Capitales mundiales en el Cusco

El Cuzco, que se considera a sí misma “Capital arqueológica del Continente Americano” (tal vez con bastante razón), alberga no sólo la Capilla Sixtina de América, en Aldahuaylas, sino, probablemente, más capitales mundiales por kilómetro cuadrado que cualquier otro lugar.

Pan chuta de Oropesa

Oropesa es la “capital mundial del pan” y así lo anuncia en los carteles, aunque en dura competencia con Urcos. Saylla es la capital mundial del chicharrón; Lanchara la capital mundial del durazno (melocotón) y Olla presume de ser la capital mundial de la danza.

Hay muchas más capitales mundiales en el Cuzco, pero sin duda la más llamativa es un pequeño pueblo cerca de San Jerónimo que se enorgullece de ser “la capital mundial de productos nutritivos para animales”.

aldahuyllas

Un fragmento de los impresionantes frescos de la Capilla
Sixtina de América, en Aldahuaylas. Dice el texto: “Ay que ardiendo
quedo, ay que ya no puedo”.

Curiosamente, días después de escribir lo anterior, encontré este párrafo en un libro de Marc Auge sobre los no-lugares:

“En Francia, todo conglomerado urbano aspira a ser el centro de un espacio significativo y de por lo menos una actividad específica. Si Clon era la capital de la gastronomía, Hieras puede llamarse “capital de la cuchillería”, Digo”capital de la cerámica” y Jamé “cuna del pollo de granja”. Estos gloriosos títulos figuran hoy a la entrada de las ciudades”.

[Escrito en 1997]


Cuaderno de Tahuantinsuyu

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Charlas y digresiones

|| Viaje a Lisboa \2

En el coche, todavía en España, comentamos la historia de Enkidu.

Shamhat y Enkidu

Shamhat y Enkidu

Enkidu, el amigo salvaje de Gilgamesh vivía en la selva con las fieras, que lo consideraban uno de los suyos. Para atraparlo, pues era un ser temible en su naturaleza salvaje, la gente de la ciudad manda a una prostituta (Shamhat). La prostituta se acuesta con Enkidu y a partir de ese día las bestias rehúyen a Enkidu.

Comentamos esto: cómo se asocia en varios mitos la civilización y la sexualidad.

Marcos recuerda un poema de Safo y un cuento de derviches que hablan de algo parecido. También está El libro de la selva de Kipling. Es un tema interesante para investigar.

(30-31 de diciembre 1998)


2016:

Es un tema que nos ha interesado mucho a Marcos ya mí, el de la sexualidad (la sexualidad humana, por supuesto) y la civilización, y el del papel de la mujer como civilizadora del hombre en diversos mitos. No sé qué poema de Safo fue el que mencionó Marcos y tampoco el cuento de derviches, tal vez alguno de Nasrudín. En cuanto a El libro de la selva, supongo que nos referíamos al hombre salvaje que se civiliza, aunque no tuviera relación expresa con la sexualidad.

Sobre Enkidu y Shamhat:

Un jardín, un hombre, una mujer y una serpiente

¿Quién es el cazador furtivo?


CUADERNO DE PORTUGAL


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Orgía y utopía

Gargantua_observe_Thélème

Gargantua observa la abadía de Thelema

La imaginación utópica siempre se ha movido entre dos extremos: la búsqueda del deber o la del placer, la sociedad perfecta o la orgía imperfecta. Aunque en la vida real es bastante probable que una orgía permanente acabaría convirtiéndose en tediosa e insoportable, en el terreno de la teoría hay que admitir que los partidarios de la orgía han sido casi siempre más simpáticos y amables que los que proponían utopías bien organizadas.

En la Edad Media muchos soñaban con el mítico reino de Cucaña, en el que sucedía todo lo contrario de lo que la Iglesia predicaba, un lugar en el que no había leyes y cada uno podía hacer lo que le viniera en gana. Cuando el Gargantúa de Rabelais regala a su amigo el monje la abadía de Thelema para que funde su propia orden, la ley que el monje establece allí es opuesta a la de cualquier congregación cristiana:

Los telemitas erguíanse del lecho cuando bien les parecía, bebían, comían y dormían cuando en gana les venía. Nadie los despertaba, nadie los forzaba a beber, ni a comer, ni a hacer ninguna otra cosa. En su regla sólo había esta cláusula: “Haz lo que quieras”.

Gargantua- FayCeQueVoudras

Haz lo que quieras

Esa es, en definitiva, la ley del carnaval, como recuerda Batjin:

“El carnaval ignora toda distinción entre actores y espectadores. Los espectadores no asisten al carnaval, sino que lo viven, ya que el carnaval está hecho para todo el pueblo. En el curso de la fiesta sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir de acuerdo a las leyes de la libertad”.

¿El paraíso del Corán?

Cucaña, Jauja, la abadía de Thelema, incluso el paraíso del Corán, son utopías imperfectas, lugares en los que se puede hacer lo que aquí nos han prohibido. En el caso del paraíso anunciado por Mahoma, la diversión esta pensada especialmente para varones heterosexuales, pues “a cada creyente” le corresponderán setenta y dos huríes, mujeres hermosísimas y eternamente jóvenes, que están “destinadas a proporcionar placer a los bienaventurados”, por lo cual carecen de cualquier dolor menstrual. No deja de ser curioso, por cierto, que el Islam considere estupendo que en el paraíso se encuentre todo lo que en la Tierra se considera pecaminoso, como vivir sumergido en los placeres del sexo y la gastronomía, o incluso beber vino:

“Imagen del jardín prometido a quienes temen a Alá: habrá en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos de depurada miel”. (Mahoma: Corán, sura 47.15)

Eso sí, se trata de un vino que no produce embriaguez ni dolor de cabeza, porque ha sido purificado por Alá.

El Bosco

El jardín de las delicias, de El Bosco. ¿Orgía o utopía?

Las utopías de la Edad Media, en territorios cristianos o musulmanes, no persiguen la perfección, por lo que apenas hablan de cómo legislar ese paraíso imaginado, que casi siempre es como un sueño anarquista. Pero con Thomas More (Tomás Moro) las utopías regresan al estilo platónico, a la búsqueda del orden perfecto. Para dejarlo claro, Moro llama a su sociedad Utopía (“Ningún lugar”), recordando las palabras de Platón: “Mi República existe sólo en nuestra mente, puesto que no está en lugar alguno de la Tierra”.

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Sir Thomas More, por Hans Holbein

Tomas Moro imagina una isla en la que se comparte todo, aunque cada ciudadano tiene su propia casita con jardín y el estado es gobernado por un príncipe que es designado por un consejo formado por las familias más importantes. Su propuesta ya no tiene nada que ver con las irreverentes utopías populares de la Edad Media, pues aunque Moro fue mártir, lo fue  por oponerse al poder de los reyes (a Enrique VIII en concreto) para defender las prerrogativas de la Iglesia. No es casual que su relato comience con las siguientes palabras: “Volvía yo un día de escuchar misa en la Iglesia de la VirgenMaría…”

A partir de Utopía, las utopías se convierten en una excusa para proponer ideas políticas que todavía no se pueden expresar libremente en público. Campanella escribe La Ciudad del Sol; Francis Bacon, Nueva Atlantida; Johann Valentin Andreae, Cristianopolis y probanblemente las fantasías rosacruices.

Savonarola

Girolamo Savonarola

demás, poco a poco los pensadores utópicos empezaron a intentar aplicar sus utopías, como el monje Savonarola cuando gobernó la República Democrática de Florencia y aprovechó para quemar en “hogueras de las vanidades” desde espejos, adornos y cosméticos a libros de Bocaccio o pinturas de Botticcelli; o cuando el pirata Misson y su consejero Caraccioli, dominico como Savonarola y lector entusiasta de Tomás Moro, crearon en Madagascar la República de Libertalia, en la que abolieron la esclavitud; o cuando algunos grupos religiosos, como los mormones o los cuáqueros, fundaron ciudades e incluso gobernaron estados y ciudades de América.

Johann Valentin Andreae

Aunque a menudo el pensamiento utópico ha sido el camino más rápido a la masacre, como dije en Las baldosas del infierno, de vez en cuando, las utopías también han ayudado a mejorar el mundo real. Un ejemplo notable es la Royal Society, fundada en Inglaterra para llevar a la práctica las ideas acerca del desarrollo de la ciencia imaginadas por Francis Bacon en su Casa de la Sabiduría de La Nueva Atlántida, o las del Colegio Invisible que se describe en el panfleto rosacruz Fama Fraternitatis, tal vez escrito por el ya mencionado Andreae. Quizá sea un buen ejemplo de que a veces surgen cosas buenas bajo el cielo utópico.


[Fragmento de mi libro PERFECCIÓN, historia de una idea y una obsesión]

[Publicado en Divertinajes el 20 de junio de 2012]

Aquí puedes ver las páginas alojadas en mi sitio web dedicadas a la política y la sociología.

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

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Omar Jayyam entre Dios y el vino

 Omar Jayyam

Ghiyathuddin Abulfash Omar ben Ibrahim al Jayyam, conocido como Omar Jayyam (o Khayam) es un poeta, astrónomo y matemático persa que vivió en los siglos XI y XII. Nació en Nishapur y fue compañero en su juventud de Hassan al Sabbah, el fundador de la temida orden de los hassasin (que es el origen de la palabra asesino). Se dice que junto a otros siete sabios participó en la reforma del calendario musulmán. Amin Mahlouf le ha dedicado todo un libro, Samarcanda, que no he tenido el gusto de leer.

Samarcanda Maalouf

Desde que Edward Fitzgerald tradujo los Rubayyat al inglés, Jayyam se convirtió en el paradigma del poeta ateo y descreído, escéptico y volcado en los placeres del vino. Una especie de Anacreonte persa. Sin embargo, los sufíes niegan esta imagen de Jayyam y le convierten en uno de los adeptos a su secta.

Los sufíes son una variante o especialización mística del Islam, que se podría comparar a los gnósticos cristianos, aunque las coincidencias entre ambas corrientes son sólo ocasionales. Ali-Shah, que se declara sufí, tradujo los Rubayyat en colaboración con Robert Graves, el autor de Yo, Claudio, la crónica de la primera guerra mundial Adios a todo eso y libros de mitología como Los mitos griegos o La diosa blanca. Ali Shah y el propio Graves  reprochan a Fitzgerald haber realizado una traducción completamente desfigurada de Jayyam, tanto en la forma como en el fondo.

Del mismo modo que hizo Juan de la Cruz con el Cantar de los Cantares de Salomón, estos sufíes interpretan mediante alegorías la poesía de Jayyam: el vino es Dios, los efebos sus compañeros de religión, la taberna es la iglesia.

Así pues, el mito del Jayyam epicúreo se tambalea. ¿Quién tiene razón? Lo ignoro, pero me atreveré con algunas consideraciones dispersas.

En cuanto al asunto de la traducción, es casi seguro que es más fiel la de Shah y Graves (Alejandro Calleja en la versión castellana, porque la traducción original es en inglés) que la de Fitzgerald.

Sin embargo, ahora (en 2010) he descubierto que la traducción de Ali Shah es considerada muy inexacta por los islamistas, pero no sé si hay que entender islamistas en el sentido religioso y en tal caso con el sentido o no de extremismo religioso o islamistas en el sentido de estudios del Islam. Tengo que aclarar, en cualquier caso que el Ali Shah que tradujo los Rubayyat es Omar Ali Shah, y no su hermano Idries Shah, de quien no me fío demasiado, a pesar de que me encantan sus antologías, no sé si reales o en parte inventadas, de los dichos de ese gran sirvegüenza llamado Nasrudín.

En cuanto a si hay que interpretar alegóricamente el texto, estos autores que critican la traducción de Ali Shah también ofrecen argumentos poderosos en favor de la idea de que Jayyam era sufí (eso me hace suponer que me refería a “islamistas” en el sentido religioso). Ahora bien, el hecho de que sea sufí no valida sin más su interpretación alegórica.

Otro asunto interesante es el de los traductores y traidores (tradutore/traditore). Es cierto que hay traductores que más que traducir ofrecen variaciones sobre un tema, un tema insinuado o contenido en los poemas de la víctima, es decir, el autor. Pero unos lo hacen mejor y otros lo hacen peor.

A veces las variaciones son tan interesantes o más que el original. Esto no sucede, en mi opinión, con las traducciones homéricas de Agustín García Calvo, que me fatigan a pesar de su erudición y saber, pero sí en el de Fitzgerald. Tengo que reconocer que me gustan más las versiones de Fitzgerald, que las de Shah/Graves/Calleja. ¿Qué le voy a hacer?

Un ejemplo:

Oh, Tú que al hombre de tierra vil hiciste,
y que junto con el Edén creaste a la serpiente
por todo el pecado con el que el rostro del hombre
se ennegrece, da el perdón al hombre, !y tómalo!
(Fitzgerald)

Tú, siempre consciente de todos los secretos;
Quien socorres a toda carne en su hora de necesidad,
Concédeme arrepentimiento, también concédeme misericordia
Tú que perdonas todo, Tú que castigas todo.
(Graves/Shah/Calleja)

Como se ve, la diferencia es grande. Lo que en la versión de Fitzgerald es una poderosa acusación a un Dios que creó al ser humano a su imagen y semejanza, pero que, además, creo a la serpiente para tentarlo, sabiendo que era inevitable que lo consiguiera, y que le castigó: ¿no es acaso ese Dios el responsable de los males que ha causado a su criatura?

Se dice que Fitzgerald era un poeta mediocre, y tal vez sea cierto. Es posible, aunque yo lo dudo, que sea más hermosa la traducción de Graves/Shah/Calleja, pero no puedo evitar sentir algo parecido a la indiferencia al leer la cuarteta traducida por los tres puristas (quizá no haya que incluir a Calleja, como traductor de traductor (Graves) de traductor (Ali Shah). En el caso purista me parece estar ante poco más que una plegaria formal e insípida, mientras que siento algo mucho más intenso, desde un punto de vista emocional e intelectual, al leer esos versos en los que es Dios el que ha de pedir el perdón de los hombres. Tal vez sea debido a que soy un ateo decimonónico, no lo sé, pero la idea trasmitida en los versos de Fitzgerald-Jayyam me parece más intensa, más atinada y más interesante desde cualquier punto de vista.

Omar Ali Shah

Omar Ali Shah

La interpretación alegórica puede ser interesante cuando se ejercita en ella un talento como el de Juan de la Cruz, pero empleada como llave interpretativa casi siempre convierte algo espléndido en pura trivialidad sólo apta para almas transidas por la religión y/o el fanatismo.

Son los dudosos placeres del simbolismo barato, tan de moda hoy en día, que permite interpretar cualquier cosa como cualquier otra.

Quienes no gozamos del dudoso privilegio de disfrutar de las equivalencias triviales seguiremos leyendo vino donde pone vino, efebo donde pone efebo y crueldad donde pone crueldad. Después que vengan los teólogos y los simbólogos y digan lo que quieran: con sus interpretaciones lo único que consiguen es convertir el tacto verdadero de las cosas, del vino, de las rosas y de los cuerpos desnudos en brillo vulgar de revelación y religión. Pero hay muchos matices que añadir a este tema tan complejo; algunos de ellos se pueden leer en Entre la mística y lo carnal.

omarjayyamEn fin, no creo que se pueda resolver el problema de la traducción fácilmente, pues cada traductor de las Rubayyat no sólo ofrece su versión particular, sino que incluso da un número distinto de cuartetas atribuidas a Jayyam: Fitzgerald tradujo cien, Shrubsole trescientas cuarenta y seis, Gibert/Navarro doscientas cincuenta, más el poema Kuza-Nama (Las ollas y el ollero), y Sha/Graves/Calleja ciento once. Otro problema es que hay muchos manuscritos diferentes de las Rubayyat. Uno de ellos, al parecer el más importante, se encuentra en una de las cajas de seguridad del Titanic.

Copio a continuación algunas de las Rubayyat que más me gustan, citando siempre al final el nombre de cada traductor:

No obtuvo el universo provecho a mi llegada,
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
por qué un día llegué y otro me marcharé.
(Behnam/Munárriz)

El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.
(Gibert/Navarro)

Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué, pues, destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa?
(Behnam/Munárriz)

Mi norma es beber vino y así vivir alegre;
mi religión no incluye blasfemia ni oración;
a la novia del mundo pregunté por su dote
y me dijo: -Es mi dote tu alegre corazón.
(Behnam/Munárriz)

Donde nace una rosa roja, vertióse antaño
de un príncipe la sangre. Del lunar de un efebo
procede la violeta. Las flores del jacinto
nacieron de una frente que fue tersa y brillante.
(Gibert/Navarro)

Os cambio la diadema del Khazam, mi turbante de seda
y el airón del Shah, por la armonía
del canto de la flauta. Por un vaso de vino
doy a cambio el rosario que rezan los hipócritas.
(Gibert/Navarro)

Tú sentencias; nosotros actuamos mejor:
aunque borrachos,somos más lúcidos que tú;
tú viertes sangre humana,nosotros la de la uva;
se justo y dictamina: ¿quién es más sanguinario?
(Behnam/Munárriz)

!Animo!, no te apene el mundo pasajero;
del instante que pasa, goza con alegría:
si fuese la constancia lo propio de este mundo,
nunca habría llegado, tras los otros, tu turno.
(Behnam/Munárriz)

A los labios del jarro uní ansioso mis labios
pidiéndole una ayuda para mi larga vida;
sus labios en mis labios, me dijo sigiloso:
bebe vino, que al mundo nunca más volverás.
(Behnam/Munárriz)

!Oh Tú que hiciste al hombre de deleznable barro
y en el Edén pusiste la serpiente! Por negro
de pecados que veas al ser que Tú creaste,
perdónale y procura que él también te perdone.
(Gibert/Navarro)

*******************

Este artículo es la revisión en 2010 de otro que escribí en mi revista Esklepsis en 1994, aunque he aprovechado para releer el texto y corregirlo cuando me ha parecido necesario (si te interesa el texto original, puedes leerlo en la edición digital del número 1 de Esklepsis.

Cuando escribí esta revisión en 2010 encabecé el texto con este párrafo: “En estos días tan difíciles para Irán, cuando la esperanza de un cambio de régimen se ha diluido de nuevo, tal vez sea un buen momento para recordar a uno de los grandes poetas persas, Omar Jayyam”. Y añadí: “Dieciséis años después, quizá valga la pena darse una vuelta por el mundo literario y por Internet para ver cómo está la cuestión “Jayyam”. Lo haré cuando tenga un poco de tiempo”.

Esta de ahora, en 2014 es la tercera revisión importante del artículo, que me ha llevado a dividirlo en tres partes. Esta es la primera. Las otras dos son: “Un persa ateo lee a Jayyam” y “Entre lo místico y lo carnal”

************

[Publicado en 1994 en Esklepsis. Publicado en Signos el 7 de noviembre de 2010. Revisado en noviembre de 2014]

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Marjane Satrapi y Persépolis

Persepolis

Persépolis es la novela gráfica en cuatro tomos de Marjane Satrapi en la que cuenta su propia vida. Como muchas personas, Satrapi vivió bajo una dictadura, la del sha Reza Pahlevi, y tuvo la suerte de que al comienzo de su adolescencia el régimen fue derribado. Yo viví lo mismo en otra época, en la España de Franco: tuve el tiempo justo de conocer la dictadura pero la suerte de disfrutar casi toda mi vida de la democracia.

En el comic (y en la adaptación al cine), el padre y el tío le cuentan a Marjane, cuando todavía es una niña, cómo obtuvieron el trono los Pahlevi, apoyados por los ingleses que querían hacerse con el petróleo de la zona; recuerdan al primer sha y lo comparan con el actual Reza, que es todavía peor y exclaman: “¡Nada peor nos puede pasar ya!”. Pero sí les pasó, porque esa segunda parte buena de mi vida y de los que eran niños o jóvenes cuando murió Franco no se produjo en la vida de los iraníes, que pronto descubrieron que una dictadura sangrienta podía ser sustituida por otra aún peor.

Persépolis Starapi

Monjas o integristas del Islam, que recuerdan a las monjas franquistas

El libro de Satrapi es una delicia, y también lo es la película. Aunque está llena de cuestiones políticas, la dictadura, el fanatismo religioso, la represión, la guerra entre Irán e Irak, es en realidad la biografía de una niña que, en el terrible mundo que se le viene encima, tiene la oportunidad de escapar y viajar, primero a Austria y después a Francia.

Persépolis

Marjane recuerda su llegada a Austria

En la actualidad, Marjane vive en París, la misma ciudad en la que se refugió durante años Jomeini, el hombre que provocó su exilio de Irán. Es seguro que sueña con regresar algún día a su país, pero ella misma dice que no puede quejarse, por respeto a todos aquellos que viven allí, bajo una infame dictadura religiosa y militar y que no han tenido la posibilidad de escapar como ella (entre ellos sus propios padres).

Marjane Satrapi

Es muy recomendable volver a leer los libros de Satrapi y ver la película para recordar que fueron los fanáticos religiosos los que impusieron el velo a las mujeres, algo que olvidan muchos que ahora aseguran que el velo es una opción libre de las mujeres en el Islam.

Persépolis SatrapiHace poco me sorprendió leer unas declaraciones de Fatima Mernissi es las que hablaba del uso del velo como si fuera un acto libre. La misma Mernissi que escribió en 1993 un prólogo a su libro El poder oculto en el que hacía un penetrante análisis del asunto del velo:

“Quiero proponer aquí que tanto las campañas a favor del velo en los ochenta como el terrorismo en los noventa forman parte de una estrategia infame para silenciar a los ciudadanos y frenar el proceso democrático. La extensión del terrorismo justificado por la religión en los años noventa es una respuesta atormentada de una sociedad musulmana mutilada, cuyas fuerzas progresistas fueron reprimidas salvajemente, en parte precisamente por esas campañas sistemáticas que pretendían esconder la mitad de la población detrás de un velo”.

Y más adelante lo dice todavía más claramente:

“Las campañas que se llevaron a cabo en los años ochenta para reforzar la obligatoriedad del velo tuvieron muchos efectos trascendentales. En primer lugar constituían un ata­que a la democracia: obligada a ponerse el velo, la mitad femenina de la población se hizo invisible como por arte de magia, volvió a la esfera doméstica y dejó de participar en la vida pública. Fue una manera de advertir a las mujeres que no había lugar para ellas en la esfera pública, que de hecho también estaba vedada a la otra mitad de la población”.

Cualquier persona es libre, por supuesto, de vestir como quiera, pero el problema, y eso es algo que Mernissi parecía saber entonces y que ahora parece no recordar, es que las mujeres bajo el Islam no son libres de vestir ni de actuar como quieran. Y no se trata sólo de las leyes de los gobiernos más o menos islámicos o de la tolerancia oficial, sino de la dictadura y la presión y represión familiar: el estado moderno, la defensa de los derechos humanos y de la democracia nacieron en gran parte para luchar contra la represión familiar y grupal. Contra el control y el abuso ejercidos por los más cercanos.

Como bien muestra Satrapi, en Irán no ir cubierta de la cabeza a los pies con una horrible manta negra no es que fuera una opción de libertad, es que era lo único posible y permitido. A mujeres que se negaban a vestir así las detenían, las pegaban o incluso las echaban ácido en la cara

El problema de las dictaduras o de cualquier pensamiento represivo es que poco a poco se va instalando en nuestra conciencia y redefiniendo incluso lo más evidente e indiscutible, y acabamos hablando como nuestros guardianes. Por eso es especialmente agradable ver que tal cosa no le ha sucedido a Satrapi, como pudimos comprobar hace poco cuando dio una conferencia en contra del reciente (2010) golpe de estado del líder supremo Jamenei y el presidente Amadineyah y la impugnación de unas elecciones en las que con toda probabilidad ganaron los partidarios del cambio.

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[Publicado el 8 de noviembre de 2010]

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Cómo veo mi muerte

En la revista El Ciervo, me pidieron que escribiera un breve comentario acerca de cómo veo mi muerte. Se publicó en abril de 2007. Mi padre también escribió cómo veía él su muerte, pero no he podido encontrar su artículo.

“En la adolescencia decidí que iba a vivir 139 años. No se trataba de una cifra casual: quería conocer tres siglos, el XX, el XXI y el XXII. Si voy  a vivir 139 años, todavía me queda mucho tiempo antes de que la muerte empiece a preocuparme. Descartes también quería vivir mucho tiempo, aunque se conformaba con cien años. Pero la reina Cristina de Suecia le convenció para que le diera clases de filosofía, y Descartes murió de frío en aquel lejano reino a los cincuenta años. Sin embargo, antes del viaje a Suecia, Descartes le confesó a un amigo que ya había encontrado el remedio contra el temor a la muerte: “Ahora me da igual morirme”.

Lo mismo me sucede a mí: ya no me preocupa la muerte. Sigo deseando  alcanzar los 139 años, e incluso la vida eterna, pero ya no me inquieta morir en cualquier momento. Lo que me preocupa no es la muerte, sino disfrutar de la vida: no discutir, no deprimirme por nimiedades, amar y respetar a los demás, descubrir cosas nuevas, recibir también un poco de amor y, en definitiva, ser feliz, cosa que consigo muy fácilmente. Algo me hace sospechar que vivir así me hará más fácil morir. Por otra parte, deseo morir lentamente, porque soy una persona muy curiosa y me gustaría experimentar también esa situación, y no que me sobrevenga sin enterarme”.

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¿Dónde está la izquierda?

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Tras los atentados del 11 de septiembre y el pésimo manejo de la crisis por George Bush, que hizo a Estados Unidos perder en apenas unos meses la simpatía del mundo y ganarse con todo merecimiento su absoluta antipatía, empecé a pensar que podría volver a repetirse lo que sucedió en tiempos de la Guerra Fría, que, llevados por un rechazo perfectamente razonable a la política imperialista y asesina de Bush, muchas personas se olvidaran de qué es realmente el fundamentalismo islámico y de cómo viven los países que están sometidos al clero musulmán en sus diversas variantes.

Empecé a temer que, empeñada en la lucha anti USA, la izquierda se olvidase de defender a millones de personas. Que llevada por su odio a Estados Unidos justificase o minimizase los crímenes de los fundamentalistas islámicos, la intolerancia religiosa que se está extendiendo en el mundo musulmán, intolerancia que convierte en un chiste la de los creacionistas de Estados Unidos.

Y creo que eso es lo que está sucediendo en este momento. No veo a la izquierda radical y combativa manifestándose contra las pretensiones de los fundamentalistas de regular y controlar lo que ellos consideran “sus sociedades”, e incluso las occidentales, en las que también les gustaría imponer sus criterios. Matan a un cineasta holandés que hace un reportaje acerca de la discriminación de la mujer en el Islam y de la ablación y la reacción predominante es sembrar dudas acerca de ciertas simpatías que el cineasta podría tener, o alusiones a que era muy extravagante. En Dinamarca y Noruega se publican caricaturas de Mahoma y desde varios países musulmanes se llama al boicot a esos dos países. ¡Por unas caricaturas! Pero no sólo eso, ahora una veintena de países musulmanes piden que se castigue a los caricaturistas. Y resulta que la izquierda radical, en este caso se muestra de repente muy receptiva a los planteamientos religiosos: “Es que el Islam prohíbe la representación de Mahoma”. Como si eso fuese una justificación de algo, como si eso justificara amenazas, violencia y asesinatos.

¿Dónde están los combativos luchadores que satirizaron a Ratzinger como si fuera el Emperador maligno de la Guerra de las Galaxias o el mismo diablo? ¿Es que no recuerdan que la Iglesia católica perseguía en su momento de gloria ese tipo de ofensas que ahora irritan a los radicales islámicos? Javier Solana, alto comisionado de la Unión Europea no hace unas declaraciones para defender la libertad de expresión, sino para decir que la Unión Europea condena cualquier intento de demonizar una religión.

Ahora la izquierda que combate ruidosamente (e insisto que con razón) la censura que quiere imponer Bush, calla cuando la censura islámica se extiende por el mundo. Porque en este momento es cierto que Estados Unidos está tomando medidas que coartan la libertad de expresión y establecen la censura, pero la más terrible censura actual no es esa, sino la del fundamentalismo islámico: censura que no sólo domina a todos los ciudadanos que viven en el llamado mundo musulmán, y especialmente a la mitad de su población (las mujeres), sino que se extiende por todo el planeta bajo amenaza de muerte, ya sea asesinato directo o atentado terrorista. No hay que pensar sólo en Salman Rushdie, que se vio obligado a permanecer oculto durante años a causa de una fatwa lanzada por Jomeini, en la que se decía pura y llanamente que quien le matara se ganaba el cielo. Theo Van Gogh fue asesinado y la mujer, que le ayudó en su reportaje, negra y de origen musulmán, vive amenazada de muerte. Las mujeres de origen musulmán que viven en Occidente apenas pueden hablar contra sus represores sin temor a ser asesinadas, una actriz pakistaní fue amenazada de muerte por besar a un actor indio y nadie protesta…

Los ejemplos anteriores muestran, por otra parte, que la lucha del fundamentalismo islámico es en gran medida una lucha de varones machistas y temerosos ante el cambio al que podrían acceder las mujeres del mundo musulmán, que podrían pasar de ser esclavas a convertirse en ciudadanas.

¿Y ante estos casos, qué responde la izquierda radical y combativa? Algo que suena más o menos así: “Algo habrán hecho”. Algo habrá hecho Theo Van Gogh, algo habrán hecho los caricaturistas.

¿Es que ya nos hemos olvidado el poema de Martin Niemoller (atribuido erróneamente a Bretch):

“Primero vinieron a por los judíos
y como nosotros no éramos judíos, no hicimos nada.
Después vinieron a por los comunistas
pero como tampoco éramos comunistas, no hicimos nada.
Luego vinieron por los socialistas
y más tarde a por los gitanos,
pero como tampoco éramos socialistas ni gitanos,
tampoco hicimos nada.
Al final vinieron a por nosotros
y ya fue demasiado tarde para hacer algo”

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El padre Martin Niemoller

En la actualidad, nadie se atreve, nadie nos atrevemos, a atacar directamente al Islam, porque sabemos que nos jugamos el cuello. Yo no me atrevo a poner aquí las caricaturas de Mahoma con una bomba en vez de turbante y no animo a nadie a hacerlo, porque sé que es un riesgo real y el martirio es una estupidez que sólo favorece a quien se combate. Un riesgo que no existe si publico caricaturas de Jesucristo como un cerdo, de Bush como el diablo o de Ratzinger como el Emperador maligno. Quizá puedan llegar a censurarme, pero ¿alguien cree seriamente que mi vida corre peligro por ello?

Pero hay otras maneras de combatir el fundamentalismo islámico y su penetración paulatina en la sociedad, una penetración que, por cierto, alienta al fundamentalismo cristiano que proclama: “¿Por qué no podemos hacer nosotros lo mismo, por qué no podemos ser igual de intransigentes?”.

Una de las maneras más claras es las manifestaciones, la protesta, siempre tan fácil de poner en marcha si es contra Estados Unidos. Pero como nadie protesta, como nadie defiende a los amenazados, a las mujeres sometidas, a los pueblos gobernados por los curas, entonces los gobiernos poco pueden hacer y Noruega y Dinamarca se ven obligados a exigir a los caricaturistas que pidan perdón públicamente, porque saben que no sólo los intereses de las empresas noruegas y danesas en países musulmanes están amenazados, sino también las vidas de sus ciudadanos. Evidentemente, si yo fuera el caricaturista y temiese por mi vida, por la de mis amigos y familiares o por la de ciudadanos anónimos, bajaría humillado la cabeza y pediría perdón. Así están las cosas y así de fuertes se sienten quienes se consideran capacitados para matar en el nombre de Dios, animados por sus líderes, sus gobernantes y sus curas.

Es una ceguera política no advertir que lo que está ocurriendo en el mundo islámico fundamentalista es una propagación del odio y una justificación del racismo y la violencia que recuerda lo que sucedió en Europa en el siglo XX, el camino a un totalitarismo teocrático que ya se está imponiendo en algunos Estados y, lo que es peor, en millones de conciencias. Pero, aunque no triunfe (eso espero y deseo) el fundamentalismo islámico, ¿no es hora ya de decir bien alto que es un escándalo intolerable la situación de la mujer en el mundo musulmán?

Bromas que a muchos divierten

Apologías de la violencia y la muerte que a muchos divierten y entretienen

Es cierto que es difícil actuar ante la amenaza de muerte, pero una cosa es no actuar porque no puedes, y otra cosa no actuar porque no quieres, y lo peor de todo este asunto es que muchos no querrían actuar ni aunque pudieran. A menudo me veo en la vergonzosa situación de escuchar a gente de izquierda, algunos incluso amigos míos, comentando casi con alegría los atentados del 11 de septiembre, bromear con ello, llevar camisetas o símbolos celebrando el suceso, decir que “se lo tenían merecido” y hacer apologías del asesinato por las que cualquier fascista o nazi sería metido en la carcel.

Seguramente, como pasó con el bloque soviético, tendrán que pasar treinta años y caer algún muro de Berlín para que cierta izquierda se dé cuenta de su error y comprenda lo que está haciendo. Pero incluso en eso soy pesimista: aquella izquierda de la Guerra Fría, salvo honrosas excepciones, no rectificó: tan sólo se rindió. Todavía muchos de ellos siguen considerando que la caída del muro fue un desastre, como acabo de oír en un programa de televisión argentino, en el que elogiaban a Mao con toda naturalidad y decían que “poco a poco vamos saliendo de aquella tragedia que fue la caída del muro”.


(2 de febrero de 2006 )

[Este artículo era originalmente la continuación de “La izquierda que no ve“]

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