de la Edad Media, hacia el Renacimiento los poetas dijeron que el poeta también podía crear, del mismo modo que lo hacía Dios. Se atribuye a un poeta y sacerdote polaco la idea [aunque yo la he encontrado antes en Torcuato Tasso] y poco a poco la idea fue extendiéndose. Los escultores y pintores renacentistas, incluso los orfebres, reivindicaron que también ellos eran seres inspirados y creadores, como Cellini. Y con la revolución científica iniciada más o menos cuando se creó la Royal Society en 1660 en Inglaterra también los científicos se consideraron creativos y creadores.

CHUS: Entonces en ese momento tenemos como a tres cuartas partes de la sociedad considerándose creadores, los poetas, los escultores, los científicos…
DT: Todo el mundo era creador, sí. Pero, aunque fueron muchos los que consideraban que la creatividad sí estaba a nuestro alcance, el asunto de la inspiración seguía ahí intocable. El hecho de que una persona tuviera ideas geniales, de que se le ocurrieran cosas insólitas, soluciones inesperadas se seguía considerando algo más bien mágico, una inspiración que, si no procedía directamente de las musas griegas, sí podía proceder de Dios, del destino, de la configuración de las estrellas, es decir del cielo astrológico o de la genética.

Henri Poincaré

CHUS: ¿Y cuando cambió la cosa?
DT: Empezó a cambiar poco a poco, cuando algunas personas empezaron a pensar que quizá la creatividad o era un fenómeno tan inexplicable. Uno de los pioneros fue un matemático francés llamado Henri Poincaré. Este matemático se había dado cuenta de que somos especialmente creativos justo antes de dormirnos y justo antes de despertarnos. Son momentos en los que se nos ocurren muchas ideas…

CHUS: Es verdad, pero da mucha rabia que después intentas acordarte de ellas y no puedes.
DT: Claro porque si nos dormimos ya se nos olvidan y si nos despertamos enseguida con las cosas de la vida cotidiana también se nos escapan esas ideas. Pero Poincaré inventó un método para atrapar esas ideas, que consistía en sentarse en un sillón de esos en los que se puede apoyar cómodamente los brazos. Después ponía alrededor del sillón todo tipo de objetos de metal, bandejas, platos, copas…. Y finalmente esperaba a tener sueño y entonces se sentaba en el sillón y sujetaba en cada una de sus manos una bola de metal bien grande y pesada, justo encima  de las bandejas de metal…

CHUS: Ya me estoy imaginando lo que pasaba…
DT: Pues sí, Poincaré sostenía las bolas en sus manos, pero cuando el sueño le vencía sus manos caían sin fuerza y las bolas se estrellaban contra las bandejas y platos de metal, montando un tremendo estruendo que lo despertaba. Así que rápidamente cogía una libreta y apuntaba todo lo que se le había pasado por la mente justo en el momento de empezar a tener sueño. Este método también lo usaba Dalí y se puede encontrar un video en Youtube donde lo cuenta. En realidad se lo copió a Poincaré.

CHUS: Es un método un poco ruidoso y Poincaré se llevaría unos buenos sustos.
DT: Pues sí, pero funciona bastante bien. También se puede hacer dejando una libreta y un boli al lado de la cama y entrenándote para conseguir despertarte cuando sueñas algo interesante, y entonces apuntarlo en la libreta y seguir durmiendo.

CHUS: Claro, es menos ruidoso y no molestas al vecino, porque si hacemos lo de las bolas cada noche…
DT: Claro, demasiado ruido: “¡Ya está creando otra vez el vecino a las tres de la madrugada!”. Si dejas la libretita al lado y te entrenas para despertarte del sueño cuando tienes una idea, que también se puede lograr.

CHUS: ¿Y eso funciona?
DT: Yo lo he hecho y funciona, aunque a veces no hay manera de entender la letra, al escribir a oscuras. Ahora con los móviles es más fácil, porque al menos se ilumina la pantalla. Lo que pasa es que acabas durmiendo poco, porque se te acaban ocurriendo muchas ideas cuando sueñas. Eso sí, a veces también puede pasar eso que contaba Hitchcock de un guionista que soñó un guión fabuloso para una película, pero que, como había dejado la libreta en la mesill,a pudo escribirlo medio dormido. Al día siguiente se despertó, recordó que había tenido un sueño fabuloso y corrió a leer la libreta. Y allí ponía: “Chico conoce chica”.

Poincaré examina un problema con Marie Curie. De pie está Albert Einstein

CHUS: Directo a los Oscar… Pero Poincaré no se limitó a apuntar sus ensoñaciones…
DT: No, porque empezó a investigar cómo se producía la inspiración. Se había dado cuenta en varias ocasiones de que cuando se enfrentaba a un difícil problema matemático, después de trabajar durante mucho tiempo intentando resolverlo sin éxito, acababa por rendirse, se olvidaba del asunto y de repente, un día, de manera inesperada, como en una ocasión subiendo al tranvía, le venía un golpe de inspiración con una posible solución a aquel problema que casi había dejado de lado ya.

CHUS: Caramba, así que le visitaban las musas en el tranvía…
DT: Sí, a veces en el tranvía y a veces justo cuando le reclutaron y se iba a hacer el servicio militar, pero de lo que se dio cuenta es que esto le pasaba no cuando staba pensando en ese problema que le agobiaba, sino cuando se rendía y renunciaba a resolverlo. Esto le permitió lanzar una teoría que en su época fue muy polémica y que hizo que muchos pensaran que era un gran matemático pero que estaba un poco loco.

CHUS: ¿Y cuál era esa teoría?
DT: La teoría o más bien hipótesis, porque había que confirmarla, era que nuestro cerebro trabaja de forma inconsciente, o subconsciente o no consciente, sin que nosotros nos demos cuenta de ello. Y cuando encuentra la solución que buscamos, nos la ofrece. También decía que durante los sueños nuestro cerebro no solo se limita a repasar o a ordenar los acontecimientos del día, sino que es creativo.

CHUS: Es decir que el cerebro o la mente es capaz de trabajar en segundo plano sin que nos demos cuenta…
DT: Así es. Como ya he dicho, eso le ganó muchas críticas cuando lo explicó en su libro El valor de la ciencia, pero con el tiempo, se demostró que tenía razón

CHUS: Pero eso, como ya se está terminando nuestro tiempo, lo veremos la semana que viene.
DT: Así es. Entonces sabremos definitivamente cómo entraron las musas en el laboratorio.

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.



 

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El principio de indeterminación de Heisenberg

La filosofía de la Mecánica Cuántica /6

Una vez que quedó neutralizada (o asimilada) la interpretación ondulatoria de Schrödinger, Heisenberg señaló que en el mundo cuántico se puede medir la posición y se puede medir el momento (masa, tiempo, velocidad) de un electrón, pero que no se pueden medir ambas cosas a la vez.

Lo anterior significa que la noción de trayectoria no tiene sentido en el mundo subatómico, y que, por lo tanto, los fenómenos cuánticos no se pueden visualizar ni representar como los de los cuerpos macroscópicos, en un sistema de coordenadas espaciotemporales. Eso llevó a Heisenberg a formular en 1925 o 1927 su célebre Principio de incertidumbre o indeterminación: cualquier intento de obtener mayor precisión al examinar una de estas magnitudes “tiene como resultado hacer más indefinido el valor de la otra”.

En definitiva, en la física cuántica no se puede determinar simultáneamente y con una precisión arbitraria pares de variables físicas como la posición y el momento lineal  de un objeto dado, al contrario de lo que sucede en la física macroscópica, donde podemos observar dónde está un objeto, cuál es su velocidad, dónde estará dentro de un instante y donde estaba hace un instante, es decir su trayectoria en el espacio y en el tiempo. Este es el conocido principio de incertidumbre o indeterminación de Heisnberg.

 

Continuará…


diletante-cuantica-aviso3


[Escrito por primera vez  después de 1994 y antes de 1996, como un trabajo universitario. La edición actual procede de la edición personal de 1998. No he introducido ningún cambio significativo, más allá de correcciones de estilo para hacer más claro el texto y más agradable la lectura]


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EL EXPERIMENTO DE LA DOBLE RENDIJA
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Ondas

El experimento de la doble rendija /1


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La meta del viaje es lo de menos, lo que importa es el camino
Paradoja nº9

Se dice en el resumen y enumeración final de las paradojas que aparecen en Las paradojas del guionista:

“Los personajes han de tener un objetivo, una meta que lograr, pero es objetivo o meta en realidad no es lo que le importa al guionista: lo importante no es el punto de destino, sino el viaje. Aunque esta idea tiene mucho que ver con el macguffin, se analiza en detalle en “El camino y el destino”. (Las paradojas del guionista, 341)

 

Como es sabido, el macguffin es algo que interesa mucho a los personajes y que también interesa al espectador, pero que, según Hitchcock, no debe preocupar demasiado al guionista. Se trata de una excusa para enviar de un lado a otro a los personajes, para justificar sus acciones: detener a los malvados, robar el banco, encontrar los planos secretos, desactivar bombas atómicas que orbitan alrededor de la tierra, como en Space Cowboys de Clint Eastwood. Para el guionista, todo esto son excusas para contar algo más importante: los conflictos entre los personajes, sus sueños y sus debilidades, sus fracasos y sus éxitos, las relaciones que se establecen entre ellos. El lector puede encontrar este asunto desarrollado en extenso en las páginas 232 y siguientes de Las paradojas del guionista, así que aquí solo repetiré la excelente reflexión de T.S.Eliot acerca del significado de un poema:

“El significado de un poema es el hueso lanzado por el ladrón para distraer al perro guardián de la mente mientras el poema prosigue con sus propios y más profundos asuntos”.

Intentar reducir un poema a su significado es algo parecido a hacerle la autopsia a alguien que todavía está vivo: lo mataremos. Un poema es más que su significado, si es que tiene algún significado. De hecho, un buen poema no es que no tenga significado, es que tiene significados, muchos significados, además de todas esas otras cosas a las que alude Eliot y que son lo que diferencia a un poema de, por ejemplo, un aforismo, una definición de diccionario o un texto ensayístico o descriptivo.

Lo mismo que con un poema, sucede con una película, donde se podría decir que no solo el macguffin, sino todo el argumento, toda la compleja trama, toda la película en su estructura y efectos, no es más que un gigantesco macguffin que tiene el objetivo de provocar algo más interesante: emociones en el espectador (y dentro de las emociones incluyo las reflexiones, por supuesto).

En cualquier caso, esta paradoja de que lo que importa es el camino se ha conocido tradicionalmente como “Ítaca”, en referencia al poema de Kavafis acerca del viaje de Ulises que Homero cuenta en la Odisea. En Las paradojas cito el final del poema, aquí lo ofrezco íntegro:

ITACA
(Kavafis, 1911)

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje,
sin ella no habrías emprendido el camino,
pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Se suele pensar que el tema o mitema (tema mitológico) o litema (tema literario) “Ítaca” fue creado por el poeta Konstantino Kavafis, pero en realidad es casi tan antiguo como la misma Odisea de Homero. Una de las primeras muestras es un hermoso poema de Petronio, Exhortación a Ulises:

Deja tus moradas y busca costas extranjeras,
oh joven: para ti nace un nuevo orden de cosas
No sucumbas al mal: te ha de renovar el Danubio extremo,
el bóreas helado, los tranquilos reinos del Egipto
que ven al sol levantarse y descender.
Y, más grande, que descienda Ulises en lejanas playas.

He dedicado sección de mi mundo digital a versiones de este tema en poemas y textos todas las épocas. Esa sección se llamaba al principio Utanapishti, pero ahora se llama simplemente Nostoi (Los regresos).

Atenea muestra Ítaca a Ulises

Pues bien, aunque se han dicho muchas cosas interesantes acerca de este asunto de si lo que importa es la meta o el viaje, una de las mejores pertenece a Goethe:

“No bastará con dar pasos que algún día puedan llevarles a la meta, sino que cada uno de ellos tiene que ser paso y meta al mismo tiempo”.

Puedes leer un comentario acerca de este consejo de Goethe en El destino y el camino, donde explico que la idea puede referirse tanto a la vida como a la narrativa, donde cada paso es importante y no una simple excusa para avanzar la trama, como sucede en tantas series y películas actuales donde muchas escenas solo están ahí para que después ocurra algo.

Por fortuna, eso no sucede en otras  películas, y sobre todo en algunas nuevas series, que se preocupan porque cada paso sea en sí mismo interesante, seguramente porque confían, como Homero, en su poder narrativo y no solo en trucos de guionista más o menos efectivos. De esto hablo extensamente en mi libro El guión del siglo 21.


Las paradojas del guionista
Casa del Libro//Amazon (papel y ebook)
Página de Las paradojas del guionista

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

 

***************

Las 38 paradojas del libro y algunas más

Se enumeran y explican las paradojas de Las paradojas del guionista, pero se añaden nuevas ideas y consideraciones, a veces mostrando que incluso existen interesantes excepciones no ya respecto a las normas y reglas, sino también respecto a las propias excepciones.

Las 38 paradojas del guionista (y algunas más)

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Decir que no se deben dar normas es dar una norma
Paradoja nº1

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El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


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Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

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El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note
Paradoja nº4

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Se debe proporcionar información sin que parezca información
Paradoja nº5

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La mejor manera de mostrar algo es no mostrarlo nunca del todo
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Promete pero no cumplas
Paradoja nº10

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Todos los métodos son buenos, incluso los malos

Paradoja nº27


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La meta del viaje es lo de menos, lo que importa es el camino
Paradoja nº9

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TODAS LAS ENTRADAS DE GUIÓN Y CINE AQUÍ

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Hamlet en la holocubierta y Janet Murray

Marshall McLuhan predijo en el siglo XX muchos de los cambios que estamos presenciando, cuando se refirió a la trasformación que estaba teniendo lugar entre una civilización basada en los libros, la galaxia Gutemberg, y otra electrónica, la galaxia Marconi, que haría que el mundo se convirtiera en una «aldea global», en la que lo audiovisual sustituiría a lo textual. McLuhan murió en 1980, por lo que apenas pudo conocer Internet y los ordenadores personales, que han desbordado sus más locas predicciones de profeta de la nueva era.

En 1997,Janet Murray se ocupó de ese nuevo mundo y de sus posibilidades narrativas en Hamlet en la holocubierta. Aunque han pasado bastantes años desde la primera edición, Murray, como Nicholas Negroponte en El mundo digital, anunció muchas de las cosas que están sucediendo en nuestro presente y algunas que todavía están por llegar. No es casualidad que los dos trabajaran en el laboratorio creativo Medialab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), un lugar en el que se hacen las cosas diez o quince años antes que en el resto del mundo. En el título del libro de Murray se dan cita el pasado y el futuro. Hamlet es, por supuesto, el personaje de Shakespeare, pero ¿qué es la holocubierta?

Antes de continuar leyendo, lo mejor es que el lector vea por sí mismo la holocubierta…

holocubierta from daniel tubau on Vimeo.

La holocubierta es un lugar de la nave Voyager de la serie de televisión Star Trek, un cubo negro, vacío, en el que un ordenador proyecta simulaciones muy elaboradas. Cuando un tripulante entra en la holocubierta puede participar en historias que se transforman segundo a segundo, en respuesta a sus acciones, y puede experimentar una vida virtual que es casi tan real como la vida cotidiana, porque incluso puede tocar a las personas o los objetos de ese mundo imaginario. La comandante de la Voyager, Kathryn Janeway, visita a menudo la holocubierta en busca de mundos fantásticos, por ejemplo para convertirse en Lucy Davenport, la institutriz de los dos hijos del viudo Lord Burleigh, en un mundo que recuerda el de las novelas de Jane Austen y las hermanas Brontë. Como es previsible, la institutriz se enamora de Lord Burleigh.

La holocubierta a punto de activarse

Hay que recordar que, como en casi todas las series de televisión, lo que importa en Star Trek no son los extraños seres y razas extravagantes de alienígenas. Eso sólo es el macguffin, la excusa, porque la verdadera intención de los guionistas es situar a sus personajes ante dilemas morales, se trata de una ficción de relaciones sociales y trasfondo psicológico. Muchas personas son incapaces de entender que el género de la ciencia ficción, incluso el de naves espaciales y luchas con espadas láser, lo
único que hace es plantear los mismos problemas de siempre pero en escenarios distintos. No saber leer el subtexto, e incluso el texto, y quedarse sólo en los adornos cienciaficcioneros es quizá tan grave como rechazar a Shakespeare porque sus historias transcurren en una Inglaterra llena de reyes con armadura y reinas con collarín, o a Sófocles porque Edipo va siempre medio desnudo y con sandalias. Da igual que el medio de trasporte se llame La Reina de África o Voyager, si quienes viajan en él se ven sometidos a conflictos y emociones similares. Un ejemplo del planteamiento psicológico de Star Trek es cuando la comandante, en su papel de Lucy Davenport, besa a Lord Burleigh y se pregunta si eso la convierte en una mujer infiel:
¿ha traicionado a su marido al besar a un ente virtual? Lo que quizá a más de uno le recuerde que el papa Juan Pablo II alertó en su momento de los pecados virtuales cuando dijo que pensar en ser infiel ya era en cierto modo ser infiel.

El lector ya se habrá dado cuenta de que cuando los personajes de Star Trek visitan la holocubierta no eligen increíbles futuros tecnológicos, sino que prefieren viajar al pasado. Resulta curioso, en efecto, que la comandante Janeway, que vive en un futuro lleno de naves espaciales y alienígenas, busque en sus fantasías los extraños mundos de la novela realista del siglo xix. Las fronteras entre realidad y fantasía, o entre costumbrismo o ciencia ficción, se están haciendo cada vez más difusas, como veremos en próximos capítulos.

Pero todavía no he explicado por qué en el libro de Murray  conviven Hamlet y la holocubierta. La respuesta es una pregunta que se hace Murray: «¿Cuándo tendremos en el mundo de la llamada hipernarrativa un equivalente al Hamlet de Shakespeare?». Es decir, ¿cuándo encontraremos en el mundo digital, interactivo, hipertextual, obras de calidad comparable a las de Shakespeare?

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El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.”

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La realidad… es ficción

ENTRADAS DE EL GUIÓN DEL SIGLO 21

En  esta página dedicada a El guión del siglo 21 amplío los contenidos del libro, corrijo errores, trato nuevas cuestiones y muestro ejemplos en vídeo que, como es obvio, no podían estar presentes en un libro analógico. Los temas son casi inabarcables y para que el visitante de esta página pueda orientarse es muy recomendable que lea el libro (Casa del Libro). También en ebook en cualquier lugar del mundo.


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[Todas las ilustraciones son de Samuel Velasco]

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