La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2

El argumento de esta obra se puede resumir diciendo que trata de un hombre llamado Fausto de Witemberg, doctor en teología, que convoca al diablo y acepta firmar un pacto con él a cambio de poseer poder para hacer cuanto desee durante veinticinco año s. Ayudado por el diablo Mefistófeles, Fausto se burla del Papa, asombra en la corte del emperador y convoca las imágenes de Alejandro el macedonio y de Helena de Troya. Finalmente, no podrá escapar a la condena.

El encuentro entre el Doctor Fausto y el diablo 
Credit: Wellcome Library, London. Wellcome Images images@wellcome.ac.uk http://wellcomeimages.org The Devil and Dr. Faustus meet. ca. 1825 The life and horrible adventures of the celebrated Dr. Faustus; relating his first introduction to Lucifer, and connection with infernal spirits; his method of raising the Devil, and his final dismissal to the tremendous abyss of Hell. Published: -Copyrighted work available under Creative Commons Attribution only licence CC BY 4.0 http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

El Fausto de Marlowe es una obra extraordinaria. Me parece que en la primera parte supera al Fausto de Goethe, exceptuando el motivo que sella el pacto con el diablo, porque el célebre “Detente instante” de Goethe es muy superior a la mera ansia de poder en Marlowe. La insaciable ansia de conocimiento y el impulso y la voluntad de vida, que podríamos equiparar con la filosofía de Schopenhauer, frente a la voluntad de epoder de Nietzsche.

Un momento excelente, entre otros muchos, es aquel en el que la sangre de Fausto se hiela o coagula cuando se dispone a firmar el pacto, y también el diálogo entre Wagner y el payaso. La obra reúne casi todos los motivos del Fausto goetheano, más de los que yo suponía, ya que incluso se anuncia el combate entre lo griego y lo cristiano.

También la manera en la que Mefistófeles le explica por qué ha acudido a su llamada:

FAUSTO: ¿No te atrajeron mis conjuros?

MEFISTÓFELES: Esa fue la causa, pero per accidens, pues si alguien escarnece el nombre de Dios, de las escrituras y de Cristo abjura, acudimos por si obtenemos un alma: no venimos si no usa medios tales que con la eterna condena peligre. Así que el más breve de los conjuros cabe en que de la Trinidad se abjure y se rece al príncipe del Infierno.”

Y estas palabras que pronuncia la Ira:

“LA IRA: Nací en el infierno, y tened cuidado, porque alguno de vosotros va a ser mi padre”.

Aunque todo el Fausto de Marlowe es excelente, quizá la segunda parte se resiente, más que nada al compararla con la de Goethe. La calidad de la obra hace lamentar doblemente la prematura muerte de Marlowe, que, a tenor de este Fausto, podría competir con Shakespeare.

No faltan tampoco, junto a la fuerza del argumento y las escenas, frases, ideas y conceptos interesantes, como cuando dice: “Un mago experto es un dios poderoso”, que hoy podríamos convertir en “Un científico es un dios poderoso”, recordando aquella sentencia de Arthur C.Clarke: “La tecnología avanzada es indistinguible de la magia”.

También esta frase que recuerda aquella célebre canción de Jorge Cafrune (“Fule mandinga”) que decía que la gente divertida estaba en el infierno:

“Pues confundo el Infierno y el Elíseo; !Que mi fantasma esté con los filósofos!”.

Y más adelante

FAUSTO: ¿En infierno estás? Si esto es infierno a gusto soy maldito. ¿Cómo, paseando, discutiendo, etcétera? 

Y también esta estupenda observación acerca del infierno como sensación y no como lugar, que compartía alguno de los últimos Papas:

FAUSTO: “Pues, ¿cómo es que estás fuera del Infierno?

MEFISTÓFELES: “Cómo, si aquí lo es, no estoy fuera de él. ¿Crees que yo que contemplé la faz de Dios y caté el gozo infinito del cielo no soy atormentado con mil infiernos estando privado de la beatitud?”.


[Escrito en 1995. Revisado en 2018]

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Acerca de las descripciones

a

En La imagen de Goethe hice una larga descripción del retrato que Tischbein hizo de Goethe:

“Sereno, con una leve melancolía que ya no es la del joven que inició el movimiento romántico, sino la del hombre que ha regresado a la época clásica y se siente como en casa entre los restos del gran arte de la Antigüedad. Apoyado sobre las venerables ruinas, casi como una madame Recamier en una chaisse longue, con una mano casi sensual que descansa junto a la rodilla, mientras que la otra se deja caer, pero sin abandonarse del todo, mostrando en el índice la voluntad vigilante del hombre que es consciente de todo lo que hace y que dirige su vida con paso firme, proporcionando incluso a la posteridad la imagen que desea que se conserve de él.

La mirada y el gesto de los labios muestran al mismo tiempo seguridad en sí mismo y disposición a escuchar a los demás, una tolerancia movida por la misma cortesía y sentido de la oportunidad que le hace usar una capa para proteger su vestimenta de las incomodidades del viaje y del polvo inevitable de las ruinas.

En el cielo, algunas nubes oscuras que se alejan y comienzan a ser vencidas por el azul limpio y claro que rodea su cabeza y casi parece nacer de ella, como una metáfora de su cortesía de escritor y filósofo: la claridad y la sensatez.

Como único detalle fuera de tono puede señalarse el sombrero de ala ancha, mal calzado en su cráneo poderoso, lo que quizá se deba más a un error del pintor que al descuido de su propietario”.

 Describí el cuadro por dos motivos: primero, para mostrar que se puede hacer una descripción bastante convincente y que esa descripción sea, al mismo tiempo, fundamentalmente falsa. Esa es una costumbre muy extendida: se elige una fotografía, un retrato o un paisaje, el que más se ajusta a nuestros intereses, y se convierte en símbolo y arquetipo absoluto de la persona o cosa representada. De este modo, todo lo que vamos describiendo parece probar nuestra opinión, pero en realidad sólo seleccionamos lo que coincide con ella. Pondré un ejemplo.

En vez de decir que en el cuadro de Tischbein el cielo parece abrirse paso entre las nubes tormentosas alrededor la cabeza de Goethe, bien podría haber dicho:

 “La tormenta se precipita sobre Goethe, amenazando con sumergirlo en las tinieblas, lo que se acentúa por la presencia de las ruinas, amenazas de las que no podrá protegerle esa ligeracapa de viajero que ya ni siquiera le cubre entero, pues una pierna traviesa asoma y ya la mano sobre la rodilla parece dispuesta, en un gesto decidido, a apartar a un lado el manto y liberarse, del mismo modo que la cabeza parece querer liberarse del artificio del sombrero, ya apenas sostenido en un equilibrio imposible”.

En realidad es facilísimo hacer hablar a las imágenes a nuestra conveniencia, si sabemos dirigir toda la luz de nuestro análisis al punto que más nos conviene.

Por otra parte, hice esa descripción de la foto de Goethe porque quería entrenarme un poco. No soy muy aficionado a las descripciones y además se me dan muy mal. Tal vez una cosa se deba a la otra. De vez en cuando intento practicar este arte de la descripción y esta era una buena ocasión. Es algo que debo aprender, aunque no es mi intención abusar de  fuegos de artificio semejantes al que he empleado al describir el cuadro de Tischbein.

Alguien que hace muy buenas descripciones de imágenes es Javier Marías, que en uno de sus libros, creo que en Vidas escritas, describe algunas fotografías. de personajes eminentes Muchos de esos retratos de retratos son muy hermosos, varios verdaderos, casi todos tramposos.

En realidad, la descripción de la imagen de alguien ya célebre es casi lo mismo que hacen los astrólogos cuando confeccionan la carta astral de Napoleón: “Saturno en el ascendente marca la guerra y el éxito, pero Urano en la casa 12 señala el riesgo de una ambición sin límites; Venus junto a Marte en Piscis indican infidelidades de alguien muy próximo…”

Es el razonamiento conocido como post hoc, ergo propter hoc: “Después de esto, se demuestra que antes sucedió esto otro”. Es decir, una vez que ha pasado algo, se explica fácilmente por qué ha pasado.


EL RESTO ES LITERATURA

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ÁLBUM DE FOTOS Y TEXTOS

Acerca de las descripciones

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Metáforas del cuenco

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Mi mesa y mis dioses

FOTOGRAFÍA


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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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El juego de Goethe

Karl Philipp Moritz

Karl Philipp Moritz

En su Viaje a Italia, Goethe explica un curioso juego, que llama “el juego etimológico” y que atribuye a su amigo Moritz:

“Moritz ha inventado un alfabeto del pensamiento y la sensibilidad para demostrar que las letras no son arbitrarias, sino que se fundan en la naturaleza humana… Ahora bien, a partir de este alfabeto es posible establecer un juicio sobre las lenguas, y encontramos entonces que todos los pueblos han intentado expresarse según su sensibilidad interior, pero que todos se han desviado del camino correcto debido a la arbitrariedad y el azar. A partir de ahí, buscamos en las diferentes lenguas las palabras que han sido formuladas de manera más afortunada: a veces las encontramos en una lengua, en ocasiones en otra. Después modificamos las palabras hasta que nos parecen correctas, creamos otras nuevas, etc. Cuando queremos jugar bien, creamos nombres para personas, investigamos si a éste o a aquél le cuadra su nombre. Muchos son los que se han aficionado a este juego etimológico que nos proporciona interminables horas de asueto. En cuanto nos reunimos, iniciamos una especie de juego de ajedrez en el que ensayamos cientos de combinaciones, de tal manera que quien nos oyera por casualidad nos tomaría por locos. La verdad es que sólo me atrevo a confiar esta afición a las amistades más cercanas. En definitiva, es el juego más divertido del mundo y permite ejercitar increíblemente el sentido para la lengua.”

La pena es que Goethe no da ningún ejemplo y es difícil saber la naturaleza exacta del juego.

A menudo he pasado muy buenos ratos jugando con la etimología con amigos, por ejemplo con Karina Pacheco, como si fuera el juego de las definiciones falsas, pero con etimología.

Se me ocurre ahora: “acuerdo”, “recordar”, etc.

1) Unir mediante un hilo o cuerda imaginaria el presente con el pasado, buscando en la memoria algo sucedido tiempo atrás, atándolo de este modo para que no se olvide.

2) En el caso de acuerdo , se refiere a un pacto o convenio razonable, cuerdo.

3) Del latín “cor, cordis”, corazón. Porque antiguamente se consideraba que la sede de la memoria estaba en el corazón, o que los acuerdos se establecían “de corazón.”.

¿Qué etimologías son verdaderas y cuales son falsas?

Volviendo a Goethe, he buscado en el libro de Marius Serra Verbalia, dedicado a todo tipo de juegos de palabras, pero lo único que he encontrado referido a Goethe es que él y su gran amigo Schiller eran aficionados a los enigmas, pero no se menciona el juego etimológico.

Es posible que se pueda conseguir más información en la página web de Verbalia , que recomiendo desde aquí a los aficionados  a los juegos de palabras.

Por cierto, también resulta curioso que Goethe se tome a risa la etimología, al contrario de lo que hicieron muchos filósofos alemanes posteriores a él, quienes se la tomaban muy en serio. Goethe, que a menudo se lamenta de la pobreza del alemán de su época, se habría reído si hubiese escuchado a aquellos que decían y todavía dicen que hay ciertas cuestiones profundas que sólo se pueden entender si se sabe alemán.

Y es posible que, efectivamente, se riera ya de ellos en su momento, puesto que el joven Hegel era un gran admirador de Goethe y visitante asiduo suyo. Hay que recordar que Goethe, al que los aficionados al Coeficiente de Inteligencia consideran el hombre más inteligente que ha existido, con un C.I. estimado de unos 216 (130 ya es superdotado) decía que no sabía si aquel joven tan extremado que era Hegel era un genio o un loco, y confesaba que nunca lograba entender nada de lo que decía, cosas que nos pasa a muchas personas, que no sólo no tenemos ese C.I., sino que, además, no sabemos alemán.

(30 de agosto de 2003)


cibernia

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