Midcult, mass cult y high cult

He escrito a lo largo de los años varios capítulos de Cosas que he aprendido de… un ejercicio que consiste en reconocer las deudas intelectuales (y en ello incluyo las sentimentales). Lo aprendí cuando leí en la adolescencia a Marco Aurelio, en esos hermosos pasajes en los que agradece a sus maestros lo aprendido. Mi padre siempre repetía aquello de que las citas eran una manera de pagar deudas, así que agradecer lo aprendido es no solo mencionar al autor y transmitir en otro lugar su ingenio  agudeza o belleza, como sucede en las citas, sino que a ello se añade el reconocimiento de una influencia benéfica sobre uno mismo. Walt Whitman también dio las gracias en aquel poema En mi vejez doy las gracias, y Borges lo imitó en el Poema de los Dones. Yo mismo escribí Acción de gracias.

He dedicado Cosas que he aprendido…. a escuelas y a personas, al budismo y al estoicismo, a Demócrito y a mi padre, a mi madre y a Jesucristo. Algunos de los agradecimientos que he escrito todavía no están en Diletante, pero los iré subiendo.

Podría escribir una lista apresurada de futuras Cosas que he aprendido de… con los siguientes autores o personajes o temas:

Descartes, Kropotkin, J.S.Mill, Stefan Zweig, Bai Juyi, Kierkegaard, el cine, Corto Maltés, X-MEN, Borges, Bertrand Russell, los cirenaicos, los cristianos, Krishnamurti, Epicuro, Diderot, Proust, Shakespeare, Aristóteles, Platón, The Rocky Horror Picture Show, Sade, Casanova, Popper, Agustín de Hipona, Safo/Pierre Louys, David Bowie, Stevenson, los mitos griegos, Feyerabend, Einstein, Kepler, Li’l Abner, el pop, los estoicos, los cínicos, el zen, Montaigne…

Como se ve en esta lista, hay de todo, y se mezcla lo que se llama Alta Cultura y Cultura de Masas: Aristóteles y la Patrulla X (X-Men).

Hace un tiempo esto de mezclar alta cultura, media cultura y cultura de masas estaba de moda: era una manera de escandalizar a los poderes culturales establecidos. Tiempo después estuvo mal visto de nuevo y fue considerado un vulgar intento de epatar a la burguesía.

Un buen ataque a la pretensión de mezclar culturas y poner el cómic a la altura de Shakespeare, se encuentra en uno de mis libros favoritos, Los porqués de un escriba filósofo, de Martin Gardner. Pero quizá lo más seguido en las últimas décadas ha sido no ya el desprecio a la cultura de masas sino todo lo contrario: el desprecio a la alta cultura.

A estas alturas, sin embargo, ya no se sabe si mezclar altas, medias y bajas culturas es bueno o malo, moderno o antiguo, burgués o antiburgués, así que espero que los que me lean, crean en mi sinceridad: no he puesto aquí a Montaigne, Platón o Aristóteles junto a los X-Men o David Bowie para epatar, sino, porque creo que he aprendido cosas importantes de ellos, o que al menos me han ayudado a convertir en más sólidas algunas tendencias o ideas que ya tenía o que ya intuía.

Y si alguien no me cree, mala suerte. Hay que contar con que muchas personas pueden llegar a ser increíblemente retorcidas cuando analizan asuntos que son muy sencillos y siempre  preguntan: “¿por qué haces esto?”, “¿por qué haces lo otro?”.

Y tengo que admitir que esa curiosidad a veces es un comportamiento razonable, porque a menudo la gente también hace las cosas de manera  muy retorcida y enrevesada. Pero me parece que, al menos en este asunto de las diferentes culturas, no se me puede aplicar el reproche de intentar ser enrevesado, aunque estoy dispuesto a discutirlo.


[Escrito en 2003. Revisado en 2019]

Memorabilia

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Originally posted 2003-07-21 12:00:52.

Consejos para banquetes y reuniones

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En sus Conversaciones, Plutarco se ocupa de los banquetes y reuniones más o menos festivas y da algunos consejos útiles.

El de los festines y reuniones puede parecer un tema secundario, pero interesó a muchos filósofos griegos y latinos, que le dedicaron libros como el célebre Banquete de Platón. El banquete o symposio acabó por convertirse en un género literario, con sus propias reglas. Incluso podemos encontrarlo en épocas más recientes, tal vez en algunos cuentos de Villiers de l’Isle Adam como El convidado de las últimas fiestas o La más bella comida del mundo.

Los grandes generales y dirigentes también se preocupaban de preparar buenos banquetes del mismo modo en que disponían el campo de batalla:

“El general Paulo Emilio, cuando tras aplastar a Perseo en Macedonia celebraba festines haciendo gala de un orden admirable en todo y de una magnífica disposición, dijo que correspondía al mismo varón darle a la tropa la formación más temible y al banquete la más agradable, pues ambas cosas conciernen a la buena organización.”

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Aunque sólo se conservan los banquetes de Platón y Jenofonte, Plutarco menciona otros, como los de Espeusipo, Epicuro, Prítanis, Jerónimo y Dión “el de la Academia”.

Plutarco

Plutarco

A los pensadores griegos les preocupaba mucho definir el momento adecuado de las cosas, el kairós. No todo se puede hacer en todo momento, cada cosa tiene su instante u ocasión. Una idea que el sofista Isócrates aplicó también a los banquetes, cuando le pidieron hablar durante la bebida:

“Para lo que yo soy experto, no es el kairós; para lo que es el kairós, no soy yo experto”.

En un banquete o reunión festiva, la conversación debe tener en cuenta no sólo quiénes asisten a él, sino también el estado en el que se encuentran, su disposición de ánimo, que es muy diferente a la que tienen en otras situaciones:

“Y por ello hay que suprimir las conversaciones de pleitistas y enredalotodo, en palabras de Demócrito, quienes al extenderse en temas atosigantes fastidian a los asistentes.”

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Se debe evitar tanto la conversación especializada que no involucra a todos los asistentes, como las disputas privadas, las referencias a asuntos en exceso personales, como los problemas en el trabajo, con la familia o la pareja, y el chismorreo fácil y continuo:

“Cuando los filósofos se zambullen en cuestiones sutiles y dialécticas durante la bebida, importunan a la mayoría, incapaz de seguirles; ésta, entonces, se entrega a ciertas canciones, relatos hueros y conversaciones de tiendas y plazas, y acaba por perderse la finalidad de la reunión convival y Dioniso resulta injuriado”.

Una manera de evitar charlas privadas es separar en el banquete o reunión a los que viven juntos, como esas parejas que son capaces de pasar toda una velada en conversación cerrada, cosa que podían haber hecho en su propia casa, sin necesidad de desplazarse a otro lugar o juntarse con conocidos y desconocidos. Conviene buscar un cierto contraste y huir de lo similar:

“De esta manera quiero hacer yo nuestro banquete: no recostando con el rico al rico, ni con el joven al joven, ni con el magistrado al magistrado y con el amigo al amigo, pues esta formación es inmóvil e inútil para el aumento o nacimiento de afecto, sino que, ajustando lo apropiado al que haya menester de ello, ruego al amigo del saber que se recueste junto al instruido, al afable junto al quisquilloso, al joven amigo de oír junto al anciano charlatán, al socarrón junto al paciente y al reservado junto al irascible. Y si en algún sitio observo a un rico munificiente, conduciré junto a él, levantándolo de cualquier rincón, a un pobre honrado, para como de una copa llena a una vacía, se produzca un trasvase. Sin embargo, al sofista le prohíbo recostarse con el sofista y al poeta con el poeta.”

Esta disposición sirve no sólo para evitar esas enojosas conversaciones privadas que aislan y se aislan de los demás, sino también las disputas entre los que son demasiado semejantes:

“Pues el pobre aborrece al pobre y el aedo al aedo….Y separo también a los aviesos, zaheridores y coléricos, interponiéndoles en medio una persona afable, a modo de cojín de intercambio de golpes”.

Sin embargo, Plutarco reúne en el mismo sitio a los aficionados a la bebida y a los enamoradizos, no sólo como dice Sofocles: “a cuantos sobreviene la mordedura del amor de muchachos”, sino también a los que sufren por causa de mujeres y muchachas, pues, caldeados por el mismo fuego, mejor se acogerán unos a otros… a no ser que, !por Zeus!, casualmente estén enamorados del mismo o de la misma”, como dijo Lamprias.

Por otra parte, estamos hablando de banquetes o simposios, en los que no se trata sólo de beber y comer sin freno, como en una orgía o bacanal, sino que hay unas ciertas reglas para convertir el placer en una experiencia digna de ser recordada. Por eso, era costumbre nombrar a Simposiarca o director del banquete, que se encargaba de que todo trascurriera de manera agradable y que, además, daba una lección o Simposiarquía, que planteaba un tema alrededor del que giraría el banquete, como sucede con el amor en el célebre Banquete de Platón.

El Simposiarca debe ser, dice Plutarco, el que mejor aguante la bebida:

“Pues el que se excede bebiendo es insolente e incorrecto, pero, a su vez, el que es por completo abstemio, es desagradable y más adecuado para hacer de pedagogo que de simposiarca.”

Conviene al simposiarca saber quienes soportan mejor y peor el vino y controlarlos, pero debe hacerlo manteniendo él mismo un control y sabiendo que trata con personas libres, no con esclavos o animales. Debe aplicar, termina recomendando Plutarco, la actitud de Pericles cuando accedía a algún cargo de importancia:

Pericles, cada vez que era elegido general y volvía a tomar la clámide, ante todo solía decirse a sí mismo a modo de advertencia: “Mira, Pericles, a libres gobiernas,a griegos gobiernas, a atenienses gobiernas”.

***************

[Publicado en 2008]

NOTAS

Las Conversaciones de Plutarco también son llamadas Charlas de sobremesa o Quaestiones Convivales

AUTORES DE BANQUETES QUE NO SE CONSERVAN

De los autores de Banquetes que menciona Plutarco, se podría decir lo siguiente:

Espeusipo fue sucesor de Platón en la Academia, Prítanis era peripatético (seguidor del Liceo de Aristóteles)  y redactó la legislación de Megalópolis para Antígono Dosón. Jerónimo de Rodas, que vivió quizá entre 290 y 230 antes de nuestra era, también se contaba en las nutridas filas del Liceo, pero se hizo ecléctico y se enemistó con el peripato Licón. Cicerón le llama sabio y ameno; otros, chismoso.

Dión de Alejandría vivió en el siglo I antes de la era cristiana. Académico y discípulo de Antíoco de Ascalón, admiraba de los egipcios el que hubieran inventado el vino de cebada  que debemos suponer es la cerveza,  para los pobres.

También se recuerda un banquete, el de Pulición, al que asistieron Alcíbiades y Teodoro y donde se cometieron actos impíos.

 

Cosas que he aprendido de… los estoicos

La escuela estoica nació en Grecia, pero los filósofos más conocidos son romanos: Séneca, Marco Aurelio y Epícteto, , que aunque era griego fue esclavo en Roma.

Que sean conocidos no quiere decir que sean bien conocidos y lo cierto es que los tópicos o lugares comunes acerca de ellos son muy abundantes. Los estoicos se han llevado la peor parte en el reparto filosófico de los últimos tiempos, quedando algo así como el precedente de los calvinistas, de aquellos que sufren con rigor y son austeros hasta lo extremo. El cambio de apreciación se podría considerar casi una venganza por parte de los epicúreos, que hasta hace unos siglos eran los malos y hoy son los buenos, por decirlo de manera simplista.

Diré aquí algunas cosas que creo he aprendido o que al menos he visto bien expresadas en la filosofía estoica. Quizá no coincidan con la interpretación ortodoxa que se hace de los estoicos.

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Séneca

Me gustó mucho en la adolescencia De vita beata (Sobre la felicidad) de Séneca. En ese libro aprendí muchas cosas. Por ejemplo la tolerancia, pues Séneca, que es considerado uno de los principales pensadores estoicos, no sólo no ataca a los epicúreos sino que a menudo expresa su admiración hacia el propio Epicuro.

Creo que, como dice Séneca, a menudo uno ha de ser capaz de alejarse de la multitud y de los prejuicios, aunque eso a menudo cause dificultades. Recuerdo con precisión (o eso espero, porque la memoria es muy engañosa) la frase de Séneca: “Uno debe ir a dónde hay que ir, no a dónde se va”. También recuerdo que estas ideas de Séneca no coinciden con ningún tipo de elitismo y qué el mismo aclaraba que la multitud, la masa, el pensamiento gregario se halla tanto entre los pobres como entre los ricos. La muestra más evidente de ello es que dos de los principales filósofos estoicos eran uno esclavo y el otro emperador: Marco Aurelio y Epícteto.  Algo que también dice Thomas Browne en unas hermosas páginas:

” Tampoco incluyo solamente , en el nombre de multitud, a la gente baja y de poca importancia; hay chusma hasta entre la nobleza, una especie de cabezas plebeyas cuya fantasía se mueve por la misma rueda que aquélla; hombres que están al mismo nivel que los patanes, aunque sus fortunas doran algo sus flaquezas y sus bolsas reparan sus necedades”.

Epícteto

Epícteto

El Manual de Epícteto es uno de mis libros preferidos. Quizá ahora no recuerdo muchas de las cosas que en él se dicen, pero sé que una de ellas es la distinción entre las cosas que dependen de ti y las que no dependen de ti.

Que llueva o no llueva mañana no depende de ti, pero que si llueve mañana te enfades o no te enfades, sí depende de ti. Uno puede poner remedio a lo que depende de sí mismo, pero no a lo que no depende de sí mismo, por lo que enfadarse por la lluvia es una estupidez sin sentido.

Del mismo modo, si vas a una fiesta, dice Epícteto, ten en cuenta las cosas que suceden en una fiesta. Recuerda que en una fiesta pueden pisarte, que puede acabarse la comida o la bebida, que puedes encontrar a personas desagradables a causa del alcohol, que puede haber demasiada gente o hacer demasiado calor. Si tienes presentes estas cosas cuando vayas a la fiesta, no te irritarás cuando te sucedan, porque ya sabes que esas cosas son las que suelen suceder en las fiestas.

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La vida de esclavo de Epícteto y su cojera son símbolos del estoicismo resignado.

Este tipo de ideas tan razonables, han permitido a los rivales de los estoicos, caer en la simpleza de afirmar que un estoico acepta todo con resignación, sin quejarse de nada, como Séneca bebiendo el veneno por orden del emperador Nerón. Yo no creo que sea así.

Por otra parte, los estoicos dicen algunas cosas que han permitido, de nuevo, emparentarlos con los calvinistas y los puritanos: que la conciencia nunca duerme, y que incluso cuando estas a solas, hay un testigo de lo que haces y piensas: tú mismo. Quizás exista otro testigo que nos libre de esta soledad, pero es por el momento sólo una hipótesis: Dios. Esto último lo digo yo, no los estoicos, que no creo en Dios pero tampoco en el destino estoico ni en el fatalismo calvinista. Creo que esta idea de la conciencia vigilante es también muy razonable, pero, a quien le desagrade, puede pensar en ella no como en un policía dispuesto a reprimirte, sino como un espectador que observa lo que haces y aplaude o silba según el placer que le proporciona el espectáculo de tus actos.

A decir verdad, yo no me siento bien haciendo cosas que me parecen erróneas o desagradables y no veo ninguna represión en no permitírmelas, quizá porque en realidad no suelo sentir el deseo de hacerlas, así que no hay ningún tipo de autocontrol policial. Quizá lo hubo, es cierto, puesto que todos nos creamos a nosotros mismos y nos damos normas de comportamiento y permisos para hacer esto o lo otro, pero desde hace muchos años no hay tal. No suelo arrepentirme de las cosas que hago, aunque algunas., precisamente, no les gustarían a los puritanos. Pero, ahora, al pensarlo, veo que quizá también he aprendido de los estoicos ese darse uno mismo normas que, finalmente, se convierten en hábito casi instintivo o intuitivo, pero tras el que ha habido una reflexión y esfuerzo previo, quizá durante años.

Supongo que hablaré de todo lo anterior en otro “Cosas que he aprendido de…”, quizá en el dedicado al budismo.

Nerón y Séneca, por Barrón

Nerón y Séneca, por Barrón

Apenas he dicho nada de Marco Aurelio. Para mí sus Meditaciones son incluso más instructivas que el Manual de Epícteto o Sobre la felicidad de Séneca.

También él era tolerante. Seguramente el más tolerante de los emperadores romanos. Muchos de los que presentan ese duelo fraticida entre estoicos y epicúreos (que a veces sin duda existió) deberían tener en cuenta que fue precisamente Marco Aurelio, el emperador estoico, quien volvió a abrir las escuelas epicúreas.

Marco Aurelio

Marco Aurelio

De Marco Aurelio ahora recuerdo una de sus meditaciones en la que dice que, sean los que sean los años de tu vida, la muerte siempre llega demasiado pronto. Eso, creo, debe impulsarnos a aplicar el precepto de Vive el día, rosa est in horto (“La rosa está en el huerto, cógela”) o, como decía el payaso Jango Edwards: “Hoy es un día muy especial porque todos los días son muy especiales”.

Quizá de Marco Aurelio también he aprendido lo que justifica esta serie de textos, es decir, a mencionar las cosas que he aprendido y mostrar mi agradecimiento sin importarme su procedencia, pues, si no recuerdo mal, en sus Meditaciones dedica varias páginas a recordar a sus maestros y a los filósofos de los que ha aprendido algo, y en ese repaso se mencionan unos cuantos epicúreos.

Esto es lo que recuerdo en este momento que he aprendido de los estoicos. Estoy seguro de que se me olvidan cosas muy importantes, pero tal vez en el futuro pueda hacer un Más cosas que he aprendido de…

 

**********

[Publicado por primera vez el 12 de agosto de 2003]

Cosas que he aprendido de… Aristipo y los cirenaicos

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Cosas que he aprendido del budismo

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Cosas que aprendí de mi padre

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Demócrito, todólogo

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COSAS QUE HE APRENDIDO DE…

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…Demócrito de Abdera

Cosas que he aprendido de…


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…Jesucristo y los cristianos

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Cosas que he aprendido de… los estoicos

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Creadores y desmitificadores

[Nota 2019: esto son unas notas privadas, poco antes de estudiar Filosofía en la universidad]

CREADORES         DESMITIFICADORES          DESMITIFICA_DESMITIFICADORES
platónicos            epicúreos
estoicos                                                         escépticos
aristóteles                   algunos sofistas y los cínicos
Demócrito                                                            Sócrates
Pitagóricos                                                           algunos sofistas

Como esta concepción de la evolución cultural me parece interesante, intentaré desarrollarla. Primero quiero señalar que en los tres grupos del gráfico hay cosas buenas y cosas malas.

El primer grupo es el de los creadores. Sus concepciones tienen un carácter eminentemente dogmático -lo que no impide que algunos sean tolerantes, especialmente Demócrito-, debido precisamente a su intención de crear un sistema sólido. A veces uno de estos creadores puede ser discípulo de un desmitificador de los desmitificadores, como Platón respecto a Sócrates.

Pero, para no utilizar esta terminología confusa y posiblemente errónea, cambiaré los nombres. La cosa queda así:

Sistematizadores         Relativistas             Escépticos

Naturalmente, no utilizo estos terminos buscando su sentido literal, por lo que cualquier discusión lingüística me parece inútil.

Por ‘sistematizadores’ entiendo aquellos pensadores que a partir de datos u opiniones pretenden costruir un sistema más o menos coherente, que pueda explicar la realidad o ayudar a comprenderla. Por ‘relativistas’ entiendo aquellos que creen que es imposible pronunciarse sobre cualquier cuestión, aquellos que, como el escéptico Pirrón de Elis, opinan que “tanto las sensaciones como los juicios nos equivocan; que todo es indiferente e indecible, y que no se puede tener opinión ni preferencia: “su estado mental es el de epojé, donde ni se afirma ni se niega nada”.

Por ‘escépticos’ entiendo aquellos que, más que nada, se ciñen a la etimología de la palabra (repito que esto lo hago por comodidad, no es mi intención meterme en cuestiones lingüísticas), pues escéptico significa ‘el que indaga’. Es decir, los escépticos saben que no existe una Verdad absoluta (como ingénuamente creen los seguidores de Pirrón), es decir, que sólo existen verdades parciales y provisionales (en la ciencia) y, por lo demás, visiones de conjunto que no son ni verdaderas ni falsas, pero que nos ayudan a orientar nuestra acción en el mundo (todo esto lo he sacado de la Enciclopedia Salvat).

He buscado otro término diferente para este tercer grupo (los escépticos) para eliminar la confusión de que la mayoría de los escépticos griegos pertenecen al grupo de los relativistas) pero no he hallado ninguna mejor. Creo, sin embargo, que sistematizadores, relativistas y escépticos son términos fácilmente comprensibles.

Algunas puntualizaciones: los nombres de los tres grupos sólo tienen -ya lo he dicho- un carácter aproximativo, es obvio que los escépticos, e incluso los relativistas pueden ser creadores y que estos pueden ser escépticos o relativistas en mayor o en menor medida. También puede darse el caso de que un relativista haya sido escéptico o cualquier otra combinación, o que sea ambas cosas, por extraño que parezca.

Por ejemplo, si Demócrito hubiese vivido más tarde, posiblemente yo lo incluiría en el grupo de los escépticos, pues Demócrito era antes que nada un indagador, pero en su época había pocos precedentes que examinar (los eleatas, los pitagóricos y los milesios).

Vuelvo al gráfico, incluyendo más nombres:

SISTEMATIZADORES
Platón
Aristóteles
Estoicos
Demócrito
Pitagóricos

RELATIVISTAS                                                 ESCÉPTICOS
Epicúreos                                                             algunos cínicos
Escépticos                                                            algunos sofistas
algunos sofistas                                                  Sócrates
algunos cínicos

He de señalar que aquí, como se ve, sólo me refiero a la época antigua y que las flechas no tienen ningún significado cronológico, pues es evidente que Sócrates, por ejemplo, es anterior a Aristóteles y Epicuro.

A trancas y barrancas voy avanzando en la definición de estos tres grupos. Se podría decir que ahora no hago más que recopilar datos. Más adelante intentaré ordenarlos de manera más coherente.

Por el momento voy a intentar explicar por qué he incluído a quienes he incluído en cada grupo.

Yo mismo no estoy seguro de que mi clasificación sea correcta y quizás rectifique.

Primero, para eliminar desde ya las confusiones -aunque ya está bastante explicado- explicaré por qué incluyo a los escépticos seguidores de Pirrón en el grupo de los relativistas. Los escépticos pirronianos, dice Mosterín, opinaban lo siguiente:

“No podemos decir lo que son las cosas en sí, sólo lo que son en relación a nosotros, como representaciones nuestras. Por tanto, hay que suspender el juicio sobre lo que las cosas sean efectivamente y con independencia de nosotros. Esta suspensión del juicio se llama epojé y costituye el primer paso hacia la sabiduría. De la epojé se sigue la aphasia, la abstención de afirmar o negar, en definitiva, el silencio. Esta epojé y esta aphasia, este abstenernos de enjuiciar y de asertar, acaba por eliminar de raíz las inquietudes, los temores, los problemas, conduciéndonos a la impasibilidad, a la calma, a la tranquilidad anímica (ataraxía) en que consiste la felicidad.”

Y también dicen:

“El fin escéptico consiste en la calma (ataraxía) respecto a las opiniones, y en el equilibrio de las pasiones… A la suspensión del juicio sigue felizmente la calma de las opiniones”. Disueltos los problemas que atormentaban nuestra mente, ésta descansará en el silencio, en la calma, en la felicidad”.

Como se ve, el escepticismo pirrónico tiene muchos puntos de contacto con el zen, aunque el zen cree que no pensando se llega a comprender, mediante la iluminación, la esencia del universo. Aunque de esto hablaré más adelante, he de admitir que los escépticos pirrónicos merecen mucho más respeto que sus modernos paralelos. También el escepticismo explica de manera no mística algo que el zen pretende explicar misticamente.

Hay grandes aciertos en las opiniones de los escépticos griegos (que a veces merecen integrase en el grupo de los ‘escépticos’). Decía Pirrón: “No postulo que la miel sea dulce, pero admito que parece dulce”.

Un escéptico tardío, como Carnéades se halla más cerca del grupo de los escépticos que del de los relativistas.

“En definitiva, aunque ninguna representación es reconocible en el sentido estoico y ninguna es garantía de verdad, sin embargo, unas representaciones son más fidedignas que otras. En consecuencia, tampoco todas las opiniones son indiferentes. Unas opiniones son más probables o verosímiles que otras.”

Lo que demuestra que los escépticos no siguieron el camino marcado por Pirrón y decidieron suspender la suspensión del juicio.

Por ello, rectifico:

RELATIVISTAS                  ESCÉPTICOS
algunos escépticos            Carnéades y otros escépticos

Naturalmente, si alguien me demuestra que todos los escépticos opinaban como Carnéades, los incluiré en el grupo de los ‘escépticos’.


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