Mitos que salvan

En uno de los poemas del Edda Mayor, el Hávamál (Los dichos de Har o del Altísimo), que tiene un contenido ético bastante notable, se defiende a las personas con discapacidades:

“El cojo cabalga, el manco a pastor,
el sordo en la lucha sirve;
mejor estar ciego que estar quemado.
¡A nadie aprovecha un muerto!”

Es un ejemplo excelente de que la mitología y la religión, que demasiado a menudo fabrican mitos para justificar todo tipo de bárbaras costumbres, a veces también han creado historias, ritos, leyendas o mitos que, quizá a veces de manera accidental o a veces con esa intención explícita, han servido para lo contrario, para ayudar a los débiles, a los mancos, a los cojos, a los tuertos, a los sordos, a los niños que nacen con discapacidades o malformaciones, a los extranjeros, a los ancianos, a las mujeres…

Mi intención al escribir El tuerto es el rey, mitos que salvan fue recuperar algunos de esos mitos. Estas entradas son fragmentos o desviaciones y digresiones a partir de ese libro.

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Originally posted 2009-11-13 20:10:15.

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Atenea y Satana: el dios “embarazado”

Establecer una comparación entre dos personajes míticos tan distantes como la Atenea griega de hace 2500 años y la Satana de las tradiciones osetas recopiladas en el siglo XX por Georges Dumézil y otros mitólogos y estudiosos del folclore resulta sin duda arriesgado, casi un salto en el vacío. Sin embargo, intentaré argumentar por qué creo que existen algunas semejanzas notables.

Hay que empezar por advertir que no tengo noticia de que alguien se haya atrevido a una comparación semejante. Dumézil en su libro clásico Escitas y Osetas nunca insinúa un posible relación entre las dos diosas, lo que casi resulta sorprendente, pues hay ciertos motivos comunes que al menos deberían llamar la atención, aunque fuera para negar su posible relación. Pero quizá Dumézil u otros si establezcan esa comparación en otros textos a los que no he tenido acceso.

Satana

No parece necesario explicar quién es Atenea, pero sí quién es Satana. Satana es una de las diosas o personajes principales de las leyendas osetas/escitas/alanos. Es hermana de Xaemyc y de Uryzmaeg, con quien también es madre de Ajsana.

Lo que aquí interesa es la relación entre Satana y su hermano Xaemyc.

Xaemyc, tras diversas circunstancias, contrae matrimonio con una mujer del extraño pueblo de los Bycentae. La mujer es una rana durante el día, y por ello permanece escondida, y humana durante la noche. En una ocasión, Xaemyc desoye el consejo de su esposa y se la lleva con él a la Asamblea. Allí, el malévolo Syrdón se burla de ella, lo que hace que la mujer decida regresar junto a su pueblo. Pero antes de irse le revela a Xaemyc que está embarazada y que le va a traspasar el germen del niño:

“De ti se ha formado en mí un germen masculino. Si hubiese podido mamar mi leche, habría sido sin rival en el mundo, la espada no le habría hecho daño, la flecha no le habría traspasado.”

La mujer Bycentae traspasa el germen al hombro de Xaemyc, al que le crece un abceso. Antes de despedirse, su mujer le dice:

“Cuéntale todo a Satana y ella te dirá cómo abrir el abceso”

Xaemyc se lo cuenta a Satana, y cuando se cumple el plazo, Satana abre el abceso:

“Pasa ante sus ojos un fuego rojo: es un niñito con cuerpo de acero ardiente, que brota y va a caer al mar.”

De este modo nace el héroe Batraz, uno de los principales guerreros Nartos.

 

El nacimiento de Atenea

Se puede uno preguntar, a la vista del mito anterior, qué relación puede haber entre esta Satana oseta y la Atenea griega.

No nos precipitemos ante las pequeñas semejanzas encontradas hasta ahora y apliquemos por el momento la suspensión de la incredulidad que recomiendan los escépticos, porque hay que tener en cuenta que estamos comparando mitos de culturas diferentes (los griegos y los escitas) y, además, se trata de relatos separados quizá por más de 2500 años. En un trascurso de tiempo tal es normal que se produzcan grandes mutaciones del motivo mítico original. El primero, y más evidente es tal vezla inclusión de elementos propios de los cuentos de hadas en una leyenda mitológica (me refiero a que la esposa de Xaemyc sea una rana y que el pueblo de los Bycentae esté adornado con rasgos que recuerdan a los elfos o genios del bosque).

Dicho esto, hay que recordar que Atenea nace de la cabeza de Zeus, quien tiene un terrible dolor de cabeza. No pudiendo soportarlo, Zeus pide ayuda al herrero Hefaistos, quien le abre la cabeza separándola en dos. Y del cráneo del Padre de los dioses surge Atenea, completamente armada. He de aclarar, pues, que en esta primera comparación entre Atenea y Satana, los rasgos comunes no se dan entre las dos diosas, sino entre Batraz y Atenea. Me refiero, claro está al nacimiento de Atenea, del que hablo en La maternidad extravagante de Atenea y Satana.

Pero voy a señalar ya algunos  rasgos comunes entre las dos historias:

  • El hecho de que sea un hombre, y no una mujer, el que está “embarazado” de su hijo/hija.
  • El abceso o el tumor craneal es abierto y nace así la criatura.
  • El ser que nace es en un caso un niño de acero (Batraz es un dios-espada) y en el otro una mujer completamente armada.
  • En los dos casos, el padre es ayudado por alguien, Satana en un caso, Hefaistos en el otro.

Pero todo se hace mucho más comprensible si examinamos con más atención la razón por la que Zeus tiene el dolor de cabeza: se ha tragado a Metis.

Un dios que se traga a su esposa embarazada, frente a un dios que recibe, de una esposa que desaparece, al hijo del que está embarazada. Intento no exagerar las similitudes, pero es sabido que a menudo en las diferentes versiones de un mito lo que ha sido un asesinato se convierte en una despedida o en un accidente fortuito, pero se conserva el hecho fundamental: el personaje desaparece de la escena de un modo u otro. La esposa desaparece en ambos casos antes del nacimientos del niño y ni siquiera lo da a luz ella.

Ahora bien, ¿por qué se traga Zeus a Metis?

Para evitar que ese hijo del que está embarazada le destrone.

Aquí entramos en el terreno fascinante de un motivo mítico que se repite al menos tres veces en la genealogía de los dioses griegos: el padre que se traga o impide nacer a sus hijos para que no lo destronen, que queda “embarazado” de ellos. Este es el caso del abuelo de Zeus, Urano, cuando impide que salgan del vientre su madre Gaia el niño Cronos y sus cinco hermanos (los Titanes). En la siguiente generación le sucederá lo mismo al propio Cronos cuando se traga a a sus hijos, a Zeus y sus cinco hermanos (los Olímpicos).

Y ya sabemos que ese “embarazo” de Cronos es finalmente abierto, como el abceso del que sale Batraz, como el cráneo de zeus del que sale Atenea, y de él salen sus hijos, los hermanos de Zeus, también ya adultos y dispuestos para el combate, como Atenea armada, como Batraz que es hombre y espada.

A Zeus, tercer amo del universo, le esperaba un destino parecido al de su abuelo Urano y su padre Cronos: ser destronado por uno de sus hijos. Y este hijo es el que va a tener Metis, diosa de la Sabiduría, que, por cierto ya había sido tragada antes por Cronos, pues es una de las titanias, tía por tanto de su amante Zeus.

Gaia o Gea, la que fuera esposa de Urano y es madre de Metis y abuela y madre de Zeus, advierte de lo que sucederá si el embarazo de Metis continúa: Metis dará a luz a una niña y después, si vuelve a concebir, tendrá un hijo varón que destronará a Zeus.

¿Qué decía la esposa Bycentae de Xaemyc?

“De ti se ha formado en mí un germen masculino. Si hubiese podido mamar mi leche, habría sido sin rival en el mundo, la espada no le habría hecho daño, la flecha no le habría traspasado.”

Esos dos hijos sin rival en el mundo no nacieron de manera natural. Sin embargo, sí nacieron de uan extraña manera y fueron dos de los dioses más importantes: Atenea para los griegos y Batraz para los osetas.

Finalmente, hay que resaltar de manera especial que Metis era la diosa de la sabiduría y que su hija Atenea heredó este papel. Quizá a estas alturas no resulte tan chocante descubrir que Satana es precisamente la diosa sabia de las leyendas osetas, a la que continuamente se recurre para solucionar diversos problemas, comos eve una y otra vez en Escitas y Osetas de Dumézil: “los consejos minuciosos de Satana” (Dumézil, 29), “Theryºalez, genio de la fecundidad vegetal. Su consejera y salvadora es Satanay”, etcétera. La misma intervención de Satana en el asunto del abceso es motivada por que la mujer bycentae sabe que Satana sabrá cómo solucionar el asunto.

 

Representación arcaica del nacimiento de Atenea en la que el dios Hefesto parece tener cierto protagonismo
(parece que hacaba de dar un hachazo en el cráneo de Zeus. también se hallan allí presentes otros dioses como Posidón
(Vaso ático (ca -570/-565) de figuras rojas atribuido al pintor C)

 


 

Este es el primer aspecto de la comparación entre Satana y Atenea, pero hay otra leyenda de Satana que la acerca de nuevo a Atenea, y más teniendo en cuenta todo lo contado hasta aquí.

Esa segunda comparación se desarrolla en “Satana y Atenea: maternidad extravagante”.


Algunas consideraciones marginales

  • En uno u otro caso el niño no mamó la leche de su madre, en el caso de Metis es obvio, pero en el caso de la esposa de Xyamec, ¿no podría todavía mamar la leche de su madre, puesto que ella sigue viviendo en el pueblo de los bycentae? ¿No parece eso indicar, más que una despedida, una desaparición total o un asesinato? ¿No se tragaría Xyamec en las primeras versiones a su esposa rana?
  • Algunas versiones dicen que no fue Hefaistos, sino Prometeo, quien ayudó a Zeus. La intervención de un dios asociado con la sabiduria, como Satana y Atenea, resulta interesante, pero a la luz de la segunda comparación entre Atenea y Satana, resulta mucho más sugerente la participación de Hefaistos.

Pero no se puede descartar que Prometeo jugara un papel en el mito, cuyo contenido exacto quizá se ha perdido.

 

(Publicado por primera vez el 10 de febrero de 2008)

Originally posted 2011-07-23 00:37:32.

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El viejo Badan y su hijo Badaneqe, o la utilidad de los mitos

Los mitos, los ritos, la tradición, sirven casi siempre para justificar todo tipo de crueldades, de arbitrariedades. Costumbres castradoras y represoras que se justifican porque un héroe fundador, un dios creador o una estirpe arquetípica hicieron algo in illo tempore (en aquel tiempo).

Narraciones etnográficas, documentales y películas nos han contado ese terrible momento en el que los ancianos son abandonados entre los inuit (antes llamados “esquimales”). Hemos aprendido que son los propios viejos los que se entregan gozosos a ese sacrificio, para así ayudar a sus semejantes, para dejar de ser una carga para ellos. Los expertos nos han explicado que esta macabra costumbre es parte del ciclo de la vida, de la lucha por la supervivencia. Con palabras que inevitablemente recuerdan a las teorías eugenistas nazis, nos han explicado que es un sacrificio necesario en una sociedad que tiene recursos limitados y en la que escasea la comida. La tribu debe sobrevivir aunque el individuo muera. Tal vez tengan razón esos expertos, o tal vez costumbres como esas son las responsables de que esas sociedades siguieran viviendo del mismo modo siglo tras siglo. ¿Quién sabe?

Pero la costumbre también existía entre los sardos de Cerdeña, que sacrificaban a aquellos que cumplían 60 años. Al parecer, todavía en el siglo XIX existían en Cerdeña personas que ayudaban a estos viejos a sacrificarse, los “Acabadores” (la palabra “accabadura” procedería del español “acabar”).

La costumbre de matar a personas de 60 años ahora nos puede resultar tan incomprensible como el sacrificio de las personas que cumplen 30 años en al novela y película de ciencia ficción La fuga de Logan.

Según el historiador Silio Itálico también tenían esta costumbre los antiguos cántabros y vascos:

“Este pueblo está apegado a una extraña costumbre: cuando la debilidad del cuerpo les llega con las canas, interrumpen, desde lo alto de una roca, el curso de sus años, en adelante impropios para la guerra…”

Dumézil recuerda entonces algunos testimonios latinos acerca de los alanos (emparentados con los actuales osetas), en los que existía esta costumbre:

“Estiman bienaventurado a quien pierde la vida en pleno combate. Los que se dejan envejecer (senescentes) o pierden la vida por una muerte accidental son objeto de crueles burlas, como degenerados y cobardes” (Amiano Macelino)

También Plinio y Pomponio Mela dicen que entre los alanos, antes que envejecer, los hombres se arrojaban al mar ceremonialmente desde lo alto de una roca.

Entre los osetas actuales, escitas de origen iranio como los alanos, existen tradiciones semejantes::

“El Narto Urzymaeg envejecía, su fuerza se iba perdiendo (…) Fue a la gran plaza donde estaban sentados los jóvenes Nartos y les dijo:
— Desde mi infancia hasta mi vejez, no he escatimado mi ánimo a vuestro servicio. Pero soy viejo, ya no os sirvo de nada y mi vieja cabeza no consigue aportaros más que fastidios. Mañana temprano, fabricad un cofre sólido, metedme dentro y tiradlo al mar; me niego a acabar en el cementerio de los Nartos.”

Aunque al principio dudan, los Nartos acaban cumpliendo el deseo de Urzymaeg, quien, sin embargo, sobrevive y realiza otra hazaña, “después de la cual desconocemos su destino”.

Acostumbrados a lo inevitable, a lo necesario, que tales tradiciones nos enseñan, y al uso del mito para justificar prácticas crueles, sorprende encontrar entre los kabardos cherkeses (también osetas) una variante interesante, que se opone a la tradición de la occisión (abandono o asesinato de los viejos), y que inaugura un nuevo motivo mítico, que Dumézil llama el tema mítico de “Por qué los hombres de tal o cual sociedad dejaron un día de matar a los viejos”.:

“Era entre los Nartos una vieja costumbre, cuando un hombre se debilitaba al grado de no poder ya sacar, con tres dedos, la espada de la vaina, ni subirse sólo a la silla de montar ni calzarse las botas, ni sostener el arco en la caza ni sostener el rastrillo o levantar un almiar de heno, ni aguantar el sueño al guardar un rebaño, meterlo en un canasto trenzado y llevarlo fuera del pueblo, hasta lo alto de la Montaña de la Vejez. Allí ataban al canasto grandes ruedas de piedra y lo hacían rodar por la cuesta empinada que conducía al precipicio.”

En esta historia kabarda, el viejo al que le espera ese destino se llama Badan y ya está decrépito. Su hijo Badaneqº’e, sin embargo, ama tanto a su padre que le apena la idea de arrojarlo desde el precipicio. Pero ocultando su pena, prepara el canasto y las piedras:

“– Padre, voy a hacer que mueras. No me aborrezcas: es la costumbre de los Nartos, perdóname.”

El pobre viejo no responde, lo que entristece aún más al hijo.

Badaneqº’e lleva el canasto a la Montaña de la Vejez y lo lanza hacia el precipicio, con su padre dentro. Pero el canasto se queda enganchado en un tocón, colgando sobre el abismo.

“El viento se puso a balancearlo y a agitar la barba blanca de Badan, al punto que el anciano se puso a reír.

–Padre, ¿de qué te ríes -preguntó Badaneqº’e. Sin dejar de reír, Badan contestó:
— Me decía que cuando estés decrépito y tu hijo te eche a rodar desde lo alto de la Montaña de la Vejez, a lo mejor tu canasto se engancha en el mismo tocón. ¿No es como para reírse?

La risa de su padre conmovió a Badaneqº’e, quien exclamó:

— ¡Que los Nartos hagan conmigo lo que quieran, pero no te enviaré por el camino de la muerte!

El padre le responde:

— Si quieres saber la verdad, hijo mío, no hallo gran gusto en arrastrarme sin hacer nada en este mundo: una vida inútil es ciertamente peor que la muerte. Pero ¿en verdad ya no estoy en condiciones de servir a los hombres? Si no puedo ya trabajar, puedo pensar.

El hijo sacó a su padre del canasto, lo llevó a una cueva y allí lo instaló sobre un lecho de hierbas. Y le dijo:

–Padre, vive aquí en secreto, sin que nadie sepa de ti. De otra suerte, los Nartos se irritarían por esta violación de la costumbre. Cada semana te traeré de comer.

Así pasaron tres años. Durante ese tiempo, diversas calamidades sucedieron a los Nartos, pero en cada ocasión Badaneqº’e acudía a pedir consejo a su padre, quien le daba útiles consejos. Admirados por la sabiduría de Badaneqº’e los Nartos le preguntaron cómo había llegado a pensar tan buenas soluciones.

“Badaneqº’e confesó su falta y los Nartos abolieron la regla que les mandaba matar a los viejos”

 

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[Publicado el 11 de febrero de 2008]

Notas y comentarios

Al parecer, no está del todo claro que entre los inuit se sacrificara a los viejos o estos se suicidaran voluntariamente. Se cree que tal costumbre se aplicaba sólo en épocas de gran hambruna.

 

Referencias

Georges Dumézil: “La occisión de los viejos” (en Escitas y osetas)

Originally posted 2012-04-08 23:50:13.

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