¿Es posible dialogar con un creyente?

En una respuesta al comentario de un lector, escribí hace unos años algunas cosas acerca de la dificultad de discutir con un creyente. Con cualquier creyente. Retomo esas ideas aquí.

Cuando se discute con un creyente, tiene lugar eso que los  psicólogos llaman el punto ciego: existen regiones intelectuales, temas o cuestiones en la que todos dejamos de razonar de la manera en que lo hacemos normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas, y a los seguidores de equipos de fútbol, por supuesto.

Si se discute con un comunista fervoroso, o con un fascista, acerca de sus ideas políticas, se sabe desde el principio que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos (los no creyentes) sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.

Si se habla con un católico, se sabe desde el principio que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque esa persona haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados). Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y uno y otro defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.

Cuando leo a grandes pensadores que defendieron una religión o una ideología, no puedo evitar pensar que estoy ante un talento desperdiciado, como Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, una mente poderosa que se ve obligada a justificar y argumentar dogmas que casi siempre son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto. Pero como esa era la doctrina cristiana, Tomás de Aquino lo defiende: si fuera otra la doctrina cristiana, se las arreglaría para defender lo contrario sin inmutarse. Resulta muchas veces triste observar cómo Tomás de Aquino insulta a su propia inteligencia.

Un ejemplo podría ser la doctrina de la Trinidad. Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que con mucha probabilidad no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo o con lo que creían los primeros cristianos. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial que fue establecido, si no recuerdo mal, en el Concilio de Nicea, hacia el año 300 después de cristo. Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento pone en duda que Dios, como creían los judíos (y el era judío seguidor de la religión judía) era Uno y al mismo tiempo una sola y única persona.

Baste con ese ejemplo para mostrar como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender ideas y planteamiento no porque busque la verdad, sino porque busca adecuarse a lo que decidieron unos personajes más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.

En ningún momento he pensado o pienso que los creyentes, así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad (también en general o sobre los diversos temas particulares), pero sí creo que no son capaces de buscarla precisamente en el tema que más les inquieta, conmueve e interesa: su propia fe.


 (Al principio titulé el artículo “¿Es posible dialogar con un creyente?”. Como bien me señaló “discutir” no es la palabra adecuada. Me refería a dialogar, por eso he cambiado el título, aunque también podría ser: ¿Es posible no discutir con un creyente?.


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Guionistas del siglo 21. Curso en EICTV CUBA

|| Del 20 de febrero al 10 de marzo | 2017

GUIONISTAS DEL SIGLO 21

 TALLER DE ALTOS ESTUDIOS

El taller proporcionará a los alumnos los conocimientos y las herramientas necesarias para enfrentarse a la escritura de un guión en cualquier modalidad (cine, series, webseries y programas de entretenimiento). Uniendo la teoría con la práctica, los alumnos adquirirán los conocimientos que les permitan entender la naturaleza de la narrativa audiovisual, así como técnicas y herramientas para superar bloqueos y estimular la creatividad. Desde la primera idea hasta la escritura y revisión del guión, desde las nociones básicas a las más avanzadas. No sólo se analizarán las técnicas aceptadas por la industria convencional, sino también las últimas tendencias narrativas que han transformado el panorama, enfrentándose a los dogmas y fórmulas fáciles.

Del 20 de febrero al 10 de marzo | 2017

Profesor: Daniel Tubau

Alumnos: 10

Audiencia: Guionistas, dramaturgos, graduados de comunicación social y de audiovisuales y toda persona interesada en la creación y el guión audiovisual.

Página web del curso en la EICTV

Descargar Convocatoria

Descargar ficha de inscripción

Módulos:

  1. El guión convencional de cine y televisión y su crisis actual.
  2. Alternativas a las teorías convencionales.
  3. Cómo escribir un guión y cómo revisarlo y mejorarlo.
  4. Diferencias entre el guión para cine, televisión e internet.
  5. El guión de webseries.
  6. El guión de no ficción en televisión e Internet.
  7. La nueva narrativa interactiva e hipertextual y la influencia de los videojuegos.
  8. Métodos de trabajo para guionistas
  9. Técnicas y herramientas para desarrollar la creatividad y superar los bloqueos.

Los contenidos teóricos avanzarán en paralelo con ejercicios  para llevar a la práctica lo aprendido.

 


 

PROFESOR
Daniel Tubau, guionista y director de televisión durante más de veinte años, es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión, que ya va por la tercera edición. También ha publicado El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. Su último libro de guión es El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión. En la actualidad se encuentra en prensa dos nuevos libro El secreto de la invención, dedicado a las técnicas y el estímulo de la creatividad tanto para guionistas como para escritores.

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El guión del siglo 21
El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro(Comprar en En Casa del LibroPágina web: El guión del siglo 21


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

Casa del Libro
Amazon

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

Página web de Las paradojas del guionista


espectadoreselprotagonistaEl espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

Desde hace décadas los guionistas han examinado la estructura de sus guiones pensando en las cosas que pueden sucederle al protagonista, olvidando que lo que realmente debe preocupar a un narrador es lo que le sucede al espectador. En El espectador es el protagonista. Manual y antimanual de guión, Daniel Tubau ofrece una alternativa a la manera mecánica y previsible de escribir guiones y propone redescubrir la riqueza del gran arte narrativo. Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional, sino a cualquier narrador inteligente.
Publicación: septiembre de 2015. Comprar


 CURSOS DE GUIÓN

Guionistas del siglo 21. Curso en EICTV CUBA

|| Del 20 de febrero al 10 de marzo | 2017

Curso intensivo El guionista del siglo 21

(junio-julio de 2016)

CURSOS Y TALLERES DE GUIÓN
Encontros de Cinema, en Sao Paulo
Asesorías y cursos de guión personales

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Cosas que aprendí de mi padre

Daniel-Iván-en-barca

De mi padre aprendí a dibujar en los manteles de papel de los restaurantes, costumbre que todavía mantengo, pero que me da la impresión que abandonó hace bastantes años. Aprendí también a poner en duda todas mis creencias, en especial las más queridas, y a buscar y reconocer mis juicios erróneos casi con orgullo. A experimentar y a probar lo ajeno y lo diferente.

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Dibujo que hice en un mantel mientras escribía este texto

Aprendí a apreciar el sabor de la verdad, no de la verdad absoluta, sino de las pequeñas verdades siempre puestas a prueba y siempre transitorias. Gracias a él sé que esa certeza siempre puesta bajo examen es lo que distingue a una persona inteligente y honesta, porque hay pocas cosas más mediocres que mentirse a uno mismo a sabiendas.

Aprendí a no justificar ninguna injusticia o crueldad mediante argumentos ingeniosos o ideologías inflexibles y dogmáticas, y a saber que existen ciertos actos que son injustificables en cualquier circunstancia. Aprendí a no confundir los deseos con la realidad, por fuerte que a veces sea la tentación, y a moderar la ceguera del que sólo ve lo que quiere ver.

daniel-ivan-rescate

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Aprendí a disfrutar del viaje, en aquellos largos trayectos de Madrid a Barcelona junto a él y mi hermana Natalia en un Doscaballos, viajes, que fueron una preparación a la antigua metáfora que Kavafis volvió a hacer célebre en Ítaca: el retorno de Ulises a su tierra. De muchos de esos viajes no recuerdo otra cosa que el camino, aquellos momentos en los que nos deteníamos en la carretera para robar frutas en los campos, y en los que escuchábamos música que todavía recuerdo. En aquellos largos viajes en coche también empecé a desarrollar mi afición hacia el pensamiento estadístico, de tanto tiempo que tenía para observar los coches que nos adelantaban (los más) o los que dejábamos atrás (los menos).

ivan-islaAprendí de mi padre a disfrutar de la poesía beatnik y de los taoístas y budistas de California, de Ginsberg, de Whitman, de Omar Jayyam y de muchísima poesía, aunque no siempre coincidamos en los poetas que nos gustan o en las razones que explican la emoción poética. Y por supuesto, he disfrutado de la precisa emoción de muchos de sus  poemas.

ivan-barba-jovenGracias a él llegué a entender la importancia del periodismo para una sociedad libre, a apreciar los placeres de la semiótica y del lenguaje, las bellezas de la complejidad de un McLuhan o un Proust, y a comprender que algunos cómics pueden compararse a la mejor literatura. A no creer en los papanatas y farsantes intelectuales o artísticos y a respetar y admirar a pensadores como Albert Camus o Bertrand Russell.

A través de mi padre llegué a  Montaigne y a su dulce amigo La Boetie, a Thoreau y otros anarquistas tempranos, y a él sin duda debo cierta preferencia temprana por el anarquismo, que me salvó de algunos dogmas de la época, una preferencia de la que aún, como él, conservo algunas querencias, las que me acercan a Kropotkin pero que me alejan de Bakunin. El anarquismo del amor y el apoyo mutuo y no el del odio y la venganza. El de la organización que lleva a la justicia y no el del desorden y el caos injusto.

viki-ivan

Mi padre (Iván Tubau) y mi madre (Victoria García Laborda) ensayan en el Instituto del Teatro de Barcelona

 

Aprendí gracias a mi padre a conocer todas las farsas y mentiras de la religión, pero también a apreciar el dulce taoísmo, el chan y algunos detalles del zen;  el sufismo y también el encanto de algunos cristianos.

Aprendí de mi padre a amar los placeres sencillos pero también los complejos, a disfrutar muy pronto de los placeres sexuales con toda intensidad y ningún prejuicio; a amar la cultura sin idolatrarla, a apreciar el razonamiento lógico y complejo, la sutileza y la expresión sencilla, el ingenio y la erudición. A disfrutar con el razonamiento riguroso y la agudeza y la honestidad intelectual.

 

ivan-natalia-daniel

Iván Tubau

17 de agosto de 1937 / 13 de noviembre de 2016

 

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[Escrito antes de 2014. El día 14 de noviembre de 2016, un día después de la muerte de Iván, cambié ligeramente el título]

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