El argumento ontológico de Descartes y Schopenahuer

Descartes-Schopenhauer

Entre las diversas ideas que la mente tiene en sí se halla el concepto de Dios o ente absolutamente poderoso y perfecto, y puesto que en la noción de ente absolutamente perfecto se contiene su existencia necesaria y eterna, del mismo modo que en la noción de triángulo se contiene necesariamente que sus tres ángulos son iguales a dos rectos, hemos de concluir que tal ser existe.

Recupera, pues, Descartes el argumento ontológico de San Anselmo y afirma, anticipándose a la objeción que ya hiciera Gaunilo, que sólo del concepto de Dios se su necesaria existencia:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino sólo la contingente”.

Sin embargo, ya el propio Aristóteles “como si viera en la noche de los futuros tiempos tenebrosos y descubriera en ella una patraña escolástica… demuestra detalladamente en el capítulo VII del libro II de Analiticorum posteriorum que la definición de una cosa y su existencia son asuntos diferentes… El ser no pertenece a la esencia de una cosa, puesto que el ente no es un género (Schopenhauer, Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente).


Descartes

Descartes

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

 

 

 

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Descartes y los arquetipos de las ideas

Yair Mor’s “Descartes, in his morning gown.”

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Cuanto mayor es la perfección objetiva de cualquiera de nuestras ideas, tanto mayor debe ser su causa” (Punto 17).

Esto le sirve para dar otra prueba en favor de la existencia de Dios:

“Puesto que tenemos en nosotros la idea de Dios, es decir, del ente supremo, podemos examinar por qué causa la tenemos” (Punto 18).

Más adelante dice:

“Pues es evidente por luz natural no sólo que de la nada no procede nada… sino que también no puede haber en nosotros una idea o una imagen de una cosa sin que exista en alguna parte, sea en nosotros mismos, sea fuera de nosotros, un arquetipo suyo que contenga todas sus perfecciones” (Punto 18).

Descartes gusta de afirmar que “es evidente por luz natural” cualquier cosa cuando no dispone de mejores razones.

Pero lo cierto es que dista de ser evidente “bajo la luz de la razón”, como diría un ilustrado, que lo anterior sirva para demostrar, de nuevo, la existencia de Dios.

natural light

¿La luz natural de Descartes?

Creo que es muy ingenioso y, por supuesto, teológicamente correcto, que cualquier cosa que imaginemos tiene que existir, o bien fuera de nosotros o bien en nosotros. De no darse una de estas dos posibilidades, sería difícil poder decir que estamos siquiera imaginando esa cosa.

Sin embargo, la manera en que lo expresa Descartes esconde una pequeña trampa, pues no siempre existe una imagen arquetípica en nuestra mente de aquello que imaginamos o ideamos. Una cosa que imaginamos o ideamos por primera vez puede estar en nuestra mente sólo en el momento en que las ideamos y,  si existe un arquetipo de ella, ese arquetipo es ella misma.

Más importante: que esa imagen arquetípica, esa imagen del caballo que tenemos cuando hablamos de un caballo en abstracto (sin referirnos a un caballo concreto), esa imagen construida a partir de pasadas experiencias perceptivas o mentales (no voy a discutir ahora si todas las experiencias mentales pueden ser reducidas a experiencias perceptivas), pues bien, lo que no es en absoluto evidente es que ese arquetipo del caballo “contenga todas las perfecciones” de la idea o imagen que tenemos en nuestra mente.

Por otra parte, lo que en realidad pretendía decir aquí es que el argumento, aunque se aceptase todo lo anterior, no sirve para demostrar la existencia de Dios, pues esa imagen arquetípica puede que sólo exista “dentro de nosotros”, y no fuera, como supongo que pretende concluir Descartes.

 

NOTA 1999
Hacemos un garabato a ciegas. Me refiero con esto a hacer un garabato sin mirar. ¿Cuál es el arquetipo de este garabato? Y, más que a ciegas, podemos hacerlo drogados, dormidos, pueden darnos golpes y nosotros sólo sostener el lápiz. ¿De verdad se puede decir que existe en alguna parte una idea o una imagen de ese garabato?

Los espejismos existen dentro de nuestra cabeza pero no fuera. Un cadáver exquisito: cuál es su arquetipo?

 

De todas maneras, en este punto 18, Descartes también parece sostener la común idea de que la causa es más perfecta que lo causado, cosa con la que no estoy de acuerdo (aunque él matiza “lo más perfecto no es producido por lo menos perfecto, como causa eficiente y total”). La coincidencia, como ya se ha podido ver, con los arquetipos de Platón es también palmaria.

 

NOTA 2015
Mi texto es confuso, porque discutir ciertas afirmaciones vagas, caprichosas y tramposas de Descartes muchas veces hace que uno no pueda expresar nada con claridad. Ya en la primera formulación de Descartes existen un montón de cosas a discutir y a definir: “perfección”, “perfección objetiva”, ¿cómo determinar que esta perfección objetiva es mayor o menor?, ¿qué es una idea?, ¿de qué tipo de causa hablamos cuando hablamos de la “causa de una idea? ¿Qué diablos significa “Evidente por luz natural”?


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Descartes

Descartes

 

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El origen de la idea de Dios

Tras decir que “A partir de que la existencia necesaria se contiene en nuestro concepto de Dios, se concluye rectamente que Dios existe”, Descartes se queda tan tranquilo (La idea de Dios implica su existencia). Recupera así sin ningún pudor el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury, que sin duda aprendió con los jesuitas, y echa por la borda todo lo conseguido con su duda metódica. Es decir, puesto que podemos imaginar el concepto de un dios perfecto, y puesto que un dios perfecto además de poder existir debería existir de hecho, entonces Dios existe.

A continuación, anticipándose, aunque muchos siglos después, a la objeción que el monje Gaunilo hizo al argumento ontológico de Anselmo, Descartes dice:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino sólo la contingente” (Principios de la filosofía, Punto 15).

Es decir, como ya dijera Anselmo, el argumento ontológico sólo es aplicable a Dios, porque es fácil imaginar la gran farsa que se armaría si comenzáramos a aplicar un argumento tan efectivo como ese para demostrar la existencia de todas las cosas que nos apetece que existan. Puesto que podemos imaginar un unicornio azul perfecto y puesto que ese unicornio azul perfecto no sería perfecto si no existiera, entonces existe el unicornio azul perfecto.

Más adelante, explica por qué la idea innata de Dios no es accesible a todos los hombres (es decir, por qué, en definitiva no es innata): a causa de sus prejuicios.

Ahora bien, si como dice el abate Bergier en su Diccionario Teológico, los primeros hombres creían en Dios único, ¿cómo es que dejaron de creer en Él? ¿Por la intervención de Satán quizá?

Aquí, me temo, podemos caer en profundas disputas teológicas. Y no es este momento ni lugar.

Bergier- Diccionario teologico


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 


 

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¿La idea de Dios demuestra la existencia de Dios?

Dice Descartes:

“En qué sentido el conocimiento de las otras cosas depende del conocimiento de Dios” (Principios de filosofía, punto 13).

Añade:

“Al percibir que en la idea de ente absolutamente perfecto se contiene la existencia necesaria y eterna, debe concluirse que el ente absolutamente perfecto existe” (Punto 14).

Luego dice:

“Considerando [el que reflexiona] que entre las diversas ideas que tiene en sí, hay una de ente absolutamente poderoso, absolutamente inteligente y absolutamente perfecto, la cual es con mucho la principal de todas, reconoce en ella la existencia, no sólo la posible y contingente, sino la absolutamente necesaria y eterna”.

Y en el título de este punto 14:

“A partir de que la existencia necesaria se contiene en nuestro concepto de Dios, se concluye rectamente que Dios existe.”

¡En fin! No voy a discutir otra vez el argumento ontológico, pero no creo que esta idea sea innata, ni siquiera común a todos los seres humanos. Los creyentes en el politeísmo, por ejemplo, no parecen tener tan claro ese concepto de Dios.

Me sorprende, insisto, la incoherencia de Descartes, que inicia sus libros con elogios a la duda y la honestidad y, al llegar a Dios, utiliza argumentos tan falaces como este.

Deus é apenas uma ideia [1]

Por otro lado, se supone, según el argumento de Descartes, que Dios ha puesto esa idea (la idea de Dios) en nuestro cerebro.

Si Dios no hubiese puesto esa idea en nuestro cerebro, o si no existiese Dios, ¿podríamos tener esa idea de Dios en nuestro cerebro?

En mi opinión es evidente que se pueda tener esa idea exista o no exista Dios.

[NOTA 1996: Un creyente a lo mejor diría que lo anterior es una petición de principio: si no existiera Dios no podríamos tener esa idea, ni ninguna otra, porque nosotros no podríamos existir].

Es más, resultaría bastante ilógico que, pudiendo tener la idea de perfección (idea fácil de obtener mediante la comparación de unas cosas con otras) no se tuviese la de Ser Perfecto.

Quizá alguien opina que una cosa es poder tener la idea de Ser Perfecto y otra muy distinta que tal idea sea innata. Pero que tal idea sea innata a la especie humana no me resulta nada evidente. Examinando mi propio caso, he de decir que nunca la he tenido.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Descartes

Descartes

 

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