Enfermedades y emociones

Da la impresión de que cuando estás enfermo te encuentras menos protegido contra las emociones. Es frecuente que durante la enfermedad nos acordemos y revivamos todos nuestros problemas y angustias.

Esta observación, que cualquiera puede hacer, me parece muy interesante.

Podemos intentar explicar este mecanismo pensando que lo que sucede es que al estar débil no estás bien y que, por un mecanismo simpático (en el sentido de la magia simpática, “por semejanza”) vienen a la mente otros momentos en los que no has estado bien.

O tal vez la explicación sea que no es la enfermedad la que desprotege, sino la salud la que protege: que cuando estás sano las tristezas están controladas, o algo parecido. Al enfermar se abrirían esas compuertas hacia la tristeza.

Lo curioso del mecanismo es que parece actuar a la inversa de lo razonable: no te protege cuando resulta más necesario protegerte, ya que no sólo tienes que soportar la enfermedad, sino todas las tristezas asociadas que empiezan a caer sobre ti.

Ahora bien, se me ocurre una razón que pudiera explicar este extraño mecanismo biológico-psicológico. Si un animal, digamos un hominido hace millones de años, enfermaba, ello podía deberse a diversos motivos, por ejemplo, haber bebido agua en mal estado, que se le infectse una herida que le hizo un león hace unas semanas, etcétera. Por eso, cuando enfermaba, sería bueno que pasaran por su mente las diversas situaciones, tristes o peligrosas que había vivido, porque en una de ellas podía estar la causa e incluso la solución a su mal actual.


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Los cortes de la navaja de Occam

Occam's Razor

La navaja de Occam es una de esas imágenes filosóficas que se usan una y otra vez para resolver disputas teóricas. Creo que casi siempre se emplea mal, y más desde que se ha convertido en un lugar común equivalente a un anatema que se lanzan unos a otros.

Antes de explicar por qué creo que se emplea mal, recordaré qué es la navaja de Occam.

Guillermo de Occam (William of Ockham) era un monje franciscano, célebre por su inteligencia, por lo que no es extraño que Umberto Eco lo tomara como modelo (junto a Sherlock Holmes) de su Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa. Se atribuye a este monje el artilugio lógico o filosófico llamado “la navaja de Occam” que es la sintesis de su frase “Entia non sunt multiplicanda sine necesitate”. Es decir, los entes no se deben multiplicar innecesariamente. La expresión se empleó en su origen en la disputa acerca de los conceptos universales, como “humanidad”, “Trinidad” o “belleza”, que enfrentó a los nominalistas y los realistas.

Los nominalistas creían que esos conceptos y todo lo que se refiere a géneros y especies, pero no a individuos concretos son tan sólo entes de razón, ideas o conceptos que no existen por sí mismos. Los realistas decían que esos conceptos universales tenían una existencia propia y real y que no eran tan sólo palabras. Tras la disputa se escondía tambien uan disputa teológica, porque si los nominalistas negaban la existencia real y efectiva de la Trinidad, toda la teología cristiana se venía abajo. La navaja de Occam, en consecuencia, permitía cortar la existencia de todos esos entes conceptuales, pero también la de los conceptos y artilugios teóricos que a menudo se empleaban en las discusiones, pero que no parecía que tuvieran una correspondencia en el mundo de lo observable y experimentable.

A menudo, primero en lógica y física, pero con el tiempo en biología o en cualquier otra ciencia o arte, desde la economía a la historia y desde la crítica literaria a a la antropología, se recurre a la navaja de Occam para afeitar las explicaciones enrevesadas, las que parecen demasiado complejas.

Occam-William-of-Ockham-Quotes-1

“Si todo lo demás es equivalente, la solución más simple suele ser la mejor”

Sin embargo, la navaja de Occam se emplea tanto que su filo empieza a estar mellado o bien corta lo que no debería cortar, en busca en ocasiones de una sencillez que acaba siendo simplismo.

Es posible que el uso realmente útil de la navaja de Occam (aparte de la disputa original entre los nominalistas y los realistas) se dé cuando se aplica a posteriori, pero no cuando se aplica a priori. Es decir, no debería utilizarse como una censura previa (excepto en casos que resultan tan evidentes que salta a la vista la exagerada multiplicación de los entes o explicaciones), sino que puede emplearse como una razón más para decantarnos por una explicación en lugar de por otra, siempre y cuando ambas explicaciones sean totalmente equivalentes.

No sirve para refutar una teoría con la excusa de que una teoría es demasiado compleja, sino para hacernos sospechar que si hay dos soluciones posibles y una es más sencilla, entonces es probable que la más compleja haga uso de supuestos innecesarios. Pero sólo indica esa probabilidad.

Sin embargo, también es perfectamente posible imaginar una explicación compleja que sea, sin embargo, la explicación correcta, a pesar de que también exista otra explicación más sencilla que también parezca capaz de dar cuenta de los fenómenos que se quieren explicar. Voy a intentar imaginar una situación de este tipo (que será una inversión de la disputa entre el sistema tolemaico y el copernicano). Cuando lo haya pensado, se lo comunicaré al lector en otro artículo.

 

La complejidad y la sencillez

Por mucho que nos gusten las soluciones simples, a menudo los problemas exigen soluciones complejas. Aunque un asunto se pueda explicar de manera simple, ello no implica necesariamente que deba explicarse así.

Esto no vale sólo para la biología y la evolución, sino que también se puede aplicar a la sociología y la psicología: a menudo tendemos a explicar el comportamiento de otra persona a partir de una sencilla ecuación estímulo-respuesta, pero casi siempre las verdaderas razones de un comportamiento son más complejas de lo que creemos.

En definitiva, la navaja de Occam ha de tomarse como un estímulo para seguir investigando y puliendo nuestras teorías, quitándoles lo innecesario, pero en otras ocasiones ha de ser aplicada como un factor de probabilidad (no de certeza) en el momento de elegir entre teorías rivales. Finalmente, en muchas ocasiones su mejor y más razonable uso es tan sólo semejante al un proverbio o una frase hecha que viene al caso y confirma algo: un comentariofinal una vez que una cuestión ya ha sido decidida gracias a una explicación sencilla.

Decimos, por ejemplo: “A quien madruga, Dios le ayuda”, si gracias a nuestro madrugón hemos conseguido llegar a tiempo a una cita importante, pero diremos: “No por mucho madrugar amanece más temprano” si hemos madrugado tanto que llegamos dormidos y agotados a esa cita tan importante. Los refranes no suelen expresar verdades, sino que existe uno para cada ocasión. Sirven como estímulo retórico o emotivo para hacer algo o como comentario posterior (positivo o negativo) a una acción ya realizada. En ese mismo sentido se puede emplear a veces la navaja de Occam: “Ya te decía yo, que aquí había que sacar la navaja de Occam: todo es más sencillo de lo que parecía”.

Pero nunca se debería emplear como un criterio de verdad o como un anatema o dogma de fe en contra de ideas o de teorías, que es algo que se hace bastante a menudo.

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[Escrito en 2004 en La Palma, como comentario a La estructura de la evolución, de Stephen Jay Gould los textos en naranja los he añadido en 2014 para hacer más comprensible el texto. En el texto original anoté que lo había escrito antes de leer la página 583 del libro, y añadí: “Quizá Gould diga más adelante algo semejante a lo que yo quiero decir aquí”. Supongo que adivinaba que Gould se iba a ocupar de la navaja de Occam y su uso en ciencia, algo que supongo, se verá en futuras entradas dedicadas al libro]

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LA ESTRUCTURA DE LA EVOLUCIÓN

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Platón contra todos

Platon-vida.jpg

He encontrado, entre viejas libretas anteriores a mis estudios universitarios, una lista de oposiciones entre dos posturas filosóficas que se han enfrentado y se siguen enfrentando a menudo en todo tipo de terrenos. Me ha parecido una lista interesante, así que la he rescatado para la sección de filosofía de este blog. Para distinguir los comentarios actuales de aquel texto, he sangrado y puesto en cursiva el texto original y en letra normal mis comentarios o aclaraciones en 2015. En algún momento futuro añadiré enlaces a entradas en las que trato estos temas.

Oposiciones entre platonismo y constructivismo

Supongo que la lista se podría ampliar, cosa que haré cuando discuta, una por una, estas siete posturas. Los nombres quizá no siempre sean los más precisos, ni los defensores de cada doctrina los más significativos. Incluso, como ya dije antes, es posible que en algún caso deban cambiarse de lado las posturas, especialmente en biología.

Quizá la oposición entre platonismo y constructivismo no sea la manera más adecuada de referirse a esta polémica, pero supongo que alguna razón me hizo descartar otras posibilidades, como platonismo vs. aristotelismo, idealismo vs. realismo, realismo trascendental vs. materialismo, etcétera. Aquí todo parece girar alrededor de Platón, quizá porque en esos días estaba releyendo sus diálogos. No hace falta aclarar que estas dicotomías raramente se dan en su forma pura y dogmática, al menos hoy en día.

MATEMÁTICAS
Platonismo o realismo: los objetos matemáticos tienen existencia propia en la naturaleza.

Constructivismo: los objetos matemáticos son creación del ser humano, no existen.

materia de reflexiónNaturalmente, aquí se trata del realismo platónico (el que dice que las Ideas o conceptos o Arquetipos tienen existencia real, y no del realismo materialista opuesto al idealismo). Dos años después de esta nota se publicó en Tusquets un interesante libro en el que se comparaba este realismo/idealismo de las entidades matemáticas, Materia de reflexión, una conversación entre Jean Pierre Changueaux y el matemático Alain Connes. Si recuerdo bien, el matemático Alain Connes, defendía el realismo platónico.

 

LENGUAJE
Platonismo: los nombres son por naturaleza, no por convención (Platón)

Nominalismo: los nombres son por convención, no por naturaleza (Demócrito)

Psametico

Psamético I (-664/-610), que también parece haber inventado, o la menos eso parece, las jarras de aceite antiderrame.

Con nombres, me refería a la palabras en general, no a los nombres propios. La postura de Platón ha sido muy seguida a lo largo de la historia por los que yo denomino filoetimólogos, es decir, quienes piensan que en el lenguaje se encuentran los secretos de la realidad, ya se trate de los cabalistas intentando descifrar el nombre secreto de Dios (YHWH), de los que decían que solo se puede filosofar en griego; de los que sostenían que el Corán precede a la creación del universo y que no se puede decir nada falso en árabe (árabe clásico, se supone); de los que sostenían que solo se alcanza la gran filosofía en alemán; quizá, pero solo quizá, de los filósofos chinos como Confucio o Gongsun Long que predicaban la rectificación de los nombres, y de algunos otros. Creo que Jacques Lacan también pertenece a esta curiosa especie, a la que también pertenecía aquel faraón egipcio que quiso descubrir el idioma original de la humanidad aislando a un niño. Ya no recuerdo a qué idioma pertenecía la palabra que dijo el niño, pero creo que no era egipcio. Lo he consultado: era Psamético y la primera palabra fue frigia: “bekos”, que significa “pan”.


ONTOLOGÍA (UNIVERSALES)

Platonismo o realismo: Existen los Universales por sí mismos.  No existen particulares por sí mismos sino que son imagen de los Universales (Platón)

Nominalismo: los universales son ‘flatus vocis’, meros sonidos.

Los universales son los conceptos generales, como “río”, diferentes a los entes particulares, como un río concreto que estamos viendo ahora, o las especies y géneros (“felinos”, “mamíferos”). Esta es una polémica extraordinariamente compleja, que en la Edad Media se llamó la querella de los universales. En el ensayo “Que nada se crea“, publicado en mi libro Recuerdos de la era analógica, su autor demuestra que Platón tenía razón.


BIOLOGÍA O PSICOLOGÍA

Innatismo: existen en el ser humano ideas innatas, como la de espacio y tiempo.

No innatismo: El hombre obtiene los conceptos a través de la observación de la naturaleza.

Esta es también una complejísima oposición, de límites no siempre claros, en la que han participado pensadores como Descartes, Kant, Aristóteles, Noam Chomsky, Steven Pinker y muchísimo más.


FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

Anti-empirismo: al observar la naturaleza, nosotros decidimos de antemano qué queremos observar. Primero hacemos las teorías y luego buscamos los datos.

Empirismo (?): elaboramos nuestras teorías posteriormente a la observación de los datos suministrados por la naturaleza.

Y si la anterior era compleja, esta lo es mucho más. Digamos que en el bando del empirismo se podría situar con ciertos matices a Aristóteles, pero en especial a Francis Bacon, quien, sin embargo, escribió pasajes elocuentes contra el empirismo vulgar. Esta dicotomía está estrechamente relacionada con la dicotomía idealismo/materialismo en filosofía y más todavía con la que se comenta más abajo, en “EPISTEMOLOGÍA”. No sé exactamente por qué puse un signo de interrogación en “empirismo”.


FÍSICA

Mecánica cuántica: el observador determina lo observado (Niels Bohr/Heisenberg)

Física clásica(?): El observador no determina lo observado. (Newton, ¿Einstein?)

Hay que aclarar que la interpretación de Bohr, o con más justicia, de Heisenberg, de la física cuántica no es la única posible y en su versión dura no la comparten pocos físicos (la versión dura sería (frente a “el observador determina lo observado“): “el observador crea la realidad”.


EPISTEMOLOGÍA

Idealismo: El intelecto puede hallar o descubrir la verdad, sin recurrir a los sentidos (Descartes, Hegel).

Empirismo: sólo la observación puede permitirnos descubrir cómo es la naturaleza (Francis Bacon).

La oposición favorita de muchos filósofos. En mi opinión, el más ingenioso de los filósofos idealistas es sin duda Berkeley, aunque tampoco hay que olvidar el idealismo teológico de Malebranche. La paradoja de esta postura es que el idealismo platónico, como ya se ha visto, se puede considerar que es un realismo: dice que son reales ideas, mentes descarnadas, conceptos, etcétera. Eso provoca a veces divertidas confusiones.


El texto original (en cursiva y centrado) lo escribí en 1991. Los comentarios en octubre de 2015.


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