¿Es posible dialogar con un creyente?

En una respuesta al comentario de un lector, escribí hace unos años algunas cosas acerca de la dificultad de discutir con un creyente. Con cualquier creyente. Retomo esas ideas aquí.

Cuando se discute con un creyente, tiene lugar eso que los  psicólogos llaman el punto ciego: existen regiones intelectuales, temas o cuestiones en la que todos dejamos de razonar de la manera en que lo hacemos normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas, y a los seguidores de equipos de fútbol, por supuesto.

Si se discute con un comunista fervoroso, o con un fascista, acerca de sus ideas políticas, se sabe desde el principio que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos (los no creyentes) sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.

Si se habla con un católico, se sabe desde el principio que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque esa persona haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados). Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y uno y otro defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.

Cuando leo a grandes pensadores que defendieron una religión o una ideología, no puedo evitar pensar que estoy ante un talento desperdiciado, como Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, una mente poderosa que se ve obligada a justificar y argumentar dogmas que casi siempre son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto. Pero como esa era la doctrina cristiana, Tomás de Aquino lo defiende: si fuera otra la doctrina cristiana, se las arreglaría para defender lo contrario sin inmutarse. Resulta muchas veces triste observar cómo Tomás de Aquino insulta a su propia inteligencia.

Un ejemplo podría ser la doctrina de la Trinidad. Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que con mucha probabilidad no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo o con lo que creían los primeros cristianos. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial que fue establecido, si no recuerdo mal, en el Concilio de Nicea, hacia el año 300 después de cristo. Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento pone en duda que Dios, como creían los judíos (y el era judío seguidor de la religión judía) era Uno y al mismo tiempo una sola y única persona.

Baste con ese ejemplo para mostrar como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender ideas y planteamiento no porque busque la verdad, sino porque busca adecuarse a lo que decidieron unos personajes más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.

En ningún momento he pensado o pienso que los creyentes, así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad (también en general o sobre los diversos temas particulares), pero sí creo que no son capaces de buscarla precisamente en el tema que más les inquieta, conmueve e interesa: su propia fe.


 (Al principio titulé el artículo “¿Es posible dialogar con un creyente?”. Como bien me señaló “discutir” no es la palabra adecuada. Me refería a dialogar, por eso he cambiado el título, aunque también podría ser: ¿Es posible no discutir con un creyente?.


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Una estancia en Moralia [1991]
3. En Moralia

…En Moralia

En capítulos anteriores (1 y 2), Natalia y Arlequín emprendieron la búsqueda de Moralia, debido a que Natalia había soñado que se veía a sí misma en un acantilado y no se ayudaba. Ahora han caído por un agujero.

Natalia-Daniel-Barcelona

Natalia, la Soñadora, y su hermano Daniel, cronista de sus sueños

Natalia y Arlequín descienden por un tubo en forma de espiral durante un tiempo que les parece interminable (dos minutos). Finalmente, son escupidos en un prado, uno encima del otro, primero Natalia, después Arlequín, que cae sobre ella.

Arlequín
Perdona, Natalia… Bueno, ya estamos en Moralia.

Arlequín señala, a su izquierda, un gran cartel en el que pone: “Bienvenidos a Moralia”.

Natalia
Me parece que te equivocas, Arlequín. Esto no puede ser Moralia. ¿No ves a es hombre clavado a una cruz y a ese otro con una capucha de verdugo que le está dando latigazos?

Arlequín
Es cierto, y después le echa sal y vinagre sobre las heridas [1]. Vamos a acercarnos.

Natalia
Quizá deberíamos irnos de aquí.

Arlequín
No te preocupes, Natalia. (Al verdugo) Perdone que le interrumpa. Estamos en Moralia, ¿verdad?

Verdugo
(con amabilidad) Bienvenidos. Esperen un segundo, en cuanto termine con este otro turista, me ocuparé de ustedes

Natalia
Ah, no, de verdad, por nosotros no se preocupe. Nos gusta esperar, ¿verdad, Arlequín?

Arlequín
¡Claro! usted cumpla bien con su trabajo, que eso es lo que importa: el trabajo bien hecho. Además, nos están esperando…

Arlequín agarra a Natalia y se la lleva lejos del lugar de tortura.

Arlequín
(señalando a lo lejos) Mira allí, Natalia, yo conozco a ese tipo.…

Natalia
¿Ese que está llorando y dándose golpes de pecho? Parece sufrir mucho.

Arlequín
(Al hombre que llora y se golpea) Perdone si interrumpimos un poco su congoja, ¿no es usted Inmanuel Kant?

Kant
En efecto, soy yo; pero, por favor, hable más bajo, no vaya a ser que me reconozcan mis víctimas pasadas, presentes y futuras.

Natalia
¿Se refiere usted a las que son torturadas en esa cruz?

Kant
Sí.

Natalia
¿Y qué tiene usted que ver con esto? Usted ha pasado a la historia como el pensador más moral de cuantos han existido [2]

Kant
¡Ay de mí! Esa es mi desgracia. Aquí, en Moralia, aplican mis preceptos a rajatabla. El hombre vestido de cuero negro con la capucha de verdugo, es uno de mis más fieles y perfectos partidarios.

Natalia
No puedo entenderlo.

Kant
Es muy sencillo. Ese hombre está aplicando mi imperativo categórico: “Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse por tu voluntad en ley universal de la naturaleza” [3].”

 Se acerca un hombre joven, con el rostro bien afeitado y con un taparrabos de tela grisácea. Antes de hablar, sonríe amablemente a todo el grupo.

Hombre
Sí, también está aplicando mi más importante doctrina, la Regla de Oro: “Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos.”
[4]

Natalia¡Ah! Usted es Jesucristo. No le había reconocido sin barba.

jesucristo-bizantino

jesucristo rabbula Evangelios 6

El Jesucristo de pelo crespo y barba recortada en una representación de los Evangelios de Rabbula (siglo VI)

Jesucristo
Por favor, no me trates de usted, no puedo soportarlo.
[5]. En cuanto a lo de la barba, nunca la he llevado. Eso, como tantas otras cosas referidas a mí, es algo que se inventaron mucho tiempo después de mí muerte.
[6].

Confucio
Sí, no se puede uno fiar de las generaciones futuras. ¡Ah, en los buenos tiempos míticos las cosas no eran igual!

[7] Pero, claro, parte de la culpa también la tenemos nosotros por no pensar bien en las consecuencias de nuestras reglas cuando son aplicadas por otros temperamentos. Este hombre, el verdugo, no sólo es kantiano y cristiano, también aplica mi precepto llamado el cuadrado de medir: “No hagas a los demás lo que no quieras para ti mismo” [8]”.

confucioNatalia
Pero, no acabo de entender por qué hablan de ese verdugo como si se tratara de un ser perfecto desde el punto de vista de la moral que ustedes han creado, y como un fiel discípulo de sus doctrinas.

Kant
Lo es, lo es… Lamentablemente.

Jesucristo
Sí, porque ese hombre, además de ser un perfecto moralista cristiano-kantiano-confuciano, es masoquista.

Confucio
…Así que hace a los demás lo que le gustaría que le hicieran a él.

 Continúa en “Llegan más moralistas”

*********

[Esta felicitación que escribí para mi hermana Natalia tiene notas, añadidas en 1997, y otras escritas en 2014. Puedes verlas haciendo clic en las notas.  También puedes leer el texto completo de principio a fin -mucho más recomendable.-y después las notas, que también aparecen  situadas al final del texto. Hay vínculos para saltar en un instante desde el número a la nota correspondiente, y a la inversa]

 

nataliaTubau-cabecera

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  1. [1] Que no es lo mismo que darle a beber vinagre y hiel, como a Jesucristo: tal vez a él no se lo dieron para hacerle sufrir más, sino para anestesiar su dolor
  2. [2]Así, Kant ocupa ese puesto en la historia, tal vez con la posible excepción de Sócrates.
  3. [3]El Imperativo Categórico de Kant se conoce en distintas formulaciones: la que el propio Kant enuncia aquí es la segunda de las cinco que ofrece H.J.Paton en The Categorical Imperative 
  4. [4]Así lo dice Jesucristo en Mateo 7.12. Aunque la Regla de Oro se conoce popularmente como: “Haz a los demás lo que quisieras que los demás te hicieran a ti”, un enunciado no aparece en ninguna de las versiones bíblicas. Pero la idea sí se expresa con bastante claridad en otros pasajes. Así, en Lucas 6.31: “Y como queréis que os hagan los hombres, así hacerles también vosotros”. Y también en Tobías 4.15 en forma negativa: “Lo que no quieres para ti, no lo hagas a nadie” (aquí no es Jesús quien habla, sino Tobías, que se lo dice a su hijo Tobías). Respecto a este último pasaje, Asimov dice que es una expresión de la Regla de oro, la idea de “guiar las acciones por empatía, es decir, poniéndose en el lugar de la otra persona”. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Lo que sucede más bien es que se pone a las otras personas en el lugar de uno mismo: ponerse en lugar de la otra persona consiste en intentar saber cómo siente y qué piensa el otro, y no suponer sin más que siente y piensa como nosotros y que, por tanto, debemos hacer con ella lo que nos gustaría que ella nos hiciese a nosotros.

    Tobias-420px-Filippino_Lippi_016

    Tobías y el ángel, por Filippino Lippi, 1472). Uno de los pasajes más conocidos del libro de Tobías: el arcangel Rafael ayuda al ciego Tobías a recuperar la vista y a exorcizar a Sara, poseída por el demonio Asmodeo.

    En el pasaje que he citado en la felicitación, Jesucristo añade que esa doctrina “está en la Ley y en los Profetas.” En la Biblia que yo consulto (Nacar-Colunga) se dice que no se encuentra ni en la Ley ni en los Profetas esa doctrina de la caridad (?), al menos expresada de manera explícita. Ahora bien, tenemos esa formulación ya mencionada de Tobías 4.15. Sin embargo, Tobias es un libro que no se incluye ni en el Canón protestante ni en el judío jerosomilitano (pero sí por los judíos de la Diáspora), sino sólo en el católico (en el Antiguo Testamento, después de Nehemías). La historia de Tobías fue escrita probablemente hacia el año 200 antes de Cristo, pero la acción tiene lugar hacia el -720, en tiempos de Nínive (cuyo fin Tobías presencia). Aunque Tobías no es uno de los libros proféticos, guarda ciertas semejanzas con estos, como es el utilizar la narración de un desastre antiguo (la caída de Nínive) como símbolo de uno futuro (la caída del imperio seleúcida). Asimov dice, quizá con cierta ironía, que el autor del libro fue un excelente profeta: el Imperio Seleúcida cayó una generación después de ser escrito el libro de Tobías

  5. [5]Según parece, en el Nuevo testamento, Jesús habla con sus discípulos y ellos con él tratándose de “tu”, nunca de “usted”. Digo según parece porque no sé si en el original de los libros del NT, escrito en griego koiné (con la posible excepción de Mateo, que quizá fue escrito en Arameo), se empleaba una u otra fórmula. Es decir, no sabemos cómo hablaba Jesús con sus discípulos, pero todos los textos que cuentan su vida y andanzas lo muestran tratando de tú y siendo tratado de la misma manera por todos. Me di cuenta de este asunto cuando leí las Cartas Filosóficas de Voltaire, en las que éste cuenta, en un estilo no muy distinto del llamado Nuevo Periodismo, sus experiencias en Inglaterra. Las primeras cartas están dedicadas a los cuáqueros (quakers), quienes se negaban a quitarse el sombrero delante de nadie ni a tratarlo de “usted”, ya se tratase del mismísimo rey. Uno de estos cuáqueros le explica a Voltair por qué: “Confiesa que has tenido dificultad en no reírte cuando he respondido a todas tus cortesías con el sombrero en la cabeza y tuteándote; sin embargo, me pareces demasiado instruido para ignorar que en el tiempo de Cristo ninguna nación caía en el ridículo de sustituir el singular por el plural. Decían a César Augusto: te amo, te ruego, te agradezco… Sólo mucho después de él los hombres comenzaron a hacerse llamar vos en lugar de tú, como si fuesen dobles, y a usurpar los títulos impertinentes de Grandeza, de Eminencia, de santidad, que unos gusanos dan a otros gusanos, asegurándoles que son, con un profundo respeto y una falsedad infame, sus muy humildes y obedientes servidores.” Y termina diciendo el cuáquero: “Para salvaguardarnos de ese indigno comercio de mentiras y de halagos, tuteamos igualmente a los reyes y a los zapateros, no saludamos a nadie y no tenemos por los hombres más que caridad, y respeto sólo por las leyes”.
    Esta es una de las estupendas costumbres de los cuáqueros: yo creo que tratar alguien de “usted” indica sólo un respeto absurdo o un temor lamentable. Es cierto que al conocer a una persona suelo hablarle de “usted”, pero es sólo porque sé que muchas personas se ofenden tontamente si las tratas de “tu”, pensando que estás faltándoles al respeto. Yo no soy tan estricto o tan coherente como los cuáqueros, que a menudo se ganaron la cárcel o el destierro por tutear a jueces e incluso a reyes. Después de leer las cartas de Voltaire, embellecí la historia, haciendo que los cuáqueros remontasen el tuteo al propio Jesucristo y a sus discípulos, en vez de a César Augusto, como he descubierto al releer dichas cartas. Por otra parte, Corominas cuenta que ‘vos’ (del latín, vuos, vosotros) se empezó a emplear desde los orígenes del castellano además de en su forma plural, como forma singular reverente. Al final, se extendió tanto su empleo que ya no indicaba respeto, sino sólo la falta de familiaridad entre iguales y falta de respeto en boca de un noble. Se dejó de emplear, excepto en las zonas rurales (y así sobrevivió en las partes rurales de América de aquel entonces con el valor de ‘tú’). Para evitar la ambigüedad del singular de vos, se empleó sólo el vosotros con carácter plural. En cuanto a usted, es una contracción de vuestra merced, inventado para sustituir a vos, desgastado ya como pronombre de respeto. Una historia interesante, sin duda
  6. [6] Parece, en efecto, que el Jesús histórico (si es que existió alguna vez) e incluso el que es descrito en los Evangelios, no llevaba barba, aunque sí largos cabellos. No recuerdo exactamente a qué época se remontan las primeras imágenes del Cristo barbado. Entre mis libros, no he encontrado ninguna anterior al año 900: la de un iconoclasta bizantino que cubre con cal un retrato de Jesucristo (que parece llevar una ligera barba). Pero incluso en el año 1000 todavía se representa a Jesús sin barba en el Libro de los Evangelios de Otón III. En algún lugar he leído también una poderosa argumentación que sostenía que Jesucristo no podía haber llevado barba, por alguna razón muy concreta relacionada con su clase social, su oficio, o algo semejante. No recuerdo dónde.

    Caravaggio representó a Jesucristo sin barba, algo excepcional en su época.

    Caravaggio representó a Jesucristo sin barba, algo excepcional en su época.

    (Nota en 2014) Aunque estamos acostumbrados a las representaciones de Jesucristo con barba, expertos en la época en la que se supone que vivió Jesús de Nazaret creen que no podía llevar barba por razones del culto o de la secta a la que pertenecía. En las primeras representaciones de Jesucristo, se lo solía representar joven y perfectamente afeitado o con una barba pequeña y recortada y el pelo un poco crespo, es decir con un aspecto más semita que griego. Incluso hubo quienes protestaron contra la imagen que ahora tenemos de Jesucristo (y de Dios mismo) por parecerse demasiado al Zeus griego o el Júpiter romano. Así lo cuenta Teodoro Lector al recordar una anécdota que sucedió en los tiempos en que Gennadius era patriarca de Constantinopla (458-471): “En el tiempo de Gennadio era conocido un pintor que quereía pintar al Salvador con la apariencia de Zeus”. En opinión de Teodoro, en el siglo VI opina que la otra imagen, “la del pelo corto y crespo era más auténtica”. En la imagen se puede ver el Jesucristo de pelo crespo y barba recortada en una representación de los Evangelios de Rabbula (siglo VI) 

  7. [7]Para Confucio, como para muchos pensadores chinos, había existido en tiempos remotos una época mítica ideal, de carácter más o menos comunista y justo, además de varios emperadores, como el Emperador Amarillo, caracterizados por ser gobernantes perfectos. Esta idea de la edad de oro en el origen de la humanidad es común a muchas culturas. Existe, por ejemplo en Grecia. En algún lugar leí que la originalidad del cristianismo consistió en poner la Edad de Oro al final de los tiempos, en vez de al principio. Eso es muy discutible: no sólo en otras culturas existe también esa Edad de Oro futura, sino que toda la leyenda del Paraíso y Adán y Eva no es sino otro ejemplo del tópico de la Edad de Oro en la que vivieron nuestros antepasados
  8. [8]Confucio dice esta frase en Analectas XII,2., cuando su discípulo le pregunta por el significado de jen (hombre de virtud, más o menos). Efectivamente, fueron los confucianos posteriores los que llamaron a esta idea el “principio de aplicar un cuadrado de medir”, es decir uno se pone a si mismo como norma para regular la propia conducta, que, como se ve, coincide con la Regla de Oro cristiana (y también pitagórica al parecer) y con el precepto kantiano)

Lazslo Toth

Sin Piedad

1972, Ciudad del vaticano, 21 de mayo, domingo de Pentecostés.

Son las once y media de la mañana.

Un hombre se abre paso entre la multitud de peregrinos que esperan la bendición papal, esquiva a cinco guardias, se encarama a la balaustrada de mármol junto a la Pietá de Miguel Ángel y le asesta quince golpes con un martillo de geólogo.

La virgen pierde un brazo, un ojo y parte de la nariz.

Mientras destroza la estatua, el hombre grita: “¡Soy Jesucristo, soy Jesucristo y he regresado de la muerte!”.

Se llama Laszlo Toth. Es un geólogo australiano, pero nació en Hungría.

El artista en acción

 

El artista criminal

Laszlo Toth es arrestado. Le llueven los insultos: asesino, fanático, vándalo, nihilista. Se le juzga y condena a nueve años de prisión.

Sin embargo, algunos artistas defienden a Toth, no porque crean que la condena es desmesurada, sino porque están de acuerdo con su acción.

Los artistas llaman acciones a las actividades artísticas que no se limitan a colgar cuadros en una pared. Por ejemplo, permanecer sentados durante horas en el escaparate de una tienda, no porque la tienda te pague como maniquí vivo, sino para denunciar la alienación del mundo actual. Se supone que la prueba de esa alienación es que un artista esté dispuesto a pasarse horas inmóvil, o que la gente se pare a mirar a alguien que está dispuesto a tal cosa, o quizá sea el hecho de que una institución ofrezca dinero al artista por hacer nada.

Para algunos artistas de la época, en consecuencia, lo de Toth no era una acción, sino una acción. Es por eso que todavía hoy se reivindica el gesto de Toth desde algunos sectores del mundo del arte: Karen Eliot habla elogiosamente de Toth y su “terrorismo cultural”.

Esta es otra característica de los artistas y expertos en arte del siglo XX y XXI: les gusta jugar con palabras que expresan violencia y destrucción. A menudo coquetean con la palabra y con los símbolos del terrorismo. ¿Por qué?

Entre otras razones porque el terrorismo es una bestia negra para los Estados y para la Burguesía y, por alguna extraña razón, un artista que se precie es un enemigo declarado del Estado y de la Burguesía. Para llamar la atención del Estado y epatar a los burgueses, muchos utilizan cualquier cosa, como aquellos artistas de inicios del siglo XX, los futuristas, que querían hundir Venecia. Luego se hicieron, en su mayoría, fascistas, tal vez porque era la manera más rápida de colaborar en la destrucción de arte y vidas.  El nazi Goebbels, quizá queriendo hacerse no sólo un lugar en la historia del crimen sino también en la del arte, dijo aquella célebre frase: “Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola” .

Así que Toth llevo a cabo, con sus modestos medios, lo que soñara el colega de Goebbels, Hitler: volar Paris, volar de un golpe la cultura francesa y todos sus símbolos; o lo que poco después algunso llegaron a plantear al presidente de EE.UU: tirar las bombas atómicas sobre Kyoto, la antigua capital cultural de Japón.

 

La valiosa aportación de Toth a la cultura mundial

Pero, ¿cuál es la aportación de los martillazos de Toth a la cultura mundial?

Lo dice Karen Eliot:

 “Él solo acuñó el principio básico del Mail Art: NO MÁS OBRAS MAESTRAS”.

 Este es un ejemplo, dirán los mal pensados, de la catadura del arte actual: para crear una corriente artística basta con destruir una estatua.

El Mail Art no cree en las obras maestras, no quiere que haya comisarios o jurados en las exposiciones de arte y fomenta de manera explícita el plagio en Festivales del plagio, entre otras cosas. El asunto es interesante, pero ¿qué tiene que ver con los martillazos? Al parecer, la única relación es que todas esas cosas molestan a la burguesía y al establishment.

Eliot, en su defensa del inspirador del Mail Art, también se burla de los llantos de un profesor y sus alumnos al examinar los daños causados a la estatua, y enseguida dice que los golpes de Toth “fueron suaves”.

El lector puede apreciar en esta imagen la suavidad de los martillazos y cómo suavemente cayó un brazo de la Virgen.

pieta

 

¿El arte o la vida?

Bien, Toth golpeó la Pietá, de acuerdo, pero, enseguida aclara Eliot: los golpes no cayeron sobre carne, sino sobre mármol. ¿Por qué dice eso?

Porque ahora va a comparar a Toth con los que golpean la carne.

En efecto, en un alarde prodigioso de pensamiento alternante , dicotómico o maniqueo si se prefiere, Eliot compara la maldad de Toth con la de Nixon y Kissinger, contemporáneos del artista.

Alude entonces Eliot al célebre dilema de si en el incendio de un museo salvarías una obra de arte o a una persona. El dilema se plantea, de manera muy hermosa en Balas sobre Broadway, de Woody Allen, pero Eliot no menciona a Allen, sino a Giacometti, quien dijo que antes salvaría a un gato que un Rembrandt, cosa que todos entendemos perfectamente, porque es lo que haríamos casi todos, no por odio a Rembrandt, sino por amor a los gatos.

Pero algunos seguimos sin entender por qué el dilema ético “Salvar una vida/salvar una obra de arte” lleva a la conclusión: “Hay que destruir las obras de arte”. Da la impresión de que faltan premisas a este silogismo del arte moderno para llegar a tan demoledora conclusión.

La incomprensión hacia el artista: Laszlo Toth es detenido tras su acto artístico

 

La influencia de Toth

Poco después de la acción de Toth, otros artistas mostraron su solidaridad. Ken Friedman escribió un oratorio en honor de Toth y Don Novello tituló uno de sus libros Las cartas de Toth, aunque, según confesó, no en homenaje al artista australhúngaro, sino tan sólo por la sonoridad del nombre.

Incluso existe una escuela de arte llamada Laszlo Toth School of Art, que alaba al artista del martillo que “adaptó cierta escultura popular de Miguel Ángel a una sensibilidad más moderna”

El que más se destacó en su amor a Toth fue Roger Dunsmore, que publicó un libro de poemas con el célebre verso: “¿Dónde estás Laszlo Toth, el del martillo suave?”.

Es posible que el lector también se lo haya preguntado y que también se pregunte: ¿Cumplió Laszlo Toth su condena de nueve años?

No. Fue examinado por doctores y enviado a un hospital mental durante dos años. En 1975 fue deportado de Italia como undesirable alien (persona non grata). En Australia no fue detenido.

Toth consiguió lo que sin duda pretendía: pasar a la historia. También lo consiguió en la Antigüedad aquel que queriendo ser recordado incendió una de las Siete Maravillas del Mundo: el templo de Diana en éfeso. Se llamaba Eróstrato. Aunque Alejandro Magno reconstruyó el templo, años después unos vándalos mucho más organizados volvieron a destruirlo para siempre.

 

Dos inmortales: Toth y la Pietá

¿Y qué le pasó a la Pietá, a su ojo, su nariz y su brazo?

Fue restaurada por Deoclecio Redig de Campos y ahora está tras un cristal protector que impide apreciar su belleza de cerca, como pude comprobar cuando visité el Vaticano. Durante la restauración, se encontró en la palma izquierda de la Virgen una firma secreta de Miguel Ángel: una M.

Existe una curiosidad que debemos mencionar: Toth no fue el primero en destrozar la Pietá, sino que tuvo un ilustre predecesor. ¿Quién?

Miguel Ángel.

En efecto, Miguel Ángel también destrozó la Pietá, no la que hoy conocemos, sino un modelo anterior que hizo en Florencia. Rompió a martillazos una de las piernas de Jesucristo.

¿Por qué lo hizo? Se dice que porque la colocación de la pierna de Jesucristo bajo el manto de la Virgen tenía una fuerte connotación sexual.

 

Un enigma sin respuesta

Hay una pregunta a la que nadie ha dado respuesta. Laszlo Toth destrozó la Pietá de Miguel Ángel al grito: “Soy Jesucristo resucitado?”

Pero, ¿por qué Jesucristo querría golpear  a su madre?

 

*******

[Publicado el 29 de marzo de 2004]

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CUADERNO AUSTROHÚNGARO

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La ilusión de la ilusión

Gaudapada-451px-Shri_Gaudapadacharya_StatueComo pasa en todas las doctrinas monistas o no-dualistas,  en el Gaudapada Gita (de la escuela advaita vedanta) tampoco se consigue explicar la ilusión.

De acuerdo: todo es ilusión (maya), no existe esto ni lo otro, no hay ni siquiera Atman y Brahman, sino que todo es imaginario e ilusorio.

Pero, si aceptamos tal cosa: ¿cómo se explica que de algo no dual surja la ilusión que vemos?

Es un problema idéntico al que ellos mismos critican en los que creen en un Dios eterno fuera del tiempo (como los cristianos): “¿cómo puede intervenir lo eterno (y siempre acto puro) en lo transitorio (y potencial) sin dejar de ser eterno?”.

Se les puede hacer a ellos preguntas similares a las que hacen a los cristianos o a quienes creen en un dios personal y omnipotente, como: ¿Por qué en lo indiferenciado puede producirse algo como la ilusión, que no sólo se diferencia de lo indiferenciado, sino que también esconde en sí mismo diferencias? ¿Es que acaso  la ilusión no es diferente de lo que es sólo real y no ilusorio?

Las respuestas que ofrecen los filósofos y las doctrinas indias son semejantes a las cristianas: pura verbosidad, enredo y palabrería. Filosofía basada en conceptos más o menos razonables pero aplicados de manera arbitraria y caprichosa.

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[Acerca de la crítica de Gaudapada al dios personal, omnipotente y eterno, ver: Argumento contra la eternidad]

[Publicado el 5 de diciembre de 2007 en Caracteres]

 

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Argumento contra la eternidad

Gaudapada

Dice el Gaudapada Gita:

 “¿Cómo puede alguien creer que un ser inmortal puede cambiar su naturaleza y devenir mortal, mantener que lo inmortal —aunque le haya ocurrido esto— permanece sin cambio?”

 

Es un argumento prácticamente irrebatible, al que los cristianos se tienen que enfrentar cuando definen a Dios como eterno y al mismo tiempo pretenden explicar su intervención en lo no eterno. Y creo que las respuestas de los cristianos son mera palabrería ante un callejón lógico sin solución.


Comentario en 2016

Me refiero, por supuesto, a la inmortalidad ligada al concepto de eternidad: un ser cósmicamente o tecnológicamente poderoso y avanzado podría ser inmortal pero provocar su propia muerte. Lo imposible es que un ser eterno lo haga, porque la eternidad está fuera del tiempo por definición (de los propios creyentes en la eternidad).


Sin embargo, el propio Gaudapada no escapa a un reproche similar al que él hace, como puede verse en La ilusión de la ilusión


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Don Quijote y los pedantes

El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. Es una parodia de los prólogos al uso de la época, en los que se incluían todo tipo de recomendaciones del libro y del autor, por parte de gente célebre, desde literatos, condes y duques hasta amigos del autor o expertos en la materia.

Ilustración de Ricardo Balaca, 1880

Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como:

“Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón” (Peter Larre, Los Angeles Times)

 

“John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia” (Brandan Fraser, The New York Times)

 

“Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).

Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son “la mejor novela en décadas”.

Por su parte, Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones:

“Sólo quisiera dártelo mondo y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerlo, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo.”

Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:

“…sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos…”

Pero un amigo le dice que no tiene que preocuparse por carecer de todos esos aditamentos, porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo, oh preclaro lector, en El Quijote.

En cuanto a los sonetos y recomendaciones, al parecer en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable sería que fueran gentes de esa profesión quienes escribieran los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinadas a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:

Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?
R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.
R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.
R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?


[Publicado en Intruso 7 de marzo de 2005]

 

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EL RESTO ES LITERATURA

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