Modos de conocimiento en Descartes

Dice Descartes que hay cuatro medios por los que se puede adquirir la sabiduría. Uno es la lectura; otro son las nociones que se pueden adquirir sin meditación (las nociones innatas, supongo); el tercero, lo que la experiencia sensible nos permite conocer, y el  cuarto la conversación con otros hombres.

Descartes no incluye el conocimiento revelado (la revelacion divina) puesto que se obtiene instantáneamente y no por grados, pero añade:

“Siempre ha habido grandes  hombres que han tratado de encontrar un quinto grado para llegar a la sabiduría, incomparablemente mas alto  y mas firme que  los otros cuatro. Estos hombres son los que se llaman filósofos. Estos hombres han tratado de obtener a partir de las  primeras causas los primeros principios, las razones de todo lo que podemos saber”.

 Ya he dicho en algún lugar que yo no comparto esta pretension.

De todas maneras, este quinto  grado tambien se podría entender a la manera de un conocimiento no intelectivo como el que predica el zen o el sufismo. O lo que me comentaba mi amigo MA  hace unos días: que no descartaba la posibilidad de un conocimiento  no intelectual superior al intelectual pero que tampoco fuese divino.  Bien, yo, con todo esto, ni estoy de acuerdo ni dejo de estar de acuerdo.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[sábado 6 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-07 16:51:02.

Sobre la construcción de sistemas filosóficos

Cuando discutía la opinión de Descartes de que había que partir de unos primeros principios para deducir de ellos todas las cosas (Modos de conocimiento en Descartes) me interesaba llegar a un punto que el propio Descartes señala: muchos sistemas filosóficos acaban convirtiéndose en un dogma al que adaptar cualquier nueva idea. Eso sucedió con el aristotelismo, al que Descartes se opuso[1]2012. Descartes, por supuesto, considera que su sistema no cae en este error porque es el sistema correcto.

Mi desconfianza hacia los sistemas se debe a varias razones. Una de las más importantes es que si eliges un sistema falso, un sistema incorrecto, si partes de unas reglas rígidas para examinar la realidad, corres el  peligro de echar a perder toda tu investigación. No una parte de lo que descubres, sino todo. Si tus consecuencias o deducciones se basan en principios falsos, casi con toda seguridad esas deducciones serán falsas también (las correctas lo serán por mera casualidad, no porque se basen en esos principios).

Se me puede replicar que, si pienso así, no sería posible encontrar cosas ciertas en los textos de cualquier filósofo, por ejemplo Descartes, que haya adoptado un sistema que después se ha demostrado erróneo.

A esto respondo que es posible hallar razonamientos correctos e ideas  interesantes y brillantes en filósofos que defendieron un sistema filosófico que hoy carece de crédito alguno. Y es posible por varias razones:

1) La ya mencionada casualidad: en ocasiones, filósofos y científicos han descubierto algo importante sin darse cuenta, o creyendo que se trataba de otra cosa.

2) Porque a veces los filósofos primero piensan y luego adoptan un sistema, y no a la inversa, de tal modo que sus investigaciones pueden seguir siendo correctas, válidas o interesantes incluso cuando no nos parezca correcto el modo en que tales investigaciones han sido explicadas por el propio filósofo.

3) Porque a menudo los filósofos no siguen el sistema que dicen seguir.

4) Porque a veces el error de un filósofo nos enseña más que sus aciertos.

En consecuencia, sólo  aquellos que siguen rígidamente sistemas consideran inútil el trabajo de los demás pensadores (ya se trate o no de constructores de sistemas).

Para terminar por ahora con este tema: opino que los filósofos que siguen sistemas rígidos acaban actuando y razonando del mismo modo que las personas que adoptan una filosofía dogmática: al final son incapaces de ver las cosas que se tienen ante sus mismos ojos. Y lo que es peor,  se niegan  a verlas, se niegan a contemplar, examinar o escuchar cualquier hecho que contradiga su dogmática ideología o su  rígido sistema. Eso les hace inventar explicaciones ad hoc cada vez más grotescas para justificar todas esas incompatibilidades.

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[Explicaciones ad hoc: en el buen sentido, explicaciones adecuadas a uan situación concreta. En el mal sentido, que es el que yo empleo aquí, explicaciones sacadas de la manga, inventadas para salir del paso, para resolver de manera chapucera un problema inesperado o no previsto por una teoría]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[martes 9 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-11 16:25:47.

Notas   [ + ]

1. 2012

De nuevo la duda cartesiana

Dice Descartes al comienzo de Principios de la filosofía:

“Para indagar la verdad hay que dudar cuanto se pueda de todas las cosas, al menos una vez en la vida (Punto 1)”

 Esto mismo dice en el Discurso del Método, cosa con la que estoy perfectamente de acuerdo. Me parece un principio básico (no se si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no solo  para filosofar bien, sino para ser honesto.

Me parece un principio básico (no sé si se puede hablar aquí de principios) para filosofar bien, y no sólo para filosofar bien, sino para ser honesto.

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¿1996?: Más que dudar una vez en la vida (y con eso quitarse el asunto de encima), yo diría que hay que ser capaz en cualquier momento de nuestra vida de dudar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[jueves 4 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-15 16:19:36.

Primeros principios falsos

Dice Descartes:

      “Así también, cuando partimos de principios falsos, cuanto mas los cultivemos y nos esforcemos en sacar de ellos diversas consecuencias, creyendo filosofar bien, más nos alejaremos  del conocimiento de la  verdad  y de la sabiduría”.

Este es uno de aquellos pasajes de Descartes en los que él mismo parece intuir el peligro al que se expone al basar todo su sistema filosófico en primeros principios. También será, sin duda, uno de los pasajes preferidos de quienes creen que los libros de Descartes se deben leer con una contraclave que refutaría muchas de las cosas que aparentemente demuestra, como si el propio Descartes hubiera escrito sub rosa (no en vano fue acusado de rosacruz).


 

1999
En cuanto a lo de las primeras causas o principios, también podría suceder una cosa: que no se pudiese acceder a las primeras causas.

Por ejemplo: tenemos un texto escrito por ordenador, digamos, un cuento.

Pues bien, está claro que el texto ha sido generado mediante el ordenador, pero si el ordenador es destruido, resulta una ingenuidad pensar que a partir del texto escrito se pudiese deducir el ordenador. Lo mismo podría suceder con todo el universo. Voy a desarrollar esta idea en Cronos 5.

2015
Dos aclaraciones: sub rosa (bajo la rosa) es una denominación para un escrito secreto, que oculta algo.

En cuanto al comentario de 1999, tiene que ver con la deducción inversa, un asunto del que hablo en No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes. Aunque la deducción inversa es capaz de grandes hazañas, como encontrar con qué máquina de escribir se ha escrito un texto en un papel, no parece que sea posible deducir el ordenador. La impresora quizá sí, no estoy seguro. La manera de deducir el ordenador sería si en al impresora puede quedar alguna marca de la conexión con un ordenador determinado, por ejemplo en el cable que conecta el ordenador con la impresora. Pero tendrían que darse una serie de improbables casualidades y siempre podríamos imaginar que el texto ha sido enviado por un ordenador a través de la red e impreso en una impresora no conectada al ordenador original. Incluso en tal caso, tal vez se podría rastrear hasta llegar al ordenador original, pero esa deducción no se haría a través del examen del papel impreso, sino a partir de una investigación más compleja. En cualquier caso, no sé si desarrollé el tema en Cronos 5 (Cronos es una especie de diario privado).


Acerca de la relación de Descartes con los rosacruces escribí un capítulo en La verdadera historia de las sociedades secretas.

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[martes 9 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-09 00:33:08.

La búsqueda de la felicidad
Breve investigación acerca del pesimismo y el optimismo /6

Lichtenberg fue quizá uno de los primeros ateos que expresó esa paradoja teológica hoy tan conocida: “Soy ateo gracias a Dios”. Él dijo exactamente:

 “Agradezco al buen Dios mil veces el que me haya hecho ateo.”

Lichtenberg

Sin embargo, como buen escéptico, LIchtenberg también se mantenía en una posición no dogmática: ni creer ni no creer; o al menos, ni afirmar que Dios existe ni afirmar que Dios no existe.

Yo también me considero ateo, pero aclaro para los que creen que ser ateo es tan dogmático como ser creyente, que soy ateo si se trata de creer en cualquiera de las religiones que han existido o que existen, pero agnóstico si lo que se discute es si existe algún tipo de Dios, dioses o eso que algunos llaman “lo divino” o “lo trascendente”.

Gerard de Nerval, ante la acusación de ateo exclamó: “¡Cómo voy a ser ateo yo, que al menos tengo diecisiete religiones!”. Menos original que Nerval, yo descreo de esas diecisiete y de todas las demás: no soy politeísta, sino poliateísta.

Las opiniones de Lichtenberg coinciden con las de Darwin, quien tampoco creía, ni quería creer, en la existencia de un Dios capaz de permitir tanta crueldad y dolor como observamos en el mundo.

Pero quiero señalar otra curiosa coincidencia entre estos dos extraordinarios pensadores, curiosa por oponerse a lo que habitualmente dicen las personas inteligentes o cultas, o las personas inteligentes y cultas, que también hay algunas, que suelen ser partidarias del pesimismo.

Lichtenberg:

“El dolor pretérito nos es agradable en el recuerdo, también lo es el placer pretérito, así como el placer futuro y el presente; por lo tanto, lo que nos atormenta es sólo el dolor futuro y el presente; notable sobrepeso del lado del placer, cuya conservación podemos prever en muchos casos con bastante seguridad. Por el contrario, rara vez podemos predecir el dolor futuro.”

Para quienes no se manejen bien en matemáticas, según Lichtenberg, hay cuatro posibilidades de sentir placer (placer en el recuerdo, dolor en el recuerdo, placer en el futuro imaginado, placer en el presente), frente a dos para el dolor (dolor presente, dolor futuro imaginado). Puede sorprender esa afirmación de que el dolor nos puede resultar agradable al recordarlo, pero creo que muy a menudo es cierto: recordamos aquellos días de trabajo infernal y nos gusta hablar de ello, o aquella enfermedad terrible que sin embargo hemos dejado atrás y que ahora pensamos que incluso nos sirvió de algo, o esos amores perdidos que nos causan un innegable placer melancólico, al que se añade el placer de haberlos vivido.

Darwin hacía un balance parecido al de Lichtenberg:

“Algunos  autores están tan impresionados por la cantidad de sufrimiento que hay en el mundo que no sabrían decir, considerando la totalidad de los seres sensibles, si hay más desgracia o felicidad, si el mundo en conjunto e bueno o malo. A mi juicio, la felicidad predomina decididamente, pero esto sería muy difícil de demostrar. Si se acepta como verdadera esta conclusión, concordaría bien con los efectos que podemos esperar de la selección natural. Si todos los individuos de una especie tuvieran que sufrir habitualmente en grado extremo, no se molestarían en propagar su linaje (…) Además, algunas otras consideraciones llevan a creer que todos  los seres sensibles han sido formados para gozar, como regla general, de la felicidad.”

Charles-Darwin-1880-631

Es muy interesante esta sugerencia de Darwin, expresada sólo como una opinión al vuelo y no como un dogma científico, que une el placer a la selección natural: las especies más optimistas tendrían más posibilidades de sobrevivir, aunque hay notables excepciones, como los lemmings, que se suicidan en masa y todavía existen. pero supongo que los lemmings no se suicidan por tristeza o desesperación, sino por torpeza, desorientación e imitación.

casanova

Las anteriores defensas del optimismo recuerdan otra, la de Giacomo Casanova, que se expresa incluso con más contundencia:

“Hay gente que dice que la vida no es más que un tejido de desgracias; lo cual viene a decir que la existencia es una desgracia; mas si la vida es una desgracia, la muerte es todo lo contrario: la felicidad, puesto que es lo opuesto a la vida. Esta consecuencia puede parecer indiscutible. Pero los que así hablan son sin duda pobres o enfermos, porque si gozaran de buena salud, si tuvieran el bolsillo bien repleto, alegría en el corazón, Cecilias, Marianas y la esperanza de algo mejor todavía, ¡oh!, seguro que cambiaban de parecer. Yo los considero una raza de pesimistas que no puede haber existido más que entre filósofos indigentes y teólogos mauleros o atrabiliarios.
Si existe el placer y sólo se puede gozar de él estando vivo, la vida es dicha. Existen desgracias, yo sé algo de eso; pero la existencia misma de esas desgracias prueba que la suma de la felicidad es mayor. Entonces, porque en medio de un montón de rosas se encuentren algunas espinas, ¿hay que ignorar la existencia de tan hermosas flores? No; es una calumnia contra la vida el negar que son un bien. Cuando estoy en una habitación oscura, me agrada infinitamente ver, a través de una ventana, un horizonte inmenso frente a mí.”

Es una  estupenda coincidencia está metáfora final de la ventana, después de haber hablado del “hombre en la ventana”, Lichtenberg, a quien sus vecinos llamaban así porque se pasaba el día mirando por la ventana, y supongo que escribiendo de vez en cuando otro de sus deliciosos aforismos.

No voy a ocultar que estoy de acuerdo con Darwin, Casanova y Lichtenberg, a los que, además, admiro y quiero (como se puede querer  alguien al que no has conocido). También opino, como ellos, que la vida está llena de felicidad, de una felicidad a veces difusa y a veces intensa, mientras que el dolor es sólo intenso.

De acuerdo, admito que existe también el dolor difuso, pero me parece que casi siempre depende más de nosotros mismos que del mundo. Y por tanto, casi siempre ese dolor difuso es evitable.

Iván, mi padre, me contó una vez algo que decía no me acuerdo quien, quizá él mismo: “El mundo es una mierda. La vida, cojonuda”. Estoy de acuerdo. Creo que se puede ser pesimista en lo que se refiere al mundo pero que se ha de vivir como un optimista, como dije en el capítulo anterior de este serial.

Quizá, en definitiva, yo parezco tan ingenuamente optimista porque pienso que lo único razonable es vivir como un optimista, aunque tengamos mil razones para el pesimismo. Pero no se trata de voluntarismo, de positivismo insulso o de ‘buenismo’ acrítico, no se trata de negarse a ver lo evidente, como la injusticia y la crueldad del mundo y los seres humanos, sino de sensatez, como dije al comienzo de esta breve investigación y como quizá tenga ocasión de explicar más adelante.

Continuará…

 

 

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[Escrito el 21 de junio de 2004]

 BREVE INVESTIGACIÓN ACERCA DEL PESIMISMO Y EL OPTIMISMO

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COMENTARIO A “LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA”, DE DESCARTES

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Originally posted 2013-09-20 23:43:14.

La teoría hologramática del cerebro

La teoría hologramática del cerebro compara el cerebro o alguna de sus facultades, como la memoria, con un holograma. Imaginemos una fotografía de una mujer y un holograma de la misma mujer.

Si dividimos la fotografía en dos, en una parte tendremos el cuerpo de la señora y en la otra las piernas.

Sin embargo, si dividimos el holograma en dos, no sucede eso, sino que en cada parte del holograma tendremos entera la imagen de la mujer. Y si seguimos dividiendo el holograma, seguiremos teniendo la imagen completa en cada parte.

hologram-6

Esta asombrosa particularidad de los hologramas ha sido comparada con algunos descubrimientos hechos en pacientes que tenían dañadas áreas del cerebro vitales y a pesar de ello mantenían las facultades normales de cualquier persona.


 

[Escrito en 1999]

[Creo que leí por vez primera esta teoría hologramática del cerebro en el libro de Karl Pribram y J.Martín Ramírez Cerebro, mente y holograma, que leí en 1988].

 

Este texto es un comentario de 1999 a mi lectura de Los principios de la filosofía de Descartes.

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Originally posted 1999-11-11 16:45:54.

Conversación con los muertos

Estoy muy de acuerdo con Descartes cuando dice:

   “La lectura de libros que han sido escritos por personas capaces de darnos buenas enseñanzas es una especie de conversación que tenemos con los autores”.

 Es cierto y además, en mi caso, establezco con los autores, en esta ocasión con el propio Descartes, conversaciones tan interesantes como las que se pueden establecer con una persona que te habla.  ¡Lástima que no haya una replica! Sería estupendo un libro que te respondiera.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[viernes 5 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-06 16:30:52.

Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta; una fuiesta que suele tener, además, las características de una orgía.

Muchos vividores en este último sentido son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el primer sentido que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de las aventuras de Casanova. Así que, como se trata de un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.

Me parece, en definitiva, que dada las connotaciones del término “vividor” no existe ninguna palabra adecuada para definir a esa persona que sabe vivir la vida, sea cuál sea la manera en que la vive, agitada o moderada, de modo expansivo o introvertido. La más aproximada es “sabio”. Casanova era un vividor en los dos sentidos o, si se prefiere, un sabio.

Pero, quizá tú, lector, me dirás (y si no lo dices tú, ya lo digo yo): “No es tan fácil definir qué es saber vivir la vida”. Y yo te respondo: “No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una notable desgracia no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o cualquier otra cosa, pero no será un verdadero sabio”.

No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (no como un dogma), pero ser un amargado sin motivo o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser.

¿Te parece que soy demasiado intolerante? Quizá, pero ten en cuenta que es sólo una opinión, no intento dar lecciones ni establecer dogmas de fe. Una mejor manera de mostrar todo esto quizá sea el clásico “Sabio”, que me habría gustado ofrecer en la versión de Gato Pérez, pero que aquí está interpretada por el no menos grande Héctor Lavoe.

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[Publicado el 1 de marzo de 2005 en Intruso]

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Originally posted 2012-09-20 13:46:42.

El origen de la idea de Dios

Anselmo de Canterbury propuso el llamado argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios:

“Y, ciertamente, algo tan grande que nada mayor pueda ser pensado no puede estar únicamente en el entendimiento, ya que si sólo estuviera en el entendimiento, también podría pensarsele como parte de la realidad, y en ese caso sería aún mayor. Esto es, que si algo tal que nada mayor pueda ser pensado estuviera únicamente en el entendimiento, entonces esa misma cosa tal que nada mayor pueda ser pensado sería algo tal que algo mayor sí pudiera pensarse, algo que no puede ser.”

Es decir, Dios debe existir porque el concepto de Dios significa “aquello más grande que pueda ser pensado” y, en consecuencia, si ese algo más grande fuera pensado pero no existiera, entonces podríamos pensar en algo más grande, en un ser que además de ser la cosa más grande pensada, además existiera. Ese ser más grande en todos los sentidos es Dios.

Gaunilo de Marmoutiers, conocido en las historias de la filosofía como “el monje Gaunilo” respondió al argumento de Anselmo diciendo que él podía imaginar la isla mayor y más perfecta, pero que lo más probable es que una isla quien invitó a sus lectores a concebir la mayor y más perfecta isla. Pero esa isla debería  contemner todos los atributos de la perfección, a pesar de ello, es muy probable que tal isla no exista. Y así, podríamos seguir aplicando el argumento a todo tipo de cosas.

Anticipandose a la objeción que el monje Gaunilo hizo al argumento ontológico de San Anselmo, Descartes dice:

“En los conceptos de las otras cosas no se contiene del mismo modo la existencia necesaria, sino solo la contingente”  (Principios de la filosofía,  Punto 15).

 Es decir, como ya dijera Anselmo en su respuesta a Gaunilo, el argumento ontologico solo es aplicable a Dios, porque, de no ser así, ya podemos imaginar la farsa que se armaría si aplicaramos tan efectivo argumento para demostrar la existencia de todas las cosas que nos apetece que existan.

Más adelante, Descartes explica por qué la idea innata de Dios no es accesible a todos los hombres, por qué, en definitiva, no les es innata: a causa de sus prejuicios. Pero si, como dice el abate  Bergier en su Diccionario teológico, los primeros hombres creían de manera unánime en Dios único, ¿por qué dejaron de creer en Él?  ¿Por la intervención de Satán? Aquí, me temo, podemos caer  en profundas disputas teológicas. Pero no es este momento ni lugar.

 

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 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[domingo 14 de enero de 1990]

 

Originally posted 2012-09-15 22:01:31.

Ser vencido al vencer al enemigo

Dice Descartes que un defecto que se puede observar en la mayor parte de las disputas es que:

      “Siendo la verdad intermedia entre las dos opiniones que se sostienen, cuanto mayor es la inclinación a refutar la opinión contraria, tanto mas se aleja uno de la verdad”.

 Esta también me parece una opinión acertada acerca de los filósofos y de las disputas filosóficas.

2012__
De esto he hablado en otro de estos comentarios a Los principios de la filosofía, al referirme a la distorsionada y desfigurada disputa entre empiristas y racionalistas: cuando se adopta una etiqueta para definir el propio pensamiento, a menudo uno acaba defendiendo o lo indefendible o lo absurdo, tan sólo para mantener la coherencia.

Puse a este breve comentario el título “Ser vencido por los enemigos” [que ahora he cambiado por “Ser vencido al vencer al enemigo”]  porque siempre me ha interesado mucho algo que les sucede a casi todos los polemistas y disputadores. Llega un momento en que ya no defienden lo que creen, sino que tan solo se ocupan de atacar lo que creen sus rivales o enemigos. A eso lo llamo “ser vencido por los enemigos al vencerlos”, ese momento en el que uno se preocupa más por no coincidir con sus rivales que por pensar con serenidad.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[lunes 8 de enero de 1990]

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Originally posted 1990-04-09 17:14:58.