Otto y el sapo

Tras visitar la Capilla Sixtina de América, la catedral de Aldahuyllas, Karina y yo fuimos a ver otra iglesia con murales en Huaro. Al llegar vimos al encargado hablando con un extranjero. Al salir de la iglesia le ofrecimos llevarle a Canincunca en nuestro coche (conducía Karina), pues él también quería ir allí. Se llamaba Otto y era alemán de Westfalia.

En Canincunca visitamos la Iglesia y luego el cementerio. Los tres éramos muy aficionados a los cementerios y a la muerte, pero Ottó, además, estaba haciendo una tesis acerca de la muerte en la Colonia. Al parecer también en Cuzco, nos dijo Otto, residía otra necrófila que investigaba algo relacionado con los cementerios. Otto realizaba sus investigaciones fundamentalmente en el archivo de Cuzco, donde ante sus pedidos de libros le decían. “Vuelva otto día”.

De regreso a Cuzco, paramos en Oropesa, en una chicharronería junto a una estación de tren abandonada, cuando el sol ya se estaba ocultando en un bellísimo aterdecer.

Comimos chicharrones (cerdo asado, pero no las típicas cortezas), bebimos unas cervezas Cuzqueñas y pasamos una tarde divertidísima jugando al sapo.

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El sapo de Oropesa

¿Quién ganó?

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Aquí se ve al campeón (Otto) al fondo

Es duro de admitir para personas tan competitivas (pero sólo en el juego) como Karina y yo, pero ganó Otto: tres de cuatro partidas.

[Escrito en 1997]

Originally posted 2012-10-23 14:09:53.

Canetti y los libros para especialistas

 

En el prólogo a Masa y Poder escrito por Juan José del Solar Bardelli, se comenta la ausencia de Marx y Freud (y Levi-Strauss) en el libro de Canetti:

“La omisión de toda referencia a estos y otros autores fue considerada herética, así como la ausencia de metodología”.

Canetti contó, tiempo después, que a Levi-Strauss no lo había leído al publicar su libro, y que no recurrió a Marx y Freud porque “no quería escribir un libro basado en la investigación científica actual, sino más bien que fuera el producto de una reflexión nueva sobre el tema”. También respondió a quienes le reprocharon que en el libro no apareciera la palabra “fascismo” que “las seiscientas páginas del libro no tratan de otra cosa”. Por último, explicó que escribió su libro de una manera tan particular con el propósito de que pudiera ser leído con provecho al cabo de cien años, y que “no quedara marcado por los estigmas de la actualidad ni por sus connotaciones retóricas”.

Razones parecidas son las que me hicieron escribir Nada es lo que es sin recurrir a la bibliografía especializada y evitando aspectos de la cuestión que llenan cientos de páginas en otros libros. Siempre intento que mis libros que no se dirijan a un público especializado, o al menos que puedan ser leídos tanto por un público especializado como por cualquier lector con cierta inquietud intelectual. Incluso mis libros de guión, como Las paradojas del guionista o El guión del siglo 21, creo que pueden ser una lectura interesante para personas que no estén interesadas en el mundo del guión.

Precisamente, en la presentación del libro, Marina Pino comentó que Las paradojas del guionista le había ayudado en la escritura de sus libros (que no tenían nada que ver con el cine o el guión). También Marcos Méndez me comentó, acerca del mismo libro (quizá con algo de exageración) que no era sólo un libro de guión, sino que también era acerca de la vida e incluso de ética y filosofía (que no se asusten los guionistas: también es fundamentalmente un libro de guión). Me alegran esas opiniones.

En cualquier caso, no descarto escribir un libro para especialistas en algún momento, y existen muchos libros para especialistas que me interesan mucho, pero no es lo que me mueve a escribir. Ahora bien, incluso los libros para especialistas deben estar bien escritos.

 

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

Tertuliano y Chesterton

 

Tertuliano, uno de los primeros apologistas del cristianismo, nacido en Cartago hacia el año 155, decía que Dios era material.

Se oponía a todo intento de conciliación con la sabiduría greco-romana y pensaba que lo grande del cristianismo era precisamente su irracionalidad: la muerte del hijo de Dios es creíble porque es contradictoria, y su resurrección es cierta porque es imposible. Se ha hecho célebre su frase Credo quia absurdum (Creo por que es absurdo), aunque en ssu escritos la expresión que se halla es Credo quia ineptum. Finalmente, acabó en la herejía, adhiriéndose al montanismo.

A veces pienso que Tertuliano era una especie de Chesterton de la Antigüedad: basta recordar aquella historia del día que Chesterton entró en una iglesia rural, oyó un sermón disparatado del párroco y salió convencido de la verdad del cristianismo, pues “si diciendo tonterías como estas ha logrado sobrevivir casi dos mil años, es que es la verdad”.