Velocidad y realidad

Cómo es el mundo /2

H.G._Wells_,_c1890

H.G. Wells mostró en El nuevo acelerador (1901) que si percibiésemos a distinta velocidad el universo podría resultarnos muy diferente de como lo concebimos de manera habitual. El narrador del cuento, podemos suponer que el propio Wells, nos revela el descubrimiento que ha hecho el profesor Gibberne: una droga llamada Nuevo Acelerador:

“Yo he probado varias veces la droga, y lo único que puedo hacer es describir el efecto que me ha producido. Pronto resultará evidente que a todos aquellos que andan al acecho de nuevas sensaciones les están reservados experimentos sorprendentes”.

Tras patentar diversos estimulantes, Gibberne busca uno “que afecte todos los órganos, que vivifique durante cierto tiempo desde la coronilla hasta la punta de los pies, y que haga a uno dos o tres veces superior a los demás hombres”.  Una droga que permitiría pensar y actuar el doble de rápido. Gibberne lo consigue, pero la droga no duplica, sino que multiplica la aceleración de la percepción. El profesor y el narrador prueban al mismo tiempo la droga y comienzan a percibir el mundo de manera diferente. La consecuencia es que al percibir a gran velocidad, el mundo parece moverse a cámara lenta:

—¿Ha visto usted alguna vez delante de una ventana una cortina tan inmóvil como esa?

Seguí la dirección de su mirada y vi el extremo de la cortina, como si se hubiera quedado petrificada con una punta en el aire en el momento de ser agitada vivamente por el viento.

—No —dije yo—; es extraño.

—¿Y esto? —dijo Gibberne, abriendo la mano que tenía el vaso. Como es natural, yo me sobrecogí, esperando que el vaso se rompería contra el suelo. Pero. lejos de romperse, ni siquiera pareció moverse; se mantenía inmóvil en el aire

—En nuestras latitudes —dijo Gimbberne—, un objeto que cae recorre, hablando en general, cinco metros en el primer segundo de su caída. Este vaso está cayendo ahora a razón de cinco metros por segundo. Lo que sucede, ¿sabe usted?, es que todavía no ha transcurrido una centésima de segundo. Esto puede darle una idea de la actividad vital que nos ha dado mi Acelerador.

En realidad, todo el universo parece congelado, excepto ellos dos, que hablan, perciben y se mueven a gran velocidad.

Hoy en día podemos entender lo que Wells anticipaba gracias a las cámaras que reproducen la realidad a altas y a bajas velocidades o el ralentizado y acelerado posterior de lo grabado en montaje. O el célebre efecto time bullet de Matrix.

Efecto time bullet en Matrix. En “El nuevo acelerador” se describe la caída de un vaso de una manera similar: “Empezó a pasar la mano por encima, por debajo y alrededor del vaso, que caía lentamente. Por último, lo cogió por el fondo, lo atrajo hacia sí y lo colocó con mucho cuidado sobre la mesa”.

Gracias a este efecto de congelado del tiempo (freeze time) podemos ver la realidad de manera muy parecida a como la ven los dos protagonistas del cuento de Wells, para los que el mundo parece casi detenido o moviéndose a una velocidad lentísima:

“—La gente se fijará en nosotros.

—De ningún modo -respondió el profesor Gimbberne-. Fíjese usted en que iremos mil veces más de prisa que el juego de manos más rápido que se haya hecho nunca. 

Y así sucede, en efecto. Van a un parque, roban un perro a una señora sin que nadie se dé cuenta y viven varias aventuras mientras que en el exterior apenas ha transcurrido el tiempo:

“Prácticamente habíamos estado corriendo de un lado a otro, y diciendo y haciendo toda clase de cosas, en el espacio de uno o dos segundos de tiempo. Habíamos vivido media hora mientras la banda había tocado dos compases. Pero el efecto causado en nosotros fue que el mundo entero se había detenido, para que nosotros lo examináramos a gusto”.

Efecto de congelado temporal (time freeze) en Carousel. Estas escenas se ven como si fuera la mirada subjetiva de los dos personajes de H.G.Wells en “El nuevo acelerador” moviéndose por el lugar.

El único problema para los dos personajes, que no siempre han tenido en cuenta los superhéroes superacelerados como Flash, es que su movimiento hace que entren en combustión: “El frotamiento del aire! —grité yo—. El frotamiento del aire. Vamos demasiado aprisa. Parecemos aerolitos. Es demasiado calor”.

Tras perfeccionar y corregir algunos detalles del Nuevo Acelerador, el profesor Gibberne se dedica a crear una nueva droga de efectos contrarios, el Retardador. Pero de eso hablaré en otro artículo de esta serie.

 Continuará…

Ver también: Una realidad cambiante (Cómo es el mundo 1)

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Cómo es el mundo

CÓMO ES EL MUNDO: una realidad cambiante

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Originally posted 2007-09-22 12:02:57.

2.7 Conclusión

democrito

Sólo queda por comentar una cuestión que es tal vez la central en todo estudio de la ética aristotélica: el de su misma definición. La de Aristóteles es el ejemplo más repetido y el modelo más señalado de ética eudemonista, y además teleológicamente eudemonista. Sin embargo, ambos conceptos nos son tan trasparentes, ni su aplicación tan evidente como pueda parecer.

Si no un error, la definición de la ética aristotélica como eudemonista puede ser una gran simplificación, o la descripción de un hecho trivial, pero no carente de consecuencias.

¿Es la ética de Aristóteles, en definitiva, eudemonista?

Parece serlo, desde el momento en que el propio Aristóteles así lo afirma, pero, como se ve claramente en el texto citado en la nota 9, también las demás éticas a las que se enfrenta lo son (a excepción tal vez de la de Platón): Todos los hombres están de acuerdo en que el bien supremo es la felicidad. Esto significa que la ética de Aristóteles es eudemonista, sí, pero de un modo semejante a como la física es materialista, o la matemática “calculista”. es decir, que el hecho de que aquello que estudian, y admiten estudiar, los físicos sea la materia (lo que Aristóteles definiría como el ente móvil), no significa ni mucho menos que todos ellos (los físicos) tengan un mismo concepto de qué sea la materia. La materia, tal como se define, por ejemplo, por las teorías más avanzadas de la Física actual, no se parece en nada a la materia tal como fue entendida hasta finales del siglo XIX. Los físicos actuales, aún reconociendo que se dedican a estudiar los fenómenos puramente físicos, y no los espirituales, no los biológicos, por ejemplo, pueden llegar no sólo a cuestionar la noción clásica de materia, sino a definir ésta como algo muy cercano a eso que se llamaba espíritu. Con ello, se ve que incluso una actividad definida como materialista, puede al final cuestionar su mismo presupuesto central cuando llega el momento de definirlo. Lo mismo sucede con la ética de Aristóteles: el fin de la misma es la felicidad, por supuesto, pero también lo es para la ética de Demócrito, la de los epicúreos, la de los estoicos (sutilezas terminológicas aparte) y muchas otras. Intentar acercarse a la ética aristotélica desde la oposición que enfrenta a las éticas eudemonistas con las no eudemonistas, o materiales frente a formales (que suelen fecharse a partir de Kant) es correr el riesgo de malinterpretar y no llegar a comprender la especificidad misma de la ética aristotélica, e incluso de ni siquiera ver los puntos de contacto que se pueden establecer entre ella y algunos de los desarrollos propuestos por las llamadas éticas no eudemonistas y las de los valores. La causa de esta confusión que lleva frecuentemente a un estéril academicismo terminológico en el que los perfiles de las palabras impide ver el trazo conceptual, tal vez se halle en el propio Aristóteles.

Porque Aristóteles se plantea varias cuestiones que quizá no sean equivalentes. Se pregunta, en efecto cuál es el fin al que deben aspirar los hombres, y cuál es el fin al que quieren aspirar los hombres. Se pregunta, dicho de otro modo, cuál sería el estado ideal que definiría al hombre feliz, pero también cuál es la función propia del hombre, que éste tiene que cumplir para ser verdaderamente hombre. Por ello, la ética de Aristóteles parece exigir, o al menos eso me parece, el cumplimiento de unas condiciones fundadas ante todo en el vivir conforme a la razón. A quien cumple estas condiciones no le está asegurada la felicidad en su pleno sentido, de tal modo que si le preguntáramos si es feliz por cumplir los dictados de la razón, podría respondernos: “No lo sé, pero sé que sería infeliz si no pudiera [o no pudiera intentar] cumplirlos”. No me es posible tratar con el rigor y extensión precisos este asunto, ni tampoco el de la concepción teleologista de Aristóteles, que ha causado no menos confusión en sus comentadores.

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ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

2.6 Pensamiento, palabra y acción

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.3 Los bienes exteriores

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

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1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

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Introducción

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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La felicidad y los tres modos de vida

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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ÍNDICE

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


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2.1 La ética de Demócrito

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2.7 Conclusión

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CUADERNO DE FILOSOFÍA

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Originally posted 1992-12-14 12:01:39.

Cuenco iluminado

No cabe duda de que con una buena cámara se pueden lograr buenas fotografías. También es cierto que las lentes permiten alcanzar resultados únicos, tanto al fotografiar un detalle con macro o lentes de aproximación como al emplear un gran angular o un teleobjetivo. También el tipo de encuadre y la posición de la cámara respecto a lo fotografiado es importante. Eso parece indiscutible, pero creo que todo eso no invalida que el elemento fundamental de la fotografía es la luz. Gracias a la luz, podemos transformar la realidad percibida de manera radical y hacer que un objeto en apariencia feo y sin interés, como un trozo de plástico, la esquina de una mesa o una superficie rugosa vulgar adquieran una insospechada belleza.

Cuenco verde (fotografía de Daniel Tubau). El cuenco es probablemente bonito en sí mismo, pero me gusta más en esta fotografía que cuando lo tengo delante. Lo compré porque se parecía un poco a mi cerámica favorita, el celadón. En la fotografía se parece más.

Este pequeño milagro de la luz me lleva a preguntarme varias cosas.

En primer lugar, cuando vemos ese hermoso objeto en la fotografía: ¿es un efecto de artificio porque la cámara, la lente y la luz han creado algo que no existía? Es decir,es un efecto ajeno a la realidad, que podríamos comparar a la visión de un artista en un dibujo, una pintura o una ilustración. ¿O más bien, el milagro fotográfico ha consistido en mostrarnos algo que estaba ahí pero que nosotros no habíamos sido capaces de ver?

Como es obvio, la realidad tal cual no existe para nosotros, sino tan solo la realidad percibida, la conjunción de lo que perciben nuestros sentidos y lo que interpreta nuestro cerebro con las cosas que están ahí fuera. Pero lo que registra una fotografía también lo podemos percibir nosotros, una vez que ya lo tenemos delante, fotografiado. No es algo inaccesible a nuestros sentidos, ni mucho menos. Podríamos entonces preguntarnos si lo que hace el arte fotográfico, más que mostrar la realidad, es ponerle filtros, del mismo modo que los pone nuestra percepción y nuestro cerebro.

Es sabido que esos filtros se pueden superponer a nuestra percepción también mediante drogas alucinógenas, como el ácido o la ayahuasca. La pregunta sería entonces: ¿esas drogas nos permiten ver la realidad tal cual es, como aseguran sus entusiastas, o más bien nos permiten aplicar filtros a la realidad?

Me inclino por esta segunda opción, por el momento. Lo que no significa que poner filtros mediante drogas o efectos fotográficos sea más o menos real que hacerlo mediante el funcionamiento cotidiano de nuestra percepción, producto de millones de años de evolución. Porque me da la impresión, pero puedo equivocarme, de que esos filtros, esa modificación de lo percibido, procede casi en exclusiva de nuestro cerebro que de los instrumentos de percepción. Depende más de cómo procesamos los estímulos que de una modificación del medio o de nuestros receptores sensoriales, como nuestra retina, por ejemplo (lo que tampoco es descartable, pero probablemente no es lo fundamental). Todo esto me lleva a sugerir, pero solo a modo de hipótesis provisional, que la modificación de la percepción que producen los alucinógenos se parece más a la manipulación digital de una fotografía que a los mecanismos que usamos al tomar esa fotografía, como lentes, encuadres o el manejo de la luz.

Dicho de otra manera: sea cual sea la respuesta a la pregunta de si la cámara percibe lo que siempre estuvo allí, o si más bien pone algo que no estaba allí, sabemos que una vez tomada una fotografía, se puede trasformar mediante manipulación digital al 100 por 100. De la manera más básica mediante filtros diversos, y de la manera más compleja pixel a pixel, de tal modo que aparecerán cosas que sin duda no estaban ahí, ni en la realidad percibida ni en la misma fotografía. Creo que el mecanismo de los alucinógenos puede ser semejante, pero que no funciona como una cámara de fotos, sino como una cámara de vídeo, lo que da paso a otras preguntas, a las que no intentaré responder en este momento.

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ÁLBUM DE FOTOS Y TEXTOS

Acerca de las descripciones

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Metáforas del cuenco

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Mi mesa y mis dioses

FOTOGRAFÍA


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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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Originally posted 2017-07-22 10:12:30.

Cuenco lleno

Cuenco

Se cuenta que un investigador europeo interesado en el budismo visitó en una ocasión a un maestro zen. El investigador contó al maestro lo que sabía del zen y demostró que conocía todas las distinciones y todas las escuelas budistas. El maestro entonces le ofreció tomar un té y empezó a verter el líquido sobre el cuenco.

Mientras continuaba hablando, el investigador se dio cuenta de que el cuenco de té ya estaba lleno, pero el maestro seguía sirviéndolo como si no pasara nada. Cuando el té inundó la mesa, el visitante dijo: “Perdone, maestro, pero hace rato que ya no cabe más té en el cuenco”. El maestro sonrió, dejó de servir el té y dijo: “Lo mismo le sucede a usted: ¿cómo pretende aprender algo nuevo si antes no vacía un poco su mente?”.

 

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ÁLBUM DE FOTOS

Acerca de las descripciones

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Mi mesa y mis dioses

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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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Originally posted 2013-11-06 23:45:04.

La duda cartesiana y la vida practica

Después de decir Descartes en sus Principios de Filosofía que se debe dudar de todo al menos una vez en la vida, añade:

“Mientras tanto, esa duda no debe afectar a la practica de la vida” (Punto 3).

Este es, evidentemente, un precepto mucho mas pragmático que otros de los que da Descartes y no está mal.

Ahora bien, una vez establecida la duda, y tras la reflexión posterior, quizá si se produzca una modificación de la vida, porque resultaría bastante triste, además de sospechoso, que un acto de reflexión profunda no modificase en nada nuestro carácter, nuestra manera de vivir o nuestra actitud. Aquí quizá habría que recordar a Juan de Salisbury, quien opina que el filosofo debe seguir en su vida práctica las consecuencias a las que le conduce su reflexión teórica, en oposición a aquellos que piensan que teoría y práctica no tienen relación, como ha podido verse en el caso Heidegger. En el caso de Wittgenstein, aunque a veces no fue consecuente con ello, hay que reconocer que el filosofo vienes opinaba como Juan de Salisbury.

Por otra parte, lo que dice Descartes es lo que decía el escéptico Sexto Empírico. Otra coincidencia más de Descartes con los escépticos, en la que quizá debemos percibir también un consejo para mantener cierta prudencia en cuestiones polémicas (en especial, claro, con la doctrina de la Iglesia católica).

NOTA 1996
El caso más extremo de divorcio entre teoría y práctica es Schopenhauer. Sin embargo, hay que poner un matiz: la reflexión teórica puede llegar a conclusiones que después no es tan fácil llevar a la práctica. La razón es que, al igual que sucede en Física, la reflexión moral trata de situaciones idealizadas, sin tener en cuenta cosas como la fricción, la irregularidad del terreno, la no esfericidad perfecta de una esfera de metal, etcétera, que sí se dan en la realidad.

NOTA 1999:
Esta es una buena idea, que voy a intentar desarrollar en otro lado. Por ahora la voy a poner en Cronos 5, para no olvidarme de ella.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 15 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-17 23:25:00.

Una interpretación del taoísmo

Dice Giuseppe Tucci en su interesante  Apología del taoísmo:

“Nadie dejará de reconocer las innegables ventajas que una concepción semejante [dominar la naturaleza]  ha traído. A ella se deben las conquistas de la ciencia, el mejoramiento de las condiciones de la vida. Pero por todo esto que hemos ganado, ¿cuánto no hemos perdido? Y los progresos técnicos o científicos ¿representan verdaderos progresos cuando no van acompañados de una refinada sensibilidad ética, un mejoramiento de costumbres, un reavivamiento del sentido religioso?”

Este es un planteamiento que quizá podemos aceptar sin demasiadas dificultades: el progreso científico puede tener consecuencias negativas si no es empleado de una manera sensata y ética. No se entiende, sin embargo, qué tendría de bueno ese “reavivamiento religioso” que Tucci parece echar de menos. Sigamos leyendo:

“En el fondo, hay más que temer de la viquiana [por Giambattista Vico] barbarie de la reflexión que del plácido ascetismo del monje budista o taoísta. La cruel última guerra mundial demuestra cuán distintos son los caminos de la inteligencia y del corazón y cómo la ciencia, puesta al servicio de las malas causas, merece que se la desprecie antes que se la celebre. Es bien cierto que hoy se va de Roma a Pekín en un tiempo por lo menos diez veces menor que en el pasado; pero ¿han mejorado por esto las almas? Por mi parte, lo dudo mucho”.

Aquí ya la cosa empieza a moverse en terrenos que nos resultan familiares, más que nada por la distorsion a través de dicotomías imposibles: ¿es que alguien va a decir que hay que alabar a la ciencia “puesta al servicio de las malas causas”? Supongo que no lo dirá nadie, como nadie dirá que haya debamos alabar al primitivismo “puesto al servicio de las malas causas” o al taoísmo “puesto al servicio de las malas causas”. Nadie en su sano juicio o que no sea un inmoral elogiará ninguna cosa “puesta al servicio de las malas causas”. Pero con esa proposición absurda ya ha teñido de negatividad la ciencia.

También empiezan las asimilaciones caprichosas, como pensar que la Primera Guerra Mundial es un ejemplo de los “caminos de la inteligencia”, es decir de ese mundo de la razón que detesta, cuando muchos pensamos que esa guerra fue un reflejo del poder de los instintos, de los impulsos, del sentimiento intuitivo e irracional que impulsa a los nacionalismos, es decir, de lo que Tucci llama, con esa metáfora de casquería a la que tantos son devotos, “los caminos del corazón”. Continuémos: 

“Este correr, este afanarse, este anhelar, no tiene, en el fondo, otro objeto que hacer la cartera más pingüe y la vida más cómoda y bajo el hálito de ese craso materialismo que parece amenazar con ahogar los impulsos de toda noble y desinteresada idealidad, de la que el grupo de los poderosos está siempre dispuesto a reírse, pierde valor todo cuanto no tenga una utilidad práctica e inmediata”.

Como ya he dicho, el de Tucci es un discurso típico y mil veces repetido en el que se mezclan mentiras, verdades y medias verdades. Pero podemos preguntarnos: ¿en qué han empeorado las almas?, ¿respecto a qué? ¿Respecto a la barbarie de los siglos pasados, cuando las mujeres no eran siquiera seres humanos o ciudadanos de pleno derecho, ni tampoco lo eran los negros, ni tampoco los esclavos, ni siquiera los trabajadores? ¿Se puede refinar mucho el alma cuando el cuerpo es maltratado?

Sería fácil seguir, pero no lo haré, para no dejar que mi pensamiento también se desboque en frases grandielocuentes.

Convendría decir quizá y podríamos aceptarlo: “A nuestras almas todavía les queda un largo camino por recorrer” o algo parecido. Pero decir que hemos perdido algo, decírnoslo a nosotros, que como Tucci, espero, sabemos cuál ha sido la historia del mundo en los últimos siglos, la historia del mundo antes de esa contaminación de la inteligencia y la ciencia, resulta casi impúdico.

Más adelante dice:

“Las mismas leyes, que se han hecho tan casuísticas y minuciosas, atestiguan, en sustancia, que ha aumentado en nosotros la voluntad y la capacidad de pecar, las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión, y no hay casi otro campo en donde los hombres den muestra de su codicia y de su refinada astucia como en el arte de engañar al prójimo”.

Ahora bien, si alguien señala a Tucci algún acto bondadoso (seguramente alguien debió hacerlo), él tiene una respuesta rápida: “todo es hipocresia”. Veámoslo:

“Nuestra sociedad, con todos sus filantropismos y sus humanitarismos, etc., es, en el fondo, profundamente egoísta, y las vestiduras que asume son de pura hipocresía. Cuando tanto preocupan los problemas morales es que la moral falta; cuando preocupa la forma, falta la sustancia. Con la rectitud se gobierna un estado – dice Lao-tze (cap. 57) -; con las estratagemas se combate; con refrenar toda actividad se obtiene el dominio sobre el mundo entero”.

Y aquí el pensamiento de Tucci, que quiere ser taoísta, se desboca definitivamente. Es perfectamente razonable entender la desconfianza de Lao zi o de Zhuangzi acerca de la leyes, porque vieron para lo que esas leyes servían en su época, pero creo que se alegrarían de que ahora haya leyes que, por ejemplo, prohíben la pena de muerte. Pero dicho esto hoy, es no ver y, además mentir: “Las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión”, dice Tucci, y repitan tantos. Pero, si hablamos de Europa, de Estados Unidos, incluso de China,  nunca en toda la historia ha habido menos delincuencia y crímenes que ahora. Basta informarse para descubrirlo. Otra cosa (quizá) es si hablamos de América Latina, por ejemplo, de gran parte de Asia, de gran parte de África, pero Tucci está criticando esa supuesta degradación producida en los lugares en los que imperan las leyes y, se supone, el estado de derecho.

A mí siempre me ha parecido simplista esa interpretación del taoísmo, especialmente de Zhuangzi (si es que Zhuangzi era taoísta), porque creo que Zhuangzi nunca se habría dejado atrapar por sus propias opiniones cuando las circunstancias le mostrasen una realidad diferente.

Al revisar este artículo en 2018 y escribir lo que aparece en color verde, decidí investigar un poco acerca de Giuseppe Tucci y descubrí, y debo decir que eso no me sorprende en absoluto, que se acusa a Tucci de adherirse al Manifiesto de la Raza de los fascistas italianos. Al parecer, se trata de una cuestión debatida, pero su adhesión al fascismo esta fuera de toda duda, si tenemos en cuenta que fue nombrado representante del gobierno italiano con rango de ministro en una misión cultural en Japón entre 1936 y 1937, donde ofreció discursos radiofónicos en apoyo al Duce.

Si digo que no me sorprende descubrir esto, que confirma mis recelos ante los cantos encendidos a la naturaleza y contra la corrupta civilización moderna, es porque este tipo de discursos son frecuentes entre los fascistas y nazis, ya sean italianos, españoles, alemanes, ingleses o rumanos. Y también entre los izquierdistas más radicales, a qué negarlo (los extremos se tocan, ya se sabe).

Por otra parte, su Apología del taoísmo la escribió en 1924, por lo que no tiene sentido lo que dije acerca de las estadísticas actuales. Los crímenes e hipocresía a los que se refiere, sin embargo, no son sin duda los del fascismo, el nazismo o cualquier otra doctrina totalitaria, sino los de las sociedades democráticas de la época, que esos movimientos hacia los que unió o alabó Tucci se habían propuesto “regenerar y limpiar”. Fracasaron, afortunadamente.


[Publicado en 2004. Revisado en 2018]

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Originally posted 2018-08-18 12:02:14.

Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-09 17:14:58.

Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta; una fuiesta que suele tener, además, las características de una orgía.

Muchos vividores en este último sentido son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el primer sentido que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de las aventuras de Casanova. Así que, como se trata de un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.

Me parece, en definitiva, que dada las connotaciones del término “vividor” no existe ninguna palabra adecuada para definir a esa persona que sabe vivir la vida, sea cuál sea la manera en que la vive, agitada o moderada, de modo expansivo o introvertido. La más aproximada es “sabio”. Casanova era un vividor en los dos sentidos o, si se prefiere, un sabio.

Pero, quizá tú, lector, me dirás (y si no lo dices tú, ya lo digo yo): “No es tan fácil definir qué es saber vivir la vida”. Y yo te respondo: “No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una notable desgracia no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o cualquier otra cosa, pero no será un verdadero sabio”.

No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (no como un dogma), pero ser un amargado sin motivo o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser.

¿Te parece que soy demasiado intolerante? Quizá, pero ten en cuenta que es sólo una opinión, no intento dar lecciones ni establecer dogmas de fe. Una mejor manera de mostrar todo esto quizá sea el clásico “Sabio”, que me habría gustado ofrecer en la versión de Gato Pérez, pero que aquí está interpretada por el no menos grande Héctor Lavoe.

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[Publicado el 1 de marzo de 2005 en Intruso]

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GIACOMO CASANOVA

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Originally posted 2012-09-20 13:46:42.

Sobre la construcción de sistemas filosóficos

Cuando discutía la opinión de Descartes de que había que partir de unos primeros principios para deducir de ellos todas las cosas (Modos de conocimiento en Descartes) me interesaba llegar a un punto que el propio Descartes señala: muchos sistemas filosóficos acaban convirtiéndose en un dogma al que adaptar cualquier nueva idea. Eso sucedió con el aristotelismo, al que Descartes se opuso[1]. Descartes, por supuesto, considera que su sistema no cae en este error porque es el sistema correcto.

Mi desconfianza hacia los sistemas se debe a varias razones. Una de las más importantes es que si eliges un sistema falso, un sistema incorrecto, si partes de unas reglas rígidas para examinar la realidad, corres el  peligro de echar a perder toda tu investigación. No una parte de lo que descubres, sino todo. Si tus consecuencias o deducciones se basan en principios falsos, casi con toda seguridad esas deducciones serán falsas también (las correctas lo serán por mera casualidad, no porque se basen en esos principios).

Se me puede replicar que, si pienso así, no sería posible encontrar cosas ciertas en los textos de cualquier filósofo, por ejemplo Descartes, que haya adoptado un sistema que después se ha demostrado erróneo.

A esto respondo que es posible hallar razonamientos correctos e ideas  interesantes y brillantes en filósofos que defendieron un sistema filosófico que hoy carece de crédito alguno. Y es posible por varias razones:

1) La ya mencionada casualidad: en ocasiones, filósofos y científicos han descubierto algo importante sin darse cuenta, o creyendo que se trataba de otra cosa.

2) Porque a veces los filósofos primero piensan y luego adoptan un sistema, y no a la inversa, de tal modo que sus investigaciones pueden seguir siendo correctas, válidas o interesantes incluso cuando no nos parezca correcto el modo en que tales investigaciones han sido explicadas por el propio filósofo.

3) Porque a menudo los filósofos no siguen el sistema que dicen seguir.

4) Porque a veces el error de un filósofo nos enseña más que sus aciertos.

En consecuencia, sólo  aquellos que siguen rígidamente sistemas consideran inútil el trabajo de los demás pensadores (ya se trate o no de constructores de sistemas).

Para terminar por ahora con este tema: opino que los filósofos que siguen sistemas rígidos acaban actuando y razonando del mismo modo que las personas que adoptan una filosofía dogmática: al final son incapaces de ver las cosas que se tienen ante sus mismos ojos. Y lo que es peor,  se niegan  a verlas, se niegan a contemplar, examinar o escuchar cualquier hecho que contradiga su dogmática ideología o su  rígido sistema. Eso les hace inventar explicaciones ad hoc cada vez más grotescas para justificar todas esas incompatibilidades.

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[Explicaciones ad hoc: en el buen sentido, explicaciones adecuadas a uan situación concreta. En el mal sentido, que es el que yo empleo aquí, explicaciones sacadas de la manga, inventadas para salir del paso, para resolver de manera chapucera un problema inesperado o no previsto por una teoría]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[martes 9 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-11 16:25:47.

  1. [1]2012

El prestigio de la memética

|| Memes, ideas y mundos /7

NIcholas Humphrey

La propuesta de los memes o replicadores culturales de Dawkins no sólo tiene éxito popular, sino que cuenta con célebres y prestigiosos partidarios, como su colaborador Nicholas Humphrey, autor del maravilloso libro La mirada interior;  Douglas Hofstadter, que escribió otro libro extraordinario Godel, Escher, Bach; o el filósofo Daniel Dennet, gran divulgador y autor, junto a Hofstadter, de una recopilación de textos acerca del yo o la conciencia llamada The Mind’s I, en la que se recogen algunos interesantísimos cuentos y ensayos de diferentes autores acerca de la conciencia. Todos ellos son escritores muy sugerentes, elocuentes y persuasivos, así que no se puede negar que la teoría de los memes está en buenas manos. A estos nombres se podría añadir Eric Drexler, padre de la nanotecnología, Keith Henson, promotor de la criónica y Richard Brodie, que al parecer fue asistente técnico de Bill Gates.

Dice Alberto Piscetelli:

“En la actualidad, el mayor exponente de los memes es Thought Contagion (Contagio del Pensamiento) del especialista en Física de las altas energías, del laboratorio norteamericano Fermilab, Aaron Lynch.”

La teoría de los memes se llama Memética y aspira a unificar la biología, la antropología y las ciencias cognitivas. Brodie declaró que la memética estaba llamada a protagonizar el mayor cambio de paradigma en toda la historia de la ciencia, que no es poca ambición, sin duda.

“La teoría de los memes está siendo desarrollada por varios investigadores, que la unen a las tesis de Lumsden y Wilson o que las vinculan con los estudios de Luca Cavalli-Sforza. Además del mismo Dawkins, F.T. Cloak, J.M. Cullen, E. Moritz, A. Lynch y algunos otros autores, son los representantes de esta concepción de la transmisión y evolución cultural.” (Jordi Cortés Morato)

Continuará


[Publicado por primera vez el 29 de febrero de 2004
Revisado en 2016 y 2017 (el texto en otro color es de la revisión)]


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Originally posted 2017-05-20 16:33:29.