Tertuliano y Chesterton

 

Tertuliano, uno de los primeros apologistas del cristianismo, nacido en Cartago hacia el año 155, decía que Dios era material.

Se oponía a todo intento de conciliación con la sabiduría greco-romana y pensaba que lo grande del cristianismo era precisamente su irracionalidad: la muerte del hijo de Dios es creíble porque es contradictoria, y su resurrección es cierta porque es imposible. Se ha hecho célebre su frase Credo quia absurdum (Creo por que es absurdo), aunque en ssu escritos la expresión que se halla es Credo quia ineptum. Finalmente, acabó en la herejía, adhiriéndose al montanismo.

A veces pienso que Tertuliano era una especie de Chesterton de la Antigüedad: basta recordar aquella historia del día que Chesterton entró en una iglesia rural, oyó un sermón disparatado del párroco y salió convencido de la verdad del cristianismo, pues “si diciendo tonterías como estas ha logrado sobrevivir casi dos mil años, es que es la verdad”.