Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Poco antes de la presentación en la librería Rafael Alberti, le conté a Juanjo un pequeño secreto o broma que contiene Nada es lo que es. Es cierto que, como digo en la charla con Juanjo, me gusta hacer ciertas bromas, referencias internas más o menos paradójicas y establecer vínculos curiosos entre mis libros. En Nada es lo que es hay varios ejemplos, aunque hay muchos más en Recuerdos de la era analógica. A veces son algo semejante a eso que en informática se llama “huevos de Pascua”, pequeñas bromas o sorpresas que se esconden en programas informáticos o páginas web. Por ejemplo, prueba a escribir en la página de búsqueda de Google lo siguiente:

z or r twice

Sorprendente,  ¿verdad? Se trata de un homenaje al viodeojuego de Nintendo Star Fox.

Otro huevo de Pascua de Google más sutil tiene que ver con la recursividad, los procesos que se contienen a sí mismos, como las célebres imágenes en las que una muchacha sostiene la propia caja en la que está dibujada esa muchacha que sostiene la caja en la que está dibujada esa muchacha que… Etcétera.

Pues bien, como homenaje a la recursividad, si en el buscador de Google escribes la palabra recursión, obtienes la siguiente pantalla:

 

Como puedes observar, Google te sugiere buscar otra palabra relacionada con recursión y esa palabra es… recursión. Si haces clic en el enlace, aparecerás de nuevo en una búsqueda de recursión que sugiere la alternativa recursión. Y así ad infinitum.

Contaré aquí uno de esas bromas o huevos de Pascua entre mis libros, aunque en este caso se trata de un proceso recursivo entre mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas y el de Marcos Méndez El laberinto, historia y mito. En la página 157 de mi libro se puede leer:

“A pesar de ello, en ocasiones los canteros se atrevían a burlarse de quienes les contrataban, como puede verse en los  Juicios Finales de muchas catedrales europeas, o en las gárgolas, en las que a menudo se puede reconocer a personas o instituciones. También se representaban a sí mismos junto a los grandes de la tierra, como muestra Marcos Méndez en su fascinante análisis del laberinto de la catedral de Nuestra Señora de Amiens, en el que tres maestros masones aparecen en el centro de un laberinto, junto  a un obispo y rodeados de ángeles.”
(La verdadera historia de las sociedades secretas)

Por su parte, Marcos Méndez Filesi en la página 160 de su libro, precisamente en el pasaje al que yo me he referido en mi libro, acerca de la catedral de Amiens dice:

“Como nos explica Daniel Tubau en un ensayo muy ameno y documentado, La verdadera historia de las sociedades secretas, los masones surgieron durante la Edad Media de los gremios de constructores y una de sus principales finalidades, como las de otros gremios, era mantener en secreto las técnicas del oficio”

 Méndez Filesi, para aclarar una cuestión, cita en un libro suyo un libro mío en el que yo le cito a él para aclarar la misma cuestión…

Otro vínculo, en realidad un supervínculo, es el que existe entre el propio libro Nada es lo que es y Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

En Recuerdos de la era analógica, uno de los cuentos o ensayos de libro se llama “La identidad” y consiste en varias páginas de una captura de pantalla de la librería digital Amazon. Entre esas páginas se puede ver incluso un índice del libro, libro que, según dicen los antólogos del futuro, no han logrado encontrar en la Arqueo Red:

“La identidad es un ensayo escrito a comienzos del siglo 21. No hemos podido encontrar el texto completo, sino tan sólo varias capturas de pantalla obtenidas de la página oficial de la librería virtual Amazon (que en el 2012 se convertiría en Googlezon).”

En el epílogo al libro (“Textos encontrados”) los antólogos del presente (los del año 2009, no los del siglo 25) añaden la siguiente información a “La Identidad”:

“Se encontró una versión de este ensayo en la página web de Daniel Tubau (www.danieltubau.com), titulada El problema de la identidad, pero en recientes visitas a la página (agosto de 2009) el texto ha desaparecido. El diseñador Aitor Méndez asegura haber utilizado una versión primitiva del texto en sus clases de creación de diseño e identidad, pero tampoco ha podido localizar ninguna copia del escrito. Podría tratarse de un ensayo de próxima publicación.”

Ese ensayo de próxima publicación es, sin duda Nada es lo que es, el problema de la identidad, que se publicó dos años después.

Ahora bien, la pequeña broma o secreto al que se refiere Juanjo en este vídeo no es ninguno de los mencionados anteriormente.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=6VgKZdBgLRc[/youtube]

En cuanto a las paradojas que plantea el célebre problema del barco de Teseo, además de dedicarle un capítulo y otros pasajes más en Nada es lo que es, me he ocupado de ellas en varias entradas, en especial en El barco de Teseo y en Viena reconstruida.

Dos barcos que quizá han dejado de ser los barcos que eran. Fotografía de Jon Wozencroft

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La identidades asesinas

En Nada es lo que es, el capítulo Las identidades asesinas de Maalouf está dedicado a la identidad de las naciones. Allí examino cómo se forma la identidad de grupo, recordando el fascinante experimento del matrimonio Sherif con varios grupos de muchachos, lo que me recordó una experiencia personal:

“Yo estudiaba en el colegio Siglo XXI y mis compañeros de curso y yo teníamos la costumbre de hacer carreras de caracoles. En una ocasión, un muchacho gitano, al que se conocía en el barrio por “El piojo” aplastó uno de los caracoles. Eso provocó una tremenda pelea a puñetazo limpio a la salida del colegio entre nosotros y la banda del piojo. Días después, mientras jugábamos un partido de fútbol en un descampado, vimos al Piojo mirándonos a lo lejos. En otras ocasiones, al vernos jugar, él y sus amigos nos habían tirado piedras. Sin embargo, en esta ocasión, uno de nuestros profesores, Alejandro Tiana, llamó al Piojo y, ante nuestra sorpresa y desagrado, le invitó a jugar con nosotros. Supongo que no hace falta decir que el resultado final fue el mismo que el de los experimentos de Sherif: el Piojo acabó convirtiéndose en amigo nuestro”
(Nada es lo que es, el problema de la identidad)

Alejandro Tiana

Por desgracia, cuando no hay alguien capaz de observar y modificar las reacciones de identificación instintivas y las identidades de grupo, como un Sherif o un Tiana, el resultado puede llevar, y a menudo lleva, a la tragedia, como sucede en la novela El señor de las moscas, de William Golding, que también analizo en el libro.

En la charla con Juanjo de la Iglesia durante la presentación de Nada es lo que es, nos referimos a algunos de los peligros de la búsqueda obsesiva de la identidad por grupos, pueblos y naciones. Una identidad que es, como creo que queda demostrado en el libro, casi siempre una invención, pues el origen de casi todas las identidades se encuentra en fábulas o distorsiones históricas a veces tan grotescas, injustas, ridículas o divertidas como algunos de los ejemplos que comento en el libro.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=B1IHvS3_i5c[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

JUANJO: Hay una parte de la identidad… que a veces.. aparecen monstruos. Sobre todo cuando… bueno, el problema… la palabra lo dice, la palabra ya tiene su peso. Pero fíjate que tú estás en tu libro diciendo que crees poco en las identidades muy marcadas. Por decirlo, lo estoy diciendo así sencillamente… Y sin embargo en nombre de la identidad se han cometido tremendos crímenes, pero crímenes de sangre, de muerte, de barbaridades

DANIEL: Sí, sí, bueno, ahí entro en un momento… El libro empieza un poco con la identidad de las cosas, de los objetos, incluso de los conceptos, de las palabras, y luego entro en esas identidades, de las naciones, de los grupos, de los pueblos que se creen diferentes a los demás, que creen que tienen una identidad propia, diferente…

JUANJO: Diferente siempre es mejor, claro…

DANIEL: Diferente es mejor, sí… No es que sea: “Es que somos diferentes porque somos mucho peores que ellos…no, no, somos mejores siempre”. Y entonces entro en esa identidad que, en efecto está en el origen de muchas cosas bastante terribles que le han pasado a la humanidad. Ya puedo anticipar que mi tesis es un poco contraria a la búsqueda obsesiva que hay, que todavía hay por la identidad, intentar definirse: “Soy esto, soy lo otro, soy lo de más allá, soy distinto a este de allí…” Y, claro, en esa parte es donde más se ve esa oposición que tengo… Lo de las cosas y los objetos, pues evidentemente no tengo una oposición tan frontal, si un objeto es o no es… Pero en lo de la identidad de las naciones, la creación de identidades que se pueden enfrentar unos con otros, pues sí, ahí la cosa cambia.

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ENTRADAS DE NADA ES LO QUE ES

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¿Qué hay en Nada es lo que es ?

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¿Como empieza Nada es lo que es ?

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Prejuicios y reacciones de identificación

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Todo lo que es Nada es lo que es

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Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

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ENTRADAS DE MEMORABILIA

Intento filosófico 1

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Felicitación a Bruno en 2004

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Uno de mis exlibris

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MEMORABILIA

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No verse a sí mismo

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El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

 

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Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Genji Monogatari

 

En la Historia de Genji, de Murakami Shikibu, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami, y tal vez con algunos rasgos taoístas llegados a través de Corea o China.

Del budismo y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas o reencarnaciones sucesivas, hay bastantes ejemplos, como aquel en el que el protagonista, el joven Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:

“Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él”.

Genji, en definitiva, no consigue explicarse su obsesión por aquella mujer y piensa que ello ha de deberse a algo que sucedió en una vida anterior. Desde su punto de vista, es una conclusión perfectamente razonable. Como dije en Algunas aproximaciones a la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: en realidad, ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior. Nuestros sentimientos actuales son una herencia de los que tuvimos en otras existencias.

En definitiva, la doctrina del karma, de las causas y efectos que se prolongan no en una vida sino en vidas sucesivas es una forma de las formas más extremas de causalismo (y probablemente de materialismo). Es otro ejemplo más de eso que he llamado espiritualismo materialista, el tremendo apego de los espiritualistas a las explicaciones causalistas e incluso materialistas. Se explica muy bien en El espiritualismo materialista, uno de los textos recogidos en Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel TubauEL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA  (en Recuerdos de la  era analógica)

Se trata de un examen de la asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?



Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

¿Qué es Recuerdos de la era analógica?

 

 

 

[Publicado el 9 de febrero de 2010 en Improbable]

 

Cuaderno de Japón


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS


COMENTARIOS RECIBIDOS A ESTA ENTRADA

 Ana Aranda (27 de enero de 2010)

A lo mejor es eso a lo que se refiere el budismo. Al final tampoco se puede decir que ese atómo o trozo de yoquesé somos nosotros. Esto me recuerda también a San Agustín y el problema que se ma va montar el día del juicio final, sobre todo con los caníbales!!!!
je je

Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Bueno, en el budismo, así como en el hinduismo, se considera que nos reencarnamos enteros. Si tenemos mala suerte, en perro o en mujer, si tenemos buena suerte, en un brahman o un kasitra (guerreros). En el budismo supongo que no ponen en el mismo escalafón a perros y mujeres, cosas que sí hacen las doctrinas védicas.
Sí, lo de Agustín está muy bien observado.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

Muy bueno lo que dices. Gracias por la explicación. La verdad es que lo de las reencarnaciones tiene mucho sentido si pensamos que existe algo parecido al eterno retorno. La cuestión es -y esto no sé cómo lo resuelve el budismo- en el caso de que nos reencarnáramos, quizá nuestros pequeños trocitos de cuerpos podrían reencarnarse en muchas cosas -y no sólo una- un átomo de perro, una pizca de jarrón, una ameba… en fin todo nuestro yo repartido por las cosas que hay en el mundo hasta disolvernos en algo demasiado pequeño para existir como un ser. Si bien y según dice la ciencia sería una transformación. En fin en el caso de que las reencarnaciones existieran, podríamos entender efectos como el déjà vu. Gracias de nuevo.

 Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Muy interesante lo que dices: nos podríamos reencarnar a la manera homeopática, disolviendo nuestro ser en millones de seres hasta hacernos tan indistinguibles e ineficaces como el agua que venden los homeópatas.
De hecho, lo que dices ya existe, como tú misma insinúas, pues nuestro cadáver se disuelve, dando vida a gusanos, insectos y nutriendo la tierra, así que por algún lado seguirá flotando una molécula o átomo que algún día perteneció a Shakespeare y que quizá compartió siglos más tarde Caruso, quien la expulsó por su poderosa garganta.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

De causalismo extremo creo que lo entiendo, pero lo de materialismo se me escapa. ¿A qué te refieres?

  Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Sí, tienes razón, tal vez se podría imaginar un mecanismo espiritualista de trasmisión de esas causas y efectos a través de las sucesivas reencarnaciones, aunque en el budismo se suele hablar en términos bastante materiales de los espíritus o del Yo que se reencarna. Como en casi todas las creencias espiritualistas, por cierto, antes de que las grandes religiones monoteístas crearan ese absurdo que es el puro espíritu, distinto y separado de la materia. Hay que tener en cuenta que la energía es también materia en todas sus formas conocidas: electricidad, fuego, viento, calor, etc. En definitiva, lo que quería decir es que hay algo que se reencarna y ese algo es materia de algún modo, un ser. Como quizá sabes, la meta del budismo es dejar de reencarnarse, dejar de ser, convertirse en nada, que es tal vez lo que más se parece al espíritu y menos a la materia.
En fin una respuesta que espero responda a lo que dices, a pesar de lo enrevesada que me ha quedado.

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Lazslo Toth

Sin Piedad

1972, Ciudad del vaticano, 21 de mayo, domingo de Pentecostés.

Son las once y media de la mañana.

Un hombre se abre paso entre la multitud de peregrinos que esperan la bendición papal, esquiva a cinco guardias, se encarama a la balaustrada de mármol junto a la Pietá de Miguel Ángel y le asesta quince golpes con un martillo de geólogo.

La virgen pierde un brazo, un ojo y parte de la nariz.

Mientras destroza la estatua, el hombre grita: “¡Soy Jesucristo, soy Jesucristo y he regresado de la muerte!”.

Se llama Laszlo Toth. Es un geólogo australiano, pero nació en Hungría.

El artista en acción

 

El artista criminal

Laszlo Toth es arrestado. Le llueven los insultos: asesino, fanático, vándalo, nihilista. Se le juzga y condena a nueve años de prisión.

Sin embargo, algunos artistas defienden a Toth, no porque crean que la condena es desmesurada, sino porque están de acuerdo con su acción.

Los artistas llaman acciones a las actividades artísticas que no se limitan a colgar cuadros en una pared. Por ejemplo, permanecer sentados durante horas en el escaparate de una tienda, no porque la tienda te pague como maniquí vivo, sino para denunciar la alienación del mundo actual. Se supone que la prueba de esa alienación es que un artista esté dispuesto a pasarse horas inmóvil, o que la gente se pare a mirar a alguien que está dispuesto a tal cosa, o quizá sea el hecho de que una institución ofrezca dinero al artista por hacer nada.

Para algunos artistas de la época, en consecuencia, lo de Toth no era una acción, sino una acción. Es por eso que todavía hoy se reivindica el gesto de Toth desde algunos sectores del mundo del arte: Karen Eliot habla elogiosamente de Toth y su “terrorismo cultural”.

Esta es otra característica de los artistas y expertos en arte del siglo XX y XXI: les gusta jugar con palabras que expresan violencia y destrucción. A menudo coquetean con la palabra y con los símbolos del terrorismo. ¿Por qué?

Entre otras razones porque el terrorismo es una bestia negra para los Estados y para la Burguesía y, por alguna extraña razón, un artista que se precie es un enemigo declarado del Estado y de la Burguesía. Para llamar la atención del Estado y epatar a los burgueses, muchos utilizan cualquier cosa, como aquellos artistas de inicios del siglo XX, los futuristas, que querían hundir Venecia. Luego se hicieron, en su mayoría, fascistas, tal vez porque era la manera más rápida de colaborar en la destrucción de arte y vidas.  El nazi Goebbels, quizá queriendo hacerse no sólo un lugar en la historia del crimen sino también en la del arte, dijo aquella célebre frase: “Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola” .

Así que Toth llevo a cabo, con sus modestos medios, lo que soñara el colega de Goebbels, Hitler: volar Paris, volar de un golpe la cultura francesa y todos sus símbolos; o lo que poco después algunso llegaron a plantear al presidente de EE.UU: tirar las bombas atómicas sobre Kyoto, la antigua capital cultural de Japón.

 

La valiosa aportación de Toth a la cultura mundial

Pero, ¿cuál es la aportación de los martillazos de Toth a la cultura mundial?

Lo dice Karen Eliot:

 “Él solo acuñó el principio básico del Mail Art: NO MÁS OBRAS MAESTRAS”.

 Este es un ejemplo, dirán los mal pensados, de la catadura del arte actual: para crear una corriente artística basta con destruir una estatua.

El Mail Art no cree en las obras maestras, no quiere que haya comisarios o jurados en las exposiciones de arte y fomenta de manera explícita el plagio en Festivales del plagio, entre otras cosas. El asunto es interesante, pero ¿qué tiene que ver con los martillazos? Al parecer, la única relación es que todas esas cosas molestan a la burguesía y al establishment.

Eliot, en su defensa del inspirador del Mail Art, también se burla de los llantos de un profesor y sus alumnos al examinar los daños causados a la estatua, y enseguida dice que los golpes de Toth “fueron suaves”.

El lector puede apreciar en esta imagen la suavidad de los martillazos y cómo suavemente cayó un brazo de la Virgen.

pieta

 

¿El arte o la vida?

Bien, Toth golpeó la Pietá, de acuerdo, pero, enseguida aclara Eliot: los golpes no cayeron sobre carne, sino sobre mármol. ¿Por qué dice eso?

Porque ahora va a comparar a Toth con los que golpean la carne.

En efecto, en un alarde prodigioso de pensamiento alternante , dicotómico o maniqueo si se prefiere, Eliot compara la maldad de Toth con la de Nixon y Kissinger, contemporáneos del artista.

Alude entonces Eliot al célebre dilema de si en el incendio de un museo salvarías una obra de arte o a una persona. El dilema se plantea, de manera muy hermosa en Balas sobre Broadway, de Woody Allen, pero Eliot no menciona a Allen, sino a Giacometti, quien dijo que antes salvaría a un gato que un Rembrandt, cosa que todos entendemos perfectamente, porque es lo que haríamos casi todos, no por odio a Rembrandt, sino por amor a los gatos.

Pero algunos seguimos sin entender por qué el dilema ético “Salvar una vida/salvar una obra de arte” lleva a la conclusión: “Hay que destruir las obras de arte”. Da la impresión de que faltan premisas a este silogismo del arte moderno para llegar a tan demoledora conclusión.

La incomprensión hacia el artista: Laszlo Toth es detenido tras su acto artístico

 

La influencia de Toth

Poco después de la acción de Toth, otros artistas mostraron su solidaridad. Ken Friedman escribió un oratorio en honor de Toth y Don Novello tituló uno de sus libros Las cartas de Toth, aunque, según confesó, no en homenaje al artista australhúngaro, sino tan sólo por la sonoridad del nombre.

Incluso existe una escuela de arte llamada Laszlo Toth School of Art, que alaba al artista del martillo que “adaptó cierta escultura popular de Miguel Ángel a una sensibilidad más moderna”

El que más se destacó en su amor a Toth fue Roger Dunsmore, que publicó un libro de poemas con el célebre verso: “¿Dónde estás Laszlo Toth, el del martillo suave?”.

Es posible que el lector también se lo haya preguntado y que también se pregunte: ¿Cumplió Laszlo Toth su condena de nueve años?

No. Fue examinado por doctores y enviado a un hospital mental durante dos años. En 1975 fue deportado de Italia como undesirable alien (persona non grata). En Australia no fue detenido.

Toth consiguió lo que sin duda pretendía: pasar a la historia. También lo consiguió en la Antigüedad aquel que queriendo ser recordado incendió una de las Siete Maravillas del Mundo: el templo de Diana en éfeso. Se llamaba Eróstrato. Aunque Alejandro Magno reconstruyó el templo, años después unos vándalos mucho más organizados volvieron a destruirlo para siempre.

 

Dos inmortales: Toth y la Pietá

¿Y qué le pasó a la Pietá, a su ojo, su nariz y su brazo?

Fue restaurada por Deoclecio Redig de Campos y ahora está tras un cristal protector que impide apreciar su belleza de cerca, como pude comprobar cuando visité el Vaticano. Durante la restauración, se encontró en la palma izquierda de la Virgen una firma secreta de Miguel Ángel: una M.

Existe una curiosidad que debemos mencionar: Toth no fue el primero en destrozar la Pietá, sino que tuvo un ilustre predecesor. ¿Quién?

Miguel Ángel.

En efecto, Miguel Ángel también destrozó la Pietá, no la que hoy conocemos, sino un modelo anterior que hizo en Florencia. Rompió a martillazos una de las piernas de Jesucristo.

¿Por qué lo hizo? Se dice que porque la colocación de la pierna de Jesucristo bajo el manto de la Virgen tenía una fuerte connotación sexual.

 

Un enigma sin respuesta

Hay una pregunta a la que nadie ha dado respuesta. Laszlo Toth destrozó la Pietá de Miguel Ángel al grito: “Soy Jesucristo resucitado?”

Pero, ¿por qué Jesucristo querría golpear  a su madre?

 

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[Publicado el 29 de marzo de 2004]

CUADERNO AUSTROHÚNGARO

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¿Qué culpa tiene la rosa?

La rosa es uno de esos símbolos literarios o imágenes poéticas tan manoseados que se han convertido casi en un cliché. “No la toquéis más, así es la rosa”, decía Juan Ramón Jiménez, tocando, también él de nuevo, la rosa en un poema. Alguien dijo una vez: “El primero que comparó los labios de su amada con una rosa era un genio, el último es un imbécil”.

Pero hay aquí una observación que hacer: ¿qué culpa tiene la rosa?, ¿es que la rosa no sigue siendo, a pesar de todo, una hermosa imagen, un reflejo o réplica de los labios amados? La mejor defensa de la rosa que yo conozco, aparte de la de Juan Ramón Jiménez (que es más una súplica o un mandato), es la de Chesterton.

Chesterton decía que aunque la rosa sea un símbolo muy viejo, cada nueva rosa es joven en las manos del amante o del poeta que la compara con los labios de su amada. Un tipo de defensa semejante es  lo que escribí junto a la fotografía de un bello atardecer en la ciudad uruguaya de Colonia:

Aunque se dice despectivamente: “Era un atardecer de postal”, hay que recordar que primero fueron los atardeceres y después las fotografías de atardeceres. Muchas personas parecen incapaces de disfrutar de la belleza porque les recuerda los comentarios sobre la belleza.

Ahora bien, la desactivada rosa cobra de nuevo fuerza si, repitiendo en esencia la comparación, varíamos levemente el contexto. Por ejemplo, si quien compara la rosa y los labios es una mujer hablando de un hombre, o hablando de otra mujer, o si es un hombre hablando de otro hombre. O si esa rosa alude no sólo a los labios o las mejillas encendidas de una mujer. Al variar levemente la comparación, al romper el hábito, la rosa parece cobrar nueva vida y renovarse.

Podemos sospechar que gran parte del interés de la película de Ang Lee Brokeback Mountain se debe a que el amor entre hombres resulta menos tópico en el cine que el de hombres y mujeres. Cuando la hosexualidad vaya perdiendo su carácter inevitablemente combativo, la rosa homosexual también acabará convertida en un tópico sin vida.

Pero las reflexiones anteriores no son el asunto al que me quería referir con la pregunta “¿Qué culpa tiene la rosa?”.

Volvamos a Chesterton e imaginemos a un joven que vive al margen de toda la literatura rosácea que nosotros conocemos y de sus metáforas. Por ejemplo, un joven de Babilonia o un joven de un lugar remoto y aculturizado. Este joven descubre un día que los labios de su amada y las rosas son semejantes. Las rosas le recuerdan los labios que tal vez ya besó y los labios le recuerdan las rosas que se abren dóciles a sus caricias. Este joven compara rosas y labios. Nosotros, conociendo quién es y dónde vive, descubrimos que la manida metáfora ya no lo es tanto, y le perdonamos la comparación que no perdonaríamos a nuestro vecino de la gran ciudad.

Algo semejante sucede en un delicioso relato que leí en una antología de literatura hebrea que compré hace poco en Buenos Aires. En ese cuento, que transcurre en Palestina hacia finales del siglo XIX, un judió procedente de Europa viaja con una mujer desconocida en un coche. El chófer es también judío, aunque ha vivido siempre en Palestina y, creyendo que el turista americano no habla hebreo, no para de insultar en voz alta al hombre y decirle a la mujer lo mucho que la ama, comparando sus labios con rosas, sus dientes con perlas y sus senos con palomas. Y allí está el turista, simulando no entender nada, molesto por los insultos pero fascinado por el discurso exuberante del conductor, como también lo estamos nosotros, los lectores.

Se ve por el ejemplo anterior que una misma metáfora, un mismo poema o un mismo discurso cambia sin cambiar y con las mismas palabras es diferente. Lo cierto es que para los seres humanos las cosas en sí no existen, o no pueden ser percibidas, sino tan sólo, como decía Leibniz, las relaciones entre las cosas. Un poema raramente se lee desde una posición neutral, por lo que a ese chófer analfabeto palestino (entonces a los judíos de Palestina se les llamaba todavía palestinos) le permitimos lo que no le permitiríamos a un poeta que ha ganado el premio Nobel, como Neruda.

Pablo Neruda

Neruda, al contrario que el chófer palestino, se ve obligado a hablar no sólo de rosas o de labios, sino también de metalenguaje:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo…”

Dice Neruda, y sólo después de este preámbulo dirigido a nuestro juicio crítico, se puede permitir la sucesión de tópicos:

«La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

En una sociedad altamente culturizada, como lo es la nuestra o como lo fue la época del helenismo posterior a Alejandro, o la época Tang y Song de China, a un autor no se le perdona que no conozca su tradición y se le exige, además, que demuestre que la conoce, incluso aunque no venga a cuento, incluso, si no hay más remedio, de manera un poco pedante. Wittgenstein hablaba del valor de uso del lenguaje, pero en la poesía y las metáforas lo que se aplica es “el valor de lo usado”: mientras más usado, menos permitido.

Me atrevo a creer, en contra de la opinión común de los expertos, que esta exigencia es en parte un error. Que el lector debería ser capaz de abstraerse de muchos de los dogmas y prejuicios de su tradición cultural, y que a menudo la ironía y el metalenguaje suponen una pérdida mayor para la sensibilidad que la ignorancia. Pero es una opinión que no quiere ser dogmática, de alguien que ama también el metalenguaje (aunque a veces el metalenguaje está tan o más manoseado que la rosa) y que considera que el poema metalingüístico de Neruda es también hermoso, o que al menos lo son algunos de sus versos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

Por otra parte, no creo que esté fuera de lugar ni sea pedante establecer aquí una comparación entre la manera en la que cada uno de nosotros vivimos nuestra vida y la manera en la que lo hacen las culturas desde el primitivismo al refinamiento (sin añadir a ambos términos ningún valor positivo o negativo). Me refiero a que del mismo modo que la rosa y los labios, los dientes y las perlas o los pechos y las palomas pierden su efectividad a medida que van siendo repetidos una y otra vez en una cultura, lo mismo nos sucede a nosotros cuando leemos por primera vez esas metáforas en la niñez y la adolescencia y cuando lo hacemos pasados ya muchos años: versos que nos emocionaron pierden ahora gran parte de su poder y algunos se deslizan, incluso a pesar de las coartadas metalinguisticas, inevitablemente hacia lo cursi y lo artificioso. Eso es lo que me ha sucedido al volver ahora a leer el poema de Neruda, que tanto me emocionó en la infancia y del que, como dije antes, ahora sólo salvaría algunos versos que escapan del tópico vacío o recargado.

Me doy cuenta de que con esta última observación, quizá estoy refutando casi todo lo que he dicho antes.

*********

Un tipo de defensa de la rosa semejante a la de Chesterton  son los poemas Fábula del origen del mundo y primera tentación, que publiqué en el weblog Pasajero.

Vínculo a: Atardecer en Colonia

[Publicado por primera vez el 5 de marzo de 2005]

 

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Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

 En este vídeo, Lola Larumbe, de la librería Rafael Alberti,  en el madrileño barrio de Argüelles, recuerda los tiempos difíciles en los que se inauguró la librería, durante la época franquista o quizá poco después de la muerte de Franco, hacia el año 1975.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=2lhoe5wn65A[/youtube]

La fotografía de la que hablamos Lola y yo en la presentación, en la que mi hermana Natalia y yo posamos junto al escaparate de la librería:

 Y aquí hay otra fotografía tomada en el mismo día mismo día, en la que aparecemos mi padre, Iván, y yo:

Junto a la palabra “VOLVEREMOS” se pueden ver disparos de bala. La palabra que hay escrita debajo no acabo de entenderla. Se supone que los autores del ataque eran fascistas, guerrilleros de Cristo Rey o algo parecido, es decir algún tipo de franquistas que no querían que España se convirtiera en una democracia. Aquellos años fueron muy difíciles, algo que hoy apenas se recuerda, y cada día parecía que la dictadura y el fascismo podían regresar, una amenaza que casi se hizo real en 1981, con el intento de golpe de estado. Era muy peligroso participar en las manifestaciones porque un tiro perdido te podía matar. Al menos en una ocasión presencié cómo moría un manifestante y más de una vez estuve a punto de salir malparado, por ejemplo con mi madre en una ocasión en la que nos refugiamos junto a un portal y un policía a caballo con la porra en ristre dudó si venir a por nosotros, durante unos momentos que se nos hicieron eternos.

Pero junto a toda la tensión y la incertidumbre de aquellos años, también fue una época tremendamente estimulante, pues salíamos de la españa gris y miserable del franquismo y empezábamos a decubrir que se podía vivir de otra manera.

Uno de los placeres de aquellos años era precisamente la librería Rafael Alberti. Mi hermana y yo teníamos una cuenta de libros que nos había abierto mi madre, creo que con un límite de 5000 pesetas (quizá eran 500, tengo muy mala memoria para los precios), pero pronto superamos ese libro. A pesar de ello, los libreros nos permitían seguir comprando libros.

Descubrí en la Alberti a muchos de los autores que más me han influido e interesado, entre ellos bastantes de los que menciono en Nada es lo que es, como Raymond Smullyan o Bertrand Russell, por ejemplo. Me gustaba muchísimo buscar libros de las más diversas disciplinas y géneros, aunque estaba especialmente interesado por la filosofía y la ciencia, además de la mitología y el mundo grecolatino. Todavía recuerdo el placer intenso que sentía cuando encontraba un libro especialmente interesante y corría a casa, dos o tres portales más abajo, a leerlo.

Fueron en fin, años a los que, al recordarlos ahora, se les podría aplicar el pasaje del célebre poema de Wordsworth :

Atisbos de la inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia

IX

¡Oh gozo! En nuestras ascuas
hay algo que permanece vivo
y que la naturaleza recuerda todavía,
aunque fuera tan fugaz.

Pensar en nuestros años pasados engendra en mí
perpetua bendición: no ciertamente
por lo más digno de ser bendecido:
deleite y libertad, el simple credo
de la infancia, en reposo o atareada,
con esperanzas renovadas aleteando en el pecho;
no es por ello que levanto
el canto de alabanza y agradecimiento,
sino por aquellas preguntas obstinadas
acerca del sentido y las cosas ajenas,
que vinieron a nosotros y se desvanecieron,
sospechas sin definir de una criatura
que se mueve por mundos que no comprende,
instintos elevados ante los que nuestra naturaleza mortal
tembló como un culpable al ser descubierto;
por aquellas primeras afecciones,
esos vagos recuerdos,
que, sean lo que sean,
son la fuente de luz de todo nuestro día,
son la luz dominante en todo nuestro mirar;
nos sostienen y abrigan, con el poder de hacer
que estos años ruidosos parezcan sólo instantes
en el devenir del eterno silencio:
verdades que despiertan para nunca perecer,
a las que ni la desatención, ni el esfuerzo loco,
ni el hombre, ni el muchacho,
ni todo lo enemigo de la dicha
puede borrar del todo o destruir.
Y aquí, en la estación de tiempo sereno,
aunque estemos muy tierra adentro,
nuestras almas ven un destello de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí;
y hasta allí pueden ir en un instante
y ver a los niños que juegan en la orilla
y escuchar las poderosas aguas fluir eternamente.

El poema continúa con aquel otro pasaje inolvidable que tanto nos emocionó a quienes vimos en la infancia la película de Elia Kazan Esplendor en la hierba:

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mi mirada.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo”.


El vídeo pertenece a la presentación de Nada es lo que es, en la librería Rafael Alberti. Me acompañaron Lola Larumbe y Juanjo de la Iglesia. Fue una tarde muy agradable y entretenida, en un lugar que está muy relacionado con mi identidad, sea eso lo que sea.

 

La traducción del pasaje IX del poema de Wordsworth parte del texto de José María Valverde, pero con bastantes  modificaciones mías, a partir del poema original de Wordsworth. El célebre fragmento del esplendor en la hierba, que ya pertenece al pasaje X, es la traducción más difundida pero desconozco el nombre del autor, y no lo he modificado.


[Publicado en 2012. Revisado en 2017]


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La ciencia confirma noALT
(La página noALT /002)

En el año 2004 se publicaron varios artículos haciéndose eco de un experimento realizado en la Universidad de California. Los resultados son muy interesantes y confirman la tendencia que tenemos de ver la realidad en campos enfrentados, y cómo dejamos de observarla una vez que hemos tomado partido. A continuación, copio la noticia acerca del experimento tal como fue publicada en la revista El Ciervo.

Los experimentadores colocan en la máquina a un votante convencido de Bush y le ponen una imagen del presidente.
El cerebro reacciona así: “Este es el mío, mira que bueno y guapo es”. Luego sale Kerry, el rival, y en el cerebro del paciente se activa una sección más racional, capaz de distinguir entre lo malo (sobre todo) y lo bueno del personaje.
O sea, que cuando ves a tu candidato la respuesta es emocional: este es el mío, que nadie lo toque, yo soy como él, todo lo hace bien.” Y cosas así. En cambio, cuando sale el otro, se activa la parte del raciocinio, de buscar por dónde flaquea. Qué curioso.    (“El mío es un amor”, El Ciervo, mayo 2004)

 John Kerry      George Bush
¿Son tan distintos Bush y Kerry?

El experimento parece mostrar lo poco de fiar que somos como analistas políticos, pues parece muy difícil que nuestras opiniones se puedan separar de nuestra ideología y de nuestros deseos. La conclusión es que nuestros argumentos están motivados mas por el odio y el amor que por la razón. Como decía un ilustrado francés: “Nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones”. Primero decidimos que es lo que queremos pensar, y sólo después buscamos razones para justificar esa elección.

Nassim Nicholas Taleb pone un ejemplo de cómo funciona nuestra incapacidad de para razonar cuando hay emociones de por medio:

 “El problema de la confirmación es un asunto omnipresente en nuestra vida moderna ya que en la raíz de muchos conflictos se halla el siguiente sesgo mental: cuando los árabes y los israelíes ven las noticias, perciben historias diferentes en la misma sucesión de hechos. Asimismo, demócratas y republicanos miran a partes distintas de los mismos datos y nunca convergen en las mismas opiniones. Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos encontramos en nuestras ideas.”

Es muy posible que la única vez que hayamos razonado sea aquella primera vez, tal vez en la adolescencia, en la que elegimos nuestro bando. A partir de entonces, adquirida ya la seguridad de nuestra ideología, nunca hemos necesitado volver a pensar de verdad.

Es evidente que si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia, ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables.

Una reacción emocional extrema es comprensible en un momento concreto, pero su persistencia en toda situación impide cualquier posibilidad de entender algo acerca de la realidad, o de intercambiar opiniones de manera razonable con otras personas, excepto como compartirían una conversación un par de magnetofonos, como decía Ortega, o como la comparten dos hinchas del mismo equipo después de un penalty dudoso.

Las reacciones instintivas y la razón son casi siempre incompatibles. Es por eso que no es recomendable legislar en un momento de gran excitacion social, por ejemplo, tras una serie de terribles asesinatos.

Cuando a Primo Levi, que había estado prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, se le pregunto como reaccionaba instintivamente ante una injusticia, el respondió: “Yo no respondo nunca instintivamente, y si lo hago, intento controlarlo”. Una cosa, en efecto, es sentir emociones y entusiasmos, lo que es del todo razonable, y otra muy distinta intentar legislar o dictaminar en medio del entusiasmo.

El experimento, de todos modos, confirma la tendencia partidista que tenemos, pero no la explica. Muestra que los votantes de Bush ya han decidido que Bush es bueno y que Kerry es malo, asi que es lógico que se activen las zonas de sus cerebros relacionadas con la razón o con la emoción, según el caso. Pero el experimento no nos dice por qué han decidido con tanto ardor que Bush es un monstruo o un héroe.

Tras esa clave andan ahora muchos investigadores: si se consigue averiguar cómo meter dentro de un cerebro una opinión, quizá se descubra como conseguir algo que a menudo parece imposible: como sacar una opinión de un cerebro.

Me gustaría añadir ahora, en 2011, que el experimento, por otra parte, explica de manera clara esa asombrosa situación en la que nos vemos tantas veces, cuando hablamos con una persona acerca de los crímenes de Fulano y estamos completamente de acuerdo en que son detestables, pero luego empezamos a hablar de Mengano y, ante las mismas situaciones que acabamos de condenar resulta que nuestro interlocutor no las considera criminales.

Es por un lado una prueba de algo positivo: cualquiera puede distinguir los crímenes mediante la razón. Pero, por otro lado, muestra algo muy negativo: cualquiera es capaz de ocultar los crímenes si tocan  a su emoción. Situaciones como estas podemos encontrarlas en cualquier polémica política alternante, dicotómica, maniquea, como Israel/Palestina, Estados Unidos/URSS, derecha/izquierda, etcétera. Se razona con precisión y fiereza acerca de un lado de cada par y se olvida al instante todo lo que se acaba de decir al considerar el otro lado.

La única escapatoria a ese pensamiento alternante es encontrar algo que pueda situarse por encima del par a discutir, como la oposición frontal a toda acción criminal.

 

 


Los comentarios son muy bien recibidos

 [Publicado por primera vez en 2004]

NOTA 2012: cómo sé que nada puede ser confirmado de manera definitiva, ni siquiera por la ciencia, no empleo la expresión “La ciencia confirma noALT” de manera dogmática, sino, digamos, como sinónimo de “La ciencia (un experimento científico) aumenta la probabilidad de que noALT sea cierto”.

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La teoría hologramática del cerebro

La teoría hologramática del cerebro compara el cerebro o alguna de sus facultades, como la memoria, con un holograma. Imaginemos una fotografía de una mujer y un holograma de la misma mujer.

Si dividimos la fotografía en dos, en una parte tendremos el cuerpo de la señora y en la otra las piernas.

Sin embargo, si dividimos el holograma en dos, no sucede eso, sino que en cada parte del holograma tendremos entera la imagen de la mujer. Y si seguimos dividiendo el holograma, seguiremos teniendo la imagen completa en cada parte.

hologram-6

Esta asombrosa particularidad de los hologramas ha sido comparada con algunos descubrimientos hechos en pacientes que tenían dañadas áreas del cerebro vitales y a pesar de ello mantenían las facultades normales de cualquier persona.


 

[Escrito en 1999]

[Creo que leí por vez primera esta teoría hologramática del cerebro en el libro de Karl Pribram y J.Martín Ramírez Cerebro, mente y holograma, que leí en 1988].

 

Este texto es un comentario de 1999 a mi lectura de Los principios de la filosofía de Descartes.

  ********

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

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Programas de investigación deductivos

LavoisierNo se puede decir de una manera absoluta que sea imposible llevar a cabo un programa filosófico deductivo (deducir todo a partir de ciertas premisas o principios).

Sin embargo, ese tipo de programas plantea dificultades de todo tipo, que lo hacen muy poco plausible:

1) Hay que saber cuáles son las premisas correctas de las que partir.

2) Hay que dar por supuesto que en la realidad existe una continuidad absoluta.

3) Incluso aunque se dé una continuidad tal en la naturaleza, puede que haya lagunas entre uno y otro territorio.

Hoy en día, por ejemplo, existe un hiato que separa la física de la química. Es decir, no se puede deducir la química a partir de la física. Falta algo para que se establezca ese nexo. Quizá en el futuro se tienda el puente que una esas dos ciencias, pero difícilmente se conseguirá deduciéndolo a partir de los datos físicos y químicos que se conocen hoy en día: habrá que encontrar nuevos elementos o datos, quizá más sencillos, quizá más complejos.


 

[Escrito en 1999]

 

Este texto es un comentario a El programa de investigación de Descartes (Lectura de Los principios de la filosofía, de Descartes)


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]