Meterse en la película

CUADERNOS DE CINE

Julie_Christie y Francois_Truffaut

Julie Christie y Francois Truffaut

ContabaTruffaut:

“Sentía una imperiosa necesidad de meterme de lleno en las películas, cosa que lograba acercándome más y más a la pantalla para abstraerme de la sala.”

A mí me pasa lo mismo, incluso cuando veo una película o una serie en la televisión. Aunque puedo lograr esa concentración en un ambiente ruidoso (porque no voy al cine como a una misa) sí que me “salgo” de la película si me hacen comentarios, lo que me molesta mucho (más que los comentarios, me molesta el hecho de que me moleste). Supongo que sucede porque un comentario activa la parte razonadora del cerebro, lo que probablemente colisiona con la parte más emocional o no reflexiva que solemos activar al ver una película.

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2013: Habría que puntualizar que no es que uno se entregue de manera emocional a una película y deje de reflexionar. Al contrario, durante la proyección de una película no dejamos de hacer hipótesis, que generalmente mantenemos en su carácter privado, lo que nos permite continuar sumergidos en la película mientras otras hipótesis, sensaciones e ideas sustituyen a las anteriores. Pero el hecho de que alguien comente algo sí que pone en funcionamiento otras actividades cerebrales, relacionadas con la necesidad de responder o no al comentario, de hacerlo con un gruñido o con una respuesta que nos obliga a pensar, o simplemente decidir ignorar el comentario, a pesar de que lo hemos escuchado, lo que implica fingir a propósito que no hemos percibido lo que sí hemos percibido. Cualquiera de estas decisiones interrumpe el flujo contemplativo. Algo parecido a lo que se expresa en mi poema preferido de Bai Juyi: Los placeres de la soledad en Bai Juyi.

 

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Dedicación

Truffaut joven

“En su adolescencia François Truffaut consideraba una cuestión de honor ir a ver tres películas diarias y leer, solo o con un amigo, tres libros a la semana, aunque fiándose únicamente de sus juicios de valor.”

Seguramente es otro ejemplo de cómo las personas que destacan en ciertas actividades, y que a menudo son llamadas “genios”, tiene detrás un montón de horas de dedicación. Es algo que pienso desde hace mucho tiempo y que, al parecer, Malcom Gladwell defiende en su último libro.

 

Otro ejemplo relacionado con la dedicación de Truffaut:

“Le Corbeau”, de Henri Georges Clouzot, que se conoce plano por plano, palabra por palabra.”

 

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[Publicado en 2008]

2013:

Poco después, en efecto, leí Outliners (Fueras de serie) de Malcom Gladwell, donde se muestra, efectivamente que todos esos personajes considerados “genios” dedicaron un mínimo de 20.000 horas, creo recordar, antes de destacar, llamar la atención o hacer algo que valiera la pena.

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