El índice completo de Las paradojas del guionista

EL LIBRO Y SU CONTENIDO

lasparadojas

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

 

Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
Colección: Fuera de campo
ISBN: 84-84283127

EL MEDIO AUDIOVISUAL
La ciencia del guión
El guión y las artes audiovisuales
Las teorías del guión
Guerra de teorías
Robert McKee: teórico real y personaje
de ficción
¿Qué es una norma?
La norma antinormativa

Entender los medios

Cine y teatro
El retroceso del cine
Cine y cómic
Cine y literatura
La indeterminación en el cine
Cine y música
Cine y televisión
Los nuevos medios audiovisuales
Entendiendo el medio: entendiendo el cine

 

Entender el medio audiovisual
El arte secuencial
La secuencialidad sin secuencias
La importancia del orden
La realidad documentada
El poder del montaje
Causa y efecto y secuencialidad
Causas sin efecto y efectos sin causa
La elipsis audiovisual
La elipsis del guionista
Vemos lo que creemos
El medio audiovisual es visual… y es auditivo
Narración lineal y multilineal e interactividad
El medio es y no es el mensaje

Realidad y ficción
Una aventura de Paul Newman contada por William Goldman
Las leyes del relato
Las reglas del juego y las convenciones
Viejas y nuevas convenciones
Cómo innovar mirando hacia atrás
La regla de la verosimilitud en el cine
La evolución de lo verosímil en el cine
La verosimilitud y los diálogos
La inverosímil realidad
Legislar la verosimilitud
Las inverosímiles consecuencias de las
leyes verosímiles
Realidad, verosimilitud y verdad
Reglas y excepciones a la verosimilitud
La realidad ficticia

Historia y narración
La historia y la narración
Selección, orden e intención
Los géneros
Formas narrativas y no narrativas
Los géneros televisivos
La historia oculta
Maneras de narrar
Misterios sin resolver
La tensión sexual no resuelta
Promete pero no cumplas en una historia
no seriada
El manejo de la información
Suspense y sorpresa
El suspense es mejor que la sorpresa
Suspense sorprendente
Decir sin decir (el subtexto)
La premisa
Notas

LA ESTRUCTURA DEL GUIÓN
Modelos y paradigmas
El paradigma de Field
Los tres actos de Field
El nuevo paradigma de Field
Explicarlo todo es no explicar nada
La estructura ausente
La estructura en nueve pasos de Elliot Grove
Todos de acuerdo en la teoría, nadie en la práctica
Crisis, clímax y los tres actos
Los tres actos en sistemas no narrativos

El planteamiento
El tiempo para informar al espectador: la exposición
Repetir lo más importante
Hay que presentar los personajes al espectador
Cómo transmitir información sin que lo parezca
Información y acción
Un buen lugar para presentar a todo el mundo
Hacer que los personajes trabajen para el guionista
La excepción habitual: información que parece información
Informar sin informar
La información básica
Antes del principio siempre hay algo

El mundo de la ficción
Mitos antiguos y modernos
El viaje del héroe
El viaje del guionista
La importancia del mundo ordinario
El contraste entre los dos mundos
La tentación del mundo extraordinario
Cuando lo extraordinario entra en el mundo ordinario
Quien mejor nos conoce es quien no nos conoce

Los personajes
El espectador y los personajes: la identificación
Personas y personajes
Personajes que no interesan al espectador
Los malos inmorales
Actitud y punto de vista
Pensamiento, palabra y acción
El personaje es lo que hace, no lo que dice
El contraste entre pensamiento, palabra y acción
La personalidad es una máscara
La transformación del personaje
Anagnórisis o reconocimiento
El personaje que no cambia
Tipos de personajes: el protagonista
Lo perfecto es imperfecto
El antagonista
Los malos de Shakespeare
Los malos de Coppola
Los malos de Hitchcock
El understatement
Los otros personajes
Los amigos del guionista
La teoría de la iluminación
La ambigüedad

Los obstáculos y el conflicto
El conflicto y el personaje
¿Un personaje sin conflicto?
El conflicto debe plantearse cuanto antes
El conflicto debe verse, no explicarse
El conflicto se debe adecuar a los personajes
Elegir lo malo o lo peor
Lo que preocupa al autor y lo que preocupa a los personajes
El macguffin
Hitchcock y el macguffin
El mejor macguffin de Hitchcock
Un término mal entendido
El camino y el destino
El peligro de despreciar el macguffin
El macguffin no siempre son los planos
Nota: el macguffin y McDonald’s

La parte media
¿Qué hay que hacer en la parte media?
La parte media y el juego medio
Tramas y subtramas
Las tramas secundarias y las tramas múltiples
El desenlace

El desenlace
El desenlace ha de resultar a la vez sorprendente
e inevitable
Cuando se conoce el final
Edipo rey de Sófocles, sorprendente e inevitable
Adaptation: gánatelos al final
El deus ex machina
¿Es McKee el deus ex machina de Adaptation?
Cómo evitar que un desenlace sorprendente sea un deus ex machina
Desenlaces imaginables y desenlaces posibles
Escribir hacia atrás: la siembra
La siembra del esperado padre inesperado
Los riesgos de la siembra
Sorprender no es tan difícil
Después del final siempre hay algo

LA PRÁCTICA
La parte práctica
Cómo hacer el qué
La forma es fondo en el fondo
Fondo y forma cambiantes
Fondo, forma y técnica
Cómo enseñar el qué
Enseñar la creatividad
Escribir un guión es resolver un problema
Bloqueos y métodos de trabajo
Empezar a escribir
Cómo no empezar
Los comienzos siempre son difíciles
Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde
¿De dónde saca las ideas el guionista?
La inspiración y el plagio son sinónimos
Las fuentes de inspiración

El viaje del guionista
Un experimento con monos
¿Por qué se hace lo que se hace?
(Un experimento con guionistas)
Clichés de guionista y raccord a la fuga
Mal uso de buenos métodos
El peor sitio para escribir un guión es una productora
Los enemigos del guionista
El peor enemigo del guionista es él mismo
La procastinación
Ver el guión desde otro punto de vista
La corrección del guión
Elogio de la infidelidad
La paradoja del dolor reflejo

¿Para qué sirve un guión?
La importancia del guión
A favor y en contra del guión
¿Demasiada teoría?
El camarote de los Marx
¿Qué método seguir?
¿Qué es una paradoja?
La verdad paradójica
Las paradojas y la norma
Notas

Epílogo paradójico

Materiales
Bibliografía

 

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El Salmo 137 y la influencia babilonia

He escrito varias veces acerca del Salmo 137, y lo he comparado con un pasaje de la Epopeya de Gilgamesh:

 Junto a los ríos de Babilonia,

allí nos sentábamos, y aun llorábamos,

acordándonos de Sión.”

(Salmo 137)

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
(Epopeya de Gilgamesh)

Me llamaba la atención que en ese pasaje se emplease la misma figura literaria cuando el  narrador primero se sienta y, sólo después de hacerlo, llora. El recurso, que es uno de esos momentos en los que nos parece estar viendo la vida misma y no una ficción literaria, aquello que Stendhal llamaba “ilusión perfecta”, ha sido empleado también, y no cabe duda de que lo hizo imitando el Salmo 137, por Elizabeth Smart en el título de uan de sus novelas: En Grand Central Station me senté y lloré, y más recientemente por Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré.

Antes de continuar, no debo ocultar que algunos hebraístas explican lo de sentarse antes de llorar como una referencia a que los protagonistas adoptan una actitud religiosa que consiste en sentarse y elevar los brazos en plegaria al Señor, gritando y lamentándose en ocasiones. Pero yo seguiré con la otra interpretación, que considero de mayor interés literario.

Como es obvio, al comparar los dos textos, podría parecer que yo estaba sugiriendo de manera implícita que los judíos autores del himno (atribuido al rey David) habían copiado el recurso literario de sentarse y sólo después llorar, del poema de Gilgamesh o de algún texto similar de la cultura mesopotámica. En efecto, esa era mi intención. Creo que el motivo literario mencionado, e incluso otras partes del salmo, fue tomado de fuentes mesopotámicas.

Con esta hipótesis en mente, he investigado un poco y he averiguado algunas cosas interesantes. Pero antes conviene recordar el salmo:

 SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.

Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Naturalmente, el hecho de que en el salmo se mencione dos ciudades mesopotámicas como Babilonia y Edom ya nos hace pensar que mi hipótesis no es tan insólita. Se supone que el salmo fue escrito durante la cautividad de los judíos en Babilonia, cuando Jerusalen fue invadido por los babilonios de Nabucodonosor II y el rey Jeconías fue deportado a Babilonia. Ya antes, su padre, el rey Joaquím de Judá, se había entregado a los invasores y había sido deportado a Babilonia, junto con diez mil judíos. Hay que recordar que los asirios habían destruido poco tiempo antes el otro reino judío, el de Israel, haciendo emigrar a sus pobladores, las famosas diez tribus perdidas de Israel. Por fin, como ya he dicho, hacia el -586 los babilonios invadieron nuevamente Jerusalén y en esta ocasión incendiaron la ciudad y destruyeron el templo, deportando a su población. De este modo se puso fin a los dos reinos judíos, aunque todavía se produjo una nueva deportación en -582. Pocos judíos permanecieron en Palestina y, de los que no fueron deportados, muchos acabaron emigrando a Egipto.

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

El Salmo 137, aunque se atribuye al rey David por convención, fue probablemente escrito varios siglos después de su reinado, por exiliados judíos en Babilonia, como parece demostrar el propio texto: “Junto a los ríos de Babilonia”.  Los  “ríos” de los que se habla parece que son los canales de agua de aquella ciudad asombrosa que fue Babilonia.

Los judíos exiliados tuvieron la suerte o la desgracia de vivir en Babilonia poco antes de su caída definitiva como gran potencia y ya cerca del final de las culturas mesopotámicas como tales, que se remontaban a tiempos de los sumerios, allá por el tercer milenio antes de nuestra era.

Vivieron en el reino Neo-Babilonio de Nabucodonosor, que había derrotado al reino asirio de Nínive, y que acabó a su vez conquistado por los persas de Ciro, y ,más tarde por Alejandro Magno, quien quiso restaurar el esplendor perdido de Babilonia, pero murió envenenado aates de lograrlo. Ciro, el rey persa, permitió a los judíos regresar a Palestina, así que es muy posible que el judaísmo deba su pervivencia a quien hoy Israel considera su gran enemigo: Irán, es decir, la antigua Persia.

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Parece que los judíos no fueron esclavizados en Babilonia, o al menos no sufrieron tortura y grandes castigos. Por ello, aunque hay discusión entre los estudiosos, en la traducción del salmo se deberían emplear palabras como “captores” y “opresores” y no, como se hace en ciertas ocasiones “torturadores” o incluso “carceleros”, pero no me atrevería a meterme en cuestiones filológicas hebraicas:

“En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría”

La misma situación que parece transmitirnos el poema está lejos de parecer una cárcel: los judíos tienen colgadas sus cítaras en los sauces y sus captores les piden que entonen alguno de los cantos de Sión. Sin embargo, los judíos no quieren entonar ese canto. ¿Por qué?

La primera razón es obvia: su país ha sido arrasado, el templo de su dios destruido y ellos han sido forzados a emigrar a Babilonia.

La segunda razón es más interesante. Aunque Sión se suele identificar con Jerusalén o con Israel o con la Ciudad de David, en ciertos contextos se entiende también como una referencia al monte Sión o incluso al Templo del monte Sión. Su origen es una fortaleza jebusea llamada así, que fue conquistada por el rey David. Los jebuseos eran un pueblo semita al que no convendrá perder de vista en futuras investigaciones. Al parecer, aquel lugar, la colina de Sión, ya fue tomado por un lugar sagrado quizá desde el tercer milenio antes de nuestra era, con lo que los judíos, como después los cristianos y después los musulmanes, adoptaron Jerusalén como ciudad sagrada siguiendo el ejemplo de un pueblo anterior. Como es sabido, el honor de ser una ciudad sagrada para tres religiones ha supuesto para Jerusalén continuas guerras y conflictos, que continúan en la actualidad. Más una maldición eterna que una bendición.

En cualquier caso, Sión no se debe identificar, o al menos no siempre, con Jerusalén sin más, sino como Jerusalén entendida como símbolo de la religiosidad judía. En la clasificación de salmos y cantos incluso se distingue entre dos asuntos, los cantos de Sión y los de Jerusalén. El Salmo 137 pertenece a ambos géneros. Si no me equivoco es el único en el que se mencionan a la vez tanto Sión como Jerusalén. En consecuencia, en este contexto, al hablar de Sión en muchas ocasiones debemos entender cantos de alabanza a Yahveh, a Dios, mientras que al hablar de Jerusalén se alude a la ciudad perdida y que se añora desde el exilio.

La razón por la que los cautivos no quieren entonar un canto de Sión, como les piden sus opresores, se ofrece en el propio texto: esos cantos sólo se pueden entonar en el Templo, en el templo destruido de Jerusalén :

¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Los expertos interpretan el pasaje anterior como si significara que entonar himnos de alabanza al señor en tierra extraña y lejos de la propia casa del señor es casi una impiedad. Creo que esa interpretación es correcta, pero cabe una remota posibilidad de que también aluda al rencor y a las dudas que al parecer sintieron muchos judíos durante su cautiverio en Babilonia acerca de un dios que, de nuevo, no había sabido protegerlos. Los judíos empezaban a preguntarse en los jardines de Babilonia aquello que se habían preguntado el ateo griego Diágoras de Melos, o aquel otro ateo indio que aparece en las Upanisads: “Si Dios no puede proteger su propio templo, poco podrá protegerme a mí”. Sin embargo, a pesar de lo tentador de esta última interpretación, creo que la interpretación correcta es la aceptada por los expertos: no está bien alabar al señor en tierra extranjera, o al menos entonar cierto tipo de cantos que están destinados al templo de Jerusalén.

Así que los narradores del salmo, que quizá sean un grupo de músicos, como parece revelar el que hayan dejado sus cítaras o harpas colgadas en los sauces, no pudiendo entonar un canto de Sión o de alabanza al Señor, ¿qué hicieron?

Probablemente decidieron entonar un canto de lamentación, como es el mismo Salmo 137, por lo que la composición, en cierto sentido, podría tomarse como un ejemplo de metalenguaje: “Me pides un canto de Sión y yo entono este canto de lamentación, porque no puedo entonar los cantos que me pides”. Lo cierto es que la clasificación del Salmo 137 resulta muy complicada, porque no tiene las características de otros salmos. Carece, por ejemplo, de la usual invocación inicial y no es un canto de ruego, imprecación, sermón o exhortación. Así que se ha definido como canto de lamentación, con elementos de nostalgia o saudade, y se ha comparado con mucho acierto con el fado portugués. También se sabe que la estancia de los judíos en Babilonia influyó mucho en la cultura y la música de los judíos.

Tal vez, esa sería mi aventurada hipótesis, los cautivos tomaron un aire musical, y tal vez una estructura e incluso algunas frases de cantos babilonios, y todo ello lo adaptaron a sus propios sentimientos, conservando frases como aquella en la que se sientan y lloran, que se encuentra al final de la Epopeya de Gilgamesh, cuando la serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud y él se sienta y llora, quizá lamentándose, como harían siglos después aquellos judíos en Babilonia, y entonando un canto de saudade y tristeza antes de regresar, derrotado, viejo y cansado, a Uruk.

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Toda la mitología en MITOLOGÍA

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El guionista a la búsqueda del espectador

Entre el guionista y el espectador siempre hay demasiada gente: el director, los productores, y los actores, entre muchos otros. Todos simulan no conocer al guionista, especialmente los actores, que repiten sus frases fingiendo que les pertenecen a ellos. Por su parte, el espectador también finge creer que los actores dicen lo que piensan (o lo que no piensan, si son mentirosos), pero, en cualquier caso, cree que los actores son responsables de sus palabras. El guionista tampoco existe para el espectador.

En algunos momentos, sin embargo, los guionistas parecen cansarse del anonimato en el que viven y deciden hacerle saber al espectador, al director e incluso a los actores que ellos están ahí detrás, que sin ellos nada de lo que hacen sería posible.

Ya antes de que existieran guionistas había escritores celosos de los actores que representaban sus obras. Uno de ellos era Shakespeare, que también era actor, aunque al parecer no muy bueno. Tal vez resentido porque otros actores no sólo le superaran en escena sino que además oscurecieran su labor como dramaturgo, decidió expulsar de la compañía “Los hombres del Chambelán” a Will Kempe, un actor experto en gigas y bufonadas que distraían la atención del espectador de la trama principal:

“A partir de entonces, dice James Shapiro en 1599, Un año en la vida de Shakespeare, aquel iba a ser el teatro de un dramaturgo, y no el de un actor, por muy popular que tal actor fuese”.

William Kempe

En sus obras, Shakespeare, contrariando esa norma que dice que no debemos percibir el trabajo del autor tras la obra, se hace notar una y otra vez y se encarga de recordar al espectador que no está viendo una escena de la vida real, sino del teatro y, en consecuencia, escrita por alguien.

En Hamlet, en El sueño de una noche de verano y en Trabajos de amor perdidos, Shakespeare introduce una obra dentro de la obra, pero en otras ocasiones nos parece que es el propio Shakespeare quien se dirige a nosotros a través de los actores, como un Groucho Marx isabelino que le hablara a la cámara.

Uno de los mejores ejemplos se encuentra en Ricardo III. El usurpador Ricardo, cojo, contrahecho, deforme, “el enemigo de los espejos”, como él mismo se define, lanza una apuesta imposible: se convertirá en rey de Inglaterra, a pesar de todos los que le preceden en la línea de sucesión, y su ascensión comenzará con la seducción de la viuda que vela el cadáver de Eduardo, Príncipe de Gales, al que él mismo ha matado:

“Teniendo contra mí a Dios,
a su conciencia y estos obstáculos, y sin amigos que 
respaldaran mi pretensión al mismo tiempo, sino el
mismo demonio y la cara simuladora, y sin embargo,
ganarla a ella: el mundo entero contra la nada”

Después de seducir a la viuda y de matar a todos cuantos se interponían en su camino hacia el trono, finalmente se ve en la situación de asesinar también  a Buckingham y exclama: “So much for the audience! Off with his head!” (“¡Basta de contemplaciones con el público! ¡Caiga su cabeza!”). Y aquí, como muy bien señala Harold Bloom:

 “Nos estremecemos ante la orden de Ricardo dirigida contra cualquiera de nosotros. Merecemos nuestra posible decapitación porque no hemos sido capaces de resistir el escandaloso encanto de Ricardo, que ha hecho de nosotros otros tantos Maquiavelos”.

El espectro de Hamlet por Henry Fuseli

Shapiro encuentra en las obras de Shakespeare otro doble sentido delicioso, del que pudieron ser testigos los espectadores de la época. Se trata de la célebre escena en la que Hamlet habla con el espectro de su padre. Shakespeare, aunque no fuera un buen actor, estaba especializado en ciertos papeles y, entre ellos, eso es un dato seguro, el del espectro del padre de Hamlet. Así que podemos imaginar, nos dice Shapiro, a Shakespeare en la escena del teatro londinense de El Globo, interpretando al espectro y a Richard Burbage, el nuevo actor en el que Shakespeare confiaba tras expulsar a Will Kemp, en el papel de Hamlet. El espectro, es decir, Shakespeare, dice: “Recuérdame”. El actor Burbage, a través de Hamlet, le responde: “¿Recordarte a ti? Sí, pobre espectro, mientras quede memoria en esta esfera (globe) desorbitada”. Resulta dificilísimo no dejarse seducir por este doble sentido y no imaginar a Shakespeare y a Burbage representando sus papeles, pero, al mismo tiempo, representándose a sí mismos como el mejor dramaturgo y el mejor actor del Globo y de El Globo (the globe and The Globe).

Una extraña rata en la puerta de atrás del teatro The Globe, recientemente reconstruido. Foto de Daniel Tubau (octubre de 2013)

Una extraña rata en la puerta de atrás del teatro The Globe, recientemente reconstruido.                        Foto de Daniel Tubau (octubre de 2013)

 

Actores al servicio de los guionistas

Muchos guionistas también quieren hacerse notar como Shakespeare, construyendo guiones capaces de atravesar las capas sucesivas de directores, iluminadores, decoradores, productores y actores, como hizo Charlie Kaufman en Adaptation, en la que él mismo se convierte en el protagonista de la película.

NIcholas Cage como el guionista Charlie Kaufman en Adaptation

Nicholas Cage como el guionista Charlie Kaufman en Adaptation

Otras veces los guionistas renuncian a ser personajes de sus obras pero hacen que los actores se refieran a ellos y a su trabajo, aunque parezcan hablar de otras cosas.

El pan nuestro de cada día, de King Vidor

Un ejemplo divertido se encuentra en El pan nuestro de cada día (Our daily bread) de King Vidor, película en la que, en plena época de la Depresión, la familia Silm se establecen en una granja abandonada y ayudan a crear una comunidad para intentar sobrevivir a la miseria. Un día llega una muchacha de la ciudad, aficionada a la juerga, al sexo y a la música de jazz, a la que el joven matrimonio acoge. El espectador ya se imagina los problemas que podrían llegar con esta muchacha, pero el guionista decide anticiparse y hacerse notar de una forma divertida: uno de los hombres le dice a la muchacha que no intente nada con el señor Slim, puesto que es un hombre casado. Ella, que acaba de llegar, exclama: “Vaya, ¡eso sí que es anticipar!”  Naturalmente, como el Ricardo shakesperiano, la muchacha encarna aquí al guionista, que se permite, aunque sea por un momento, hablar con los espectadores y mostrarles que sabe qué es lo que están pensando en ese preciso instante.

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Todo esto que cuento aquí tiene mucha relación con la paradoja nº4 de mi libro Las paradojas del guionista, como se puede ver en la entrada dedicada a esa paradoja: El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note. Y también, por supuesto, con mi libro El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión.


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El espectador es el protagonista

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Todas las entradas y artículos que he publicado en relación con el libro, aquí: Las paradojas del guionista.

Si buscas entradas relacionadas con mi otro libro El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo digital, puedes visitar la página El guión del siglo 21.

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura


WILLIAM SHAKESPEARE

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Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

 

happy end

Se dice en las Upanishads indias: «El hijo es el padre del padre».

A veces los efectos son la causa de la causa: algo que no tiene sentido cobra significado si vemos otra cosa después. Un padre o una madre solo pueden recibir ese nombre a partir de la existencia de un primer hijo. La narración audiovisual emplea constantemente la relación de causa y efecto, pero a veces también la inversa, la que va de los efectos a las causas (ver «Causas sin efecto y efectos sin causa»).

Las paradojas del guionista

El capítulo mencionado de mi libro (“Causas sin efecto y efectos sin causa”) se ocupa de la naturaleza causal (que no casual) del cine. Allí explico algunas virtudes y desventajas de la naturaleza secuencial de las obras audiovisuales (cine, televisión, comic, incluso una conferencia). No voy a repetir aquí lo que digo en el libro, pero sólo mencionaré tres aspectos interesantes de la relación causa-efecto en toda narración audiovisual. Por otra parte, estas reflexiones han sido prolongadas en mi libro El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión, donde dedico varios apartados en la segunda parte al causalismo, pero también al acausalismo.

Hay que decir que, en primer lugar, el guionista construye su guión estableciendo causas que producen efectos: los soldados del Darth Vader matan a los padres de Luke y eso hace que Luke se decida por fin a luchar contra el Imperio.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la simple sucesión de escenas una detrás de otra hace que el espectador tienda a pensar que lo que sucede en las escenas posteriores se explica por lo que pasó en las anteriores. Una excepción a esta norma sería el flashback o la historia contada hacia atrás, como en Viaje al origen de Alejo Carpentier o Memento, de Christopher Nolan.

En tercer lugar, la relación causa-efecto es tan absolutamente dominante en la construcción del guión y de su estructura, y resulta tan intuitivo por parte del espectador tanto buscar causas que expliquen los efectos como esperar efectos que se produzcan tras las causas, que los guionistas tenemos la posibilidad de confirmar esta tendencia del espectador, con el mecanicismo o ir contra ella con en el acausalismo.

El mecanicismo consiste en construir una cadena férrea de causas y efectos, una estructura rígida, donde todo encaja a la perfección pero que al mismo tiempo puede acabar por ser tan predecible que el espectador pierda todo interés en seguir la trama: aunque no se adivine siempre lo que va a suceder, sí percibe continuamente que lo que está viendo “sirve para algo”. Eso acaba fatigando, porque se detecta tras la acción la mano constante y firme del guionista, a menudo muy hábil, es cierto, pero demasiado presente. Este mecanicismo es absoluto hoy en día en las películas de Hollywood y lo era en las series de Estados Unidos hasta hace unos años. Todo en la narración era arte de guionista preciso y formulario, normas y trucos estructurales de probada eficacia comercial, pero la vida se escapaba entre las rendijas de esa red tan bien trazada. De todo esto y de cómo la obsesión por la estructura es la razón de esa previsibilidad del cine comercial, hablo también en los primeros capítulos de El guión del siglo 21.

Por otra parte, el acausalismo radical, que rompe las expectativas del espectador continuamente, no dándole nunca lo que espera, puede a veces ser muy estimulante, pero otras veces se convierte en una especie de ejercicio de estilo en el que (¡oh, paradoja!) se ve también demasiado al guionista. Porque el hecho de que ninguna causa produzca un efecto puede ser tan insólito o previsible como lo contrario. De ahí la artificiosidad de ambas escuelas.

Como suele suceder, por fortuna existe un término medio entre los extremos, que rechaza tanto el “todo tiene que servir para hacer avanzar la trama” como el “nada de lo que vemos tiene sentido”.

En este término medio se podría tal vez citar a Shakespeare, que construye tramas elaboradas, pero escribe escenas o diálogos que no tienen una función clara en la trama; o series recientes de la televisión americana, como Los Soprano, y especialmente The Wire, pero también House of cards, Boardwalk Empire y muchas otras. Hablaré de algunas de las características de estas series en otro momento.

memento

Memento es un ejemplo de estructura férrea, absoluta, pero que, al mismo tiempo propone algo distinto en lo que se refiere a la sucesión habitual de causas y efectos, pues todo transcurre al revés, lo que rompe las expectativas del espectador y la acerca al cine experimental, a pesar de ser cine comercial.


Aquí puedes ver el momento inicial (o final) de Memento

Y aquí, por el contrario (o no= puedes ver el momento inicial (o final) de  Memento

 

En Happy End (1967), la película checoslovaca de  Oldřich Lipský, el final cronológico es el principio y el principio es el final, y toda la película se desenvuelve, como en Memento, desde el desenlace cronológico hacia atrás, mediante la sucesión de pequeños bloques narrativos como el que puedes ver aquí. Vamos, pues, desde los efectos a las causas. O, si se prefiere, desde el punto de vista narrativo, los efectos son las causas.


Aunque esta entrada se ocupa de una de las paradojas de Las paradojas del guionista, también tiene mucha relación con una de las técnicas narrativas a las que me refiero en El espectador es el protagonista, el acausalismo.

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El espectador es el protagonista

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Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

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Las 38 paradojas del libro y algunas más

El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


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Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

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Promete pero no cumplas
Paradoja nº10

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Todos los métodos son buenos, incluso los malos

Paradoja nº27


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La mejor manera de mostrar algo es no mostrarlo nunca del todo
Paradoja nº6

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Decir que no se deben dar normas es dar una norma
Paradoja nº1

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El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note
Paradoja nº4

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La meta del viaje es lo de menos, lo que importa es el camino
Paradoja nº9

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Se debe proporcionar información sin que parezca información
Paradoja nº5

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Las 38 paradojas del guionista (y algunas más)

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El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


Una buena historia ha de sobrevivir al medio en el que es contada, ha de poder ser traducida a otro medio, pero el medio determina también la forma en la que es contada una historia.   Todo el largo capítulo «Entender los medios» se dedica a este asunto. En primer lugar, recordando lo que era la paradoja original de McLuhan: «El medio es el mensaje». En los siguientes apartados se hace un repaso de algunos de los medios relacionados con la narración audiovisual y se continúa con un análisis del propio medio audiovisual. El último apartado se ocupa específicamente de la paradoja en sí y se le da la vuelta («El medio es y no es el mensaje»).

 

Nam June Paik, «McLuhan Caged (in Electronic Art II)», 1968

 

 

Los primeros capítulos de Las paradojas del guionista están dedicados a uno de los asuntos más importantes en la creación artística: entender el medio para el que se trabaja. Analicé algunos de los medios más importantes relacionados con el cine, como la literatura, la música, el teatro o el comic. Aunque el tema da para escribir un libro extenso, me limité a resumir algunos de los aspectos que creo son más interesantes para el trabajo del guionista. En cualquier caso, la sección del libro dedicada a los diferentes medios  termina con un apartado que expresa con claridad la paradoja: “El medio es y no es el mensaje”.

Como es sabido la frase “El medio es el mensaje” es una de las más célebres del más célebre de los teóricos de la comunicación, Marshall McLuhan, quien decía que el medio mediante el que es trasmitido un mensaje determina, modifica y cambia la recepción y percepción de ese mensaje. El mismo suceso, contado en televisión, en cine o en un periódico, es percibido de distinta manera.

Una expresión de la teoría de McLuhan es el dicho no menos célebre de Andy Warhol: “Todos tenemos derecho a nuestros 15 minutos de fama”. Es decir nuestros 15 minutos de presencia en televisión, algo que se está haciendo realidad hoy en día (y  no tanto en la época de McLuhan y Warhol), en los programas de tele- realidad como Gran Hermano, pero también con los contenidos digitales en Internet, ahora accesibles a casi todo el mundo,, y que les permiten, nos permiten, mostrar lo que hacen o mostrarse a sí mismos sin más.

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El medio es el mensaje en Mad Men

Se trata de un anacronismo, pues en la época en la que trascurre la serie, McLuhan no había popularizado la expresión. Faltaban tres o cuatro años.

EStoy convencido de que esta paradoja  (El medio es y no es el mensaje) pronto dará origen a una interpretación mucho más compleja y también muy interesante. Es algo de lo que hablo en El guión del siglo 21, dedicado a las nuevas narrativas audiovisuales, en el que confirmo algunas intuiciones que deslicé en Las paradojas del guionista. Es el primer paso hacia algo que creo sucedera en un futuro un poco más lejano, como lo cuento en el relato de Recuerdos de la era analógica que se llama “La obra de arte en la época de la reproducción malebranchiana”, cuando la distinción entre medios y mensaje se haré especialmente complicada. Siento ser críptico, pero explicarlo más disminuiría el placer de la lectura de Recuerdos de la era analógica.

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Marshall McLuhan en Annie Hall

Mucha gente recuerda la frase de McLuhan “El medio es el mensaje” y se rien de quienes lo citan diciendo “El medio es el masaje”. Pero lo cierto es que McLuhan escribió El medio es el masaje, un delicioso y encantador librito, en colaboración con el artista gráfico Quentin Fiore.

Versión española de El medio es el masaje, de Marshall McLuhan y Quentin Fiore

El libro se convirtió ya entonces en un audiobook, en un disco de vinilo, al que se añadieron efectos del medio sonoro. En los dos vídeos siguientes puedes escucharlo, aunque está en inglés y requiere cierta atención, pues McLuhan nunca es trivial.

 

El medio es el masaje 1

El medio es el masaje 2

 

Cuando los dioses hacían de hombres

 

Este es uno de esos libros deliciosos que me gusta tener en papel. Uno de los libros por los que merece la pena gastarse el dinero. Casi todo libro lo merece, creo, pero algunos libros son tan caros que ya sólo compro de segunda mano o de bolsillo (afortunadamente, el mercado de bolsillo en España está mejorando mucho).

Es un libro dedicado a la mitología mesopotámica, a cargo del legendario Samuel Noah Kramer (autor de La historia empieza en Sumer), y del que es hoy quizá el mayor experto en Mesopotamia, Jean Bottéro. Como se dice en la contratapa, en este volumen se recoge el corpus más completo de textos mitológicos mesopotámicos.

No se incluye el Poema de Gilgamesh, no sé si porque es demasiado extenso o porque no se considera puramente mitológico. Y la verdad es que es innecesario, porque la mejor edición que conozco, también a cargo de Bottéro, se editó en esta misma editorial (Akal) hace no mucho.

Pero hay ni más ni menos que 51 textos, entre ellos el Enuma Elish o Poema de la Creación y el también fascinante Poema de Erra. Espero que este nuevo estímulo me haga subir más entradas relacionadas con Mesopotamia, como ya dije cuando leí la colección de mitos sumerios editada por Federico Lara Peinado.

Hace dos años, por cierto, unos arqueólogos alemanes aseguraron haber encontrado la ciudad de Uruk, donde reinaba Gilgamesh, e incluso su tumba. No he sabido más del asunto, porque supongo que a causa de la guerra (Uruk estaba en Irak) todo quedó paralizado. O a lo mejor fue una falsa noticia.

 

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[Publicado el 20 de febrero de 2005 en Monadolog]


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La siembra de Gilgamesh

En El diabolus ex machina me referí al que tal vez sea el primer ejemplo conocido de diabolus ex machina: el que se emplea en el desenlace de la Epopeya de Gilgamesh, cuando una serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud . Tal vez fui un poco injusto, porque una lectura atenta de la obra en sus diferentes versiones en acadio, asirio y otras lenguas semitas, o en hitita, hurrita y otras lenguas indoeuropeas, nos revela que diversos autores intentaron evitar el diabolus ex machina de la epopeya mesopotámica.

Como tal vez hayas adivinado, lector, la manera de evitar un diabolus ex machina es la misma que se emplea para evitar un deus ex machina: escribir hacia atrás (la paradoja número 21 de mi libro Las paradojas del guionista). Es decir, “sembrar”, situar a lo largo del relato ciertos detalles, escenas y situaciones que preparen al espectador para aceptar lo que va a suceder. En el caso de la Epopeya de Gilgamesh, ese desenlace en el que Gilgamesh pierde la flor de la juventud al bañarse en un pozo no es tan casual como parece, pues la afición de Gilgamesh por hacer pozos es una constante a lo largo del relato. Así, en la Tablilla de Sippar, datada hacia el -1700 y que al parecer era un ejercicio escolar, se cuenta cómo Gilgamesh emprende su viaje en busca de la inmortalidad, a pesar de que el dios solar Samash le dice que no podrá lograrlo (esto ya es sembrar el desenlace) y se  menciona su afición a cavar pozos:

Cavó pozos Gilgamesh
que antes no había;
bebía las aguas,
seguía los vientos.

Samash se inquietó; se inclina hacia él
y le dice a Gilgamesh:
“Gilgamesh, ¿a dónde vas dando vueltas?
¡La vida que buscas no la encontrarás!”

Shamash y el disco solar

También en la aventura que emprenden Gilgamesh y Enkidu para enfrentarse al monstruoso Hunwawa en el bosque de los cedros, una y otra vez Gilgamesh cava pozos de agua fría, se supone que para tener agua para el viaje:

De cara a Samash
cavaron un pozo
echaron agua fría en los odres

(tablilla IV:5)

Por eso, después de prepararnos varias veces a lo largo de la epopeya a esta afición o necesidad de Gilgamesh a encontrar o a cavar pozos, cuando llega el fatal desenlace en el que una serpiente se lleva la flor de la juventud, el propio Gilgamesh expresa claramente que su error ha sido bañarse en un pozo:

“¡Cuando abrí el pozo
dejé tirados mis pertrechos!

La fatalidad se ceba entonces con Gilgamesh, dándole un golpe tras otro:

“¿Qué puedo reconocer que me sirva de señal?”

Se refiere aquí el héroe a que la marea ha subido “veinte leguas dobles” y ya no es posible saber dónde dejó la flor y dónde la serpiente la robó.

Es muy probable que la necesidad, costumbre o manía de excavar pozos, tenga algún sentido mitológico, quizá relacionado con el dios solar Samash, o quizá porque la culebra que habita en las pozas de agua fría represente a una deidad enemiga. Marcos Méndez recordaba en un comentario reciente que también en el Jardín del Edén de Adán y Eva una serpiente es la causante de que los seres humanos pierdan la inmortalidad. Sé también que un estudioso que se apellida Civil ha estudiado el asunto de los pozos de agua a fondo, pero no he podido consultar su investigación.

 

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[Esta entrada pertenece tanto a Las paradojas del guionista, dentro de la serie de entradas dedicadas al deus ex machina como a La epopeya de Gilgamesh]

El deus ex machina y el diabolus ex machina

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Ágora, de Alejandro Amenábar


Al salir de un preestreno de Ágora comenté la película con varios asistentes.

__¿Te ha gustado? -me preguntaron.

__Sí.

Es una respuesta que sorprenderá a quienes me conocen cuando vean la película, porque resulta demasiado evidente que Ágora contiene muchas cosas que no suelen gustarme. La explicación de por qué me gustó me temo que puede resultar tan extravagante que muchos pensarán que se trata de una especie de broma irónica, en la que digo lo contrario de lo que pienso. No sé cómo defenderme de esa acusación, porque resulta bastante razonable, pero insisto que mi intención no es caer en otra de esas paradojas a las que soy tan aficionado. Intentaré explicar por qué Ágora me gustó a pesar de que contiene tantas cosas que no me gustaron.

 

Lo que no me gusta
No me gusta de Ágora que recurra a una vulgar historia de amor, o a varias historias de amor, de Hipatia con sus discípulos. La principal es la que mantiene con Davo.

No me gusta eso, no sólo porque sea un truco narrativo trivial, demasiado vulgar, ideado para mantener interesado al espectador común, como ese hueso (el significado) que Eliot lanzaba al lector mientras decía cosas más importantes en un poema. El propio Amenábar ha reconocido, a veces explícitamente, que esa es la función de la historia de amor: fuegos artificiales para que la mayoría aguante tanta charla acerca de astronomía.

El resultado, sin embargo, es que el uso de esos macguffins amorosos (que no interesan al guionista ni al director, pero se supone que sí al espectador), al final, es decir, en el desenlace, se adueñan de la historia y consiguen el efecto contrario, es decir, que la charla astronómica parezca el relleno de color local en el que situar las diversas peripecias amorosas de la protagonista.

El desenlace, por otra parte, me parece especialmente desafortunado porque al resolver en él la historia de amor que Davo siente hacia Hipatia,  la película queda reducida a esa historia de amor. Hay que tener mucho cuidado con lo que se cuenta en un desenlace, porque es inevitable que el espectador lo considere algo así como la tesis o la moraleja de la película.

Además, Amenábar decide cambiar el horror de la muerte de Hipatia, tal como nos lo han contado las fuentes clásicas, sólo con la intención de salvar al personaje de Davo y poder cerrar la trama del amor Davo/Hipatia.

Es obvio que un guionista, Mateo Gil, y un director, Alejandro Amenábar, no tienen por qué respetar la historia. Una película no es un libro de historia y puede contar las cosas de otra manera. Por supuesto, pero ya que cambiamos lo que sucedió, hagámoslo para mejorar, si no la historia, al menos sí la película. Y con ese desenlace, en mi opinión, no se consigue mejorar ni la historia ni la película.

¿A qué se debe ese extraño final? Sospecho que a varias razones. Una de ellas es un vicio típico de guionista relacionado con la estructura del guión, que se supone debe dar la sensación de ser coherente, y con lo que se llama el arco de un personaje, uno de eso nombres inventados por los teóricos del guión para rebautizar las nociones del sentido común: un personaje debe cambiar, transformarse a lo largo de la historia (excepto si es James Bond, claro).

Davo, es cierto, comienza sufriendo una primera transformación que a mí me parece bastante razonable y bien pensada: a pesar de toda la cercanía que mantiene con Hipatia, sigue siendo un esclavo para ella. Pero después, se quiere cerrar el arco del personaje y el círculo de la trasformación con un golpe final, dándole a Davo la oportunidad de redimirse de algún modo. Se busca con ello dar un sentido a lo que le sucede a Davo y a esa subtrama de su amor por Hipatia. Pero ese sentido ya existía, y me resulta difícil imaginar otro mejor que el que la historia real nos ha trasmitido. Davo tenía que hacer lo que, en caso de haber existido, probablemente habría hecho, o en todo caso sufrir por no haber podido evitar el horroroso final de su amada. Pensar que un asesino fanatizado tiene un último momento de lucidez movido por el amor que una vez sintió es, como mínimo, cursi (me abstengo de decir lo que es como máximo).

La segunda razón por la que sospecho que Amenábar ha hecho lo que ha hecho se resume en las letras de un nombre: Spielberg.

Spielberg, como él mismo reconoce, no puede soportar la idea de que los niños tengan pesadillas después de ver una de sus películas, así que se las arregla para proporcionarles, incluso en las más insólitas circunstancias, un final feliz. Por ejemplo, en Inteligencia Artificial.

Dentro de los finales posibles (no de los imaginables) de Ágora, el que nos da Amenábar es el más feliz. Según él mismo ha confesado, estudió a fondo todas las películas de Spielberg antes de rodar Ágora. La influencia, en efecto, se percibe en casi todas las decisiones narrativas y estilísticas de Ágora.

Tampoco me gusta la manera en la que se trata la relación de Hipatia con el sexo y el amor.

Puesto que sobre ese dato sabemos bien poco, Amenábar y Gil podrían haberse inventado lo que quisieran. Por ejemplo, que practicaba el sexo con total libertad. Puesto que precisamente ella hacía lo que normalmente estaba reservado a los hombres y era profesora de filosofía, ¿por qué no iba a hacer también eso?

Al parecer, Rachel Weizs quería hacer al personaje más sensual y sexual y discutió con Amenábar acerca del asunto, pero tuvo que acabar aceptando interpretar a una especie de monja.

Es cierto que la tradición nos ha trasmitido la imagen de una Hipatia virgen, pero es una tradición procedente de los cristianos, de cristianos favorables a ella, como Sócrates Escolástico, que insistiendo en su virginidad, la hacían más inocente si cabe del crimen que otros cristianos cometieron. Pero la tradición también nos ha trasmitido que estaba casada con un tal Isidoro.

Fuera cual fuese la realidad, es obvio que Amenábar y Gil podían haber presentado a una Hipatia que no fuera virgen. No había ninguna necesidad de inventar la excusa de que tenía que elegir entre su ciencia y el matrimonio (porque si se casaba ya no podría enseñar). En la Antigüedad existían filósofas casadas que daban clase, empezando por Teano, la esposa de Pitágoras. Como es obvio, cada época es distinta, y en la Alejandría de Hipatia quizá hubiese leyes que prohibían la enseñanza a mujeres casadas, pero parece improbable.

Aceptar el testimonio de los cronistas cristianos, que consideraban virgen a toda mujer martir o santa (excepto las mártires y santas violadas, claro está) y convertir a Hipatia en virgen conduce a una conclusión un poco simple: el amor a la ciencia y el sexo no son compatibles (al menos para las mujeres).

Es un planteamiento también intelectualmente peligroso, porque convierte a Hipatia en una de esas mujeres reprimidas que parece llevar un velo interior, en vez de esos otros velos que al final le ponen a Hipatia sus captores, en una comparación, en mi opinión excelente por parte de Amenábar-Gil, con las mujeres que hoy en día viven sometidas en tantos lugares donde el islamismo impone su ley.

Amenábar hace que Hipatia se reprima a sí misma, con la excusa de que si ama a un hombre debe casarse con él y eso le haría perder la posibilidad de seguir dando clase, cosas todas ellas, como ya he dicho, discutibles. Yo creo que Amenábar ha sido también en esto influido por su maestro Spielberg, quien siempre pasa de puntillas sobre cualquier cosa que huela a sexo. Este tipo de tratamiento muestra más bien la represión de los autores, más que la del personaje. Por otro lado, dado que los enemigos de Hipatia son fanáticos cristianos que detestan el cuerpo y el sexo, parece una ironía desafortunada que maten a quien hace lo mismo que ellos (rechazar los placeres del cuerpo), pero en nombre de la ciencia.

Y lo que es más importante: en una película que pretende ser un canto de amor a la filosofía, a la ciencia y en particular a la astronomía, a veces se saca la conclusión de que Hipatia, considerada entre los mejores filósofos y científicos de la época helenística tardía, sólo era capaz de despertar en sus alumnos el amor, pero no hacia la ciencia y el conocimiento, sino sólo hacia ella.

Amenábar, por su parte, pretende que al hacer a Hipatia asexuada está haciendo feminismo, “pues nadie se pregunta por la vida sexual de un científico”, pero eso es una falacia. Claro que nos preocupamos por la vida sexual o amorosa de un científico, por ejemplo de Einstein, al menos si lo que queremos contar es su vida (y no simplemente sus descubrimientos científicos). Pero es que, además, Amenábar no se limita a contar la parte científica o religiosa del asunto, sino que introduce historias de amor ficticias, pero negándose a mostrar el lado sexual de Hipatia, negándolo incluso. Esa es una elección que no hace Hipatia, sino Amenábar, y con esa elección se pronuncia ruidosamente acerca de la sexualidad de Hipatia.

Por otra parte, ese rechazo del sexo por parte de Hipatia, unido a su obsesión por la ciencia, hace que el personaje en ciertos momentos llegue a parecer tan fanático como sus enemigos.

Tampoco me gustan la mayoría de los actores, que se apoyan demasiado en una gestualidad explícita, usando efectos tópicos para trasmitir sus emociones. Ninguno es malo, todos son aceptables, pero todos resultan fáciles de olvidar. Las únicas excepciones que ahora recuerdo, aparte de algún secundario interesante, son Rachel Weizs y el actor que interpreta a su padre (Teón de Alejandría).

No me gusta la realización “tan americana” (como me comentaba un amigo a la salida), tan comercial en el mal sentido, tan efectista y, por tanto, tan insípida, tan poco interesante.

Y mucho menos el uso que se hace de la música, elemento omnipresente para trasmitir emociones, como en cualquier película, es cierto, pero en este caso con un carácter manipulador demasiado exagerado. Otro rasgo propio, como no, de Spielberg.

 

Lo que me gustó

Y después de todo lo anterior, ¿por qué dije que la película me gustó?

La respuesta es que cuando voy a ver una película, y más si he sido invitado y no la he elegido yo, intento disfrutar. No me gusta sufrir por sufrir, ni aburrirme a fondo para confirmar y demostrar mis premoniciones, teorías o prejuicios. Así que ya esperaba en Ágora todas esas cosas que acabo de reprocharle, u otras semejantes. Por ello, no me sorprendió que las tuviera.

Pero sí me gustó que tuviera algunas cosas a las que soy muy aficionado: la filosofía, la ciencia, y en especial la astronomía. Y me gustó que su protagonista fuera Hipatia, que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos. Tuve la suerte, además, de tener como profesora a una moderna Hipatia, la extraordinaria profesora Ana Rioja, que en Filosofía de la Naturaleza me enseñó (o lo intentó, porque fui tan mal alumno como siempre) todo eso que Hipatia enseña a sus alumnos: el sistema tolemaico, los epiciclos, los ecuantes, los sólidos platónicos, la perfección del círculo que Kepler desafió, como Hipatia (la Hipatia ficticia, licencia del guionista que aplaudo), muy a su pesar…

Así que yo era uno de esos espectadores dispuestos a pasarse dos horas viendo una película que tratase sólo de astronomía, que al parecer es lo que le hubiera gustado hacer a Amenábar. Pero yo sólo no puedo llenar las salas de cine ni garantizar a Amenábar recuperar la inversión.

Ágora me permitió pensar en esas cosas que tanto me gustan y emocionarme pensando en ellas, y también incluso durante algunos momentos científicos me emocioné con la propia película (pero no durante los amorosos). También, por supuesto, me interesa el tema del fanatismo y el decidido ataque a la intolerancia y la religión organizada que hacen Gil y Amenábar.

Por otra parte, una vez descartado todo eso que no me gusta, pero que esperaba encontrar en la película, una vez dispuesto a lo que esperaba que pudiera ser una película de Amenábar, y no a lo que yo deseo en una película, sólo me quedaba un gran temor al comenzar la proyección: que la película fuera aburrida.

Y por eso me gustó, porque no me aburrió. Porque Amenábar también ha conseguido en eso imitar a Spielberg: casi siempre es entretenido.

 

 

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[Publicado el 13 de octubre de 2009]

 

 

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

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Originally posted 2012-06-17 23:06:48.