CUADERNO DE PEKÍN: ¿Pekín o Beijing?

En agosto de 2005 pasé unos días en Beijing con Ana Aranda. Beijing es la capital de China, es decir, lo que solemos llamar Pekín.

No creas que escribo Beijing para hacerme el interesante: yo prefiero todavía Pekín y por eso he llamado a esta página Cuaderno de Pekín. Pero hay razones para escribir Beijing y razones para preferir Pekín.

Calles de Pekín o Beijing

Se dice que el nombre Pekín procede del chino cantonés y no del mandarín. El mandarín o pekinés es precisamente el chino que se habla en Pekín.

Sin embargo, parece que esto no es cierto, sino que en el antiguo mandarín la pronunciación era semejante a Pekín, cosa que no sucede actualmente, cuando la pronunciación es algo semejante a Peichín o Peiyín (más adelante se explica porque se escribe Beijing).

La mejor razón para emplear Beijing es que en 1979 la trascripción de las palabras chinas a los idiomas occidentales cambió, adoptándose un nuevo sistema llamado pinyin. Es un sistema mucho más preciso y científico que el anterior, llamado Wade-Gilles.

El pinyin fue elaborado por el propio gobierno chino con ayuda de lingüistas portugueses o rumanos y, por ello, resulta bastante intuitivo para los españoles, aunque hay ciertas reglas que al principio resultan chocantes. Una de ellas es que lo que era antes Pekín ahora se escribe Beijing y que, aunque se escriba Beijing, se pronuncia Peiying. La j se dice como la j inglesa (jeep), lo que entra dentro de lo intuitivo, pero la B se pronuncia P, que ya es más complicado.

Me dirás: ¿si la B se dice P, cómo se dice la P? Pues la P se dice P’, es decir es una P con fuerte exhalación de aire.

Asimismo, el célebre Tao del taoísmo (pero que también se usa en el confucionismo) no se escribe ahora Tao, sino Dao. Pero se sigue pronunciando Tao.

¿Y cómo se pronuncia la T? Pues como una T’, es decir, también con una fuerte exhalación.

Alguien pensará que lo lógico habría sido hacer que la D se escribiera y pronunciara D, y la T lo mismo. Sí, parece razonable a primera vista, pero nos obligaría a escribir la T como T’, que es algo bastante antipático. Lo cierto es que se hace en algunos libros, que escriben la dinastía Tang como T’ang. Pero eso parece casi más confuso que lo otro, ¿no?

Es decir, para quienes conocen el pinyin o cualquier sistema de trascripción del chino al español, les da igual poner T o T’ para expresar la T fuerte, mientras que para los que no saben siquiera lo que es el pinyin les resulta igual de confusa una y otra convención.

A lo mejor te preguntas: ¿pero cómo se escribe el sonido D y el sonido B en pinyin? No se escriben de ninguna manera, porque no existen. De ahí que los creadores del pinyin tomaran esas dos letras vacantes para expresar la diferencia entre la P suave y la fuerte y la T suave y la fuerte. Esto facilita mucho las cosas, por ejemplo al utilizar un teclado de un ordenador y escribir sólo D o T, en vez de T y T’ (dos pulsaciones para una letra).

En cualquier caso, conviene ir acostumbrándose al pinyin por una sencilla razón: el pinyin es la trascripción que emplean los propios chinos para sus caracteres. Y es la que emplea cualquiera que maneje textos chinos en cualquier idioma, lo que puede servir para que franceses, egipcios, rusos o españoles podamos entendernos mejor cuando hablamos o escribimos acerca de cosas chinas.

El ejemplo más conocido de este cambio de trascripción es el nombre de Mao Tse Tung, que ahora se escribe en pinyin Mao Ze Dong, pero se pronuncia Mao Tse Tong, casi como antes.

Escultura junto a una de las más impresionantes librerías de Pekín (y del mundo)

Si el pinyin es la trascripción correcta, entonces, ¿porque no llamar a esto Cuaderno de Beijing, en vez de Cuaderno de Pekín?

Porque Pekín no es el nombre pinyin de la capital de China, sino su nombre en español. Es un caso parecido al de Londres, que es el nombre español de la ciudad de London, o Nueva York, que es el nombre español de New York.

Es algo parecido a lo que sucede con “Cataluña”: es completamente absurdo que alguien diga Cataluña como “lo dicen los catalanes”, es decir “Catalunya”, por la sencilla razón de que los catalanes no dicen “Catalunya”, sino “Cataluña”.

“Catalunya” es la manera catalana de escribir lo que en español se escribe “Cataluña”. Pero la pronunciación es la misma: Cataluña.

Es decir, cada idioma puede no sólo adaptar el sonido de algo perteneciente a otro país a su grafía propia, sino que puede incluso cambiar la palabra y el sonido (el grafema y el fonema), como en los casos de Londres o Nueva York.

Sin embargo, esto de que si se tiene una “traducción” de una palabra extranjera se deba adoptar dicha traducción tampoco va a misa. Por ejemplo, decimos el tratado de Mastrich, en vez de decir el Tratado de Mastrique, que sería lo correcto en español. Lo correcto, pero quizá no lo razonable.

Yo creo que lo razonable es pronunciar los lugares de la manera más cercana posible a como lo hacen sus habitantes, y que deberíamos decir London, New York, Paguí [=París] y Beijing, pronunciado Peiyin. Eso evitaría muchos problemas, como el que gentes de distintos países no se entiendan cuando hablan de lugares, ciudades o personas del mundo. Parece fácil reconocer Londres, Londra y London, pero hay casos en los que la diferencia es asombrosa, como Letonia (español) y Latvia (inglés).

También es cierto que cambiar usos establecidos desde hace mucho tiempo es bastante complicado, y por eso se mantienen, incluso por los expertos, palabras chinas como Confucio (Kung Zi) o Pekín (Beijing), aunque sí empieza ya a aceptarse Lao Zi por Lao Tse y Dao por Tao.

Así que, tras muchas dudas, he decidido llamar a esto Cuaderno de Pekín.

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Información detallada acerca de la polémica Pekín/Beijing en los foros de discusión de la Agencia Efe: Fundéu

NOTA 2012
Ahora creo que es preferible emplear sustituir Pekín por Beijing, del mismo modo que hemos cambiado muchos nombres chinos como Mao Tse Tung por mao Zedong o Lao Tse por Laozi. Sin embargo, por ahora no cambiaré el nombre de este Cuaderno de Pekín.


CUADERNO DE PEKÍN

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