Un enlace casual en Google

google

 

Creo que en algún lugar de esta web he contado el proceso azaroso que seguía hace años en la Biblioteca Nacional para encontrar libros inesperados. Como no estoy seguro, lo cuento de nuevo.

Resulta que nos movemos en círculos. Leemos un libro en el que se menciona a un autor que nos interesa y entonces leemos a ese autor. De esta manera, de libro en libro, por recomendaciones de amigos o recensiones en periódicos, vamos ampliando nuestro círculo de lecturas. Pero, por mucho que se amplie el círculo, siempre acaba siendo un círculo más o menos cerrado. Cuando tiene cierta amplitud, ya resulta difícil encontrar algo que no remita a un libro o autor que ya conocemos. Finalmente, habitamos en nuestro amplio círculo creyendo que conocemos el mundo entero.

Sólo quienes piensan tal cosa (que se puede conocer el mundo entero) pueden decir, como dijo García Marquez hace veinte años, que ya lo había leído todo y que sólo le quedaba releer. Yo creo que nuestra inmensa suerte es que no hay nadie que pueda leer todo, con lo que nunca se acaban las lecturas.

Es cierto que se obtiene un gran placer al releer, pero eso no tiene por qué implicar dejar de leer cosas nuevas. Lo que García Marquez quería decir realmente, en un acto de soberbia típico de la gente que lee mucho, es que él ya había leído todo lo importante.

En la Biblioteca Nacional probé un método para salir del círculo cerrado de nuestras lecturas, conocimientos e influencias. Aunque tenía diversas variantes, en esencia consistía en abrir un fichero (de los antiguos ficheros de madera y fichas de cartón) al azar, caminando por un pasillo de ficheros con los ojos cerrados y deteniéndome frente a uno cualquiera, abrirlo, separar sin pensar un manojo de fichas y mirar la que quedaba al descubierto. Después, pedir el libro y leerlo.

De este modo descubrí a algunos autores a los que difícilmente habría llegado desde mi propio círculo. Descubrí nuevos círculos. Ahora quiero practicar este método en Internet.

La cosa consiste en escribir unas cuantas letras en Google sin mirar el teclado. Luego le das a buscar y que salga lo que sea. Para no acordarse de la situación de las letras,  se puede ladear y cambiar de posición el teclado.

El resultado de esta primera búsqueda azarosa ha sido muy interesante, aunque no se correspondió exactamente con la búsqueda inicial.

Escribí a ciegas en Google lo siguiente: “KDSJJSIUHEMI” y Google me dijo que no había ninguna página con esas palabras. Tampoco me ofreció una palabra parecida alternativa. Eliminé algunas letras y llegué finalmente a “Kiuhemi”. Ahora sí me ofreció una alternativa: “KHEMI”. Acepté la alternativa y llegué a una página dedicada a la mitología egipcia y en concreto a los dioses principales de Khemi.

ptah

El asunto no consiste, creo yo, sólo en llegar a un resultado curioso, sino en aprovechar el enlace azaroso, así que leí la página dedicada a los dioses de Khemi, que resultó muy interesante. El autor de la página se llama Jaime E. Cabria. No estoy seguro de que todavía esté activo en enlace, pues el archivo más reciente que he encontrado en su web es del 2002. Le envié un mensaje.

Por otra parte, este método azaroso me dio una idea para otra herramienta creativa, que he llamado Comparaciones automáticas, y que puedes conocer aquí: Los dioses de Khemi.

 

Nota en 2014: He buscado la página de Ptah y, aunque la he encontrado (ver la imagen un poco más arriba) creo que ya no está activa.

Este es el enlace a la página en la que aparecí con mi proceso azaroso: La página de Ptha.

El método azaroso de la Biblioteca Nacional lo conté en mi libro El guión del siglo 21 y en esta entrada: Cómo salir de los círculos cerrados.

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Las comparaciones no son odiosas

khemimaat

En  “Un enlace casual en Google” conté cómo llegué de manera azarosa a una página dedicada a los dioses de Khemi. Cuando lo leí me vinieron a la memoria algunos mitos griegos semejantes a los que cuenta Jaime E. Cabria acerca de la eneada heliopolitana. No digo que los mitos griegos que se me ocurrieron procedan de Egipto, aunque es muy posible que en algunos casos fuera así, sino que tan sólo me limite a notar sus semejanzas.

Se me ocurrió entonces un método creativo, que consiste en hacer comparaciones automáticas, imitando los métodos del pensamiento automático de los dadaístas o los surrealistas (o los psicoanalistas). El método consiste en, al leer un texto, escribir sin pensar cualquier similitud que te venga a la mente.

El juego de estas comparaciones consiste en escribir de corrido, sin detenerte a pensar. Ello provoca grandes olvidos, de los que me doy cuenta ahora, pero ahí está la gracia, porque también eso causa o establece parentescos absurdos, que uno no aceptaría si se pusiese a pensárselo dos veces.

Por cierto, el nombre del juego (Las comparaciones no son odiosas) me sirve para decir que no creo en esa idea que sostiene que las comparaciones son odiosas: al contrario. Son interesantes, estimulantes y casi imprescindibles. Ahora bien, lo que sí sucede es que hay comparaciones que también son odiosas: casi siempre depende de la intención de quien compara.

COMPARACIÓN AUTOMÁTICA 001: Los dioses de Khemi

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Búsqueda azarosa

archivosbiblioteca

Me gusta mucho la búsqueda azarosa. Encontrar cosas no previstas. Ahora (2003) en la Biblioteca suelo buscar los libros con el ordenador y no consulto los ficheros manuales.

Cuando sólo había ficheros manuales, solía consultarlos de manera aleatoria. Me ponía al azar delante de uno de ellos, por ejemplo caminando a ciegas, lo abría sin mirar y metía mi mano entre las fichas. Entonces pedía los libros de las cinco primeras fichas. De este modo descubrí algunos libros y autores que no habría podido descubrir siguiendo un método ordenado.

Sucede que, querámoslo o no, nos movemos siempre dentro de círculos. Leemos a un autor que nos lleva a otro, o libros que nos recomiendan los amigos, pero al final leemos todos más o menos lo mismo. La manera de saltar del círculo y encontrar cosas nuevas es introducir el azar en la búsqueda.

También se puede hacer en el ordenador, por supuesto, y ya lo he hecho, poniendo una palabra cualquiera que veas por ahí en la búsqueda de título, por ejemplo, y pidiendo los libros que aparecen.

Me gustaría aplicar un método azaroso distinto, que explico en Pi y la biblioteca.

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Pi y la Biblioteca

Luria - Atencion y memoriaAl ver la signatura del libro de Luria Atención y memoria, me he acordado de una idea que tuve hace muchos años en la Biblioteca: pedir el libro cuya signatura fuera el número pi.

La del libro de Luria es 3-146075.

Sería estupendo buscar todos los libros con un número significativo: pi, e, mi fecha de nacimiento, el día de hoy (24 de diciembre de 2003), etcétera.

Se podrían producir así, tal vez, hermosas casualidades o felices descubrimientos. El problema es que creoo que no se pueden buscar los libros por la signatura en la Biblioteca.

NOTA EN 2014

He consultado en el catálogo digital de la Biblioteca Nacional, con una aproximación a pi de 10 números:  3,1415926535.

la primera búsqueda no ha dado ningún resultado, así que he tenido que ir quitando decimales, hasta quedarme con: 314159, que sí ha dado tres resultados. Son estos:

Aplicaciones del ordenador a la medida y análisis de resultados experimentales y de ensayos   Lecuona Neumann, Antonio, 1986
Signatura: DL- 314159

 Nire gazte denpora.     Etxebarria, Faustino, 1996. Signatura: AHM/314159

Pocahontas. Walt Disney Company, 2005. Signatura: 12/314159

 La próxima vez que vaya a la Biblioteca, los pediré, aunque será difícil entender el de Faustino Etxebarria, que al parecer quiere decir “Mi joven tiempo” (tal vez, supongo, “Tiempo de juventud”).

Ya contaré el resultado…

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[Publicadoen 2003 en Libertalia]

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 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. Aquí he añadido otros textos relacionados con el azar y la necesidad, es decir, el determinismo y el indeterminismo.

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Dawkins: genes, memes y determinismo

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo [1987]

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Tersites y Palamedes, las leyes del azar
|| Homéricas /007

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El rey indio que se apostó a sí mismo

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Lo que sí está en los genes

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