Metáforas de cine

Aceptar que la Tierra es redonda y que no se caen los que viven en “el lado de abajo”, y que, además, el planeta se mueve en el espacio a una velocidad vertiginosa sin que nos caigamos todos, es algo que choca contra la intuición y que desafía al sentido común. No es extraño que muchos se negaran a aceptarlo durante siglos.

El cine también nos ha hecho aceptar con naturalidad algo que parece completamente absurdo: que lo que nos parece una acción continua en realidad esté compuesto por fotogramas independientes de imágenes estáticas.

Esta asombrosa revelación nos prepara para aceptar asuntos todavía más extravagantes, como algunas consecuencias de la física cuántica o la relativista. El cine, en efecto, es un término de comparación estupendo para la física cuántica, porque los electrones también “se saltan los intermedios”.

En efecto, el electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición: ahora está en esta órbita y después está en la siguiente, pero no atraviesa el estado intermedio. Eso es lo que se llama un salto cuántico. Del mismo modo, en la proyección de una película, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente. No hay continuidad bajo las apariencias, ni en el cine ni en el mundo subatómico.

Fotogramas del átomo

Aunque puede parecer extraño que no veamos los espacios de celuloide que hay entre fotograma y fotograma, lo verdaderamente asombroso es que no percibamos la oscuridad en la que permanecemos durante gran parte de la película.

En efecto, el obturador tiene que interrumpir el haz de luz del proyector dos veces en cada fotograma, para que tengamos la ilusión de movimiento. De este modo, el celuloide avanza un fotograma cada 42 milisegundos, pero el fotograma no es mostrado durante toda la duración de esos 42 milisegundos.

En realidad, el fotograma se muestra durante 8,5 milisegundos, pero luego es ocultado por el obturador durante 5,4 milisegundos; se muestra de nuevo otros 8,5 milisegundos, se oculta otros 5,4 milisegundos y es mostrado finalmente otros 8,5 milisegundos. Es decir, vemos el fotograma durante 25,5 milisegundos y no vemos nada durante unos 16 milisegundos.

En realidad, como dicen Bordwell y Thompson, en una película que dure 100 minutos, “¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos!”

Heráclito decía panta rei, todo fluye. Ahora sabemos que es posible que algo no se mueva y que ni siquiera se vea durante un 40 por ciento del tiempo, como las imágenes de los fotogramas del cine, y que, sin embargo, puede parecer que se mueve de manera continua.

Así que podemos preguntarnos si ese río de Heráclito que nunca es el mismo río, no será tan sólo una ilusión, y concluir que tal vez tuviera razón su rival, Zenón de Elea, cuando afirmó que el movimiento no existe. También la realidad que vemos podría no ser continua. Tal vez el movimiento que creemos ver es creado por nuestra percepción, que quizá funcione como un proyector de cine, creando continuidad donde no la hay. Tal vez vivimos en un universo estático o parpadeante sin saberlo.


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Originally posted 2018-04-16 23:27:33.

¿Dónde está la serpiente?

|| La lengua de la serpiente /1

La serpiente ha sido el símbolo del mal en la cultura judeo-cristiana. La tentación que en el paraíso propuso a los seres humanos comer del árbol del bien y del mal.

Quizá esa capacidad de distinguir el bien del mal es lo que más me interesa de la serpiente.

No dispongo de demostraciones científicas de mis ideas éticas, porque no las hay. Como decía Bertrand Ruseell (hoy tan injustamente olvidado), en las cuestiones más importantes tenemos casi siempre que recurrir a la fe para justificar nuestras ideas.

Tenemos que recurrir a la fe, pero no a la fe del fanático, sino a la fe o confianza en que no nos engañan nuestros sentidos, al menos más allá de lo razonable. A la confianza en que hemos hecho un buen cálculo matemático y no hemos escrito mal un número a lo largo de la operación aritmética. A la confianza en que si una medicina muestra efectos adversos los científicos acabarán dándose cuenta de ello. A la confianza en las buenas razones, que quizá no son demostrables de manera dogmática, pero que al menos sí  se pueden examinar. A esa confianza o a esa fe me refiero, no a la fe supersticiosa de las religiones o de la credulidad.

El problema es, como muchos se preguntarán, es la dificultad en determinar cuándo una razón es buena o mala cuando un argumento es verdaderamente confiable.

Una buena pista para distinguir buenas razones de malas razones podría ser la siguiente:

“Las buenas razones son aquellas que se niegan a escuchar las personas que tienen la costumbre de no atender a razones, sino a dogmas”.

Otra indicio posible:

“Una buena razón es aquel argumento que cuando no puede ser refutado con argumentos relacionados, hace que el aludido desvíe la conversación hacia un tema en el que todos están de acuerdo, pero que no aclara en nada la cuestión que se está discutiendo.”

En política, que es de lo que me interesa hablar ahora, un ejemplo de esta técnica para desviar la atención de las buenas razones es el argumento del mal mayor: siempre hay un mal mayor que aquél al que no se quiere prestar atención.

¿Bush mata iraquíes?
Más mataba Sadam…

¿Hay pena de muerte en Cuba?
Más pena de muerte hay en Estados Unidos…

¿Hay pena de muerte en Estados Unidos?
Más pena de muerte hay en China…

¿Se paga poco por diez horas de trabajo de lunes a viernes?
Hay lugares en los que no se paga nada, porque no hay trabajo…

Etcétera.

Muchas de estas réplicas aluden a hechos indiscutibles, y que pueden un gran interés en su momento,  pero pierden su valor cuando se utilizan para justificar algo que quizá no sea tan extremo como el segundo término de la comparación (“…peor es en…”), pero que también es malo.

Ya dije en Un hermoso símbolo que, como la serpiente, siempre intento esquivar la muerte y cualquier justificación del asesinato. Por eso, aunque creo que a menudo es necesario recordar lo que se hace en el otro bando, nunca se debe hacer para justificar lo que hace nuestro propio bando.

Aunque soy por lo general moderado, hay un asunto que, como dice mi hijo Bruno, hace que “se me hinche la vena”: Literalmente: esas venas que están a ambos lados de la frente. Me gustaría que no sucediera eso, porque siempre me ha gustado ser apasionado pero nunca he querido pasar por exaltado. Pero en ciertas ocasiones no puedo evitarlo.

Ese asunto que me hincha la vena es la justificación ideológica del asesinato y la injusticia. La vena se hincha, sin duda debido al aumento de la tensión y la presión arterial, en proporción directa con lo que yo aprecie o quiera a la persona que justifica esas cosas. Si se trata de un desconocido, me suele dejar indiferente, o al menos puedo mantener mi sosiego habitual.

Pondré un ejemplo.

En la adolescencia, e incluso en la niñez, me enseñaron que la izquierda luchaba por la justicia y que su objetivo era una humanidad libre. En mi ingenuidad, llevé el razonamiento hasta sus últimas consecuencias y concluí que si uno era de izquierdas no podía justificar la pena de muerte, ni la tortura, ni el asesinato, ni el abuso, ni la explotación.

Mi ingenuidad pronto fue castigada por la realidad, cuando descubrí que la mayoría de la gente de izquierdas no llevaba el razonamiento hasta sus conclusiones lógicas e inevitables y que muchos de ellos justificaban la pena de muerte, la tortura, el asesinato e incluso la masacre, siempre y cuando los autores de esas cosas fueran los de “su bando”.

Desde entonces,  me he seguido considerando de izquierdas tozudamente, a pesar de tener que avergonzarme decenas de veces al oír a mis supuestos compañeros de ideología justificar todo tipo de crímenes, al escuchar a personas esencialmente buenas desarrollar  razones sutiles e incluso brillantes para aceptar el asesinato. Tengo que admitir que también he conocido a gente de derechas, a fascistas e incluso a nazis, pero debo confesar, de nuevo bastante avergonzado, que pocas veces les he visto justificar el crimen con la ligereza y el desparpajo con el que lo hacen tantísimos que se declaran de izquierdas.

Lo peor tal vez sea que cuando uno se opone a tales justificaciones, le miran como si fuera un lunático o un derechista peligroso, a pesar de que yo siempre identifiqué (quizá también de un modo demasiado simplista) a la derecha con la injusticia, con el uso de la fuerza, la coacción o incluso el crimen.

Godard, Sartre y Beauvoir colaborando en la distribución del peródico maoísta “La causa del pueblo”, en el mismo momento en el que en China la Revolución Cultural encarcelaba, perseguía y asesinaba a los que no seguían las consignas de Mao Zedong, quien alentaba a los hijos a denunciar a sus padres, a los estudiantes a golpear y torturar a sus maestros y a todos a destruir cualquier rasgo cultural que no fuera considerado revolucionario. La Revolución Cultural, además de los crímenes contra las personas, era en esencia una revolución anti-cultural.

Una conclusión temprana que extraje, tras mis primeras decepciones, fue que yo era de izquierdas pero que ellos, los que se llamaban de izquierdas, en realidad eran de derechas. Los que adoraban y adoran a los caudillos vestidos de militares, los que justifican a Stalin como una reacción contra la presión occidental, los que piensan que los millones de muertos de Camboya son culpa de los Estados Unidos, los que justificaban a un terrorista palestino que se convertía en bomba humana en un restaurante, los que consideraban al IRA una especie de organización romántica que luchaba por la libertad de Irlanda, los que excusaban a ETA. La lista, por desgracia, era interminable.

Alguno ya estará pensando: pero te olvidas de los del otro lado.

Ese es el argumento del mal mayor al que me referí al principio, que también puede ser resumido de esta manera: “No te metas con mi equipo, porque eso favorece al contrario”. Eso es más o menos lo que le dijo Sartre a Camus para no criticar a Stalin. Para mantenerse callado acerca de los millones de asesinados.

A ese argumento respondo que no, que también esquivo, como la serpiente, a los asesinos y justificadores del otro lado. Simplemente, y esto es lo más triste de esta triste historia, sucede que escucho una y otra vez a los que justifican algunas de las cosas que he mencionado y sólo muy raramente o nunca a quienes defienden a Sharon, Bush, Aznar y compañía. Apenas escucho justificaciones explícitas, públicas y populares del nazismo y del fascismo (que por suerte están perseguidas por la ley) mientras que continuamente he oído justificaciones del comunismo soviético y del maoísta, justificaciones que no son perseguidas por ninguna ley, ni siquiera miradas con la reprobación que merecen por cualquier persona que no justifique el crimen. Es muy triste e incluso doloroso escuchar una y otra vez de qué manera se justifica alegremente el asesinato. Esos asesinatos.

Me gustaría pensar, como hace mi amigo Juanjo, que la humanidad, a pesar de sus tropiezos, avanzará hacia la justicia y el fin de la violencia. Ojalá sea así y en el futuro se asombren de que alguien tuviera alguna vez que discutir cosas tan evidentes como las que he mencionado, y piensen: “¿Pero realmente alguien opinaba eso?”, del mismo modo que nosotros nos asombramos de que alguien justificara alguna vez la esclavitud.

Si discuto cuando se mencionan esos asuntos, esos crímenes para los que muchos encuentran insólitas justificaciones a pesar de lo desagradable que me resulta todo el asunto, es por algo así como un sentido de la responsabilidad que me hace imaginar que alguien alguna vez podría preguntarme: “¿Y tú que decías cuando justificaban todo eso?”. No me gustaría responder: “Nada. Me quedaba callado.” Tampoco quiero que nadie piense que, porque yo sea de izquierdas, acepto todas esas cosas que aceptan tantísimas personas de izquierdas.

Ahora bien, quizá aquella primera conclusión que me hizo dictaminar que yo era de izquierdas y los justificadores no lo eran, fue un error, porque ¿quién soy yo comparado con miles, cientos de miles de izquierdistas que no opinan como yo? Así que lo único que sé es que no soy de derechas, pero, al mismo tiempo soy consciente de que no está muy claro que tenga razones suficientes para considerarme de izquierdas. Si las definiciones ideológicas tienen algo que ver con lo que hace la mayoría de las personas que se definen como pertenecientes de una ideología determinada, me temo que el resultado de observar a la izquierda en los últimos cien años no va a ser agradable para quienes pensamos como yo. Así que, como la serpiente de la metáfora, lo único que puedo hacer es seguir moviéndome, para esquivar los crímenes de unos y otros.


[Publicado en 2003. Revisado en 2019 para mejorar la comprensión pero sin modificar el contenido]

POLÍTICA

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Originally posted 2003-12-25 12:00:02.

NEXOS 20031209

Nexos es un juego de combinaciones azarozas que inventé para pasar el rato y aprovechar mis lecturas. Lo he contado en Nexos. Consiste fundamentalmente en conectar de alguna manera lógica los libros que estoy leyendo en un momento determinado.

Para ver los libros de los que nace o que conecta este Nexos 20031209 (es decir, escrito el 31 de diciembre de 2003) , puedes pasar el ratón sobre las notas del texto, o hacer clic en ellas, para leerlas al final de este documento (y con letra más grande). Desde allí podrás regresar al texto que estabas leyendo con otro sencillo clic.

NEXOS: HEREJE

He de comportarme ahora como hereje [1]Hereje:“Aquel que tiene la posibilidad de elegir”. Lo dice Watzlawick en El arte del cambioarte del cambio, puesto que hereje es aquel que elige. Entre todas mis notas, elijo aquellas que me interesan en este momento.

El primer problema que me encuentro es que no sé por dónde empezar. Decían los griegos que el principio era la mitad de todo y, para salir de este atolladero sin comienzo, decido aplicar el lema que tan a menudo repite Watzlawick: “Think Little and learn by doing” [2]Think little and learn by doing: de nuevo lo dice Watzlawick y de nuevo en el mismo libro, El arte del cambio . Piensa poco y aprende haciendo. Y ello me lleva actuar, pero es esta una acción que consiste en pensar, y lo primero que pienso es si se me puede aplicar o no lo que decía Lichtemberg: “Todo se aprende, no para exhibirlo, sino para utilizarlo”[3]Lichtenberg: De nuevo citado por Watzlawicz, pero esta vez en ¿Es real la realidad? , puesto que yo aquí estoy utilizando lo aprendido y, al mismo tiempo, exhibiéndolo.

es real la realidad

Y si puedo escribir estas frases y brillos ajenos, tal vez deba agradecérselo a Jefferson [4]Jefferson: Negroponte dice en El mundo digital que las bibliotecas públicas las inventó Jefferson. No sé si se refiere sólo a Estados Unidos o a todo el mundo, pero, de ser cierto lo segundo, esta sería otra gran contribución de los Estados Unidos a la civilización, quien inventó el concepto de las bibliotecas públicas e implantó el derecho de consultar un libro sin coste alguno”, pero también al desarrollo de los ordenadores, al hiperenlace soñado por Vannevar Bush y bautizado por Ted Nelson [5]La historia de Ted Nelson y el hipenlace se cuenta en ted nelsoN, publicado en Cómo se inventó el futuro, que me permite mencionar a los autores de todas estas ideas de una manera no tan fatigosa como es la de las notas a pie de página.

mundo digitalDice Martin Davis [6]Martin Davis: En La computadora universal, de Leibniz a Turingcomputadorauniversalque Newman comprendió gracias a Turing que una máquina de calcular es en realidad un artefacto lógico. Antes ya lo había comprendido Reuleaux [7]Reuleaux: Ruleaux dijo que el vapor no era parte de la maquinaria de la máquina de vapor, anticipándose a Turing en muchos años. Lo menciono en el primer texto de “La polémica digital”, y quien sabe si tras estas líneas que ahora lees se esconde un artefacto lógico que mezcla palabras y citas, y no un ser humano. ¿Podría el lector asegurarlo?, ¿podría un artefacto lógico (binario o no con vapor o sin él) superar el test de imitación que propuso Turing para distinguir seres humanos y máquinas y que Philip K.Dick utilizó en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que fue adaptado al cine como Blade Runner [8]Blade Runner: No todos los nexos van a ser libros, aunque también hay que recordar que la película Blade Runner se basa en el relato de Philip K.Dick mencionado en el texto principal: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? por Ridley Scott, en donde aparecía precisamente un androide llamado como este experimento, es decir, Nexus?

androides y ovejas

¿Podría yo ser un Nexus que engaña al lector haciéndole pensar que soy un hombre cuando en realidad soy una máquina? Muchos dirán que no, que no hay máquina capaz de imitar plenamente a un humano, pero, como también decía Turing [9]Turing: En el legendario ensayo: ¿Puede pensar una máquina?, aunque tal vez a una máquina le resultará difícil superar el test de imitación (fingirse humana), si un hombre intentase ser una máquina daría un espectáculo bien pobre”.

puede-pensar-una-mquina-1-638 Si yo quisiera ser máquina, fingir e imitar a ese supuesto organismo inferior, y me preguntasen cuáles son los trescientos primeros números primos, creo que me quedaría en blanco y mi examinador, a lo Blade Runner inverso, daría en el blanco al denunciarme como humano fingidor. Que es lo mismo que sucede cuando reprochamos a los delfines [10]delfines: En ¿Es real la realidad?, Watzlawicz dedica un capítulo asombroso y deslumbrante a los delfines que sólo son capaces de aprender seis o siete palabras de nuestro lenguaje, ¿y cuántas sabemos nosotros pronunciar del suyo? Y bien, lector impaciente, te preguntarás tal vez si estas disquisiciones tendrán fin, pues pretendía yo citar treinta o cuarenta libros y apenas he mencionado tres.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es proverbios-griegos.jpgSí, es cierto, varío y desvarío y lo único que creo haber aprendido haciendo este primer Nexos (learn by doing) es que se ha de ser breve y que cada Nexo dependerá del momento. Tal vez el próximo sea más extenso y más intenso, pero aquí, aunque mal, he de poner el Colofón y lo pongo con mayúsculas porque la expresión viene de la costumbre de las doce ciudades de Jonia de resolver los empates en las votaciones: se llamaba a los de Colofón [11]Colofón: Acerca del origen de esta expresión, que ha sobrevivido más de veinte siglos, se habla en una de las colecciones latinas de proverbios griegos, (editado por Gredos: Proverbios griegos). Otra frase casi tan antigua es aquella que dice: “Eres más feo que Picio”. Al parecer Picius era un soldado romano extremadamente feo. para que con su voto inclinaran la balanza.

…Pero cuenta Estrabón una versión distinta y dice que el proverbio se debe a que los colofonios poseían una fuerza de caballería tan impresionante que ponía punto y final a las batallas en cuanto intervenía. Y así, con griegos al principio y al final acaba esta batalla desigual de la que salgo magullado pero aún vivo.


[Publicado en diciembre de 2003]

Nexos

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Originally posted 2003-12-24 12:00:50.

Notas   [ + ]

1. Hereje:“Aquel que tiene la posibilidad de elegir”. Lo dice Watzlawick en El arte del cambio
2. Think little and learn by doing: de nuevo lo dice Watzlawick y de nuevo en el mismo libro, El arte del cambio
3. Lichtenberg: De nuevo citado por Watzlawicz, pero esta vez en ¿Es real la realidad?
4. Jefferson: Negroponte dice en El mundo digital que las bibliotecas públicas las inventó Jefferson. No sé si se refiere sólo a Estados Unidos o a todo el mundo, pero, de ser cierto lo segundo, esta sería otra gran contribución de los Estados Unidos a la civilización
5. La historia de Ted Nelson y el hipenlace se cuenta en ted nelsoN, publicado en Cómo se inventó el futuro
6. Martin Davis: En La computadora universal, de Leibniz a Turing
7. Reuleaux: Ruleaux dijo que el vapor no era parte de la maquinaria de la máquina de vapor, anticipándose a Turing en muchos años. Lo menciono en el primer texto de “La polémica digital”
8. Blade Runner: No todos los nexos van a ser libros, aunque también hay que recordar que la película Blade Runner se basa en el relato de Philip K.Dick mencionado en el texto principal: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
9. Turing: En el legendario ensayo: ¿Puede pensar una máquina?
10. delfines: En ¿Es real la realidad?, Watzlawicz dedica un capítulo asombroso y deslumbrante a los delfines
11. Colofón: Acerca del origen de esta expresión, que ha sobrevivido más de veinte siglos, se habla en una de las colecciones latinas de proverbios griegos, (editado por Gredos: Proverbios griegos). Otra frase casi tan antigua es aquella que dice: “Eres más feo que Picio”. Al parecer Picius era un soldado romano extremadamente feo.

La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Antes de ver la película de Bertolucci Soñadoreshabía asistido a algunas discusiones acerca de la postura política de los personajes. Unos defendían la postura de Matthew, el americano, otros la del francés, Theo.

Eso me hizo pensar más de la cuenta durante la película en lo que decía el francés y en lo que decía el americano. La verdad es que no vi muy claramente en qué bando podía estar yo. A veces estuve de acuerdo con el francés, como cuando critica la guerra de Vietnam o cuando defiende a Chaplin frente al nuevo rey emergente de los cinéfilos (Buster Keaton). Pero, otras veces me pareció más sensato lo que decía el americano: la parte final donde dice que los cócteles molotov son fascismo embotellado.

Creo que una de las cosas que hace muy bien Bertolucci en Soñadores es mostrar a veces dogmáticos a sus personajes, pero no mostrarse él dogmático: un personaje dice una cosa y el otro dice otra, pero Theo y Matthew no son teorías encarnadas: son personas. Se equivocan a menudo, dicen cosas absurdas, a veces incluso sabiendo que las dicen. Esto se trasmite a veces de manera llamativa al mantener el plano del rostro de alguien que acaba de decir algo: esos instantes de más nos permiten descubrir que no cree de verdad en lo que dice, o que ya está cambiando de opinión.

Así sucede, creo yo, en la parte en la que Theo habla de la revolución Cultural china y del libro rojo de Mao. Es fácil ahora estar doblemente de acuerdo con los argumentos de Matthew, puesto que ahora todos sabemos y queremos saber qué fue la Revolución Cultural China, que consistió no sólo seguir como un dogma un único libro, sino  en asesinar por él. Pero Theo no sabe eso y habla del libro no como de un arma violenta, sino como de algo que puede llevar una sociedad mejor. Cuando Matthew le muestra lo que significa seguir un único libro, Theo parece comprenderlo, a pesar de que el final de la película parezca desmentirlo, cuando Theo “se junta con una multitud para hacer el mal”. Sin embargo, ¿cuántos no actuaron entonces como Theo, repitiendo consignas pero viviendo de una manera que desmentía esas consignas, creyendo y no creyendo en lo que hacían? El que esté libre de pecado, que no tire la primera piedra: yo también tiré una vez un cóctel molotov, aunque lo dirigí contra el asfalto de una calle vacía y creo que me arrepentí esa misma noche.

Pero no siempre actuamos de manera racional, ni siquiera siguiendo nuestras propias razones, y esa es una cosa que Soñadores muestra bien. Ahora es muy fácil ver que el americano tiene razón en las cosas más importantes (excepto Vietnam), pero quizá se nos escapan opiniones más cercanas a la de Theo en otros asuntos más actuales.


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Originally posted 2004-01-08 14:38:57.

¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Estos días he discutido con dos personas acerca del mismo tema: las medidas adoptadas en Brasil contra los turistas estadounidenses, en reciprocidad o represalia por las medidas que los estadounidenses adoptan con los turistas brasileños (o con todos los turistas).

Con las dos personas con las que he discutido, el fondo de la cuestión ha sido el mismo: a ellos les parecía estupendo lo que hacía Brasil y a mí me parecía un sin sentido. Antes de ver Soñadores, yo mismo dije a una de esas personas que responder a la humillación con la humillación, a lo policial con lo policial y al fascismo con el fascismo no es mi ideal de la lucha contra la humillación, lo policial y el fascismo. Me parece que Matthew dice lo mismo al final de la película, así que me sorprende que quienes elogian lo que dice Matthew no vean la semejanza entre ambas situaciones.

Es fácil darse cuenta de cuál era la postura correcta hace 35 años (en 1968), pero creo que no es tan difícil ver el paralelismo con lo que sucede en Brasil. Si Estados Unidos adopta una postura que consideramos denigratoria y abusiva, difícilmente me puede parecer que esté bien que Brasil adopte esa misma política denigratoria y abusiva.

Otras personas se han mostrado inmediatamente indignadas por la supuesta reciprocidad brasileña y han imaginado, como yo, a turistas de carne y hueso humillados en una aduana, y no en leyes y símbolos. Algunas personas se han dado cuenta del error y han rectificado fácilmente.

Si no menciono ningún nombre aquí es porque hacerlo sería abusar de una posición de poder, la de alguien que tiene a su disposición una página web. Así que si alguno de ellos quiere responder, anónimamente o no, puede hacerlo, porque aquí es posible que yo haya simplificado, tergiversado o, sencillamente, no expresado sus argumentos en defensa de la reciprocidad brasileña.


[Ver también Soñadores y La polémica acerca de Soñadores]

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Originally posted 2004-01-09 14:42:11.

Don Quijote y los pedantes

El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. Es una parodia de los prólogos al uso de la época, en los que se incluían todo tipo de recomendaciones del libro y del autor, por parte de gente célebre, desde literatos, condes y duques hasta amigos del autor o expertos en la materia.

Ilustración de Ricardo Balaca, 1880

Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como:

“Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón” (Peter Larre, Los Angeles Times)

 

“John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia” (Brandan Fraser, The New York Times)

 

“Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).

Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son “la mejor novela en décadas”.

Por su parte, Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones:

“Sólo quisiera dártelo mondo y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerlo, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo.”

Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:

“…sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos…”

Pero un amigo le dice que no tiene que preocuparse por carecer de todos esos aditamentos, porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo, oh preclaro lector, en El Quijote.

En cuanto a los sonetos y recomendaciones, al parecer en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable sería que fueran gentes de esa profesión quienes escribieran los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinadas a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:

Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?
R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.
R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.
R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?


[Publicado en Intruso 7 de marzo de 2005]

 

elrestoesliteratura-cabecera

EL RESTO ES LITERATURA

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Eliot Weinberger: ¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?

Este texto es un duplicado del que aparece en la página de BARATARIA VIRTUAL.

La razón de que haya duplicado el texto en mi servidor es que a menudo los vínculos dejande funcionar porque cambian o porque desaparece la página web que los alberga, para evitar que el texto se pierda, lo duplico. Puedes leer el texto tal como aparece en BARATARIA VIRTUAL y consultar otros textos interesantes de esta página en: BARATARIA VIRTUAL– Revista de prensa: sobre la guerra (12 de Septiembre. 2003)

Me refiero a este texto en: Eliot Weinberger y el antiamericanismo.

¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?
Eliot Weinberger
La Jornada
En las democracias occidentales de los últimos 50 años nos hemos habituado a gobiernos cuyas políticas sobre asuntos específicos podrán ser buenas o malas, pero en esencia instituyen cambios que mejoran el status quo. Las excepciones más importantes han sido Thatcher y Reagan, pero incluso sus programas de desmantelamiento de los sistemas de asistencia social parecen, en retrospectiva, moderados comparados con lo que está ocurriendo en Estados Unidos con George Bush o, mejor dicho, con la junta gobernante que le indica qué decir y hacer a Bush. Sin duda alguna es el gobierno más radical de la historia moderna del país, un gobierno cuya ideología y acciones se han vuelto tan omnipresentes, y que aquí los medios de comunicación reflejan de modo tan acrítico, que la población parece haber olvidado lo que es ”normal”.

George Bush es el primer presidente no electo de Estados Unidos, e instaurado por un Tribunal Supremo de derechas en una suerte de golpe de Estado judicial. Es el primero en subvertir activamente una de las bases de la democracia estadunidense: la separación de la Iglesia y el Estado. En la actualidad hay reuniones diarias para orar y grupos de estudio bíblico en cada rama del gobierno, y a las organizaciones religiosas se les han dado medios para que se apropien de los programas educativos y asistenciales, los cuales siempre habían sido competencia del Estado. Bush es el primer presidente en invocar específicamente a ”Jesucristo” en lugar de a un ”Dios” ecuménico, y se ha rodeado de evangelistas cristianos, entre ellos, el fiscal general, el cual asiste a una iglesia donde habla en lenguas.

Es el primer gobierno que ha declarado una política de agresión unilateral, una pax americana en la que la presencia de aliados (sea Inglaterra o Bulgaria) es grata pero insignificante; en la que los tratados internacionales han dejado de aplicarse a Estados Unidos; en la que -por primera vez en la historia- el país se reserva el derecho de lanzar ataques ”preventivos”, no defensivos, contra cualquier nación de la Tierra, por cualquier motivo que le apetezca; en la que el presidente declara sin ambages que ”exportaremos la muerte y la violencia a todos los rincones de la Tierra en defensa de nuestra gran nación”.

Es el primero -desde el confinamiento de los estadunidenses de origen japonés en la Segunda Guerra Mundial- en promulgar leyes especiales destinadas a un grupo étnico específico. En la actualidad los jóvenes inmigrantes musulmanes deben registrarse y ser sujetos a interrogatorio. Muchos cientos han sido arrestados y detenidos sin juicio o posibilidad de asistencia legal, lo cual socava otra base de la democracia estadunidense: el habeas corpus. Muchos han sido apartados de sus familias y deportados por faltas técnicas a los reglamentos de inmigración: el paradero de muchos otros es aún desconocido. Y en la bahía de Guantánamo, donde se afirma que se construyen cámaras de ejecución, cientos de ciudadanos extranjeros – entre ellos uno de 13 años y otro que dice tener cien- permanecen en una suerte de limbo desde hace casi dos años, lo que contraviene manifiestamente la Convención de Ginebra.
Es un gobierno parecido al del periodo de Reagan, y su palmaria dedicación a ayudar a los ricos e ignorar a los pobres ha convertido el superávit de los años de Clinton en un enorme déficit provocado por la combinación de enormes reducciones de impuestos a los acaudalados (sobre todo a los que perciben más de un millón de dólares al año) e incrementos del presupuesto militar. (Y si bien los republicanos siempre ofrecen en campaña ”menos gobierno”, han creado la mayor burocracia de un nuevo gobierno en la historia: el Departamento de Seguridad de la Patria.) El Financial Times de Inglaterra, insospechable de izquierdismo, ha descrito esta política económica como ”locos que se han apoderado del manicomio”.

Pero la mayor parte de la legislación de Bush, aún más que la de Reagan -cuyas políticas tendían a favorecer a los ricos en general-, enriquece específicamente a su círculo íntimo, procedente de la industria petrolera, minera, maderera, farmacéutica y de la construcción. En el estrato medio de la burocracia, donde se pueden promulgar leyes sin aprobación del Congreso, cientos de reglamentos han sufrido modificaciones para reducir las normas de contaminación o seguridad laboral, para permitir la explotación de áreas silvestres o eliminar las pruebas de nuevos medicamentos. Se han adjudicado miles de millones de dólares en contratos, al margen de los concursos públicos, a corporaciones antaño dirigidas por funcionarios del gobierno. Mientras, este verano, muchos colegios públicos tuvieron que cerrar un mes antes de lo previsto porque se habían quedado sin dinero.

En un país en el que los cambios sociales más trascendentes se instauran mediante decisiones de los tribunales, en lugar de mediante legislación, el gobierno de Bush ha estado llenando cada estrato del complejo sistema judicial con ideólogos de extrema derecha, sobre todo los que han protegido a las corporaciones de los litigios de individuos y grupos ecologistas, y los que se oponen a los derechos de reproducción de las mujeres. Aún queda por ver lo lejos que pueden ejercer sus antipatías contra la anticoncepción y el aborto. Ya han prohibido un infrecuente tipo de aborto tardío que sólo se autoriza cuando la salud de la madre está en riesgo o el feto está gravemente deformado, y la mayor parte de los proclamados miles de millones de dólares para combatir el sida en Africa se destinarán a la denominada educación en la ”abstinencia”.

Pero sobre todo Estados Unidos ya no parece Estados Unidos. Un ambiente de militarismo y temor, parecido al de cualquier Estado totalitario, todo lo invade. Bush es el primer presidente estadunidense que se recuerde pavoneándose en uniforme militar, aunque él mismo -al igual que todos sus asesores más militantes- evadió la guerra de Vietnam. (Incluso Eisenhower, general y héroe de guerra, nunca vistió el uniforme mientras fue presidente.) En los aeropuertos de las ciudades de provincia se emiten a menudo anuncios en esa serena voz incorpórea de las películas de ciencia ficción: ”El Departamento de Seguridad de la Patria advierte que la clave de Alerta Terrorista es en este momento… Anaranjada”. Cada tres o cuatro semanas se anuncia de nuevo otro inminente atentado terrorista y los ciudadanos son instados a adoptar medidas irrisorias, como sellar sus ventanas contra ataques químicos y biológicos y denunciar las actividades sospechosas de sus vecinos. El Pentágono adopta el programa ”Vigilancia de Información Total” para recoger datos de las actividades cotidianas de los ciudadanos comunes (cargos a las tarjetas de crédito, préstamos en las bibliotecas, inscripciones en cursos universitarios), pero cuando se percibe que esto ha ido demasiado lejos, cambian el nombre a ”Vigilancia de Información Terrorista” y siguen haciendo lo mismo. Millones de personas están registradas en las computadoras de seguridad de los aeropuertos como posibles terroristas, entre ellos manifestantes antibelicistas y pacifistas. Se advierte a los críticos que ”cuiden lo que dicen” y hay listas de ”traidores” colgadas en Internet.

La guerra en Irak ha sido la manifestación más extrema de este nuevo Estados Unidos y casi un caso de estudio en el historial de las técnicas totalitarias. Primero se crea un enemigo repitiendo sin cesar mentiras flagrantes hasta que la población se lo cree: en este caso, que Irak estaba vinculado a los atentados contra el World Trade Center y posee ”armas de destrucción masiva” que amenazan al mundo entero. Luego, una Guerra de Liberación, unánimemente presentada a los medios masivos desde el punto de vista de nuestros Heroicos Soldados, con escasas o ninguna imagen de las bajas y la devastación, y con escenas destinadas a enaltecer el ánimo – como el derribo de la estatua de Saddam y el heroico ”rescate” de la soldado Lynch- propias del cine soviético. Finalmente, como sucedió en Afganistán, se suprime durante muchos meses toda noticia sobre el caos que ha sobrevenido tras la Gran Victoria y se intenta, en lugar de dar noticias, trasladar a un nuevo enemigo la maquinaria de propaganda, en esta ocasión, a Corea del Norte o Irán.

La guerra civil está apenas comenzando en Irak y, como en la Guerra Civil española, los simpatizantes extranjeros se están sumando masivamente a la causa. El retiro de las tropas estadunidenses -incluso si Mahatma Gandhi fuera presidente- se ha vuelto imposible. Estados Unidos no puede perder la guerra, como sucedió en Vietnam, pues no hay nadie ante quien perderla. Sin embargo, como siguen muriendo todos los días ciudadanos estadunidenses en Irak, y las reservas de agua y las mezquitas y las oficinas de la ONU estallan, la Junta de Bush insiste, y los medios lo repiten, en que la democracia está a la vuelta de la esquina y en que el terrorismo internacional ha sufrido una gran derrota y en que la paz en Medio Oriente está al alcance de la mano.

Es muy difícil referirse a lo que está sucediendo en Estados Unidos sin recurrir a los hiperbólicos lugares comunes del antiamericanismo, los cuales ya han perdido todo sentido después de muchísimos decenios, aunque a la postre han resultado ciertos. Tal vez sólo podamos limitarnos a enumerar los hechos: aquí he mencionado sólo unos cuantos. Este es, para decirlo sin rodeos, el gobierno estadunidense más aterrador de los tiempos modernos, un gobierno atroz tanto para la izquierda como para los conservadores tradicionales. Es una junta descarada en sus ambiciones imperialistas; ha decretado un estado orwelliano de Guerra Perpetua; está desmantelando, o intenta desmantelar, algunos de los principios más fundamentales de la democracia estadunidense; actúa sin restricciones en el seno del gobierno y está operando con tanta celeridad y en tantos frentes que una oposición popular no sabe por dónde empezar. Quizá no se le pueda detener, pero el primer paso para moderar su marcha sea el reconocimiento de que es un gobierno estadunidense sin parangón en toda la historia de este país, para el cual la democracia es un obstáculo.


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Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Debido a algún prejuicio o idea hecha, no tenía ganas de ir a ver esta película. También los espectadores somos a veces como esos productores americanos que valoran a un director en función de su última película. Y supongo que no me gustó la última película que vi de Bertolucci, aunque lo cierto es que tampoco recuerdo que me disgustara.

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Al empezar la película fui arrebatado por ella inmediatamente y me pasé todo el principio en un estado parecido a la enajenación o la borrachera mental. Después, caí de ese estado: la película me siguió interesando, pero no provocaba ya en mí sensaciones tan intensas.

Yo soy un buen espectador de cine porque me entrego a la película, pero un mal crítico porque no me entrego al análisis, así que tampoco lo haré ahora. Creo que las películas son un conjunto de cosas sencillas y complejas mejor o peor unidas y que es una soberbia extrema pretender reducirlas a un esquema crítico, detectar todos sus errores y aciertos como un entomólogo. Ponerle nombres a las cosas no significa haberlas entendido. A menudo significa todo lo contrario.

Simplemente intento aquí describir algunas ideas y emociones que la película me provocó. Muchas de esas emociones tienen que ver con el cine, porque Soñadores está llena de imágenes de cine que se entrelazan con la vida de los personajes. Imágenes de cine clásico y del cine que se hacía en los años en los que transcurre la película: Jules et Jim, Band apart… la nouvelle vague.

Ahora muchas de esas películas no son otra cosa que pasto para los críticos, pero para mí su fuerza permanece intacta, porque esa fuerza no depende de consideraciones estilísticas o ideológicas, esa energía sobrevive a pesar de todas las teorías con las que fueron hechas y con las que son analizadas hoy.

Umberto Eco es un ensayista al que me gusta mucho leer, pero tiene una tendencia enfermiza por las dicotomías, por el “o esto o lo otro”. Es un gran representante de lo que Ana Aranda llama el pensamiento alternante. Una de las célebres dicotomías de Eco es la de “apocalípticos e integrados”. Otra, la que establece entre los críticos de narrativa o de cine: “orgásmicos” y “analistas”.

Si yo creyera en el pensamiento alternante de Eco, debería considerarme (como se ve por estos comentarios a Soñadores) entre los orgásmicos. Soy de los que dicen: “Oh!” “¡Ah!”, “Es una película deliciosa”, “me ha encantado”, etcétera.

Pero, como yo no comparto la afición de Eco por las dicotomías ni tengo ganas de pertenecer a ninguna banda intelectual, diré que también me gustan los análisis y algunos analistas. Como Chesterton decía de los liberales: “Siempre he creído en el análisis, pero hace tiempo que abandoné la infantil ingenuidad de creer en los analistas”.

Pero, claro, un buen análisis tiene que cumplir al menos una condición: si no logra mejorar la película, al menos no debería empeorarla y reducirla, trasformándola en menos de lo que es. Muchos críticos actúan como los jíbaros del Amazonas: se llevan la cabeza cortada para su colección, pero tan reducida y arrugada que ya apenas se distinguen los rasgos y es imposible saber si esta cabeza perteneció a Fulano y esta otra a Mengano: lo único que podemos saber es que las dos cabezas pertenecen al coleccionista.

Cuando vamos a un museo, unos cuadros nos gustan y otros no. Pasamos rápido por las salas que no nos ofrecen nada interesante y nos detenemos en las que nos muestran bellezas desconocidas, o quizá ya conocidas pero dignas de ser degustadas de nuevo. Una película, sin embargo, nos impone la secuencia con la que la recorremos. No podemos variar el itinerario, detenernos en una escena y hacerla eterna, como se hace eterno el instante de una noche de amor.

Es cierto, pero del mismo modo que no incendiamos el Museo porque nos haya disgustado la Sala 23, tampoco deberíamos hacer arder en el fuego de una crítica implacable una película que nos ha dado mucho placer y tal vez sólo un poco de aburrimiento o un mal movimiento de cámara.

Algunos críticos nos ofrecen siempre un juicio, un veredicto, pero ese no es el tipo de crítica que me gusta. Prefiero la manera de explicar y analizar, a veces hasta el detalle más nimio, que emplea Walter Murch. Después de leer lo que dice Murch, siempre tengo ganas de ver la película de la que habla y me da la sensación de que gracias a él, a Murch, he sabido ver cosas que no vi al ver la película.

Así que va llegando el momento de regresar a Soñadores, pues, para ser yo un orgásmico, este comentario parece más propio de un analista.

Sin duda este largo preámbulo se debe a que es la primera vez, creo, que en este o en otro blog he comentado una película, y me siento obligado a aclarar algunas cosas, para después hablar con naturalidad, pues el mundo de los cinéfilos está lleno de artificialidad. En definitiva, no hablo como crítico ni para los críticos ni pretendo que mis opiniones sean condenas o absoluciones. Son sólo opiniones del momento. Quizá en otro momento mis emociones y mis opiniones serían otras.

Continúa en La polémica acerca de Soñadores.


Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine:

Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

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Neuromarketing


Para quienes no hayan visitado últimamente los mensajes autopublicados, les cuento que han llegado dos mensajes nuevos de Jordi Torrent. En el último se cuenta una cosa interesantísima y quizá temible que se llama neuromarketing.

Al parecer, en la Universidad Emory de Estados Unidos están utilizando las imágenes de resonancia magnética del cerebro para descubrir cómo funciona el cerebro cuando duda si comprar algo o no.

El propósito, por supuesto, es encontrar la manera de hacer que la gente compre, encontrar el interruptor “Compra” dentro del cráneo. La cosa es inquietante y tiene evidentes semejanzas con los lavados de cerebro soviéticos o chinos pero aplicado ahora a vender más Coca Cola, que es precisamente uno de los clientes de Bright House, una agencia de publicidad que financia en parte el Instituto para las Ciencias del Cerebro de la Universidad Emory. Uno de los expertos del Instituto también lo es, precisamente, en el tema de adicciones.


[Publicado en 2003]

Todas las entradas de ciencia en Cuaderno de ciencia.

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