La infidelidad del guionista

En todos mis libros, aunque me ocupe de temas muy diferentes, existen muchos nexos, como supongo que le pasa a cualquier escritor que no se limita a repetir lo que ha leído en otra parte. La mayoría de estos nexos son casi inadvertidos, secretos, subterráneos, algunos solo parecen evidentes para quien lo ha escrito, es decir, para mí. Muchas de estas conexiones surgen de forma espontánea, pero reconozco que también me gusta conectar a propósito los diversos textos y hacer que todos ellos sean finalmente una especie de hipertexto lleno de relaciones múltiples. Si algún día perdiera la memoria de los días pasados, pero conservara la capacidad de añadir nuevos recuerdos, tal vez mediante la lectura de esos libros podría reconstruir o al menos entender al hombre que fui. Supongo que esos lbros, incluso los que menos parecen tener que ver con mi biografía, contribuyen a trazar ese retrato del que hablaba Borges, que va quedando en las páginas. Aunque, quién sabe, tal vez sea también un retrato distorsionado.

En ocasiones, en un texto amplío una idea que en otro lugar he mencionado de pasada, a veces repito la misma historia en diferentes lugares aunque con diferente propósito, pero siempre intento reescribirla, ampliarla, reducirla, matizarla, buscar una nueva manera de ver el asunto. La pereza me lleva en algunas ocasiones a citarme, o quizá sea aquello del plagiario Shakespeare: si Montaigne lo ha dicho de manera insuperable, ¿para qué voy a decirlo de otra manera?

Una de las cosas que más repito es sin duda la admiración que siento hacia el astrónomo Johannes Kepler y su método de descubrimiento, que ya me he prohibido volver a contar en nuevos lbros, aunque no estoy seguro de si lograré contenerme. Otro tema recurrente, casi un juego o una manía parecida al “austrohúngaro” que Berlanga hacía pronunciar en todas sus películas, consiste en mencionar de alguna manera La epopeya de Gilgamesh, el poema mesopotámico que es también la primera novela de la humanidad y en el que, en mi opinión, se contiene casi todo, o al menos mucho, de lo que se ha dicho después.

Pienso, por otra parte, que en Recuerdos de la era analógica están contenidos de una manera u otra no sólo casi todos los libros que he escrito, sino incluso los que todavía no he escrito. Algunos de esos libros futuros, ahora, cuando releo esto en 2017, ya los he escrito o los estoy escribiendo.

En ocasiones, introduzco referencias cruzadas entre mis libros en los títulos de los capítulos o los apartados, que siempre intento que sean muy informativos, pero que también esconden casi siempre algún tipo de juego. He dedicado un apartado a estos pequeños bombones ocultos, o huevos de Pascua, en No tan elemental.

Aquí voy a comentar tan solo una de esas referencias cruzadas entre libros, que se encuentra en la página 311 de Las paradojas del guionista:

Como se ve, el apartado que comienza al final de la página tiene el título de otro libro mío: Elogio de la infidelidad. Lo curioso, sin embargo, es que el Elogio lo publiqué en 2011 y Las paradojas en 2006, es decir, que cité un libro que todavía no había escrito. Se podría pensar que ese apartado hizo que se me ocurriera escribir ese libro futuro, pero no fue eso lo que sucedió. En realidad, el Elogio de la infidelidad ya existía cuando lo cite, aunque era un poco más ligero, más breve que el libro publicado. En efecto, a los dieciséis años escribí un primer elogio de la infidelidad, un breve artículo de apenas tres o cuatro páginas, que titulé “Sobre el sexo y su relación con la infidelidad”. Por eso, en Elogio de la infidelidad reproduje un breve pasaje de aquel texto de adolescencia, que ofrecí como una cita sin autor.

En cualquier caso, aunque pertenezca a otro libro, ese capítulo de Las paradojas del guionista llamado “Elogio de la infidelidad” lo podría haber añadido a Elogio de la Infidelidad, para mostrar otro curioso aspecto en el que la infidelidad también es muy recomendable, además de en el sexo, la amistad, el amor o la política. Me refiero a la infidelidad del guionista, algo que en mis clases de guión siempre recomiendo a mis alumnos: “Debéis ser infieles… a vuestro guión”. Para entender por qué, reproduzco aquí íntegro ese elogio de la infidelidad publicado en Las paradojas del guionista:

«Entre las dificultades para corregir un guión, una de ellas es la excesiva fidelidad a las ideas iniciales. El guionista quiere mantenerse fiel al proyecto original y le cuesta mucho deshacerse de él y adoptar nuevas soluciones. Pero es casi inevitable que un guión terminado no tenga casi nada que ver con la idea inicial. En primer lugar, porque, como ya se dijo antes, la idea inicial es sólo una abstracción. Los primeros en rebelarse suelen ser los personajes. Hemos visto que a Hitchcock no le gustaba desarrollar los caracteres de los personajes por razones de defensa propia: acababan rebelándose contra él y se negaban a hacer lo que él les había preparado en la trama. También los novelistas y los guionistas se quejan de que los personajes se rebelan, aunque hay quien piensa, como Javier Marías, que si un autor no es capaz de controlar el carácter de sus personajes es que es él quien no tiene carácter. Pero otros, como Ibsen, creen que es necesario acercarse a los personajes como a unos desconocidos:

Cuando me dispongo por primera vez a elaborar mi material, me siento como si tuviera que conocer a mis personajes en un viaje en tren. El primer encuentro ya ha tenido lugar y hemos charlado de esto y aquello. Cuando vuelvo a escribirlo, ya lo tengo todo mucho más claro y conozco a esas personas como si lleváramos viviendo un mes en el mismo hotel. He captado los principales aspectos de su personalidad y sus pequeñas particularidades.

No hay por qué pensar que los personajes van a ser como nosotros queríamos que fueran al principio: es mucho más útil conocerlos a la manera de Ibsen: a medida que avancemos en el guión. Y, por supuesto, no hay que preocuparse por ser fieles a las ideas originales: hay que darse cuenta de que a lo mejor servían en el momento inicial, pero ya no sirven ahora. La fidelidad a menudo impide que miremos realmente lo que tenemos delante, y para escribir un guión hay que estar siempre mirando lo que tenemos, no lo que teníamos.

Walter Murch cuenta que en el proceso de montaje de Julia, de Fred Zinnemann, sugirió eliminar una escena del inicio de la película, «porque si decidíamos quitarla, haría que las escenas que quedaban se ordenasen por sí solas en una sucesión más comprensible». Zinnemann aceptó la propuesta, pero dijo: «Sabe, cuando leí esta primera escena en el guión, supe que podría hacer esta película». Murch, con un nudo en la garganta, prosiguió con su trabajo, pero dudó si estaba cortando el corazón o tan sólo el cordón umbilical de la película:

«Retrospectivamente, creo que era un cordón umbilical y que teníamos razón al quitarlo: la escena tenía una función esencial, que era conectar a Fred Zinnemann con el proyecto en un momento dado, pero una vez que esa conexión había sido hecha, y la sensibilidad de Zinnemann había fluido a través de esa escena a todas las otras escenas en la película, podía quitarse finalmente sin ningún daño.»

Hasta aquí la cita.

Por otra parte, en el resumen final de Las 38 paradojas del libro, mencioné algunas más, y también señalé como paradoja esto de la infidelidad:

Otras paradojas relacionadas con el trabajo del guionista son que el principio es la mitad del todo («Comenzar a escribir») y que lo mejor para escribir un guión es no tener que empezarlo («Cómo no empezar», «Los comienzos siempre son difíciles» y «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde»). Que la escritura de un guión comienza cuando se termina (en «La corrección del guión»), que para orientarse en la escritura de un guión hay que seguir un mapa de un territorio que no existe porque lo tenemos que crear al mismo tiempo que dibujamos el mapa («Los comienzos siempre son difíciles»), que «El peor sitio para escribir un guión es una productora», «El peor enemigo del guionista es él mismo» o «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde». Y que la mejor manera de ser fiel a un guión es serle infiel («Elogio de la infidelidad»). 


[Escrito el 14 de septiembre de 2011. Revisado en 2017]


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
390 páginas
 Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista. (en Casa del Libro)




Elogio de la infidelidad
Comprar ebook o libro
Editorial EVOHÉ

Elogio de la infidelidad se podría haber llamado Contra de la fidelidad, pero Daniel Tubau ha preferido un elogio a una diatriba. Aunque es una crítica de la fidelidad desde la razón, este libro no pretende destruir ningún valor, sino construirlos desde un análisis sensible y preciso.

Además de un ensayo, la obra es un elogio a la libertad bien entendida y a la honestidad, a la inteligencia y a la razón. A buen seguro provocará al lector y le hará pensar de otra manera sobre un asunto en el que abundan los prejuicios.”


ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

Las 38 paradojas del libro y algunas más

Reglas y excepciones (Las paradojas del guionista)


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Todo lo que es Nada es lo que es

En este tablero de Pinterest se presentan de manera breve los distintos capítulos de Nada es lo que es. Permite darse cuenta de un vistazo del viaje que propone el libro por muchas de las culturas del mundo en busca de la identidad. No sólo la identidad de las cosas o los conceptos, sino también la de las personas o las naciones.
Puedes verlo con más claridad y a mayor tamaño con este enlace: Nada es lo que es.

Prejuicios y reacciones de identificación

Las reacciones de identificación consisten en unl impulso a considerar no sólo que pertenecemos a un grupo determinado, sino pensar también que los demás, los otros, comparten las características del grupo con el que los definimos o al que parecen pertenecer, como “hombre”, “mujer”, “español”, “musulmán”, “analfabeto” o “astronauta”.

El problema de las reacciones de identificación es que se deslizan con mucha facilidad por todos los usos posibles del verbo ser. Si establezco la igualdad «una mujer conductora es un mal conductor», entonces cualquier individuo que reúna las características «mujer» y «conductora» se ganará al instante la pertenencia a la clase «malos conductores».

Dice Hayakawa:

«La mayor parte de nuestros errores de valoración surgen de las reacciones de identificación que nos conducen a ignorar las diferencias que existen entre individuos pertenecientes a clases a las que se les da el mismo nombre, y a ignorar además los cambios que ocurren a lo largo del tiempo».

Hayakawa cuenta el caso de un alumno suyo que tenía mala opinión de los judíos, pero que un día decidió hacer un experimento e invitó a un judío a tomar unas cervezas: «Cultivó su amistad y vio con sorpresa que el judío era un tipo estupendo». Algo parecido le sucedió al escritor Howard Phillips Lovecraft, quien detestó toda su vida a los judíos, hasta que conoció a alguien que le cayó muy bien y descubrió que era judío. También él, como el estudiante de Hayakawa, pudo librarse de su absurda reacción de identificación (judío= despreciable) y cambió de opinión.

A menudo es muy difícil librarse de los prejuicios o reacciones de identificación, precisamente porque esos prejuicios hacen que no observemos lo que sucede a nuestro alrededor (como nuestro taxista que sólo veía «mujeres conductoras»), o que condicionemos la percepción de la realidad con nuestros prejuicios; por ejemplo, adoptando una actitud agresiva de manera inconsciente que haga que nuestro interlocutor muestre lo peor de sí mismo. Hayakawa hace un interesante análisis de cómo el racismo (que es una reacción de identificación de las más claras) puede ser estimulado no sólo por el racista, sino por su víctima, que, al temer llamar la atención, actúa de una manera que llama todavía más la atención.

Las reacciones de identificación son codificadas y estimuladas por el lenguaje. Por eso, el aspecto positivo de eso que se ha llamado “lenguaje políticamente correcto” es su intento de quebrar algunos prejuicios que gozan de muy buena salud, precisamente porque están firmemente asentados en el lenguaje, aunque ya no se correspondan (en muchos casos quizá nunca lo han hecho) con lo que realmente percibimos. El aspecto negativo podría ser el que se intente sustituir la realidad percibida por palabras, cayendo de nuevo en una mistificación lingüística y pretendiendo que esas cosas dejen de ser percibidas, simplemente porque les hemos cambiado el nombre. Sin embargo, aunque los defensores de lo políticamente correcto quizá pecan de candidez, probablemente demuestran más ingenuidad quienes piensan que ahí afuera existen cosas como los «negros», el «romanticismo», la «libertad» o cualquiera de esos conceptos y palabras que hemos acabado confundiendo con las cosas percibidas.

No es que esas palabras no puedan designar algo, pero no se debe olvidar que esa denominación es un producto de una convención, que nos sirve para señalar lo que percibimos, y que su campo semántico ha sido inevitablemente influido por la cultura y la sociedad de cada momento histórico. No se llama «negros» a los negros simplemente porque coincidan con el color negro en la escala cromática (cosa que no sucede, por cierto), sino porque los usos sociales y el lenguaje han impuesto la arbitraria idea de que si alguien tiene sangre negra (antepasados negros) entonces es negro, a pesar de que también tenga antepasados blancos, a pesar de que, en muchos casos, tenga más antepasados blancos que negros. Una reciente investigación genética en Brasil demostró que muchas personas consideradas blancas tenían más antepasados negros que blancos, y que también sucedía a menudo a la inversa. No existía, en definitiva, una correspondencia fiable entre el aspecto exterior y los marcadores genéticos.

Resulta verdaderamente asombroso que en una época en la que ya no clasificamos a las especies animales a partir de su apariencia externa, como hacía Linneo, sigamos haciéndolo con los seres humanos, distinguiéndolos por el color de su piel. A la actriz Hale Berry, cuando se lamentaba porque sólo le ofrecían papeles de «negra», un productor le dijo: «Un vaso de leche con una gota de café es un café con leche».

Alexander Pushkin

Alejandro Dumas


 

 

 

 

 

 

 




Sin embargo, existen excepciones al prejuicio tan extendido de considerar negra a cualquier persona que tenga una gota de sangre negra. Esas excepciones, curiosamente, también son causadas por el racismo, porque no se desea que un prócer de un país de blancos, como Francia o Rusia, sea considerado negro. Me estoy refiriendo a casos como los de Alejandro Dumas en Francia y de Alexander Pushkin en Rusia. Dumas era hijo de una esclava negra de las Indias del Oeste y un colono francés blanco, mientras que Pushkin era bisnieto de un príncipe etíope.

George Herriman

En otras ocasiones, personas negras han fingido ser blancas para evitar la discriminación, como al parecer tuvo que hacer el que es considerado por muchos el dibujante más importante de la historia del comic, George Herriman, creador de Krazy Kat (la Gata loca), quien casi siempre aparece en las fotografías con sombrero, para así ocultar su rizado cabello; una excepción es la foto de su boda. Tal vez no sea casualidad que su célebre personaje sea una gata negra o un gato negro, porque en la versión original en inglés el sexo del personaje a menudo no se explicita y en algunos momentos se refieren a Krazy Kat como él («he» y no «she»). Esta es otra muestra de la ambigua identidad de este personaje.


Foto de boda de George Herriman


[Fragmento de Nada es lo que es, el problema de la identidad]

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¿Como empieza Nada es lo que es ?

Quiero comenzar esta investigación con un sencillo relato japonés, La joven de Edo. Poco a poco, capítulo a capítulo, el problema de la identidad se irá haciendo más complejo, aunque confío en que eso no lo haga más incomprensible.En La joven de Edo se cuenta la historia de una hermosa muchacha llamada Ohatsu, que vive en Edo. Aunque es hija de un jardinero, su belleza ha atraído la atención de dos jóvenes nobles, Koretsune y Noboyushi, que se quieren casar con ella. El jardinero no se atreve a elegir a ninguno de los dos, porque le da miedo que su decisión pueda ofender a la familia del rechazado. Para evitar que la rivalidad amorosa acabe en tragedia, el jardinero decide establecer uno de esos pactos a la japonesa que tanto llaman la atención en Occidente, en los que se mezclan a partes iguales la lógica y el azar, el cálculo y algún tipo de destino dirigido por fuerzas impersonales.En primer lugar, el padre de Ohatsu regala a cada pretendiente una pequeña planta, lo que ahora todos conocemos como bonsái. A Noboyushi le corresponde un pequeño bosquecillo de bambú…

¿Qué hay en Nada es lo que es ?

Índice del libro:
¿QUÉ ES LA IDENTIDAD?
La joven de Edo
El barco de Teseo
El carro de Milinda
La mesa de Bertrand Russell
La torre de Smullyan
El caballo blanco de Gongsun Long
El mapa de Korzybski
Las identidades asesinas de Maalouf
LA IDENTIDAD PERSONAL
Teseo y la identidad
Martin Guerre y la identidad usurpada
M. Butterfly y la identidad fingida
Helena de Troya y la identidad duplicada
Gottlob Frege y la identidad
¿Quién es Silvia?
Hofstadter y la identidad repetible
La Eva futura
EPÍLOGO : LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD

 

La falsa virtud de la fidelidad
Entrevista en Radio 4 /1

Toni Marín

 En esta primera parte de la entrevista en Radio 4 con  Roser Amills y Toni Marin hablé de dos de los personajes que aparecen en Elogio de la infidelidad hablé acerca de cómose puede defender la infidelidad y tener pareja estable, de la consideración, en mi opinión errónea, de la fidelidad como una virtud y también acerca de la hipocresía de la mayoría de los que defienden la fidelidad.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=TEgAQLOixTs[/youtube]

Como es obvio en una entrevista en la radio, y si a ello se une mi timidez, es difícil exponer un asunto con precisión y quizá algunas de mis respuestas son precipitadas o confusas, pero la cosa quedó más o menos simpática, espero. En cuanto a asunto de la biología, me reafirmo en lo que dije en la entrevista y en mi libro, que los seres humanos no tenemos por qué someternos a los instintos biológicos, aunque, es cierto, pueden ser muy fuertes. Sin embargo, parece que las interpretaciones a favor de la fidelidad basadas en la biología son bastante insostenibles y más bien parece lo contrario, en lo que se refiere a la especie humana. Del asunto hablaré en futuras entradas, con motivo del interesante libro Sex at Dawn.

 

Segumnda parte de la entrevista en: Helena, Penélope y la infiel Afrodita

Roser Amills

 

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Tres poemas infieles de Roser Amills

 

En 2010 Roser Amills Bibiloni publicó su delicioso libro de poesía erótica Morbo, que tuve la suerte de leer antes de su publicación, no sólo en catalán sino también en una versión castellana, no menos estupenda, hecha por la propia autora, pero que , creo, permanece inédita.

Roser Amills Bibiloni

He leído muchas veces Morbo y cada vez que lo hago me asombro de la claridad y la belleza de las palabras asociadas al sexo cuando se emplean con la precisión y la claridad con que lo hace Amills, a quien  llamaré a partir de ahora Roser, puesto que somos amigos y me resulta extraño referirme a ella de manera tan formal. Como dice Luis Racionero en el prólogo de Morbo, hay mucha metafísica de la buena en el libro de Roser. Yo, que reconozco no ser muy exhuberante en el uso del lenguaje sexual debido a que no consigo manejarlo con naturalidad, envidio el arte de Roser como envidio también el del deslenguado Rabelais. Pero, al mismo tiempo, reconozco en ella la encantadora travesura y hondura ligera que nos trasmiten los fragmentos de Safo, o más modernamente de Pierre Louys. No hago estas comparaciones (a las que se podría añadir Catulo, por supuesto) para reducir a Roser a una fácil definición, puesto que Roser es ante todo Roser Amills, como el lector de sus poemas podrá comprobar.

A continuación tres poemas de Morbo que tienen relación con la infidelidad y con no someterse a las convenciones sociales. Con ellos doy inicio a mi Gran antología infiel:

 

El miratge

 

I bec en la teva saliva les meves sals

i la teva aroma,

t’aboques amb cobdícia i em desafines,

curulla de semen em faràs passar pel simaler

em menjaràs la figa amb cullera,

em faràs llepar-te els peus que tant

han de recórrer encara sense mi,

aprenc de les teves mans ma resplendor

mentre refaig els contorns dels teus ulls,

de la teva boca, de les teves natges

 

mentre espero que la teva imatge es dissolgui

per materialitzar-se novament un embat

rera l’altre.

 

 

El nom

 

I quan un amant ja t’ha deixat mil regueronsblancs als llençols,

quan nua ja t’has fregat la seva veu

contra els malucs

i la teva contra les seves natges,

en haver-ne tingut tot el cos entre les mans

i haver-lo mossegat arreu sense pausa

arriba el moment de mirar-li de fit a fit

l’eròtica nuesa del forat del cul

i començar amb gosadia a preguntar-li

com es diu, de quin peu calça

o com vol prendre el cafè

i sobre tot

quin és el seu super-heroi preferit.

Mai abans, això seria una manca

de delicadesa

imperdonable.

 

Perills

Si et poses a parlar molt sensual

per mostrar les variacions emotives

i sensibles de tot el fàstic i el morbo

que portes a dins, atenció,

tot d’una corres el risc de semblar

una mala vedette de revista.

 

Si les teves fantasies sexuals

són inevitables i excèntriques

i decideixes confessar-les

tot just haver començat, vigila,

l’altre podria sortir corrent.

 

Parlar del temps i de cop

ficar-li la llengua a la boca per callar

també dóna un cert no sé què

que diuen que no convé gaire.

 

Però si no dius si no fas res,

potser per evitar

els anteriors inconvenients,

és pitjor encara: t’avorriràs

 

tota la vida per ser massa delicada

i no te la bescanviarà ningú

per una altra.

 

 

 


La primera edición de Morbo se agotó pero está a punto de publicarse una segunda que ha sido posible gracias a un sistema de crowfunding (financiación mediante donaciones) a través de Internet, en el que todavía puedes participar, si no me equivoco. Es una iniciativa fantástica y una muestra de las posibilidades que Internet ofrece a los autores. Probablemente parte del futuro literario estará ahí: Morbo en Verkami

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Helena, Penélope y la infiel Afrodita
Entrevista en Radio 4 /2

En esta segunda parte de la entrevista en Radio 4 con  Roser Amills y Toni Marin hablé de dos de los personajes que aparecen en Elogio de la infidelidad y que representan a la esposa fiel y a la mujer infiel: Penélope y Helena. Pero también conté, de manera bastante deslavazada, es cierto, la historia de la infidelidad de Venus, la diosa del amor, que intentaré explicar con más claridad y precisión en una entrada que escribiré dentro de poco, porque en la entrevista la idea salió sobre la marcha.

[vimeo]http://vimeo.com/28930437[/vimeo]

ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

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Entrevista en Gleeden

El día 10 de agosto de 2011 se publicó en Gleeden, un  sitio web dedicado a facilitar encuentros entre personas casadas, una entrevista a propósito de mi libro. Como suele ser mi costumbre en estos casos, duplico aquí la entrevista pasado un tiempo y pronto añadiré algunos comentarios, vídeos o imágenes que tengan relación con lo que se cuenta en ella.

 

Gleeden, quiso saber que opinaba un experto en infidelidad. Daniel Tubau, autor de ”Elogio de la Infidelidad”

1. ¿Piensa usted que la infidelidad tiene varios niveles?

Para ser infiel hay que creer en la fidelidad, así que supongo que la primera diferencia se da entre quienes no defienden la fidelidad y quienes sí lo hacen: sólo los segundos son propiamente infieles. Quizá una diferencia importante se da entre quienes han sido infieles de manera muy ocasional y aquellos que lo son muchas veces. Digamos, entre la infidelidad casi por accidente y la buscada a conciencia.

2. ¿Qué es para usted ser infiel?

Puede ser muchas cosas. A menudo el infiel es más sincero de lo que quien reprime y esconde sus deseos o quien exige a los demás que lo hagan. No creo que la fidelidad sea una virtud y tampoco que lo sea la infidelidad, aunque en muchos casos la infidelidad es un paso necesario para descubrir lo que sentimos, para no reprimir nuestros deseos y disfrutar de una vida más plena.

3. ¿Cuáles son para usted las principales causas de la infidelidad?

Se suele decir que son el aburrimiento y la monotonía, y es posible que esos factores tengan cierta influencia, pero creo que la causa más importante es el deseo, que es una pulsión básica en el ser humano, tanto desde el punto de vista biológico como del intelectual. Lo que hace que ese deseo se convierta finalmente en realidad puede ser, en efecto, el aburrimiento y la monotonía que pueden ayudar a enfrentarse al miedo y la autorrepresión. También la vanidad y el deseo de ser amado y deseado están en el origen de muchas infidelidades.

4. Según su opinión, quiénes son los más infieles, ¿los hombres o las mujeres?

Hasta hace no mucho es evidente que lo eran más los hombres, porque podían serlo sin que ello tuviera terribles consecuencias. En los países en los que las mujeres gozan de igualdad, supongo que las cosas están igualadas, aunque si consideramos el uso de la prostitución como infidelidad (y seguramente deberíamos hacerlo), entonces está claro que los hombres son más infieles, porque la prostitución masculina no está tan extendida. De todos modos, es difícil saberlo, porque las mujeres son mucho más discretas que los hombres, no sólo con sus mejores amigas, sino incluso en encuestas anónimas, un dato que han revelado estudios recientes.

5. ¿Todos podemos ser infieles?

Sí, y probablemente todos deberían serlo más de una vez. En mi libro sostengo que la fidelidad no esconde ningún valor positivo y que es sólo una falsa virtud, inventada para reprimir y someter a los demás y a uno mismo, no sólo en el terreno sexual, sino en el de la amistad, la política o la sociedad.

6. ¿Se puede estar enamorado de varias personas a la vez?

El enamoramiento es muy difícil de definir y no es lo mismo que el amor (que también es complejo y cambiante). Ortega y Gasset decía que era “un estado de estupidez transitorio”. En dicho estado, sí, creo que se puede estar enamorado de varias personas a la vez, aunque nos cuesta reconocerlo porque nos han enseñado que ese sentimiento debe dirigirse a una única persona. En cuanto a amar, también se puede amar a varias personas a la vez, aunque creo que para muchas personas el problema es aprender a amar. El amor, como decía el filósofo chino Mo Di, debería tender a ser universal, no particular o familiar (como decía su rival Confucio).

7. Los sitios de reencuentros virtuales entre personas casadas están proliferando en todo el mundo, ¿Cree que la sociedad española es hipócrita en lo que la infidelidad se refiere?

La sociedad española, y supongo que cualquier otra, es terriblemente hipócrita en el asunto de la infidelidad. Basta con observar a todos nuestros amigos que defienden la fidelidad en público y que en privado practican la infidelidad. Pero, claro, para muchas personas, el picante de la infidelidad lo pone precisamente el que sea algo prohibido, oculto. Eso añade interés y excitación a situaciones y relaciones que quizá serían más insípidas de suceder de manera abierta. No desprecio el placer de lo prohibido, pero en mi caso no lo practico con la infidelidad, porque ni soy fiel ni exijo fidelidad.

8. ¿Cree que los sitios como Gleeden son necesarios en la sociedad?

La posibilidad de conocer con cierta facilidad y sin falsos pudores a personas con las que quieres mantener relaciones sexuales de manera discreta es probablemente necesaria para muchas personas y sin duda muy recomendable.

9. ¿Qué piensa sobre Gleeden.com?

Me parece una iniciativa interesante para lograr que sucedan cosas que de otra manera serían más difíciles. Es una de las grandes virtudes de Internet: nos permite descubrir que hay otras personas que piensan o desean lo mismo que nosotros y hace posible que las conozcamos.

10. ¿Qué le llamó la atención del tema de la infidelidad?

Siempre me llamó la atención la hipocresía de los fieles y el aspecto represivo de la fidelidad. Sin embargo, he tenido la suerte de no ser educado en la represión y no recuerdo haber creído nunca en la fidelidad, aunque la he practicado en alguna ocasión, cosa de la que me arrepiento.

11. ¿Encontró muchos problemas a la hora de editar “Elogio de la infidelidad”?

Es un libro que escribí hace ya bastantes años y es cierto que ha pasado por varias editoriales que han mostrado su interés por él, aunque finalmente ha habido que esperar hasta 2011 para ser editado por Evohé. Pero no creo que haya sido por problemas de censura, sino por diversas circunstancias.

12. ¿Qué le llevó a escribir sobre la infidelidad?

A los 16 años escribí un breve ensayo llamado Sobre el sexo y su relación con la infidelidad en el que ya me pronuncié claramente a favor de la infidelidad. Es un tema que siempre me ha interesado, porque me inquieta todo lo relacionado con los prejuicios, tabúes y represiones, y cómo luchar contra ello.

13. En el caso de que haya tenido que suprimir alguna frase del ensayo ¿Cuál es la frase o párrafo que más le ha dolido suprimir?

No recuerdo haber tenido que suprimir ninguna frase, a no ser las motivadas por correcciones de estilo. Pero si tenía muchos argumentos bastante convincentes de los que prescindí por cortesía y para evitar que el lector se pudiera sentir ofendido y eso le impidiera reflexionar sobre lo que digo en el ensayo.

14. ¿Tiene algo de biográfico esta obra?

Hasta los ensayos más abstractos tienen algo de biográfico, sin duda. Este libro tiene bastante de mí mismo, puesto que siempre he estado en contra de la fidelidad, aunque personalmente no soy infiel puesto que no creo en la fidelidad. Es por otra parte, un libro sincero y ninguno de los argumentos choca con mis propias convicciones, sino todo lo contrario.

15. ¿Cree que su libro sirve de autoayuda a los lectores?

Todo libro sirve de ayuda a quien lo lee. En el caso de los libros de autoayuda, muchos de ellos, más que ayudar al lector, le dicen lo que quiere escuchar y a menudo le hacen persistir en sus prejuicios, más que ayudarle a disolverlos. Yo he intentado más que convencer o satisfacer al lector, darle buenas razones para pensar y para dejar atrás muchos prejuicios inútiles. He intentado huir de recetas fáciles y argumentos falaces y respetar la inteligencia del lector. Por eso lo he iniciado con una frase de San Agustín “La discusión es la única batalla en al que el que pierde gana”. Espero que algunos lectores sientan, al terminar el libro, que han perdido prejuicios y han ganado en sensatez y libertad.

La entrevista en la página original, que además puedes aprovecha para visitar si quieres poner en práctica la infidelidad:

Gleeden: entrevista a Daniel Tubau

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Fidelidad e infidelidad en la China caballeresca

En su biografía del gran historiador chino Sima Qian (-135/-45), Burton Watson explica cómo la transición en  de una época con un poder central poderoso, la de los Zhou (“Chou”), a otro períodos de estados enfrentados y desunidos, produjo cambios sociales de gran importancia, en lo que siglos después sería China, semejantes a otros que se vivieron en Europa, Japón y en otras culturas en diferentes épocas. Un ejemplo que señala Watson es el de la Grecia heroica, los siglos que preceden a la llamada Grecia antigua y clásica, es decir el periodo que está entre el tiempo de los héroes de Homero y el de los filósofos presocráticos.

Uno de los aspectos más llamativos de la época china que se inicia con el derrumbe del orden establecido por los Zhou, pero que también se da en el Japón de la era Meiji que acabó con el poder de los samurais, es que con la nueva movilidad social y la caída de la aristocracia tradicional, se empezaron a cuestionar valores considerados “caballerescos” como el honor, la honra, la lealtad o la fidelidad, algo que nos recuerda poderosamente a la arete o virtud máxima de los aristos (los mejores) o  aristócratas aqueos.

Burton Watson

Es una lástima que no recordase un interesante pasaje  de Watson en mis últimas revisiones de Elogio de la infidelidad, pues podría haber añadido algunas consideraciones interesantes relacionadas con los capítulos dedicados al concepto de fidelidad en el Japón de los samuráis y en la España de los caballeros obsesionados por la honra.

Dice Watson en relación con los caballeros de la época Zhou (-1050/-256), período que, como he dicho, es anterior a la creación de China como tal:

“Las cualidades que distinguen a los hombres de esta clase en muchos aspectos se asemejan a los ideales de los códigos de caballería de la Europa feudal y Japón: la fidelidad a su señor, la honestidad en la palabra, el sentido del honor, y una preocupación por los problemas y angustias de los demás. En los primeros días gloriosos de la antigua cultura china Zhou el caballero puede haberse conformado con estos objetivos de una moral alta, aunque aquí, como siempre debemos tener cuidado con la tendencia a idealizar el pasado distante.”

Aquellos eran los valores de la aristocracia Zhou, aunque, como con mucho acierto señala Watson, tenemos que andarnos con cuidado cuando idealizamos esa época y nos creemos las historias que se cuentan de ella. En primer lugar porque una característica común de estas  épocas caballerescas es que casi todos los testimonios proceden de quienes recuerdan con nostalgia esos tiempos que no han conocido, y que son a menudo  puramente imaginarios, o bien son la versión de los que eran los voceros de los poderosos, cuya misión fundamental era darle brillo a sus estatuas. En los pocos casos en los que se ha podido acceder a testiimonios de personas alejadas de esos grandes señores y por tanto no interesadas en su glorificación, la imagen resultante deja en muy mal lugar a los caballeros andantes, desde los de la Europa cristiana a los samurais japoneses.

Entre esos testimonios disconformes con el resplandor caballeresco se pueden mencionar muchos poemas chinos conservados en el Libro de las canciones confuciano y, por supuesto, varias obras maestras de la picaresca española. Bajo la brillante armadura de un caballero andante casi siempre lo único que hay es polvo, sudor y aire corrompido:

 “Las referencias a la caballería mística suelen limitarse en su versión más inocente a una serie de lamentos por los buenos tiempos en los que los caballeros andantes recorrían el mundo, “desfaciendo entuertos”, ayudando a los débiles, a las damas o a los reyes en apuros. Puede llevar a un tipo de locura semejante a la de Don Quijote tras leer tantas novelas de caballerías: una pérdida del sentido de la realidad no demasiado peligrosa. Pero la caballería mística, ya se refiera a los templarios, a la Orden Teutónica o a otras organizaciones militares medievales, o a los legendarios caballeros de la Tabla Redonda, demasiado a menudo esconde una tentación no sólo elitista, sino reaccionario, cuando no es un síntoma directo o indirecto de sintonía con el fascismo o el nazismo”.
                    (La verdadera historia de las sociedades secretas)

He hablado de la caballería mística  y de lo que llamo “nostalgia del brillo” en La verdadera historia de las sociedades secretas  y también en: Nostalgia, ¿de qué?

Vuelvo a Burton Watson y China.

Con la pérdida progresiva del poder imperial de los Zhou, la sociedad cambió y empezaron a cuestionarse los valores tradicionales:

“En el duro mundo de los últimos tiempos Zhou, valores como la lealtad ciega, la devoción a la causa perdida cuando se sabe que se va a perder, estos ideales que la caballería japonesa y europea acariciaron con tanto cariño son para los chinos de este período, las marcas de la estupidez”.

Aquí se da una diferencia interesante entre China y otras culturas, como la japonesa o la España medieval, quizá porque en China no se ha tenido la costrumbre de glorificar lo militar. Así, Watson señala:

“En los nuevos “caballeros” chinos aparece un individualismo y un cinismo que está ausente, o al menos encubierto, en su equivalente europeo o japonés. El caballero chino no está obligado por ningún juramento de fidelidad o la presión de la sociedad feudal a servir a un señor de la muerte. El primer deber del caballero es conservar la vida y alcanzar la fama, teniendo en cuenta sus propios intereses y aprovechando sus propias oportunidades”.

Watson se deteine en un curioso ejemplo:

“Li Ssu, un representante de la clase particular conocido como “estrategas itinerantes” (yu-shui), destaca en sus discursos que el hombre que confía en salir adelante debe estar siempre alerta a los cambios de los tiempos para que se vuelvan en su propio provecho. Esto significaba abandonar lealtades que no parecían convenientes, dejando el lado que estaba perdiendo y uniéndose al ganador. Si un erudito o un caballero descubría que su talento no estaba siendo reconocidos y utilizado, que no lograba salir adelante como él había esperado, era para él el momento de buscar un nuevo empleador. La fidelidad, la honestidad, el sacrificio no se debían a cualquier señor, sino sólo al señor que podía tener éxito, el señor que apreciaba bien a sus hombres”.

Es decir: no se debía aplicar la fidelidad ciega e irracional. Sin embargo, se supone que también en China los grandes señores intentaron, como en España o en Japón, seguir gozando de esa servidumbre ciega, apelando a la noción de fidelidad. A ese concepto, como intentpo mostrar en Elogio de la infidelidad, inventado para mantener presos, gracias a abstracciones y grandes palabras huecas, a quienes no podemos mantener a nuestro lado gracias a la razón o el amor. Pero parece que en China el truco no funcionó tan bien. En contraste con la admiración hacia los militares que tanto se ha dado en España o Japón, en China existe un refrán que dice: “Con los malos clavos se hacen soldados”. Dice Watson del período que siguió al dominio de los Zhou:

“Este período de la historia china abunda en historias de hombres que murieron por sus señores y sus amigos. Pero no dieron sus vidas por causa de cualquier rígido código de obligación feudal, sino por razones mucho más personales de amistad y gratitud a un semejante. Este ideal de la amistad es de particular importancia en la literatura china y el pensamiento. La alegría de la amistad, de encontrar un hombre que puede reconocer y apreciar las buenas cualidades propias, y la profunda deuda de gratitud que se debe a un amigo, son temas constantes de las historias de esta época”.

Es el cambio entre una noción de fidelidad fabricada para tener esclavos y siervos a una relación, si no por completo justa, sí al menos más sincera y bastante menos servil.

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