Nos cortamos con el filo de las cosas
Lectura del Zhuangzi /9

dragones

 “Las cien articulaciones, los nueve orificios, los seis órganos, todos se unen y existen en mí. Pero, ¿de cuál de ellos debería sentirme más cerca? ¿Dices que debería regocijarme en todas mis partes? Pero deberá de haber alguna que tenga que favorecer más. De lo contrario, ¿son todas ellas meros sirvientes? Y si son todas sirvientes, entonces, ¿cómo pueden mantener el orden entre sí? ¿O es que se turnan para ser señor y sirviente? Parecería que debe haber una suerte de Verdadero Señor entre ellas. Pero descubra o no su identidad, ello no agrega ni quita nada acerca de su Verdad.

Una vez que un hombre recibe su forma corporal fija, se aferra a ella, esperando el fin. A veces golpeándose contra las cosas, a veces doblegándose ante ellas, corre su carrera como un corcel galopante, y nada puede detenerlo. ¿No es acaso patético? Sudando y esforzándose hasta el fin de sus días sin ver jamás sus logros, extenuándose totalmente sin saber jamás dónde buscar descanso. ¿Cómo es posible no sentir pena por él? ¡Todavía no estoy muerto! dice, pero, ¿para qué le sirve? Su cuerpo se deteriora, su mente le sigue. ¿Puedes negar que esto sea una gran pena? La vida del hombre siempre ha sido una confusión semejante. ¿Cómo podría ser que yo fuera el único confundido y que nos demás hombres no lo fueran?

[Zhuangzi, Libro 2, Qí wù lùn (齊物論). Capítulo 1. Identidad de las cosas y discursos (o  Identidad de los seres) Apartado 2. Sección IV. El sentido de la vida]

(Traducción de Alex Ferrara a partir de la versión inglesa de Burton Watson)

 

 

El ser humano, su cuerpo y su conciencia

Tras las preguntas que se hacía Zuangzi acerca de la Naturaleza o Dios, el siguiente pasaje vuelve a ocuparse del ser humano. Aquí también se habla de un Dueño, pero en este caso parece más bien referirse a algo como la conciencia, el verdadero ser o lo que nos gobierna y hace posible que existamos como organismos dotados de vida e inteligencia. Veamos esa primera pregunta en la traducción de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer:

De los cien huesos de que un cuerpo se compone,
de los nueve orificios,
de las seis vísceras,
¿cuál es el más amado?
¿Se les ama a todos por igual?
¿Hay alguna preferencia?
¿Son todos ellos súbditos?
¿Son todos ellos amos?
¿O se alternan en su poder
como servidor y soberano?
¿Hay entre ellos un Dueño verdadero?

En este interesante pasaje, no sé si quien habla (Zhuangzi o Ziqi) pretende ser preciso al mencionar cien huesos en el cuerpo humano (en realidad son entre 206 y 208, según creo) o tan sólo metafórico

En cuanto a los orificios, aunque hay cierta polémica al respecto de lo que es un orificio, la expresión jiu qiao se refiere a los nueve orificios de los hombres, que serían diez en las mujeres (si se cuentan, en ambos casos, los ojos). Las vísceras a las que se refiere son: el corazón, el hígado, el páncreas, los pulmones y los dos riñones. Es curioso que en esta enumeración de las partes del cuerpo más importantes no se mencione el cerebro.

Algunos comentadores dan por supuesto que el pasaje es una pregunta acerca de la conciencia, del Yo o del órgano rector de cualquier ser humano. En una línea semejante se mueve Preciado Ydoeta:

 “Verdadero amo (zhen zai) se refiere a la verdadera mente (que es dueña del cuerpo) o al verdadero yo. El yo formado por las diversas emociones sería un falso yo, justamente el yo al que se alude al comienzo del párrafo”.

Pero no estoy seguro de que sea esa la intención del párrafo citado. Puede ser una pregunta acerca del motor que pone en marcha la maquinaria, pero no necesariamente acerca de la conciencia de esa maquinaria, lo que quizá explicaría la ausencia del cerebro.

Más difícil me parece aceptar la interpretación de que ese verdadero amo sea la Naturaleza o el Tao, que proponen otros comentaristas. Creo que aquí Zhuangzi intenta entender cómo es posible que existamos en tanto que seres humanos, qué es lo que nos mantiene con vida, qué órganos son protagonistas de este milagro, cuáles están al mando y cuáles subordinados. En cualquier caso, la indagación termina con una conclusión quizá un tanto nihilista:

“Aunque lo hubiera (un Verdadero Señor),
nuestra ignorancia de él,
nuestro conocimiento de él,
no afectarían en nada a su auténtica Verdad.”

Esto me recuerda de manera inmediata una célebre opinión de Jenófanes, que es una de las  influencias del escepticismo griego y latino:

“Ningún hombre conoció ni conocerá nunca la verdad sobre
Los dioses y sobre cuantas cosas digo; pues aun cuando
Por azar resultara que dice la verdad completa, sin embargo no lo sabe.
Sobre todas las cosas no hay más que opinión”

Que es más o menos lo que también dijo Demócrito:

“Por convención es lo caliente, por convención lo frío; pero, en realidad, existen sólo átomos y vacío… En realidad, nada conocemos pues la verdad yace en lo profundo”.

Liezi

Liezi

En otro texto taoísta, considerado el tercer clásico, pero con ciertas dudas acerca de su autenticidad, el Liezi, se confiesa la misma ignorancia acerca de las explicaciones últimas:

“Los que dicen que el cielo y la tierra son indestructibles se equivocan y los que mantienen que son destructibles se equivocan. Sean o no destructibles o no destructibles, yo no lo sé.”

Esa aceptación de lo falible del juicio humano y de la inmensidad de nuestra ignorancia, era común a muchos filósofos antiguos, como ya hemos visto y como muestra también Cicerón en este hermoso pasaje:

“Según mis noticias, Arcesilao combatió el conjunto de doctrinas de Zenón, no por pertinacia, ni por el afán de vencer, sino a causa de la oscuridad de aquellas cuestiones que habían llevado a Sócrates a confesar su ignorancia, y, antes que a Sócrates, a Demócrito, Anaxágoras, Empédocles, y casi todos los antiguos, quienes sostuvieron que nada puede conocerse, ni comprenderse, ni saberse; que los sentidos son limitados; la inteligencia, débil, y breve el espacio de la vida; que la verdad, como decía Demócrito, yace sumida en lo profundo; que todo es del dominio de lo opinable y convencional; que nada pertenece a la verdad, y que todo, finalmente, está rodeado de tinieblas.”
               (Cicerón, Académicos, I, 12,44).

Como ellos, Zhuangzi parece renunciar a descubrir la verdad que se oculta, porque sabe que aunque lograr encontrarla, ni siquiera podría demostrar que eso que cree la verdad es realmente la verdad. Es un tipo de opinión difícil de rebatir, al menos cuando se trata de cuestiones acerca de la esencia de la realidad, pero eso no quiere decir que no podamos encontrar otras verdades más modestas, una tarea a la que se entregó con ardor el propio Demócrito, quien decía: “Prefiero descubrir una causa (una ley, una explicación verdadera) antes que convertirme en rey de los persas”.

Pero el último pasaje precipita a Zhuangzi en la desesperación y lo acerca en su tono al suicida Lucrecio:

Cuando una forma nos ha sido dada,
persiste hasta que la vida se agota.
Nos cortamos con el filo de las cosas.
Nos evitamos mutuamente.
Veloces como caballos galopando.
Incontenibles. ¿No es una lástima?
Esforzarse sin ver el fruto del trabajo.
Agotarse y no saber a dónde regresar.
¿No es triste? Ser inmortales ¿para qué?
El cuerpo se corrompe,
así también el espíritu.
¿Podemos negar ese inmenso dolor?
¿La vida del hombre es tan absurda?
¿O es que soy el único que lo piensa,
yo, el más absurdo de entre todos?”

Este es un lamento absoluto, en el que no parece quedar ningún resquicio a la esperanza. Una expresión de pesimismo, en la que ni siquiera la posible inmortalidad del espíritu serviría de gran cosa (“Ser inmortales, ¿para qué?”, pues también el espíritu se corrompe. No se detecta aquí esa especie de suficiencia que a veces nos parece mostrar Zhuangzi. Eso me da ocasión para hablar de mi divergencia con algunas de las definiciones o retratos que a menudo se aplican a Zhuangzi.

 

Otro Zhuangzi

huesosNo me gusta la imagen que muchas veces se trasmite de Zhuangzi, como un sabio que desprecia todo conocimiento y saber, que se burla de las distinciones que hacen los filósofos e indagadores, de la “pequeña sabiduría“.

Todavía me gusta menos la falsa seguridad que esta imagen de Zhuangzi (y también de Laozi) parece dar a algunos de los que se identifican con ella. Se trata de personas que creen haber alcanzado una verdad trascendente, que está más allá de las “tonterías” en las que pierden su tiempo y energía quienes deciden investigar la naturaleza por medio de la observación, el examen y el rigor.  Los seguidores de la versión digamos “mística” de Zhuangzi creen seguir sus enseñanzas cuando hablan de ideas más o menos abstractas o inaprensibles, como el Dao, que siempre escriben con mayúsculas la Naturaleza o la Energía, pero esas personas son como los charlatanes de los que se burla Zhuangzi, casi tan a menudo como de los letrados pedantes.

Porque Zhuangzi no se limita en sus textos a hablar de abstracciones, de raptos místicos e iluminaciones  sino que, quizá mucho más a menudo, habla de cosas concretas y de cómo, cegados por nuestros prejuicios, no sabemos observar la realidad.

Ya hemos visto cómo le encuentra una utilidad a una calabaza demasiado grande, cómo nos muestra que somos llevados por nuestros prejuicios cuando sólo miramos desde un punto de vista, por ejemplo, el punto de vista del gran pájaro Kun, o el de la pequeña tórtola. También hemos descubierto cómo se le puede sacar un beneficio extra a una pomada para las manos agrietadas en invierno, e incluso conocemos ahora la utilidad de lo inútil. Así que (y tendremos muchos más ejemplos de ello), Zhuangzi no es un sabio contemplativo que no se preocupa de los detalles, de las pequeñas cosas y de los problemas cotidianos, sino quizá todo lo contrario.

Por otra parte, la imagen que muchos propagan de Zhuangzi acaba por darle un aspecto en cierto modo desagradable, el de alguien muy seguro de sí mismo, que cree conocer una verdad trascendente y que desprecia a todos. Ese personaje antipático y soberbio no me parece muy interesante  Me gusta más imaginarlo como una persona de buen humor, que se divierte, al que le gusta hablar con sus amigos, por ejemplo Huizi y que, a pesar de su crítica, mantiene un cierto afecto por sus rivales, incluso por Confucio, como también tendremos ocasión de ver más adelante. Espero tener ocasión de mostrar a ese otro Zhuangzi a lo largo de este comentario.

En definitiva, no me gusta ese taoísmo fatuo de quien cree decirlo todo hablando del Dao incognoscible (he hablado ya de esto en La gran sabiduría y la pequeña, en relación con la imagen tópica de taoísmo y confucianismo). Es algo muy común, no sólo en la interpretación del Zhuangzi, sino en muchas de las interpretaciones de las filosofías orientales, ya se hable de nirvana, samadi, o la revelación del zen o satori. Casi siempre es pura palabrería, propia de personas que se sumergen en una verdad trascendente que, por otra parte, es obvio que no conocen. Hablar de conectar con la energía del universo, o de la unión del microcosmos y el macrocosmos no significa absolutamente nada, excepto en ciertos casos, muy poco frecuentes, que van más allá de la mera  palabrería inculta. Uno de esos casos es Zhuangzi.

 

Zhuangzi, el hombre

Como ya he dicho, tendemos a pensar en Zhuangzi como un sabio que recorre el mundo a su antojo, casi descarnado, sin verdaderos problemas. Se dedica simplemente a ir observando la estupidez de los que le rodean y a decir cosas casi siempre ingeniosas. Sin embargo, aunque no se sabe a ciencia cierta qué parte del libro que lleva su nombre escribió, en algunos pasajes parece que podemos ver a un Zhuangzi más carnal, a un hombre con sus dudas y angustias, no tan seguro de sí como él mismo a veces parece aparentar. Creo que este es precisamente uno de esos pasajes.

En primer lugar hay que recordar que, como vimos en la lectura anterior, quien está hablando aquí no es el propio Zhuangzi, sino Ziqi de Nanguo. Pero supongamos o que Zhuangzi habla por su boca o que al menos se identifica con sus palabras (tal vez en próximos comentarios reconsideraré esa opinión).

Pues bien, lo que yo veo en este pasaje es a un personaje parecido al predicador que habla en el Eclesiastés acerca de la vanidad. Ya he citado ese pasaje en un capítulo anterior, pero repetiré aquí uno de los fragmentos que muestran un pesimismo o desesperanza muy parecidos a los de Zhuangzi:

“Luego yo consideré todas las cosas que mis manos habían hecho y el duro trabajo con que me había afanado en hacerlas, y he aquí que todo era vanidad y aflicción de espíritu. No había provecho alguno debajo del sol.” (Eclesiastés, 2, 5)”.

 

 ********

Aquí termina  el apartado II de este segundo libro del Zhuangzi. En el apartado III seguirán las preguntas, y quizá también alguna respuesta.

******

ENTRADAS PUBLICADAS EN “LECTURA DEL ZHUANGZI”

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La reencarnación en la India

reencarnacion

Las doctrinas de la reencarnación, metempsicosis, transmigración o renacimiento han existido en todas las culturas, pero en ningún lugar como en la India ha existido tanta unanimidad entre las diversas religiones y filosofías, desde los hinduistas a los jainas, desde los sijs a los budistas.

[Si ves mal definidos los trazos o la letra, reduce o aumenta la imagen pulsando al mismo tiempo las teclas CONTROL+ o CONTROL -)


 

Aquí puedes ver todas las historietas de Mosca y Caja: Mosca y Caja, el cómic más sencillo del mundo. Si buscas otras páginas de cómic alojadas en danieltubau.com (CravenFilocomic o artículos acerca del cómic) , aquí las tienes todas: El Noveno Cielo.

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ENCICLOPEDIA DE BOLSILLO MOSCA Y CAJA

El cómic más sencillo del mundo presenta…
Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja

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Jenófanes de Colofón (-570/-475)

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Cómo es el mundo /3 ||Enciclopedia de Filosofía de bolsillo Mosca y Caja


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La inmortalidad y los libros

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Durante la presentación de Recuerdos de la era analógica, Juanjo de la Iglesia y yo nos referimos a un cuento que se incluye en el libro, “El último siglo mortal”. Eso nos llevó a recordar una conversación que Juanjo y yo mantuvimos hace muchos años y que está en el origen tanto del cuento como del libro. En ese sentido, se puede considerar que Juanjo es coautor del libro o al menos incitador en la distancia. Puedes ver y escuchar esa presentación en este vídeo:

 Imagen de previsualización de YouTube

 

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

(Daniel busca algo en el libro sin lograr encontrarlo)

JUANJO: Bueno, esto es lo malo de que te escriba el libro otro… que luego no encuentras nada. Tenemos aquí a Ana Rosa Quintana [celebre en esas fechas por haber contratado a un escritor fantasma]. Bueno, todo esto viene a cuento de que Daniel y yo que siempre estamos discutiendo como el perro y el gato, bueno, como el perro y el gato no…

DANIEL: …como el gato y el perro…

JUANJO: .Eso, como el gato y el perro…. Pero hay una cosa en la que siempre estamos de acuerdo. Vamos, una intuición, porque tampoco es una seguridad. Y es que por los pelos (no es una broma) nos vamos a perder el que la gente no se va a morir. Daniel y yo estamos seguros…

DANIEL: …de que la inmortalidad nos la vamos a perder. Bueno, Juanjo seguro, pero yo pienso vivir 139 años, que es lo que me planteé… ¡y todavía puedo llegar! Así vivo tres siglos: siglo XX, siglo XXI y siglo XXII…

JUANJO: Claro, entonces ahí venía… En una de las narraciones está citada una conversación que tuvimos Daniel y yo una vez, que hablábamos de que si la gente no se muere, de qué se van a ocupar las religiones entonces, que van, entre comilals a vender…

DANIEL: ….que van a prometer

JUANJO: Teniendo en cuenta que Daniel es una especie de, no sé en qué porcentaje homeopático de agnóstico con ateo con escritor en revistas católicas… Todo esto se agita… ¡es verdad! No he dicho nada que no sea verdad. Y yo que soy un teísta descreído y con una pizca también de agnosticismo…

DANIEL: Tú eres un fideísta…

JUANJO: …sí, un fideísta, poco más o menos… sin embargo, siempre llegamos a esa conclusión. Y yo estaba pensando, que no es que sea el objeto del libro, pero, como resulta que es el motivo por el que aparezco en este libro…¡y me parece que es un  motivo importantísimo!

DANIEL: ¡Importantísimo! No existiría este libro sin ti.

JUANJO: Eso me dijo él, no me lo creí, pero… es verdad (que me lo dijo). Entonces yo he pensado muchas veces que a lo que nos referíamos los dos no era la inmortalidad, sino a la longevidad, a una vida muy larga, muy larga. Porque a lo mejor hay personas que viven 20.000 años y después se suicidan. Entonces, la desaparición del mundo físico seguramente siga existiendo. Bueno, pues esta es una de las cosas sobre las que se puede reflexionar leyendo este libro, pero hay muchas más.

 

La inmortalidad

La lucidez de un siglo

La lucidez de un siglo, publicado por Páginas de Espuma

Como expliqué en Antólogos, prólogos y errores, el relato al que se refiere Juanjo es “El último siglo mortal”, que se publicó en el año 2000 en La lucidez de un siglo, precisamente con el título “Recuerdos de la era analógica”. Al final de ese cuento se hace una mención a esa conversación que Juanjo, yo y otra persona mantuvimos hace muchos años en la que hablamos acerca de la inmortalidad:

“Se conserva un texto, supuestamente escrito en 1999, pero que se encuentra en soporte digital, en el que tres personas discuten en un café el siguiente problema: «¿Para qué serviría la religión si los hombres fueran inmortales?» Uno de ellos dice: «Bueno, si los hombres no pudieran morir, entonces la religión, en vez de la inmortalidad, prometería la mortalidad».”

Las religiones, en efecto, suelen prometer alguna forma de inmortalidad, aunque algunas, como el budismo, ya prometen la mortalidad: eso es algo que desconcierta a los antólogos del siglo 25, como se puede ver en el comentario que hacen a “El último siglo mortal”:

“En el siglo 20 hubo guerras, revoluciones y grandes cambios en el mundo del arte, los comienzos del cine, la televisión, la realidad virtual, los primeros ordenadores y la energía nuclear. Pero cada vez son más los historiadores que opinan que el siglo 20 es importante por otra razón: fue el último siglo en el que los hombres fueron mortales.

Ahora eso nos parece algo inconcebible, y la opinión dominante es que Sócrates, Aristóteles, Newton, Napoleón, Hitler, Lenin y todos los personajes históricos anteriores al siglo 21 nunca existieron, sino que son criaturas imaginarias que fueron inventadas para hacer más interesante nuestro pasado…”

Más adelante se dice, a propósito de la promesa de inmortalidad de las religiones:

“Los cristianos, una secta minoritaria pero influyente, adoran a un Dios que descendió del cielo para salvar a los hombres. Este Dios, llamado Jeshua, es venerado bajo la forma de un hombre clavado en una cruz. Sus seguidores afirman que esa imagen es precisamente la prueba de que los seres humanos pueden morir, al menos los del género masculino. Su Dios murió para mostrarles que ellos también podían conseguirlo.

La idea resulta chocante en extremo. Morir significa dejar de ser, extinguirse, no estar, no ocupar un lugar ni espacial ni temporalmente. Es un término muy difícil de definir y mucho más de imaginar…”

Por otra parte, en otro momento de la presentación, Juanjo y yo volvimos a hablar de la inmortalidad, así que volveré a hablar de ello en otra entrada.

 

Ateo, agnóstico… ¿católico?

Juanjo dice que soy ateo, agnóstico y escritor en revistas católicas. Su opinión sin duda se basa en muchas conversaciones que hemos mantenido acerca de este tema, como aquella ya mencionada en la que hablamos acerca de la inmortalidad y las religiones; conversaciones en las que me he definido como ateo o como agnóstico.

¿Ateo o agnóstico?

Este es un asunto que preocupa a mucha gente: buscar la distinción exacta entre ateísmo y agnosticismo. Para algunos creyentes, ser agnóstico no es malo, pero ser ateo sí que lo es. Los agnósticos parecen neutrales, puesto que no afirman ni niegan que exista Dios o los dioses, mientras que los ateos son peligrosos radicales a los que les puede la soberbia, pues niegan que exista Dios. Para esos creyentes, eso es una muestra de dogmatismo por parte de los ateos. Lo curioso es que la proposición inversa, es decir, afirmar que Dios existe, no les parece tan radical y dogmático.

Quizá habría que acuñar un nuevo término para los creyentes que no afirman que existe Dios, sino que, como los agnósticos, dicen que les parece que existe pero no están seguros. Voy a intentar explicar por qué yo soy al mismo tiempo ateo y agnóstico.

Soy ateo si de lo que estamos discutiendo es de las diversas religiones que presumen de conocer la voluntad o los mensajes revelados por Dios o los dioses: creo que mienten todas. Creo que mienten todos los libros revelados y todos sus profetas. No conozco ninguno que me merezca confianza y estoy seguro, hasta donde uno puede estar seguro de algo, de que todos eran o bien alucinados o bien farsantes. En ocasiones farsantes bienintencionados, que se inventaron un amigo invisible para ayudar a los demás y contar con su colaboración; en otras ocasiones, farsantes muy malintencionados, como podemos ver si leemos un poco de historia acerca de los fundadores y propagadores de las diversas religiones.

Pero soy agnóstico si se discute, de manera general y sin relación con ninguna religión concreta, acerca de la existencia o no de Dios o los dioses. Aunque considero muy improbable la existencia de algún ente divino, no  puedo negarlo de forma categórica, como no puedo negar de forma categórica ninguna otra cosa, como que yo soy un caballo en vez de un hombre o que la luna esconde en su interior un gran queso parmesano.

Alguien dirá que soy dogmático en mi ateísmo y que también podría ser agnóstico en lo que se refiere a los dioses y religiones concretas, porque no hay nada que se pueda demostrar de forma indiscutible. Cierto, pero no creo que nadie de los que me reprochen eso pueda demostrar que no existan los dragones voladores que echan fuego por la boca, o Frankenstein o el oso Yogui. A pesar de que no pueden demostrar la no existencia de esas criaturas, eso no impide que afirmen con una gran seguridad (que no les reprocho) que esos seres no existen (excepto en los libros o los dibujos animados). Lo mismo pienso yo de esas otras creaciones de ficción que son los dioses. Así que se podría decir que respecto a las religiones existentes soy “poliateísta“.

En cuanto a lo de que escribo en revistas católicas, Juanjo se refiere a El Ciervo, una revista de católicos progresistas en la que he publicado algún texto, como aquel en el que contaba cómo veía mi muerte:

Cómo veo mi muerte

En la adolescencia decidí que iba a vivir 139 años. No se trataba de una cifra casual: quería conocer tres siglos, el XX, el XXI y el XXII. Si voy  a vivir 139 años, todavía me queda mucho tiempo antes de que la muerte empiece a preocuparme. Descartes también quería vivir mucho tiempo, aunque se conformaba con cien años. Pero la reina Cristina de Suecia le convenció para que le diera clases de filosofía, y Descartes murió de frío en aquel lejano reino a los cincuenta años. Sin embargo, antes del viaje a Suecia, Descartes le confesó a un amigo que ya había encontrado el remedio contra el temor a la muerte: “Ahora me da igual morirme”.

Lo mismo me sucede a mí: ya no me preocupa la muerte. Sigo deseando  alcanzar los 139 años, e incluso la vida eterna, pero ya no me inquieta morir en cualquier momento. Lo que me preocupa no es la muerte, sino disfrutar de la vida: no discutir, no deprimirme por nimiedades, amar y respetar a los demás, descubrir cosas nuevas, recibir también un poco de amor y, en definitiva, ser feliz, cosa que consigo muy fácilmente. Algo me hace sospechar que vivir así me hará más fácil morir. Por otra parte, deseo morir lentamente, porque soy una persona muy curiosa y me gustaría experimentar también esa situación, y no que me sobrevenga sin enterarme.

En mi página Mortal, dedicada, precisamente, a la mortalidad, puedes encontrar más información.

 


**********
Este es un fragmento de la charla en la que Juanjo de la Iglesia presentó Recuerdos de la era analógica en El Caldito. La primera versión de esta entrada fue publicada el 22 de mayo de 2010. La revisé en 2011 y en 2014.

A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Que nada se crea

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Los dioses de Khemi
Comparación Automática 001

God Is Dead 002

Esto es una comparación automática que escribí tras leer el texto publicado por Jaime E. Cabria en su página dedicada a los dioses de Khemi: La página de Ptah

Es sólo un juego, sin ninguna pretensión de rigor o corrección, aunque quizá pueda dar origen a una investigación más detenida de algunos puntos.

Pongo en texto negro el original y en marrón mis asociaciones automáticas. El texto de Jaime E. Cabria es muy interesante y vale la pena leerlo íntegro, por lo que no he quitado nada.

Se supone que la comparación era entre los mitos egipcios y los griegos, pero no he podido evitar, aunque no era mi intención, pensar a veces en mitos de otras culturas.

NOTA en 2014: Finalmente, hay que tener en cuenta que esto es un método de trabajo para estimular la creatividad, así que puede resultar un poco aburrido para otra persona leer estas disquisiciones tan personales, que son como un flujo de pensamiento sin censura ni revisión. Creo que coincide  on el método que emplea el editor Walter Murch cuando le  llegan los ccopiones de una nueva película: simplemente los mira y anota todo lo que se le pasa por la cabeza, sin más. Se supone que a partir de este trabajo privado surgiría un trabajo hecho pensado en otro lector. Espero recorrer esa etapa dentro de unos días.

COMPARACIÓN AUTOMÁTICA 001: LOS DIOSES DE KHEMI

1. LOS DIOSES DE KHEMI

(Jaime E.Cabria)

LA CREACION.
En los Textos de las Pirámides encontramos la leyenda de la Creación; asimismo en el papiro del Museo Británico 10188 encontramos un sortilegio para destruir a Apopi, serpiente-demonio de la Oscuridad. En él encontramos que Ra adoptó la forma de Khepra:
“El cielo no existía y la tierra todavía estaba sin crear, y las cosas de la tierra y las cosas reptantes no habían nacido en ese lugar, y Yo las hice salir de Nu fuera de su estado de inactividad.
No encontré ningún lugar donde pudiera permanecer de pie. Impuse un sortilegio sobre mi propio corazón. Establecí una fundación en Maat. Creé toda forma. Era un ser único. No había emanado de mí el dios Shu, y no había arrojado de mi ser a la diosa Tefnut. No había ningún otro ser trabajando conmigo. Una multitud de cosas creo desde mi corazón”

Pero el Sol, el ojo de Nu, estaba tapado por Shu y Tefnut, sus hijos; tras un largo período éstos salen de Nu y llevan consigo el ojo de su padre.

Entonces Khepra lloró, y de sus lágrimas nacieron el hombre y la mujer.

El dios hizo entonces otro ojo, la luna, y creó las plantas y los reptiles; y Geb y Nut, Osiris e Isis, Seth y Neftis y Horus nacieron de Shu y Tefnut. Es la Eneada Heliopolitana.

ENEADA HELIOPOLITANA
Son los dioses de Iunu, llamada Heliopolis por los griegos, capital del nomo XIII, Heqat.

Ra

“Padre de todos los Dioses”. Creador del Universo. Su importancia se establece en el período Tinita, aunque es en la Dinastía IV cuando los Faraones adoptan el título de “Hijo de Ra”. Es representado como hombre con cabeza de halcón o carnero; sobre ésta el disco solar y el ureo. Al amanecer es Khepra, al mediodía Ra y al anochecer Atúm.
Posee 14 Kas (Hu-alimentación; Shepes-gloria; Iry-producción de alimentos; Nejt-victoria; Udy-prosperidad; Uas-honor; Aju-estrépito; Shemes-fidelidad; Ayefa-abundancia; Heka-magia; Dyehen-resplandor; User-vigor; Seped-habilidad; Pesedy-luminosidad).
Con forma de toro Mer ur se asocia a la fertilidad de los campos.

Shu

Hijo de Ra y esposo de Tefnut. Es representado como hombre con una pluma de avestruz en la cabeza, sujetando a Nut, el cielo.
Su nombre significa “estar vacío”; es el aire que está entre cielo y tierra, el que permite respirar a los seres vivos. Sus huesos se ven en forma de nubes, que ayudan a Ra en su ascensión.

Tefnut

Mujer con cabeza de leona y disco solar sobre ésta. Hija de Ra, Esposa de Shu, madre de Geb y Nut. Representa la humedad. Creada de la saliva de Ra.

Geb

Hombre con el pene en erección con una oca sobre la cabeza. Dios de la tierra; esposo del cielo, Nut, constituye el principio de la fertilidad y de la vida de todo lo que vive sobre la tierra. Llamado Gengen Ur, el “Gran Cacareador”, es la razón de la divinidad del Rey ya que éste es considerado como Horus y lleva el título de “Heredero de Geb”.

Nut

Mujer arqueada sobre la tierra con el cuerpo recubierto de estrellas; mujer con un vaso sobre la cabeza. Es el cielo, la bóveda que contiene el Universo, el lugar que recorre el Sol, al que da a luz cada mañana. Madre de Osiris, Isis, Seth y Neftis, engendrados de Geb en los 5 días epagómenos (leyenda que relataré más adelante).

Osiris

Señor del Amenti. Hombre momificado que lleva los símbolos de poder (el trillo y el cayado); sobre la cabeza, la corona Atef. Como símbolo tiene el pilar Djed, columna vertebral del dios. Divinidad de la vegetación y Soberano del Más Allá. Juez Supremo en la pesada del corazón en la Sala de las Dos Verdades. Es la personificación de la historia y el poder de Khemi (junto a Isis), antepasado directo de la realeza.

Isis

Su nombre significa trono, y así es representada la diosa, como una mujer con un trono en la cabeza; también puede llevar dos cuernos liriformes con el disco solar en medio; mujer alada, con cabeza de vaca, escorpión (Hedjedet), hipopótamo (Raret), cobra o leona (Uadjet). Representa el trono, la fidelidad, es la Gran Diosa Madre; personifica la maternidad, la fertilidad. Hermana y esposa de Osiris, madre de Horus.

Seth

Señor de Alto Egipto. Hombre con cabeza de animal desconocido; algunos egiptólogos creen que puede ser un asno, una jirafa o un lebrel. Aunque la leyenda le identifica con la violencia, el mal y el desierto (en contraposición a Osiris), no está claro que siempre fuese así. Tal vez se deba al aumento progresivo del culto osiríaco, ya que incluso algunos reyes llevaron su nombre, v.gr. Sethi I; además está presente en la ceremonia Sema-Taui, unión del loto y el papiro, símbolos del Norte y el Sur de Khemi, Bajo y Alto Egipto, en el rito de la coronación del rey.

Neftis

Señora de la Casa. Mujer con el jeroglífico de su nombre sobre la cabeza; mujer alada. Esposa y hermana de Seth, hermana de Osiris e Isis. Madre de Anubis, que es engendrado de su relación con Osiris, aunque también es denominada Mujer sin Vagina por su unión con Seth. Está relacionada con los ritos funerarios (las vendas de las momias son llamadas “Mechón de Neftis”).

Curiosamente, la primera similtud que me ha venido a la cabeza no ha sido con Grecia, sino con Japón, pues, si no recuerdo mal, en Japón también en el momento de la Creación un Dios busca un lugar en el que pueda permanecer de pie como hace Ra, porque todo es fango o agua. Pero este mito es común a muchas mitologías.
Los 14 kas de Ra me recordaron a los me de Mesopotamia, que son también atribuciones y propiedades y que aparecen en un relato muy divertido en el que Innana le roba esos me a Enki.

De Iside et Osiride (De Isis y Osiris)
Leyenda de Plutarco (breve relato).
Aunque partes de este mito se encuentran en los Textos de las Pirámides, es gracias a Plutarco que conocemos casi la totalidad de la leyenda; brevemente es:
Iracundo Ra porque Nut era amada por Geb, y éste era correspondido, decretó que la diosa no tendría hijos en ningún mes ni en ningún año. La maldición de Ra no podía ser ignorada por ser el dios supremo. Nut acude a Thoth, que también la amaba, y éste acude al dios de la Luna, que compite con el Sol en luminosidad. Le reta a un juego de mesa con una fuerte apuesta; el dios de la Luna pierde el juego y la apuesta, que consistía en la decimoséptima parte de su luminosidad (por esto la Luna desaparece cada 28 días). Con esta luz, Thoth añade 5 días al año (antes el año tenía 360 días) de tal forma que no pertenecen al año anterior ni al siguiente, ni a ningún mes; son lo 5 días epagómenos que permiten dejar de lado la maldición de Ra. En estos días, Nut tiene a sus hijos Osiris, Horus (el viejo), Seth, Isis y Neftis.
En el momento del nacimiento de Osiris, en toda la tierra se oyó: “Ha nacido el buen y gran rey de la Tierra”. Con el tiempo, las profecías se cumplieron; Osiris trajo la civilización al valle del Nilo, y sus habitantes, que practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos, reciben con júbilo las enseñanzas y leyes que Osiris les trae (cultivo de la tierra, leyes morales, ritos correctos para venerar a los dioses, …).

Esto me ha recordado al titán Prometeo, que robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los hombres, llevándoles el conocimiento y la civilización. La similitud aumenta cuando vemos que Osiris es acechado y finalmente asesinado por su envidioso hermano Seth. En el caso griego, Prometeo es castigado por su sobrino Zeus, quien lo ata a un monte del Caúcaso donde un águila le devora las entrañas, que le vueven a crecer (Osiris es despedazado). Lo del cofre, claro, recuerda a muchos héroes abandonados en el río en una cesta o un cofre, como Moisés o Sargón de Acad.

Una vez conseguido, Osiris marcha a enseñar a otros pueblos deja a su esposa y hermana Isis al frente de Khemi. Pero alguien envidia los logros de Osiris, su hermano Seth, Señor del Desierto. Seth, apovechando la bondad infinita de su hermano, prepara (a su vuelta) un gran banquete. Isis avisa de la maldad de Seth a su esposo, mas éste no ve ningún mal en asistir al banquete en su honor. Seth se alía con Aso, reina de Kush, y con otros 72 conspiradores; en secreto, mide el cuerpo de Osiris y manda fabricar un cofre, con las medidas del rey, rícamente adornado. Al final del banquete, Seth ordena sacar el cofre y anuncia que lo donará a quien entre en él. Todos intentan entrar, pero no caben; Osiris, sin ver mal alguno en ello, se mete en el cofre y, en segundos, éste es cerrado, clavada la tapa y sellada con plomo derretido. Poco después, el cofre es arrojado al Nilo, en su desembocadura tainítica.

La muerte de Osiris me ha recordado a la muerte de Balder de la mitología germánica. Balder, como Osiris es un Dios de bondad infinita al que detesta Loki. Loki necesita algo con lo que matar a Balder, pero todos los seres del universo aman a Balder y ademas han jurado no hacerle nunca daño. Excepto una pequeña ramita que, por ser considerada tan poca cosa, no ha jurado. Con ella matará Loki a Balder.

Cuando Isis recibe la noticia, siente un gran dolor, se viste de luto y se corta un mechón de su melena. Sabedora de que los muertos no pueden descansar si no son enterrados con los ritos funerarios adecuados, emprende la búsqueda de su esposo/hermano. Mucho tiempo pasó preguntando a todo hombre y mujer por el cofre tan ricamente adornado; un día, viendo a unos niños jugando en la orilla del Nilo, se acercó a preguntarles; los niños le informaron del lugar donde Seth y sus secuaces había dejado el cofre (desde entonces, los egipcios creyeron que los niños poseían dotes naturales de adivinación).
Gracias a la Magia, Isis descubre que las olas han llevado el cofre a Byblos y lo han arrojado en un arbusto de tamarisco; este arbusto se convirtió en un maravilloso árbol con el cofre en el interior del tronco. El rey de Byblos, Melcarthus, fascinado por el árbol, lo hizo talar para usar su tronco como columna de sujeción del techo de su palacio.

La búsqueda que emprende Isis de su hermano Osiris me ha recordado la que emprende Démeter en busca de su hija Perséfone, atrapada en los Infiernos por Hades.
Cuando Isis pregunta a los niños, he pensado en Agustín de Hipona cuando preguntó a un niño que jugaba en la playa.

Isis acudió a Byblos, donde se sentó en una fuente. No habló con nadie, salvo con las doncellas de la reina, a las que habló con dulzura, peinó y perfumó con su divino aliento, más fragante que las flores. Cuando las doncellas llegaron a palacio la reina Astarté les preguntó cómo iban tan peinadas y perfumadas; aquellas le contaron el encuentro con la bella extranjera, y la reina hizo que la trajeran a palacio, convirtiéndola en enfermera personal de uno de los príncipes.
Isis alimentó al niño dándole el dedo a chupar. Por la noche, cuando todos dormían, ponía grandes troncos al fuego y echaba al niño a las llamas; después se convertía en una golondrina y emitía grandes lamentos por su esposo/hermano muerto. Corrieron rumores de estas prácticas por palacio y una noche la reina se escondió en la sala para comprobar si eran ciertos. Cuando Astarté vio al niño entre las llamas, corrió aterrorizada a rescatarle e Isis la reprendió diciendo que privaba al infante de la inmortalidad. Después reveló a la reina su verdadera identidad y le explicó los motivos por los que se encontraba en Byblos, pidiéndole que le entregara el pilar que sujetaba el techo de palacio. Cuando le fue dado, abrió el tronco y sacó el cofre que contenía el cuerpo de Osiris; su lamento fue tal que uno de los príncipes murió de terror. Desde entonces, el tronco fue conservado y venerado en Byblos. Por este motivo, uno de los muchos nombres de Osiris es: “el que está en el árbol”.

Lo de los niños arrojados a las llamas me ha recordado a Tetis, la madre de Aquiles, que sumergía a sus hijos en un caldero hirviente o tal vez en fuego también para convertirlos (como Isis) en inmortales. Pero se le quemaban, excepto Aquiles, al que alguien rescató cogiéndole del talón (por eso el talón era el único punto vulnerable de Aquiles, “talón de Aquiles”) y por donde murió de un flechazo certero de Paris. También me ha recordado leyendas irlandesas de calderos en los que se sumerge a la gente para hacerlos inmortales.


Isis volvió a Egipto por mar, abrió el cofre y lloró amargamente por su esposo. Después Isis se retiró a Buto para descansar.
Seth, que se encontraba cazando a la luz de la luna, descubrió el cofre, y encolerizado destrozó el cadáver de Osiris y esparció los 14 trozos por todo Khemi.

Lo de los trozos de Osiris me ha recordado al menos tres cosas (que recuerde ahora):

1. El mito griego en el que el monstruo Tifón le quita los tendones a Zeus y los guarda en un frasco. Precisamente este mito es el que servía a los griegos para justificar que los dioses egipcios tuvieran formas de animales: asustados tras la acción de Tifón, los dioses se refugiaron en Egipto bajo la apariencia de animales.


2. El mito de los spartakoi o seres nacidos de los huesos del dragón que nacieron de la tierra cuando Cadmo tiró unos huesos de dragón o serpiente hacia atrás. Es curioso, de nuevo (pero no quiero decir que haya relación necesariamente con este mito) que también la leyenda de Cadmo esté bastante relacionada con Egipto.

3. En tercer lugar, me ha recordado un mito de la India: el de la desmembración del primer Dios Prajapati-Purusha.

Pero hay muchos más mitos de desmembración en Grecia y en otras culturas, que no intento recordar ahora, porque estoy practicando la asociación automática o espontánea.

Isis volvió a Egipto por mar, abrió el cofre y lloró amargamente por su esposo. Después Isis se retiró a Buto para descansar.

Seth, que se encontraba cazando a la luz de la luna, descubrió el cofre, y encolerizado destrozó el cadáver de Osiris y esparció los 14 trozos por todo Khemi.

Al descubrir este último acto, Isis, asistida por Neftis y Toth, vuelve a emprender la búsqueda de los trozos de su esposo; cuando encontraba uno, mandaba erigir un templo en el lugar(por esto hay tantas tumbas de Osiris en Khemi); solo faltó el falo, comido por tres peces, Phragos, Lepidotos y Oxirrincos. Asistida por Anubis, Isis recompone el cuerpo de Osiris y practica la primera ceremonia de “Apertura de los Ojos y la Boca” y la primera momificación. Gracias a la Magia, se convirtió en milano y aleteó sobre el cuerpo de Osiris, ventilando sus conductos nasales y dándole la suficiente vitalidad para embarzarla de Horus (el joven), al que dará a luz en la isla de Shemis, en el delta. Así, Horus se convierte en hijo póstumo de Osiris, a quien Isis deberá proteger (también Isis es protectora de la infancia).

Cuando Isis recompone el cuerpo de Osiris, le falta precisamente el falo, lo que me recuerda el mito de la castración de Kronos por Zeus, cuando los testículos de Cronos son lanzados al mar y, según algunas leyendas, de ellos nace Venus. Castración que era una repetición de la que Cronos había practicado con su padre Uranos. Hay que suponer que el falo de Osiris también fue lanzado al mar (o por lo menos a un río), puesto que se lo comieron tres peces según indica Jaime E. Cabria, al que agradezco desde aquí su página que me ha dado pie a esta comparación no odiosa y sí automática.

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[Publicado en 2004]

[La imagen de la cabecera es del cómic God is dead, de Jonathan Hickman y Mike Costa, en el que los dioses de las principales mitología se enfrentan en un combate mortal]

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