Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Poco antes de la presentación en la librería Rafael Alberti, le conté a Juanjo un pequeño secreto o broma que contiene Nada es lo que es. Es cierto que, como digo en la charla con Juanjo, me gusta hacer ciertas bromas, referencias internas más o menos paradójicas y establecer vínculos curiosos entre mis libros. En Nada es lo que es hay varios ejemplos, aunque hay muchos más en Recuerdos de la era analógica. A veces son algo semejante a eso que en informática se llama “huevos de Pascua”, pequeñas bromas o sorpresas que se esconden en programas informáticos o páginas web. Por ejemplo, prueba a escribir en la página de búsqueda de Google lo siguiente:

z or r twice

Sorprendente,  ¿verdad? Se trata de un homenaje al viodeojuego de Nintendo Star Fox.

Otro huevo de Pascua de Google más sutil tiene que ver con la recursividad, los procesos que se contienen a sí mismos, como las célebres imágenes en las que una muchacha sostiene la propia caja en la que está dibujada esa muchacha que sostiene la caja en la que está dibujada esa muchacha que… Etcétera.

Pues bien, como homenaje a la recursividad, si en el buscador de Google escribes la palabra recursión, obtienes la siguiente pantalla:

 

Como puedes observar, Google te sugiere buscar otra palabra relacionada con recursión y esa palabra es… recursión. Si haces clic en el enlace, aparecerás de nuevo en una búsqueda de recursión que sugiere la alternativa recursión. Y así ad infinitum.

Contaré aquí uno de esas bromas o huevos de Pascua entre mis libros, aunque en este caso se trata de un proceso recursivo entre mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas y el de Marcos Méndez El laberinto, historia y mito. En la página 157 de mi libro se puede leer:

“A pesar de ello, en ocasiones los canteros se atrevían a burlarse de quienes les contrataban, como puede verse en los  Juicios Finales de muchas catedrales europeas, o en las gárgolas, en las que a menudo se puede reconocer a personas o instituciones. También se representaban a sí mismos junto a los grandes de la tierra, como muestra Marcos Méndez en su fascinante análisis del laberinto de la catedral de Nuestra Señora de Amiens, en el que tres maestros masones aparecen en el centro de un laberinto, junto  a un obispo y rodeados de ángeles.”
(La verdadera historia de las sociedades secretas)

Por su parte, Marcos Méndez Filesi en la página 160 de su libro, precisamente en el pasaje al que yo me he referido en mi libro, acerca de la catedral de Amiens dice:

“Como nos explica Daniel Tubau en un ensayo muy ameno y documentado, La verdadera historia de las sociedades secretas, los masones surgieron durante la Edad Media de los gremios de constructores y una de sus principales finalidades, como las de otros gremios, era mantener en secreto las técnicas del oficio”

 Méndez Filesi, para aclarar una cuestión, cita en un libro suyo un libro mío en el que yo le cito a él para aclarar la misma cuestión…

Otro vínculo, en realidad un supervínculo, es el que existe entre el propio libro Nada es lo que es y Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

En Recuerdos de la era analógica, uno de los cuentos o ensayos de libro se llama “La identidad” y consiste en varias páginas de una captura de pantalla de la librería digital Amazon. Entre esas páginas se puede ver incluso un índice del libro, libro que, según dicen los antólogos del futuro, no han logrado encontrar en la Arqueo Red:

“La identidad es un ensayo escrito a comienzos del siglo 21. No hemos podido encontrar el texto completo, sino tan sólo varias capturas de pantalla obtenidas de la página oficial de la librería virtual Amazon (que en el 2012 se convertiría en Googlezon).”

En el epílogo al libro (“Textos encontrados”) los antólogos del presente (los del año 2009, no los del siglo 25) añaden la siguiente información a “La Identidad”:

“Se encontró una versión de este ensayo en la página web de Daniel Tubau (www.danieltubau.com), titulada El problema de la identidad, pero en recientes visitas a la página (agosto de 2009) el texto ha desaparecido. El diseñador Aitor Méndez asegura haber utilizado una versión primitiva del texto en sus clases de creación de diseño e identidad, pero tampoco ha podido localizar ninguna copia del escrito. Podría tratarse de un ensayo de próxima publicación.”

Ese ensayo de próxima publicación es, sin duda Nada es lo que es, el problema de la identidad, que se publicó dos años después.

Ahora bien, la pequeña broma o secreto al que se refiere Juanjo en este vídeo no es ninguno de los mencionados anteriormente.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=6VgKZdBgLRc[/youtube]

En cuanto a las paradojas que plantea el célebre problema del barco de Teseo, además de dedicarle un capítulo y otros pasajes más en Nada es lo que es, me he ocupado de ellas en varias entradas, en especial en El barco de Teseo y en Viena reconstruida.

Dos barcos que quizá han dejado de ser los barcos que eran. Fotografía de Jon Wozencroft

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La identidades asesinas

En Nada es lo que es, el capítulo Las identidades asesinas de Maalouf está dedicado a la identidad de las naciones. Allí examino cómo se forma la identidad de grupo, recordando el fascinante experimento del matrimonio Sherif con varios grupos de muchachos, lo que me recordó una experiencia personal:

“Yo estudiaba en el colegio Siglo XXI y mis compañeros de curso y yo teníamos la costumbre de hacer carreras de caracoles. En una ocasión, un muchacho gitano, al que se conocía en el barrio por “El piojo” aplastó uno de los caracoles. Eso provocó una tremenda pelea a puñetazo limpio a la salida del colegio entre nosotros y la banda del piojo. Días después, mientras jugábamos un partido de fútbol en un descampado, vimos al Piojo mirándonos a lo lejos. En otras ocasiones, al vernos jugar, él y sus amigos nos habían tirado piedras. Sin embargo, en esta ocasión, uno de nuestros profesores, Alejandro Tiana, llamó al Piojo y, ante nuestra sorpresa y desagrado, le invitó a jugar con nosotros. Supongo que no hace falta decir que el resultado final fue el mismo que el de los experimentos de Sherif: el Piojo acabó convirtiéndose en amigo nuestro”
(Nada es lo que es, el problema de la identidad)

Alejandro Tiana

Por desgracia, cuando no hay alguien capaz de observar y modificar las reacciones de identificación instintivas y las identidades de grupo, como un Sherif o un Tiana, el resultado puede llevar, y a menudo lleva, a la tragedia, como sucede en la novela El señor de las moscas, de William Golding, que también analizo en el libro.

En la charla con Juanjo de la Iglesia durante la presentación de Nada es lo que es, nos referimos a algunos de los peligros de la búsqueda obsesiva de la identidad por grupos, pueblos y naciones. Una identidad que es, como creo que queda demostrado en el libro, casi siempre una invención, pues el origen de casi todas las identidades se encuentra en fábulas o distorsiones históricas a veces tan grotescas, injustas, ridículas o divertidas como algunos de los ejemplos que comento en el libro.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=B1IHvS3_i5c[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

JUANJO: Hay una parte de la identidad… que a veces.. aparecen monstruos. Sobre todo cuando… bueno, el problema… la palabra lo dice, la palabra ya tiene su peso. Pero fíjate que tú estás en tu libro diciendo que crees poco en las identidades muy marcadas. Por decirlo, lo estoy diciendo así sencillamente… Y sin embargo en nombre de la identidad se han cometido tremendos crímenes, pero crímenes de sangre, de muerte, de barbaridades

DANIEL: Sí, sí, bueno, ahí entro en un momento… El libro empieza un poco con la identidad de las cosas, de los objetos, incluso de los conceptos, de las palabras, y luego entro en esas identidades, de las naciones, de los grupos, de los pueblos que se creen diferentes a los demás, que creen que tienen una identidad propia, diferente…

JUANJO: Diferente siempre es mejor, claro…

DANIEL: Diferente es mejor, sí… No es que sea: “Es que somos diferentes porque somos mucho peores que ellos…no, no, somos mejores siempre”. Y entonces entro en esa identidad que, en efecto está en el origen de muchas cosas bastante terribles que le han pasado a la humanidad. Ya puedo anticipar que mi tesis es un poco contraria a la búsqueda obsesiva que hay, que todavía hay por la identidad, intentar definirse: “Soy esto, soy lo otro, soy lo de más allá, soy distinto a este de allí…” Y, claro, en esa parte es donde más se ve esa oposición que tengo… Lo de las cosas y los objetos, pues evidentemente no tengo una oposición tan frontal, si un objeto es o no es… Pero en lo de la identidad de las naciones, la creación de identidades que se pueden enfrentar unos con otros, pues sí, ahí la cosa cambia.

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Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Wittgenstein y Huizinga me sirven en este fragmento de la presentación de Nada es lo que es para explicar por qué recurro a las definiciones a pesar de no creer mucho en ellas…

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=PJko9zRpp20[/youtube]

 Menos mal que en la presentación estaba mi amigo Marcos Méndez Filesi para recordarme los nombres que yo iba olvidando uno tras otro: Huizinga, Homo Ludens, Orígenes…

Ludwig Wittgenstein

LOS JUEGOS DE LENGUAJE

Aunque preferí no recurrir a Wittgenstein, sino a Huizinga y a su definición de juego, a lo que me refería en el caso de Wittgenstein era tanto a sus “juegos de lenguaje” como a su teoría del lenguaje como uso: conocemos el significado de una palabra por los contextos o situaciones en las que es empleada, por la manera en que es usada o utilizada: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.

En cuanto a las definiciones de juego de Huizinga, aquí tenemos una que, como se puede ver, consiste en una enumeración de muchas características:

“Resumiendo, podemos decir, por tanto, que el juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazase para destacarse del mundo habitual.(Homo Ludens, 26)”.

Como es obvio, basta pensar en todos los juegos de casino, para encontrar ejemplos que incumplen rasgos como “sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga provecho alguno”. La definición de Huizinga es en este caso, a pesar de que enumera unas diez características, es más prescriptiva que descriptiva, pues dice: “A lo  que reúne las características enumeradas deberíamos llamarlo juego propiamente dicho”.

Pero, como dije en la presentación, el propio Huizinga era consciente de los puntos débiles de una definición prescriptiva, que, al fin y al cabo, podemos aceptar o no como válida. Por ejemplo, podemos aceptar que la definición de álgido es aquello que está en su punto más frío, tal como lo definía o define la Academia de la Lengua, pero también podemos rechazar la autoridad de la Academia y decir que puesto que el uso común de álgido es el punto más caliente o cumbre, debemos aceptar también dicha acepción.

Johan Huizinga

Witgenstein recogió probablemente muchas de las ideas de Huizinga, aunque supongo que nunca se podrá saber hasta qué punto, porque Wittgenstein tenía la costumbre de no mencionar casi nunca a sus precursores (por ejemplo a Fritz Mauthner, al que sólo cita para negar su evidente influencia) y, que yo sepa, tampoco en las Investigaciones lógicas cita a Huizinga.

En este interesante pasaje, Wittgenstein establece una interesante comparación entre la dificultad de definir los juegos y lo que él llama juegos de lenguaje:

“Considera, por ejemplo, los procesos que llamamos«juegos». Me refiero a juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota, juegos de lucha, etc. ¿Qué hay común a todos ellos?— No digas: ‘Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos ‘juegos’» — sino mira si hay algo común a todos ellos.— Pues si los miras no verás por cierto algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y por cierto toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Mira, por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Pasa ahora a los juegos de cartas: aquí encuentras muchas correspondencias con la primera clase, pero desaparecen muchos rasgos comunes y se presentan otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.— ¿Son todos ellos ‘entretenidos”? Compara el ajedrez con el tres en raya. ¿O hay siempre un ganar y perder, o una competición entre los jugadores? Piensa en los solitarios. En los juegos de pelota hay ganar y perder; pero cuando un niño lanza la pelota a la pared y la recoge de nuevo, ese rasgo ha desaparecido. Mira qué papel juegan la habilidad y la suerte. Y cuan distinta es la habilidad en el ajedrez y la habilidad en el tenis. Piensa ahora en los juegos de corro: aquí hay el elemento del entretenimiento, ¡pero cuántos de los otros rasgos característicos han desaparecido! Y podemos recorrer así los muchos otros grupos de juegos. Podemos ver cómo los parecidos surgen y desaparecen”.

Esa dificultad de encontrar una definición de los juegos es lo que lleva a Wittgenstein a proponer que las características que los juegos comparten son como los “parecidos de familia”:

“No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión «parecidos de familia»; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. — Y diré: los ‘juegos’ componen una familia”.

*************

La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

******

Juanjo de la Iglesia dice que el libro termina en la página 107, pero termina en la 207.

En otro momento de la presentación, también se habló de las definiciones y de mi buscada indefinición: Acerca de las definiciones.

No te pierdas la historieta dedicada a Wittgenstein en la Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja: Ludwig Wittgenstein.

Actualmente, la Academia de la Lengua recoge la acepción más popular de álgido en su tercera acepción (aunque no explícitamente el sentido de “caliente”):

álgido, da.

(Del lat. algĭdus).

1. adj. Muy frío.

2. adj. Med. Acompañado de frío glacial. Fiebre álgida. Período álgido del cólera morbo.

3. adj. Se dice del momento o período crítico o culminante de algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc.

 

SIGNOS

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“En Nada es lo que es, Daniel Tubau nos pro­pone una inves­ti­gación acerca de la iden­ti­dad de las cosas, de los concep­tos, de las ideas, de las naciones y de nosotros mismos; una inves­ti­gación que nos lle­vará, a lo largo de un viaje fasci­nante, desde la Gre­cia mítica de Teseo a la India arcaica, desde la China de los Reinos Com­bat­ientes a la Inglaterra vic­to­ri­ana de Sher­lock Holmes, desde el Japón de la época Toku­gawa a un inqui­etante pero cer­cano futuro.”

(en Rafael Alberti (Madrid))
(en Laie Barcelona)
(en Amazon) (en Más librerías)

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Cómo escuchar libros

En esta breve pasaje de la conversación con Juanjo,  hablamos de la literatura oral y de leer o de escuchar los libros.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=6E-Avonjjdc[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN DE LA CONVERSACIÓN

JUANJO: Estaba contando Daniel que le gusta más escuchar, bueno, más..

DANIEL: Sí, últimamente me gusta más escuchar los libros que leerlos. tengo un lector de textos y, entonces, en vez de leer, escucho. Voy por la casa, arreglando la casa, limpiando los platos… y voy escuchando un libro… y me gusta más, incluso tengo más concentración. En realidad es una vuelta a la cultura oral, es como se hacía en Grecia. Si el libro no me interesa, si es sólo por información, digamos… Tengo un lector de libros con un señor que tiene una voz muy buena, no suena nada mecánico, ni robótico… si es sólo por información… lo pongo a alta velocidad, lo pongo a cinco de velocidad….

JUANJO: ¡Y además limpia más deprisa!

DANIEL: Es como, lo que se dice leer en diagonal, es la equivalencia a la lectura en diagonal famosa… escuchándolo a velocidad cinco.

JUANJO: Y además no suena como los discos, suena…

DANIEL: No, no, suena bien…

JUANJO: …quiero decir, que no suena…

DANIEL: Es la voz que suena en los autobuses. Quien haya viajado en autobús… Asier no ha viajado en autobús, pero hay gente que sí…

JUANJO: Yo vengo en autobús todos los días… Y lo único que, el de mi línea se lía con las esdrújulas… Siempre dice “Ribera de…maannnnnaa…

DANIEL: Es una máquina

JUANJO: Es una máquina, el señor virtual que está ahí escondido, el enanito que dice las cosas y que lleva ahí el chófer…

Leer y escuchar libros

Agustín de Hipona

En la época actual tenemos la posibilidad no sólo de leer los libros, sino de escucharlos, como lo hacían, aunque de otra manera, nuestros antepasados.

Algunas personas a las que he comentado mi afición a escuchar libros me han dicho que un libro escuchado no puede compararse a uno leído. Supongo que es parte del fetichismo del libro impreso, algo de lo que a mucha gente le resulta difícil desligarse, confundiendo el continente con el contenido, como se decía antiguamente (no sé si continente es correcto en este contexto, pero yo recuerdo así la frase). En realidad, escuchar un libro supone una vuelta a la cultura oral, que ya se reinició con la radio y con la televisión (que es, claro está, audiovisual).

En tiempos de Agustín de Hipona la costumbre era leer los libros en voz alta: todo el auditorio los escuchaba y había tan sólo un lector (la persona que leía en voz alta), aunque supongo que también escuchaba su propia voz al leer los libros para los demás. Alberto Manguel cuenta en Una historia de la lectura, que Agustín se quedó bastante sorprendido al ver que Ambrosio de Milán leía sin pronunciar las palabras:

“Sus ojos recorrían las páginas y su corazón penetraba el sentido; mas su voz y su lengua descansaban.”.

Este testimoniomuestra que la costumbre, incluso cuando uno estaba solo, era leer en voz alta, es decir, escuchar el libro

Agustín de Hipona

Agustín leyendo (parece que para un auditorio)

Manguel también cuenta que los soldados de Alejandro Magno se quedaron asombrados cuando en una ocasión le vieron leer una carta de su madre “en silencio”. Me parece recordar que también Aristóteles llamaba la atención de sus coetáneos por su costumbre de leer en silencio. Quizá esa es una de las pocas cosas que Alejandro aprendió de su maestro.Así que antiguamente el fetichismo era con la palabra hablada, en vez de, como sucede hoy, con la escrita (al menos en lo que se refiere a los libros).

No sólo eso, como también aclara Manguel, la célebre frase scripta manent, verba volant (“lo escrito permanece, las palabras se las lleva el aire”) en la antigüedad se interpretaba al contrario de como suele hacerse ahora: no era un elogio de la palabra escrita, sino de la palabra dicha en voz alta, que tiene alas y puede volar, comparándola con la palabra silenciosa sobre la página, inmóvil, muerta.

Agustín de Hipona

En casi todas sus representaciones, Agustín lee : “En el Arca marmórea de san Agustín, construida en el siglo XIV sobre el altar que conserva las reliquias del santo, Basílica de San Pedro in Ciel d’oro, Pavía; el diálogo de Agustín con san Simpliciano; a la derecha, la conversión: siguiendo la sugerencia de un ángel, Agustín lee las Cartas de san Pablo.” (Tomado de 30 días)

Y añade Manguel la siguiente e interesante observación:

“Enfrentado con un texto escrito, el lector tenía el deber de prestar su voz a las letras silenciosas, a las scripta, para permitirles convertirse en verba, palabras habladas, espíritu.”

Agustín de Hipona

En esta ocasión parece que Agustín está leyendo en voz alta.
“San Agustín” por Benozzo Gozzoli, 1468; en la Iglesia de San Agustín,
San Gimignano, Italia

Yo, sin embargo, tengo una interpretación diferente de las dos mencionadas del Scripta manent, verba volant, pero no es éste lugar para desarrollarla. Sólo diré que he inventado una variación relacionada con el mundo digital:

“Bytia volant et manent” (Los bits vuelan y permanecen)”

Usé la idea en mi libro El guión del siglo 21, donde explico a qué me refiero. La idea también se muestra en la ilustración de la portada, realizada por Samuel Velasco:

El extraño signo de la portada, formado por un ojo, una oreja y la arroba de internet, sintetiza la fusión de la cultura oral y la visual en un nuevo medio que las supera a ambas.

En mi opinión, los ordenadores han hecho que la distinción que hacía Marshall McLuhan entre la galaxia Gutemberg y la Galaxia Tesla (él la llamaba erróneamente Galaxia Marconi) haya quedado en parte sin sentido: lo auditivo y lo audiovisual es ahora también, y más que nunca, también un texto modificable, revisable, que cambia pero que, al mismo tiempo permanece. La mayor virtud del alfabeto y la imprenta, que es el desarrollo del pensamiento lógico y de la reflexión profunda ahora también está al alcance de lo audiovisual.

En cualquier caso, en el futuro, al menos en el futuro que aparece en Recuerdos de la era analógica, es previsible que no nos preocupe ni lo escrito ni lo oral, porque ni leeremos ni escucharemos los libros, sino que los degustaremos de otra manera, como se puede adivinar en el relato “La obra de arte en los tiempos de la percepción malebranchiana”. Ese relato es una revisión futura del célebre artículo de Walter Benjamin “La obra de arte en la época de la reproducción mecánica”, a la luz de las ideas del padre Nicolás de Malebranche. Por eso quizá no es casual que aquí, en esta entrada, me haya referido varias veces a Agustín de Hipona: Malebranche era agustiniano.

Agustín de Hipona

 

********

Para quien quiera probar el placer de escuchar los libros con un lector electrónico, las buenas voces son las de la empresa Loquendo. La mejor en español es sin duda la de Jorge (castellano de España), pero hay otras bastante buenas como Diego (español de Argentina) o Francisca (español de Chile). También hay buenas voces en inglés, francés, italiano, chino… Para usar las voces se necesita un programa lector, como Textaloud, aunque las últimas versiones de los sistemas operativos, como Windows 7, creo que ya incorporan un lector automático. No hace falta decir lo útil que resultan estos programas para los ciegos, que pueden leer todo lo que aparece en la web al instante.

 *********


Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

[Publicado por primera vez el 6 de abril de 2010]

**********
Este es un fragmento de la charla en la que Juanjo de la Iglesia presentó Recuerdos de la era analógica en El Caldito. La primera versión de esta entrada fue publicada el 22 de mayo de 2010. La revisé en 2011 y en 2014.

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Trivial Language

Un ejemplo de las prácticas abusivas de la Corporación Trivial Language en su afán por legislar el lenguaje cotidiano

 

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=rPs96H5Q7nw[/youtube]

 

La historia de la Corporación Trivial Language se incluye en “El registro universal”, uno de los relatos de Recuerdos de la era analógica. Puedes leer el relato aquí.

 


Este vídeo y todos sus derechos de reproducción, uso, disfrute, intercambio y visionado pertenece a la Corporación Trivial Language, por lo que su reproducción en cualquier soporte analógico o digital, incluidos las charlas informales, los sueños y el flujo incontrolado de pensamiento para uso interno o externo está prohibido, penado, perseguido, castigado. O lo estaría, si no fuera porque en este caso, Trivial Language autoriza su uso siempre y cuando sea con fines publicitarios de nuestra empresa, lo que sucederá en cualquier caso, sean cuales sean las intenciones de quienes lo difundan. Como ya dijo alguien incluido en nuestros registros: “Ladrán, luego cabalgamos”.


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