El espectador en La aventura del saber

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El 5 de noviembre de 2015 se emitió la entrevista que me hizo Salvador Valdés en “La aventura del saber”, en Televisión Española. Ahora también puedes verla aquí.

 


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El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

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Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

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Originally posted 2015-11-10 11:14:13.

Montaje ideológico e idealógico
[El cine mudo sonoro y el montaje 3]

kuleshov_effectEn capítulos anteriores….

¿El cine fue mudo alguna vez? Esa era la pregunta en El sonido antes del sonido.
tras el período primitivo del cine mudo, se consideró que la música podía jugar un papel semejante en el manejo de la emoción del espectador como el que jugaba el montaje, por ejemplo al modificar sensaciones mediante el orden en el que eran presentadas las imágenes (relaciones de causa-efecto). La música podía competir con el efecto Kuleschov. 

El poder del montaje

Mecanismos como el efecto Kuleschov, que por supuesto no se descubrió en el laboratorio de Kuleschov sino que ya era conocido por muchos cineastas desde los inicios del cine, mostraron el poder del montaje para manipular las emociones de los espectadores, a veces de manera metódica y sistemática.

En ciertos casos, especialmente en el cine de Eisenstein, que fue alumno de Kuleschov, el montaje fue puesto al servicio de la manipulación ideológica e idealógica. Se trata de un mecanismo que ataca al mismo tiempo a la emoción y al intelecto. Entendemos una determinada yuxtaposición, como la que asimila a Kerensky con un pavo real tanto desde un punto de vista intelectual (“Kerensky es tan presuntuoso como un pavo real”) como emotivo e instintivo (“Qué ridículo es Kerensky””).

El retrato de Kerensky en Octubre

Sergei_Eisenstein_with_skullLa de Eisenstein es una manipulación tan burda, tan afín a eso que se llama publicidad subliminal, que resulta asombroso que haya sido alabada como una conquista expresiva del cine, pero lo cierto es que hay que admitir que Eisenstein consiguió lo que se proponía: definir para siempre la figura de Kerensky, hasta el punto de que muy poca gente sabe que Kerensky fue uno de los principales responsables de la revolución rusa de febrero (la que depuso el poder zarista), que era socialista (menchevique y después independiente) y partidario de la democracia y que expulsado del poder por los bolcheviques de Lenin mediante un golpe de estado (la llamada Revolución de Octubre) para impedir que fuera legitimado de nuevo en las urnas. Todo esto fue olvidado durante décadas (Kerensky murió en 1970) gracias a esas imágenes de Octubre.

En Las paradojas del guionista cité unas reflexiones muy ilustrativas de Eisenstein:

danton

Camille Desmoulins y danton

“En su artículo «Del teatro al cine», Eisenstein recuerda con todo candor cómo uno de los mejores montadores rusos, Benjamin Boitler, cambió el sentido de una película eliminando tan sólo un plano: “No puedo resistir el placer de citar aquí un montaje, un tour de force… ejecutado por Boitler. El film, importado de Alemania, era Danton, con Emil Jannings. En nuestras pantallas la escena se representaba de este modo: Camille Desmoulins es condenado a la guillotina. Danton, profundamente agitado, se precipita a casa de Robespierre; éste vuelve la cabeza y se seca lentamente una lágrima.
El subtítulo decía aproximadamente: «En nombre de la libertad debo sacrificar a un amigo». Excelente. Pero ¿quién podría adivinar que en el original alemán Danton… corría en busca de Robespierre y le escupía en el rostro? Este salivazo era lo que Robespierre se secaba con el pañuelo.”robespierre Es un ejemplo perfecto de montaje ideológico y muestra con claridad que en todo arte secuencial el espectador establece inevitablemente relaciones de causa y efecto entre una imagen y la siguiente. Si vemos a Danton escupiendo y después el rostro de Robespierre, no suponemos que Robespierre llora o que está lloviendo, sino que ha recibido el salivazo de su enemigo. Pero si se elimina la imagen de Danton escupiendo, entonces la relación de causa y efecto se establece entre el enfado de Danton y el llanto del sensible, pero inflexible en su defensa de la Revolución, Robespierre, obligado a sacrificar a un amigo por un causa superior”.robespierre-danton

La película a la que se refiere Eisenstein es el Danton que dirigió Dimitri Buchowetzki en 1921. A continuación ofrezco esa escena que Boitler remontó, primero en su versión original y después más o menos como debió quedar tras aplicársele el montaje ideológico soviético. Yo mismo o he suprimido ese momento en el que Danton escupe a Robespierre y, en efecto, da la impresión de que el Incorruptible se seca una lágrima.

La escena original de Danton

Danton editada al estilo Boiler

Continuará….

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En lo referente al uso de la música en el cine mudo sigo el texto de Pablo Iglesias Simón  “La función del sonido en el cine clásico de Hollywood durante el período mudo”, muy recomendable. Puedes encontrarlo en su web personal.

Agradezco a mi hijo Bruno el haber conseguido encontrar la película “Danton”, lo que me ha permitido editar el fragmento al estilo de Boitler.

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El cine antes del cine/El cine mudo sonoro

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ENTRADAS DE CINE

El deus ex machina y el diabolus ex machina

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Página de Las paradojas del guionista

En este sitio web puedes encontrar todo tipo de contenidos relacionados con Las paradojas del guionista: entradas acerca del libro, noticias y presentaciones, críticas y comentarios… Sin embargo, casi todas las entradas presentan nuevos contenidos, a veces para matizar o enriquecer algo que se dice en el libro, en otras ocasiones para tratar asuntos que no pudieron desarrollarse a fondo en el libro. A continuación, se muestran las entradas, ordenadas en categorías o secciones.

Las 38 paradojas del libro y algunas más

Se enumeran las paradojas que aparecen en Las paradojas del guionista, pero se añaden nuevas ideas y consideraciones, a veces mostrando que incluso existen interesantes excepciones no ya respecto a las normas y reglas, sino también respecto a las propias excepciones.

El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


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Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

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Promete pero no cumplas
Paradoja nº10

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Todos los métodos son buenos, incluso los malos

Paradoja nº27


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La mejor manera de mostrar algo es no mostrarlo nunca del todo
Paradoja nº6

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Las 38 paradojas del guionista (y algunas más)

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Decir que no se deben dar normas es dar una norma
Paradoja nº1

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El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note
Paradoja nº4

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La meta del viaje es lo de menos, lo que importa es el camino
Paradoja nº9

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Se debe proporcionar información sin que parezca información
Paradoja nº5

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Reglas y excepciones (Las paradojas del guionista)

Las paradojas del guionista– Entradas y críticas

Fe de erratas

|| Las paradojas del guionista


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Las paradojas del guionista (y de cualquier otra persona)

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Un paradójico libro de guión (para guionistas de verdad)

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MUNDO AUDIOVISUAL: cine, guión y series

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LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA

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¿Quieres ser guionista?, pues olvida todo lo que sabes

Judit Pérez en Nosotras.com


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El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo digital

El futuro de la narrativa en el mundo digital “Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.”

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CURSOS DE GUIÓN

Originally posted 2014-05-20 13:43:49.

Viejas y nuevas fórmulas de guión

brasil-encontros

Un nuevo vídeo del coloquio que mantuve el 11 de septiembre de 2015 en Encontros de cinema en Sao Paulo, junto  a Elena Soares, Adirley Queirós y Thiago Dottori. Elena Soares me preguntó acerca de la tendencia actual a crear historias sin conflicto, sin una estructura definida.

[TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO]

[La parte de Elena Soares la he transcrito muy por encima, pues mis conocimientos de portugués no dan par mucho más, pero creo que el sentido de su intervención queda muy claro]

ELENA SOARES: Cuando he hecho consultoría para gente más joven, en relación con los americanos de Sundance… y los chavales todos de veinte años… Y todos tenían “¡Pavor al conflicto! No sé si te pasa a ti con tus alumnos… Horror al conflicto. Y les hablas de la forma, les hablas de conflicto y ellos: (con desgana): “Ah sí… ea”

Yo hablaba… yo…. Yo sé muy poco de técnica. Pero tiene que pasar algo, tiene que tener una transformación del personaje. Y ellos: “No…”

Hace poco tiempo hice una presentación con un profesor de guión y fuimos a ver una película que… no tiene arco no tiene trama, no tiene conflicto… Es una tendencia.

Así que yo pregunto. Será este el fin de los manuales de guión. No sé si esto te pasa con tus alumnos

DANIEL TUBAU: Sí, bueno, sucede también porque ha habido una crisis de las estructuras clásicas, las estructuras clásicas del guión ahora se están poniendo en entredicho por eso que decía antes, porque se han seguido de manera muy dogmática y ha sucedido una cosa muy curiosa, que la estructura del guión, que era una ayuda para construir un relato y que todo tuviera sentido, al final se ha hecho tan dominante, que ha hecho que toda la narración, por ejemplo el cine de Hollywood, se ha hecho absolutamente previsible. Pero es absolutamente previsible no por el contenido, sino por la forma. La forma es muy previsible: los tres actos, el punto de giro colocado aquí, etcétera. Ahora el personaje va a tener un conflicto, va a dar un paso al mundo extraordinario y se va a volver tonto durante una hora de película. Los personajes en las películas de Hollywood se vuelven tontos… y al cabo de una hora recuperan la cordura milagrosamente, se dan cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos y sus verdaderos enemigos y… Y claro, está bien, pero se ha hecho muy previsible. Es como en el cine mudo que los malos tenían que tener bigote, ¿no?

Hitchcock hizo una película, “El Ring”, donde pone un malo sin bigote y al final sin embargo, cuando lo encarcelan, la reja de la celda le hace un bigote y ahí está el bigote del malo porque siempre tiene que tener bigote, ¿no?

Hitchcock - Blackmail

Blackmail, de Alfred Hitchcock. En realidad, el bigote al que me refiero de Hitchcock no es en The Ring, sino en Blackmail (La muchacha de Londres). Hitchcock se lo cuenta así a Truffaut: “Hice una cosa curiosa en esta escena, un adiós al cine mudo. En las películas mudas, el malo generalmente llevaba bigote. Yo mostré al pintor sin bigote, pero la sombra de una reja de hierro forjado, colocada en el decorado de su estudio, le dibuja encima del labio superior un bigote más verdadero y más amenazador que el real.”

Pompidou

El centro Pompidou con toda su estructura en el exterior y a la vista de todos

Y con la estructura ha pasado un poco como con la arquitectura moderna donde se ve la estructura como el centro Pompidou en París. Pues con la estructura del guión ha pasado un poco esto. Vamos al cine, sobre todo con todas las las películas de Hollywood y todo… no sabemos exactamente qué va a pasar en cuanto a contenido pero sí que sabemos esta tonalidad, qué tipo de acciones van a suceder ahora, qué dificultades y cómo va la cosa a ir girando. Y entonces (existe) esta previsibilidad.

(Pero ahora), también gracias a las series de televisión, por lo que se ha llamado la edad de oro, de las series de televisión “The Wire”, “Mad Men”, “Los Soprano”, etcétera han cambiado también la narrativa, ¿no? Por ejemplo, el creador de Los Soprano, David Chase, o el creador de Mad Men, Matthew Weiner, ellos dicen que ellos no usan la estructura en tres actos, que nunca han pensado en la estructura en tres actos y que para ellos no tiene ningún sentido… Que ellos usan lo que era un anatema y que estaba prohibido para un guionista, que es la estructura episódica. Ellos plantean diversas situaciones que, por la acumulación de situaciones, al final va surgiendo la intensidad y la densidad de la narración. No porque tú hagas unos ganchos muy claramente establecidos que te van llevando una cosa u otra sino que, por ejemplo…

Claro, estas series tienen un pequeño problema que es que hasta que no has visto cuatro o cinco capítulos no empiezas a entrar en la historia. A partir de que has visto cuatro capítulos  entonces ya te enganchas y te parece maravilloso, pero los primeros, como no tienen los ganchos habituales que han tenido siempre las series o las películas, pues no es una cosa adictiva no cómo aquellas.

Y bueno, pues ahí esta crisis de la narrativa en tres actos… Sí que es verdad como decir es que toda historia, todo relato tiene un planteamiento, un desarrollo, un desenlace, eso es evidente, pero la identificación entre planteamiento, desarrollo y desenlace con tres actos, eso yo creo que es un error. Una obra puede tener diez actos y tener también planteamiento desarrollo y desenlace. Incluso puede que el planteamiento, desarrollo y desenlace, como decía Godard, el director francés, puede tener planteamiento, desarrollo y desenlace toda historia, pero no necesariamente en ese orden. Puede qué esté primero el desenlace y luego el planteamiento. Y, bueno, entonces pues hay esta crisis… también se buscan nuevas estructuras, por ejemplo en cinco actos se intenta recuperar una estructura en cinco actos como la shakesperiana se atribuye a Shakespeare la estructura en cinco actos, lo cual también es mentira.

También es mentira, igual que Aristóteles… (aprovecho para decirlo) es mentira que Aristóteles diga que una historia debe tener tres actos. Es falso. No lo dice en ningún lugar de la Poética. Si lees la Poética atentamente verás que no lo dice.Dice que puede tener 3, 4 o 5… dice varias longitudes, y dice que la epopeya …la épica, es decir, la Ilíada y la Odisea, son episódicas precisamente, como las nuevas series de televisión, que también son episódicas en el sentido de la Ilíada y la Odisea: varios acontecimientos todos sumados, te van dando la historia. Se va creando una estructura pero no una estructura previa, sino que va surgiendo de tu propio trabajo.

Y bueno, la estructura de Shakespeare, estaba diciendo, la de 5 actos tampoco es de Shakespeare, él no dividió sus obras en actos, sino que es una cosa posterior, de 1700. aunque hay alguna teoría que dice que en las últimas obras de su vida a lo mejor las dividió en actos parece que los actos de las obras, en el teatro, surgieron porque se empezó a representar el teatro en lugares cerrados y tenían que poner velas. Tenían velas, candelas, y entonces las velas se consumían durante el acto y había que parar para volver a encenderlas y de ahí vienen los actos. O sea que en realidad no había actos en la las obras de teatro isabelinas, sino que es una cosa posterior.

Pues estamos en esa crisis. Tus alumnos también.. no sé si habéis visto la película “Adaptation”, con guión de Charlie Kaufman y  dirección de Spike Jonze se llama “El ladrón de orquídeas” (Adaptation), esa es una crítica a las teorías de guión y especialmente a Robert McKee. Es una crítica muy muy dura a las fórmulas mágicas, digamos, a las fórmulas mágicas de guión, donde colocas algo en un lugar determinado de la estructura y entonces te [funciona todo]. Y bueno, pues yo creo que estamos en esa crisis …y entonces se buscan nuevas fórmulas.


Seguramente se podría hablar mucho acerca de las viejas y de las nuevas fórmulas, porque, aunque aquí me he referido a lo que de bueno ha tenido el que recetas gastadas por lo previsible sean puestas en cuestión, pero también sucede, como bien dice Elena Soares, que el que abandones las fórmulas mágicas de las últimas décadas no garantiza que cuentes algo que le interese al espectador. La mayoría de esas historias deslavazadas, con una estructura atípica, sin conflicto, con protagonistas apáticos son tan o más aburridas que las historias que siguen a rajatabla estructuras como el paradigma. Y tampoco son más interesantes. Es decir que más bien parecen cumplir el consejo irónico de Cossio: “Si no podemos ser profundos, al menos seamos aburridos”. Porque ese tipo de narración, que no recurre a trucos de eficacia probada, es también más difícil de llevar a cabo, en especial si como persona y como autor no tienes nada realmente interesante que contar. Pero esa es otra historia.


Puedes ver el coloquio completo en: Manual de Roteiro: Entender para subverter


 

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Las paradojas del guionista
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Originally posted 2016-01-19 17:24:42.

La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Antes de ver la película de Bertolucci Soñadoreshabía asistido a algunas discusiones acerca de la postura política de los personajes. Unos defendían la postura de Matthew, el americano, otros la del francés, Theo.

Eso me hizo pensar más de la cuenta durante la película en lo que decía el francés y en lo que decía el americano. La verdad es que no vi muy claramente en qué bando podía estar yo. A veces estuve de acuerdo con el francés, como cuando critica la guerra de Vietnam o cuando defiende a Chaplin frente al nuevo rey emergente de los cinéfilos (Buster Keaton). Pero, otras veces me pareció más sensato lo que decía el americano: la parte final donde dice que los cócteles molotov son fascismo embotellado.

Creo que una de las cosas que hace muy bien Bertolucci en Soñadores es mostrar a veces dogmáticos a sus personajes, pero no mostrarse él dogmático: un personaje dice una cosa y el otro dice otra, pero Theo y Matthew no son teorías encarnadas: son personas. Se equivocan a menudo, dicen cosas absurdas, a veces incluso sabiendo que las dicen. Esto se trasmite a veces de manera llamativa al mantener el plano del rostro de alguien que acaba de decir algo: esos instantes de más nos permiten descubrir que no cree de verdad en lo que dice, o que ya está cambiando de opinión.

Así sucede, creo yo, en la parte en la que Theo habla de la revolución Cultural china y del libro rojo de Mao. Es fácil ahora estar doblemente de acuerdo con los argumentos de Matthew, puesto que ahora todos sabemos y queremos saber qué fue la Revolución Cultural China, que consistió no sólo seguir como un dogma un único libro, sino  en asesinar por él. Pero Theo no sabe eso y habla del libro no como de un arma violenta, sino como de algo que puede llevar una sociedad mejor. Cuando Matthew le muestra lo que significa seguir un único libro, Theo parece comprenderlo, a pesar de que el final de la película parezca desmentirlo, cuando Theo “se junta con una multitud para hacer el mal”. Sin embargo, ¿cuántos no actuaron entonces como Theo, repitiendo consignas pero viviendo de una manera que desmentía esas consignas, creyendo y no creyendo en lo que hacían? El que esté libre de pecado, que no tire la primera piedra: yo también tiré una vez un cóctel molotov, aunque lo dirigí contra el asfalto de una calle vacía y creo que me arrepentí esa misma noche.

Pero no siempre actuamos de manera racional, ni siquiera siguiendo nuestras propias razones, y esa es una cosa que Soñadores muestra bien. Ahora es muy fácil ver que el americano tiene razón en las cosas más importantes (excepto Vietnam), pero quizá se nos escapan opiniones más cercanas a la de Theo en otros asuntos más actuales.


Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine:

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Originally posted 2004-01-08 14:38:57.

¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Estos días he discutido con dos personas acerca del mismo tema: las medidas adoptadas en Brasil contra los turistas estadounidenses, en reciprocidad o represalia por las medidas que los estadounidenses adoptan con los turistas brasileños (o con todos los turistas).

Con las dos personas con las que he discutido, el fondo de la cuestión ha sido el mismo: a ellos les parecía estupendo lo que hacía Brasil y a mí me parecía un sin sentido. Antes de ver Soñadores, yo mismo dije a una de esas personas que responder a la humillación con la humillación, a lo policial con lo policial y al fascismo con el fascismo no es mi ideal de la lucha contra la humillación, lo policial y el fascismo. Me parece que Matthew dice lo mismo al final de la película, así que me sorprende que quienes elogian lo que dice Matthew no vean la semejanza entre ambas situaciones.

Es fácil darse cuenta de cuál era la postura correcta hace 35 años (en 1968), pero creo que no es tan difícil ver el paralelismo con lo que sucede en Brasil. Si Estados Unidos adopta una postura que consideramos denigratoria y abusiva, difícilmente me puede parecer que esté bien que Brasil adopte esa misma política denigratoria y abusiva.

Otras personas se han mostrado inmediatamente indignadas por la supuesta reciprocidad brasileña y han imaginado, como yo, a turistas de carne y hueso humillados en una aduana, y no en leyes y símbolos. Algunas personas se han dado cuenta del error y han rectificado fácilmente.

Si no menciono ningún nombre aquí es porque hacerlo sería abusar de una posición de poder, la de alguien que tiene a su disposición una página web. Así que si alguno de ellos quiere responder, anónimamente o no, puede hacerlo, porque aquí es posible que yo haya simplificado, tergiversado o, sencillamente, no expresado sus argumentos en defensa de la reciprocidad brasileña.


[Ver también Soñadores y La polémica acerca de Soñadores]

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Originally posted 2004-01-09 14:42:11.

Metáforas de cine

Aceptar que la Tierra es redonda y que no se caen los que viven en “el lado de abajo”, y que, además, el planeta se mueve en el espacio a una velocidad vertiginosa sin que nos caigamos todos, es algo que choca contra la intuición y que desafía al sentido común. No es extraño que muchos se negaran a aceptarlo durante siglos.

El cine también nos ha hecho aceptar con naturalidad algo que parece completamente absurdo: que lo que nos parece una acción continua en realidad esté compuesto por fotogramas independientes de imágenes estáticas.

Esta asombrosa revelación nos prepara para aceptar asuntos todavía más extravagantes, como algunas consecuencias de la física cuántica o la relativista. El cine, en efecto, es un término de comparación estupendo para la física cuántica, porque los electrones también “se saltan los intermedios”.

En efecto, el electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición: ahora está en esta órbita y después está en la siguiente, pero no atraviesa el estado intermedio. Eso es lo que se llama un salto cuántico. Del mismo modo, en la proyección de una película, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente. No hay continuidad bajo las apariencias, ni en el cine ni en el mundo subatómico.

Fotogramas del átomo

Aunque puede parecer extraño que no veamos los espacios de celuloide que hay entre fotograma y fotograma, lo verdaderamente asombroso es que no percibamos la oscuridad en la que permanecemos durante gran parte de la película.

En efecto, el obturador tiene que interrumpir el haz de luz del proyector dos veces en cada fotograma, para que tengamos la ilusión de movimiento. De este modo, el celuloide avanza un fotograma cada 42 milisegundos, pero el fotograma no es mostrado durante toda la duración de esos 42 milisegundos.

En realidad, el fotograma se muestra durante 8,5 milisegundos, pero luego es ocultado por el obturador durante 5,4 milisegundos; se muestra de nuevo otros 8,5 milisegundos, se oculta otros 5,4 milisegundos y es mostrado finalmente otros 8,5 milisegundos. Es decir, vemos el fotograma durante 25,5 milisegundos y no vemos nada durante unos 16 milisegundos.

En realidad, como dicen Bordwell y Thompson, en una película que dure 100 minutos, “¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos!”

Heráclito decía panta rei, todo fluye. Ahora sabemos que es posible que algo no se mueva y que ni siquiera se vea durante un 40 por ciento del tiempo, como las imágenes de los fotogramas del cine, y que, sin embargo, puede parecer que se mueve de manera continua.

Así que podemos preguntarnos si ese río de Heráclito que nunca es el mismo río, no será tan sólo una ilusión, y concluir que tal vez tuviera razón su rival, Zenón de Elea, cuando afirmó que el movimiento no existe. También la realidad que vemos podría no ser continua. Tal vez el movimiento que creemos ver es creado por nuestra percepción, que quizá funcione como un proyector de cine, creando continuidad donde no la hay. Tal vez vivimos en un universo estático o parpadeante sin saberlo.


Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

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Cómo adaptarse al medio audiovisual

Robert McKee

En los años 80 y 90 del siglo pasado los guionistas tuvieron que adaptarse a varias teorías que dominaban el ecosistema de Hollywood y de la televisión convencional. Esas teorías señalaban la importancia de la estructura subyacente a toda historia. La estructura era el aspecto fundamental en un guión e incluso era previa a la escritura de cualquier guión concreto. Primero aplicabas la estructura, una misma estructura, y después escribías el guión. 

En el cine la estructura elegida fue el paradigma de Syd Field, aunque fue sustituido a finales de siglo por las teorías de Robert Mckee. También se hizo habitual superponer a esas estructuras el llamado “viaje del héroe”, que George Lucas descubrió en los libros del mitógrafo Joseph Campbell y que aplicó con entusiasmo a su saga galáctica. Se trata, claro está, de un redescubrimiento, como diría Danto, de una transfiguración del lugar común, puesto que el viaje del héroe y otras estructuras similares ya eran bien conocidas en el folclore y la literatura desde Vladimir Propp e incluso antes, pues fueron formuladas de manera explícita por Otto Rank en El mito del nacimiento del héroe, ya en 1909.

En televisión, el modelo a imitar fue la multitrama, desde que Steven Bochco la creó en 1980, o al menos la hizo popular, con Canción triste de Hill Street.

Steven Bochco

Cada una de estas propuestas estructurales tenía aspectos positivos y negativos: la claridad en la exposición y el desarrollo de la historia, la capacidad para atraer y mantener la atención del espectador mediante continuos golpes de efecto, la creación de un modelo exportable a cualquier cultura, la elaboración casi en cadena, como si se tratara de coches Ford o de una ristra de chorizos, como confesó un guionista de una importante productora española, lo que le spuso un buen rapapolvo de sus superiores. Aunque Hollywood siguió perdiendo espectadores en los años 80, las técnicas más comerciales y formulaicas de directores como Steven Spielberg o George Lucas, logró frenar un poco la hemorragia abierta por el cine “de autor” que con su cine arriesgado de los años sesenta y setenta habían vaciado las salas.

Por otra parte, la pérdida relativa de espectadores que se produjo, se compensó con una técnica de marketing agresivo que logró que una película no se limitase a vender entradas de cine, sino que también fuera capaz de obtener enormes beneficios gracias a todo tipo de merchandasing, desde tebeos, muñecos y juguetes a videojuegos. George Lucas fue de nuevo un pionero con el fenómeno comercial montado a partir de La Guerra de las galaxias. Los ingresos de la industria cinematográfica en realidad crecieron gracias a las otras ventanas de exhibición que se crearon para las películas: televisión, vídeo doméstico (vhs, cd y dvd’s) y finalmente canales de televisión de pago o por cable y la llegada de internet. Si en 1948 los ingresos mundiales de las Majors fueron de 6,9 millones (todos en salas de cine), en 2003 fueron de 41,1 millones (cines, televisión y vídeo doméstico). Eso sí, esos ingresos a partir de los años 80 del siglo pasado empezaron a emigrar de manera masiva hacia la industria de Estados Unidos y su modelo universal narrativo, con una progresiva caída de las cinematografías nacionales.

Sin embargo, a finales del siglo XX empezó a detectarse un cierto cansancio hacia las teorías y fórmulas mágicas que hasta entonces habían funcionado. Un ejemplo fue la película Adaptation (2002), de Charlie Kaufman (dirigida por Spike Jonze), en la que los hermanos Charlie y Donald Kaufman tienen que adaptarse al difícil medio de Hollywood. Charlie es un artista y detesta las fórmulas al uso, en especial las de Robert McKee, mientras que su hermano Donald es un perfecto depredador adaptado a las junglas cinematográficas más comerciales.

Charlie Kauffman y Donald Kauffman intercambian sus libros en Adaptation

Poco a poco, incluso en el Hollywood más convencional se empezaron a ver de vez en cuando películas que reordenaban la estructura o que cometían algunos de los pecados que teóricos como Field, McKee y tantos otros prohibían, como el uso de la voz en off o los flashbacks complejos, como Memento (2000) o Pulp Fiction (1994), pionera en esa ruptura y que pasó por absolutamente innovadora en su momento, lo que es una muestra de hasta qué punto se habían olvidado las viejas artes del oficio narrativo y sus inmensas posibilidades en las construcción del relato.

Pero el verdadero cambio llegó desde un medio que ya se consideraba abocado a la decadencia frente al empuje de internet: la televisión. En gran parte el cambio se produjo gracias a la apuesta por series de calidad que hizo la cadena de televisión por cable HBO. Comenzó a darse paso en la televisión (de pago) a un nuevo tipo de narrativa en las que se prescindía de los lugares comunes de las sitcom al uso o del abuso de la multitrama. A todo ello se unió la eclosión del mundo digital, que coincidió en el tiempo con la crisis de las teorías convencionales y supuso una propuesta inagotable de nuevas maneras de narrar, en las que se empezaron a manejar con soltura términos como hipertexto o multinarrativa, interactividad, realidad virtual y muchos otros.

Todo lo anterior ha permitido que la narrativa audiovisual haya probado maneras diferentes de las de la narrativa convencional, y que se hayan puesto en cuestión las fórmulas habituales como el viaje del héroe, el paradigma de Field o los diversos estructuralismos más o menos dogmáticos, como el de McKee. Es cierto que las cadenas por cable no consiguieron las audiencias de las televisiones en abierto, pero al menos sí fueron capaces de lograr el prestigio y el público necesario como para alcanzar la cuarta o quinta temporada, aunque veces entre grandes apuros, como en el caso de The Wire o Breaking Bad.

Ahora bien, el fin del dogmatismo estructuralista también ha permitido que se puedan aclarar algunos asuntos que los teóricos norteamericanos confundieron durante décadas, y con ellos todos sus seguidores. En primer lugar, en contra de lo que afirmó Field, Aristóteles no recomienda, o al menos no impone, la estructura en tres actos, pues en su Poética habla de estructuras de dos, tres, cuatro, cinco o más actos. Tampoco hay por qué identificar la manera de plantear o de contar a alguien una historia (planteamiento, desarrollo o desenlace) con una supuesta estructura subyacente explícita o implícita en “tres actos”. Una obra puede tener planteamiento, desarrollo y desenlace claros y, sin embargo, tener diez actos, como explique en Las paradojas del guionista con el ejemplo de La Ronda de Schnitzler, o tan solo uno, como en After hours, de Martin Scorsese.

Por otra parte, también es una simplificación brutal identificar la narrativa clásica con modelos simples o mecánicos como el viaje del héroe o la multitrama. La narrativa clásica no se limita a los estrechos límites de los cuentos para niños ni se ajusta necesariamente a las fórmulas impuestas por los preceptistas italianos o los clasicistas franceses a partir de la lectura (errónea) de Aristóteles. En los grandes autores del pasado, desde los trágicos griegos hasta Shakespeare, Proust, Ibsen o Joyce, se pueden encontrar a veces ese tipo de fórmulas, es cierto, pero también otras propuestas más ambiciosas y más semejantes a las de las nuevas series, que no han inventado, sino recuperado un pasado narrativo olvidado.

No cabe duda de que se pueden encontrar muchas semejanzas entre la multitrama de Steven Bochco y un relato como la Ilíada de Homero, donde en cada canto vamos saltando de un personaje a otro, con algunos episodios dedicados a uno u otro héroe,como en la Principalía de Diomedes o el combate entre Aquiles y Héctor. Pero la obra de Homero también acaba de manera trágica, con la muerte de Héctor, sin el final reparador de la llamada “estructura en tres actos restauradora” (Three Act Restorative Structure). Aunque es cierto que hay una escena de redención final, cuando Aquiles acepta entregar el cadáver de su enemigo a Príamo, el desdichado padre de Héctor, no se puede considerar que se trate de un epílogo tranquilizador, como los que inevitablemente encontraremos en cualquier película de Spielberg o en cualquier obra del dramaturgo del XIX Eugene Scribe. Es muy diferente la catarsis a veces devastadora de algunas obras griegas y shakespirianas y los reconfortantes comprimidos emocionales que el cine de Hollywood administra a sus espectadores al final de cada película, también habituales en cualquier serie convencional.

La conclusión de esta renovación en la narrativa audiovisual es que durante años nos han dicho que al público ya no le interesaban las grandes historias excepto si eran fábulas fáciles de digerir, y que había que huir de complicaciones innecesarias, pero el siglo 21 nos ha permitido descubrir  no sólo que existe público para esas narraciones más complejas y que incluso puede ser rentable. ¿Quiere esto decir que debemos abandonar todas las estructuras convencionales, los viajes del héroe, las encendidas exhortaciones de McKee, el paradigma de Field? Seguramente no. En primer lugar porque esas fórmulas todavía se emplean de manera masiva en el cine comercial y los guionistas a menudo tendrán que vérselas con ellas, en segundo lugar porque esas fórmulas recogen también una tradición con aspectos positivos, probablemente la que mejor aceptación ha tenido a lo largo de la historia, aunque también suele ser la que con el paso de los años acaba siendo menos apreciada: hoy en día, nadie recuerda las obras de Scribe.

Por otra parte, la historia de la narrativa, ya sea oral, escrita o audiovisual, es la del vaivén constante entre normas y excepciones, entre lo aceptado por una generación y lo negado por la siguiente, entre las fórmulas que entretienen a los abuelos pero aburren a sus nietos. Treinta años de dominio de las estructuras convencionales han logrado saturar al público y hacerlo todo demasiado previsible (como explico en El guión del siglo 21), por lo que es del todo razonable que el péndulo oscile hacia otras tradiciones narrativas y recupere una manera de contar las cosas menos simplista. Pero, ¿cuánto tiempo durará? ¿Cuándo volverá elpéndulo a su ritmo acompasado y monótono?¿Cuándo se cansará el público tras la fascinación inicial, como se cansó, por desgracia, de las apuestas más ambiciosas de los años 70 del siglo pasado, para inclinarse de nuevo de manera casi exclusiva hacia las historias de estructuras básicas, de personajes planos, de desenlaces reparadores, de narrativas que se mueven en mundos tan alejados del nuestro que no pueden conmover los cimientos de nuestras certezas?


Epílogo en 2017

Escribí este artículo para que se publicara en una recopilación que me propusieron en la editorial Shangri La, pero al final lo descarté y lo sustituí por Homero en el ciberespacio, que es el que se publicó en Páginas pasaderas. Lo recupero ahora, con muy leves cambios. En cuanto a la pregunta final, tal vez ya estamos asistiendo a los primeros síntomas de una vuelta al maistream convencional, dado el éxito de series como Juego de tronos o The Walking Dead. De todos modos, por fortuna todavía se producen series más ambiciosas desde el punto de vista narrativo.

En El espectador es el protagonista, escrito tres o cuatro años después, desarrollé estos argumentos y mostré los que yo considero errores básicos de los teóricos de guión.

[Escrito en junio de 2012. Revisado en 2017]


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El espectador es el protagonista

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OTROS LIBROS DE GUIÓN DE DANIEL TUBAU

Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

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The structure of the viewer

 

Fotograma-Truman-001

In The viewer is the protagonist, I use the beginning of the movie “The Truman Show” to show the difference between analysing the structure of a script taking into account the character or taking into account the viewer.

To understand the comparative table in context, I reproduce below some paragraphs of the book, although the full explanation can be found in the book itself, pages 21-27.

“Have more or less acts, the structures of the script manuals justify their different parts and accidents, turning points, inciting incidents, climaxes, crises or outcomes depending on what happens to the protagonist. In this scene the protagonist is tempted by the adventure, in this other enters the extraordinary world, here is a turning point because he discovers that they are betraying him, here he is in a crisis because he loses the confidence in his friends, there occurs the climax when he must face his greatest fears, here he must solve his inner problem and then solve the external.

What is the error of all this? The mistake is that the whole structure is explained and analysed according to what happens to the protagonist, that everything is built from the examination of where he is now and where he is after, what he wants and what he gets, what obstacles he encounters and what plans he makes. The mistake is that, when looking at the structure, we are exclusively concerned about where the protagonist is, but that what really matters to a narrator is where the viewer is. ”

To see this error clearly and the difference between looking at the structure in one way or another, I propose to analyse the initial minutes of The Truman Show, observing what happens to the viewer and what happens to the protagonist (Truman Burbank). Here is the result.

The Truman Show, the protagonist against the viewer. © Copyright Daniel Tubau 2015

Let’s examine what we have seen in the beginning of The Truman Show. To whom have all these things happened? Truman or the viewer?

It is obvious that Truman has not seen Christof telling us that viewers are looking for new emotions. Nor has he seen his own wife declaring how happy she feels to play her role, or her best friend saying something similar. He also has not seen the label “LIVE” which appears superimposed on the image when he looks at himself in the mirror. None of that happens to Truman.

Look yourself in the mirror in the morning is not a big deal, really. The structure from Truman’s point of view, from the point of view of the protagonist, does not tell us anything special. But if we analyse the structure from the point of view of the viewer, then many things happen. The viewer knows Truman and also knows all those people who talk about Truman. He suspects that they are cheating on Truman, but he does not know the exact dimensions of that deception. He wonders if Truman knows anything about the big lie. Also, of course, he, the viewer, begins to know what this narrative is about, what the world is going through and who its protagonists are.

If we continue to watch the movie, then we will see how Truman comes out of the bathroom, kisses his wife, is annoyed by the neighbours’ dog … and sees a strange object, a spotlight, falling from a huge blue sky to the highway.

Except for the strange object, it is not about big events. Most important, the strange object fallen from the sky, could be very significant, but Truman does not give any importance to it and follows his normal life. However, for us, the viewers, it is important because, thanks to that accident, we discover two things: the incredible dimensions of that fantasy world and that Truman has no idea of the gigantic scam in which he is involved. This is vital information for us, but not for Truman.

Consequently, Truman does not see everything we see but we do see everything Truman sees, including his face in the mirror. It is to us who happens to us all.”

This analysis, which we can do with any good film (even with any bad film) is a good example of the narrative schizophrenia that theorists and screenwriters often propose to their students when first they talk about the narrative resources to create interest in the viewers and then propose to analyze the structure thinking only what happens to the viewers.

Robert McKee, Syd Field and many other gurus of the script devote hundreds of pages to examine the mechanisms of fiction that can keep the viewer interested, but when they analyse the structure, they forget everything they said and only care about things That can happen to the characters. In my opinion, this attitude implies an astonishing ignorance of the office of the narrator and of the possibilities of narrative art. Our real concern, I insist, is not to think about what happens to the characters but what happens to the viewers.

Of all this (and of many more things) I speak in The viewer is the protagonist.

Fotograma-Truman-017

© Copyright Daniel Tubau 2015, 2017

 contact: danieltubau@gmail.com

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The paradoxes of the writer
Rules and exceptions in script practice

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The script of the 21st century
The Future of Narrative in the Digital World

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La Regla del 9 contra el perfeccionismo

Cuando estuve en 2015 en Sao Paulo en los Encontros de cinema, me hicieron una entrevista al terminar el coloquio, que ahora he dividido en dos o tres bloques. En esta primera parte, hablo de mis inicios como guionista y de lo malo que puede ser el perfeccionismo en las primeras etapas de la escritura. También cuento en qué consiste la regla del 9 de John Vorhaus.

Transcripción de la entrevista

“Yo soy Daniel Tubau, escritor, guionista, director de televisión, entre otras profesiones, profesor también sobre todo. También soy autor de varios libros de guión: Las paradojas del guionista, El guión del siglo 21… Uno que acabo de publicar recientemente, que se llama El espectador es el protagonista: manual y antimanual de guión… de roteiro, ¿no? Y bueno, tengo libros de ciencia ficción, de novela histórica china, tengo un poco de todo… muchas cosas.

Nací en Barcelona y mis padres siempre estuvieron relacionados con el mundo audiovisual. Mi madre es montadora, editora, pero editaba en el antiguo celuloide. Cuando era un niño, yo estaba siempre en las salas de edición y cogía los descartes de celuloide y me hacía mis propias peliculitas o films. Y mi padre es también crítico de cine, actor, profesor también de audiovisual y de periodismo, etcétera. Siempre he tenido mucha relación con el cine, pero los estudios, la carrera que hice, no son de guión o audiovisual, sino que estudié filosofía, es decir que tengo unos estudios completamente diferentes. No he estudiado guión en sí. Después, poco a poco empecé casi por casualidad, porque mi madre me dijo que buscaban un guionista en un programa de televisión, para hacer uan sección de cómic, de personajes de cómic como Superman, Batman, etcétera. Y empecé a trabajar a los 17 años en televisión y a escribir cuentos…. Lo primero que hice fue escribir cuentos de terror, con 17 años hice cuentos de terror y despuñes ya guión. Y a partir de ahí me fui dirigiendo hacia el mundo de la escritura de cine, dirección y televisión sobre todo.

John Vorhaus

John Vorhaus

El perfeccionismo y la regla del 9

Creo que uan de las cosas más importantes para escribir guión o cualquier otra cosa, es perder el juicio crítico demasiado estricto, el perfeccionismo. hay que abandonar el perfeccionismo, sobre todo en la primera fase. Hay que escribir cualquier cosa de principio a fin malísima. Hay un guionista de comedia que se llama John Vorhaus. Vorhaus tiene una regla, que se llama la Regla del 9. “Yo tengo la regla del 9, dice, y se preguntarán qué es la Regla del 9… Pues la regla del 9 es la que dice que de cada diez cosas que haces nueve son una mierda. No sirven para nada”. Entonces, cuando aceptas eso, ya te relajas mucho, porque estás escribiendo y piensas. “Uy, qué malo es esto… ¿cuántos intentos llevo?…. Cinco… Bueno, todavía me puedo equivocar otras cuatro veces. Puedo hacer otras cuatro veces mal las cosas y todavía puedo fallar”. Entonces, creo que hay que aprender a hacer las cosas mal, eso es lo primero.

Libro de John Vorhaus en español

Libro de John Vorhaus en español


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El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

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El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos.

Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

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El espectador es el protagonista
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Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

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En este sitio web puedes encontrar todo tipo de contenidos relacionados con Las paradojas del guionista: entradas acerca del libro, noticias y presentaciones, críticas y comentarios… Sin embargo, casi todas las entradas presentan nuevos contenidos, a veces para matizar o enriquecer algo que se dice en el libro, en otras ocasiones para tratar asuntos que no pudieron desarrollarse a fondo en el libro. A continuación, se muestran las entradas, ordenadas en categorías o secciones.

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El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)

En este sitio web dedicado a El guión del siglo 21 amplío los contenidos del libro, corrijo errores, amplío cuestiones y muestro ejemplos en vídeo que, como es obvio, no podían estar presentes en un libro analógico. Los temas son casi inabarcables y para que el visitante de esta página pueda orientarse es muy recomendable que lea el libro.

Comprar en Casa del Libro  || Página web de El guión del siglo 21

ENTRADAS DE CINE 


 

El protagonista es el macguffin

Rosa Púrpura del Cairo-

Los teóricos y gurús del guión proponen diferentes estructuras con cualquier número de actos, aunque suelen preferir tres (Field, McKee, Seger), cuatro (Thompson) o cinco, siguiendo, se supone (pero sólo se supone) el modelo shakesperiano.

Ahora bien, tengan los actos que tengan, todas esas estructuras justifican sus diferentes partes y accidentes, puntos de giro, incidentes incitadores, clímax, crisis o desenlaces en función de lo que le sucede al protagonista. En esta escena el protagonista es tentado por la aventura, en esta otra entra en el mundo extraordinario, aquí hay un punto de giro porque descubre que le están traicionando, aquí se encuentra en una crisis al perder la confianza de sus amigos, allá se produce el clímax cuando debe enfrentar sus mayores
miedos, aquí debe resolver su problema interno para después solucionar el externo.

Esta manera de concebir la estructura es un error que afecta de forma directa al trabajo del guionista y que esconde una pobre comprensión del arte narrativo.

Es un error porque toda la estructura se explica y analiza en función de lo que le sucede al protagonista,  todo se construye a partir del examen de dónde está ahora y dónde está después, de qué desea y de qué consigue, de qué obstáculos encuentra y de qué planes elabora. El error consiste en que, al examinar la estructura, nos preocupemos de manera exclusiva por saber dónde está el protagonista, porque lo que verdaderamente le tiene que preocupar a un narrador es dónde está el espectador.

Supongamos que tengo razón. Si así fuera, ¿cómo es posible que ninguno de los teóricos, expertos y gurús del guión se haya dado cuenta de una cosa tan obvia?

La respuesta es sencilla: sí se han dado cuenta. Se han dado cuenta, pero solo en cierto modo. Cualquier persona que sepa algo de guión es consciente de que hay que despertar, mantener y estimular la atención del espectador; también sabe que existen diversos medios, herramientas y recursos para lograrlo. Todos saben que se debe usar el suspense, la sorpresa, la elipsis narrativa, la tensión sexual no resuelta y otros mecanismos o trucos que hacen que el espectador se mantenga interesado en lo que le estamos contando.
Por otra parte, como ya he dicho, la mayoría de los expertos propone una estructura para el guión, compuesta por tres, cuatro, cinco o diez actos, con diversos puntos de giro y momentos clave.rosapurpura

El problema es que muchos expertos mantienen en compartimentos separados el análisis de los recursos que se pueden emplear para despertar y mantener el interés del espectador y, por el otro lado, el examen de la estructura. Dedican trescientas páginas a explicar los mecanismos narrativos y otras cincuenta o cien a desentrañar los secretos de la estructura. En una parte hablan de lo que puede hacerse al espectador, pero en la otra se limitan a referirse a lo que debe hacerse a los personajes. Para ellos, en definitiva, todo lo que se relaciona con la estructura le sucede a los personajes. Esos teóricos hablan del macguffin como herramienta para mantener ocupados a los personajes, pero no advierten que los propios personajes son parte de ese otro gigantesco macguffin que mantiene ocupados a los espectadores, inmóviles en la butaca del cine pero moviéndose sin cesar de una emoción a otra dentro de sus cabezas, de una hipótesis a otra. Ese otro macguffin, como ya he dicho, es el guión o, si se prefiere, la sucesión y el orden de los acontecimientos o secuencias narrativas. Todo en una película, los personajes, las tramas, todo, es solo un gigantesco macguffin, cuyo único fin es que el espectador se mueva de un lado a otro.

La rosa purpura 1

 


 

[Fragmento, con algunos cambios, de El espectador es el protagonista]


 

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