Objeciones a “El todo es mayor que su parte” formulado por Leibniz

Leibniz-2Leibniz, en Demostración de las proposiciones primarias, pone un ejemplo de las llamadas proposiciones de razón: “El todo es mayor que su parte”.

He comentado muchas veces esta proposición, ya sea en la formulación dada por Aquino, Leibniz, Kant o cualquier otro. Ahora intentaré hacerlo detenidamente y con precisión.

 NOTA EN 2013: escribí el texto cuando estudiaba filosofía, no sé si en la universidad o por mi cuenta, y se trata de una nota de uso privado, por lo que puede estar expresada en un lenguaje especializado o incomprensible. Por eso, aclaro, para los no expertos en filosofía, que proposiciones de razón son aquellas que son verdad en sí mismas, por su misma fuerza lógica, digamos que sin necesidad de comprobarlas en el mundo exterior. Así, si decimos que en mi calle hay 34 portales, eso no es una proposición de razón, pues para estar seguros de que hay 34 portales debemos recorrer la calle y comprobar cuántos portales hay. Sin embargo, las proposiciones de razón son verdaderas sin necesidad de ninguna comprobación, como esa que propone Leibniz y a la que yo haré algunas objeciones a continuación: “El todo es mayor que su parte”

PRIMERA OBJECIÓN
En el dominio de los entes de razón, se puede hallar un fácil ejemplo de que no siempre el todo es mayor que la parte: el conjunto de los números impares es una parte del conjunto de los números enteros y, no obstante, no es menor, sino igual: ambos son infinitos.

En efecto, siempre se podrá emparejar un número de la parte (los números impares) con uno del todo (los números enteros). Hay que notar que resulta curioso que una proposición de razón no sirva para el mundo de los entes de razón.

NOTA en 2013: los entes de razón son, por ejemplo, los números y otras criaturas matemáticas, que no existen en el mundo real, aunque se pueden aplicar a él. La última afirmación: “Hay que notar que resulta curioso que una proposición de razón no sirva para el mundo de los entes de razón”, se refiere a que las proposiciones de razón se pueden aplicar tanto al mundo de los entes de razón (los de las matemáticas) como al de los entes de hecho (las cosas materiales, por ejemplo, como una manzana concreta).  Es por esa razón que resulta curioso que exista una excepción a la proposición de razón “El todo es mayor que su parte” precisamente en el mundo de los entes de razón. Más abajo, en una respuesta a un comentario a esta entrada explico con más detalle por qué el todo no es siempre mayor que la parte en el dominio de las matemáticas.

 

SEGUNDA OBJECIÓN
En cuanto al mundo de los entes de hecho, se me ocurre un ejemplo a vuelapluma:

Sea el todo: “Los habitantes de la ciudad A”,

Sea la parte: “Los habitantes varones de la ciudad A”.

Intuitivamente parece claro que, en este caso, la parte ha de ser menor que el todo.

Pero esto sólo sucede si conocemos a todos los habitantes de la ciudad A.

Dicho de otro modo, sólo es cierto si sabemos que al menos hay una mujer en la ciudad A.

[NOTA 2013: puesto que si en la ciudad A no hay ninguna mujer, entonces todos son hombres y entonces el conjunto de todos los ciudadanos de la ciudad A (el todo) es del mismo tamaño que el conjunto de todos los ciudadanos varones de la ciudad A (la parte)]

Con esto, que puede parecer ingenuo a primera vista, quiero decir:

a) La distinción entre el todo y la parte es inductiva
Es decir, hay ciudades (casi todas ellas) en las que las propiedades del todo y la parte, definidas a la manera de Leibniz, son perfectamente aplicables, pero hay otras, por ejemplo la comunidad de monjes del monte Athos, en las que no lo son.

b) Debido a lo anterior, se sigue que la aplicación del axioma cuando las variables [“todos” y “partes”] son sustituidas por ciertas constantes [ejemplos concretos] depende de la definición del dominio de aplicación (en este caso: “ciudad A”, “Madrid” o “Comunidad del monte Athos”], de tal modo que no nos hallamos ante un axioma efectivo en todos los casos posibles.

En cierto modo, esta objeción tiene que ver con la de Carnéades al silogismo.

[NOTA 2013: esto no lo explico porque ahora mismo ni yo recuerdo a qué me refería exactamente. Pero lo pensaré]

 

TERCERA OBJECIÓN

Me pregunto si es válida esta tercera objeción al axioma, que he pensado ahora:

Sea el todo: el conjunto de todos los vasos de colores.

Sea la parte: el color azul (puesto que hay vasos azules)

En este caso, la parte es probablemente mayor que el todo, aunque se produce también una especie de solapamiento entre los vasos, el color azul y los objetos azules.

No estoy seguro de la validez de esta objeción, pues se podría decir:

No es posible definir el color azul como parte del conjunto de los vasos de colores. En todo caso habría que decir “los vasos azules” o “el color de los vasos azules”.

Sin embargo, también se puede argumentar lo siguiente:

El todo es: “los lápices de colores”

La parte es: “el grafito”

Si tenemos el conjunto de los lápices de colores y tomamos un elemento de tal conjunto (un lápiz concreto), podemos decir perfectamente que el grafito es una parte de ese lápiz y la madera otra parte (la tercera parte fundamental sería el pegamento que las une).

Tal vez esta tercera objeción podría relacionarse con la segunda.

Por otra parte, tengo la sensación de que el argumento clásico de la Escuela de los Nombres (“Un caballo blanco no es un caballo”) podría ser aplicado aquí.

[NOTA 2013: estos argumentos me parecen bastante sutiles y me asombra que se me hayan ocurrido a mí. Tendría que examinarlos en detalle y volver a familiarizarme con el pensar filosófico, pero a primera vista me parece que son correctos o casi correctos. Acerca del argumento de la Escuela de los nombres que menciono al final, me refiero al célebre argumento de Gongsun Long que afirma: “Un caballo blanco no es un caballo”.]


Leibniz

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Originally posted 1991-01-20 16:54:56.

Acerca del karma

En 1992, escribí un ensayo que llamé Algunas aproximaciones a la noción de acumulación kármica. Es un título terrible, que no se corresponde con la sencillez del texto.

Edición tras edición el título fue acortándose, primero como Acerca de la acumulación kármica, y ahora Acerca del Karma. En la próxima edición quizá se llame Karma.

Lo edité malamente y lo tuve un tiempo rondando por ahí. Pensé varias veces incluirlo en mi revista Esklepsis, pero era demasiado largo, y acabé separándolo de la revista. Lo leyó mi padre y lo leyó i amigo Marcos. Los dos me dijeron que era muy interesante, y los dos parecían sinceros, pero ninguno de los dos llegó a detallarme, de palabra o por escrito, cuáles eran esas cosas interesantes que contenía el ensayo. y que les habían llamado la atención. Sí sé que mi padre intentó aplicar la idea central y que en ciertos aspectos logró algún resultado positivo.

El autor hacia 1992

Cuando quería editarlo en Esklepsis, mi propósito era añadir después, en Apoyo Mutuo (fanzine asociado a Esklepsis), un montón de notas, en las que aportaría información acerca de cuestiones que en el texto sólo se mencionan, o bien desarrollaría  algún argumento tratado solo de modo tangencial. Y la verdad es que escribí muchas de esas notas.

Al proponerme editarlo ahora, he pensado si convenía añadir esas notas de Apoyo Mutuo en notas a pie de página,o bien no añadirlas, o bien ofrecerlas tras el texto. Escribir notas y comentarios a mis propios escritos es actualmente uno de mis pasatiempos favoritos: disfruto escribiéndolas y disfruto leyéndolas.

Me alegró mucho saber que esta opinión no es sólo mía: mi amiga Karina me dijo que le habían gustado mucho las notas a las felicitaciones que escribí para mi hermana Natalia, y también los comentarios a otros cuentos y novelas, como Solo me queda ser la sombra. Así que, como le dije a Karina, quizá acabe convirtiéndome en un escritor a pie de página: escribir cualquier tontería y dedicarme a anotarla.

Ahora bien, intento que las notas y los comentarios tengan que ver con el texto que anotan y comentan. De hecho, siempre están motivados por él. Y, a la inversa, intento evitar escribir textos para ser anotados (ni siquiera lo hago en las felicitaciones de Natalia), donde puede parecer que aparecen muchos personajes porque  tengo la intención de luego hablar de ellos en las notas.

Y no sigo con esta digresión.

Diré solamente finalmente he decidido no añadir esas notas en esta edición de Acerca dele karma, más que nada porque esome llevaría demasiado tiempo. En la próxima edición, añadiré esas notas, y tal vez otras cosas.

Tan sólo he añadido ahora, en 1997, un breve comentario acerca del origen del ensayo original Algunas aproximaciones acerca de la noción de acumulación kármica, que puedes leer a continuación.

El origen de Acerca del  karma

La idea de escribir este ensayo se me ocurrió un día que estaba esperando el autobús 29 en la calle Arturo Soria, en la parada que está frente a una iglesia y un convento de monjas. Hablé de esto en una especie de introducción al ensayo, que luego eliminé en las siguientes correcciones, y que reproduzco a continuación:

“Intentaré recordar algo que pensé hace unas semanas mientras esperaba el autobús. Se trataba de un interesante desarrollo de la doctrina kármica en el terreno psicológico. Lamentablemente, casi recuerdo la idea base, pero no los trazos de la argumentación, que eran bastante precisos. Así que será éste un dibujo sin verdadera fuerza.

Ya que tengo que reconstruir algo, me permitiré hacer una breve exposición de la doctrina del karma antes de tratar el tema que me interesa en particular.”

No sé qué día se me ocurrió la idea, pero sí sé que escribí Acerca del karma el día 17 de diciembre de 1992, y que lo firmé con el seudónimo-acróstico Lien-Tau Buda.

La primera edición de Acerca del karma se imprimió el 23 de noviembre de 1997, domingo.

(Nota en 2019: ahora estoy casi seguro de que la idea se me ocurrió exactamente el 11 de diciembre de 1992. También escribí años después ese libro de notas a pie de páginas, que es uno de los capítulos fundamentales de mi libro Segunda parte)

Continuará…


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Mauthner, Russell, Wittgenstein y el budismo

Fritz Mauthner se consideraba a sí mismo, entre otras cosas, budista. Tal vez también fue a través suyo como la influencia oriental llegó a Wittgenstein. Gudmunsen opina que las ideas de Wittgenstein coinciden con la escuela mahayana o Gran Camino, mientras que las ideas de Russell estarían más cerca del Hinayana o Pequeño Camino, lo que es un motivo de satisfacción para mí, puesto que yo también prefiero el Hinayana, hoy desaparecido.

 


NOTA 2016

Aquí me estaba refiriendo al libro Wittgenstein and Buddhism, de Chris Gudmunssen


[Publicado en 1998]

BUDISMO Y JAINISMO

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Originally posted 1998-12-10 12:01:21.

Ateísmo y optimismo

En Lo uno y lo plural dije que son pocos los ateos optimistas, aunque habría que recordar a todos los marxistas ateos y sin embargo optimistas en su anhelo de trasformar radicalmente la sociedad. Se podría decir, por supuesto, con algo de malignidad tal vez, que los ateos marxistas son creyentes en el dios de la Revolución.
Por otra parte, todo eso se refiere a la esencia moral del universo, no a cuestiones de ética personal o actividad práctica: se puede ser pesimista en lo que respecta al cosmos tomado en su conjunto, pero optimista al considerar la propia existencia.


Acerca del comunismo como religión: El santoral revolucionario

Ver también: Investigación acerca del optimismo y el pesimismo

[Publicado en 1998]

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Casualidades

Tal vez algún lector de estos weblogs se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Me gustan mucho estas suposiciones acerca del orden o desorden hipotético del cosmos que se esconde tras nuestros actos y quiero aclarar hoy de qué manera contemplo las casualidades.

Yo cometo la vulgaridad inexcusable de ver las casualidades como casualidades.

Si digo que una amiga de mi madre suscitó en mí la imagen de la serpiente y que un día después la casualidad quiso regalarme un sobre de azucar con el signo chino de la serpiente; y que un día más tarde, al consultar unas páginas de astrología, recordé que mi signo en el nuevo cielo astrológico ya no es Sagitario, sino Ophiochus, la serpiente… si aludo a estas tres casualidades sucesivas y a continuación concluyo que voy a  adoptar la imagen de la serpiente para mis ensayos polémicos, no lo hago porque crea que tras esas casualidades sucesivas se esconde un orden o un propósito oculto que dirige mi vida.

No creo tal cosa porque, como ya dije, me tomo las casualidades como verdaderas casualidades: ese es para mí su verdadero encanto y su interés real.

Si tras esas serpientes sucesivas se esconde un mecanismo determinista (espiritual o material), entonces dejan de ser casualidades y se convierten en piezas triviales de una maquinaria vulgar y de una Inteligencia cósmica más bien simplona.

Por ello, para un creyente en las casualidades como soy yo, no hay nada más pernicioso que creer que las casualidades tienen un motivo, porque entonces ya no son casualidades.

Y sigo en este mi cerebro supletorio que es mi página web con un tema relacionado: Creer en todo.


[Publicado el 24 de diciembre de 2003]

EL AZAR Y LA NECESIDAD

Lo causal y lo casual

SUPERSTICIONES ANTIGUAS Y MODERNAS

ESCEPTICISMO Y CREDULIDAD

|| Creer en todo


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La influencia de los planetas

||Lo dudo \1


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La ciencia astrológica

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El oro alquímico

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Ergo non demonstrandum est (luego no está demostrado)

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Siete maneras de ser, según los jainistas

Los jainistas pensaban o piensan que cuando respondemos acerca de lo que una cosa es, no existen  dos posibilidades (es/no es), sino siete. Me pregunto cuáles son.

Tal vez:

1- Sí es

2. No es

3. Sí es y no es

4. Sí es, pero no es

5. No es, pero sí es

6. Ni sí es ni no es

7. Todas las anteriores posibilidades juntas.

[Publicado en la red el 16 de octubre de 2004]

Mahavira, creador del jainismo

Mahavira, creador del jainismo

 

COMENTARIO EN 2013:

Escribí lo anterior tras leer en la página 19 del libro El jainismo, que Agustín Pániker hablaba de esas siete posibilidades. Probablemente leí el libro y aventuré mi hipótesis acerca de las siete respuestas antes de la fecha en la que publiqué la entrada (2004). No sé si más adelante en el libro llega a explicarlo con más detalle, pero ahora la curiosidad me ha llevado a buscar cuáles son esas siete posibilidades del ser (lo que en filosofía se llamaría el estatus ontológico de algo). He encontrado esta explicación en la Wikipedia inglesa:

La teoría syādvāda de la predicación condicionada aconseja que toda frase sea precedida por el epíteto syād, que significa algo así como “quizá” o “tal vez”, pero que en el contexto de syādvāda significa “en cierto modo” o “desde cierta perspectiva”. Por eso, las siete manera de decir que algo es, son:

  • syād-asti— en cierto modo, es 
  • syād-nāsti— en cierto modo, no es
  • syād-asti-nāsti—en cierto modo es y no es
  • syād-asti-avaktavyaḥ—en cierto modo es y es indescifrable
  • syād-nāsti-avaktavyaḥ—en cierto modo no es y es indescifrable
  • syād-asti-nāsti-avaktavyaḥ—en cierto modo es y no es y es indescifrable
  • syād-avaktavyaḥ—en cierto modo es indescifrable

Como se ve, algunas de las posibilidades de las que habla el sistema syādvāda coinciden con las que yo proponía, pero otras quizá (o syād, como dirían ellos) son diferentes. Estudiaré las diferencias, pero aquí sólo apuntaré algunas ideas o sugerencias que me vienen a la cabeza tras leer esta entrada:

  • Intentar adivinar: un buen método creativo consiste en que cuando uno se encuentra ante un planteamiento como “Los jainas pensabas que había siete maneras de responder ante la pregunta acerca de qué es una cosa”, es bueno interrumpir la lectura y, en vez de leer el desenlace o explicación, intentar adivinarlo. De este modo, a veces se llega a resultados tan interesantes como la respuesta correcta. En ocasiones quizá más interesantes. En otra ocasión hablé de un método semejante, el que consiste en entender mal las cosas: Cómo tener buenas ideas entendiendo mal las cosas.
  • El gusto de la teoría syādvāda, y en general de la llamada doctrina jaina del Anekantavada (un sistema pluralista que tiene en cuanta los diferentes puntos de vista posibles acerca de lo real) por los “quizás”, “tal vez” y “desde cierto punto de vista” me recuerda algún delicioso párrafo de Montaigne en el que explica cómo le gusta leer afirmaciones en las que los quizá, los puede ser, los tal vez y los podría ser se suceden, mostrando la duda escéptica, tan necesaria en la buena filosofía, en la vida sensata y en la relación y discusión con los demás. A mí también me encantan, y también los empleo, pero no como fórmula retórica (algo que sí hacen algunos) sino con verdadera convicción, si es que expresar la duda puede tener la cualidad de la convicción (supongo que sí). Como es obvio, he practicado esto muy a menudo en mis libros, en especial en Las paradojas del guionista y, por supuesto, en Nada es lo que es, el problema de la identidad, que es quizá una ilustración (sin yo saberlo, pues creo que ni siquiera menciono al jainismo) del sistema anekantavada, como su título parece indicar (“Nada es lo que es”).
  • También me recuerda algunas de las propuestas de la Semántica General de Alfred Korzybsky, que señalan la relatividad de ciertas afirmaciones, según el contexto, la perspectiva o el alcance que se les quiere dar. Por ejemplo aquello que proponía Korzybsky de usar subíndices con la fecha cuando nos referimos a una persona:

“Korzybsky sugería añadir subíndices a los términos empleados en una discusión, para así librarse de la idea de identificar cosas que, aunque lo parezcan, no son idénticas: A1 no es A2, es decir, la vaca1 no es la vaca2, el político1 no es el político2. También se pueden añadir fechas: Londres1665 no es Londres2006; Fidel Castro1957 no es Fidel Castro1962 ni Fidel Castro2007; Wittgenstein1921 no es Wittgenstein1953.

Este último ejemplo, nos permite observar que en el mundo filosófico a menudo se aplica una técnica equivalente a los subíndices, ya que se habla del Primer Wittgenstein y del Segundo Wittgenstein. El primero escribió el Tractatus Logico-Philosophicus y creía en un lenguaje filosófico basado en la lógica; el segundo escribió las Investigaciones lógicas, y estaba más interesado en observar el lenguaje que en dictaminar qué es lo que había que hacer con él.”  (Nada es lo que es).

  • También, por supuesto, me recuerda algunas distinciones presocráticas acerca de lo que es y lo que no es y las categorías de Aristóteles, acerca de las diversas cosas que se puede decir del ser de un ente o predicar de un sujeto. Y la duda metódica de Descartes (Descartes, dudas y certezas) y todo lo relacionado con el escepticismo clásico y moderno, que me llevó a editar mi revista Esklepsis (escepticismo/eclecticismo). A lo que habría que añadir mi lento comentario al Zhuangzi (Lectura del Zhuangzi) y todas mis disquisiciones acerca de la Escuela de los Nombres china y la paradoja de Gongsung Long que dice: “Un caballo blanco no es un caballo“.
  • Y me recuerda también a mis Variaciones ontológicas, donde intento examinar las diversas posibilidades del ser y el no ser. Hace poco subí la primera, que debió resultar incomprensible para los lectores que encontraran esa entrada por causalidad, sin saber que es el inicio de una serie: Todo es.

Como se ve, este tema de lo que es y no es, siempre me ha interesado mucho.

***********

Entradas de mitología y mística en: Ensayos de teología

Para ver otras entradas de filosofía no incluidas en el Cuaderno de Filosofía, visita esta entrada: TODA LA FILOSOFÍA

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Quién toca esta web me toca a mí

Etimología platónica de Il Saggiatore

Il Saggiatore era un blog o página web que publiqué en 2004. Aquí explico por qué se llamaba de tan extraña manera.

 

Il Saggiatore quiere decir El ensayador.

Es una referencia doble a lo que es un ensayo, porque ‘Saggiatore’ quiere decir, no sólo ‘Ensayador’, sino también ‘Flechador’. Un ensayo es una flecha, una sagitta, que se lanza, intentando acertar, pero que casi nunca da en el blanco.

Al dios Apolo, que también lanzaba flechas (aunque las suyas casi siempre daban en el blanco) se lo conocía como “el Flechador”:

“Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, al flechador Apolo”. (Homero, Ilíada)

Apolo el Flechador

Apolo el Flechador

Montaigne también empleaba con este doble sentido la palabra y de este modo creó el género moderno de los ensayos (les essais): textos en los que intentaba, probaba, lanzaba flechas: “Mi libro (los Ensayos) no es más que un registro de ensayos (intentos, tentativas)”.

Montaigne decidió escribir ensayos para conocerse a sí mismo, porque pensaba que eso era lo más interesante que se podía hacer en la vida. No porque uno mismo sea más interesante que los otros, sino porque el único ser humano que está dispuesto a someterse a un verdadero e intenso escrutinio es uno mismo.

Montaigne2291wl

Hay que tener en cuenta, además, que de los otros, como decía ese otro ensayador que era Ortega y Gasset, sólo tenemos la apariencia:

“Del dolor de muelas de nuestro amigo sólo tenemos su espectáculo. ¿Cómo saber que realmente le duelen las muelas? Parece que le duelen, sus gestos que recuerdan a un histrión, esa boca torcida, esos ojos llorosos, esa mano en la quijada, todo eso parece indicarnos que efectivamente le duelen las muelas, como él nos asegura”.

Quizá, si somos odontólogos, podemos mirar dentro de su boca y descubrir que tiene una muela picada, pero ni siquiera eso es garantía de que a nuestro amigo le duelan las muelas. Incluso nosotros mismos,  aunque tengamos una herida tremenda en nuestro brazo, no sentiremos dolor si faltan las conexiones que van de la herida a nuestro cerebro. Hay quien soporta un dolor de muelas como si nada, mientras que otros se retuercen ante el mínimo picor.

Los conductistas aplicaron en el siglo XX esta idea del espectáculo a la psicología, de manera tan radical como los acólitos de Debord o Braudillard lo hicieron respecto a la política y la sociología: “la sociedad del espectáculo”, decían en sus propias actuaciones.

La psicología, según los conductistas sólo se podía ocupar del espectáculo que daban los pacientes:

Informe conductista 037: “El paciente se retuerce y se golpea la cabeza contra un muro y emite la siguiente frase una y otra vez: “Me duelen las muelas”.

Llevando la sensata observación de Ortega fuera de sus sensatas circunstancias, los conductistas decretaron que toda comunicación o conocimiento de estados mentales internos era imposible: sólo se podía trabajar sobre lo que se veía que hacía o decía el paciente. Esa tendencia extrema dio origen a muchos dogmas y a algunas propuestas de una sociedad conductista en la que que el comportamiento de los seres humanos fuera sometido a modificación controlada, como en Walden 2, de Skinner, inspirado en el clásico Walden o la vida en los bosques, de Thoreau. Pero lo que en Thoreau era un sueño plácido anarquista, en Skinner se convertía casi en una pesadilla, la utopía devenía, como suele suceder, en distopía.

Sin embargo, la comunicación de esos misteriosos estados mentales internos es posible, aunque es cierto que también resulta bastante defectuosa. Hasta hace poco se tenía que hacer, al fin y al cabo, a través de acciones o actos de habla. Pero en los últimos años ha habido grandes avances en la tomografía cerebral y otras técnicas que permiten saber lo que está pensando el paciente sin que nos diga nada, aunque la comunicación absoluta y exacta entre dos mentes resulta, al menos por el momento, imposible.

Algunos creen, o algunos creemos, que hemos logrado alcanzar esa comunicación absoluta en un momento de éxtasis, de comunión espiritual intensa con otra persona y, ¿quién sabe?, tal vez haya sucedido así, pero lo cierto es que al cabo de un tiempo ni siquiera nos ponemos de acuerdo acerca de cómo fue aquella comunicación o en qué consistió: estamos de acuerdo en que los dos llegamos a sentirlo, pero no en qué fue lo que sentimos. En aquel momento único (in illo témpore, que dirían los mitólogos) logramos llegar a  conocernos como nunca hemos conocido a nadie y dos días o un mes después ya no entendemos a esa persona.

La consecuencia de todo lo anterior es que estamos irremediablemente solos, a no ser que un Dios curioso y cotilla lo remedie y se convierta (desde su nube celeste, su mundo arquetípico o su eternidad fuera del tiempo) en el público paciente de todos nuestros actos internos.

Por nuestra parte, poco a poco y de manera descuidada o metódica, como Montaigne, nos vamos conociendo a nosotros mismos, casi siempre mirándonos en el reflejo que nos ofrecen los demás, porque sólo desde lejos se pueden ver bien las cosas: si nos acercamos mucho a un objeto, dejamos de verlo y sólo vemos una forma confusa y borrosa. Es por eso que quien mejor nos conoce es a veces aquel que menos nos conoce, porque quien ya nos conoce no nos puede ver tal como somos ahora, sino que nos ve interpretados a la luz de la imagen que ya posee de nosotros, y es a partir de ella como construye sus nuevas o no tan nuevas opiniones acerca de nosotros.

Otra manera de descubrirnos a nosotros mismos es observando la manera en la que miramos o hemos mirado el mundo, es decir, descubriendo nuestra perspectiva, nuestro punto de vista único de mónadas leibnicianas, de espejos que reflejan todo el universo, cada uno desde un lugar diferente. Por ejemplo, leyendo lo que escribimos hace años.

Por eso decía Montaigne en sus ensayos: “Je suis moi-même la matière de mon livre”, es decir: “Yo mismo soy la materia de mi libro”.

Y también decía: “Quien toca este libro, toca a un hombre”. Y añadía:

“Este es un libro de buena fe, lector, y te advierte desde el principio que no me he propuesto otro fin que no sea doméstico y privado”.

En mi página de Il Saggiatore, modifiqué este texto de Montaigne, tomado de una de las primeras ediciones originales y sustituí la palabra “libro” (“livre”) por “web”, para que se leyera: “Esta es una web de buena fe, lector, y te advierte desde el comienzo, que yo no me propongo ningún otro fin que no sea doméstico y privado”.

Actualmente, sin embargo, parece que los libros deben volver a ser sólo libros y que uno debe hablar del mundo sin hablar de sí mismo, triste despersonalización que nació antes de Internet pero que cada vez tiene más adeptos y que, a través de la muerte del autor, quiere hacernos regresar a la Edad Media del anonimato y a la noche comunitaria en la que todos los gatos son pardos porque todos los gatos son el mismo gato.

“Yo era un tesoro escondido, quise conocerme y creé el mundo” 

(Dios en El Corán) 

Como a mí no me gusta esa tendencia a la desaparición del autor, y como me gustan las personas tanto como los libros o las ideas, y como aprecio de manera especial las ideas y los libros que me dejan tocar a su través a un hombre o a una mujer, también escribo así en esta web dispersa y confusa. Aquí, en mis páginas en la red, hablo de mí y de lo que me apetece hablar. No sé muy bien por qué lo hago, como tampoco lo sabía cuando escribía y publicaba mi revista Esklepsis, o cuando escribía o escribo cientos de hojas que guardo en libretas, carpetas o archivos de ordenador. Como decía de manera hermosa Ana Aranda, corrigiendo la frase del Corán que he citado antes: “Yo era un tesoro escondido, quise conocerme… y escribí”.

Y te hablo a ti, lector o lectora, al que me dirijo como a una persona, no como a un congreso: te hablo de tú a tú, seas quien seas, no en plural como a un grupo, sino en singular, porque pocas veces un grupo se pone a leer al mismo tiempo una página web. ¿Cuantos están contigo ahora leyendo esto?

Así que en estos dos últimos meses de 2005 el weblog se llama Il Saggiatore recuperando la idea original de ensayo de Montaigne y la etimología de los deliciosos ensayos de Galileo, que recopiló en Il Saggiatore (El Ensayador).

Il Saggiatore

Si observas con atención la flecha, veras que es una frase, la que tomé de los ensayos de Montaigne: “Je suis moi même la matiére de ma web”

Estas son páginas de un Flechador, porque es un ensayador el que ensaya, prueba, intenta y dispara flechas como el centauro Sagitario, es decir, el que dispara sagittas, flechas, con su arco. Porque ha querido la casualidad que mi signo astrológico sea Sagitario y que Il Saggiatore atraviese precisamente la casa zodiacal de mi signo en diciembre. Y también quiere este azar juguetón que el centauro que se esconde tras el signo de Sagitario sea el centauro Quirón, uno de los personajes más interesantes de la mitología, con el que me identifico, pero no por su sabiduría legendaria (saggio también quiere decir sabio), que es quizá propia de tratados y no de ensayos , sino por otros rasgos de su carácter y su biografía que no voy a desvelar aquí.

Pensé que una entrada de este tenor era adecuada para un weblog con este nombre, pero mañana volveré a mi ser ligero.

Quirón -sagitario

 

Otra frase de Montaigne adaptada a mi web

Otra frase de Montaigne adaptada a mi web

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[Publicado el 1 de noviembre de 2005 en Il Saggiatore]

NOTA en 2013: Quizá deba aclarar por qué esta entrada se llama “Etimología platónica de Il Saggiatore”. La razón es que Platón es célebre por inventarse etimologías en función de lo que deseaba demostrar. Algo parecido hago yo aquí, jugando a veces con similitudes que no demuestran un mismo origen, por ejemplo, la palabra saggio (sabio, ensayo) y la palabra sagitta (flecha) o Sagittarius (sagitario, el que lanza flechas). Es, claro muy tentador pensar que alguien que lanza flechas, como el centauro Quirón y que es conocido como sabio tenga alguna relación con los ensayos y los sabios. Pero, al parecer, sagitta (con una sola ‘g’ y dos ‘t’), es de origen incierto, mientras que saggio procede del latín EXÀGIUM y el griego EXÀGION y sí tiene relación tanto con sabio como con ensayo, pues en su origen significaría algo así como “peso”, “valoración”, “experimento”; desde el latín y a través del francés habría llegado finalmente al italiano y otros idiomas con el sentido de sabio, es decir, el que sabe pesar, tomar medidas, valorar, experimentar con criterio.

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Acerca de la idea de ser uno mismo la materia de su web, puedes leer la entrada Yo soy la materia de mi web

Acerca de Quirón y los centauros, Marcos Méndez Filesis tiene una página dedicada íntegramente a ellos que te recomiendo: Quirón y los centauros.

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Yo soy la materia de mi web

cravenjesuis05

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“Je suis moi même la matiere de mon livre” (“Yo soy la materia de mi libro”), es la definición que Montaigne hizo de sus Ensayos, y que yo apliqué a mi web en general y también al blog Il Saggiatore, un juego de palabras entre Sagitario y Il Sagiatore de Galileo Galileo, que también quiere decir “El Ensayador”.

Todo ese juego conceptual está más o menos contenido en la imagen de mi personaje Craven como una especie de centauro arquero que lanza una flecha que, si se observa atentamente, es una frase: “Je suis moi même la matiere de ma web”.

Ya en otra ocasión hice una variación de aquel “Yo soy la materia de mi libro” que dijo Montaigne en la advertencia al lector con que se inician sus Ensayos:

“Es este un libro de buena fe, lector. De entrada te advierte que con él no me he propuesto más fin que el doméstico o privado. En él no he tenido en cuenta ni el servicio a ti, ni mi gloria. No son capaces mis fuerzas de tales designios. Lo he dedicado al particular solaz de parientes y amigos: a fin de que una vez me hayan perdido (lo que muy pronto sucederá), puedan hallar en él algunos rasgos de mi condición y humor, y así, alimenten más completo y vivo, el conocimiento que han tenido de mi persona. Si lo hubiera escrito para conseguir el favor del mundo, me habría engalanado mejor y me mostraría en actitud más estudiada. Quiero que en él me vean con mis maneras sencillas, naturales y ordinarias, sin disimulo ni artificio: pues me pinto a mí mismo. Aquí podrán leerse mis defectos crudamente y mi forma de ser innata, en la medida en que el respeto público me lo ha permitido. Que si yo hubiera estado en esas naciones de las que se dice viven todavía en la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza, te aseguro que gustosamente me habría pintado por entero, y desnudo. Así, lector, yo mismo soy la materia de mi libro: no hay razón para que ocupes tu ocio en tema tan frívolo y vano. Adiós, pues, de Montaigne, a uno de marzo de mil quinientos ochenta”.

Me identifico casi completamente con estas palabras de Montaigne y por eso, en una de mis primeras páginas web, allá por 2004, fabriqué una declaración que cambiaba “libro” por “web” usando la tipografía original de los Ensayos de Montaigne:

“Esta es una web de buena fe, lector. De entrada te advierte que con ella no me he propuesto más fin que que el doméstico o privado”.  No me resultó sencillo cambiar “livre” por “web”, porque no había ninguna “w” en el texto francés y tuve que fabricarla mediante dos “v”. Además, claro,hay que leer “web” en masculino para que haya concordancia con “un” y con “Il”. Ahora sería más fácil sutituyendo web por blog o weblog, pero entonces no se hablaba mucho de blogs.

Con parecidas intenciones a las de Montaigne al escribir sus ensayos, inicié yo mi incursión en el mundo de Internet.

 

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Una selección de los textos en los que Montaigne explica por qué habla tanto de sí mismo y por qué pasa todo por el filtro de su subjetividad, textos con los que me identifico plenamente, se pueden leer en el Pórtico de uno los números de mi revista Esklepsis: De Montaigne al lector

Acerca del nombre Il Saggiatore y su curiosísima etimología, puedes leer esta entrada: Etimología platónica de Il Saggiatore.

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Cornwallis y Demócrito

NPG D27891; Sir William Cornwallis, the younger by Thomas Cecill

Al parecer, William Cornwallis descuidó sus responsabilidades en relación con el patrimonio de su padre Charles Cornwallis, lo que hizo que su progenitor se lamentara diciendo:

“Of all sorts of people, I most despair of those of his sort, that are philosophers in their words and fools in their works.”

(“De todos los tipos de personas, de los que más desespero es de los que pertenecen a este tipo: los que son filósofos en sus palabras y locos en sus acciones”)

Se puede pensar que William era uno de esos filósofos que no aplican lo que dicen , pero también se puede pensar que su caso fue semejante al de Demócrito, a quien la ciudad de Abdera quiso también condenar por no ocuparse de su propio patrimonio. Demócrito escapó a la condena argumentando que durante todo ese tiempo si había cuidado de su patrimonio: al educarse a sí mismo y engrandecer su mente y su alma.

Una excelente respuesta.

 

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EL RESTO ES LITERATURA

El olvidado William Cornwallis

william-cornwallisWilliam Cornwalis escribió unos Ensayos imitando los de Montaigne. En 1599. Un año en la vida de Shakespeare, Shapiro transcribe algunos fragmentos que recuerdan ideas expresadas por Shakespeare en sus obras. Son textos interesantes, así que me sorprendió que Shapiro dijera que Cornwallis está hoy en día olvidado. No parece razonable este olvido y desconfíe de que fuera así.

Busqué en una librería electrónica (Questia), así como en la completísima Biblioteca Digital  Project Gutenberg y en Luminarium English Anthology (dedicada a la época Tudor y con decenas de autores), y pude constatar que Shapiro no exagera: no hay en ellos ningún texto de Cornwallis.

Tal vez este silencio se deba a que Cornwallis escribió verdaderos ensayos, cvomo él mismo explica:

“I hold neither Plutarch’s, nor none of these ancient short manner of writings, nor Montaigne’s, nor such of this latter time to be rightly termed essays, for though they be short, yet they are strong, and able to endure the sharpest trial: but mine are essays, who am but newly bound prentice to the inquisition of knowledge, and use these papers as a painter’s boy a board, who is trying to bring his hand and his fancy acquainted.”

“Sostengo que ni Plutarco ni ninguno de esos escritos breves antiguos, ni tampoco los de Montaigne pueden ser considerados con propiedad ensayos, porque a pesar de su brevedad, son fuertes y capaces de superar la más dura prueba; pero los míos sí son ensayos, pues no soy sino un mero aprendiz en la búsqueda del conocimiento, y uso estos papeles como el hijo del pintor que usa una tabla e intenta sostener su pulso y hacer realidad su fantasía”

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EL RESTO ES LITERATURA