Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Poco antes de la presentación en la librería Rafael Alberti, le conté a Juanjo un pequeño secreto o broma que contiene Nada es lo que es. Es cierto que, como digo en la charla con Juanjo, me gusta hacer ciertas bromas, referencias internas más o menos paradójicas y establecer vínculos curiosos entre mis libros. En Nada es lo que es hay varios ejemplos, aunque hay muchos más en Recuerdos de la era analógica. A veces son algo semejante a eso que en informática se llama “huevos de Pascua”, pequeñas bromas o sorpresas que se esconden en programas informáticos o páginas web. Por ejemplo, prueba a escribir en la página de búsqueda de Google lo siguiente:

z or r twice

Sorprendente,  ¿verdad? Se trata de un homenaje al viodeojuego de Nintendo Star Fox.

Otro huevo de Pascua de Google más sutil tiene que ver con la recursividad, los procesos que se contienen a sí mismos, como las célebres imágenes en las que una muchacha sostiene la propia caja en la que está dibujada esa muchacha que sostiene la caja en la que está dibujada esa muchacha que… Etcétera.

Pues bien, como homenaje a la recursividad, si en el buscador de Google escribes la palabra recursión, obtienes la siguiente pantalla:

 

Como puedes observar, Google te sugiere buscar otra palabra relacionada con recursión y esa palabra es… recursión. Si haces clic en el enlace, aparecerás de nuevo en una búsqueda de recursión que sugiere la alternativa recursión. Y así ad infinitum.

Contaré aquí uno de esas bromas o huevos de Pascua entre mis libros, aunque en este caso se trata de un proceso recursivo entre mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas y el de Marcos Méndez El laberinto, historia y mito. En la página 157 de mi libro se puede leer:

“A pesar de ello, en ocasiones los canteros se atrevían a burlarse de quienes les contrataban, como puede verse en los  Juicios Finales de muchas catedrales europeas, o en las gárgolas, en las que a menudo se puede reconocer a personas o instituciones. También se representaban a sí mismos junto a los grandes de la tierra, como muestra Marcos Méndez en su fascinante análisis del laberinto de la catedral de Nuestra Señora de Amiens, en el que tres maestros masones aparecen en el centro de un laberinto, junto  a un obispo y rodeados de ángeles.”
(La verdadera historia de las sociedades secretas)

Por su parte, Marcos Méndez Filesi en la página 160 de su libro, precisamente en el pasaje al que yo me he referido en mi libro, acerca de la catedral de Amiens dice:

“Como nos explica Daniel Tubau en un ensayo muy ameno y documentado, La verdadera historia de las sociedades secretas, los masones surgieron durante la Edad Media de los gremios de constructores y una de sus principales finalidades, como las de otros gremios, era mantener en secreto las técnicas del oficio”

 Méndez Filesi, para aclarar una cuestión, cita en un libro suyo un libro mío en el que yo le cito a él para aclarar la misma cuestión…

Otro vínculo, en realidad un supervínculo, es el que existe entre el propio libro Nada es lo que es y Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

En Recuerdos de la era analógica, uno de los cuentos o ensayos de libro se llama “La identidad” y consiste en varias páginas de una captura de pantalla de la librería digital Amazon. Entre esas páginas se puede ver incluso un índice del libro, libro que, según dicen los antólogos del futuro, no han logrado encontrar en la Arqueo Red:

“La identidad es un ensayo escrito a comienzos del siglo 21. No hemos podido encontrar el texto completo, sino tan sólo varias capturas de pantalla obtenidas de la página oficial de la librería virtual Amazon (que en el 2012 se convertiría en Googlezon).”

En el epílogo al libro (“Textos encontrados”) los antólogos del presente (los del año 2009, no los del siglo 25) añaden la siguiente información a “La Identidad”:

“Se encontró una versión de este ensayo en la página web de Daniel Tubau (www.danieltubau.com), titulada El problema de la identidad, pero en recientes visitas a la página (agosto de 2009) el texto ha desaparecido. El diseñador Aitor Méndez asegura haber utilizado una versión primitiva del texto en sus clases de creación de diseño e identidad, pero tampoco ha podido localizar ninguna copia del escrito. Podría tratarse de un ensayo de próxima publicación.”

Ese ensayo de próxima publicación es, sin duda Nada es lo que es, el problema de la identidad, que se publicó dos años después.

Ahora bien, la pequeña broma o secreto al que se refiere Juanjo en este vídeo no es ninguno de los mencionados anteriormente.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=6VgKZdBgLRc[/youtube]

En cuanto a las paradojas que plantea el célebre problema del barco de Teseo, además de dedicarle un capítulo y otros pasajes más en Nada es lo que es, me he ocupado de ellas en varias entradas, en especial en El barco de Teseo y en Viena reconstruida.

Dos barcos que quizá han dejado de ser los barcos que eran. Fotografía de Jon Wozencroft

*********

La identidades asesinas

En Nada es lo que es, el capítulo Las identidades asesinas de Maalouf está dedicado a la identidad de las naciones. Allí examino cómo se forma la identidad de grupo, recordando el fascinante experimento del matrimonio Sherif con varios grupos de muchachos, lo que me recordó una experiencia personal:

“Yo estudiaba en el colegio Siglo XXI y mis compañeros de curso y yo teníamos la costumbre de hacer carreras de caracoles. En una ocasión, un muchacho gitano, al que se conocía en el barrio por “El piojo” aplastó uno de los caracoles. Eso provocó una tremenda pelea a puñetazo limpio a la salida del colegio entre nosotros y la banda del piojo. Días después, mientras jugábamos un partido de fútbol en un descampado, vimos al Piojo mirándonos a lo lejos. En otras ocasiones, al vernos jugar, él y sus amigos nos habían tirado piedras. Sin embargo, en esta ocasión, uno de nuestros profesores, Alejandro Tiana, llamó al Piojo y, ante nuestra sorpresa y desagrado, le invitó a jugar con nosotros. Supongo que no hace falta decir que el resultado final fue el mismo que el de los experimentos de Sherif: el Piojo acabó convirtiéndose en amigo nuestro”
(Nada es lo que es, el problema de la identidad)

Alejandro Tiana

Por desgracia, cuando no hay alguien capaz de observar y modificar las reacciones de identificación instintivas y las identidades de grupo, como un Sherif o un Tiana, el resultado puede llevar, y a menudo lleva, a la tragedia, como sucede en la novela El señor de las moscas, de William Golding, que también analizo en el libro.

En la charla con Juanjo de la Iglesia durante la presentación de Nada es lo que es, nos referimos a algunos de los peligros de la búsqueda obsesiva de la identidad por grupos, pueblos y naciones. Una identidad que es, como creo que queda demostrado en el libro, casi siempre una invención, pues el origen de casi todas las identidades se encuentra en fábulas o distorsiones históricas a veces tan grotescas, injustas, ridículas o divertidas como algunos de los ejemplos que comento en el libro.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=B1IHvS3_i5c[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

JUANJO: Hay una parte de la identidad… que a veces.. aparecen monstruos. Sobre todo cuando… bueno, el problema… la palabra lo dice, la palabra ya tiene su peso. Pero fíjate que tú estás en tu libro diciendo que crees poco en las identidades muy marcadas. Por decirlo, lo estoy diciendo así sencillamente… Y sin embargo en nombre de la identidad se han cometido tremendos crímenes, pero crímenes de sangre, de muerte, de barbaridades

DANIEL: Sí, sí, bueno, ahí entro en un momento… El libro empieza un poco con la identidad de las cosas, de los objetos, incluso de los conceptos, de las palabras, y luego entro en esas identidades, de las naciones, de los grupos, de los pueblos que se creen diferentes a los demás, que creen que tienen una identidad propia, diferente…

JUANJO: Diferente siempre es mejor, claro…

DANIEL: Diferente es mejor, sí… No es que sea: “Es que somos diferentes porque somos mucho peores que ellos…no, no, somos mejores siempre”. Y entonces entro en esa identidad que, en efecto está en el origen de muchas cosas bastante terribles que le han pasado a la humanidad. Ya puedo anticipar que mi tesis es un poco contraria a la búsqueda obsesiva que hay, que todavía hay por la identidad, intentar definirse: “Soy esto, soy lo otro, soy lo de más allá, soy distinto a este de allí…” Y, claro, en esa parte es donde más se ve esa oposición que tengo… Lo de las cosas y los objetos, pues evidentemente no tengo una oposición tan frontal, si un objeto es o no es… Pero en lo de la identidad de las naciones, la creación de identidades que se pueden enfrentar unos con otros, pues sí, ahí la cosa cambia.

*********

ENTRADAS DE NADA ES LO QUE ES

Helena de Troya y su doble

Leer Más
¿Qué es Nada es lo que es?

Leer Más
¿Qué hay en Nada es lo que es ?

Leer Más
¿Como empieza Nada es lo que es ?

Leer Más
Prejuicios y reacciones de identificación

Leer Más
Todo lo que es Nada es lo que es

Leer Más
La identidad y el chiste de Epicarmo

Leer Más
Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

Leer Más
Acerca de las definiciones

Leer Más
Je est un autre y otras paradojas

Leer Más
Wilde, Chesterton y más paradojas

Leer Más
Canetti y los libros para especialistas

Leer Más
Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Leer Más
La identidades asesinas

Leer Más
Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Leer Más
¿Qué es Nada es lo que es?

Leer Más
Donde comprar Nada es lo que es

Leer Más
Siete maneras de ser, según los jainistas

Leer Más

ENTRADAS DE MEMORABILIA

Intento filosófico 1

Leer Más
Sobre dogmatismo, bluejeans y Coca-Cola

Leer Más
Primera afición al teatro

Leer Más
LEER 18.000 LIBROS

CARTAS CON IVÁN


Leer Más
Intento filosófico 2

Leer Más
Pobrecito mío

Leer Más
Recuerdos de infancia y Feynman

Leer Más
Espíritu de pez, de Pu Song Li: el amor y las convenciones

Leer Más
Teorías sobre mis enfermedades

ENFERMEDAD


Leer Más
Midcult, mass cult y high cult

Leer Más
Jango Edwards en Barcelona

Leer Más
Coincidencias con Proust

Leer Más
El credo de un escéptico apasionado: “No te contagies”

Leer Más
Por qué a un joven no le gustaban otros jóvenes

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
Tener tiempo y hacer muchas cosas

Leer Más
Modelo de portada

Leer Más
El destino y el camino

Leer Más
Oskar

Leer Más
La realidad imita a la ficción

Leer Más
Retrato con una camisa de rosas

Leer Más
Tal como éramos

Leer Más
En Berlín con Lennard

Leer Más
Mi mesa y mis dioses

FOTOGRAFÍA


Leer Más
Felicitación a Bruno en 2004

Leer Más
En el barrio de Argüelles

Leer Más
Uno de mis exlibris

Leer Más
MEMORABILIA

Leer Más
No verse a sí mismo

Leer Más

El uso de la lógica en el razonamiento cotidiano

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Hay nociones absolutamente simples y evidentes por sí, que se  hacen mas oscuras por las definiciones logicas; y tales nociones no deben incluirse entre los conocimientos adquiridos por el estudio” (Principios de filosofía, Punto 10).

Y añade:

“A menudo he advertido que los filósofos se equivocan en esto, porque intentan explicar por definiciones logicas nociones que son absolutamente simples y evidentes de por sí, haciendolas así muy oscuras (Punto 10).”

 Yo también creo que es a veces exagerada la aplicación de símbolos y formulas lógicas a nociones sencillas. Y esto ocurre especialmente en Filosofía de la Ciencia, pues muchos autores son muy aficionados al uso de símbolos lógicos. Un uso que yo no desestimo en absoluto, ni niego sea útil, pero escribir todo un libro de  filosofía con fórmulas lógicas, como casi  hace Rivadulla, me parece una exageración.

De todos modos, hay que reconocer que para alguien que  tenga un conocimiento de la lógica similar al que puede tener un compositor  respecto de la música, tal uso de la lógica  no resultará  exagerado.

He de confesar mi ignorancia en lógica, porque sólo soy capaz de entender nociones o fórmulas lógicas muy sencillas sin necesidad de traducirlas al lenguaje cotidiano. Es decir, si yo veo un Modus Ponens:

Lo puedo entender mirando los símbolos, pero lo entiendo mejor si digo (aunque sea mentalmente): “Si A, entonces B; A, luego  B”.

Sin embargo, cuando veo los símbolos 2+2=4,  no necesito hacer esa traducción, sino que la comprensión se produce casi tan instantáneamente como la percepción de los signos.

Además, en cuanto una fórmula lógica es medianamente compleja, necesito elaborar una ‘ejemplificación’,  es decir, imagino: “Si todos los británicos son europeos y todos los  europeos son blancos, etc”, algo que tampoco tengo necesidad de hacer en matemáticas, donde no necesito pensar:  “Dos manzanas más dos manzanas son igual a cuatro manzanas”,  sino que me basta  con pensar de modo abstracto en dos unidades sumadas a otras  dos unidades.

En consecuencia, entiendo que mi poca familiaridad intuitiva con las fórmulas lógicas es una deficiencia personal y que es posible que para algunas personas “leer” lógica sea lo mismo que leer castellano. A esas personas quizá les resulte útil la inclusión de fórmulas  lógicas.

Ahora bien, aunque sean útiles, creo que el uso de demasiadas fórmulas lógicas puede llegar a resultar engañoso y que raramente son imprescindibles.

“Los pingüinos son blanco y negro, los viejos shows de televisión son blanco y negro, por lo tanto, algunos pingüinos son viejos shows de televisión”. [LÓGICA: otra cosa en la que los pingüinos no son muy buenos].

Nota en 2012: Aunque más o menos estoy de acuerdo con lo que dije en este apunte, y creo que no hay que abusar de la lógica, no se me oculta que en muchas ocasiones recurrir a una fórmula lógica puede solucionar también con rapidez una confusión. Por ejemplo, son muchísimas las personas que confunden razonamientos elementales como los que se expresan en el modus ponens y en el modus tolens. Demasiado a menudo se cae en errores lógicos de parvulario al concluir, por ejemplo, que si todos los A son B entonces un B es necesariamente A. Nadie suele creer, después de una frase como “los alemanes hablan alemán” que cualquiera que hable alemán sea también alemán, pero en cuanto los términos del razonamiento no son tan inmediatamente evidentes, es frecuentísimo que se cometa el error antes descrito, o el del pingüino del chiste.

Nota en 2015: Esta breve nota de mi lectura de Principios de la filosofía de Descartes es, junto a Fuerzas de atracción, la entrada más visitada de todo mi sitio web. Ignoro la causa.


[miércoles 17 de enero de 1990]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

 

Share

Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Genji Monogatari

 

En la Historia de Genji, de Murakami Shikibu, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami, y tal vez con algunos rasgos taoístas llegados a través de Corea o China.

Del budismo y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas o reencarnaciones sucesivas, hay bastantes ejemplos, como aquel en el que el protagonista, el joven Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:

“Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él”.

Genji, en definitiva, no consigue explicarse su obsesión por aquella mujer y piensa que ello ha de deberse a algo que sucedió en una vida anterior. Desde su punto de vista, es una conclusión perfectamente razonable. Como dije en Algunas aproximaciones a la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: en realidad, ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior. Nuestros sentimientos actuales son una herencia de los que tuvimos en otras existencias.

En definitiva, la doctrina del karma, de las causas y efectos que se prolongan no en una vida sino en vidas sucesivas es una forma de las formas más extremas de causalismo (y probablemente de materialismo). Es otro ejemplo más de eso que he llamado espiritualismo materialista, el tremendo apego de los espiritualistas a las explicaciones causalistas e incluso materialistas. Se explica muy bien en El espiritualismo materialista, uno de los textos recogidos en Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel TubauEL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA  (en Recuerdos de la  era analógica)

Se trata de un examen de la asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?



Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

¿Qué es Recuerdos de la era analógica?

 

 

 

[Publicado el 9 de febrero de 2010 en Improbable]

 

Cuaderno de Japón


A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

LIBROS PUBLICADOS


COMENTARIOS RECIBIDOS A ESTA ENTRADA

 Ana Aranda (27 de enero de 2010)

A lo mejor es eso a lo que se refiere el budismo. Al final tampoco se puede decir que ese atómo o trozo de yoquesé somos nosotros. Esto me recuerda también a San Agustín y el problema que se ma va montar el día del juicio final, sobre todo con los caníbales!!!!
je je

Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Bueno, en el budismo, así como en el hinduismo, se considera que nos reencarnamos enteros. Si tenemos mala suerte, en perro o en mujer, si tenemos buena suerte, en un brahman o un kasitra (guerreros). En el budismo supongo que no ponen en el mismo escalafón a perros y mujeres, cosas que sí hacen las doctrinas védicas.
Sí, lo de Agustín está muy bien observado.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

Muy bueno lo que dices. Gracias por la explicación. La verdad es que lo de las reencarnaciones tiene mucho sentido si pensamos que existe algo parecido al eterno retorno. La cuestión es -y esto no sé cómo lo resuelve el budismo- en el caso de que nos reencarnáramos, quizá nuestros pequeños trocitos de cuerpos podrían reencarnarse en muchas cosas -y no sólo una- un átomo de perro, una pizca de jarrón, una ameba… en fin todo nuestro yo repartido por las cosas que hay en el mundo hasta disolvernos en algo demasiado pequeño para existir como un ser. Si bien y según dice la ciencia sería una transformación. En fin en el caso de que las reencarnaciones existieran, podríamos entender efectos como el déjà vu. Gracias de nuevo.

 Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Muy interesante lo que dices: nos podríamos reencarnar a la manera homeopática, disolviendo nuestro ser en millones de seres hasta hacernos tan indistinguibles e ineficaces como el agua que venden los homeópatas.
De hecho, lo que dices ya existe, como tú misma insinúas, pues nuestro cadáver se disuelve, dando vida a gusanos, insectos y nutriendo la tierra, así que por algún lado seguirá flotando una molécula o átomo que algún día perteneció a Shakespeare y que quizá compartió siglos más tarde Caruso, quien la expulsó por su poderosa garganta.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

De causalismo extremo creo que lo entiendo, pero lo de materialismo se me escapa. ¿A qué te refieres?

  Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Sí, tienes razón, tal vez se podría imaginar un mecanismo espiritualista de trasmisión de esas causas y efectos a través de las sucesivas reencarnaciones, aunque en el budismo se suele hablar en términos bastante materiales de los espíritus o del Yo que se reencarna. Como en casi todas las creencias espiritualistas, por cierto, antes de que las grandes religiones monoteístas crearan ese absurdo que es el puro espíritu, distinto y separado de la materia. Hay que tener en cuenta que la energía es también materia en todas sus formas conocidas: electricidad, fuego, viento, calor, etc. En definitiva, lo que quería decir es que hay algo que se reencarna y ese algo es materia de algún modo, un ser. Como quizá sabes, la meta del budismo es dejar de reencarnarse, dejar de ser, convertirse en nada, que es tal vez lo que más se parece al espíritu y menos a la materia.
En fin una respuesta que espero responda a lo que dices, a pesar de lo enrevesada que me ha quedado.

Share

La teoría hologramática del cerebro

La teoría hologramática del cerebro compara el cerebro o alguna de sus facultades, como la memoria, con un holograma. Imaginemos una fotografía de una mujer y un holograma de la misma mujer.

Si dividimos la fotografía en dos, en una parte tendremos el cuerpo de la señora y en la otra las piernas.

Sin embargo, si dividimos el holograma en dos, no sucede eso, sino que en cada parte del holograma tendremos entera la imagen de la mujer. Y si seguimos dividiendo el holograma, seguiremos teniendo la imagen completa en cada parte.

hologram-6

Esta asombrosa particularidad de los hologramas ha sido comparada con algunos descubrimientos hechos en pacientes que tenían dañadas áreas del cerebro vitales y a pesar de ello mantenían las facultades normales de cualquier persona.


 

[Escrito en 1999]

[Creo que leí por vez primera esta teoría hologramática del cerebro en el libro de Karl Pribram y J.Martín Ramírez Cerebro, mente y holograma, que leí en 1988].

 

Este texto es un comentario de 1999 a mi lectura de Los principios de la filosofía de Descartes.

  ********

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

Share

Programas de investigación deductivos

LavoisierNo se puede decir de una manera absoluta que sea imposible llevar a cabo un programa filosófico deductivo (deducir todo a partir de ciertas premisas o principios).

Sin embargo, ese tipo de programas plantea dificultades de todo tipo, que lo hacen muy poco plausible:

1) Hay que saber cuáles son las premisas correctas de las que partir.

2) Hay que dar por supuesto que en la realidad existe una continuidad absoluta.

3) Incluso aunque se dé una continuidad tal en la naturaleza, puede que haya lagunas entre uno y otro territorio.

Hoy en día, por ejemplo, existe un hiato que separa la física de la química. Es decir, no se puede deducir la química a partir de la física. Falta algo para que se establezca ese nexo. Quizá en el futuro se tienda el puente que una esas dos ciencias, pero difícilmente se conseguirá deduciéndolo a partir de los datos físicos y químicos que se conocen hoy en día: habrá que encontrar nuevos elementos o datos, quizá más sencillos, quizá más complejos.


 

[Escrito en 1999]

 

Este texto es un comentario a El programa de investigación de Descartes (Lectura de Los principios de la filosofía, de Descartes)


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

Share

El sueño de Leibniz

Podemos imaginar que Descartes es un personaje soñado por Leibniz. Cuando Leibniz se va a dormir, en su sueño aparece Descartes, que empieza a filosofar y a decir que, puesto que piensa, entonces existe.
Pero entonces Leibniz se despierta y recuerda el sueño con gran precisión. Se ríe de ese personaje soñado que se cree real.
Un día, Leibniz deja de soñar con Descartes.
Fin de Descartes.

Se dirá: “¡Ah, pero entonces es que Descartes es Leibniz!”.

A lo que yo respondo con una pregunta: “¿Usted es todos los personajes de sus sueños?”

Si seguimos por este camino, nos encontraremos con diversas variantes:

Leibniz sueña con Descartes sólo las noches en que toma una copa de vino Tokay.

El soñado Descartes empieza a sospechar si no será un personaje de sueño, quizá un personaje de un sueño de Leibniz.

Un Leibniz soñado le explica a Descartes que los sueños con él se van a acabar. Descartes está decepcionado y aterrado.
__No te preocupes dice Leibniz- seguirás existiendo, porque tú eres yo.
__¡Sacre bleu!-exclama Descartes- tú tienes un carácter diferente al mío y lees libros que a mí no me interesan. Si me disuelvo en ti, dejaré de ser yo!

El argumento final de Descartes se puede aplicar también a aquellos que piensan que seguirán existiendo en la energía inagotable del cosmos, en los gusanos que devorarán su cadáver o en el ciclo perpetuo de la materia en sus continuas transformaciones.


Este texto es un comentario que hice en 1996 a la anotación a Principios de Filosofía: ¿Es una certeza “Pienso, luego soy?”

 

********

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

 

Share

El programa de investigación de Descartes

Principios de la filosofía comienza con un prefacio de Descartes en el que comenta al traductor (el original era en latín, por lo que se dirige al traductor francés) la conveniencia de explicar el  contenido del libro. A Descartes le preocupa que el publico se sienta cohibido por el título de la obra y pone bastante cuidado en explicar qué son esos “principios” a los que se refiere el título de su obra:

“Para que el conocimiento sea  tal,  es necesario que se deduzca de las primeras causas, de suerte que, para tratar de adquirirlo, y a esto es a lo que se llama propiamente filosofar, es preciso empezar por la  investigación de las primeras causas, es decir, de los principios. Estos principios deben reunir dos condiciones: en primer lugar que sean tan claros y evidentes que el espíritu humano no pueda dudar de  su verdad cuando los considera  con atención; en segundo lugar, que el conocimiento de las otras cosas dependa de ellos, de suerte que los principios puedan ser conocidos sin esas cosas, pero no estas sin aquellos”.

 Más adelante, añade:

      “Es preciso intentar deducir de estos principios el conocimiento de las cosas que dependen de ellos, de tal modo que, en toda la serie de deducciones que se hagan, no haya nada que no sea muy manifiesto.”

Es decir, Descartes propone un programa similar, al que proponen los empiristas lógicos, y los positivistas, que, evidentemente, son partidarios del empirismo y no del racionalismo cartesiano, es decir, el  Círculo de Viena.

Este programa consiste en partir de unos axiomas, premisas básicas o elementos atómicos (por ejemplo, como hace Wittgenstein en el Tractatus), y a partir de esos elementos atómicos deducir todo el resto de lo que existe [Ver acerca de los programas de investigación: Programas de investigación deductivos]

Es un programa que a muchos les ha parecido sensato, como demuestra que se haya intentado llevarlo a cabo tanto por los empiristas como por los racionalistas. Pero a mí, este tipo de programas o propuestas me parecen un desvarío bastante notable. Intentaré explicar por qué.

En primer lugar, este programa parte de la idea de que pueden descubrirse un número limitado de primeras causas, a partir de las cuales se podrá deducir todo lo que existe.

Esto es lo mismo,en el fondo, que decía Hegel,  si no me equivoco,  pero que han  dicho también otros  filósofos y algunas religiones: la afirmación de que en un grano de arena está contenido todo el universo y que, por tanto, basta contemplar ese grano de arena para conocer todo el universo. Eso es, más o menos, lo mismo que dice la teoría hologramática del cerebro o de la realidad.

Bien, yo no estoy de acuerdo con este tipo de ideas porque me parece que es una manera de filosofar que pone el carro  delante del caballo. Quiero decir: no se puede pretender que conozcamos cosas sobre las  que ni siquiera hemos puesto nuestra atención, incluso cosas  cuya existencia ignoramos, a través de la observacioín de unos principios obtenidos mediante nuestra modesta observación preliminar de otras cosas que sí conocemos, o que creemos conocer. Ni siquiera se puede saber  qué tipo  de experimentos convendrían para cosas que aún no sabemos siquiera que existen. Este es un absurdo que se comete una y otra vez en  filosofía e incluso en ciencia.

Todos estos programas deductivos de la naturaleza cometen ese mismo error. Creo que el único programa de investigación que se puede adoptar para examinar la naturaleza es uno que consista en cosas como el rigor, contrastacion, experimentación, etcétera (es decir, principios bastante vagos). Pero lo que tampoco se puede saber siquiera es qué tipo de experimentos convendrán para cosas que aún no sabemos siquiera que existen. Primero investiguemos,busquemos, encontremos esas cosas y, a partir de ahí, establezcamos teorías acerca de esas cosas, teorías que puedan ser contrastadas o refutadas por experimentos.

Por tanto, niego la validez de ese tipo de filosofías deductivas, como niego la de las filosofías logicistas, que sostienen que a partir de axiomas y reglas de formación se puede deducir la estructura de la realidad. No creo, por ejemplo, que a partir de axiomas lógicos o matemáticos se pueda deducir si Jupiter tiene doce o veinte lunas.

*******


NOTA EN 2012

Lo del universo en un grano de arena pertenece, claro, a un hermoso poema de William Blake:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

Me siento más cercano a lo de Blake que a la idea de deducir de manera lógica todo el universo a partir de un grano de arena, por razones que explicaré, supongo, en otros comentarios a los Principios de Filosofía de Descartes. Lo curioso es que el poema de Blake es también una premonición de la ciencia moderna, a pesar de que él, en principio, estaba contra la ciencia. Pero la personalidad de Blake es demasiado compleja, como dije en El tigre, de Blake.

Otra versión de la misma idea, precisamente en relación con la teoría hologramática de la realidad, es un poema de mi padre, Iván Tubau, que escribió tras una conversación que mantuvimos acerca de la holografía. Puedes leerlo aquí: Anaxágoras.


  ********

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[Escrito en enero de 1990]

 

Share