Defensa perfecta de la imperfeccion

Daniel--Breslau-quizá-10-agosto2004

Agosto de 2004 en Chequia o en Eslovaquia

Me gusta lo imperfecto no porque sea imperfecto, no porque me proponga apreciar lo imperfecto y alejarme de lo perfecto. No es eso lo que me sucede. Lo que sucede es que constato que me gusta lo imperfecto cuando pienso en las cosas que me gustan y descubro que casi todas son imperfectas.

Pero no exijo ni busco la imperfección. Eso sería una busqueda artificiosa.

Hay sensaciones perfectas. Es perfecto caminar por la calle y sentirse feliz. Es perfecta la vida cuando estás en una discoteca y bailas y la gente baila y también parecen felices. Es perfecto leer algo que te gusta y descubrir una coincidencia tan hermosa que parece que el autor ha querido expresar algo que le dijiste ayer, a pesar de que ni siqueuira le conoces. Estas son sensaciones o experiencias perfectas.

Pero las cosas no sé si pueden ser perfectas. ¿Son perfectas las puestas de sol cuando estás cansado de verlas y preferías que fuese de día? Las cosas de la naturaleza, los árboles, las montañas, los ríos, no sé si pueden ser perfectas.

No es a ese tipo de cosas a lo que quiero referirme aquí.

Aquí quiero referirme a las cosas creadas por el ser humano, al arte y a todas esas creaciones que todos llamamos bellas, excepto los profesores de estética que dejan escapar la belleza entre las mallas perfectas de sus definiciones.

Pues bien, los cuadros, los diseños, el baile, el teatro, el cine… cuando son perfectos me producen a menudo rechazo y casi siempre me mantienen lejos, apartado, emocionalmente apartado.

impefectoAlgún dandy decía que la ropa nueva endominga. Hay que ponerse la ropa nueva un día o dos en privado, en casa, antes de salir a la calle. Si un traje es demasiado perfecto hace que todos se fijen más en el traje que en quien lo lleva. No quiero que mi traje importe más que yo. El traje está para ayudarme a mí, no yo al traje, del mismo modo que Jesucristo dijo, con acierto indudable, que el domingo estaba hecho para el hombre y no el hombre para el domingo.

La perfección somete las cosas a la forma en la que son expresadas de una manera tan extrema que las hace insoportables o insulsas. Los bailarines que no se equivocan en un sólo paso, que mueven brazos, piernas, pies, dedos y barbillas con precisión milimétrica, son tan esclavos de su perfeccion que a menudo sufren durante días por un error que sólo puede haber percibido alguien tan obsesionado como ellos.

En el siglo XX el ballet se liberó en parte de la tiranía insoportable de la perfección y nació la danza contemporánea, que recuperó lo que era bailar y que habia sido olvidado a partir de la época reglamentista de Luis XIV. Pero algunas de las nuevas maneras de danzar también empiezan a oxidarse en normas y en una obsesiva y absurda búsqueda de la perfección. De vez en cuando, es cierto, surge un bailarín que parece capaz de alcanzar al mismo tiempo la perfección academica y la expresión vívida, que traspasa los limites. Estos bailarines suelen ser controvertidos en sus inicios, y al final son castigados en cuanto cometen un pequeño error, en cuanto el engranaje ya no no se mueve como una máquina sin fallo. No hay que olvidar que la crítica de danza a menudo la ejercen más bien jueces de gimnasia que a personas capaces de apreciar la belleza.

Lo cierto es que disfruto más con los pequeños espectáculos imperfectos que con esas grandes y virtuosas coreografías en las que no consigo ver a la persona que se ha vestido de artista.

También suelen gustarme las peliculas imperfectas, o que al menos lo parecen.

Shakespeare es imperfecto siempre o casi siempre y durante muchos años sus comentadores se han han asombrado al descubrirlo. No han podido ocultar la imperfeccion de Shakespeare. Y sin embargo, ellos y nosotros, casi todos nosotros, consideramos que Shakespeare es el más grande.

La explicacion de esta aparente paradoja tal vez sea sencilla y algunos la han intuido ya, al menos desde que Samuel Johnson escribiera su célebre Prefacio a Shakespeare: la grandeza y la imperfección no sólo no son términos opuestos, sino que se alimentan el uno al otro.

Cuando construimos un disco, una cinta, un CD, un archivo digital o una lista de  Spotify con nuestras canciones favoritas, nos sorprende descubrir, al escucharlo, que la suma de tanta belleza no iguala a lo que cada canción suponía por separado. Parece como si, por una vez, el todo fuese menor que sus partes. ¿Cómo es posible? La razón es sin duda que las cosas nos aburren cuando son iguales. Si cuentas siempre lo mismo y de la misma manera, el espectador, el oyente o el lector se aburrirá, pero eso sucederá tanto si lo que cuentas es muy lento como si es extraordinariamente movido.

Cuando todo permanece igual acaba cansando, porque el cerebro necesita novedad, al menos un cerebro sano, y si las cosas no cambian, el cerebro acaba acostumbrandose y busca cosas nuevas, a menudo fuera de la narración. Pero si todo cambia constantemente, el cerebro también acaba aburriéndose de la monotonía del cambio continuo. Se puede ser plano, monótono, tedioso y repetitivo por abajo, pero también por arriba. Se puede ser aburrido en lo mediocre y aburrido en lo sublime. ESo es lo que pasa cuando juntas canciones sublimes una detrás de otra.

Breclav-estacion

Escribí este texto en un viaje imperfecto y delicioso con Ana Aranda, precisamente cuando nos equivocamos al tomar un tren y, en vez de ir a Bratislava, en Eslovaquia, fuimos a Břeclav en Chequia.

breclav

Pasamos una noche en Břeclav y al día siguiente quedó este testimonio de que habíamos estado allí.

No parece razonable pensar que tantas imperfecciones en la obra de Shakespeare sean calculadas, pero tampoco se pueden atribuir sólo a la inconsciencia o la torpeza. Creo que, como todo artista, Shakespeare intentaba hacer las cosas bien, pero que no se preocupaba de eso hasta el punto de que sólo pensase en hacer las cosas bien. Probablemente preferia hacerlas, aunque fuera mal, que no hacerlas.

La imperfeccion, sencillamente, no tiene por qué buscarse: sobreviene inevitablemente.

La perfección, por el contrario, sólo puede existir si la buscas, y sólo la puedes conseguir si te ajustas a unas reglas trazadas previamente, si sigues unos cánones diseñados para la visión y la crítica puntillosa e inmisericorde de los expertos. Por eso, cuando los dogmas artísticos caen, suelen morir con ellos las obras que respiraban tan sólo en ellos: su dependencia era tan absoluta que apenas les queda nada propio. Sin embargo, a menudo sobreviven las obras imperfectas, las que no lograron ajustarse a esa perfección canónica.

Del mismo modo caen los sistemas filosóficos que se alzan como edificios perfectos: cuando ya a nadie le gusta ese tipo de arquitectura mental, tampoco interesan los muebles, pues estaban tan adaptados a la forma de las paredes que no pueden usarse en otra casa.

Las ideas, los argumentos y los conceptos que dependen en exceso de una metafísica concreta suelen morir con ella.

Cualquiera puede leer todavía lo que escribió Montaigne, pero sólo los profesores o los filósofos profesionales leen lo que escribieron Hegel o Kant. Afortunadamente, nadie es perfecto aunque lo pretenda, y algunas cosas de Kant, Hegel o Spinoza sobreviven a pesar de sus sistemas dogmáticos y perfectos.

Porque, como dije antes, el mayor defecto de lo perfecto es que resulta tan frío, formal y falto de interés como un traje nuevo. Da igual quien lo lleve porque lo unico que importa es el traje: los artistas perfectos lo unico que hacen es pasear un traje nuevo ante la vista del publico.

Breslau-iglesia

Břeclav

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[Escrito en Břeclav (Chequia), el domingo 9 de agosto de 2004: “Un error nos ha llevado a este pequeño pueblo checo en vez de a Bratislava, la capital de Eslovaquia. Aprovecho para corregir aqui este texto que escribi en Barcelona]

CUADERNO AUSTROHÚNGARO

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Originally posted 2014-11-10 16:01:31.

NO SMOKING (decía Varona)

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Inicié este diario secreto (Seingalt, en 2004) con una entrada dedicada al tabaco.

Ahora he encontrado un texto del filósofo cubano Varona que coincide con mi planteamiento, o yo con el suyo, pues él lo escribió en 1896. En mi caso no tiene mucho mérito, pero en el suyo, en un época en la que no se hacía ninguna campaña contra el humo, sino todo lo contrario, resulta asombrosa su claridad de ideas y la sencillez de sus argumentos, que considero irrebatiles. No es casual que este hombre fuera también feminista, evolucionista, (pero que rechazara el darwinismo social de su época), que tuviese como lema la frase de Buffon: “Recojamos hechos para adquirir ideas” y que dijera: “Respeta tu pensamiento; no lo prostituyas; no te hagas traición a ti mismo” (ver Semblanza de Enrique José Varona).

Aquí está su texto acerca del NO SMOKING, con una breve introducción de Luis Aguilar León.

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(sempliok.deviantart.com)

Cuando su amigo Enrique Hernandez Miyares se indigna al encontrarse en no se qué remoto rincón de Nueva York el aviso “No smoking”, Varona escribe unas aladas reflexiones sobre nuestro carácter [de los cubanos en particular] y el sentido social de la prohibición:

“Comprendo que nuestro viajero se haya indignado contra ese imperioso consejo, que recuerda tan inoportunamente que no vive uno solo en el mundo, y que no se puede inficionar a saciedad el aire que otro respira. Y me explico que, si alguna vez sorprendió en el claustro de su conciencia tal veleidad de anexionismo [de Cuba por EE.UU], haya abjurado de ellas con horror en el “smoking room”, entre las aromáticas espiras de humo de su habano. Quizás le parecería que un misterioso dedo iba trazando con ellas jeroglíficos que desarrollaban un dogma singular, refractario a nuestros usos, a nuestras ideas, a nuestra sangre, a nuestro criollismo bonachón y egoísta, que gusta salirse con la suya, aunque se apeste el prójimo.

“No smoking. Es decir, recuerda que todos te respetan y que debes respetar a todos. Recuerda que tu vecino del momento tiene los mismos derechos a tu consideración que tu vecino permanente. Recuerda que tus gustos no deben convertirse en el disgusto del que te acompaña. Recuerda que la máxima primera del código de la buena sociedad es: no molestes. Y recuerda que el hombre bien educado debe considerarse siempre en buena sociedad.

“No smoking. Es decir, para el buen concierto de los individuos en comunidad no hay nada insignificante. La lesión del derecho más pequeño resulta enorme. No prives a nadie de su aire puro. Respeta su olfato. No le irrites los ojos. Te indignas porque un desconocido te ha pisado un pie. Pues piensa que con idéntica razón se indigna él porque le arrojas a la cara una bocanada de humo. A ti te parece aromático, a el puede parecerle nauseabundo. Te molestas si te salpican de lodo. Otro puede molestarse porque le impregnas la ropa de olor a tabaco. Te exasperas porque esa buena señora sube al ómnibus con su falderillo. Pues a la buena señora tu cigarro le produce mareo. Lo conveniente para todos es, ni perro, ni cigarro, ni lodo, ni humo. Piensa siempre que la presencia de otro limita tus antojos, en la misma proporción que tu compañía limita los suyos. No se ha inventado, ni se inventara otra formula para andar en paz y sosiego por el mundo.”


(Publicado en Seingalt, diario secreto, el sábado 10 de julio de 2004)

Ver también: Menos humos



Cuaderno de Cuba

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Originally posted 2004-07-10 18:34:18.

Darwin y la ceguera

Al revisar unas notas que escribí en el siglo pasado (que bien suena eso… espero poder decir algún día: “Unas notas que escribí hace dos siglos), hacia 1999 y 2000, acerca de tres libros de Darwin, Humphrey y Gazzaniga, he encontrado una cita muy interesante de Darwin, que copio aquí junto al comentario que añadí en 2000:

“Durante años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados generales, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables.”
(Darwin, Autobiografía)

A menudo, es cierto, sólo encontramos aquello que buscamos. Nuestros prejuicios y expectativas condicionan nuestra observación y solemos ser ciegos a todo aquello que va en contra de nuestras hipótesis.

Tengo la sensación desde hace un tiempo de que este problema, que es semejante al punto ciego del que habla Goleman, se ha acentuado con el cambio de siglo y que se está extendiendo cada vez más una manera de ver el mundo que sólo es capaz de contemplar la parte iluminada. La que ilumina la propia linterna del que mira, dejando en la oscuridad todo lo demás.


(Publicado el 22 de abril de 2004 en Love at First Byte)


Cómo pensar mejor

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Originally posted 2012-05-05 13:03:21.

Ciencia y mística

Cuando Édouard Schure escribió Grandes iniciados, utilizó argumentos de la ciencia ortodoxa de entonces (siglo XIX o inicios del XX) para apoyar sus argumentos místicos. Ahora, quienes continúan en la estela de Schure siguen el mismo método y recurren a la ciencia para justificar las elucubraciones de sus místicos favoritos. Como es obvio, la ciencia de la época de Schure y la actual ya no es la misma. La ciencia ha cambiado, pero a los místicos que buscan el apoyo de la ciencia a sus teorías eso les da igual y retuercen la comparación, explicando las mismas propuestas de siempre, sea cual sea la actualidad científica. La vaguedad de sus argumentos les permite adaptarse a cualquier ciencia. Nada puede, en realidad refutar sus argumentos, sencillamente porque no se trata de verdaderos argumentos.

*******

Después de publicar lo anterior, recibí un comentario de Sarcástico:

“La ciencia ha cambiado”
Si llamas Ciencia al método científico estarías descalificando entonces a la antropología, la historia, la psicología, la filosofía…
La ciencia no ha cambiado, es la misma que, buscando respuestas cae en repeticiones mismas que, gente como tu critica y señala.
¿Acaso has visto tú un átomo? ¿O repites simplemente como se conforma uno por que así te lo enseñaron?
¿Cual es la diferencia entre eso y la repetición de las masas enajenadas de la Edad Media?

Mi afán es solamente decir que ciencia y mística no son tan distintas pero el divorcio dado debido al abuso de los que estaban en el poder en los 1000-1600 aun remite el estilo.”

En respuesta al comentario de Sarcástico escribí un largo comentario, que reproduzco aquí:

“Creo que quizá no me expliqué claramente, porque no me refería a lo que comentas.
No llamo ciencia al método científico, aunque creo que es difícil hacer ciencia sin seguir el método científico. Tampoco entiendo, por cierto, por qué el método científico no se puede aplicar a ciencias como la antropología, la historia o la psicología. En cuanto a la filosofía, la cosa es más compleja.
Tampoco creo que porque una cosa no sea científica sea por ello mala o incorrecta,  o que ello suponga una descalificación.
Lo que yo quería señalar en la entrada, cuando decía que la ciencia “ha cambiado”, era que la ciencia o las ciencias han cambiado en ciertos campos y en ciertos asuntos: la física de antes de Newton, la de Newton y la relativista de Einstein ofrecen explicaciones diferentes de los fenómenos, explicaciones que a menudo corrigen o refutan las anteriores.

Y si señalaba lo anterior, era para ponerlo en relación con los planteamientos de ciertas explicaciones más o menos místicas que intentan adaptarse a la ciencia del momento (a las explicaciones científicas del momento) para dotarse de prestigio.

A esos místicos, en realidad lo que diga la ciencia (errónea o acertadamente) no les importa: sólo lo usan como un medio para apoyar sus ideas previas. Asegurarán con dogmatismo y seguridad que el éter prueba la existencia de los ectoplasmas, pero si el éter deja de ser admitido por la ciencia, entonces serán los fenómenos cuánticos los que prueben la existencia de los ectoplasmas. Sus pruebas irrefutables de ayer ahora serán otras muy diferentes, lo importante es que sus creencias no cambiarán pase lo que pase, suceda lo que suceda.

En cuanto a la diferencia entre quienes “creen” en lo que dice la ciencia y “las masas enajenadas de la Edad Media”, pues sí, creo que hay bastante diferencia, la que media entre la atención prestada a un razonamiento coherente y la prestada a una afirmación dogmática.

La diferencia es, como decía el ceramista Bernard Palissy hacia 1600, que mientras que los místicos de su época hablaban de mil y una fantasías que nadie podía ver, el invitaba a cualquiera a que visitara su taller, donde por sí mismo podría experimentar y comprobar lo que afirmaba en sus libros y charlas.

Bernard Palissy

La diferencia es que la comprobación científica está al alcance de cualquiera, sin necesidad de ninguna revelación espiritual. No he visto un átomo, pero podría verlo en el acelerador de partículas del CERN, por ejemplo. Es cierto que hay otras partículas subatómicas que no se han visto, pero sí se pueden observar sus efectos, diseñar experimentos, hacer predicciones y comprobar, a la vista de cualquier persona interesada, si se cumplen o no.

Pero, insisto, precisamente la característica de la ciencia es que cambia. Por ejemplo, en el siglo XX cambió la idea que se tenía acerca de los átomos. No porque a un iluminado se le ocurriera, sino porque se propusieron nuevas hipótesis, se sugirieron experimentos que pudieran confirmar o refutar unas u otras teorías y porque esos experimentos, accesibles a cualquier interesado, obligaron a abandonar la antigua imagen.

A mí me gusta o me interesa la mística, o algunos aspectos de la mística, pero creo que es inevitable admitir que ciencia y mística son muy diferentes, en gran parte debido a eso que tu mencionas: el método científico.

Esa diferencia, por otra parte, es algo que admiten los propios místicos y, por supuesto, también los científicos.

Otro asunto es que las conclusiones de un místico y las de un científico puedan coincidir, que pueden hacerlo, por supuesto, pero esa es otra cuestión. Lo importante, lo que caracteriza a ciencia y mística, es cómo se llega a esas conclusiones. Se suele decir que la ciencia explica el “cómo” mientras que la mística se limita a afirmar el “qué”. No sé si es del todo correcto, porque la ciencia, en mi opinión, también explica el qué, pero ese qué lo explica, eso sí, a través del cómo. La ciencia suele hace afirmaciones modestas y las somete a escrutinio, mientras que los místicos hacen afirmaciones asombrosas pero no ofrecen ningún tipo de comprobación o falsación posible.

Cuando las observaciones, predicciones y experimentos de la ciencia muestran repetidamente un error, los científicos se ven obligados a modificar sus teorías y a menudo su visión del universo y la naturaleza, pero cuando un místico se entera de que la ciencia se ha visto obligada a cambiar sus explicaciones, eso no le afecta en absoluto: simplemente sigue diciendo lo mismo pero ahora jura y perjura que la nueva teoría científica también prueba sus afirmaciones y que el hecho de que se haya demostrado falsa la que antes servía de prueba no tiene la más mínima importancia..

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[Publicado por primera vez el 6 de junio de 2008]

De Schure también hablo en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas

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Ahora también en ebook y para descargar al instante en todo el mundo
(kindle, Ipad y cualquier lector electrónico o computador):

La verdadera historia de las sociedades secretas

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Originally posted 2012-03-06 12:01:14.

Los tres mundos de Popper

|| Memes, ideas y mundos /5

Dawkins admite en El gen egoísta que Popper desarrolló interesantes analogías entre la evolución cultural y la biológica y que también señaló las semejanzas entre el progreso científico y la selección natural.

Lo hizo ya en su Lógica de la investigación científica (1934), donde proponía:

“Una teoría acerca del aumento de conocimiento por ensayo y eliminación del error, es decir, por selección darwiniana más bien que por instrucción lamarckiana”[1]Popper, Busqueda sin término.

Estas ideas le llevaron a desarrollar la teoría de los tres mundos:

Mundo 1: el mundo de la física: las rocas, los árboles y los campos físicos de fuerzas; la química y la biología.

Mundo 2: El mundo psicológico. Los sentimientos de temor, esperanza, las disposiciones a actuar y todo tipo de experiencias, incluidas las subjetivas e inconscientes.

Mundo 3: El mundo de los productos de la mente humana. Las obras de arte, las instituciones, los valores éticos, las sociedades. Y especialmente los libros, las bibliotecas científicas, los problemas científicos y las teorías, incluidas las científicas.” [2]Popper, Busqueda sin término

 

La doctrina de los Tres Mundos de Karl Popper

Ahora bien, dice Popper, los libros, los periódicos y las bibliotecas pertenecen al Mundo 1, pero también al Mundo 3.

Dos ejemplares de un libro idéntico en el mundo 3 son dos objetos diferentes en el mundo 1, puesto que por muy iguales que sean, ocupan un lugar diferente. Esos dos libros diferentes en el Mundo 1 son el mismo objeto en el Mundo 3, porque su contenido intelectual es el mismo.

Se podría decir, añade Popper, que los dos ejemplares del libro del Mundo 1, los libros del mundo físico, son dos copias del ejemplar del Mundo 3. Popper va incluso más lejos y sostiene (al igual que lo hace, como se verá más adelante, la teoría “fuerte” de los memes) que el Mundo 2 y el Mundo 3 son reales, entendiendo por real todo aquello capaz de interactuar con el mundo 1, el mundo de las cosas físicas.

En el Mundo 1, el de las cosas que son materiales de manera evidente, no puede haber dos cosas iguales. La única excepción conocida al principio de los indiscernibles (que afirma que no puede haber dos objetos iguales en el Mundo 1) se encuentra en el El Museo de los Mundos Posibles y es el cuadro Las señoritas de Avignon. El lector puede comprobarlo viendo el cuadro pintado por Picasso y su copia perfecta e indiscernible en Picasso y los indiscernibles.

De este modo, Popper parece deslizarse hacia algún tipo de idealismo, muy semejante al idealismo platónico o teoría de los arquetipos o las formas, del que tal vez escapa al asegurar que esa interacción entre el mundo 1 y el 3 se hace a través del Mundo 2.

Algo parecido a Popper sostiene Dawkins:

“Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación. Si un científico escucha o lee una buena idea, la transmite a sus colegas y estudiantes. La menciona en sus artículos y ponencias. Si la idea se hace popular, puede decirse que se ha propagado, esparciéndose de cerebro en cerebro.”

La teoría de los memes, en consecuencia, puede considerarse una adaptación bastante fiel de la teoría de los tres mundos popperiana, con el añadido de un nombre para la unidad básica de transmisión cultural: meme.

Otros autores, de manera casi paralela a Dawkins han propuesto otros términos para definir esa unidad de transmisión cultural. E.O. Wilson y C.J. Lumsden proponen el término culturgen, y desarrollan en sus obras el aspecto cuantitativo relacionado con la transmisión de los culturgenes más detalladamente que Dawkins. Pero en la lucha mediática entre memes y culturgenes, parece que han sido mejores replicadores los memes.

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


Dawkins---el-gen-egoista-Daniel-Tubau

Memes, ideas y mundos

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Originally posted 2017-05-17 15:12:53.

Notas   [ + ]

1, 2. Popper, Busqueda sin término

Incendio en el museo

En la película de Woody Allen Balas sobre Broadway el dramaturgo David Shayne y sus amigos conversan en una terraza de Grenwich Village. Uno de ellos, Flender, propone un dilema clásico:

—Escuchad, digamos que se quema un edificio, y que sólo puedes salvar una sola cosa, o el último ejemplar de las obras completas de Shakespeare o bien un ser humano anónimo. ¿Qué haríais?

Se produce el habitual momento en el que todos hablan a la vez, como sólo sucede en la vida real y en las películas de Allen, y vemos que Shayne dice:

—No se puede privar al mundo de esas obras.

Flender y Shayne estrechan sus manos por el acuerdo, a pesar de que se escuchan voces, todas ellas de mujeres que expresan la postura contraria,  que no se puede dejar que un ser humano muera en un incendio a cambio de salvar un objeto inanimado. Flender exclama:

—No es un objeto inanimado. Es arte… ¡el arte es vida!

Otras variantes de este dilema nos hacen elegir entre un cuadro de Leonardo Da Vinci o el portero del museo, e incluso entre una obra maestra única en el mundo y un gato. Como es obvio, para que el dilema sea real para una persona concreta, en el lado de la obra de arte debe situarse algo que esa persona admire por encima de todas las cosas. Si la elección es entre La Mona Lisa y al oyente no le gusta ese cuadro no habrá dilema: salvará sin dudarlo al portero o al gato.

Quizá algún lector o lectora se esté preguntando si realmente hay personas que dicen que salvarían el cuadro. La respuesta es que muchas personas, en efecto, dejarían morir al gato en el incendio. La mayoría de quienes se inclinan por salvar la obra de arte son lo que se suele considerar intelectuales, personas con una amplia formación cultural, o bien artistas. En una curiosa encuesta que hicieron en Colombia  hace unos años compararon lo que respondía una reina de la belleza con lo que decían algunos intelectuales. El resultado es que la reina de la belleza dijo que salvaría al perro. Sin embargo, los intelectuales se inclinaron mayoritariamente por salvar el cuadro, aunque a veces con matices.  Una excepción ingeniosa fue la respuesta de Gabriel Ruíz Navarro: “Si el museo es colombiano, yo salvaría el perro, es más, metería todas las obras de Fernando Botero para que también se quemen”.

He hecho algunas prospecciones acerca de este dilema en Internet y parece, en efecto,  existir una diferencia en las respuestas relacionada con la cultura,  o al menos con la implicación en el medio cultural. Parece como si los intelectuales hubiesen descubierto que los seres vivos no son tan importantes como puede parecer de una manera más instintiva y espontánea, o que el arte está por encima del bien y del mal. Tendremos ocasión de profundizar en esta cuestión en otras líneas de sombra, pero ahora vale la pena recordar la respuesta que dan Woody Allen y su colaborador en el guión de Balas sobre Broadway a ese dilema. Porque toda la película es una respuesta a esa pregunta formulada en esa escena aparentemente sin importancia en la terraza de Grenwich Village.

Shayne y Cheech Trabajando en los billares

Shayne y Cheech Trabajando en los billares

Woody Allen, que siempre ha reconocido usar los trucos que aprendió como prestidigitador en sus películas, escribió esa escena para sugestionar a los espectadores, para prepararles para lo que va a suceder, pero lo hace sin que los espectadores lo adviertan. Muchos espectadores, como he podido comprobar en mis clases de guión, no se dan cuenta de que allí, en esa escena interesante pero aparentemente sin importancia narrativa, está la clave, o la premisa o la moraleja si se quiere, de Balas sobre Broadway: ¿Qué es más importante, el arte o la vida?

El dramaturgo David Shayne, como hemos visto, no duda en afirmar que lo más importante es el arte, pero se trata, como descubriremos, de una opinión de bohemio en una charla. Cuando su socio en la obra, el gangster Cheech, se ve enfrentado a ese dilema: elegir entre el arte (la obra que ha coescrito con Shayne) o la vida (una actriz horrible que destroza la obra) no lo duda. Elige el arte y decide matar a la actriz. Él sí es un verdadero artista o al menos él sí cree que el arte está por encima de todas las cosas, mientras que Shayne, enfrentado en la vida real al dilema de aquel café de Greenwich, descubrirá que piensa lo contrario de lo que dijo aunque tal vez ello se deba, como el propio personaje reconoce a que él no es “un verdadero artista”.


Las baldosas del infierno

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CUADERNO DE POLÍTICA

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Originally posted 2016-08-18 23:09:52.

Sherlock Holmes, científico

Alexandra von Schelling en la reseña y entrevista que se publicó en El Mundo (“Para que Watson sea como Sherlock”) proponía un destacado que me parece muy acertado: “El detective de Conan Doyle tiene un valor científico/moral: el inconformismo, la fe en la observación, el naturalismo…”

Para mostrar esas características de Sherlock Holmes, Alexandra explicaba que “el libro empieza por demostrar la genialidad del detective comparándolo con algunas de las grandes mentes pensantes de la Historia. Por ejemplo, el autor hace una comparación entre el crítico de arte Giovanni Morelli y su habilidad para distinguir entre cuadros sólo por la forma de una oreja y la habilidad de Holmes para encontrar pistas en detalles minúsculos como el orificio de un pendiente. Lo compara con Francis Bacon y con otros filósofos naturalistas como Robert Hooke porque Holmes desmenuza el misterio igual que los filósofos desmenuzan el universo. Y mejor aún, da un consuelo ‘sherlockiano’ a las personas que piensan que el mundo es rutinario: contra la depresión, un poco de ‘pensamiento Holmes’.”

Holmes en su laboratorio casero - Dorr Steele

Acerca de la relación de Holmes con la ciencia y de la pequeña o gran injusticia que se cometen o cometemos los holmesianos con Arthur Conan Doyle, conté en aquella entrevista:

“Curiosamente, Holmes es un personaje que ha superado el autor. En diversas disciplinas científicas se habla de los métodos de Holmes en vez de los métodos de Conan Doyle; parece que todo se le ha ocurrido a Holmes en vez de a Doyle. Los holmesianos investigan el personaje como si fuera real, como los cristianos investigan a Jesucristo. En los estudios forenses, por ejemplo. en todo lo que está relacionado con la escena del crimen, Holmes logró tener influencia: el hábito de fijarse específicamente en los detalles que pasan desapercibidos en principio… Se fija en las huellas, en las pisadas, en cualquier pequeña marca que pueda conducir a la solución. Cuando Conan Doyle viajó a Egipto, descubrió que la policía de Egipto usaba sus cuentos de Sherlock Holmes como un manual. No era una lectura, era un manual”.

 


La entrevista de Alexandra von Schelling a propósito de No tan elemental se publicó en El Mundo el el 30 de enero de 2014.


Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
(y en: Amazon, La FugitivaRafael Alberti, Laie…)


 

Entradas holmesianas no tan elementales

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Originally posted 2015-01-01 13:50:23.

La relatividad del relativismo

nube-palabra-abstracta-para-relativismo-con-etiquetas-y-terminos-relacionadosAlgunos pensadores tienen la curiosa costumbre de defender una idea con ardor hasta lograr que signifique lo contrario de lo que siempre ha significado. Uno de los éxitos más recientes en este sentido el de esa corriente antropológica, luego filosófica, luego política y luego popular y cotidiana que se conoce como “relativismo”. Naturalmente, no me estoy refiriendo a la teoría de la relatividad de Einstein, ni siquiera al relativismo epistemológico sino tan sólo al relativismo cultural.

El relativismo cultural nació de una idea muy sana y razonable, la del respeto a otras personas y a otras culturas, la idea de la tolerancia, la amplitud de miras y el rechazo al dogmatismo y el etnocentrismo. Pero esa idea sana y muy recomendable acabó enfermando hasta convertirse en lo que es hoy: una justificación del abuso, la crueldad, la discriminación y cualquier otra cosa… que haga una cultura ajena.

Todo queda justificado y tolerado siempre que proceda de una cultura que no es la nuestra, porque cualquier barbaridad que alguien pueda cometer ya no puede ser juzgada si pertenece a otra cultura. De este modo, el relativismo cultural se ha convertido en el mejor ejemplo de aquello que decía Chesterton: “El error es una verdad que se ha vuelto loca”. Es una de esas verdades que eran válidas en ciertos contextos, en cierto campo de acción, pero que se vuelven locas al querer aplicarlas de manera absoluta e indiscriminada a todo lo existente.

Es obvio que Freud hizo muy bien al descubrir o redescubrir el gran papel que la sexualidad tiene en la infancia, lo que causó el mayor de los escándalos en su época, pero que hoy aceptamos con bastante naturalidad aunque todavía no con toda la naturalidad deseable. Pero cuando Freud convirtió su descubrimiento en una explicación para todo lo que existe, entonces esa verdad se volvió loca y se convirtió en un error. Lo mismo le sucedió a su discípulo heterodoxo Adler, que descubrió la importancia del ansia de poder y que entonces decidió explicar ahora por el poder todo lo que antes Freud explicaba por el sexo.

El relativismo también tiene entre sus precursores a muchas personas justamente célebres. A todos los que se separaron ya hace varios siglos del etnocentrismo, un vicio habitual en casi cualquier cultura, porque el etnocentrismo no es sólo eurocentrismo, sino también africanocentrismo, cristianocentrismo, incacentrismo, aymaracentrismo o sinocentrismo (no en vano los chinos llaman a su país Zhong Guo o País del Centro). En Europa, hace varios siglos, algunos pensadores se opusieron a esa obsesión por la superioridad de las normas de la propia cultura. Lo hizo Montaigne, lo hicieron muchos de los ilustrados franceses y lo hizo Goethe, que se atrevieron a mirar más allá de sus fronteras nacionales o étnicas. No sólo sintieron una curiosidad enorme hacia otras culturas, sino que también intentaron escuchar lo que decían otras gentes, aplicando lo que entonces se llamaba tolerancia, una palabra que quizá suena demasiado paternalista pero que sigue siendo válida, como intentaré demostrar más adelante.
MontaigneMontaigne, en su ensayo De los caníbales (que inspiró a Shakespeare La tempestad y su personaje Caliban), se preguntó si no tendrían razón algunas de esas personas “primitivas” que los europeos se habían encontrado en América. Se aventuró a sugerir que algunas de sus prácticas serían beneficiosas y aplicables en Europa, incluso el canibalismo, y que muchas de las nuestras eran más bárbaras que las suyas. Sin embargo, eso no le hizo justificar  las prácticas crueles o sanguinarias. Diderot, en su Suplemento al viaje de Bouganville, se hizo preguntas semejantes y se mostró partidario de lo que se suponía que practicaban los habitantes de Tahití: una especie de amor libre en el que el concepto de fidelidad era considerado absurdo.

Emperador Ming-Muchos otros, como Leibniz o Voltaire admiraron algunas formas de organización del Imperio Chino, pero no cayeron en una idealización de lo chino exagerada, como han supuesto algunos historiadores, puesto que la China de la que les llegaban noticias era la de la dinastía Ming, en ese momento probablemente más avanzada en muchos sentidos que Europa. Tras la caída de los Ming a manos de una dinastía extranjera, la de los manchúes, la Qing, China perdió esa ventaja y todavía no la ha recuperado, aunque es posible que lo haga en las próximas décadas. Pero la admiración hacia la dinastía Ming estoy seguro de que no les haría justificar (si lo hubieran conocido, cosa de la que no estoy seguro) prácticas abominables como el vendado de pies de las mujeres.

Goethe, Diván de Oriente y Occidente

Goethe, Diván de Oriente y Occidente

Por su parte, Goethe, se interesó por el Lejano Oriente, pero también por la gran cultura del Islam, y con su Diván de Oriente y Occidente buscó lo mejor de los dos mundos e incluso se consideró a sí mismo musulmán, entre otras muchas cosas que Goethe se consideraba, como panteísta, siempre a su manera única, moderada y extravagante al mismo tiempo.

Todos estos escritores y filósofos no es que fueran tolerantes de una manera paternalista, sino que estaban realmente interesados en aprender lo que otras culturas y  gentes educadas de distinta manera pudieran enseñarles. Su investigación y comparación con lo diferente les llevaba a proponer mejoras para su cultura, pero también para la ajena.

Por el contrario, los relativistas culturales, a pesar de proclamar ardientemente su respeto a las otras culturas, adoptan una actitud peor que cualquier paternalismo, porque son quienes más desprecian a las culturas ajenas, al no considerar ni siquiera posible discutir con ellas. Porque, en efecto, sucede que en una conversación franca y equilibrada uno debe estar dispuesto no sólo a cambiar de opinión sino también a intentar que el otro cambie de opinión dándole buenos argumentos, precisamente porque lo respeta y lo considera un interlocutor que es capaz de escuchar y que acepta llegar a ser convencido. El buen relativista cultural, por el contrario, está dispuesto a escuchar y entender el punto de vista ajeno, pero por alguna extraña razón, tan solo de la misma manera que un psicoanalista escucha pacientemente a su paciente o un cura a su pecador. Convierten cualquier diálogo en un monólogo de una única dirección. La diferencia es que el psicoanalista y el cura se reservan el veredicto final. Los antropólogos relativistas, puesto que no quieren juzgar, han concluido que tampoco deben dialogar.

Otro defecto más grave de los relativistas culturales es que cuando dicen respetar a una cultura, en realidad lo que hacen es respetar a los poderosos de esa cultura, a aquellos que, escudándose en tradiciones culturales, abusan de sus ciudadanos, que a la mayoría de las veces ni siquiera son ciudadanos, sino tan sólo súbditos, siervos o esclavos.

Las culturas, sin embargo, no son entes homogéneos, sino una mezcolanza de tradiciones, costumbres, obras literarias y orales, discusiones y debates, que son llevadas a cabo por personas de carne y hueso, cada una con sus propias opiniones acerca de lo que esa cultura es o debe ser. Hay personas que aunque pertenecen a una cultura no se sienten identificadas con ella, y también, por supuesto, hay variedades culturales muy diversas en una misma cultura, con valores a veces opuestos. A todas esas personas, a todas esas posibilidades, los relativistas las olvidan y las subsumen en una construcción teórica llamada “Cultura”, en cuyo nombre todo es justificable.

Hace poco pudimos escuchar a uno de estos relativistas culturales decirlo claramente: “Su ideología fue el desencadenante de sus acciones, que deben ser consideradas desde el punto de vista de la cultura a la que pertenece”. Y no, por tanto, desde la nuestra.

¿Qué quería justificar este relativista cultural con esa apelación a una cultura diferente?

El asesinato de 77 personas en Noruega a manos de un tal Breivik. A continuación, ofrezco las palabras del abogado de Breivik, y espero que el lector esté de acuerdo en que no he manipulado su sentido al parafrasearlas hace un momento:

“La violencia no fue el factor desencadenante de sus acciones, sino su ideología política radical. Sus acciones deben ser consideradas desde el punto de vista de la cultura de la extrema derecha”.

MussoliniLa defensa es coherente con la que hacen los relativistas culturales, aunque ellos suelen aplicar sus argumentos a los sacrificios humanos, la ablación del clítoris, el uso del velo, es decir, a cualquier cultura que no sea “occidental”.

Mucho tiempo antes, otras personas dijeron cosas semejantes a lo que dijo el abogado de Breivik, como Mussolini, cuando dijo que los sabios de Europa pensaban que no se podían discutir o juzgar culturas ajenas. Eso le hizo llegar a la conclusión de que, puesto que no se pue­den com­pa­rar de manera racio­nal ideas pro­ce­den­tes de diver­sas cul­tu­ras para intentar encontrar una verdad más o menos objetiva, lo único que queda es la fuerza:

 “Si el relativismo significa desprecio por las categorías fijas y por los hombres que aseguran poseer una verdad objetiva externa…, entonces no hay nada más relativista que las actitudes y la actividad fascistas” (Mussolini en 1923).

Este discurso de Mussolini, en el que una y otra vez se declara relativista, es una elocuente muestra de que el relativismo cultural es el camino más breve para justificar lo que parece  (pero solo lo parece) su opuesto: el etnocentrismo, es decir, la creencia que afirma que la propia cultura es superior a las demás, que, como dije más arriba, es lo que han sostenido y sostienen casi todas las tradiciones culturales. El relativismo cultural, por lo tanto, no es otra cosa que la generalización universal de la creencia en la superioridad de la propia cultura, que ahora se aplica, de un solo golpe, a todas las culturas posibles: si alguna cultura opina X, entonces X es bueno.

Por mi parte, frente a ese falso respeto de los relativistas culturales por “los otros”, prefiero a los antiguos defensores de la tolerancia y el diálogo, capaces de escuchar y también, por supuesto, de discutir y de cambiar sus propias ideas, algo que no se puede hacer si uno ha renunciado a tener ideas.


[Publicado el 27 de junio de 2012]


RELATIVISMO

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Originally posted 2014-11-17 23:44:29.

Las Ideas de Platón

|| Memes, ideas y mundos /12 ||

Cada cierto tiempo, la teoría de las Ideas de Platón es recuperada y adaptada a las circunstancias presentes. No es extraño, ya que se trata de una teoría muy sugerente y es también muy difícil escapar a su encanto. Yo mismo he desarrollado una interpretación sui generis con la que no voy a fatigar aquí al lector (me refiero a Que nada se crea).

Pero, ¿en qué consiste exactamente la teoría de las ideas de Platón?

Lo explicaré de manera muy simplificada: Platón opina que existe un mundo superior a este terrenal en el que vivimos y que en ese mundo se encuentran las Ideas o Arquetipos de todo lo que existe. Ese mundo de las Ideas es el de la realidad inteligible o pensable, en el que las cosas son inmateriales, eternas, permanentes e indestructibles, mientras que el mundo en el que habitamos es la realidad sensible, en el que las cosas son materiales, impermanentes, corruptibles y por supuesto perecederas o mortales. El mundo sensible en el que vivimos es una copia del mundo inteligible.

Los gatos de nuestro mundo (el mundo sensible o material) son una copia del gato perfecto del mundo inteligible (el Mundo de las Ideas o Arquetipos)

Y sigue diciendo la teoría platónica de las Ideas:

“La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o “cosas”, hallándose en un constante devenir, nunca podrá decirse de ellas que verdaderamente son. Además, sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento o “episteme”, mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo son susceptibles de opinión o “doxa”.” (webdianoia)

Con una definición como esta, podríamos pensar que lo que Platón quiere decir es que las Ideas, Arquetipos o Formas ideales son los conceptos mentales, aquello que también llamamos vulgarmente ideas. Este es un sentido en el que puede interpretarse, y la verdad es que es un sentido muy fructífero, pero Platón lo rechaza, como se explica en Webdianoia:

“En cuanto a las Ideas, en la medida en que son el término de la definición universal representan las “esencias” de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto; pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto, por lo que las Ideas platónicas no son contenidos mentales, sino objetos a los que se refieren los contenidos mentales designados por el concepto, y que expresamos a través del lenguaje. Esos objetos o “esencias” subsisten independientemente de que sean o no pensados, son algo distinto del pensamiento. Las Ideas son únicas, eternas e inmutables y, al igual que el ser de Parménides, no pueden ser objeto de conocimiento sensible, sino solamente cognoscibles por la razón. No siendo objeto de la sensibilidad, no pueden ser materiales.” (webdianoia)

Para quienes no estén familiarizados con la terminología filosófica, traduzco el párrafo anterior: las Ideas no son los conceptos mentales, sino que son el modelo de esos conceptos mentales. Existen más allá del pensamiento. Existirían aunque nadie pensara en ellas. Eso sí, como no son materiales, no pueden ser vistas o percibidas por los sentidos, sino tan solo por la razón.

El problema que se plantea entonces es: puesto que esas Ideas son inmateriales y no tienen ninguna conexión con el mundo material, ¿cómo es posible la comunicación entre ambos mundos?

La respuesta de Platón es que las cosas participan o imitan a las Ideas:

“Por lo que respecta a la relación entre las Ideas y las cosas, expone Platón dos formas de relación: la imitación y la participación. La semejanza mutua que existe entre los objetos es el resultado de la imitación de un modelo que permanece él mismo inmutable” (webdianoia).

Es decir, las Ideas siempre permanecen iguales a sí mismas y son las cosas las que cambian e imitan o participan de esas ideas.

¿Y qué relación tiene todo esto con los memes de Dawkins?

La primera relación es obvia: las cosas imitan a las Ideas. La imitación, la mímesis, es, según nos dice Dawkins, el origen de la palabra meme. Pero la similitud entre las Ideas platónicas y los memes dawkinianos (y sus diferencias también) serán examinados en el próximo capítulo.

Continuará…

 


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


Dawkins---el-gen-egoista-Daniel-Tubau

Memes, ideas y mundos

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Originally posted 2017-09-02 19:27:40.

Precedentes de los memes

|| Memes, ideas y mundos /4

En El gen egoísta, Dawkins, como ya hizo al hablar del egoísmo de los genes, también señala unos cuantos precedentes de su teoría de los memes:

La analogía entre la evolución cultural y la genética ha sido frecuentemente  señalada, en ocasiones en el contexto de innecesarias alusiones místicas. La analogía entre progreso científico y evolución genética por selección natural ha sido ilustrada especialmente por sir Karl Popper. Desearía adentrarme algo más en algunos sentidos que también están siendo explorados, por ejemplo, por el genetista L. L. Cavalli-Sforza, el antropólogo F. T. Cloak y el etólogo J. M. Cullen.”

Karl Popper, en efecto, comparó la lucha entre teorías científicas con un proceso de selección cultural que podía tener similitudes con el de la selección natural. También propuso que debemos dejar el asunto de la vida y la muerte en manos de esas teorías, hipótesis o conceptos: que se maten nuestras teorías entre ellas, en vez de hacerlo nosotros, lo que parece muy razonable.

Jordi Cortés Morato añade otros precedentes:

“Por otro lado, vista desde la perspectiva de la filosofía, la doctrina de los memes tiene antecedentes en tesis clásicas. En cierta forma puede verse como un peculiar desarrollo de la teoría de las ideas platónicas; de la teoría averroísta del entendimiento agente; como una interpretación de la filosofía del espíritu de Hegel o de la teoría de la ideología de Marx, o de la diferencia husserliana entre noesis y noema; e incluso se podría relacionar con las tesis orteguianas sobre las generaciones. Pero su proximidad mayor es con la teoría de los tres mundos de Karl Popper y su defensa de un conocimiento objetivo sin sujeto cognoscente.”

Tengo la intención de analizar más adelante algunas de estas teorías, una vez que conozcamos en detalle la hipótesis de los memes de Dawkins.

Finalmente,  Alberto Piscetelli menciona otro curioso precedente:

“Esbozada formalmente en el último capítulo de la obra The Selfish Gene (El Gen Egoísta) del etólogo Richard Dawkins, esta teoría tiene sus precedentes en la obra The Ticket that Exploded (El Ticket que Explotó) del escritor y poeta “beat” William Burroughs.”

Ya habrá ocasión de comentar más adelante la extravagante pero interesante hipótesis de Burroughs según la cual, la palabra escrita es un virus que infectó a la especie humana.

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN A LA BIOLOGÍA MOSCA Y CAJA

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Originally posted 2017-05-14 13:52:32.