La insensibilización

Se lamenta Darwin de su pérdida de sensibilidad estética:

“Esta curiosa y lamentable pérdida de los más elevados gustos estéticos es de lo más extraño, pues los libros de historia, biografías, viajes (independientemente de los datos científicos que puedan contener) y los ensayos sobre todo tiopo de materias me siguen interesando igual que antes. Mi mente parece haberse convertido en una máquina que elabora leyes generales a partir de enormes cantidades de datos; pero lo que no puedo concebir es por qué esto ha ocasionado únicamente la atrofia de aquellas partes del cerebro de la que dependen las aficiones más elevadas. Supongo que una persona de mente mejor organizada o constituida que la mía no habría padecido esto, y si tuviera que vivir de nuevo mi vida, me impondría la obligación de leer algo de poesía y escuchar algo de música por lo menos una vez a la semana, pues tal vez de este modo se mantendría activa por el uso de la parte de mi cerebro ahora atrofiada. La pérdida de estas aficiones supone una merma de felicidad y puede ser perjudicial para el intelecto, y más probablemente para el carácter moral, pues debilita el lado emotivo de nuestra naturaleza” (87).

Yo tengo desde hace unos años bien presente este peligro, y por eso me impongo lo que Darwin se impondría de vivir de nuevo: leer literatura, poesía, historia, escuchar música, etcétera. Limitarse sólo a libros científicos llega a limitar grandemente la capacidad de percepción emotiva y la sensibilidad, produciendo una vida intelectual poderosa pero seca.

Originally posted 1993-11-09 23:52:55.

Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta; una fuiesta que suele tener, además, las características de una orgía.

Muchos vividores en este último sentido son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el primer sentido que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de las aventuras de Casanova. Así que, como se trata de un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.

Me parece, en definitiva, que dada las connotaciones del término “vividor” no existe ninguna palabra adecuada para definir a esa persona que sabe vivir la vida, sea cuál sea la manera en que la vive, agitada o moderada, de modo expansivo o introvertido. La más aproximada es “sabio”. Casanova era un vividor en los dos sentidos o, si se prefiere, un sabio.

Pero, quizá tú, lector, me dirás (y si no lo dices tú, ya lo digo yo): “No es tan fácil definir qué es saber vivir la vida”. Y yo te respondo: “No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una notable desgracia no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o cualquier otra cosa, pero no será un verdadero sabio”.

No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (no como un dogma), pero ser un amargado sin motivo o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser.

¿Te parece que soy demasiado intolerante? Quizá, pero ten en cuenta que es sólo una opinión, no intento dar lecciones ni establecer dogmas de fe. Una mejor manera de mostrar todo esto quizá sea el clásico “Sabio”, que me habría gustado ofrecer en la versión de Gato Pérez, pero que aquí está interpretada por el no menos grande Héctor Lavoe.

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[Publicado el 1 de marzo de 2005 en Intruso]

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GIACOMO CASANOVA

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Originally posted 2012-09-20 13:46:42.

De nuevo la duda cartesiana

Dice Descartes al comienzo de Principios de la filosofía:

“Para indagar la verdad hay que dudar cuanto se pueda de todas las cosas, al menos una vez en la vida (Punto 1)”

 Esto mismo dice en el Discurso del Método, cosa con la que estoy perfectamente de acuerdo. Me parece un principio básico (no se si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no solo  para filosofar bien, sino para ser honesto.

Me parece un principio básico (no sé si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no sólo para filosofar bien, sino para ser honesto.

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¿1996?: Más que dudar una vez en la vida (y con eso quitarse el asunto de encima), yo diría que hay que ser capaz en cualquier momento de nuestra vida de dudar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[jueves 4 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-15 16:19:36.

Teología o mística materialista

La teología materialista postula que la única ciencia auténtica y con derecho a existir es la física y afirma que  todos los hechos o fenómenos que estudian ciencias como la antropología son reductibles a fenómenos físicos.

Yo creo que este camino conduce a una nueva teología, esta vez de la Materia, en vez del Espíritu. David de Dinant quizá (pues apenas sobrevivió nada de sus obras) sostenía algo parecido.

Antes de explicar por qué considero mística esa postura, o dicho de otro modo, un nuevo espiritualismo basado en la materia, diré:

El primer problema es que quien busca certezas reduciendo los fenómenos humanos a fenómenos físicos, hoy por hoy, sólo encontrará azar. La física cuántica, que es hoy la ortodoxia en física, no apoya en modo alguno la interpretación defendida por los reduccionistas, sino todo lo contrario.

Por tanto, si el defensor de esa postura desciende hasta las partículas mínimas, no podrá explicar nada; es más, le será más fácil explicar el comportamiento de un ser humano por un acto volitivo que por el movimiento de las partículas que forman su cuerpo o su cerebro.

yorubaPor otra parte, explicar los hechos atómicos o físicos que acompañan a un acto humano no es en modo alguno explicar ese acto humano: es sólo una explicación de un fenómeno físico.
Si yo quiero saber qué hacen los yorubas las noches de plenilunio, no pregunto por el ordenamiento físico de todas las partículas del universo yoruba. Esa pregunta inevitablemente me llevaría, además, a la necesidad de conocer el estado de todas las partículas del universo.

Si, una vez que sé cómo se comportan los yorubas en las noches de plenilunio, deseo saber por qué se comportan así, puedo obtener varias respuestas:

1. Las que explican los motivos sociales que dieron origen a esa costumbre (en muchos casos esa explicación será altamente hipotética).
2. Las que explican los motivos religiosos que prescriben esa costumbre.
3. La materialista estricta ya descrita.
4. La que dice: “los yorubas hacen eso en las noches de plenilunio porque es costumbre hacer eso en las noches de plenilunio”.

Las dos primeras respuestas pueden ser respondidas por los antropólogos. La primera, por ejemplo, la daría Marvin Harris; la segunda un historiador de las religiones como Eliade.

Naturalmente hay respuestas alternativas, para quienes piensan, al modo de los materialistas reduccionistas, que existe una razón de la que procede todo comportamiento. el deseo, el miedo, el sexo, el poder, etc.

Pues bien, de estas cuatro explicaciones, las dos primeras proporcionan más información que la tercera y la cuarta. En cuanto a certeza las dos segundas proporcionan seguramente más (posiblemente, la cuarta la que más). Pero ambas proporcionan una certeza en cierto modo trivial. La única diferencia es que la cuarta se sabe trivial, lo busca, mientras que la tercera se pretende profunda.

 

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He encontrado en uno de mis cuadernos del siglo pasado esta entrada que debí escribir cuando estudiaba antropología y filosofía, pues la fecha es del 21 de abril de 1992. Creo que es una reflexión interesante en un tema complejo, en el que la simplificación espiritualista y/o materialista es lo más habitual.

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cuadernodefilosofia

[Todas las entradas de filosofía en TODA LA FILOSOFÍA]

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Originally posted 1992-04-21 10:18:55.

Cosas que he aprendido de… Aristipo y los cirenaicos

lamalaeducacionEn la película de Almodóvar La mala educación, dos niños que se han masturbado uno al otro en el cine hablan por la noche y uno dice que se arrepiente porque han cometido un pecado y Dios les va a castigar. Pero el otro le responde que él no cree en Dios y no es cristiano.

“_¿Entonces, ¿qué eres?

_Hedonista

_¿Y eso qué es?

_Los que se lo pasan bien. Lo he visto en la enciclopedia.”

 

Yo también soy hedonista.

El hedonismo, la búsqueda del placer como idea filosófica, se refiere a dos escuelas principales: la epicúrea y la cireanica.

Epicuro

Epicuro

Siempre me gustó Epicuro y los epicúreos, aunque también me gustaron y me gustan sus principales rivales (al menos en la época romana), los estoicos.

Ya dije en Cosas que he aprendido de… los estoicos, que Séneca me enseñó a apreciar a las dos escuelas, la estoica y la epicúrea, y a no verme obligado a  elegir entre ellas. Séneca es quizá uno de los primeros pensadores que se opone al pensamiento alternante, a la idea de que tenemos que unirnos a un bando o a otro: Beatles o Stones, románticos o modernos, modernos o clásicos, clásicos o barrocos, barrocos o góticos, estoicos o epicúreos, etcétera.

Pero, a pesar de las muchas coincidencias, algunas cosas del hedonista Epicuro no me gustaban de todo: me parecía que su escuela tenía un cierto aire de secta y que él a veces se parecía demasiado a un profeta. Tampoco me gustaba la manera despectiva en la que se refería a los otros filósofos. Nunca me han gustado este tipo de actitudes: ni las de los profetas e iluminados, ni las de los acólitos, y siempre me ha molestado el sentimiento de élite, de pertenecer a una casta especial.

Es posible que esté siendo injusto ahora, puesto que de Epicuro se conservan muy pocas cosas, gran parte de ellas textos procedentes de sus enemigos, y él es en muchos aspectos maravilloso.

Aristippus_in_Thomas_Stanley_History_of_Philosophy

LOS CIRENAICOS

En cualquier caso, además de la escuela epicúrea, había en Grecia otra escuela hedonista, es decir, otra filosofía que consideraba que el placer era lo mejor que se podía buscar en esta vida: la escuela cirenaica.

La escuela cirenaica es anterior a la epicúrea y, según las malas lenguas, el propio Epicuro tomó gran parte de sus ideas de ella a través de su maestro cirenaico Anniceris.

Yo tengo acerca de este asunto una teoría que me es imposible demostrar: que tanto los cirenaicos como los epicúreos deben mucho a Demócrito, que es el filósofo atomista más famoso y mi pensador favorito entre los griegos. Se sabe que Epicuro también estudió con un atomista: Nausífanes, del que también se burló después.

El fundador de la escuela cireanica fue Aristipo, por quien siento desde que oí hablar de él una gran simpatía, aunque nunca hasta hace poco he podido leer una antología de sus fragmentos.

Aristipo no ha tenido suerte, y ni siquiera ha recibido la atención que, al menos en las últimas décadas, ha permitido que se recupere a Epicuro.

Aristipo nació en Cirene, pero, cuando oyó hablar de Sócrates viajó a Atenas para conocerlo. Fue quizá su discípulo más amado, pero también era célebre porque no aceptaba sin más las opiniones de Sócrates, sino que las discutía siempre que no estaba de acuerdo.

 

El placer sin esfuerzo

AristippusDe Aristipo, antes de leer sus fragmentos, me gustaba que parecía disfrutar realmente de la vida, sin que se percibiera en él un esfuerzo fatigoso por alcanzar el placer; que no hacía caso de los prejuicios, pero que no convertía esa lucha con los prejuicios en una manera de llamar la atención o causar escándalo, a la manera de los cínicos, por ejemplo.

Ello no quiere decir que no causara escándalo: lo causaba. Pero, al ver su reacción ante las críticas, se percibe que hacía las cosas porque le apetecía hacerlas y pensaba que eran justas, correctas o razonables, no por la repercusión que pudieran tener.

El cínico Diógenes entraba en el teatro cuando todos salían. Cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía que porque así se comportaba siempre en la vida: a contracorriente. Tomarse el trabajo de chocar con la gente que sale del teatro sólo se puede hacer si uno tiene un gran deseo de publicidad y muchas ganas de que te pregunten: “¿Por qué haces eso, Diógenes?”

Aristipo frecuentaba a las hetairas (prostitutas) y no lo hacía  a escondidas: incluso vivió con una de ellas de manera pública. En su caso, parece que no las visitaba para que le preguntaran por qué lo hacía, como Diógenes al entrar en el teatro, sino por razones sin duda coherentes con su filosofía del placer. Un día le preguntaron a Aristipo por qué hacía una cosa tan poco “recomendable”:

_¿Por qué Aristipo, pagas a la cortesana Lais? No te das cuenta de que esa mujer entrega su cuerpo al cínico Diógenes sin pedir nada a cambio?

Aristipo respondió:

_Es que yo no la pago para que no se acueste con otros, sino para que se acueste conmigo.

Creo que esta es una respuesta tan ingeniosa como razonable, que me recuerda a Oscar Wilde, pues Aristipo a menudo recuerda a Oscar Wilde: sus ideas tienen el difícil mérito de ser al mismo tiempo llamativas y razonables.

Otra anécdota relacionada con la afición de Aristipo hacia las hetairas dice que un día iba caminando con un discípulo y entró en un prostíbulo. El discípulo le miró avergonzado y confuso y Aristipo le dijo: “Lo malo no es entrar aquí, sino no ser capaz de salir”.

Aristipo es certero y divertido. Ya he dicho que me recuerda a Oscar Wilde, pero también a Groucho Marx. Con Wilde compartía también la elegancia: el propio Platón, uno de sus mayores enemigos, dijo que era la única persona que podía llevar con la misma elegancia la clámide o los harapos.

De Aristipo quizá aprendí que uno ha de ser “extranjero en todas partes”, aunque creo que eso también lo decía Demócrito (y posiblemente también Epicuro). Extranjero en todas partes es casi lo mismo que cosmopolita o ciudadano del cosmos, pero tiene un matiz que me hace más atractiva la idea cireanica: extranjero en todas partes elimina cualquier idea de posesión y, además, el extranjero es quien más disfruta de los lugares. Por eso titulé uno de mis blogs Turista en Madrid: ser un turista en tu propia ciudad es disfrutar realmente de ella.

Ya he dicho antes que a Aristipo le reprochaban vivir públicamente con prostitutas y estar entregado al placer, pero él respondía: “Poseo el placer, pero no soy poseído por él”. Esta manera de disfrutar el placer me gusta.

Epicuro dijo algo parecido: si un placer después te causa un displacer quizá debas renunciar a él.

En la Francia de la Ilustración se llegó por este camino al “cálculo de los placeres”, que es una de las mejores ideas que conozco. La medida y el cálculo de los placeres no te aleja de los placeres, ni los hace mecánicos o fríos, sino todo lo contrario: te permite disfrutarlos más, y más veces. En la película de Almodóvar el hedonista protagonista no sabe seguir este consejo de Aristipo, de Epicuro y de algunos pensadores franceses y lo pasa bastante mal.

También he aprendido de Aristipo que se puede disfrutar tanto del lujo como de la carencia de él.

Los estoicos, por ejemplo, decían: Omnia meum mecum porto: todo lo que es mío lo llevo conmigo. Ese ha sido uno de mis lemas y es un estupendo consejo contra el apego a las cosas, pero no implica que uno haya de privarse de todo. Aristipo, según parece, sentía cierta afición al lujo, pero cuando no lo tuvo también disfrutó, como demuestra que el propio cínico Diógenes dijo de Aristipo que era “un perro real”: un verdadero cínico.

Me gustan muchas cosas de los cínicos, y coincido con ellos en muchísimas cosas, excepto, como ya dije antes, en su afición al espectáculo, su sentido de élite y su desprecio a los que no piensan como ellos, pero me considero, sin embargo, un verdadero perro, también al igual que me he llegado a considerar un hippie secreto, y sin duda con más rigor que los hippies a los que se distingue a simple vista. No es este lugar para explicar esta afirmación, que quizá a quienes me conozcan les resultará inexplicable.

 

Fragmentos cirenaicos

En estos días he experimentado el placer multiplicado de leer por fin una antología de fragmentos cirenaicos. Es una edición preparada por Eduardo Acosta Méndez y publicada por el Círculo de Lectores. Llevo varios años persiguiendo este libro, pues sólo se podía adquirir comprando un lote completo de filosofía. Al fin, lo he leído en la Biblioteca Nacional. La lectura de estos fragmentos me ha confirmado que Aristipo es el filósofo que me resulta más simpático de la Antigüedad y al que me siento quizá más cercano (tal vez con excepción de Demócrito).

En los fragmentos de Aristipo he descubierto otra coincidencia curiosa: tomó como modelo de vida a Ulises. Ulises (Odiseo) es uno de mis personajes favoritos mitológicos, aunque no tanto como lo es Dédalo, quien quizá era más adecuado como modelo para el propio Aristipo.

De Aristipo también me gusta un rasgo que le emparentaba con los sofistas y que le ha valido muchos reproches: cobraba por sus lecciones.

Sócrates no cobraba por sus lecciones y tampoco lo hacía Platón.

De Aristipo y de otros como él, de muchos de los sofistas que cobraban por sus lecciones, he aprendido a desconfiar de los puros que lo dan todo gratis. En primer lugar porque a menudo sólo es posible dar gratis si no te falta nada: Aristipo mismo decía que Sócrates no necesitaba cobrar a nadie porque era alimentado y cuidado por media Atenas. Por supuesto, no estoy en contra de dar sin pedir nada a cambio, más bien al contrario, pero desconfío cuando se hace ostentación de ello, así que no diré más.

Cuando a Aristipo le reprochaban vivir a expensas del tirano Dionisio, y le preguntaban cómo era posible que primero hubiese frecuentado a Sócrates y después a Dionisio, Aristipo respondía: “Cuando tuve necesidad de filosofía, fui con Socrates, pero ahora lo que necesito es dinero”.

Como se ve, es difícil convertir a Aristipo en un santo o en un profeta y esa es quizás su mayor virtud. A pesar de esa necesidad de dinero, Aristipo no era un adulador perpetuo del tirano Dionisio, como quizá sí lo era el menos necesitado Platón.

En una ocasión, Aristipo se echó a los pies del tirano para ayudar a un amigo. Le reprocharon que lo hiciera y Aristipo respondió: “Yo no tengo la culpa de que Dionisio tenga las orejas en los pies”.

Me gusta este sentido del humor constante, pues creo que tiene razón Albino Luciani (el papa Juan Pablo I) cuando dijo que la bondad y el buen humor van unidos. No sé si es el buen humor el que va asociado a la bondad o la bondad al buen humor, pero se puede observar que casi todos los tiranos son ariscos y gruñones y que los reformadores encendidos también suelen serlo.

También me gusta de Aristipo la manera en la que veía la amistad: no como una obligación o un deber, sino como un placer y una elección. Esta es una idea que me parece elemental, pero que casi nadie parece admitir. Aristipo, en una ocasión en que unos amigos estaban desconsolados, les dijo: “No vengo aquí para compartir vuestra pena, sino para acabar con ella”.

Y quizá lo que más me gustó de Aristipo desde el principio fue que educó a su hija Arete y que ella le sucedió al frente de la escuela cirenaica.

 

******

[Escrito el 13 de abril de 2004]

COMENTARIO EN 2013: Hay dos cosas que ahora no opino.

No creo que el mejor modelo mitológico para Aristipo sea Dédalo.  Tampoco Ulises. Supongo que el mejor es el travieso dios Hermes.

Tampoco creo que Platón fuera servil con el tirano Dionisio. La historia de Platón con Dionisio muestra más bien lo contrario y Platón, creo, se comportó de una manera ejemplar, contradiciendo incluso ideas expresadas en su República (para bien).

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Originally posted 2004-04-13 12:00:39.

Cómo no ser un cenizo
Breve investigación acerca del pesimismo y el optimismo /7

En La búsqueda de la felicidad comparé tres textos escritos por Casanova, Lichtenberg y Darwin acerca de la búsqueda de la felicidad. Reconozco que siento una gran afición por los pensadores que se muestran optimistas y que me aburren los depresivos y cenizos. No voy a negar que yo mismo he sido muy depresivo, pero espero que nunca cenizo. El cenizo es aquella persona que no sólo sufre (por razones no muy claras), sino que consigue fastidiar a los demás con su sufrimiento o con su manera fatalista de ver la vida. Y también abundan los cenizos que se lamentan de sus males y de los ajenos, o incluso sólo de los ajenos.

Demócrito feliz

Personas anti cenizas son Lichtenberg, Chesterton, Darwin, Casanova, Bertrand Russell (que escribió La conquista de la felicidad), Aristipo, por supuesto, Demócrito y muchos de los filósofos griegos que pensaban que la acción más razonable para un ser humano consiste en buscar la felicidad. Ahora se suele pensar lo contrario. Recuerdo que el actor Fernando Fernán Gómez decía que buscar la felicidad era una cursilada.

Lo curioso es que muchos de esos pensadores que he mencionado como partidarios de la búsqueda de la felicidad también sufrieron mucho, porque la felicidad no depende por completo de la ausencia de sufrimiento, sino que tiene mucha relación con la manera de considerar la vida. Otro pensador muy optimista era Stefan Zweig, quien, sin embargo, se suicidó en Brasil, cuando pensó que ya nada en el mundo podría detener a los nazis.

Releyendo el librillo que tengo de Lichtenberg, he encontrado varias reflexiones acerca de este asunto, y no puedo resistir citarlas aquí:

“Sin mi convicción íntima no me podrían hacer feliz todo el honor, la dicha y el aplauso del mundo, y si lo estoy por propia convicción, el juicio del mundo entero no me puede turbar ese placer… Creo que a veces se está mejor en el lecho de enfermo que en la mesa real. Por lo menos yo, estando enfermo en cama en mi pequeña habitación, he tenido momentos que no me avergüenzo de considerar los más felices de mi vida; también tristes, se entiende, pero también tuve momentos igualmente tristes estando bien sano y fuera de la cama”.

Esto que dice Lichtenberg me recuerda a lo que se dice en la película After Life de Hirokazu Kore Eda y a lo que dije en mi comentario a la película: muchos de los mejores recuerdos de la vida son momentos muy sencillos.

Otra cita de Lichtenberg:

“Quienes se pasan las horas lamentándose de que no hay nada que merezca la pena en el mundo, deberían darse cuenta de que donde no hay nada que merezca la pena es en el interior de sus cabezas.  Son ellos quienes tiñen el mundo con el cristal sucio de sus anteojos, sin advertir que no es que no haya ningún sitio al que merezca la pena ir, sino que cualquier lugar es inaccesible para una mente que no puede caminar por sí misma”.

No se puede decir mejor.

 


[Publicado el 21 de junio de 2004]

BREVE INVESTIGACIÓN ACERCA DEL PESIMISMO Y EL OPTIMISMO

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ENSAYOS DIGITALES

Casanova y los vividores

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Originally posted 2013-09-26 22:59:31.

Empiristas y racionalistas, una dicotomía simplista

Antes de comenzar el comentario a Principios de filosofía: en la contraportada del libro, se dice que Descartes y Leibniz se han incluido, con razón, en el mismo capítulo de la historia de la filosofía, a pesar de las diferencias entre ambos, debido a que los dos comparten la idea central del racionalismo: el conocimiento y la verdad tienen que ver mas con el entendimiento que con los sentidos.

En mi opinión, esta dicotomía empirismo/racionalismo no es correcta, al menos no lo es cuando se presenta como dos posturas extremas y sin matices. Ningún empirista serio sostiene que los sentidos puedan tener conocimiento por sí mismos, ni siquiera el que suele ser considerado el fundador del empirismo: Francis Bacon. Es obvio que ambas posturas, racionalismo y empirismo, pueden ser ridiculizadas de manera grotesca y que tan sin sentido es pensar en un empirista que sostiene que la nariz o las glándulas olfativas piensan, como en un racionalista que sostenga que no es necesario usar los sentidos para conocer el mundo, por ejemplo para saber cómo huelen las rosas.

Francis Bacon

La verdad es que me siento mucho más cercano a los empiristas que a los racionalistas, e incluso creo que ni siquiera es necesario buscar ese siempre deseable término medio entre los dos bandos porque, insisto, los empiristas no subestimaban, ni mucho menos el papel de la mente, alma o cerebro (o como quiera llamarse), que añadían a la tarea de los sentidos. El propio Francis Bacon advertía del  peligro de pensar que los sentidos o la mera recolección de datos sirviese para conocer y no equivocarse. Así, dice:

    “La filosofía de los empíricos lleva a resultados aún mas monstruosos que los de la filosofía sofística o racional. La verdadera filosofía nace del consorcio entre la labor de los empíricos y el trabajo de los racionales” [1].

 

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[martes 2 de enero de 1990]

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cuadernodefilosofia

 

 

Originally posted 1990-04-02 15:31:26.

  1. [1] Citado en Paolo Rossi,  Los filósofos y  las maquinas, 86

Y finalmente… el efecto nocebo
Breve investigación acerca del pesimismo y el optimismo /4

noceboEn el capítulo anterior de esta breve investigación (El efecto placebo), he hablado del efecto placebo, un fenómeno en cierto modo asombroso que sin embargo al ciencia actual acepta como real, probando que la supuesta negativa de los científicos a aceptar lo que no coincide con sus paradigmas y prejuicios es una simpleza de quienes desconocen (muchos hoy en día) en qué consiste el pensamiento racional y razonable.

Pero, además del efecto placebo, existe otro igual de interesante, el nocebo

El nocebo es el efecto contrario al placebo: se produce cuando estamos tan absolutamente convencidos de la poca efectividad de una medicina que conseguimos disminuir sus virtudes. ES decir, el efecto nocebo se produce no por una reacción a la medicina en sí (no es uan reacción química, por ejemplo), sino por nuestras expectativas, por lo que este efecto puede producirse incluso cuando se administra un fármaco inerte, sin ningún tipo de efecto posible sobre el sujeto. Si ante una medicina en la que confiamos podemos generar dopamina, que es un potente analgésico (esa es una de las explicaciones del efecto placebo), ante un fármaco en el que no confiamos o al que tememos puede generarnos estrés, y el estrés a su vez puede debilitar el sistema inmunitario, favoreciendo la acción de virus y bacterias.

nocebo (2)

Peligro: este aviso puede potenciar los efectos
Este producto contiene ingredientes no activos, lo que puede ser potencialmente muy peligroso para la salud humana

Somos también víctimas del efecto nocebo (al menos en cierto modo) cuando tememos que una inyección nos va a hacer mucho daño… y efectivamente nos lo hace. No sólo por el efecto nocebo en sí, sino porque ponemos tenso el cuerpo, temblamos, nos movemos y hacemos que la aguja no penetre limpiamente, lo que nos causa dolor. Si el efecto placebo es el favorito de los optimistas, el nocebo sin duda lo es de los pesimistas.

La conclusión de todo esto es la que ya enunciaba el título de Un optimista es sólo un pesimista… bien informado: si uno está bien informado, será optimista. Pero, claro, el pesimista puede serlo tanto que, a pesar de toda esta útil información que le indica que debería ser optimista (que no imbécil ni ciego a la realidad) se sienta incapaz de cambiar: “Ese es mi problema; que no puedo cambiar”, lo que es sin duda una conclusión muy pesimista.

 Continuará…

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[Publicado por primera vez el 10 de octubre de 2005 en Mundo Flotante]

BREVE INVESTIGACIÓN ACERCA DEL PESIMISMO Y EL OPTIMISMO

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ENTRADAS DE ÉTICA Y COSTUMBRES

Coincidencias significativas

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Viaje a la esencia

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Curiosidad

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El feísmo y hacerlo mal demasiado bien

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La maledicencia

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El placer y la salud

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La suavidad de las costumbres

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ENTRADAS DE FILOSOFÍA

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COMENTARIO A “LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA”, DE DESCARTES

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Originally posted 2013-09-13 18:01:10.

Cómo leer a los filósofos

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

1. Leer a los filósofos directamente, en sus obras originales.

2. No anteponer prejuicios de ningún tipo, ya se refieran al aspecto físico del filósofo, a la utilización de su filosofía por uno u otro grupo, a la raza o a la nacionalidad o las preferencias sexuales, a su pertenecia a una u otra escuela o a su enfrentamiento con ésta o aquélla otra, a que esté de moda o no lo esté, a quienes le defiendan o a quienes le ataquen actualmente.

3. Una vez comenzada la lectura, no es correcto descalificar al filósofo a partir de un pequeño detalle erróneo que encontremos en sus obras. Incluso los filósofos más rigurosos no han podido evitar ciertos errores de bulto: machismo, nacionalismo y racismo. Sólo mediante una lectura serena y a fondo será posible decidir si ese o esos pequeños detalles son parte importante o fundamental de las concepciones filosóficas del filósofo estudiado. Es decir: si ese pequeño detalle se deduce necesariamente de la filosofía elaborada por nuetsro pensador, haciendo imposible tal filosofía sin dichos detalles.

4. No dejarse tampoco deslumbrar por aciertos ocasionales para proclamar nuestra adhesión total al filósofo. Muchos filósofos han escrito páginas magistrales y, sin embrago, sus intenciones han sido deleznables (su concepción política y religiosa, etcétera).

Aunque hay gente -sobre todo hegelianos- que dicen que si tomas una opinión de un filósofo determinado, entonces has de tomar todo su sistema (pues si no actuarías frívolamente), mi opinión personal es que es perfectamente lícito tomar o citar argumentos de un filósofo al que no se acepta de forma general, e incluso utilizar tales argumentos para defender ideas opuestas, siempre y cuando no se pretenda que aquel filósofo defendía tales ideas.

Esto puede parecer una aberración a algunos, pero, para que se vea que no se trata de tal cosa, pondré un ejemplo en el que se verá claramente…

[El texto se interrumpe bruscamente y no sé a qué ejemplo me refería]]


[Escrito en 1989, con la intención de proporcionarme a mí mismo unas reglas en mis estudios de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Uno o dos años después, amplié este texto en Reglas para leer textos de filosofía]


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Originally posted 1989-04-24 12:01:11.