David de Dinant y los noumenos

David de Dinant era un pensador cuyos escritos fueron condenados a la hoguera por la Iglesia. Dinant sostenía que había tres sustancias diferentes: Dios, materia y alma.

Sin embargo, parece, pues no se conservan restos de sus escritos, que al final de su argumento Dinant llegaba a unificar estas tres sustancia en una sola.

En Wulf y Fraile (me refería a dos historias de la filolsofía) he conseguido averiguar algo muy interesante acerca de David de Dinant. Dos cosas interesantes.

La primera es la justificación de su monismo materialista. Primero parece plantear la distinción bastante frecuente entre tres sustancias: Dios, alma y materia. Pero, añade, si estas tres sustancias son simples, tienen que ser idénticas, puesto que para poder distinguir dos cosas hemos de hallar algo común y algo diferente.

No voy a desarrollar este argumento aquí.

2018: Dicho con la mayor brevedad posible: si las tres sustancias son realmente simples, no pueden tener diferencias, pues eso las haría tener partes o ser un compuesto, y por tanto no ser simples. La razón por la que no puede haber tres sustancias simples diferentes no estoy seguro de poder reconstruirlo, pero podría ser también que si dos sustancias realmente simples se combinan o relacionan (como se supone que ha de suceder entre Dios, alma y materia) entonces deberían perder o ganar algo, con lo que no serían realmente simples.

Me interesa el segundo argumento de David de Dinant acerca de la distinción entre espíritu y materia, que tiene mucho que ver con el anterior, pero que también aporta algo nuevo, creo yo.

Lo cierto es que tengo la duda (curiosa expresión) de si interpreto bien las palabras de Dinant. Sea o no así, tampoco parece posible averiguarlo, dada la suerte corrida por la obra de este filósofo, considerado hereje.

Según yo interpreto el argumento en cuestión, coincide con ideas que vengo manteniendo desde hace tiempo. He de buscar los textos (¿qué textos serán esos?).

Dice David de Dinant:

“Si el espíritu difiriera de la materia, habría una materia en la materia prima y necesitaríamos proceder hasta el infinito”

Yo lo interpreto del siguiente modo: quienes dicen que lo que se nos aparece son sólo fenómenos, pero que lo real, la sustancia, es otra cosa, un noúmeno, caen en contradicción.

Porque (en palabras mías, y no de David de Dinant), si en un fenómeno, en una apariencia, podemos separar lo numénico, la sustancia, entonces ha de quedar algo que no es la sustancia, pues, de no ser así, veríamos la sustancia en vez del fenómeno.

Pero ese algo puramente fenoménico no puede existir por sí mismo, pues sería sustancia. Etcétera.

No sé si eso es lo que pretende decir David de Dinant. Creo que sí.

Con esto quiero decir que es absurdo, como pretende Descartes, quitarle la dureza a una piedra o el calor al fuego, porque, si lo hacemos, no sé qué encontraremos, pero sí sé que perderemos la piedra y el fuego. Esto vale tanto para las cualidades primarias como para las secundarias,aunque para éstas exigiría una argumentación larga y fatigosa.


[Escrito en 1990. Añadido en 1995. Revisado en 2018]

2018: Por alguna razón, en lo escrito en 1995 quería comparar a David de Dinant con Pico de la Mirandola, no sé porqué, y añadí esto: Pico de la Mirandola decía que Dios había creado al hombre como la única criatura sin una naturaleza definida, otorgándole el poder de elevarse, por sus propios méritos a la categoría de los ángeles (y posiblemente más allá, más cerca de Dios), o de rebajarse hacia las bestias. Descubro también ahora que Elena Casadei ha intentado uan reconstrucción de los textos atribuidos a David de Dinant:  I testi di David di Dinant. Filosofia della natura e metafisica a confronto col pensiero antico. Me gustaría leerlo.

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Cómo interpretar a Rosenzweig

Después de leer El nuevo pensamiento, de Rosenzweig, me quedé con la sensación de que contenía ideas muy interesantes pero también pensé que había que ser infiel a Rosenzweig, a sus verdaderos deseos e intenciones. Tratar con sus ideas despojándolas de mucho de aquello a lo que Rosenzweig daba importancia vital, pero que, en mi opinión, es sólo un añadido innecesario y un impedimento para apreciar el vigor de su pensamiento.

Creo que en esta dirección caminó Walter Benjamin (de quien no he leído nada, creo [2006]), cuando se halló bajo la influencia de Rozenzweig. En realidad, hay que aplicar a Rosenzweig lo que él mismo pedía:

“Al escribir estas páginas he experimentado cuán difícil es para el autor hablar sobre su propio libro; apenas puede adjudicarse el derecho a decir algo auténtico. Pues de cara a aquello que en su obra es espíritu y, por tanto, es transplantable a otros espíritus, el autor está en igual situación que cualquier otro. Incluso para el otro, por el solo hecho de ser otro, le será siempre legítimo encargarse de, para usar la audaz frase de Kant, que por otra parte no es en absoluto tan audaz, “entender a Platón mejor de lo que él se entendía a sí mismo”. A ninguno de mis lectores querría quitarle esa esperanza.”

Yo no sé si puedo entender a Rosenzweig mejor que él mismo: lo dudo mucho. Creo, más bien, que no se trata de entender a Platón mejor que el propio Platón, sino de darse cuenta de que hay ideas de Platón que no le pertenecen a él, sino al razonar mismo: tal vez Platón las planteó antes que otro, pero son pensables en otras circunstancias, con otros fines y bajo otros condicionamientos epocales o personales. Del mismo modo que a Leonardo no le pertenece un color que antes no mezcló otro pintor, o que una fórmula matemática puede usarse para demostrar lo contrario de lo que pretendía el primero que dio con ella. Del mismo modo, se pueden usar las ideas de Platón, Kant o Rosenzweig para construir filosofías incluso contrarias a las intenciones de quienes las crearon, como el propio Rosenzweig hace con sus referentes medievales. Y eso no significa que Rosenzweig carezca de mérito o que solo sea una mera excusa para nuestra subjetividad como lectores de sus libros: Einstein refutó a Newton usando a Newton. Si no hubiera existido Newton (o su equivalente) no habría habido un Einstein. Incluso ahora, por otra parte, se puede seguir considerando válida la física de Newton, siempre que se trate de bajas velocidades.

Por lo tanto, aunque considerando errados los objetivos o conclusiones de Rosenzweig, me parece que encontraré cosas buenas y aprenderé mucho si llego a leer su Estrella de la redención.


[Escrito en 2006]

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Teología de Rosenzweig

Los argumentos de Yehuda Halevi y David de Dinant  en relación con las tres sustancias por ejemplo, mundo, alma y Dios), se propusieron en una época en la que la teología no sólo era el cauce por el que corría cualquier filosofía, sino su guardiana y dura madrastra, que no la dejaba andar sin las muletas de la credulidad religiosa.

Las filosofías de Halevi y Dinant son, en su momento y con tales limitaciones, admirables, pero en 1917, el que Rosenzweig proponga ideas semejantes es parecido a filosofar desde una torre sin ventanas y no darse cuenta de que allá fuera el mundo ya no es el mismo, de que ya no podemos plantear un esencialismo o sustancialismo que exige al lector aceptar una distinciones filosóficas aristotélico-medievales.

Algunos de los comentadores de Rosenzweig señalan que Rosenzweig iba contra el pensamiento de su propia época de manera radical, pero la mayoría obvian el asunto, como si ni siquiera se dieran cuenta. Es cierto que se puede decir: “Un buen pensador no debe dejarse dominar por el espíritu de su época (la Weltschaung) porque ese espíritu a menudo es tan perecedero y transitorio como otras modas de la época”. Eso es cierto y Rosenzweig podría decir: “Es que yo no hago mi tarea filosófica desde un rincón del siglo XX, sino desde la eternidad”.

La respuesta a eso es que la fuente de su pensamiento también era epocal: procedía de los textos sagrados hebreos y cristianos y de la filosofía hebrea medieval, con toques de cristianismo de Agustín y algunas gotas del Islam. Épocas en las que el pensamiento estaba tan al servicio de las estructuras sociales dominantes, como en la época de Bismarck que él critica. El propio Rosenzweig lo dice con claridad, aunque no parece darse por aludido:

“Cuando el edificio de un mundo se desmorona los pensamientos que lo idearon, que lo entretejieron, se convierten también en ruinas, quedan sepultados bajo los escombros” (Rosenzweig en Hegel und der Staat).

Rosenzweig, por otra parte, reconocía la mayor influencia judía en su pensamiento, pero consideraba que las tres religiones del libro eran tres tonalidades de una misma voz, aunque sentía cierto desprecio hacia el Islam por ser una religión “construida”. Todas lo son, por supuesto, pero es cierto que Mahoma definió el Islam paso a paso con precisión de estadista y que escribió el Corán a la medida de sus intereses, a veces cambiantes, de ahí los cambios y contradicciones, que obedecen a los de la vida de Mahoma. Posiblemente lo mismo hicieron, si es que existieron y no se trata de figuras legendarias, Abraham y Moisés, casa uno con una nueva versión de una antigua religión.

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Rozenzweig y David de Dinant

RozenzweigMe gustan algunos argumentos de Franz Rosenzweig más cercanos a lo concreto, pero no me gusta tanto cuando expone su propio sistema, que exige del lector aceptar un postulado previo bastante exigente.

Dicho con brevedad, esta exigencia de Rosenzweig es que aceptemos la distinción entre tres sustancias: Dios, el Mundo y el Hombre.

Para los que no estén muy versados en filosofía, diré que la característica fundamental de   las sustancias es que son absolutamente independientes y diferentes una de otras, autosuficientes y separadas.

Cuando estudié filosofía medieval me gustó mucho David de Dinant, quien también creía en tres sustancias separadas, las mismas de Rosenzweig, aunque Dinant las llamaba Dios, Materia y Alma.

Este pensamiento de Dinant era claramente herético respecto a la ortodoxia cristiana, porque significaba que el Alma o la Materia no precisaban de Dios para existir. Las obras de Dinant, que sin duda eran muy interesantes, fueron quemadas. No recuerdo ahora sí él también. Creo que no.

Una de las cosas curiosas es que en el libro que he leído dedicado a Rosenzweig no se mencione a David de Dinant, y que tampoco lo haga el propio Rozenzweig, porque hay un evidente parentesco entre ambos (tal vez Rozenzweig sí lo mencione en La estrella de la redención, no lo sé).

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