El Registro de las auras militares (Ji junqi 記軍氣)

Tratados de estrategia de la antigua China

El Registro de las auras militares es el segundo tratado de estrategia militar, junto a Los nueve métodos, que se incluye en la recopilación La gloria de Yue, que reúne textos del antiguo reino de Yue, contra el que luchó el legendario estratega Sun Wu, al que suele identificarse con Sunzi, el autor de El arte de la guerra. Ahora bien, mientras que Los nueve métodos contiene estratagemas que el consejero Zhong recomienda al rey Goujian de Yue para debilitar a su rival Fuchai de Wu, en el Registro de las auras militares el tema central es ciertos fenómenos atmosféricos que permiten al general detectar las debilidades y fortalezas del enemigo.

La palabra “aura” parece remitirnos a algún tipo de conocimiento que se mueve entre el mundo de los vivos y el de los espíritus o algún tipo de percepción mística, pero no está del todo claro que sea así.

Mo Di (-470 a -391), el estratega pacifista y autor del Mozi. Nació poco después de la desaparición del reino de Wu, que fue anexionado por el rey Goujian de Yue.

El filósofo y estratega Mo Di, célebre entre otras cosas por sus ideas pacifistas, que le llevaron a convertirse en un experto militar especializado en la defensa pero no en el ataque, alude con cierta inquietud a los chamanes y adivinadores que inspeccionan las auras, diciendo que sus revelaciones solo deben ser conocidas por los generales y que de ningún modo deben ser divulgadas entre la tropa. Esta es una recomendación que coincide con lo que dice Sunzi en El arte de  guerra acerca de los oráculos:

“Prohíbe los augurios, haz que los soldados no duden, y marcharán a cualquier lugar, incluso hacia la muerte”.[1]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot en El arte del engaño

En La gloria de Yue, Olivia Milburn ha traducido textos de todo tipo relacionados con el antiguo reino de Yue, entre ellos algunos de carácter militar.

Aunque a Sunzi no le gustan los oráculos y no confía en ellos para ganar la guerra, es consciente de que pueden ejercer un efecto muy negativo sobre la tropa (sean verdaderos o falsos), por ejemplo cuando predicen la derrota o el desastre, porque ¿quién va a querer participar en una batalla si sabe de antemano que va a morir?

El Registro de las auras militares examina estas misteriosas auras teniendo en cuenta sus colores más que sus formas, al contrario que en otros textos, por ejemplo, en un libro encontrado en un reciente descubrimiento arqueológico en Mawangdui. También alude a las maneras en las que un general puede determinar cuál es la mejor dirección para lanzar el ataque, aunque no se dan detalles exactos de cómo lo consigue. Como curiosidad para los aficionados a las guerras entre Wu, Yue y Chu, l autor se refiere de manera específica al estadista Wu Zixu, consejero del rey Helü y de su sucesor Fuchai de Wu en su lucha contra Goujian de Yue

Olivi Milburn señala que la tercera parte, dedicada a las casas lunares y su relación con lugares terrestres, parece ser muy posterior a las que tratan de las auras o de la dirección del ataque militar, que parecen haber sido escritas en la época de los Estados Combatientes. Milburn se lamenta porque los textos de carácter esotérico de la China antigua son muy difíciles de datar y señala que solían ser muy mal vistos por los gobernantes, que consideraban farsantes a quienes proponían tales métodos:

“Los practicantes de esta adivinación por nubes, auras y otros fenómenos celestes parecen haber estado sujetos a considerables prejuicios, y los textos de este tipo fueron vistos con mucha desconfianza por los gobiernos”.[2]Olivia Milburn, The glory of Yue

En El arte del engaño se explica la relación de Sunzi o Sun Tzu con los métodos adivinatorios, así como su capacidad para leer los signos del lenguaje de la guerra. También se cuenta la guerra entre los reinos de Wu, Yue y Chu, que fue decisiva en la historia del mundo. (COMPRAR)

Resulta curioso que el recurso a lo esotérico se encuentre más desarrollado en los primeros tiempos de los Zhou y en su declive, poco antes de la conquista de todo el territorio por el rey de Qin y que, como dice Milburn, fuera poco apreciado en la época central de los Estados Combatientes. En esta época, en efecto, asistimos a un fuerte impulso hacia lo racional y razonable y a un escepticismo muy intenso y burlón hacia el mundo de los espíritus, o al menos hacia su utilidad para manejar los asuntos humanos. Es algo que se detecta de manera especial en El arte de la guerra de Sunzi y que he comentado en relación a otro texto militar de datación dudosa, el Gai lu (también llamado Helü o Wu Zixu). Por eso, a menudo los historiadores dudan acerca de si un texto de tono esotérico de la época Zhou debe datarse más allá del año -700 o, por el contrario, más cerca del año -221, que son los momentos en los que la adivinación y el recurso a los espiritual tuvieron más seguidores.

Un ejemplo de la desconfianza ante chamanes y adivinadores lo da el filósofo Han Fei, precisamente refiriéndose a la época en la que muchos creen que vivió el autor de El arte de la guerra:

“Goujian, rey de Yue, creyó en los oráculos de la Tortuga y emprendió una guerra contra Wu, pero no venció y tuvo que rendirse y convertirse en vasallo y esclavo personal del rey de Wu. Cuando regresó, arrojó a un lado la Tortuga, reformó las leyes y renovó al pueblo, con el objetivo de tomar venganza contra Wu. Al final, Fuchai de Wu fue tomado prisionero. Quienes creen en demonios y dioses descuidan las leyes”[3]Han feizi, citado en El arte del engaño.

Es decir, en la época que va desde más o mneos el año -500 al -220 se asiste a un cierto declive del pensamiento irracional, que después de recupera, aunque nunca llegara a dominar en China, al contrario que en otras civilizaciones, como la de la India, la occidental o la musulmana durante la larga Edad Media, donde se sucedieron siglos de supersticiones que dominaron la política, la sociedad e incluso el pensamiento educado.

Vayamos al contenido del libro.

 

Las auras y El arte de la guerra

Según se cuenta en este tratado, el examen de las auras es la tarea del general sabio. Las auras pueden tener cinco colores: azul, amarillo, rojo, blanco y negro. Pero, ¿qué son exactamente?
Algo así como una emanación que se produce en los seres humanos y que puede detectarse en un ejército, pues va cambiando de un color a otro y puede ser más o menos brillante. Podríamos llamarlo la energía visible del ejército, que nos permite saber si es el momento adecuado para atacar o no:
__Cuando el aura que desprende un ejército se eleva roja hacia el cielo, no debemos atacar.
__Si el aura es azul y cónica indica que los soldados se han amotinado o están deseando hacerlo, pero que todavía no debemos atacar, al menos hasta que el aura disminuya.
__Si el aura es azul y está detrás, el general es competente pero el ejército está falto de suministros.
__Si está detrás pero es roja, entonces el general es débil y aunque su ejército es fuerte están también faltos de suministros y se rendirán si matamos al general.
Interpretaciones en el mismo estilo se aplican a los otros colores, amarillo, blanco y negro, o según sea el brillo de las auras, o su posición o su forma cónica.
¿Tienen algún sentido razonable las auras?
Dejando aparte el sentido místico, que queda fuera de nuestras posibilidades, podríamos intentar algunas interpretaciones más o menos plausibles o razonables de las auras militares. Propondré cuatro, sin confiar demasiado en que cualquiera de ellas sea correcta:
1. Tendrían relación con la observación de señales procedentes del campamento enemigo relacionadas con el polvo o el humo que se observa. Eso es algo que sí encontramos en El arte de la guerra:
“Si el polvo se eleva a gran altura, son carros que se acercan. Si el polvo se extiende a baja altura, se acerca la infantería. Si el polvo forma
pequeños montículos, se está recogiendo leña. Si el polvo es escaso y
disperso, el enemigo está acampando”.
2. Podría tratarse de un sistema de señales mediante el que los espías que tenemos en el campamento enemigo nos indican la situación, empleando algún tipo de enseña coloreada o un sistema de códigos similar, como una linterna coloreada. Si vemos ese código rojo en la parte de atrás, sabemos que debemos atacar, si es amarillo y está a la derecha que debemos esperar.
3. Quizá relacionado con lo anterior, podrían ser códigos y señales que el general no ve en el campamento enemigo, sino en un dibujo que le transmiten los espías. En este caso sería algo así como un lenguaje icónico de colores, que permitiría al estratega saber cuáles son los puntos fuertes y débiles.

Por otra parte, al describir cómo el general examina las auras, se menciona al consejero Wu Zixu y se dice que si el ejército enemigo no tiene todavía un aura, se debe hacer una consulta en el templo. Se emplea aquí la palabra suan , que se encuentra en diversos textos militares, entre ellos en El arte de la guerra, pero que cuya traducción causa “tremendos problemas”, dice Milburn. Podría significar algo así como cálculo o cómputo. En el caso de El arte de la guerra, parece claro que se refiere a un cálculo de las debilidades y fortalezas de uno y otro bando, examinando cinco factores: el dao, el cielo, la tierra, el mando y el método.

Pues bien, el autor de Las auras militares dice que si en esos cálculos o consultas, que en este caso podrían ser éfectuados con tallos de milenrama, como en el Yijing (I Ching), se obtiene un 1, un 5 o un 9, entonces es mejor atacar desde el oeste, pero que si es un 3, un 7 o un 11, entonces es mejor atacar desde el este.

Es decir:

1-5-9            oeste
2-6-10         sur
3-7-11          este
4-8-12         norte

Resulta difícil saber a qué se refieren estos números y no se explica cómo se obtienen, tal vez tengan que ver con el examen del cielo, lo que explicaría que la última parte del libro se refiera a las mansiones lunares. Sin embargo, no parece que exista una relación clara ambas cosas, porque el capítulo de las mansiones lunare es una larga enumeración de los antiguos estados, de su situación en los tiempos de la recopilación del libro (en época Han) y de su mansiones lunares correspondientes, como en este ejemplo:

“En el pasado, el reino de Yue tenía su capital en lo que ahora es Shayin en El Gran Yue, que corresponde a la mansión lunar de Nandou 南 斗 (Cucharón del sur)”.

Milburn dice que también se ha supuesto que los números podrían tener relación con la teorías de las Cinco Fases:

“Es posible que estuvieran de alguna manera conectado con los valores numéricos de sistema descrito a continuación, ya que los colores de las cinco fases eventualmente se asocian con los números: 0 blanco (bai 白), 1 negro (hei 黑), ¿6? azul (qing 青), 4 verde (lü 綠), ¿7? amarillo (huang 黃), 5 blanco (bai), 2 rojo (chi 赤), ¿8? blanco (bai) y 3 morado (zi 紫)

También podría tratarse de un dado de doce caras, nos dice Milburn, puesto que se han encontrado dados de 18 caras en época Han y quizá se usaban de doce en época de Yue. También se ha intentado, sin demasiado éxito poner en corespondencia los números con cuadrados mágicos chinos como el luoshu (Diagrama del río Luo). De estas y otras interpretaciones de las tres partes del libro, consultar Olivia MIlburn (The Glory of Yue)o.

Todas las dudas que surgen al leer acerca de las auras, de las direcciones del ataque y de las mansiones lunares han hecho que la mayoría de los estudiosos consideren que se trata de tres textos sin relación escritos en diferentes épocas, los dos primeros en época Zhou (antes del -221) y el último (sin ninguna duda en este caso) en época Han.

El Registro de las auras militares y la lectura de las auras todavía esconden muchos secretos que quizá nos revelen nuevos descubrimientos arqueológicos.

El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china antigua publicada hasta la fecha.
Contiene la traducción comentada de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia.
AmazonArielCasa del LibroFnac

 


 

 

 

 

Share