La locura de Cardenio

La locura de Cardenio es uno de los argumentos que han hecho suponer a algunos expertos que Shakespeare pudo interesarse por adaptar este episodio protagonizado por un loco (Cardenio), que se encuentra en el interior d euna novela protagonizada por otro loco (Don Quijote). Es cierto que también en las obras de Shakespeare aparece a menudo la locura (El rey Lear, Hamlet, Macbeth, La tempestad, Pericles…)

El licenciado Vidriera es otro ejemplo de loco en Cervantes

Pero en la Historia de Cardenio, atribuida a Shakespeare y Fletcher, sorprende lo poco que se aprovecha la transitoria locura de Cardenio, lo lejos que está de Hamlet en sus desvaríos reales o fingidos.


[Publicado en 2007]

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

Share

Locos en Shakespeare

La lista de locos que aparecen en Shakespeare es asombrosa. El más famoso es sin duda Hamlet, pero ya en esa obra podemos contar a otra loca: Ofelia.

En El rey Lear están o se finjen locos casi todos: Lear, Kent, Glocester, Edward… Parece demasiada competencia para los bufones, que precisamente se llaman fools (locos) en el original inglés. No es extraño que la obra cervantina que tal vez Shakespeare (Historia de Cardenio) escribió esté protagonizada por otro loco, Cardenio, al que el loco Don Quijote encuentra en los montes. Es inevitable aquí recordar a un tercer loco de Cervantes: el licenciado Vidriera, que se creía de cristal.

Pero estos locos a veces no están locos. Todavía se discute si Hamlet es un loco que a veces se finge cuerdo, o un cuerdo que se finje loco para salvar su vida hasta que pueda quitársela a los demás, la misma estratagema que utilizó el emperador Claudio, si es cierto lo que nos cuenta Robert Graves en Yo Claudio.

El juego del loco que se finje loco, del tonto, del bufón, del niño y del salvaje al que se permite decir lo  que otros sólo piensan es un rasgo constante en Shakespeare, pero no sólo en él.


2018: En mi libro recientemente publicado, El arte del engaño, doy unos cuantos ejemplos más de cuerdos que se fingen locos, pero ahora en China. Precisamente, una de Las 36 estratagemas chinas es “Fíngete loco, pero conserva la cordura”


[Publicado en 2008]

Share

Shakespeare y su época

En 1599. Un año en la vida de Shakespeare, James Shapiro intenta mostrar a Shakespeare en relación con su época, rechazando la frecuente opinión que lo presenta como una especie de milagro, un fenómeno único e inexplicable:

“Sólo recientemente ha empezado a darse un cambio de opinión en contra de la visión de Shakespeare como un poeta que trasciende su época, un poeta que escribió, como dijo Samuel Coleridge, “lo mismo que si fuese de otro planeta”.

Y es verdad que cuando uno se detiene a observar a otros personajes de la época isabelina, se queda asombrado, desde John Donne a la reina Isabel, desde Cornwallis, que escribió unos ensayos montaignescos, al propio Montaigne como influencia (y claro, a Plutarco, hoy injustamente menospreciado, antes que Montaigne); desde la Escuela de la Noche de Walter Raleigh y compañía a John Milton y John Selden (de quien ahora leo sus Charlas de sobremesa con asombro); desde Christopher Marlowe y Ben Jonson a la influencia italiana, francesa y española (incluido el Quijote), etcétera. Shakespeare, tras ver lo que tenía alrededor, puede seguir asombrándonos, pero no resulta inexplicable.

 

*******************

[Publicado el 17 de diciemnre de 2007]

WILLIAM SHAKESPEARE

Todas las entradas relacionadas con la literatura en…

EL RESTO ES LITERATURA

Share

Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas

Hace un tiempo tuve una conversación con mi amigo Bernard M’ba acerca de los traductores automáticos que desde hace un tiempo está popularizando Google, ya se trate de traducción simultánea, de  textos en Internet o de subtítulos automáticos en Youtube. Quienes los usan se quejan de que todavía son muy imperfectos y hay quien dice que siempre serán necesarios los traductores humanos. Hasta hace pocos años lo mismo se decía del ajedrez: “Es un juego tan complejo que nunca un computador podrá ganar al campeón mundial humano”. Sin embargo, desde que el ordenador Deep Blue venció a Kasparov, ya sabemos que el verdadero campeón mundial de ajedrez sería hoy una máquina, si les dejaran participar en el torneo.

La campeona o campeón mundial de ajedrez

Lo curioso es que en el siglo XX se llegó a pensar que ni siquiera los humanos serían capaces de llevar a cabo una traducción simultánea. Ved Metha lo cuenta en un artículo, ahora no recuerdo en qué libro, quizá en La mosca en el vaso. Metha  contaba que en los inicios de  la Sociedad de Naciones y la ONU se pensaba que no era posible que en tiempo real una persona escuchase hablar a alguien en chino, pensara en la traducción, la dijera en francés y, al mismo tiempo, siguiera escuchando a la persona que hablaba en chino. ¿Cómo hacer dos tareas casi contradictorias a la vez?  También mencionaba Metha  aquella célebre anécdota, probablemente inventada, del mensaje bíblico que los americanos enviaron a los rusos:

“El espíritu es fuerte, pero la carne es débil”

que los rusos tradujeron:

“El vodka está estupendo, pero la carne está podrida”

Ved Metha

 En cualquier caso, aunque los traductores automáticos todavía estén lejos de superar a los seres humanos, ya son bastante útiles, aunque conviene usarlos sin intentar entenderlo todo. Es mejor escuchar esas traducciones que leerlas, intentando hacer la vista gorda y no encasquillarse en los errores que se detecten.

En general, por cierto, casi siempre es mejor no ser en exceso puntilloso y meticuloso, por ejemplo al ver una obra artística (cine, literatura, teatro, escultura) porque detenerse en pequeños detalles nos impide casi siempre entender de manera más amplia lo que nos están proponiendo. Así que conviene, como decían los escépticos antiguos, suspender el juicio, al menos en un primer momento o durante la contemplación de la obra. El análisis debe venir a continuación, no previamente. Sí, ya sé que aunque no queramos nuestro cerebro siempre analiza, pero podemos evitar la redundancia analítica, si frenamos o mantenemos en segundo plano nuestra obsesión analista.

Si uno hace la vista o el oído un poco sordo a las traducciones de Google, al menos en las de inglés a español, que son las más avanzadas, descubrirá que entiende casi todo, como cuando leemos una cita como la siguiente:

” Sgeun un etsduio, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe.”

Además, y eso es lo que comentaba con Bernard, una mala traducción puede ser muy interesante, porque puede proporcionarnos ideas nuevas. A mí me ha sucedido varias veces que al escuchar o leer un texto escrito en inglés he entendido mal algunas cosas y he llegado a pensar que el autor decía algo que en realidad no decía. Lo curioso es que en ciertas ocasiones esas cosas mal entendidas eran más interesantes que las que de verdad decía el autor. Eso tiene una ventaja añadida, porque, al tratarse de una mala interpretación y no de una interpretación literal, se puede decir que esas ideas interesantes se nos han ocurrido a nosotros.

En un ejemplo de lo fructífero que puede ser el error.

 


 [Publicado por primera vez en Inventario digital, 4 de marzo de 2011]

Añado ahora dos comentarios:

1. Lamentable o afortunadamente, los traductores automáticos de Google cada vez funcionan mejor, al menos del inglés al español. Los últimos libros que he leído (o escuchado) apenas he podido malinterpretarlos, porque se entendía casi todo. Me ha parecido percibir que el último gran escollo para la traducción automática es que a veces convierte frases negativas en positivas y a la inversa, y que no maneja bien construcciones con “pero” o “sino”.

2. Una curiosidad: el texto con las letras cambiadas que cito más arriba se lee con bastante facilidad, pero escuchado apenas se logra entender. Habrá que investigar por qué.

Share

Don Quijote y los pedantes

El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. Es una parodia de los prólogos al uso de la época, en los que se incluían todo tipo de recomendaciones del libro y del autor, por parte de gente célebre, desde literatos, condes y duques hasta amigos del autor o expertos en la materia.

Ilustración de Ricardo Balaca, 1880

Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como:

“Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón” (Peter Larre, Los Angeles Times)

 

“John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia” (Brandan Fraser, The New York Times)

 

“Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).

Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son “la mejor novela en décadas”.

Por su parte, Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones:

“Sólo quisiera dártelo mondo y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerlo, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo.”

Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:

“…sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos…”

Pero un amigo le dice que no tiene que preocuparse por carecer de todos esos aditamentos, porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo, oh preclaro lector, en El Quijote.

En cuanto a los sonetos y recomendaciones, al parecer en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable sería que fueran gentes de esa profesión quienes escribieran los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinadas a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:

Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?
R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.
R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.
R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?


[Publicado en Intruso 7 de marzo de 2005]

 

elrestoesliteratura-cabecera

EL RESTO ES LITERATURA