Anecdotario de una campaña electoral

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Ilustración de Daumier

Ya se ha terminado la campaña electoral. Una campaña que ha durado muchos meses, no varias semanas. Desde hace demasiado tiempo hemos vivido en una campaña electoral permanente y agotadora. Quizá por ello y también a la vista de los resultados previstos por casi todas las encuestas, los principales políticos han cambiado el tono en esta recta final y empleado mejores maneras en al discusión. Antes de continuar, quizá deba aclarar, para los lectores susceptibles, que personalmente no considero malas maneras calificar como “no decente” a un presidente del gobierno que ha apoyado y dado aliento directo (“¡aguanta!”) a un implicado en asuntos de corrupción como Bárcenas. Sin que lo anterior se interprete como una defensa de unos u otros, ni de la decencia o indecencia de Rajoy, me parece algo propio del debate político, muy diferente a disparar a diestro y siniestro sin matiz, como era norma hasta hace poco. Eso sí, entiendo que otros no lo vean así. En fin, sea como sea, ha sido un alivio este cambio de tendencia general en la crispación de los dirigentes, aunque tengamos buenas razones para desconfiar de la sinceridad de quienes hasta hace muy poco tiempo habían hecho del insulto, el desprecio y la agresividad sus características definitorias. Pero bienvenido sea, y que dure. Ojalá sea un cambio verdadero.

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En general, he quedado satisfecho con la campaña electoral. Ha sido un espectáculo más interesante que los de los últimos dos decenios. Tal vez, de las que yo recuerdo, y las recuerdo todas, solo comparable a la primera, la de 1977, al menos para mí: todavía recuerdo el primer mitín del PSP de Tierno Galván en la Plaza de toros de las Ventas y el segundo, de la CNT, en San Sebastián de los Reyes. La política electoral es, por supuesto, un espectáculo y lo menos que se le puede pedir es que sea entretenido. Quizá no podría ser de otra manera, porque creer que en la brevedad de un debate a dos, tres o cuatro, o en un mitin ante masas enfervorizadas se puede ir más allá de lo básico es un sinsentido y quienes han intentado hacerlo de otra manera han fracasado siempre o casi siempre. El panorama se presenta interesante, aunque inquietante también, pero en este tipo de situaciones se tiende a la exageración, y después las cosas vuelven a su curso y seguimos quejándonos como si el mundo se fuera a acabar mañana. Y no, no se acaba.

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Creo que los seis o siete principales candidatos han estado bien en cuanto que candidatos, cada uno en su terreno y con sus limitaciones, que en algunos casos son bastante notables, pero no vamos a pedir que de la noche a la mañana sean capaces de hacer lo que hasta entonces le s resultaba imposible. Ha sido bastante divertido observar las estrategias y las fintas de unos y otros. Los favoritos han fallado en la estrategia y los que partían los últimos parecen haberse recuperado, en especial Pablo Iglesias, que ha logrado que todos aceptasen sus reglas del juego hasta casi el último momento de la carrera. En fin, todo ello desde el punto de vista del anecdotario electoral, al margen de opiniones políticas. Esta quizá haya sido la campaña más determinante (a la espera de los resultados) en lo que se refiere a la decisión de los electores y seguramente ha provocado más cambios en la intención de voto que todas las anteriores, lo que quizá no sea del todo positivo, porque votar llevados por intuiciones de campaña electoral y por simpatías o antipatías o por el mejor o peor desempeño como orador de un político, o como discutidor en un debate, posiblemente no es garantía de nada: el mejor gobernante puede ser el peor orador, y a la inversa. Por eso creo que, para votar, es mejor intentar abstraerse de las impresiones de campaña, de los sesgos ideológicos y de las reacciones intuitivas de gusto o disgusto y situarse no en lo que pasará el día 21, sino en lo que pasará dentro de seis u ocho meses, cuando los entusiasmos y calores de la campaña se hayan disipado y hayamos regresado a la vida cotidiana.  Por otra parte, llevamos meses de encuestas diarias que dan por seguros unos resultados que quizá no se produzcan, porque quizá haya mañana una sorpresa inesperada. Quién sabe.

Precisamente debido a la mejora de los candidatos, lo que más me ha decepcionado no han sido ellos o los partidos, sino más bien los electores, los futuros electores. Mientras que los candidatos han hecho en general un buen discurso electoral, con las limitaciones obvias de este tipo de espectáculos, y han hablado de la necesidad de dialogar tras las elecciones (o al menos han insinuado que no habrá otro remedio), la gente, el pueblo, los ciudadanos, los electores en definitiva, han continuado la inercia de los meses anteriores y la mayoría ha despreciado todo cuanto iba contra sus ideas. Los electores, en definitiva, siguen, seguimos, convirtiendo la política en una sucesión de anécdotas (como yo quizá en este anecdotario de campaña), buscando esos pequeños detalles, gestos y declaraciones, más o menos llamativos, meteduras de pata, deslices, en fin, rehuyendo el análisis sereno y centrándolo todo en discusiones interminables y demagógicas acerca de minucias, discusiones en las que  no hay salida posible para el razonamiento, la confrontación serena de ideas y el respeto a quienes no piensan como tú. A veces parece que votar a uno u otro partido es, más que un error de cálculo, un pecado. También, ya que hablamos de religión, podría añadir que se detecta un cierto pensamiento mágico entre los partidarios de uno u otro partido, que parecen pensar que la vida solo puede continuar si son los suyos los que ganan, los que se alían como ellos quieren o los que pierden con dignidad. Muy pocas personas aceptan de manera decidida la verdadera virtud de la democracia: que quienes pensamos de manera diferente, dirigentes y electores, podamos convivir de manera civilizada, aceptando que a veces ganan unos y a veces ganan los otros, no porque los electores sean descerebrados o los dirigentes manipuladores (que también puede suceder y sucede, claro), sino porque no existe otra manera razonable de convivir en este mundo imperfecto en el que habitamos. Y líbrenos Dios, el destino o quien corresponda de los mundos perfectos. Debido a esa crispación, yo mismo me he mantenido apartado de la discusión política, porque está claro que el debate está dominado por quienes lo único que quieren es vender la propaganda de su partido y atacar la del resto, con una verdadera alergia a la discusión sensata. Ahora que ya ha acabado la cosa, publico estas reflexiones no ideologizadas para respetar, además, aquella tradición, quizá no tan absurda como se dice últimamente, de la jornada de reflexión.

En cualquier caso, no creo que con ciertas descalificaciones absolutas que se oyen y se leen en las redes sociales se pueda construir una buena sociedad. Creo que unos y otros deberíamos evitar convertirnos en un país con una fractura social nacida de la mala leche y el odio, porque ya hemos tenido bastantes ejemplos, algunos de ellos muy recientes, de lo malo que es eso y de lo que cuesta arreglarlo después. Si ahora los políticos parece que se han echado atrás un poco en ese terreno, es hora de que también los ciudadanos trabajemos un poco la convivencia con quienes no piensan como nosotros, porque nos esperan tiempos difíciles en lo que se refiere a los pactos y es necesaria mucha paciencia. Afortunadamente, hay un número tremendo de indecisos que revela que no todo el mundo tiene las cosas tan claras. Entre ellos me cuento yo, que, a pocas horas de que se abran las urnas, no tengo todavía decidido qué votaré.


 

 

CUADERNO DE POLÍTICA

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LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE y sus libros improbables

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En varios artículos de esta Biblioteca Imposible, nueva versión de la Biblioteca ideal que alojé en el sitio web Divertinajes, me referí a las múltiples lecturas que puede tener un libro. Es un asunto bastante obvio, en el que no sería necesario insistir, si no fuera porque casi siempre lo olvidan quienes se dedican a descifrar los libros, las películas y cualquier manifestación artística y aseguran, satisfechos, que han encontrado “su significado”.

Frente a la obsesión por el significado, que tiñe o contamina casi toda la crítica moderna, intenté en aquellos artículos llamar la atención no hacia el significado, sino hacia los significados, los múltiples significados que pueden encontrarse en cualquier obra que merezca la pena.

Macpherson, por G. Romney

En Los libros que escriben los lectores me detuve en la constatación sin duda trivial de que un mismo libro es diferente cada vez que lo leemos, no porque el libro cambie, sino porque cambiamos nosotros: cambia el río de Heráclito y cambiamos nosotros cuando nos bañamos de nuevo en ese río.

En Instantes de Jorge Luis Borges y en Ossian de James MacPherson hablé de cómo nuestra opinión acerca de un libro se modifica si creemos que lo ha escrito o no un autor determinado.

El poema Instantes, atribuido a Borges, en efecto, parece perder todo su valor cuando nos dicen que no lo escribió Borges. Lo que antes alguien interpretó como sutileza escondida en frases aparentemente sencillas, se convierte ahora en ejemplo de simplismo poético. En cuanto a los poemas de Ossian, si creemos que los escribió un bardo escoces de la época medieval nos parecen comparables o superiores a Homero, como llegó afirmar el propio Goethe, pero si se descubre que esos versos fueron escritos por James McPherson, erudito del siglo XVIII, pasan a ser considerados como la obra prescindible de un imitador.

En otro artículo, El Mahabharata y otras obras del tiempo, dije que las maneras de leer, entender y disfrutar de un libro son completamente diferentes según la fecha en que fue escrito. No encontramos tan interesante el larguísimo Mahabharata si creemos que fue escrito en el año -1400 en vez de en el -280. La diferencia es que en un caso es un asombros precursor de la Ilíada, mientras que en el otro es una copia. En un caso lo ha inventado todo, en el otro casi nada.

Volví a tratar el tema de los cambios en la percepción de un libro que suelen estar ligados no solo la reinterpretación sino también a los prejuicios, en otros artículos, como Los libros que queremos leer y el Cardenio de Shakespeare, o en El Shakespeare cervantino, donde lo que está en juego es la atribución de un libro a Shakespeare, con todo el efecto transformador que eso puede tener en la lectura del modesto Cardenio, esa obra de teatro que protagoniza un personaje secundario de El Quijote.

Como quizá revela la enumeración anterior, me interesa mucho el tema de cómo una misma cosa, un mismo libro, puede ser al mismo tiempo muchos libros. El ejemplo máximo nos lo dio probablemente Borges, cuando en Pierre Menard, autor del Quijote, nos muestra cómo un mismo párrafo cambia completamente de sentido si lo ha escrito Cervantes en el siglo XVI o Pierre Menard en el XIX. También dediqué un artículo a esa estimulante ocurrencia de Borges: Pierre Menard, autor de Ficciones.


LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE

 

 

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La fidelidad como falsa virtud

Marcos Méndez Filesi, Daniel Tubau y Javier Baonza

Marcos Méndez Filesi, Daniel Tubau y Javier Baonza

A veces, cuando he defendido la infidelidad, o cuando alguien descubre que he escrito un Elogio de la infidelidad, me he sentido como si fuera algo así como un satanista que adora al diablo. Para muchas personas, parece imposible que se pueda defender la infidelidad sin ser un sinverguenza, un hipócrita o una mala persona que engaña a los demás.

Sin embargo, en mi opinión, sucede precisamente lo contrario: las legiones de engañadores las encontramos entre los que se declaran partidarios de la fidelidad, que son capaces de convivir décadas enteras sobre una mentira, a veces engañándose a sí mismos, a veces engañando a los demás, a veces, las dos cosas. Quienes no creemos en la fidelidad, y además lo decimos, no engañamos a nadie. Como explique al final de la presentación que compartí con Javier Baonza y Marcos Méndez Filesi de Elogio de la infidelidad, y como digo también al comienzo del libro, mi intención en Elogio de la infidelidad es mostrar (y si es posible demostrar) que la fidelidad es una falsa virtud y que el concepto en sí no contiene ningún valor positivo.

Puede sonar radical decir algo semejante, pero lo creo sinceramente. La fidelidad es una falsa virtud, cuya utilidad es justificar la obediencia, impedir la disensión y reprimir los deseos, la libertad de elección y el cambio de opinión o silenciar las pulsiones más naturales y espontáneas.

No soy, en todo caso, un extremista, ni en esto ni en ninguna otra cosa, por lo que estoy dispuesto a llegar a entendimientos en terrenos comunes y encontrar algo de cierto valor en el concepto si entendemos fidelidad como algo parecido a lealtad, a ser leal… pero incluso en ese terreno dudo: ¿ser leal a la palabra dada? Como explico en el libro, dudo también de eso: ¿ser leal a esa palabra dada sea cual sea la circunstancia? Ahí comienzan los problemas, como explico en los capítulos del libro dedicados a la fidelidad en la política.

Fragmento de la presentación en El Caldito

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=hihF7giryhw[/youtube]

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Elogio de la infidelidad
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Editorial EVOHÉ

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Aquiles y Áyax se la juegan en Troya
Homéricas /008

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En Tersites y Palamedes y las leyes del azar hablé de la sorprendente ausencia del estudio de las leyes del azar en la Grecia clásica. Mencioné allí una pintura de Polignoto, que menciona Pausanias en su Descripción de Grecia, en la que se veía jugar a los dados a dos personajes de la guerra de Troya, Palamedes y Tersites. Aunque esa pintura se ha perdido, sí se conservan otros dibujos en ánforas y jarras griegas, en los que quienes juegan a los dados son los guerreros más poderosos de Troya, Aquiles y Áyax, como se puede ver en el ánfora que  encabeza este artículo y en las que se reproducen a continuación.

Aquiles y Ayax juegan a lso dados-Exekias

Aquiles y Áyax juegan a los dados y quizá a un juego de tablero

 

La más célebre de estas escenas se conserva en un ánfora pintada por Exekias, en la que se ve a Aquiles vestido con su armadura, mientras que Áyax tiene sus armas cerca. Los dos están enfrentándose en un juego que algunos expertos han comparado con el backgamon y otros con las damas o el ajedrez. En cualquier caso, se trata de un juego en el que se empleaban dados, como veremos más adelante.

Esta curiosa escena no ha podido ser explicada por los mitógrafos, porque Homero no la describe ni en la Ilíada ni en la Odisea. Se considera, por tanto, un motivo creado posteriormente, que pretendería mostrar tan solo una escena cotidiana de los guerreros en sus momentos de descanso. También se ha buscado un simbolismo en el hecho de que los dos luchadores encontrasen un destino fatal en las llanuras de Troya: el azar de los dados y el determinismo de su destino.

ANDOKIDES PAINTER, AJAX AND ACHILLES PLAYING A GAME (ATTIC BILINGUAL AMPHORA), FROM ORVIETO, C. 525 - 520 B.C. BLACK-FIGURE SIDE (LEFT) AND RED-FIGURE SIDE (RIGHT). APPROX. 1'9" HIGH. COURTESY, MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON.

Aquiles y Áyax juegan o se la juega (pintor de Andodikes)

Mi opinión es que la escena esconde otra interpretación. Creo que Aquiles y Áyax no están jugando por simple placer, sino que están apostando algo importante. Esta posibilidad parece reforzarse si observamos otra de las representaciones, la que se atribuye al pintor de Efiletos, en la que entre los dos contendientes aparece la diosa Atenea, lo que parece significar que la diosa está ejerciendo de árbitro en una cuestión importante. ¿De qué asunto podría tratarse?

Me aventuro a pensar, pero no descarto otras interpretaciones, que lo que Áyax y Aquiles están decidiendo es quién se enfrentará al héroe troyano Héctor. Como es sabido, muchos guerreros griegos se disputaron el honor de luchar en combate mortal contra el mejor de los troyanos. Áyax pudo enfrentarse en dos ocasiones a Héctor, como se describe en la Ilíada, pero el combate quedó nulo. Tiempo después, Aquiles, furioso por la muerte de su amado Patroclo, regresó al combate y mató a Héctor. Ese es el tema principal de la Ilíada, la cólera de Aquiles.

Atenea entre Aquiles y Áyax, por el pintor de Efiletos

ANDOKIDES PAINTER, AJAX AND ACHILLES PLAYING A GAME (ATTIC BILINGUAL AMPHORA), FROM ORVIETO, C. 525 - 520 B.C. BLACK-FIGURE SIDE (LEFT) AND RED-FIGURE SIDE (RIGHT). APPROX. 1'9" HIGH. COURTESY, MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON.

Aquiles y Ayax por el pintor de Andodikes

 

La escena representada en el vaso podría referirse al sorteo por el primer combate contra Héctor, aunque un detalle de la pintura de Exekias parece contradecirlo, pues es Aquiles el que parece ganar la partida, ya que si miramos con atención el dibujo veremos que, como en los cómics modernos, los dos personajes dicen la tirada de sus dados: Aquiles dice: “Tessara” (cuatro), mientras que Áyax responde: “Tria” (“tres”). Eso parece indicar que es Aquiles quien ha ganado el juego de dados.

A no ser, claro, que se tratara de un juego de tablero en el que no se gana sacando la cifra más alta en una tirada, sino que un número u otro pueda servir para llegar a alguna casilla; o bien, pudiera ser que la suma de los dos números haga ganador a uno o otro jugador.

Ahora bien, al examinar los motivos, símbolos y representaciones relacionados con los poemas homéricos, tenemos que tener en cuenta una casi insuperable dificultad. Las pinturas que aquí estoy examinando, suelen estar fechadas hacia el año -550 o -400, mientras que los poemas homéricos se supone que fueron compuestos hacia el -800 o el -700. Lo que hace las cosas todavía más difíciles es que los acontecimientos que se narran en los poemas homéricos pudieron tener lugar en el año -1200 o incluso en el -1400. En consecuencia, estamos hablando de distancias temporales enormes entre los acontecimientos, los textos homéricos y las representaciones en jarras y ánforas, por lo que ante cualquier dificultad nos podemos preguntar: ¿qué griegos jugaban a los dados?, ¿los que participaron en la guerra de Troya?, ¿los que aparecen en los poemas trasmitidos por Homero y otros cantores (por ejemplo los del ciclo de poemas conocidos como las Ciprias y hoy perdidos)? ¿los de la época clásica que pintaron esas imágenes? Quizá los griegos que participaron en la guerra de Troya no conocían el juego de los dados y ese es un motivo creado por los griegos de -550. Además, quizá los griegos que participaron en la guerra de Troya… no eran griegos (o al menos no eran los griegos que cantaron los poemas de Homero o pintaron las jarras que se conservan). Tal vez los griegos llegaron a Grecia después de la guerra de Troya, tal vez los dados llegaron a Grecia en época clásica y no fueron conocidos durante la época de la guerra de Troya, quizá Homero tampoco conocía el juego de los dados. ¿Quién sabe? Hay muchas preguntas que responder.

Aquiles y Ayax juegan a los dados-Exekias-detalle

Aquí se puede apreciar que de la boca de Aquiles (Akyleos) sale la palabra “Tessada” (cuatro) y de la de Áyax (Ayantos) “Tri” o “Tria” (tres)

En cualquier caso, sí parece obvio que si se el hecho de que se representara a los dos grandes héroes jugando a los dados es porque había algún relato que hablaba de esa partida de dados, tal vez en alguna de las versiones de la Ilíada (cada ciudad griega tenía su propia versión de la Ilíada), o tal vez se contara en algún otro texto. Pero debió existir alguna anécdota relacionada con esa partida entre Áyax y Aquiles.
Aquiles y Ayax juegan a los dadosAhora bien, mi hipótesis es que el juego de dados tuvo un papel más importante en la guerra de Troya del que hoy conocemos, a pesar de que Homero no consideró necesario hablar de ello. Su presencia constante en ánforas y vasijas parece indicar un acontecimiento significativo, como ya he dicho, pero, además, existe un interesante indicio que podría ser muy revelador y que no ha sido mencionado por ningún estudioso (al menos que yo sepa). Ese indicio no se encuentra en Grecia ni en las llanuras de Troya, sino en la lejana India.

Por ahora sólo me gustaría señalar que en otras representaciones de esta escena parece adivinarse que, aunque se emplean dados, también parece haber piezas sobre un tablero, casi como si los héroes estuvieran jugando al juego de la conquista de Troya, del mismo modo que los japoneses usaron el juego del go para planear sus estrategias en la Segunda Guerra Mundial. Ese sería un bonito ejemplo de metalenguaje, de juego dentro del juego.

atenea entre jugadores

Sería casi una broma irónica ver cómo los héroes jugaban con sus piezas sobre el tablero, del mismo modo que los dioses juegan con los guerreros griegos y troyanos en las llanuras de Troya, incitándolos a un combate mortal para divertirse en sus mansiones del Olimpo.


 [Este texto fue publicado en la página Divertinajes el 19 de septiembre de 2013.
Revisado en 2015]

Las 900 tesis homéricas es una investigación en la red. Todos los textos son provisionales y están en permanente revisión, por lo que no conviene tomárselos muy en serio. Como su nombre indica, la investigación está dedicada a Homero y a las obras que se le atribuyen, y en especial la Ilíada y la Odisea.

 

NUMEN - Mitología Comparada


AJEDREZ

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Tersites y Palamedes, las leyes del azar
|| Homéricas /007

Los griegos se han ganado con toda justicia la fama de haber inventado artes, ciencias y conceptos que hoy en día todavía empleamos. Aunque muchos de sus conocimientos los tomaron de civilizaciones más antiguas o coetáneas, como la egipcia, las mesopotámicas y la persa, es cierto que, al menos hasta donde nos indican nuestros conocimientos actuales, fueron capaces de generalizar leyes y deducciones a partir de la acumulación de conocimientos, de una manera que pocas civilizaciones han logrado.

Los otros ‘milagros griegos’ de la historia humana, es decir una explosión de creatividad comparable, debemos buscarlos en China e India, o en el Islam y el cristianismo medieval, aunque los dos últimos construyeron en gran parte su saber a partir del de los griegos y latinos (en el caso del Islam, también copiando a persas e indios). Hay que esperar a la civilización moderna europea, hacia 1600, para encontrar una explosión de creatividad e inventiva comparable a la que se produjo en Grecia varios siglos antes de nuestra era.

Ahora bien, los griegos dejaron algunos terrenos sin explorar, o quizá suceda que no se han conservado sus investigaciones en ciertos asuntos, porque hay que tener en cuenta que, siendo optimistas en el cálculo, tan sólo conservamos un 10% de la cultura griega.

Dados romanos

Uno de los asuntos fundamentales que se les escapó a los griegos es el de la probabilidad y el estudio de las leyes del azar. Parece asombroso que no se conserve nada relevante relacionado con el cálculo probabilístico o la estadística en los filósofos y científicos griegos. Pero hay que tener en cuenta que no fueron los únicos que apenas prestaron atención a tales aspectos, porque hay que esperar hasta el siglo IX para encontrar los primeros estudios serios acerca de la estadística y las leyes del azar, empleadas en este caso para el desciframiento de mensajes, por parte de Al Kindi. No es hasta 1560 que se publica el primer estudio sobre la probabilidad relacionado con el juego de dados, por ese personaje fascinante que fue Gerolamo Cardano.

Sin embargo, los griegos eran muy aficionados al que es por definición el gran juego de azar, los dados. Se conservan muchas pinturas en las que los guerreros de Troya compiten a los dados, en especial Aquiles y Ájax el grande, es decir Áyax de Telamón, a pesar de que, al menos que yo recuerde, no hay ningún episodio de la Ilíada que hable de esta afición (espero referirme en próximos artículos de esta curiosa ausencia). Sin embargo, en su Viaje a Grecia, Pausanias describe una pintura de Polignoto, aquel pintor que se decía que era capaz de hacer copias perfectas de la realidad, en la que quienes juegan a los dados son Tersites y Palamedes. No es sin duda casual que se asocie a estos dos personajes con los dados. Las razones exactas quizá se nos escapan, pero podemos intuir algunas si estudiamos un poco mejor a los dos personajes.

Palamedes, según Canova

Por un lado, Tersites representa en la Ilíada al hombre común y vulgar, al plebeyo, al que no pertenece a la aristocracia, a los mejores o aristos.

Homero lo presenta como patizambo, cojo y con los hombros hundidos hacia el pecho. Es, además, el más feo de los griegos, vulgar, insolente y maleducado. Sin embargo, interviene en las reuniones de los generales aqueos, no se sabe muy bien en calidad de qué, pero es seguro que en ello se esconde un dato que podría ser interesantísimo si lo averiguáramos. ¿Tal vez era algo así como un representante de la tropa o de la plebe?, ¿quizá un bufón o un consejero sin rango?

Robert Graves considera que la exageración de los rasgos negativos de Tersites por parte de Homero es una argucia para poder deslizar sus críticas. En la Ilíada, en efecto, Tersites acusa al gran general Agamenón de codicioso y Ulises, para castigarlo, lo golpea sin piedad con su bastón. Shakespeare también lo hace aparecer en su Troilo y Crésida, y allí le hace calificar la mítica guerra de Troya como el absurdo conflicto provocado por “una puta y un cornudo”, refiriéndose a Helena y su marido Menelao. A menudo, cuando escuchamos a Tersites en la obra de Shakespeare, no podemos evitar pensar que es el más sensato de los que están allí.

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Aquiles a punto de matar a Tersites

El otro personaje que juega a los dados con Tersites en el cuadro de Polignoto también es muy interesante. Se trata de Palamedes. No es sorprendente su presencia, puesto que se le atribuye la invención misma de los dados, además de muchas otras cosas, algunas de ellas cercanas a la probabilidad y el pensamiento estadístico: la contabilidad, los pesos y medidas, los rangos militares, la moneda, bromas de todo tipo e incluso ciertos secretos relacionados con la fabricación de vino, y hasta once o dieciséis de las letras del alfabeto. Este hombre prodigioso fue el encargado de llevar a Ulises a la guerra de Troya, descubriendo que el ingenioso itacense se fingía loco para escapar al alistamiento, sembraba sus campos con sal y conducía salvajemente un carro, sin detenerse ante nada. Palamedes puso delante del carro a Telémaco, el hijo de Ulises, lo que hizo que el héroe se detuviera. En venganza por haber sido obligado a participar en la guerra, Ulises acabó acusando a Palamedes de traición, pues este gran inventor, al igual que Tersites, estaba en contra de la guerra, lo que hizo verosímil la farsa que se inventó Ulises: que el rey Príamo de Troya le había sobornado. El propio Ulises, con ayuda de Diómedes, mató a Palamedes a pedradas o ahogándolo.

Tersites, Ulises y Agamenón.

Palamedes obtuvo una venganza póstuma a través de su padre Nauplio, quien, furioso al no lograr la condena de los asesinos, viajó por toda Grecia convenciendo a las esposas de los héroes a tomar amantes, además de ocuparse él mismo de hundir parte de la flota aquea a su regreso de Troya, precipitándolos contra las rocas con falsas señales de faros en la costa.

Como suele suceder en la mitología griega, tras algunos mitos menores, como los de Tersites y Palamedes, es seguro que se esconden complejas historias.

Tal vez no sea casual que un inventor asesinado, hijo de un héroe o dios marino, esté relacionado con el desastroso regreso de los héroes griegos a su tierra. Yo creo ver en ello un eco de un hecho histórico, las invasiones de los misteriosos pueblos del mar, que acabaron con la cultura micénica, tal vez hacia el año -1200 o -1400. Pero también es probable que a esa destrucción contribuyera no ya la traición de esposas infieles, sino de ciudades enteras en las que se produjeron revoluciones aprovechando la ausencia de sus caudillos. Quizá debemos entender que la esposa de un general es una metáfora o un símbolo de la ciudad misma. Un detalle curioso parece avalar esta hipótesis y la causalidad de encontrar a Palamedes jugando a los dados con Tersites: el comentador homérico bizantino Eustacio, dice que los generales griegos se llevaron a Tersites a Troya precisamente para que en su ausencia no incitara a una revolución.

Si pensamos en la guerra de Troya como un acontecimiento histórico y en los personajes como un lejano eco de pueblos que participaron en esa guerra, podríamos pensar que Palamedes (y tal vez Tersites) pertenecían a un pueblo aliado con los griegos pero que entro en conflicto con ellos, quizá dudando de participar en la alianza o no suministrando grano o alimento. Podría ser un pueblo que tuviera como dios a Posidón, que será el dios que después castigará a los griegos, y en especial a Ulises, al regresar de Troya. El interés puede estar en Nauplio, el padre de Palamedes, hijo de Posidón y al que muchos tomaban en la antiguedad por egipcio. Pero esa es una investigación que todavía espera su momento.


 [Este texto fue publicado en la página Divertinajes el 12 de septiembre de 2013]

Las 900 tesis homéricas es una investigación en la red. Todos los textos son provisionales y están en permanente revisión, por lo que no conviene tomárselos muy en serio. Como su nombre indica, la investigación está dedicada a Homero y a las obras que se le atribuyen, y en especial la Ilíada y la Odisea.

 

NUMEN - Mitología Comparada

 


 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. Aquí he añadido otros textos relacionados con el azar y la necesidad, es decir, el determinismo y el indeterminismo.

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Sinleke Unumi, uno de los primeros escritores

 

La Epopeya de Gilgamesh es una de las primeras muestras de escritura que puede considerarse parte de la literatura y tal vez la primera con una verdadera ambición narrativa. Ignoramos quién la escribió por primera vez, aunque conocemos los nombres de algunos de los que la copiaron y la modificaron en diversas lenguas, como Sinleke Unumi, el autor de la versión ninivita, la más apreciada. Era Asirio.

Al leer las aventuras del rey de Uruk Gilgamesh y de su compañero, el hombre bestia Enkidu, podemos preguntarnos varias cosas que también nos preguntamos al leer las dos obras atribuidas a Homero, la Ilíada y la Odisea. Una de esas preguntas es: ¿conocía Homero la escritura? Otra es: ¿conocía Sinleke Unumi la escritura?

La respuesta a la primera pregunta es difícil y son muchos los que han afirmado que Homero era analfabeto, un poeta ciego, cuyos cantos alguien transcribió. En el caso de Sinleke Unumi, sin embargo, hay que suponer que conocía muy bien la escritura, a pesar de haber vivido probablemente 2000 años antes que Homero. Hay que suponerlo porque en la Epopeya de Gilgamesh se menciona la escritura de manera explícita en sus primeros versos:

Voy a presentar al mundo
a Aquel que todo lo ha visto
que ha conocido la tierra entera
comprendido todas las cosas
y explorado alrededor
de todo lo que está oculto

Excelente en sabiduría
todo lo abarcó con la mirada
Contempló los secretos
descubrió los misterios
y nos ha contado incluso
el tiempo antes del Diluvio.

De vuelta de su lejano viaje
agotado pero apaciguado
grabó sobre una estela
todos sus trabajos.

Como se ve, el autor del poema no se atribuye el mérito de haberlo escrito, sino afirma que el verdadero autor es el propio protagonista de las aventuras, el rey Gilgamesh de Uruk, que es también esa persona “que todo lo ha visto”. Para confirmar que se dispone a trascribir los textos escritos por el legendario rey sabio, el escriba nos dice un poco más adelante:

Ve ahora a buscar
el cofrecillo de cobre
manipula en él
el anillo de bronce
Abre en él
el pomo del secreto
y extrae la tablilla de lazulita
para descifrar
cómo Gilgamesh
superó tantas pruebas.

Es un procedimiento similar al de Cervantes cuando dice en el Quijote que las aventuras del caballero manchego fueron escritas no por Alonso Quijano en persona, pero sí por Cide Hamete Benengelí. Se ha intentado identificar a este autor, por ejemplo, con Cide Hamete Bejarano, y también se sabe que había ciertos personajes en La Mancha que se vestían con viejas armaduras y se lanzaban a aventuras a la usanza de la antigua caballería. Tal vez Cervantes se inspiró en crónicas y atestados como lo hizo Stendhal con sus deliciosas Crónicas italianas. Pero, regresemos a la Epopeya de Gigamesh.

Parece claro, como hemos visto, que existía un antiguo relato escrito en ese mineral de nombre tan hermoso, lapislázuli o lazulita. Permanece, sin embargo, la duda acerca de  si esa tablilla contenía todo el relato o si no se trataba tan sólo de la clave que permitía descifrar el lenguaje de otras tablillas. Al parecer, el antiguo sumerio ya no se hablaba, pero ciertos escribas acadios, asírios o babilonios conservaban el secreto de su lectura.

Son dudas que se deben, sin duda, a mi ignorancia de la lengua del poema, que en este caso era el acadio, o a la ambigüedad del traductor, en este caso Jean Bottéro, al escribir “Extrae la tablilla de lazulita para descifrar…” Conviene, pues consultar otras traducciones, como la de Joaquín Sanmartín,  realizada a partir de los textos acadios recopilados por Andrew George. Combino aquí la traducción de Sanmartín con la del propio George, para resolver algún pasaje dudoso:

Encuentra el cofre de cobre,
descorre sus cerrojos de bronce,
levanta la tapa misteriosa
alza la tablilla de lapislázuli
y lee en voz alta
los trabajos de Gilgamesh
y como él los superó.

Aquí la idea de que la tablilla de lapislázuli es una especie de contraclave que serviría para descifrar otro texto se disuelve y con ella la sugerente posibilidad de que nos encontremos ante el primer lenguaje secreto de la humanidad. Sin embargo, no hay que olvidar que el lenguaje cuneiforme precisaba de un cierto desciframiento, al componerse de 600 signos diferentes, cada uno de ellos con muy diferentes interpretaciones, como señala Julian Jaynes:

“Muchos de esos signos eran ideográficos, pero el mismo signo podía representar una sílaba, una idea, un nombre o una palabra con diversos significados según la clase a la que perteneciera, clase que solía ser señalada por una marca. Sólo por el contexto se podía entender el significado”.

Jaynes pone el ejemplo del signo, que cuando se pronuncia como samsu significa sol, pero cuando se pronuncia como ūmu es día y cuando pisu es blanco, pero que también sirve para las sílabas ud, tu, tam, pir, lah, y his, por lo que las dificultades para interpretarlo “eran incluso grandes en su momento”. A quienes conozcan un poco el chino, les sonará esta característica del sumerio, con la diferencia de que en chino hay más de 50.000 caracteres, aunque basta con 2000 para hablarlo y escribirlo. Por otra parte, si recordamos que los bibliotecarios del año -600 leían los textos del -2700, es inevitale pensar que ellos también descifraban lo que habían escrito sus antepasados, incluso aunque estuviera escrito en el mimso idioma.

Escriba

En cualquier caso, es a partir del momento en el que se extrae del cofre y se lee la tablilla de lapislázuli cuando Sinleke Unumi trascribe el relato del propio rey Gilgamesh. A partir de ese momento el relato coincide con lo que se conoce  como la versión antigua del poema, aunque de tanto en tanto se encontrarán muchas interpolaciones que hacen diferente y único el relato de Sinleke.

Pero, ¿por qué hablo de un autor, de Sinleke Unumi, con tanta seguridad? ¿Por qué atribuirle, si no el poema de Gilgamesh, al menos su versión más elogiada, no ya por nosotros, sino por los bibliotecarios de la Biblioteca de Asurbanipal encontrada en Nínive?

Lo hago porque en un catálogo encontrado en esa asombrosa biblioteca se atribuye la serie de Gilgamesh (las doce tablillas que comprende el poema) a Sinleke Unumi. Los bibliotecarios escriben el catálogo hacia  el año -600 y sitúan a Sinleke hacia el -2700, así que podemos sospechar acerca de su fiabilidad, pues son tantos años los que les separan de Sinleke como los que nos separan  a nosotros de ellos, de Asurbanipal y también de Homero. Los bibliotecarios dicen que Sinleke era un exorcista y lo sitúan en la época posterior al Diluvio, por lo que sería contemporáneo del propio Gilgamesh.

Como se ve, en la Epopeya de Gilgamesh la escritura está siempre presente: se habla de un relato escrito y de una transcripción de ese relato, más que de un canto, como parece suceder en los textos considerados homéricos, en los que apenas hay alguna mención a la escritura y además es dudosa (ver ¿Conocía Homero la escritura?). En cuanto a si Sinleke es el primer autor de la humanidad o si Homero habla de sí mismo en sus obras, esas son otras historias, que cuento en ¿Habla Homero de sí mismo en sus obras? y en El primer autor de la historia es una mujer.

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Toda la mitología

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

NUMEN - Mitología Comparada

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Anche se, de Gino Paoli

Gino-Paoli-buho

Gino Paoli es quizá el más grande de todos los compositores italianos, autor de clásicos como “Sapore di sale”, de auténticas delicias como “Senza fine” y “Il cielo en una stanza”; intérprete de la mejor versión de “Albergo a ore” (la versión italiana hecha por Hebert Pagani de “Les amants de un jour”); compositor de “Che cosa c’è” y una lista interminable de canciones incomparables, también algunas menos conocidas pero que a mí me gustan muchísimo, como “La gatta”.

Paoli todavía vive y todavía canta, a los ochenta años, a pesar de alojar cerca de su corazón una bala con la que intentó suicidarse hace más de cincuenta años, quizá por amor o quizá porque, como él dice, el éxito había hecho que estuviera “confuso y perdido”. Tiempo después, el suicidio de su amigo Luigi Tenco le llevó a abandonar la música durante una temporada.

Sus canciones han sido convertidas en legendarias por Mina con “Il cielo en una stanza”, o por Ornella Vanoni con “Senza fine”, la canción que suena en aquella avioneta estrellada de Avanti! de Billy Wilder.

Gino  Paoli y Ornella Vanoni

Gino Paoli y Ornella Vanoni

Aunque me vienen a la memoria constantemente las canciones de Paoli, a menudo me sorprendo canturreando “Anche se”, una canción para la que ya no emplearé más adjetivos, porque ya los he utilizado casi todos en las líneas anteriores.

“Anche se” apareció en 1962 y fue un éxito lleno de polémica, porque Paoli se atrevía a romper con todos los prejuicios y tabués de la época (el divorcio ni siquiera era legal todavía en italia), al afirmar en la canción que no le importa el pasado de la mujer que ama ni los amantes que haya tenido, incluso la reciente infidelidad .

“Anche se”, en consecuencia, ocupa un lugar de honor en esta Discoteca Infiel.

[youtube]http://youtu.be/DmRMbltnLQA[/youtube]

Anche se sei stata di un altro
Se gli hai detto le stesse parole
Che tu dici a me… ogni giorno
Ogni giorno… ogni notte

Anche se sei stata di un altro
Se hai tremato alle sue carezze
Come tremi oggi… alle mie
Ogni giorno… ogni notte

Io… io non voglio chiederti niente
Non voglio più… sapere niente
Ho bisogno di amarti per vivere
Ho bisogno ogni giorno di te

Anche se… sei stata di un altro
Ho bisogno lo stesso di te
E non mi importa di sapere altro
La vita non ha ieri… ed il domani è…
È già qui

Aún si

Aún si has sido de otro
si le has dicho las mismas palabras
que me dices a mí … cada dia
cada dia … cada noche –

Aún si has sido de otro
si has temblado con sus caricias
como tiemblas hoy … con las mias
cada dia … cada noche –

yo … yo no quiero pedirte nada
no quiero saber …. nada mas
necesito amarte para vivir
necesito cada dia de ti

Aún si … has sido de otro
necesito lo mismo de ti
y no me importa saber de otros
la vida no tiene un ayer … y el mañana es ..
esta ya aquí .

                                                                     (Traducción lyricstranslate)
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