Casualidades

Tal vez algún lector de estos weblogs se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Me gustan mucho estas suposiciones acerca del orden o desorden hipotético del cosmos que se esconde tras nuestros actos y quiero aclarar hoy de qué manera contemplo las casualidades.

Yo cometo la vulgaridad inexcusable de ver las casualidades como casualidades.

Si digo que una amiga de mi madre suscitó en mí la imagen de la serpiente y que un día después la casualidad quiso regalarme un sobre de azucar con el signo chino de la serpiente; y que un día más tarde, al consultar unas páginas de astrología, recordé que mi signo en el nuevo cielo astrológico ya no es Sagitario, sino Ophiochus, la serpiente… si aludo a estas tres casualidades sucesivas y a continuación concluyo que voy a  adoptar la imagen de la serpiente para mis ensayos polémicos, no lo hago porque crea que tras esas casualidades sucesivas se esconde un orden o un propósito oculto que dirige mi vida.

No creo tal cosa porque, como ya dije, me tomo las casualidades como verdaderas casualidades: ese es para mí su verdadero encanto y su interés real.

Si tras esas serpientes sucesivas se esconde un mecanismo determinista (espiritual o material), entonces dejan de ser casualidades y se convierten en piezas triviales de una maquinaria vulgar y de una Inteligencia cósmica más bien simplona.

Por ello, para un creyente en las casualidades como soy yo, no hay nada más pernicioso que creer que las casualidades tienen un motivo, porque entonces ya no son casualidades.

Y sigo en este mi cerebro supletorio que es mi página web con un tema relacionado: Creer en todo.


[Publicado el 24 de diciembre de 2003]

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Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas

Hace un tiempo tuve una conversación con mi amigo Bernard M’ba acerca de los traductores automáticos que desde hace un tiempo está popularizando Google, ya se trate de traducción simultánea, de  textos en Internet o de subtítulos automáticos en Youtube. Quienes los usan se quejan de que todavía son muy imperfectos y hay quien dice que siempre serán necesarios los traductores humanos. Hasta hace pocos años lo mismo se decía del ajedrez: “Es un juego tan complejo que nunca un computador podrá ganar al campeón mundial humano”. Sin embargo, desde que el ordenador Deep Blue venció a Kasparov, ya sabemos que el verdadero campeón mundial de ajedrez sería hoy una máquina, si les dejaran participar en el torneo.

La campeona o campeón mundial de ajedrez

Lo curioso es que en el siglo XX se llegó a pensar que ni siquiera los humanos serían capaces de llevar a cabo una traducción simultánea. Ved Metha lo cuenta en un artículo, ahora no recuerdo en qué libro, quizá en La mosca en el vaso. Metha  contaba que en los inicios de  la Sociedad de Naciones y la ONU se pensaba que no era posible que en tiempo real una persona escuchase hablar a alguien en chino, pensara en la traducción, la dijera en francés y, al mismo tiempo, siguiera escuchando a la persona que hablaba en chino. ¿Cómo hacer dos tareas casi contradictorias a la vez?  También mencionaba Metha  aquella célebre anécdota, probablemente inventada, del mensaje bíblico que los americanos enviaron a los rusos:

“El espíritu es fuerte, pero la carne es débil”

que los rusos tradujeron:

“El vodka está estupendo, pero la carne está podrida”

Ved Metha

 En cualquier caso, aunque los traductores automáticos todavía estén lejos de superar a los seres humanos, ya son bastante útiles, aunque conviene usarlos sin intentar entenderlo todo. Es mejor escuchar esas traducciones que leerlas, intentando hacer la vista gorda y no encasquillarse en los errores que se detecten.

En general, por cierto, casi siempre es mejor no ser en exceso puntilloso y meticuloso, por ejemplo al ver una obra artística (cine, literatura, teatro, escultura) porque detenerse en pequeños detalles nos impide casi siempre entender de manera más amplia lo que nos están proponiendo. Así que conviene, como decían los escépticos antiguos, suspender el juicio, al menos en un primer momento o durante la contemplación de la obra. El análisis debe venir a continuación, no previamente. Sí, ya sé que aunque no queramos nuestro cerebro siempre analiza, pero podemos evitar la redundancia analítica, si frenamos o mantenemos en segundo plano nuestra obsesión analista.

Si uno hace la vista o el oído un poco sordo a las traducciones de Google, al menos en las de inglés a español, que son las más avanzadas, descubrirá que entiende casi todo, como cuando leemos una cita como la siguiente:

” Sgeun un etsduio, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe.”

Además, y eso es lo que comentaba con Bernard, una mala traducción puede ser muy interesante, porque puede proporcionarnos ideas nuevas. A mí me ha sucedido varias veces que al escuchar o leer un texto escrito en inglés he entendido mal algunas cosas y he llegado a pensar que el autor decía algo que en realidad no decía. Lo curioso es que en ciertas ocasiones esas cosas mal entendidas eran más interesantes que las que de verdad decía el autor. Eso tiene una ventaja añadida, porque, al tratarse de una mala interpretación y no de una interpretación literal, se puede decir que esas ideas interesantes se nos han ocurrido a nosotros.

En un ejemplo de lo fructífero que puede ser el error.

 


 [Publicado por primera vez en Inventario digital, 4 de marzo de 2011]

Añado ahora dos comentarios:

1. Lamentable o afortunadamente, los traductores automáticos de Google cada vez funcionan mejor, al menos del inglés al español. Los últimos libros que he leído (o escuchado) apenas he podido malinterpretarlos, porque se entendía casi todo. Me ha parecido percibir que el último gran escollo para la traducción automática es que a veces convierte frases negativas en positivas y a la inversa, y que no maneja bien construcciones con “pero” o “sino”.

2. Una curiosidad: el texto con las letras cambiadas que cito más arriba se lee con bastante facilidad, pero escuchado apenas se logra entender. Habrá que investigar por qué.

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Casualidades causales

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El mundo del destino y el de las casualidades significativas añaden un segundo plano de causalidad al ya conocido. Una complicación un poco redundante.


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