Cosas que aprendí de mi padre

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De mi padre aprendí a dibujar en los manteles de papel de los restaurantes, costumbre que todavía mantengo, pero que me da la impresión que abandonó hace bastantes años. Aprendí también a poner en duda todas mis creencias, en especial las más queridas, y a buscar y reconocer mis juicios erróneos casi con orgullo. A experimentar y a probar lo ajeno y lo diferente.

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Dibujo que hice en un mantel mientras escribía este texto

Aprendí a apreciar el sabor de la verdad, no de la verdad absoluta, sino de las pequeñas verdades siempre puestas a prueba y siempre transitorias. Gracias a él sé que esa certeza siempre puesta bajo examen es lo que distingue a una persona inteligente y honesta, porque hay pocas cosas más mediocres que mentirse a uno mismo a sabiendas.

Aprendí a no justificar ninguna injusticia o crueldad mediante argumentos ingeniosos o ideologías inflexibles y dogmáticas, y a saber que existen ciertos actos que son injustificables en cualquier circunstancia. Aprendí a no confundir los deseos con la realidad, por fuerte que a veces sea la tentación, y a moderar la ceguera del que sólo ve lo que quiere ver.

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Aprendí a disfrutar del viaje, en aquellos largos trayectos de Madrid a Barcelona junto a él y mi hermana Natalia en un Doscaballos, viajes, que fueron una preparación a la antigua metáfora que Kavafis volvió a hacer célebre en Ítaca: el retorno de Ulises a su tierra. De muchos de esos viajes no recuerdo otra cosa que el camino, aquellos momentos en los que nos deteníamos en la carretera para robar frutas en los campos, y en los que escuchábamos música que todavía recuerdo. En aquellos largos viajes en coche también empecé a desarrollar mi afición hacia el pensamiento estadístico, de tanto tiempo que tenía para observar los coches que nos adelantaban (los más) o los que dejábamos atrás (los menos).

ivan-islaAprendí de mi padre a disfrutar de la poesía beatnik y de los taoístas y budistas de California, de Ginsberg, de Whitman, de Omar Jayyam y de muchísima poesía, aunque no siempre coincidamos en los poetas que nos gustan o en las razones que explican la emoción poética. Y por supuesto, he disfrutado de la precisa emoción de muchos de sus  poemas.

ivan-barba-jovenGracias a él llegué a entender la importancia del periodismo para una sociedad libre, a apreciar los placeres de la semiótica y del lenguaje, las bellezas de la complejidad de un McLuhan o un Proust, y a comprender que algunos cómics pueden compararse a la mejor literatura. A no creer en los papanatas y farsantes intelectuales o artísticos y a respetar y admirar a pensadores como Albert Camus o Bertrand Russell.

A través de mi padre llegué a  Montaigne y a su dulce amigo La Boetie, a Thoreau y otros anarquistas tempranos, y a él sin duda debo cierta preferencia temprana por el anarquismo, que me salvó de algunos dogmas de la época, una preferencia de la que aún, como él, conservo algunas querencias, las que me acercan a Kropotkin pero que me alejan de Bakunin. El anarquismo del amor y el apoyo mutuo y no el del odio y la venganza. El de la organización que lleva a la justicia y no el del desorden y el caos injusto.

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Mi padre (Iván Tubau) y mi madre (Victoria García Laborda) ensayan en el Instituto del Teatro de Barcelona

 

Aprendí gracias a mi padre a conocer todas las farsas y mentiras de la religión, pero también a apreciar el dulce taoísmo, el chan y algunos detalles del zen;  el sufismo y también el encanto de algunos cristianos.

Aprendí de mi padre a amar los placeres sencillos pero también los complejos, a disfrutar muy pronto de los placeres sexuales con toda intensidad y ningún prejuicio; a amar la cultura sin idolatrarla, a apreciar el razonamiento lógico y complejo, la sutileza y la expresión sencilla, el ingenio y la erudición. A disfrutar con el razonamiento riguroso y la agudeza y la honestidad intelectual.

 

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Iván Tubau

17 de agosto de 1937 / 13 de noviembre de 2016

 

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[Escrito antes de 2014. El día 14 de noviembre de 2016, un día después de la muerte de Iván, cambié ligeramente el título]

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Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist's family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist’s family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Tras las discusiones teológicas de los útimos días, Casanova aunque atraído por Helena, la hermana de la bella teóloga, cada vez se siente más seducido por Hedvige:

“La asombrosa muchacha conversaba de teología con tanta suavidad y daba a la razón un atractivo tan poderoso, que era imposible no sentirse seducido, cuando no convencido. Nunca he visto a un teólogo capaz de discutir espontáneamente los puntos más abstractos de esa ciencia con tanta facilidad, abundancia y auténtica dignidad como aquella persona joven y bella, que durante la comida acabó de inflamarme”.

Tras la comida, Casanova va a pasear con las dos hermanas. Hedvidge le dice que, tras la conversación acerca de Jesucristo y la samaritana, un teólogo “tonto y fanático” se escandalizó y le dijo que Jesucristo no habría podido fecundar a la samaritana y que, si fuera hombre, le explicaría el motivo. “¿A qué se refería?”, pregunta, y enseguida confiesa que, en cuanto a la conformación del hombre, sólo está informada por la teoría, las lecturas y la contemplación de estatuas, y que no tiene ninguna práctica. Casanova dice que está dispuesto a explicárselo, pero que tendrá que permitirle que le hable claramente.

– Vuestro teólogo quería deciros que Jesús no era susceptible de erección.

– ¿Qué es eso?

– Dadme la mano.

– Lo noto, y ya me lo imaginaba, pues de no ser por este fenómeno de la naturaleza, el hombre no podría fecundar a su compañera. !Y el tonto del teólogo pretendía que eso era una imperfección!

– Sí, pues este fenómeno se deriva del deseo -explica Casanova.

El veneciano inicia entonces una conversación seductora, que va ilustrando con la práctica: el fenómeno se ha operado en él, explica, al imaginar, al ver la belleza de Hedvige, otras belleezas ocultas.

– ¿Al sentir esta dureza -pregunta-, no experimentáis un prurito agradable?

– Sí, dice ella, y precisamente en el lugar que estáis apretando.

Sin perder el tono filosófico, la joven teóloga pregunta a su prima Helena si no siente lo mismo “al escuchar el justísimo discurso que nos hace el caballero”.

– Por supuesto, dice Helena, pero es algo que noto a menudo sin necesidad de discurso alguno.

– ¿Y no sentís la necesidad de aplacarlo de esta manera? -pregunta Casanova aludiendo a aquello que está haciendo su mano quizá ya bajo las faldas de Helena.

Helena dice que no, pero Hedvige confiesa que “incluso dormida, se me va la mano en esa dirección, como por instinto; y he leído que si no tuviéramos ese alivio, sufriríamos las más espantosas enfermedades”.

Siguiendo con su entretenida charla, llegan a una caleta, y Casanova propone a las dos jóvenes meter los pies en el agua. Les quita los zapatos y ellas entran en el agua subiéndose las faldas. Cuando salen, él las seca con sus pañuelos y les pone las medias y los zapatos. De nuevo ellas comprueban el fenómeno de la naturaleza que se produce en Casanova.

Poco después, se refugian en un pabellón donde se produce otro fenómeno: “Una abundante emisión de licor”. “Es el verbo -dice Casanova- el gran creador de los hombres”. A Helena le parece delicioso y Hedvige afirma que también ella tiene el verbo y puede demostrarlo “si esperáis un momento”. Tras diversos juegos, el asunto no va a mayores, pero ellas prometen a Casanova pensar en la posibilidad de un encuentro más íntimo, una vez que Casanova les asegura que no hay riesgo gracias a los saquitos ingleses que siempre lleva consigo.

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Saquito inglés, primitivo condón

Volvamos a la teología.

Casanova y las dos hermanas regresan junto a los comensales y Hedvige responde a la pregunta de si Eva engañó a su marido haciéndole comer la manzana. No le engañó, dice ella, sino que se limitó a seducirle con la esperanza de darle una perfección más. Además, Eva no había recibido la prohibición del propio Dios, sino de Adán. Se levantan murmullos y el tío de Hedvige se ve obligado a decir que su sobrina no es infalible. “Lo soy tanto como las Sagradas Escrituras cuando a ellas me refiero”, afirma ella. Van a comprobarlo y, efectivamente, constatan que la prohibición precedió a la creación de la mujer.

La siguiente pregunta es si la manzana ha de entenderse como un símbolo (de la seducción sexual, claro). Hedvige responde que no, pues no hubo ayuntamiento entre Adán y Eva en el jardín del Edén. La prueba es una nueva cita bíblica.

La curiosidad me ha llevado a comprobar por mí mismo las afirmaciones de Hedvidge.

En Génesis 2.16, Yahvé, en efecto, prohíbe a Adán comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y no es hasta el versículo 18 que decide crear a Eva. Parece, pues, que la prohibición no fue hecha por Dios a Eva aunque, cuando la serpiente pregunta a Eva si Dios les ha prohibido comer del árbol, ella dice que así es, lo que tal vez puede entenderse como que hubo una segunda prohibición de Dios, pero lo cierto es que eso no está escrito. En cuanto al segundo asunto, es cierto que sólo después de la expulsión del Paraíso, Adán conoció a su mujer (Gen. 4.1).

El siguiente en intervenir en esta  interesante reunión es el dueño de la casa, el señor Tronchin, que quiere saber si basta con la lectura del Antiguo Testamento para establecer la inmortalidad del alma. Hedvige responde que el Antiguo Testamento no enseña ese dogma, pero que se puede establecer por la razón:

– Lo que existe ha de ser necesariamente inmortal, ya que la destrucción de una sustancia real es algo que repugna a la Naturaleza y al pensamiento.

– ¿Y se establece en la Biblia la existencia del alma? -pregunta Tronchin.

– La idea salta a la vista: el humo siempre revela un fuego que lo produce.

– ¿Y puede pensar la materia?

Aquí Hedvige sabe que se mueve en terrenos peligrosos, así que responde con cautela:

-Eso no os lo diré, pues no me corresponde a mí; pero sí os diré que, como creo que Dios es todopoderoso, no puedo ver razón suficiente para inferir que no sea capaz de dar a la materia la facultad de pensar.

Una excelente respuesta, me parece.

Cuando se insiste en que Hedvidge dé su opinión, la bella teóloga dice:

– Creo que tengo un alma mediante la cual pienso; pero ignoro si, después de mi muerte, mi alma recordará que hoy he tenido el honor de comer en vuestra casa.

-Pero, si podéis creer en que vuestra memoria no pertenezca a vuestra alma, en tal caso ya no serías teóloga, dice Tronchin.

Ante esto, Hedvige parece hacer profesión de escepticismo al estilo de Montaigne:

– Se puede ser teóloga y filósofa, pues la filosofía no hace daño a nada, y el decir ignoro no quiere decir .

Arrecian los aplausos y el pastor pide a Casanova que haga una pregunta a su hija. “Sí”, dice ella, pero que sea algo nuevo.

Decidme si para comprender una cosa es necesario comenzar por el principio.

– Es indispensable; y por eso, como Dios no tiene principio, es incomprensible.

– Dios sea loado, señorita: esa es la respuesta que yo quería. Decidme, entonces, si Dios puede conocer su existencia.

– ¡Bien! Hasta aquí no llega mi ciencia; no sé que responder. Caballero, eso no es muy cortés.”

En efecto, dice Casanova, pero ella le pidió algo nuevo, y algo nuevo es ponerla en un aprieto.

Este aprieto en el que Casanova pone a Hedvidge tiene que ver de nuevo con lo que se llaman las imposibilidades de Dios: si para conocer uan cosa hay que empezar desde el principio y Dios no tiene principio, entonces Dios no puede conocerse a sí mismo. Ya en la primera parte vimos otra imposibilidad de Dios referida a si Dios podía vountariamente ignorar lo que iba a suceder.

Finalmente, Hedvige aventura que Dios, como es omnisciente, conocerá su propia existencia, pero que no puede decir más. Los comensales se quedan con la sensación de que Casanova es un ateo galante, “pues está demasiado extendida por la buena sociedad la costumbre de verlo todo superficialmente; pero poco me importaba a mí parecerles ateo o creyente”.

El turno pasa ahora al señor de Ximénès, que pregunta si la materia ha sido creada. Hedvige responde (y en esto Hedvidge, en mi opinión, se aparta de las Sagradas Escrituras) y argumenta, de manera semejante a Lucrecio, lo siguiente:

– No conozco la palabra creada. Preguntadme si la materia ha sido formada, y mi respuesta será afirmativa. La palabra creada no puede haber existido, pues la existencia de la cosa ha de preceder a la formación de la palabra que la designa.

Crear, dice la joven, significa sacar de la nada y ya se ve el absurdo, pues entonces “hay que suponer la nada precedente… ¿creéis que la nada es algo creable?”.

Cuando preguntan quien ha sido el preceptor de Hedvige ella dice que su tío, pero él asegura que no. En su opinión, su sobrina “lee, piensa y razona quizá con excesivo atrevimiento, pero me gusta porque siempre acaba por decir que no sabe nada”.

Una dama pregunta cómo se puede concebir que el espíritu actúe sobre la materia y ello da ocasión a Hedvige de mostrar sus conocimientos filosóficos:

– No se puede construir sólidamente sobre una idea abstracta [del espíritu]. Hobbes las llama ideas vacías; se puede tenerlas, pero hay que dejarlas en reposo, pues cuando se quiere profundizar sobre ellas, se cae en la sinrazón… según nuestras percepciones nos vemos obligados a admitir que no se puede hacer nada sin órganos; ahora bien, como Dios no puede tener órganos, ya que le concebimos como espíritu puro filosóficamente hablando, Dios no puede vernos, igual que nosotros no podemos verle. Pero Moisés y otros le vieron, y lo creo sin meterme a examinar la idea.

Hobbes

Thomas Hobbes

Casanova dice que hace bien, pero que, si lee a Hobbes corre el peligro de hacerse atea, a lo que ella responde que no tiene miedo de eso, pues ni siquiera concibe la posibilidad del ateísmo.

En fin, después de esta filosófica comida, Casanova consigue ver a las dos primas, tras permanecer escondido durante cuatro horas en un lugar que ellas le indican. El juego amoroso se inicia sin dejar de lado la filosofía: cuando llega el momento de desnudarse, Hedvige vence su rubor citando a Clemente de Alejandría, que dice que la vergüenza no está sino en la camisa.

En posteriores encuentros con Helena y Hedvige, cada vez más atrevidas, la joven teóloga aprovechará para filosofar sobre el placer. Algún necio pensará que esa no es una buena manera de entregarse al placer, pero yo no comparto esa opinión, y Casanova, está claro, tampoco.

Llega la despedida y ellas se muestran muy tristes. Casanova promete volver a verlas antes de dos años: “y no tuvieron que esperar tanto”. Sin embargo, no he encontrado en las Memorias ese nuevo encuentro, lo que es una verdadera lástima.

 

 

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esklepsis-portada4

[Publicado en 1995]

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[LA MITAD OCULTA]


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Fontenelle

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El sueño real

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GIACOMO CASANOVA

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[LA MITAD OCULTA]


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Hardy, Casanova y el ideal

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Casanova, segundo acto

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Casanova y los vividores

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LA MITAD OCULTA


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¿Dónde y cómo?
[Kamo no Choomei]

Kamo_no_Chomei por Kiluchi Yosai

Si dependes de alguien, acabas por pertenecerle. Si te haces cargo de otros, serás esclavo de tu propio afecto y devoción. Si te adaptas al mundo, se sufre mucho. Si no, te vuelves loco. Y viene entonces la pregunta: ¿dónde y cómo podría vivir?, ¿dónde encontrar un lugar para descansar un poco, ¿y cómo dar paz pasajera a nuestros corazones?
(Kamo No Choomei)

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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Un intento filosófico
[CUADERMOS EGÓLATRAS]

AVISO
Tres años antes de matricularme en la facultad de Filosofía, hice un intento de explicar mis ideas filosóficas. Tenía veintidós años y no era la primera vez que lo intentaba. Quizá en otra ocasión ponga en esta sección ejemplos anteriores. Lo titulé Intento filosófico, sin duda pensando en imitar los Ensayos (intentos) de Montaigne, que no había leído todavía.

El intento quedó en eso, en un intento.

 

INTENTO FILOSÓFICO

Daniel Tubau -Infantas

Introducción y declaración de intenciones

Contando veintidós años el autor, comienza, como hiciera Descartes, a edificar su propio pensamiento filosófico, sin despreciar a los pensadores que le precedieron, pero sin dejarse encadenar por ellos; buscando la verdad allí donde se encuentre y venga de quien venga; reconociendo de antemano su ignorancia en casi todas las materias y deseando hacerse, si no más sabio, si más filósofo, porque (palabras de Platón) los sabios no necesitan buscar ni proclamar la verdad, siendo ambas cosas tareas de los filósofos, aquellos que, en un término medio, no son ni sabios ni ignorantes.

Ignoro el camino que seguirán estos escritos y no me fijo meta alguna excepto la de clarificar mi pensamiento a través de la reflexión. Siguiendo el ejemplo de los buenos físicos, partiré de algunas seguridades, algunas ideas que considero verdaderas, y, trazando un círculo no vicioso, no descarto que mis últimas conclusiones (que ahora ni siquiera puedo intuir) refuten esas primeras seguridades.
Esto es, por llamarlo de alguna manera, un viaje iniciático: la venda de la confusión y de la duda cubre mis ojos y mediante la reflexión y el raciocinio, pretendo apartarla de mí, deshacerme de ella.
Muchos errores, sin duda, se deslizarán en estos escritos que ahora inicio: mis conocimientos son escasos y dispersos, no he pasado por universidades y no he tenido maestros que me ayudaran a saltar obstáculos. Camino solo, sin ayuda, llevado por el único impulso de mi pasión y, por ello, frecuentemente me hundiré en cenagales que otros, aquellos que se han educado de una manera adecuada, sortearían con facilidad. Una ventaja, sin embargo, tengo sobre ellos: yo no tengo nada ‘superado’ (como suelen repetir tantos hoy en día); ni a los filósofos griegos ni a Descartes ni a Hegel (Martensen proponía pasar por encima de Descartes y Hegel, pues ya estaban ‘superados’). Sobre este tema existe un interesante comentario de Kierkegaard.

 

Un año después
Transcurrido un año desde la redacción de las lineas anteriores (que quedaron incompletas y que yo no soy quien para continuar), hallándome sin duda ahora en el peor momento de mi vida, al descubrir que la muerte no es sólo un fantasma que se pueda exorcizar diciendo que cuando estamos ella no está y cuando ella está nosotros no estamos, sino, antes al contrario, que es algo casi tangible, pesado y agobiante; hallándome, digo, en tal situación y viendo ante mí esta libreta en blanco, que a tan alto fin parecía destinada, lo único que puedo sentir es indiferencia.

Proponerse ser un segundo Descartes es lo mismo que querer ser reencarnación de Pico de la Mirandola (ambición que al parecer he compartido con Bioy Casares o, mejor dicho, con el joven que fue Bioy Casares), es pretender tener dos cuando no se ha tenido uno.
Bastante fatigosa es ya de por sí la tarea ineludible, pues nos viene impuesta, de ser, para desear, además, ser otro.

Una vez alcanzadas las conclusiones anteriores, ¿qué se puede hacer con esta libreta? Supongo que convertirla en un simple cuaderno de notas.

Una libreta usada, mancillada (pues para otro fin había sido destinada) no invita, sin embargo, a ser llenada de nuevas frases: siempre resulta más apetecible y menos comprometedor, estrenar otra libreta, para no verse en la obligación de tener que escribir pequeñeces en una libreta que a tanto aspiraba.

Pues pequeñeces son lo que yo deseo escribir, tal vez debido a que mi mente es incapaz de concebir ‘grandeces’. Quede, pues, esta libreta destinada a albergar todas mis ideas antaño diseminadas por libros, hojas, trozos de cartón, pequeños billetes y libretas; ideas que, piense lo que yo piense ahora, cuando fueron concebidas no me parecieron pequeñas, no las vi como molinos, sino como gigantes. Para ellas, esta libreta.

Jesús-Arauzo

Jesús Arauzo

NOTA 1996: Acababa de morir mi amigo Jesús Arauzo. Hoy, precisamente, antes siquiera de releer este texto y escribirlo en el ordenador, he estado pensando intensamente en Jesús. Una casualidad. Pensaba en su enfermedad y en la manera inesperada en que murió. Inesperada porque yo no pensaba que su vida estuviese en peligro. Mi macabro temperamento me ha llevado a comparar su caso con el mío.

[1999: Cuando escribí lo anterior, yo estaba muy enfermo, pero no estaba claro qué me pasaba, así que me pasó por la imaginación que me sorprendiese una muerte prematura.]

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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Consideración intempestiva de Kierkegaard

Dice Kierkegaard:

Kierkegaard“Cualquier apuntador especulativo (acostumbrado a señalar concienzudamente las etapas más significativas de la evolución filosófica de nuestro tiempo) cualquier profesor auxiliar, simple repetidor o estudiante, cualquier filósofo, tanto los que lo son por título académico como los que lo son por mera afición, pisan hoy terreno firme y no se paran ya para nada en la duda radical y absoluta, sino que “van más lejos”. Seguramente que sería una impertinencia intempestiva preguntarles cuál es en realidad el fin que persiguen con un paso tan firme y ligero: Pero hemos de pensar, haciendo gala de la más delicada cortesía, que alguna vez dudaron realmente de todo porque, de lo contrario, resultaría muy extraña, por no decir contradictoria, esa afirmación suya de que van más lejos. Todos, en definitiva, han hecho ese movimiento previo, pero al parecer con una facilidad tan admirable que juzgan de todo punto innecesario explicar la manera en que lo hicieron. En este sentido es completamente inútil cualquier intento que hagamos por nuestra parte, por mucha que sea la delicadeza que pongamos en ello, para sonsacarles el menor detalle esclarecedor, un leve indicio o la más pequeña prescripción dietética sobre la conducta que se debe adoptar al realizar esa tarea tan enorme”.

 

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El mito de Fausto (1) Johann Faust
[PACTOS CON EL DIABLO /1]

JORGE (JOHANN) FAUSTO

EL FAUSTO REAL Y LAS PRIMERAS VERSIONES DEL MITO

 Dice Carlos García Gual que el de Fausto es un mito moderno muy interesante, pues podemos seguir con bastante facilidad su evolución desde su origen, como un personaje que existió, hasta sus últimas variaciones literarias y artísticas.

Melanchton dice que Georg o Johann Faustus nació hacia el añó 1480 en Knittliengen, un pueblecito perteneciente a Württtemberg, que no sé si es Witenberg [donde los sitúa Goethe].

Johann Faust

El benedictino Johannes Tritemus lo menciona en sus epistolarios y supone que Fausto fue su discípulo. Dice Alberto Cousté que este Tritemus es “uno de los magos especulativos más grandes de los que se tenga memoria”. También lo mencionan en sus cartas el canonista Mudt y Heinrich Urbanus, quien lo llamaba Magister Geórgius Sabellicus Faustus Junior. Estos autores decían que Fausto sabía de memoria la obra completa de Homero, Virgilio y Horacio, lo que tampoco resulta tan asombroso (más difícil le hubiera sido memorizar tan sólo la de Plutarco).

Al parecer, se licenció por la Universidad de Heidelberg y luego se estableció en Praga “capital mundial de la magia por entonces”, dice Cousté.

En 1513, Conrado Mutiano, que no sé si es la latinización del mencionado Mudt, habla de Georgius Faustus como un fanfarrón y un loco. Siete años después el obispo de Wittenberg le paga diez florines por un horóscopo. En 1927 escapa de Wittenberg para evitar ser arrestado. Un año después lo expulsan de Ingolstadt bajo la acusación de sodomita y nigromante. El prior Kilian Leib menciona sus conocimientos astrológicos.

En 1532 se le prohibe establecerse en Nurenberg a causa de su inmoralidad. Tal vez en 1533 él y el no menos famoso Agrippa (Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim) pasan una temporada bajo la protección del obispo de Colonia, Hermann von Wied.

En 1534, Felipe von Hutten, que vive en Venezuela, menciona también los poderes astrológicos de Fausto. En 1539 el médico Felipe Begardi se indigna de que Fausto “pretenda ejercer a la vez la medicina, la quiromancia, la cristalomancia, la nigromancia, etc.”.

Al parecer, murió en Staufen, cerca de Friburgo, en 1540 o 1541, a los sesenta años.

Johann Faust y el diablo

Estos son los datos más o menos ciertos acerca de Johann Fausto, pero su leyenda agregó todo tipo de extravagancias y asombros, no sólo mediante la invención, sino también atribuyéndole hechos pertenecientes a otros personajes, algunos de ellos bastante más legendarios que el propio Fausto, como San Cipriano (El mago prodigioso, de Calderón) y Simón el mago. Se decía que era experto en artes mágicas, que había intentado volar en Venecia y que había ejercido la nigromancia y la profecía en Cracovia. Además, era capaz de levitar, tenía el don de la ubicuidad, poseía poderes hipnóticos y de sugestión y dominaba la xenoglosia o don de lenguas. En cuanto a las habladurías acerca de su pacto con el diablo, parece que se deben a que el propio Fausto presumía de haberle vendido su alma.

En una época de ocultistas célebres, como Paracelso, Nostradamus y Agrippa, una figura menor como Fausto logró mayor fama gracias al Faustbuch (Libro de Fausto), también llamado el Fausto de Spies por haber sido publicado por este librero. Se trata de una colección de cuentos que se publicó en 1587 en Frankfurt y que conoció enseguida un gran éxito. En este libro se atribuían a Fausto historias que anteriormente se habían adjudicado a Merlín, a Alberto Magno o a Roger Bacon. El libro, que parece que cuenta con importantes virtudes, fue divulgado por toda Europa y poco a poco se fueron añadiendo más episodios a la vida de este mago prodigioso. Christopher Marlowe se basó en una traducción de 1592 para escribir en 1604 La trágica historia del Doctor Fausto.

En el libro de Spies, que intentaré leer en su traducción al español o a otro idioma que conozca, se asegura que, a cambio de su alma, Fausto compró sabiduría, juventud y poderes mágicos durante 24 años.

Fausto estudia sin descanso

Los ocho primeros años los dedicó a los estudios mágicos y a los placeres en la ciudad de Wurtemberg; los ocho siguientes a viajar en medio del mayor lujo, asombrando a todos con sus poderes, incluidos el Papa y el Emperador. Después regresó a Wittenberg y conjuró al fantasma de Helena de Troya, se casó con ella y tuvo un hijo, concluyendo su vida con una muerte horrible y la condena eterna, a pesar de su última confesión y arrepentimiento.

Aunque los estudiosos de la época generalmente se burlaban de los supuestos poderes de Fausto, en círculos luteranos se lo tomaron muy en serio, entre ellos Melanchton y el mismo Martin Lutero. El luterano Georg Rudolf Widman amplió el libro de Spiess en 1599, proporcionando datos más precisos y quizá más fantásticos a la leyenda. Alberto Cousté cuenta algunos detalles de este libro.

El motivo que llevó a Fausto a pactar con el diablo fue, según Widmann, su ansia de conocimiento. Aunque llevaba un tiempo dándole vueltas a la posibilidad de contactar con el maligno, pues sabía como hacerlo, Fausto no acababa de decidirse. Así que el diablo, atraído por la excepcionalidad del alma de Fausto, decidió dar el primer paso. Sin embargo, sabía que una propuesta directa no sería aceptada. Si no hay aceptación voluntaria, el diablo no puede hacerse con el alma de los hombres, así que el príncipe de las tinieblas puso en práctica todas sus artes de seducción, pues no en vano se le llama el Gran Tentador.

Satanás se apareció a Fausto por primera vez bajo el aspecto de un perro negro que le seguía por todas partes, hasta que consiguió ser adoptado por el nigromante. A partir de ese momento, el diablo se dedicó pacientemente a proteger a su amo y a alejar de él cualquier distracción, consiguiendo así que éste se sumergiera más y más en sus estudios diabólicos. Finalmente, Fausto decide intentar conocer al diablo y se cita con él en los bosques de Mangeall, tras dejar todos sus asuntos en manos de su criado Wagner, pues temía perder la vida en el demoniaco encuentro.

Tras algunas temibles demostraciones de su poder, el diablo se aparece a Fausto bajo la figura de un monje franciscano. El diablo se mueve alrededor de Fausto durante un buen rato y finalmente se acerca a él y le da un pergamino y una pluma. Fausto lee el pergamino y firma con su propia sangre. De esta historia que cuenta Widman, el detalle más fantástico es que afirma que este pergamino fue encontrado entre los papeles póstumos de Fausto. Pero, ¿de qué otra manera podría haber sabido este luterano estricto cuáles eran las cláusulas del contrato? Eran estas: Mefistófeles aparecería siempre que se lo mandase Fausto y estaría obligado a hacer lo que éste le pidiese; sería sumiso y eficiente como un criado y sólo podría ser visto por Fausto.

En cuanto a Fausto, su única obligación consistía en entregarse en cuerpo y alma al diablo, “sin reserva de ningún derecho para la redención, ni futuro recurso a la misericordia divina”, una vez que el diablo le hubiese servido durante veinticuatro años.

Cousté menciona un tercer Fausto, el de Johan Nicolaus Pfitzer, quien en 1674 dedicó otro libro al personaje. Pero como esta obra fue publicada posteriormente al Fausto de Marlowe, al que dedicaré esta sección alguna vez, no trataré de su contenido.

Para Alberto Cousté, Fausto es un héroe gnóstico, porque pierde su alma a causa de su devoradora sed de conocimiento, y lo compara con Prometeo, pero señala una diferencia: Fausto, “como alto exponente del Renacimiento” es individualista, mientras que el sacrificio de Prometeo es en favor de los hombres. Pero el mito de Fausto ha llegado a alcanzar una complejidad tal, en gran parte a partir del Fausto de Goethe, que no añadiré aquí más interpretaciones, sino que lo haré cuando vuelva a dedicar esta sección de nuevo a Fausto, al Fausto de Marlowe, de Goethe, de Mann, de Valery y, ¿por qué no?, de Estanislao del Campo.

 

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[Publicado en 1997]

Escepticismo y eclecticismo (Diderot/Encyclopædia Britanica)

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Elogio del egocentrismo, por Raymond Smullyan

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Exlibris

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El desiderata, un enigma resuelto
[MISTERIOS]

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Pactos con el diablo

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El mito de Fausto (1) Johann Faust
[PACTOS CON EL DIABLO /1]

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Pactos con el diablo

Hace poco edité una colección de cuentos. Uno de ellos era Jerome Savarin, el crítico voraz, en el que se cuenta cómo Jerome hace un pacto con el diablo. Pensé que sería una buena idea preparar una antología de relatos que tratasen de pactos con el diablo. A la espera de esa antología, inicio esta sección de Esklepsis.

Aquí comentaré todas las historias interesantes que conozco acerca de pactos con el diablo, y espero descubrir otras mientras tanto. De memoria puedo recordar ahora:

Cuentos

El diablo en la botella         R.L..Stevenson

Serie convergente               Larry Niven

Cuento de ciencia ficción   ??

Enoch Soames                    Max Beerbohm

Jerome Perceval                  Daniel Tubau

El diablo                       Lev Tolstoi

 

Comic

El motorista fantasma

Spawn

Fantomas

Novela

Melmoth el errabundo

Doktor Faustus                    Thomas Mann

 Teatro

Fausto                                  Goethe

Doctor Faustus                    Marlowe

Le diable boiteux                 Lesage

 

Cine

El diablo dijo no                  Lubitsch

Fausto                                  Murnau

 

Mitología leyendas

El puente del diablo (Guatemala y otros)

El puente del diablo (España)

 

Y seguro que olvido muchos más ejemplos.

Mi intención es incluir en esta sección textos en los que se cuenten pactos con el diablo y, además, breves estudios acerca de alguno de estos pactos.

En este número 4 de Esklepsis dedico la sección al más célebre pacto de un hombre con el diablo: el de Fausto.

 

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[Publicado en 1997]

 

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La historia del joven de piedra
LA VIDA PÉTREA

Estaba con mi amiga Ana. en la ducha y el agua caía sobre nosotros. Me pareció una ninfa acuática y también una estatua-fuente que había cobrado vida, una estatua que trasformaba su pétrea materia en carne viva cuando algún paseante besaba cierta parte de su anatomía. Esto me hizo recordar La Venus de Ille, de Merimé y la versión de Henry James: El último de los Valerios.

Pensé entonces en hacer una nueva sección en Esklepsis: estatuas que cobran vida. Pero también seres que, a la inversa, se convierten en estatuas. Cada vez acuden más ejemplos a mi mente de este tópico fantástico que al principio creí poco poblado:

1. La venus de Ille

2. El último de los Valerios

3. Un cuento de las 1001 noches

4. La mujer de Lot

5. La estatua del jardín botánico, de Radio Futura

6. La bella durmiente del bosque

7. Trasgos de Tolkien

Así que he decidido abrir esa sección pétrea. Comienzo con una historia de las Mil y Una Noches que me gustó muchísimo cuando la leí con Cathy hace muchos años (durante varios meses nos leímos el uno al otro cuentos de este libro cada noche).

Por cierto, mi padrino me dijo que existía una maldición relacionada con Las Mil y Una Noches: leer el libro entero causaba la muerte. Yo lo he empezado varias veces. Ahora voy por la noche 120.

La historia del joven de piedra se cuenta entre la noche séptima y novena. En Las Mil y una noches, los relatos se enlazan unos con otros casi sin interrupción: surgen afluentes de los afluentes y al final ya no sabes cuál es el origen de la aventura que estás leyendo: era la historia de dos jóvenes amantes, pero entonces uno de los jóvenes cuenta algo que le pasó hace unos años, cuando conoció a una vieja y a tres comerciantes, y entonces nos enteramos de las historias de los tres comerciantes y la vieja, pero en cada una de esas historias hay alguien que cuenta otra historia, así que pasan las páginas, transcurren las noches, y de pronto descubrimos que por fin continúa la historia de aquellos dos jóvenes amantes.

1001noches-reyylibroenvenenadoLa historia del joven de piedra comienza en realidad en la noche tercera, con la historia de un pescador que encuentra un jarro de cobre dorado. Lo abre y de él sale un genio como el de la lámpara. El genio quiere matarlo, pero el pescador se las ingenia para que el genio vuelva a meterse en el jarro y lo encierra de nuevo. Cuando el genio se da cuenta le promete al pescador darle todo lo que quiera, pero el pescador le responde que no será tan tonto como para liberarle de nuevo, porque lo que les ha pasado es lo mismo que le pasó al ministro del rey Yunán y al sabio Ruyán.

Esto sirve como excusa para contar esa historia, de la que yo creo que Umberto Eco tomóuna idea para su libro El nombre de la rosa: la del libro con las hojas envenenadas. En cualquier caso, en un momento de esta nueva historia, el rey dice que no quiere matar al sabio Ruyán porque entonces le pasaría lo mismo que le pasó al rey Sindabad después de haber matado a su halcón. Así que el rey Ruyán cuenta ahora “La historia del rey Sindabad”.

Pero cuando el rey termina su historia, el visir le dice que debe seguir su consejo, o si no perecerá como pereció el visir que engañó al hijo del rey. Cuenta entonces el visir “La historia del príncipe y la rusalca”. A continuación, asistimos al desenlace de la historia del sabio Yunán y el rey Ruyán y, tras esto, volvemos con el pescador y el genio.

1001noches-pescadosFinalmente, el genio logra convencer al pescador para que le libere. Sorprendentemente, el genio cumple su palabra y a partir de ese momento al pescador las cosas empiezan a irle muy bien. Pesca cuatro peces de colores diferentes (blanco, rojo, azul y amarillo) y se los lleva al sultán. El sultán se los da a su cocinera rum (cristiana) para que se los fría. La cocinera los limpia y los echa en la sartén, pero entonces se abre una pared y entra en la cocina una joven hermosísima, que mete una vara de bambú en la sartén y pregunta a los peces: “¡Peces! ¡Peces! ¿Mantenéis la vieja promesa?” Los peces responden “Sí, sí” y añaden: “Si regresas, regresaremos; si cumples, cumpliremos, y si huyes, obraremos de idéntico modo”. En fin, no voy a contar toda esta historia. El caso es que el sultán decide ir a la alberca donde se hallan los peces. Allí encuentra un castillo de piedras negras con chapas de hierro. El lugar está deshabitado pero lleno de pájaros, que no pueden escapar porque una red cubre todo el palacio. Oye un gemido y llega hasta un salón en el que se halla sentado en un trono un hermoso joven. El sultán le pregunta por qué llora y entonces el joven levanta su túnica y descubre que de cintura para abajo todo su cuerpo es de piedra. Comienza entonces la historia de este joven.

HISTORIA DEL JOVEN DE PIEDRA

1001noches-jovenpiedra

“¡Mi Señor! Mi padre era rey de esta ciudad, y se llamaba Mahmud; era dueño de las Islas Negras, y poseía estos cuatro montes. Gobernó durante setenta años y luego murió. Le sucedí en el poder y me casé con una prima que me amaba mucho, tanto que, cuando estaba lejos de ella, ni comía ni bebía hasta que volvía a verme. Permaneció bajo mi protección durante cinco años, hasta que cierto día fue al baño y mandó al cocinero que nos preparase la cena. Llegué a este salón y me adormecí en el lugar en que ahora estoy. Mandé a dos esclavas que me abanicasen. Una se sentó junto a mí cabeza y la otra, a mis pies. Estaba intranquilo por la ausencia de mi esposa y no acababa de dormirme; antes bien, tenía los ojos entornados, pero mi espíritu estaba despierto. Oí que la esclava que estaba junto a mi cabeza le decía a la que estaba a mis pies: “¡Masuda! ¡Qué desgraciado es nuestro dueño en plena juventud! ¡Qué tristeza la suya al tener por esposa a nuestra señora que es pérfida y pecadora! ¡Maldiga Dios a las mujeres adulteras. Nuestro señor y su buen carácter no convienen a esa prostituta que pasa todas las noches en una casa que no es la suya”. La que estaba junto a mi cabeza, dijo: “Esto no debe preocuparle a nuestro dueño, ya que nunca le ha pedido cuentas”. “¡Ay de ti! ¿Es que nuestro señor sabe lo que ella hace? Le ha privado de su voluntad, pues le pone en la copa una mezcla que le da a beber todas las noches, antes de acostarse, y en ella pone banch. Así duerme profundamente y no se entera de lo que ocurre ni sabe adónde va ni qué hace. Ella, después de haberle escanciado le bebida, se pone sus ropas y dejándole solo en el lecho, se ausenta hasta la llegada de la aurora, en que regresa a su lado; entonces le hace oler algo que le despierta de su sueño.””Cuando oí las palabras de las esclavas, mi semblante pasó de risueño a sombrío; sólo deseaba que llegase la noche. Regresó por fin mi prima del baño, extendió el mantel, cenamos y estuvimos sentados durante un rato, de sobremesa, como era nuestra costumbre. Después, pedí la bebida que tomaba antes de acostarme, y ella me entregó el vaso. Me abstuve de beber, pero, aparentando que lo hacía según era mi costumbre, lo vertí por el escote de mi vestido y, en el acto, fingí caer dormido. Entonces ella exclamó: “¡Duerme! ¡Ojalá no despertaras más! ¡Te odio! ¡Odio tu figura! ¡Estoy harta de tu trato!” Se levantó, se vistió sus mejores trajes, se perfumó, ciñó una espada y, abriendo la puerta del palacio, salió. Me incorporé y la seguí: cruzó la puerta del alcázar y atravesó los zocos.»Así llegó a las puertas de la ciudad, a las que dirigió unas palabras que no entendí: los cerrojos cayeron, las puertas se abrieron y yo salí tras ella, sin que se diese cuenta. Llegó, por fin, a unas colinas y entró en un torreón recubierto por una cúpula de barro: cruzó la puerta, y yo subí a la azotea de la cúpula, desde donde podía ver lo que ocurría. Ella se presentó ante un esclavo negro, ardiente, cuyo labio superior parecía una tapadera y el inferior, un pote, tan colgantes, que podían recoger el polvo del suelo; estaba cubierto de pústulas y se recostaba encima de unas cañas de azúcar. La reina besó la tierra delante dé él y el esclavo levantó la cabeza y, mirándola, dijo: “¡Ay de ti! ¿Qué te ha hecho llegar tan tarde? He invitado a los negros, han bebido y todos se han abrazado a sus respectivas amantes. Sólo yo me he abstenido de beber, pues te esperaba”. “¡Señor! ¡Amado de mi corazón! ¿No sabes que estoy casada con mi primo, al que me repugna ver, cuya compañía odio con toda mi alma? Si no fuese porque temo por ti, hace ya tiempo que habría transformado la ciudad en ruinas; en ella sólo cantarían el búho y el cuervo, y habría transportado sus restos al monte Qaf.” “¡Mientes, desvergonzada! ¡Por la virilidad de los negros aunque nuestra hombría fuese como la hombría de los blancos, juro que si vuelves a llegar a esta hora, a partir de hoy dejaré de ser tu amante y no colocaré más mi cuerpo sobre el tuyo! ¡Ah! ¡Traidora ! Has saltado únicamente a causa de tu voluptuosidad, impúdica, la más vil de las blancas!»Refirió el rey: «Cuando hube oído sus palabras y hube visto con mis propios ojos lo que ocurría entre ambos, perdí el mundo de vista y no supe ni en dónde me encontraba. Mi prima permanecía en pie, llorando, humillándose, y le decía: “Amor mío! ¡Fruto de mi corazón! No tengo a nadie más que a ti. Si me abandonas, ¡ay de mí, amor mío! ¡Luz de mis ojos!”. No dejó de llorar y de humillarse ante él hasta que la perdonó. Entonces se tranquilizó, se quitó el traje y la ropa interior y le dijo: “¡Señor mío! ¿Tienes algo que darle de comer a tu esclava?” “Destapa la olla: encontrarás huesos de ratón cocidos. Cómelos y mastícalos. En ese tazón encontrarás buza: bebe.” Comió, bebió, se lavó las manos y, regresando a su lado, se tendió junto al esclavo, encima del montón de cañas: desnuda, se metió debajo de la colcha y los harapos. Cuando vi lo que hacía mi prima, perdí el conocimiento: descendí de lo alto de la cúpula, entré, cogí su espada y quise matar a los dos. Primero golpeé el cuello del esclavo y le corté la cabeza, el cuello, la piel y la carne; creí que lo había matado, pues exhaló un suspiro muy fuerte. Mi prima se movió e incorporó, pero yo ya me había ido. Cogió la espada, la enfundó en la vaina, volvió a la ciudad, entró en el palacio y se tendió a dormir en mi lecho hasta la mañana. Al día siguiente se cortó el cabello, vistió de luto y me dijo: “¡Primo! No me censures por lo que hago, pero es que me he enterado de que mi madre ha muerto, de que han matado a mi padre en la guerra santa y de que uno de mis hermanos ha perecido víctima de la picadura de un animal venenoso, y el otro sepultado en la caída de un edificio. Es justo que llore y me entristezca”. Cuando oí sus palabras, le dije: “Has lo que bien te parezca, pues no he de contrariarte”.»Permaneció triste y llorosa durante un año entero, desde el principio hasta el fin. Después de transcurrido este año, me dijo: “Quisiera construir en tu palacio un mausoleo que parezca una cúpula. Así me aislaría con mi pena. La llamaría la ‘Casa de los duelos”‘. “Haz lo que te parezca bien.” Se construyó la “Casa de los duelos” y colocó en su centro una cúpula y una tumba parecida a un sepulcro, a la que transportó y en la que depositó al negro. Éste no había muerto, pero estaba muy débil y no podía servir de nada a mi prima: bebía vino continuamente, y desde el momento en que lo herí, no podía hablar, pero aún no le había llegado su hora. Ella lo visitaba todos los días, mañana y tarde, en la cúpula; lloraba a su lado, loaba sus virtudes y le daba a beber vino y caldo.»Así continuaron las cosas, mañana y tarde, hasta el segundo año. Yo tuve paciencia, hasta el día en que entré, de improviso, en su habitación y la encontré llorando, abofeteándose el rostro y recitando estos versos:Después de que os habéis alejado, he perdido la razón de vivir entre les humanos; mi corazón sólo a vosotros ama.Coged mi cuerpo. por favor, y llevadlo doquiera que vayáis; doquiera que os detengáis, enterradme a vuestro lado.Si mencionáis mi nombre al pie de mi tumba, el gemido de mis huesos contestará a vuestra invocación.»Cuando terminó de recitar estos versos, le dije, desenvainando la espada: “¡Éstas son las palabras de las traidoras que reniegan del tálamo y no respetan la amistad !” Quise matarla y levanté mi mano en el aire. Ella se volvió y, dándose cuenta de que había sido yo quien había herido al negro, se puso en pie, pronunció unas palabras que no entendí y dijo: “¡Transfórmete Dios, en virtud de mis conjuros, en mitad piedra y mitad hombre!” Y quedé metamorfoseado en la figura que ahora estás contemplando: vivo sin poder levantarme ni sentarme; ni vivo ni muero. Cuando estuve así, encantó la ciudad y todo lo que ella contenía: zocos y jardines. En nuestra capital había cuatro clases de habitantes: musulmanes, cristianos, judíos y parsis; a todos los transformó en peces: los blancos son los musulmanes; los encarnados, los parsis; los azules, los cristianos, y los amarillos, los judíos. Metamorfoseó las cuatro islas de mi reino y las transformó en montes, a los que dispuso alrededor del estanque. Cada día me visita y me da cien latigazos con un azote de piel, hasta que salta mi sangre, después de lo cual me pone debajo de estas ropas, en la mitad superior de mi cuerpo, una camisa de crin». El muchacho rompió a llorar y recitó:Paciencia, !oh Dios!, con lo que Tú has dispuesto y ordenado. Tengo paciencia, si es que en ella está tu satisfacción.He probado la desgracia que me ha afligido.  Mi único intercesor es la familia del Profeta bendito.Al oír esto, el rey se volvió al joven y le dijo: “Has añadido una pena a mis penas. ¿Dónde está esa mujer?” “En la tumba en que reposa el esclavo, debajo de la cúpula. La visita una vez al día y, cuando va, se me acerca, me desnuda y me da cien latigazos; lloro y grito, pero no puedo hacer ni un movimiento para defenderme. Después de haberme atormentado mañana y tarde, lleva al esclavo bebidas y caldos.” “¡Por Dios, que he de hacerte un favor por el cual se me reconocerá un beneficio que, después de mi muerte, quedará en los anales de la Historia!”El rey se sentó y se quedó hablando con él hasta que llegó la noche. Entonces se levantó y esperó la llegada del alba. Se desnudó, ciñó la espada y se dirigió al lugar en que estaba el esclavo. Vio allí velas y candiles, incienso y pomadas. Se le acercó, le dio un golpe y lo mató. Lo colocó sobre su espalda y lo echó en un pozo que había en el palacio. Volvió a bajar, se vistió con la ropa del negro y se quedó debajo de la cúpula, con la espada desenvainada en toda su longitud.Al cabo de un rato llegó la bruja, la libertina, y en cuanto entró, desnudó a su primo, cogió el látigo y le azotó. Él gritó: “¡Ay! ¡Me basta la inmovilidad en que estoy! ¡Ten piedad!” “¿Tuviste tú piedad de mí? ¿Dejaste en paz a mi amante?” Finalmente le puso la camisa de crin y encima la otra ropa. Bajó junto al negro, llevándole una copa de bebida y una taza de caldo; entró en la cúpula y rompió a llorar y a gemir diciendo: “Señor mío, háblame! Señor mío, dime algo!» Y recitó:¿Hasta cuándo durará este desvío y esta crueldad? Ya basta lo que ha hecho la pasión. ¿Hasta cuándo seguirás huyendo de mí intencionadamente?Si te has propuesto castigar a quien me deseaba, ése ya tiene bastante.
Llorando añadió: «¡Señor mío, habla y dime algo!» Entonces el rey, bajando la voz y desfigurando las palabras, se expresó en la jerga de los negros: «¡Ah, ah! -dijo-. No hay fuerza ni poder sino en Dios!» Cuando ella oyó sus palabras, dio un grito de alegría y cayó desmayada. Cuando se repuso, preguntó: «¿Es que mi señor está curado?» El rey bajó la voz y dijo débilmente: «¡Libertina! No eres digna de que te hable!» «¿Por qué?» «Todo el día estás atormentando a tu esposo y él grita, y eso me enoja hasta tal punto que no puedo dormir desde el atardecer hasta la mañana, ya que tu marido no cesa ni un momento de suplicarte y de implorarte clemencia: esa voz me desvela. Si no hubiese sido por eso, ya me habría curado. Eso es lo que me impide contestarte.» «Con tu permiso, lo libraré del estado en que se encuentra.» «Desencántalo y nos dejará en paz.» «En el acto.»La mujer se levantó, salió de la cúpula y se dirigió al palacio. Tomó un tazón, lo llenó de agua, pronunció sobre ella unas palabras y el agua empezó a hervir como hierve en un recipiente puesto al fuego. Después roció con ella a su esposo y dijo: «Por el poder de lo que salmodio, !abandona esta forma y vuelve a tu primitiva figura¡» El joven se sacudió, se irguió sobre los pies y se regocijo por su liberación. Dijo: «¡Atestiguo que no hay más dios que Dios, y que Mahoma es el enviado de Dios! ¡Dios le bendiga y le salve!» «¡Vete y no vuelvas por aquí, pues de lo contrario te mataré!», le gritó ella a la cara.El joven salió de su presencia y ella volvió a la cúpula, descendió y dijo: «¡Señor mío! ¡Sal para que te vea!» Él contestó con palabras muy tenues: «¿Qué has hecho? ¡Me has quitado las ramas, pero no el tronco!» «¡Amado mío! ¿Cuál es el tronco?» «Las gentes de ciudad y de las cuatro islas. Todas las noches, cuando reinan las tinieblas, los peces sacan la cabeza fuera del agua y nos maldicen a ambos, a ti y a mí. Ésta es la causa que mantiene apartado de mi cuerpo el vigor de antaño. ¡Ponlos en libertad y regresa, coge mi mano y hazme levantar, pues habré recuperado la salud!»

Cuando oyó las palabras del rey, la mujer, que creía que era el esclavo, respondió loca de alegría: «¡Señor mío, lo que tú quieras! ¡Por el nombre de Dios!…» Muy contenta, salió corriendo, se dirigió a la alberca y, tomando un poco de agua pronunció unas palabras ininteligibles. Los peces se agitaron, sacaron la cabeza y se transformaron, en el acto, en hombres, pues el embrujo había cesado. La ciudad recobró su vida, los mercados volvieron a funcionar, cada habitante volvió a sus quehaceres habituales y los montes se convirtieron en islas.La apasionada bruja, en cuanto hubo terminado, regresó junto al rey, al que ella tomaba por el esclavo, y le dijo: «¡Amado mío! ¡Dame tu mano generosa para que la bese!» El rey le dijo en voz baja: «¡Acércate más!» Ella se acercó, él cogió su cimitarra y se la clavó en el pecho, hasta que la punta le salió por la espalda. Después, de un mandoble, la partió en dos mitades.Hecho esto, salió de la cúpula y encontró al joven embrujado esperándole de pie, le felicitó por su liberación y el joven besó la mano de su salvador, dándole las gracias. El rey le preguntó: «¿Permanecerás en tu ciudad o me acompañarás a mis estados?» «¡Oh, rey del tiempo! ¿Sabes cuál es la distancia que te separa de tu ciudad?» «Dos días y medio.» «¡Oh, rey! Si estás durmiendo, despierta: tu ciudad está a un año de marcha, andando rápido. Si llegaste aquí en dos días y medio, fue debido a que mi ciudad estaba embrujada. Pero yo, rey, no apartaré de tu lado la mirada de mis ojos.» El soberano se alegró al oír estas palabras, y respondió: «¡Loado sea Dios, que me ha favorecido al ponerte en mi camino! Serás mi hijo, ya que en toda mi vida jamás me los ha concedido». Se abrazaron y se alegraron en extremo.

 

 

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 5

El origen de Esklepsis
PÓRTICO

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Eclécticos
[ESCEPTICISMO * ECLECTICISMO]

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Fórmulas escépticas
[ESCEPTICISMO / ECLECTICISMO]

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Oliva Sabuco
[LA MITAD OCULTA]

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La danza de la muerte

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Ingraham
MISTERIOS

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El misterioso caso de Sherlock Holmes
SHERLOCK HOLMES

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El caso de la escuela de idiomas
EL LABORATORIO

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La historia del joven de piedra
LA VIDA PÉTREA

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Consideración intempestiva de Kierkegaard

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Un intento filosófico
[CUADERMOS EGÓLATRAS]

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¿Dónde y cómo?
[Kamo no Choomei]

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El caso de la escuela de idiomas
EL LABORATORIO

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PREVIO 

Se trata de una estudiante de idiomas llamada Anaranda. La muchacha se había matriculado en un curso intensivo para aprender inglés.

INFORME 119-1

________________________________________

Fuente: comunicación personal
Fecha: abril 1999
Informador: DDR
Sujeto: Anaranda
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PLANTEAMIENTO

En la Academia de Idiomas, el secretario asignó a Anaranda el nivel 2. Ello supuso una irregularidad, pues no se sometió a la estudiante a un examen previo que determinase el auténtico nivel de conocimiento que Anaranda tenía de la lengua inglesa.
Causas de la irregularidad
Según parece, Anaranda había pedido dar las clases entre las 2 y las 5 de la tarde. En ese horario todos los profesores del Nivel 1 tenían completo su cupo de alumnos.
Esta irregularidad, sin duda lamentable, no guarda relación directa con el asunto central que se trata en este expediente.

ELEMENTOS DEL CASO
La Academia practicaba el método de inmersión lingüística, de modo que en las clases sólo se hablaba en inglés. Las normas en este sentido eran tan estrictas que los profesores tenían prohibido expresarse en otra lengua que no fuera el inglés durante el horario lectivo, bajo amenaza de expulsión inmediata.

EL PROBLEMA
Anaranda asistió durante tres días seguidos a las clases en el Nivel 2, en total, seis horas. No sintiéndose capaz de decir una sola frase a lo largo de esas seis horas, consideró que no estaba capacitada para el nivel que le había sido asignado (el Nivel 2).

 

SUGERENCIA DE SOLUCIÓN

En su cuarto día de clase, Anaranda pidió al profesor que le autorizase a cambiar de nivel y descender al Nivel 1, es decir, el más básico.

El profesor escuchó la petición de Anaranda, reflexionó un instante y, finalmente, decidió que Anaranda debía continuar en el Nivel 2.

Al terminar la clase, Anaranda fue a ver al secretario de la Academia y protestó por la negativa del profesor a su solicitud de cambio de nivel. El secretario revisó sus tablas de inscripción y dijo a Anaranda que podría cambiar al Nivel 1 siempre y cuando pudiese asistir a clase de seis a ocho. Anaranda aceptó.

Cuando el problema ya parecía resuelto, pasó por allí la profesora del Nivel 1 en el horario de 6 a 8. El secretario aprovechó para presentar a la profesora y a su nueva alumna. Al conocer los detalles del caso, la profesora del Nivel 1 dijo que el profesor del Nivel 2 tenía razón al rechazar la petición de Anaranda.

Quiso la fortuna, algo tan ajeno a nuestros estudios, y que aquí sólo usamos como fórmula literaria, que en ese momento pasara por la Secretaría precisamente el profesor del Nivel 2.

Puesto que se hallaban allí todas las partes implicadas en el caso “Anaranda”, comenzaron a discutir el asunto. Anaranda, que además de ser una mujer atractiva a primera vista, era también amigable e inteligente, y que por primera vez podía hablar con su profesor en castellano, comprendió que la unanimidad de los dos profesores no se debía a factores ajenos a su problema, como la solidaridad profesional o el corporativismo.

Sin embargo, Anaranda insistió en que se consideraba absolutamente incapaz de aprender nada en el Nivel 2 y preguntó a su profesor:

-¿Bajo qué criterio considera usted que yo debo permanecer en el Nivel 2?

El profesor respondió:

-Es usted misma quien ha determinado que pertenece inequívocamente al Nivel 2.

Dijo Anaranda:

-No sé a qué se refiere, puesto que ni siquiera hice examen previo para determinar mi nivel de inglés.

DILEMA: ¿Por qué cree usted, querido lector, que el profesor estaba tan convencido de que Anaranda debía permanecer en el nivel 2?

*********

RESPUESTA AL DILEMA

Y el profesor volvió a hablar y dijo a Anaranda:

-Cuando usted explicó durante la clase que no se consideraba capacitada para mantenerse en el Nivel 2, lo hizo, como exigen las normas de esta Academia, en inglés. Yo entendí lo que usted quería decirme. Pues bien: ser capaz de expresar en inglés el deseo de cambiar del Nivel 2 al Nivel 1 define a quien lo hace como digno del Nivel 2.

Ante la mirada de asombro de Anaranda, la profesora del Nivel 1 tomó la palabra:

-Como dice mi colega, usted ha demostrado que ha de continuar en el Nivel 2. Usted dijo en inglés que no era capaz de decir frases de la complejidad de las escuchadas en el Nivel 2, pero esa frase precisamente era tan compleja como las del Nivel 2. Para que su petición de cambio de nivel hubiese sido aceptada, no tenía que haber sido entendida.

-Y de este modo -dijo el profesor del Nivel 2- usted habría pasado al Nivel 1.

-¡Pero eso es una paradoja! -exclamó Anaranda.
FIN DE LA COMUNICACIÓN PERSONAL
(Existen documentos que avalan la veracidad del relato)

 

EXPOSICIÓN DE LA PARADOJA
Si la estudiante logra que el profesor entienda que desea cambiar a un nivel inferior, ello prueba que no ha de bajar de nivel.

Si la estudiante no logra que el profesor entienda que debe cambiar de nivel, entonces ello prueba que la estudiante sí debe cambiar de nivel.

 

DESVIACIÓN Y CONCLUSIÓN

La paradoja debe ser refinada de detalles innecesarios. Si el profesor no entiende que lo que la alumna dice es que quiere cambiar de nivel, ¿cómo puede decidir que ha de bajar de nivel? En este caso, la respuesta es fácil: la misma incapacidad para hacerse entender, mostraría que la alumna no ha de estar en ese nivel. Sin embargo, en este caso esto sucede porque se trata de una escuela de idiomas, pero no es aplicable a otras versiones de la paradoja.

 

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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PÓRTICO

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El misterioso caso de Sherlock Holmes
SHERLOCK HOLMES

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En el primer número de ESKLEPSIS coincidieron la sección Sherlock Holmes y la sección Ajedrez, gracias a Raymond Smullyan y sus problemas de ajedrez retrospectivo.
En los siguientes números no tuve tiempo o espacio o ganas, o quizá me olvidé de explicar el por qué de una sección dedicada a Sherlock Holmes.

Sherlock Holmes es el más conocido de los miembros de un gremio de personajes de ficción que se caracteriza por lo fácil que les resulta alcanzar la celebridad pública: los detectives. Los detectives de la vida real raramente alcanzan notoriedad semejante, tal vez porque ello les dificultaría realizar su trabajo.

Sherlock Holmes se presentó al público por vez primera en la novela Un estudio en escarlata, publicada en 1887. A esta siguieron más novelas y varias decenas de cuentos. Los expertos holmesianos consideran que el Canon, las obras canónicas de Sherlock Holmes, son 56 cuentos y cuatro novelas, todas firmadas por Arthur Conan Doyle. Algunos añaden al Canon los cuentos escritos por Adrian Conan Doyle y John Dickson Carr.

En cualquier caso, a grandes rasgos, lo que se sabe de Sherlock Holmes antes de que conociera a Watson y resolviera el caso de Estudio en Escarlata es lo siguiente:

Se supone que nació en algún lugar de Inglaterra, aunque había en sus venas sangre francesa, pues su abuela era hermana del pintor Vernet. Tuvo al menos un hermano, Mycroft Holmes, más dotado incluso que Sherlock para descubrir a través de pequeños indicios datos asombrosos de la vida de otras personas.

En sus años de estudio no parece haber tenido muchos amigos. De hecho tal vez su único amigo durante ese período fue Victor Trevor, cuyo padre influyó en la vocación detectivesca de Holmes.

El primer caso de Holmes fue el Gloria Scott, antes de conocer a Watson. Por esos años vivía en la calle Montague Street, cerca del Museo Británico, pero ya había pensado alquilar un piso en el 223 B de Baker Street. Casualmente, conoció entonces al doctor Watson, que acababa de regresar de la India, y ambos se pusieron de acuerdo para compartir el piso y el alquiler.

Suele considerarse que Sherlock Holmes es un personaje ficticio creado por Arthur Conan Doyle, aunque hay razones para pensar que Doyle se limitaba a firmar las obras que Watson le entregaba. Watson, naturalmente, ni se llamaba Watson ni quería salir del anonimato convirtiéndose en un escritor famoso, pues el anonimato le resultaba imprescindible para la profesión que compartía con su compañero de piso.

Por poner sólo un ejemplo de lo inverosímil que resulta la teoría que sostiene que Conan Doyle inventara a Sherlock Holmes: el detective es el paradigma de la razón y de la negación de cualquier causa sobrenatural, mientras que su supuesto creador, Conan Doyle, se hizo famoso por sus ideas espiritistas y sus fotografías de hadas y duendecillos.

Pero éste no es el único misterio acerca de Sherlock Holmes. Muchos se preguntan por qué en las obras del detective nunca se menciona, ni de pasada, a Jack el Destripador, a pesar de coincidir temporalmente. Algunos expertos sugieren oscuras relaciones entre Watson, Holmes y Jack. Un detalle inquietante es que Jack dejaba una firma en el cuerpo de sus víctimas: una M, que es la inicial del más temible enemigo de Holmes: Moriarty. Pero también, dicen otros, pudiera ser que no fuera una M, sino la letra inversa: la W de Watson.

También se ha especulado acerca de los gustos sexuales de Holmes, debido a su larga convivencia con Watson y al hecho de que sólo mostrase interés por una mujer: Irene Adler.

Otro asunto difícil de resolver es el de la desaparición de Holmes durante varios años. Según se dice, Doyle estaba harto de ser conocido gracias a las novelas y cuentos de Sherlock Holmes, puesto que su ambición era que se reconociera su talento en el terreno de la novela histórica. Así que decidió matar al detective. En “El problema final”, Holmes se enfrenta a su más temible enemigo, Moriarty, y ambos mueren en las cataratas de Reichenbach. Sin embargo, el público no aceptó la muerte de Holmes y Conan Doyle se vio obligado a resucitarlo en “La casa vacía”.

Esta es la versión aceptada por los historiadores de la literatura, pero los expertos holmesianos se preguntan por qué a Holmes le interesaba pasar por muerto y qué hizo durante esos años de silencio. Al parecer viajó al Tíbet bajo el nombre de Sigersson, pero hay quien piensa que estuvo en París o que su intervención en un asunto dinástico evitó que la Primera Guerra Mundial tuviera lugar varios años antes.

Se han descubierto diferentes manuscritos inéditos de Watson, en los que se cuentan aventuras del detective que no pudieron ser publicadas en su momento, debido a que comprometían a todo tipo de personalidades del mundo de la política, la literatura o la vida social. De algunos de esos manuscritos hablaré en otra ocasión.

 [1999]

 En enero de 2015, se publica, quince años después de este artículo que publiqué en la revista Esklepsis, No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, donde muestro por qué Holmes es considerado no solo el mejor de los detectives, sino el precursor de muchas ciencias y el pensador perfecto.

Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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