Buda (-543/-478)

Siddharta Gautama, conocido también como Buda (o Buddha), es decir, “el Despierto” o “el Iluminado”, y también como Sakyamuni o “el sabio de los Sakyas”, nació en una familia de la casta noble. Su padre había sido advertido de que su hijo le abandonaría si conocía el mundo exterior, así que lo mantenía encerrado en el palacio entre fiestas, placeres y todo tipo de lujos. Pero un día o una noche Buda salió del palacio, quizá con la ayuda de un auriga, y vio a un hombre enfermo, a un anciano y un cadáver. Descubrió así la enfermedad, la vejez y la muerte y abandonó su palacio, buscando una respuesta a esos males.

Buda probó a practicar el ascetismo extremo, pero acabó dándose cuenta de que no se podía alcanzar ningún tipo de salvación martirizando el cuerpo. Finalmente, tal vez sentado bajo un árbol, comprendió la verdadera naturaleza del dolor (las Cuatro Nobles Verdades) y descubrió también el camino que lleva a la liberación del dolor (el Noble Óctuple Sendero).

El camino de Buda fue llamado por él mismo yana (barca, balsa o vehículo), por lo que las tres principales interpretaciones del pensamiento de Buda han sido llamadas Hinayana o Pequeño Camino o Vehículo, Mahayana o Gran Vehícul,o y Vajrayana o Vehículo de Diamante. Es muy probable que todas los caminos budistas malinterpreten a Buda. Su verdadero pensamiento debió coincidir con alguna de las doctrinas del Hinayana, hoy minoritario.

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 La tradición dice que Buda vivió entre el -543 ( o bien -566) y el -478, aproximadamente. Dataciones recientes sitúan la fecha de su muerte entre el -420 y el -368. Pero ninguna de estas fechas es segura.

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El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Principios de la Filosofía: Aviso preliminar

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Empiristas y racionalistas, una dicotomía simplista

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Primeros principios falsos

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Sobre la construcción de sistemas filosóficos

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Manera de leer Principios de filosofía y otros libros

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De nuevo la duda cartesiana

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¿Es una certeza “Pienso luego soy”?

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¿Qué es pensamiento?

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Explicar de manera lógica lo simple y evidente

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¿Conocemos antes la mente que el cuerpo?

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Conocer el origen de las cosas

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¿La idea de Dios demuestra la existencia de Dios?

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El origen de la idea de Dios

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Descartes y los arquetipos de las ideas

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¿Qué es lo que nos conserva?

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Cómo conocemos los atributos de Dios

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Imperfección y divisibilidad

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La Revelación según Descartes

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La divisibilidad

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Lo indefinido y lo infinito

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La coherencia de las percepciones

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Equivocarse es percibir mal

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El libre albedrío según Descartes

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Una solución divina

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Las percepciones claras y distintas de Descartes

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Prejuicios y universos simbólicos

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Las verdades eternas y las cosas materiales

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Sustancias y res extensa y res cogitans

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Universales y distinciones

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El círculo vicioso entre las ideas innatas y Dios en Descartes

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Sistemas de símbolos, prejuicios y aprendizaje

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El sueño de Leibniz

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Programas de investigación deductivos

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La teoría hologramática del cerebro

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Entendimiento y voluntad en Descartes

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El origen de la idea de Dios

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El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

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Canetti y los libros para especialistas

 

En el prólogo a Masa y Poder escrito por Juan José del Solar Bardelli, se comenta la ausencia de Marx y Freud (y Levi-Strauss) en el libro de Canetti:

“La omisión de toda referencia a estos y otros autores fue considerada herética, así como la ausencia de metodología”.

Canetti contó, tiempo después, que a Levi-Strauss no lo había leído al publicar su libro, y que no recurrió a Marx y Freud porque “no quería escribir un libro basado en la investigación científica actual, sino más bien que fuera el producto de una reflexión nueva sobre el tema”. También respondió a quienes le reprocharon que en el libro no apareciera la palabra “fascismo” que “las seiscientas páginas del libro no tratan de otra cosa”. Por último, explicó que escribió su libro de una manera tan particular con el propósito de que pudiera ser leído con provecho al cabo de cien años, y que “no quedara marcado por los estigmas de la actualidad ni por sus connotaciones retóricas”.

Razones parecidas son las que me hicieron escribir Nada es lo que es sin recurrir a la bibliografía especializada y evitando aspectos de la cuestión que llenan cientos de páginas en otros libros. Siempre intento que mis libros que no se dirijan a un público especializado, o al menos que puedan ser leídos tanto por un público especializado como por cualquier lector con cierta inquietud intelectual. Incluso mis libros de guión, como Las paradojas del guionista o El guión del siglo 21, creo que pueden ser una lectura interesante para personas que no estén interesadas en el mundo del guión.

Precisamente, en la presentación del libro, Marina Pino comentó que Las paradojas del guionista le había ayudado en la escritura de sus libros (que no tenían nada que ver con el cine o el guión). También Marcos Méndez me comentó, acerca del mismo libro (quizá con algo de exageración) que no era sólo un libro de guión, sino que también era acerca de la vida e incluso de ética y filosofía (que no se asusten los guionistas: también es fundamentalmente un libro de guión). Me alegran esas opiniones.

En cualquier caso, no descarto escribir un libro para especialistas en algún momento, y existen muchos libros para especialistas que me interesan mucho, pero no es lo que me mueve a escribir. Ahora bien, incluso los libros para especialistas deben estar bien escritos.

 Imagen de previsualización de YouTube

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

La ciencia confirma noALT
(La página noALT /002)

En el año 2004 se publicaron varios artículos haciéndose eco de un experimento realizado en la Universidad de California. Los resultados son muy interesantes y confirman la tendencia que tenemos de ver la realidad en campos enfrentados, y cómo dejamos de observarla una vez que hemos tomado partido. A continuación, copio la noticia acerca del experimento tal como fue publicada en la revista El Ciervo.

Los experimentadores colocan en la máquina a un votante convencido de Bush y le ponen una imagen del presidente.
El cerebro reacciona así: “Este es el mío, mira que bueno y guapo es”. Luego sale Kerry, el rival, y en el cerebro del paciente se activa una sección más racional, capaz de distinguir entre lo malo (sobre todo) y lo bueno del personaje.
O sea, que cuando ves a tu candidato la respuesta es emocional: este es el mío, que nadie lo toque, yo soy como él, todo lo hace bien.” Y cosas así. En cambio, cuando sale el otro, se activa la parte del raciocinio, de buscar por dónde flaquea. Qué curioso.    (“El mío es un amor”, El Ciervo, mayo 2004)

 John Kerry      George Bush
¿Son tan distintos Bush y Kerry?

El experimento parece mostrar lo poco de fiar que somos como analistas políticos, pues parece muy difícil que nuestras opiniones se puedan separar de nuestra ideología y de nuestros deseos. La conclusión es que nuestros argumentos están motivados mas por el odio y el amor que por la razón. Como decía un ilustrado francés: “Nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones”. Primero decidimos que es lo que queremos pensar, y sólo después buscamos razones para justificar esa elección.

Nassim Nicholas Taleb pone un ejemplo de cómo funciona nuestra incapacidad de para razonar cuando hay emociones de por medio:

 “El problema de la confirmación es un asunto omnipresente en nuestra vida moderna ya que en la raíz de muchos conflictos se halla el siguiente sesgo mental: cuando los árabes y los israelíes ven las noticias, perciben historias diferentes en la misma sucesión de hechos. Asimismo, demócratas y republicanos miran a partes distintas de los mismos datos y nunca convergen en las mismas opiniones. Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos encontramos en nuestras ideas.”

Es muy posible que la única vez que hayamos razonado sea aquella primera vez, tal vez en la adolescencia, en la que elegimos nuestro bando. A partir de entonces, adquirida ya la seguridad de nuestra ideología, nunca hemos necesitado volver a pensar de verdad.

Es evidente que si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia, ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables.

Una reacción emocional extrema es comprensible en un momento concreto, pero su persistencia en toda situación impide cualquier posibilidad de entender algo acerca de la realidad, o de intercambiar opiniones de manera razonable con otras personas, excepto como compartirían una conversación un par de magnetofonos, como decía Ortega, o como la comparten dos hinchas del mismo equipo después de un penalty dudoso.

Las reacciones instintivas y la razón son casi siempre incompatibles. Es por eso que no es recomendable legislar en un momento de gran excitacion social, por ejemplo, tras una serie de terribles asesinatos.

Cuando a Primo Levi, que había estado prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, se le pregunto como reaccionaba instintivamente ante una injusticia, el respondió: “Yo no respondo nunca instintivamente, y si lo hago, intento controlarlo”. Una cosa, en efecto, es sentir emociones y entusiasmos, lo que es del todo razonable, y otra muy distinta intentar legislar o dictaminar en medio del entusiasmo.

El experimento, de todos modos, confirma la tendencia partidista que tenemos, pero no la explica. Muestra que los votantes de Bush ya han decidido que Bush es bueno y que Kerry es malo, asi que es lógico que se activen las zonas de sus cerebros relacionadas con la razón o con la emoción, según el caso. Pero el experimento no nos dice por qué han decidido con tanto ardor que Bush es un monstruo o un héroe.

Tras esa clave andan ahora muchos investigadores: si se consigue averiguar cómo meter dentro de un cerebro una opinión, quizá se descubra como conseguir algo que a menudo parece imposible: como sacar una opinión de un cerebro.

Me gustaría añadir ahora, en 2011, que el experimento, por otra parte, explica de manera clara esa asombrosa situación en la que nos vemos tantas veces, cuando hablamos con una persona acerca de los crímenes de Fulano y estamos completamente de acuerdo en que son detestables, pero luego empezamos a hablar de Mengano y, ante las mismas situaciones que acabamos de condenar resulta que nuestro interlocutor no las considera criminales.

Es por un lado una prueba de algo positivo: cualquiera puede distinguir los crímenes mediante la razón. Pero, por otro lado, muestra algo muy negativo: cualquiera es capaz de ocultar los crímenes si tocan  a su emoción. Situaciones como estas podemos encontrarlas en cualquier polémica política alternante, dicotómica, maniquea, como Israel/Palestina, Estados Unidos/URSS, derecha/izquierda, etcétera. Se razona con precisión y fiereza acerca de un lado de cada par y se olvida al instante todo lo que se acaba de decir al considerar el otro lado.

La única escapatoria a ese pensamiento alternante es encontrar algo que pueda situarse por encima del par a discutir, como la oposición frontal a toda acción criminal.

 

 


Los comentarios son muy bien recibidos

 [Publicado por primera vez en 2004]

NOTA 2012: cómo sé que nada puede ser confirmado de manera definitiva, ni siquiera por la ciencia, no empleo la expresión “La ciencia confirma noALT” de manera dogmática, sino, digamos, como sinónimo de “La ciencia (un experimento científico) aumenta la probabilidad de que noALT sea cierto”.

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La teoría hologramática del cerebro

La teoría hologramática del cerebro compara el cerebro o alguna de sus facultades, como la memoria, con un holograma. Imaginemos una fotografía de una mujer y un holograma de la misma mujer.

Si dividimos la fotografía en dos, en una parte tendremos el cuerpo de la señora y en la otra las piernas.

Sin embargo, si dividimos el holograma en dos, no sucede eso, sino que en cada parte del holograma tendremos entera la imagen de la mujer. Y si seguimos dividiendo el holograma, seguiremos teniendo la imagen completa en cada parte.

hologram-6

Esta asombrosa particularidad de los hologramas ha sido comparada con algunos descubrimientos hechos en pacientes que tenían dañadas áreas del cerebro vitales y a pesar de ello mantenían las facultades normales de cualquier persona.


 

[Escrito en 1999]

[Creo que leí por vez primera esta teoría hologramática del cerebro en el libro de Karl Pribram y J.Martín Ramírez Cerebro, mente y holograma, que leí en 1988].

 

Este texto es un comentario de 1999 a mi lectura de Los principios de la filosofía de Descartes.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

Principios de la Filosofía: Aviso preliminar

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