Xanadú y el algoritmo de Google

Xanadú

Hace unos días (marzo de 2005), Google anunció que iba a modificar su algoritmo de búsqueda. El algoritmo de búsqueda son las instrucciones que permiten a Google rastrear la red mundial y ofrecer a quienes lo consultan unos resultados asombrosamente precisos.

De no ser por los buscadores de red, la navegación por Internet sería una verdadera tortura, algo mucho más complejo que buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, esa precisión y capacidad de búsqueda no evita que se produzcan ciertos resultados indeseables. Uno de ellos es que las llamadas ‘granjas de contenido’ aparecen en los primeros lugares de las búsquedas. Las granjas de contenido son páginas que recogen contenidos ajenos y los ofrecen en su propia página, a menudo no con el propósito de difundir ideas interesantes, sino con la sencilla intención de ganar dinero gracias a la publicidad asociada.

Ese tipo de páginas, y otras que emplean diversos trucos para reconducir el tráfico de la red, hacen que la persona que pone contenido original no reciba visitas en su página y que sí lo reciba quien ha copiado ese contenido, algo parecido a lo que me dijeron, cuando trabajé en Argentina, que hacía el creador de Showmatch/Videomatch (Tinnelli): copiar en su programa cualquier cosa que se emitiera en otro lugar y atrajera la atención.

Lo que Google propone ahora, al modificar su algoritmo de búsqueda, es que quienes suban contenidos originales a la red sean beneficiados por los motores de búsqueda y no al contrario, es decir, premiar a quienes añaden algo nuevo y original a la red.

Algoritmo de Google

(…Y así es, en términos sencillos, como puedes mejorar tu ranking en los buscadores de red)

¿Camino de Xanadú?

Es una estupenda iniciativa, tras la que casi se puede detectar el eco o el primer paso hacia uno de aquellos míticos proyectos de Internet, el imaginado por Ted Nelson, el hombre que inventó el hiperenlace. Me refiero a Xanadú.

Como ya he mencionado a Nelson en varios lugares, que puedes encontrar al final de esta entrada, sólo diré aquí que Xanadú consiste en lo que Nelson llama transclusión, un sistema de registro universal en la red, que permitiría detectar el origen de cualquier texto, a través de las diferentes versiones y variaciones del mismo.

Parece una idea imposible de llevar a cabo, si pensamos en las continuas y levísimas variaciones que se pueden hacer en un texto para convertirlo en otro.

En El dilema de Agustín, uno de los textos reunidos por antólogos del siglo 25 en Recuerdos de la era analógica, se ofrece el ejemplo de cómo un texto titulado “Ideas platónicas, mundo popperianos y memética”, se convierte en otro llamado “Justificación del marxismo-leninismo digital”, a través de continuos pero progresivos cambios casi imperceptibles. Pondré aquí un ejemplo más sencillo que el que aparece allí:

Amor es Roma

Amar es Roma

Amar es Romo

Amar es robo

Amar es bobo

Omar es bobo

Omar es lobo

Omar es loco

Etcétera

Hay un juego parecido que no sé si aprendí en algún libro de Lewis Carroll o de Martin Gardner, o quizá me lo enseñó mi padrino José Luis Velasco, que consistía en ir trasformando una palabra en otra cambiando sólo una letra cada vez. Por ejemplo, cambiando sólo una letra cada vez, podemos convertir un “carro” en “dedos”

Carro

Cerro

Perro

Pedro

Cedro

Cedió

Cedía

Pedía

Pedís

Pedos

Dedos

En cualquier caso, el algoritmo de Google y el sistema de registro universal Xanadú o la transclusión, como lo llama Nelson, parece muy interesante, pero también hay ciertos dilemas, como el de Agustín aquí comentado, que resultan inquietantes.

En otra ocasión hablaré un poco más de El dilema de Agustín y del registro universal y la transclusión de Nelson, un asunto muy interesante que ofrece, creo, soluciones inesperadas en el debate del copyright.

2019: Como es obvio, quince años después de esta entrada, la transclusión de la que hablaba Ted Nelson es casi equivalente al blockchain. Y mucho de lo que dije ahora ya es posible o está a punto de serlo.


Si quieres saber por qué se llama a todo esto “el dilema de Agustín? puedes descubrirlo en Recuerdos de la era analógica (página dedicada al libro), pero para conocerlo mejor tendrás que leerlo en el propio libro: Recuerdos de la era analógica (para comprar el libro online en Amazon)

 Acerca de esa extraordinaria persona llamada Ted Nelson:

Cómo se inventó el futuro/ 3. Ted Nelson

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[Escrito en 2103. Revisado en 2019]

REVISTA ENTRE DOS MUNDOS

Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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La democracia más allá de Atenas

|| Tucídides y la democracia /7

 Excurso personal (1991). 2ª Parte
(1ª parte aquí: La democracia como valor supremo)


Tal vez debido al carácter literario o escrito de nuestra cultura, al menos hasta hace poco, pues ahora (1991) lo que McLuhan llama Galaxia Gutemberg está siendo sustituido por la cultura audiovisual (perdón por la pedantería de esta observación); decía que, debido a este carácter escrito frente al oral de las culturas más antiguas, entre ellas, la griega, tendemos a pensar que sólo existe o ha existido lo que ha sido escrito, del mismo modo que en la nueva cultura audiovisual se considera que sólo existe lo que aparece en televisión.

Confundimos la historia con la historiografía y hablamos de pueblos sin historia, cuando deberíamos decir “pueblos sin historia escrita”. Por determinadas razones, en las que también interviene en diverso grado el azar, nos ha sido transmitida la historia de la democracia ateniense, en gran pare gracias al propio Tucídides. Sin embargo, Tucídides mismo nos cuenta que en Argos también había democracia, pero apenas sabemos nada de ella ni de sus protagonistas. Ningún Tucídides argivo nos ha trasmitido la historia de la democracia en Argos, ni los discursos y disputas de sus ciudadanos, aunque no cabe duda de que tales cosas existieron, y tal vez incluso han sido contadas, pero el testimonio se ha perdido.

Diomedes, rey de Argos en la Ilíada, en uan representación probablemente de la época democrática de Argos. La copia es romana, pero el original sería del -430 Glyptothek. Munich. Alemania. Europa.

Diomedes, rey de Argos en la Ilíada, en una representación hecha probablemente en la época democrática de Argos. La copia es romana, pero el  original sería del -430 (Glyptothek. Munich. Alemania)

Con lo anterior quiero decir que al confundir la historia, con minúsculas, con la Historia o la historiografía, caemos en el error frecuentísimo de aquellos que confunden, en el terreno lingüístico, un sonido con su expresión, dando primacía, como decía Saussure, a la lengua sobre el habla. Afirmamos entonces, deslumbrados por la luz cegadora de Atenas, que no ha habido democracia mejor en la Antigüedad. Pero tal vez nos equivocamos.

Considerando las breves referencias de Tucídides acerca de la democracia en Argos, me atrevo a pensar que podría ser mejor que la ateniense, al no tratarse de un imperio. Pero esta injusticia del silencio es casi el destino inevitable de los pobres, ya sean personas o ciudades. Como decía un griego, no recuerdo quien, “desafortunado quien nace en una ciudad modesta”, o algo parecido. Si Atenas se hubiese limitado a desarrollar su democracia puertas adentro, sin extender su imperio sobre los mares, podría haber sido mejor o peor, pero casi sin duda habría sido menos conocida, y tal vez nunca habría servido de ejemplo para que la democracia moderna fuera posible.

[Tweet”[Tweet”La injusticia del silencio es el destino de los pobres, ya sean personas o ciudades” ] Como no tengo suficientes conocimientos de historia, no puedo afirmar nada, pero lo poco que sé de filosofía me permite concluir, por ejemplo, que la idea de un declinar filosófico postaristotélico, que repite, como tantos otros, Finley, está muy lejos de la verdad. Por citar un sólo ejemplo: ha habido que esperar hasta el segundo cuarto del siglo XX para que la lógica estoica, tan despreciada a lo largo de la historia, fuese considerada por Lukasiewicz y sus sucesores como el precedente de nociones que sólo se alcanzaron hacia 1900 por Hilbert y Frege.

A pesar de ejemplos como el anterior, que se podrían multiplicar,  sigue repitiéndose el tópico inservible de que los presocráticos representan la niñez de la filosofía, los sofistas la adolescencia alocada, Sócrates y Platón la primera madurez o plenitud; Aristóteles la segunda madurez y los postaristotelicos (cínicos, estoicos, epicúreos, megáricos, cirenaicos y escépticos) la vejez y la senilidad. Casualmente, resulta que a quienes más se aprecia es aquellos de quienes se conserva un corpus considerable, como ya te comenté en una charla reciente.

En lo que se refiere al Imperio ateniense, se podría mencionar un rayo de esperanza: Karl Popper opina que no era tan malo como ha sido recordado. Más adelante trataré esta cuestión, pero ya advierto desde aquí que la defensa del imperio ateniense por Popper se basa precisamente en considerar que Tucídides es el principal responsable de su mala fama, acentuando, por tanto, sus rasgos reaccionarios [los de Tucídides].

Continuará…


democracyinathensNOTA en 2016

Advertencia en 2016: el anterior es un excurso personal con el que interrumpí mi investigación acerca de Tucídides, para exponer a mi amigo Marcos algunas ideas personales acerca de la democracia. Está redactado en un tono propio de un intercambio entre amigos, que he preferido dejar tal cual, resistiendo al tentación de adaptarlo de manera conveniente a un medio público e impersonal. O de matizar en extenso en qué han cambiado y en qué no mis opiniones desde entonces. Para intentar rellenar mis lagunas de entonces (y de ahora), voy a leer un libro que parece muy interesante acerca del tema: Democracy beyond Athens.


TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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Aviso para navegantes

|| TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA /1

Cuesta Moyano-004 (07-02-2011)

Esta investigación la hice para mi amigo Marcos con motivo de una discusión que se explica más adelante y que tuvo lugar en una terraza junto a la Cuesta de Moyano. de Madrid. No pretendía ser un trabajo riguroso, pero sí persuasivo, objetivo que al parecer cumplió.

daniel-y-marcos

Daniel y Marcos por aquella época

Aunque antes de iniciar la investigación tenía argumentos bastante claros para sostener mi punto de vista, lo cierto es que me movió bastante el deseo de defender a Heródoto, que siempre sale muy perjudicado en la comparación con Tucídides, aunque últimamente las tornas están cambiando.

En el trabajo original había algunas notas, que ahora he integrado en el texto. Las que aparecen al final son todas de 1996.

Supongo que el trabajo fue realizado en 1991, pues citó un artículo que publiqué en ese año.

Continuará


NOTA EN 2016: al publicar esta investigación en la red, he cuidado un poco la redacción, haciendo pequeños retoques aquí y allá, pero intentando que no se perdiera el estilo, en ocasiones ingenuo, otras simpático, a veces insolente y no pocas veces simplista, propio de una polémica privada entre dos amigos. En caso de añadir algo realmente nuevo, lo he escrito en un tipo o color de letra diferente


TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

 

Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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La objetividad imposible

|| Tucídides y la democracia /25

Mi conclusión, tras examinar los peligros a los que se expone un historiador, incluso cuando intenta ser por completo objetivo, es que creo que es cierto que se debe intentar ser objetivo, o imparcial, o ecuánime, al emprender una investigación histórica, pero que también conviene animar al lector a buscar y conocer otras interpretaciones divergentes, complementarias o contrarias. Naturalmente, esta es una recomendación que no tiene por qué hacer un historiador en cada una de sus obras, pero que sí debe tener siempre presente quien consulte o emplee materiales históricos: la visión de una época determinada puede resultar muy convincente tras la lectura de un libro de historia, pero no debe olvidarse que esa visión resulta convincente en gran parte a causa de los datos que ha seleccionado el autor. Como dice H.I.Marrou: “La historia es inseparable del historiador”.

Las dificultades, como es obvio, aumentan, cuando solo disponemos de un historiador para una época determinada, como en gran parte sucede con Tucídides:

“Aunque el historiador de la actualidad experimente cierta irritación, para ese período no hay otra historia posible más que la suya [1] Denis Roussel, Los historiadores griegos.

Para terminar con el tema de la objetividad, dice Karl Popper:

“Quisiera aprovechar una vez más para decir que, por mi parte, no pretendo ser imparcial en mis juicios históricos. Claro está que hago lo posible para verificar los hechos de mayor peso, pero soy consciente de que mis apreciaciones (como las de todo el mundo) deben depender enteramente de mi punto de vista. Y si bien reconozco lo anterior, creo firmemente en dicho punto de vista, es decir, en la corrección de dichas apreciaciones [2] Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos

Continuará…

Comentario en 2019

En mi libro Las paradojas del guionista me referí a las interpretación de la batalla de Kadesh, muy diferentes según que lo contaran los egipcios y los hititas y dije:

“Lo que diferencia a la historia de la mera cronología es precisamente la interpretación de los hechos históricos. Por ello, lo más sensato no es exigir a un historiador que nos ofrezca una verdad incontrovertida, sino leer a otros historiadores. Si lo que queremos es aprender algo de historia, la única manera sensata es crearnos un criterio propio, eligiendo entre las diversas explicaciones la que más convincente nos parezca.”


[Escrito hacia 1991. Revisado en 2018 y en 2019]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

Continuará…


Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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LA HISTORIA NEMINE Y OTROS LIBROS DE NADIE

enigma

Hoy quiero dedicar esta hoja digital a quien se dice que es el autor de todos los libros, a pesar de que su nombre no aparece en la portada de ninguno, o tal vez sólo en una, como luego veremos. Su fama, sin embargo, no es injusta, porque se afirma que ha visto a Dios,  algunos incluso le consideran superior a Dios mismo; todo le está permitido, incluso en los conventos o en las prisiones, y nada parece imposible para él.

Ya sé que parece difícil creerlo, pero existen muchos testimonios que aluden a este extraño personaje y le llaman por su nombre. Lo cierto es que casi todos los autores lo mencionan alguna vez, casi siempre para reconocer su inmenso poder. Veamos algunos ejemplos, tomados de la Biblia o de textos religiosos:

«Nadie ve a Dios.»
«Nadie es profeta en su tierra.»
«Nadie puede tener dos mujeres.»

Regla de los benedictinos: “Nadie tiene derecho a hablar después de las comidas” (post completorum nemo loquator).

No se conoce muy bien el origen de este personaje, pero su primera aparición registrada tal vez sea la de La Odisea de Homero: era uno de los sobrenombres del astuto Ulises, o al menos eso es lo que él le dijo al gigante Polifemo:

«Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos mis compañeros.»

Nadie emborracha a Polifemo

Nadie emborracha a Polifemo

Poco después, los prisioneros emborrachan al cíclope, le clavan una estaca en su único ojo y logran escapar escondidos bajo las ovejas cuando Polifemo abre la entrada de la cueva. Es entonces cuando el cíclope grita pidiendo la ayuda de sus gigantescos hermanos y ellos le preguntan quién le está atacando. Polifemo responde:

“Amigos, Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas”.

A lo que los cíclopes contestan que si nadie le está atacando entonces ellos no pueden ayudarlo.

Algunos recordarán otra célebre aparición de nuestro personaje en Alicia a través del espejo, cuando el Rey le pregunta a Alicia si ha visto a sus dos mensajeros:

«―¿Alcanzas a ver a alguno de los dos?
―No…, a nadie ―declaró Alicia.
―¡Cómo me gustaría a mí tener tanta vista! -exclamó quejumbroso el Rey―. ¡Ser capaz de ver a Nadie! ¡Y a esa distancia! ¡Vamos, como que yo, y con esta luz, ya hago bastante viendo a alguien!»

Después, cuando llega uno de los mensajeros, el Rey le pregunta:

«―¿Te encontraste con alguien por el camino?
―A nadie ―reveló el mensajero.
―Eso cuadra perfectamente ―asintió el Rey― pues esta jovencita también vio a Nadie. Así que, naturalmente, Nadie debe andar más despacio que tú.
―¡Hago lo que puedo! ―se defendió el mensajero malhumorado―. Estoy seguro de que nadie anda más rápido que yo!
―Eso no puede ser ―contradijo el Rey― pues de lo contrario habría llegado aquí antes que tú.»

El rey de Alicia habla tal vez con Nadie
El rey habla, tal vez con Nadie

También Cervantes, o al menos el licenciado Vidriera conocía a Nadie, o como preferían llamarlo en latín, Nemo:

«Preguntóle uno que cual hombre había sido el más dichoso del mundo. Respondió que Nemo; porque Nemo novit patrem; Nemo sine crimine vivit; Nemo sua sorte contentus; nemo acendit in coelum.»

El licenciado Vidriera

Las citas que hace Vidriera son de los evangelios de Mateo (11, 27): «Nadie conoce al Padre» (es decir, a Dios), y de Juan (3, 13): «Nadie ha subido al cielo», de los Dichos de Catón (V,10): «Nadie vive sin crimen (o pecado)» y de Horacio (Odas I, 3): «Nadie está contento con su suerte».

Yo mismo he encontrado otras menciones a este asombroso personaje, por ejemplo en Varrón, que afirma que Nadie lo conoce todo: Nemo enim omnia potest scire («Nadie puede saberlo todo»), o en aquel proverbio medieval que asegura que esa sabiduría la obtiene Nadie mientras más impaciente es: Nemo sapiens nisi patiens («Nadie se hace sabio si no es paciente»).

mijail-bajtin

Mijail Bajtin

Joseph Jones considera que las referencias a Nadie o Nemo son «la broma más antigua de la historia de la literatura» y rastrea sus orígenes en diversas fuentes, entre ellas la Historia Nemine (La historia de Nemo), que se atribuye a un tal Radolfo, “probablemente francés”.

La historia, como cuenta Mijail Bajtin en La cultura popular en la Edad Media, se desarrollaba en forma de un sermón, en el que Radolfo cuenta que se enteró de la existencia de este ser excepcional llamado Nemo «por numerosos textos bíblicos, evangélicos o litúrgicos, así como por Cicerón, Horacio y otros autores antiguos», al interpretar la palabra nemo no como una negación, sino como un nombre propio:

Monje bebiendo como nadie

«Se dice en la Sagrada Escritura: Nemo Deum vidit (“Nadie ve a Dios”); Radolfo lee: “Nemo ve a Dios”. Así, todo lo que en los textos citados por Radolfo es considerado como imposible, inaccesible o no autorizado para todos los otros es, para Nemo, posible, accesible y permitido. De esta manera fue creada la imagen grandiosa de Nemo, criatura casi igual a Dios, dotada de un poder excepcional, inaccesible a los otros (él sabe lo que nadie sabe) y de una libertad excepcional (está autorizado a hacer lo que se ha prohibido a los otros).»

 

El personaje resultaba tremendamente atractivo durante la Edad Media:

«Todos estos interminables, mezquinos y siniestros “nadie lo puede”, “nadie es capaz”, “nadie lo sabe”, “nadie lo debe”, se transformaban en alegres “Nemo puede”, “Nemo es capaz”, “Nemo sabe”, “Nemo debe”.»

Bajtin añade un dato asombroso: la historia de Nemo dio origen a una secta llamada “nemiana” o “nemina”, contra la que se enfrentó un cierto Stephane, de la abadía de Saint-Georges:

«Escribió una obra denunciando a los nemianistas, exigiendo al Concilio de París que fueran condenados y quemados.»

Aunque no se ha conservado la Historia Nemine (excepto en mi biblioteca imposible), existen copias del ataque de Stephane y también muchas versiones del original perdido:

«Numerosos manuscritos de los siglos XIV y XV han llegado hasta nosotros, lo que atestigua la prodigiosa popularidad de Nemo.»

Las hogueras de Stephane

Las hogueras de Stephane

Las obras de Rabelais en inglésPor último, la Historia Nemine fue una de las influencias de ese libro inagotablemente delicioso, y tan poco leído en España, Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais.

 

 


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EL RESTO ES LITERATURA

 

Originally posted 2013-01-19 11:17:13.

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Ossian de Macpherson

Fingal, portada del libro

En 1761, James Macpherson publicó la traducción al inglés de Fingal, un antiguo poema escocés, escrito en gaélico, que había descubierto en un viaje por las tierras altas de Escocia. Su autor era el bardo Ossian, quien cantaba las hazañas de su padre Fingal, un héroe que era conocido en la épica irlandesa como Finn, pero de quien se ignoraba que tuviera una saga poética de tanta importancia.

Los poemas se tradujeron a todas las lenguas cultas, español, italiano, alemán, húngaro y francés, y fueron recibidos con verdadero entusiasmo. Goethe dijo que prefería Ossian a Homero, Whitman lo comparó con la Biblia. Napoleón llevaba siempre encima un ejemplar de los Poemas de Ossian, aunque se dice lo mismo referido a la Guerra de las Galias, de Julio César, y al Werther, de Goethe, lo que nos hace sospechar que el emperador llevaba la mano en el pecho para que no se le cayeran todos esos libros que los cronistas aseguran que llevaba siempre con él.faking literature de Ruthven

Edward Gibbon, autor de la más densa y fascinante historia de la antigua Roma, elogió el llamado ciclo ossiánico que Macpherson había empezado a publicar tras aquel  primer Fingal:

“La uniforme lobreguez de las Poesías de Ossian, que bajo todos los conceptos son parto de un caledonio castizo”.

Fingal cuya nombradía con sus héroes y poetas descuella ahora en nuestro idioma en una obra reciente, se canta acaudillando a los caledonios en aquel trance memorable”

 

Ossian recibe a lso fantasmas de los heroes francess de Anne Louis GIRODET-DE-ROUCY-TRIOSON
Ossian recibe a los héroes de la Revolución Francesa, por G. de Roucy Trioson

El lector puede observar que, en las dos citas anteriores, Gibbon habla de un “caledonio (escocés) castizo” y de “una obra reciente”, lo que puede aplicarse tanto al bardo del siglo XII llamado Ossian como al “traductor” del siglo XVIII Macpherson, lo que nos hace pensar que el gran historiador fue uno de los primeros en darse cuenta del fraude. En Memorias de mi vida, Gibbon trascribe una carta que recibió del filósofo (y también historiador) David Hume:

“Veo que abriga una gran duda en lo que respecta a la autenticidad de los poemas de Ossian. Tiene razón en tenerla. De hecho es extraño que algún hombre con sentido común haya creído posible que la tradición oral pudiera haber preservado más de veinte mil versos, junto con innumerables hechos históricos, durante cincuenta generaciones en la, quizá, nación más tosca de todas las de Europa, la más necesitada, la más turbulenta y la más alterada”.

Hume se refiere a los escoceses de una forma despectiva, pero no hay que olvidar que él mismo era escocés. Como muchos de sus compatriotas, sentía que su cultura era muy  inferior a la de los ingleses, con más motivo después de la derrota en Culloden de los Highlanders en 1745, que puso fin a las aspiraciones de la dinastía Estuardo de reinar en Gran Bretaña. Además, poco después, el inglés se había convertido  en obligatorio en las escuelas escocesas, desplazando al gaélico.

batalla de culloden por David Morier

Culloden, por David Morier

Durante un breve tiempo, la falsificación de Macpherson hizo que los escoceses se sintieran orgullosos, no ya ante a los ingleses, que apenas pueden presumir de otra épica antigua que no sea el Beowulf  o el Poema de Caedmon (que ya son sajones o anglosajones) sino frente a los irlandeses, a quienes debían no sólo el whisky y el “mac”, como el propio Macpherson (“hijo de Pherson”), sino incluso el nombre de su tierra. En efecto, los primitivos caledonios o pictos habían sido conquistados por los escotos de Irlanda (como curiosidad: el nombre del filósofo medieval Juan Escoto Erígena se podría traducir como Juan Irlandés Irlandés, porque Erín o Eire es otro nombre de Irlanda).

ossian suenha con sus heroes por Ingres
Ossian, por Ingres

Sin embargo, frente a los ingleses y los irlandeses, aquí estaban los poemas de Ossian, escritos por un caledonio puro, que quizá hasta demostraban que los irlandeses habían copiado su rica tradición gaélica de obras escritas en Escocia hacia el siglo III, en las que se contaban épicas batallas, incluso contra el emperador romano Caracalla, y se mostraba una sensibilidad y pureza incomparables.

El error de Macpherson fue que no se contentó con decir que había trascrito tradiciones orales (como haría tiempo después en Finlandia Elias Lönnrot con su Kalevala), sino que aseguró una y otra vez que tenía en su poder manuscritos originales. Nunca pudo enseñarlos, a pesar de todos los requerimientos, y acabó por quedar claro que los poemas habían sido escritos por el propio Macpherson, o, como prefiere decir Ruthven, por una entidad llamada “Macphossian”:

“La obra ossiánica de Macpherson es un texto tan sugerente para los estudiosos de lo espurio como el Tristam Shandy de Sterne lo es para los teóricos de la ficción” (K.K.Ruthven).

Resulta curioso que los ingleses denunciaran el ciclo ossiánico como obra de Macpherson, mientras que los irlandeses lo consideraban auténtico, pero de origen irlandés, para ellos, no se trataba de una falsificación, sino de un  robo. Lady Wilde, que contribuyó al llamado Renacimiento celta de Irlanda en el siglo XIX, se comparó a sí misma con Ossian, al poner a su hijo el mismo nombre que el del hijo de Ossian, Óscar: Oscar Wilde.

 

Retrato de James_Macpherson
James Macpherson

Como sucede en el caso del poema Instantes, atribuido a Borges, que ocupa otro estante de esta biblioteca imposible, se podría pensar que la farsa de Macpherson nos muestra lo fácil que es engañar a los expertos y cómo se les puede hacer admirar cualquier cosa si se le da un toque de antigüedad venerable. Es cierto, pero también nos hace sospechar que es un error quizá mayor olvidar una obra que quizá merecía muchos de los elogios recibidos, porque Macpherson tal vez tenía el mismo talento, probablemente más, que su Ossian inventado. Ruthven señala una curiosa paradoja: mientras la obra se consideró una traducción inglesa de un original gaélico, cada vez que se criticaba a Macpherson por pequeñas inexactitudes en la traducción, al mismo tiempo se le estaba elogiando (sin saberlo) como autor.

El caso de los poemas de Ossian muestra también que nuestro juicio crítico no sólo se ve afectado por el engaño de los falsificadores, sino porque una obra sea escrita en el siglo XII o en el XVIII; el propio Macpherson, antes de dedicarse a falsificar el pasado, había escrito Highlanders con su propio nombre, obra que fue recibida con completa indiferencia.

un highlander

Un highlander o habitante de las tierras altas (Highlands)

Ruthven, en Faking literature (Literatura falsa) se muestra escandalizado por el olvido en el que caen muchas obras literarias al descubrirse que son falsificaciones, y ofrece dos conclusiones en su delicioso libro, una moderada y otra radical. La moderada es que no se debe demonizar ni olvidar la falsa literatura. La radical, que la falsa literatura es un género literario y, en cuanto tal, pura literatura.

ossian suenha con sus heroes por Ingres
Tweedledum y Twedledee

En vez de pensar en Dr.Jekyll y Mr.Hyde al hablar de literatura auténtica y falsa, debemos pensar, nos dice Ruthven, en Tweedledum y Twedledee, los dos gemelos inseparables que aparecen en Alicia en el país de las maravillas, idénticos en apariencia, pero completamente diferentes en su comportamiento, y siempre peleando entre ellos.

Tweedledum-y-Tweedledee

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Originally posted 2013-01-03 16:46:21.

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Los discursos

|| Tucídides y la democracia /18

El método de intercalar en su historia discursos que a menudo no han sido escuchados personalmente, como el propio Tucídides confiesa, pues debido a su exilio a partir de -424 no pudo presenciar la política interna ateniense, plantea muchos problemas de veracidad: 

¿Hasta que punto Tucídides expresa sus propias opiniones a través de los diversos oradores?

¿Qué fiabilidad merece la selección misma de los discursos?

Estas son dos cuestiones que han sido muy debatidas. Algunos autores, como Blass, Croiset, Rittelmeyer y Ross consideran anacrónicos, ya en su propia época, los discursos ‘transcritos’ por Tucídides. Estos autores opinan que los atenienses (y sobre todo los no atenienses) de aquella época no pronunciaban discursos a la manera tucididea, que parece más cercana, dicen, a una concepción teatral de la política, a la manera de Sófocles o Esquilo, que a la realidad.

Es curioso que el método de intercalar discursos también sea empleado en una de las primeras crónicas o anales chinos, el Zuozhuan (Comentario de Zuo o Tradición de Zuo), un libro quizá coetáneo de Tucídides. En este caso la verosimilitud es todavía más improbable, porque al autor chino le separan a veces cientos de años de los acontecimientos que relata. Lo curioso es que, quizá porque temía las posibles críticas acerca de su fiabilidad, el cronista aprovecha un hecho histórico para destacar el cuidado que los historiadores ponían en trasmitir con exactitud los acontecimientos. Sucede en la historia del asesinato del Duque Zhuang de Qi a manos de su primer ministro Cui Shi:

“Se nos dice que, en primer lugar un historiador y, más tarde, dos de sus hermanos, escribieron “Cui Shi mató a su señor”, lo que les acarreó su propia ejecución, uno detrás de otro. Y entonces llegó otro hermano y escribió la misma frase en la crónica, e incluso se nos dice que había otra persona preparada para asegurarse de que el acontecimiento quedará registrado.”

Como dice Geoffrey Lloyd, no podemos saber si nos están contando un hecho histórico que muestra el rigor de los historiadores o si más bien están aprovechando ese hecho histórico para inventarse una anécdota que probaría el rigor de los historiadores, en general, como el propio autor del Zuozhuan.

[El Zuozhuan se ha considerado tradicionalmente un comentario a los áridos Anales de Primaveras y Otoños (Chunqiu) que Confucio quiso conservar a toda costa, aunque últimamente cobra fuerza la hipótesis de que se trata de un texto independiente. En la última traducción al inglés se ha preferido traducirlo como Tradición de Zuo y no Comentario de Zuo.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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Datos, datos… y datos

|| Tucídides y la democracia /24

Me preguntaba en ¿Existen los datos? acerca de cómo puede ser objetivo un historiador.

La respuesta es, creo, que, esa objetividad no consiste en que el historiador no opine sobre lo que está contando, pero sí en que el historiador distinga con claridad sus opiniones de lo que pretende ser una exposición neutra de acciones, que no intente disfrazar sus ideas e intereses bajo supuestos relatos desideologizados. Es obvio que nunca podrá lograrlo por completo, pero si puede al menos intentar que eso suceda de un modo más o menos inconsciente o involuntario. También se le debe exigir que los datos que utilice sean rigurosos, ciertos y comprobables dentro de lo posible, los ordene como los ordene. Aquí podríamos distinguir entre varios tipos de ‘datos’, que plantean problemas diferentes:

__“Murieron 5373 argivos”

__“Los egipcios ganaron la batalla de Kadesh”.

__“La guerra era inevitable”.

Cada una de las afirmaciones anteriores plantea problemas diferentes en relación con la objetividad del historiador. El primer dato es el de un contable, el de alguien que ha contado los cadáveres o las tumbas: “Murieron 5373 argivos”. Es un dato que en algunas guerras puede ser completamente fiable, pues basta con mirar cuántos soldados partieron y cuántos regresaron.

Pero no hay que concluir por ello que los números son siempre comprobables: a día de hoy resulta difícil saber la cantidad real de muertos durante los regímenes comunistas de la Unión Soviética o China y las dudas afectan no a decenas o miles de personas, sino a millones. Recientemente se ha llegado a pensar que las cifras de la población china actual están infladas y que la India tiene más habitantes que China. La razón sería que, al aumentar las cifras de la población total, se disminuyó al mismo tiempo el de los muertos durante el Gran Salto Adelante y la Revolución cultural maoísta, cifras que por arte de magia pudieron reducirse en millones. Hasta hace pocos años, e incluso ahora en gran medida, la manera de saber cuántos millones de personas han muerto consistía en comparar las cifras de población antes y después de sucesos espantosos.

En cuanto al segundo dato: “Los egipcios ganaron la batalla de Kadesh”, esa afirmación está sometida a dudas de otro tipo. Según los egipcios, ellos ganaron. Según los hititas, la victoria fue suya, Pero, incluso aunque el ejército egipcio hubiera sido derrotado en la batalla, se sospecha que los hititas quedaron lo suficientemente debilitados como para no proseguir su avance contra Egipto o sus aliados, aunque también se podría decir que los egipcios, vencieran o perdieran, fueron los que quedaron detenidos en su expansión por Asia Menor y el mundo micénico, por ejemplo.

Como se ve, es un dato en el que la objetividad empieza a resultar difícil, no solo por el nombre del vencedor en la batalla, sino, si vamos un poco más allá, por las consecuencias de la batalla. La cosa ya resultaría muy espinosa si, a pesar de que concluyéramos que la victoria fue de los egipcios en la batalla como tal, nos permitiéramos afirmar: “La batalla de Kadesh fue un espaldarazo al poder egipcio”. Ya sabemos, por el rey griego Pirro, que se pueden ganar muchas batallas pero perder la guerra.

Finalmente, el tercer dato (“La guerra era inevitable”) es ya una cuestión sometida a tremendas incertidumbres y subjetividades. Así, por ejemplo, la manera en la que se presenta como inevitable la guerra del Peloponeso que nos trasmite Tucídides está sometida a fuerte discusión. 

En consecuencia, no todos los datos históricos son iguales ni es siempre fácil distinguir entre datos y opiniones.

Pues bien, a pesar de todas las precauciones anteriores, a pesar del esfuerzo del historiador por ser objetivo y desinteresado, creo que la subjetividad, en mayor o menor grado, siempre será inevitable.

 

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2018 o 2019]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA


Originally posted 2011-03-05 18:58:50.

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El Registro de las auras militares (Ji junqi 記軍氣)

Tratados de estrategia de la antigua China

El Registro de las auras militares es el segundo tratado de estrategia militar, junto a Los nueve métodos, que se incluye en la recopilación La gloria de Yue, que reúne textos del antiguo reino de Yue, contra el que luchó el legendario estratega Sun Wu, al que suele identificarse con Sunzi, el autor de El arte de la guerra. Ahora bien, mientras que Los nueve métodos contiene estratagemas que el consejero Zhong recomienda al rey Goujian de Yue para debilitar a su rival Fuchai de Wu, en el Registro de las auras militares el tema central es ciertos fenómenos atmosféricos que permiten al general detectar las debilidades y fortalezas del enemigo.

La palabra “aura” parece remitirnos a algún tipo de conocimiento que se mueve entre el mundo de los vivos y el de los espíritus o algún tipo de percepción mística, pero no está del todo claro que sea así.

Mo Di (-470 a -391), el estratega pacifista y autor del Mozi. Nació poco después de la desaparición del reino de Wu, que fue anexionado por el rey Goujian de Yue.

El filósofo y estratega Mo Di, célebre entre otras cosas por sus ideas pacifistas, que le llevaron a convertirse en un experto militar especializado en la defensa pero no en el ataque, alude con cierta inquietud a los chamanes y adivinadores que inspeccionan las auras, diciendo que sus revelaciones solo deben ser conocidas por los generales y que de ningún modo deben ser divulgadas entre la tropa. Esta es una recomendación que coincide con lo que dice Sunzi en El arte de  guerra acerca de los oráculos:

“Prohíbe los augurios, haz que los soldados no duden, y marcharán a cualquier lugar, incluso hacia la muerte”.[3]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot en El arte del engaño

En La gloria de Yue, Olivia Milburn ha traducido textos de todo tipo relacionados con el antiguo reino de Yue, entre ellos algunos de carácter militar.

Aunque a Sunzi no le gustan los oráculos y no confía en ellos para ganar la guerra, es consciente de que pueden ejercer un efecto muy negativo sobre la tropa (sean verdaderos o falsos), por ejemplo cuando predicen la derrota o el desastre, porque ¿quién va a querer participar en una batalla si sabe de antemano que va a morir?

El Registro de las auras militares examina estas misteriosas auras teniendo en cuenta sus colores más que sus formas, al contrario que en otros textos, por ejemplo, en un libro encontrado en un reciente descubrimiento arqueológico en Mawangdui. También alude a las maneras en las que un general puede determinar cuál es la mejor dirección para lanzar el ataque, aunque no se dan detalles exactos de cómo lo consigue. Como curiosidad para los aficionados a las guerras entre Wu, Yue y Chu, l autor se refiere de manera específica al estadista Wu Zixu, consejero del rey Helü y de su sucesor Fuchai de Wu en su lucha contra Goujian de Yue

Olivi Milburn señala que la tercera parte, dedicada a las casas lunares y su relación con lugares terrestres, parece ser muy posterior a las que tratan de las auras o de la dirección del ataque militar, que parecen haber sido escritas en la época de los Estados Combatientes. Milburn se lamenta porque los textos de carácter esotérico de la China antigua son muy difíciles de datar y señala que solían ser muy mal vistos por los gobernantes, que consideraban farsantes a quienes proponían tales métodos:

“Los practicantes de esta adivinación por nubes, auras y otros fenómenos celestes parecen haber estado sujetos a considerables prejuicios, y los textos de este tipo fueron vistos con mucha desconfianza por los gobiernos”.[4]Olivia Milburn, The glory of Yue

En El arte del engaño se explica la relación de Sunzi o Sun Tzu con los métodos adivinatorios, así como su capacidad para leer los signos del lenguaje de la guerra. También se cuenta la guerra entre los reinos de Wu, Yue y Chu, que fue decisiva en la historia del mundo. (COMPRAR)

Resulta curioso que el recurso a lo esotérico se encuentre más desarrollado en los primeros tiempos de los Zhou y en su declive, poco antes de la conquista de todo el territorio por el rey de Qin y que, como dice Milburn, fuera poco apreciado en la época central de los Estados Combatientes. En esta época, en efecto, asistimos a un fuerte impulso hacia lo racional y razonable y a un escepticismo muy intenso y burlón hacia el mundo de los espíritus, o al menos hacia su utilidad para manejar los asuntos humanos. Es algo que se detecta de manera especial en El arte de la guerra de Sunzi y que he comentado en relación a otro texto militar de datación dudosa, el Gai lu (también llamado Helü o Wu Zixu). Por eso, a menudo los historiadores dudan acerca de si un texto de tono esotérico de la época Zhou debe datarse más allá del año -700 o, por el contrario, más cerca del año -221, que son los momentos en los que la adivinación y el recurso a los espiritual tuvieron más seguidores.

Un ejemplo de la desconfianza ante chamanes y adivinadores lo da el filósofo Han Fei, precisamente refiriéndose a la época en la que muchos creen que vivió el autor de El arte de la guerra:

“Goujian, rey de Yue, creyó en los oráculos de la Tortuga y emprendió una guerra contra Wu, pero no venció y tuvo que rendirse y convertirse en vasallo y esclavo personal del rey de Wu. Cuando regresó, arrojó a un lado la Tortuga, reformó las leyes y renovó al pueblo, con el objetivo de tomar venganza contra Wu. Al final, Fuchai de Wu fue tomado prisionero. Quienes creen en demonios y dioses descuidan las leyes”[5]Han feizi, citado en El arte del engaño.

Es decir, en la época que va desde más o menos el año -500 al -220 se asiste a un cierto declive del pensamiento irracional, que después de recupera, aunque nunca llegara a dominar en China, al contrario que en otras civilizaciones, como la de la India, la occidental o la musulmana durante la larga Edad Media, donde se sucedieron siglos de supersticiones que dominaron la política, la sociedad e incluso el pensamiento educado.

Vayamos al contenido del libro.

Las auras y El arte de la guerra

Según se cuenta en este tratado, el examen de las auras es la tarea del general sabio. Las auras pueden tener cinco colores: azul, amarillo, rojo, blanco y negro. Pero, ¿qué son exactamente?
Algo así como una emanación que se produce en los seres humanos y que puede detectarse en un ejército, pues va cambiando de un color a otro y puede ser más o menos brillante. Podríamos llamarlo la energía visible del ejército, que nos permite saber si es el momento adecuado para atacar o no:
__Cuando el aura que desprende un ejército se eleva roja hacia el cielo, no debemos atacar.
__Si el aura es azul y cónica indica que los soldados se han amotinado o están deseando hacerlo, pero que todavía no debemos atacar, al menos hasta que el aura disminuya.
__Si el aura es azul y está detrás, el general es competente pero el ejército está falto de suministros.
__Si está detrás pero es roja, entonces el general es débil y aunque su ejército es fuerte están también faltos de suministros y se rendirán si matamos al general.
Interpretaciones en el mismo estilo se aplican a los otros colores, amarillo, blanco y negro, o según sea el brillo de las auras, o su posición o su forma cónica.
¿Tienen algún sentido razonable las auras?
Dejando aparte el sentido místico, que queda fuera de nuestras posibilidades, podríamos intentar algunas interpretaciones más o menos plausibles o razonables de las auras militares. Propondré cuatro, sin confiar demasiado en que cualquiera de ellas sea correcta:
1. Tendrían relación con la observación de señales procedentes del campamento enemigo relacionadas con el polvo o el humo que se observa. Eso es algo que sí encontramos en El arte de la guerra:
“Si el polvo se eleva a gran altura, son carros que se acercan. Si el polvo se extiende a baja altura, se acerca la infantería. Si el polvo forma
pequeños montículos, se está recogiendo leña. Si el polvo es escaso y
disperso, el enemigo está acampando”.
2. Podría tratarse de un sistema de señales mediante el que los espías que tenemos en el campamento enemigo nos indican la situación, empleando algún tipo de enseña coloreada o un sistema de códigos similar, como una linterna coloreada. Si vemos ese código rojo en la parte de atrás, sabemos que debemos atacar, si es amarillo y está a la derecha que debemos esperar.
3. Quizá relacionado con lo anterior, podrían ser códigos y señales que el general no ve en el campamento enemigo, sino en un dibujo que le transmiten los espías. En este caso sería algo así como un lenguaje icónico de colores, que permitiría al estratega saber cuáles son los puntos fuertes y débiles.

Por otra parte, al describir cómo el general examina las auras, se menciona al consejero Wu Zixu y se dice que si el ejército enemigo no tiene todavía un aura, se debe hacer una consulta en el templo. Se emplea aquí la palabra suan , que se encuentra en diversos textos militares, entre ellos en El arte de la guerra, pero que cuya traducción causa “tremendos problemas”, dice Milburn. Podría significar algo así como cálculo o cómputo. En el caso de El arte de la guerra, parece claro que se refiere a un cálculo de las debilidades y fortalezas de uno y otro bando, examinando cinco factores: el dao, el cielo, la tierra, el mando y el método.

Pues bien, el autor de Las auras militares dice que si en esos cálculos o consultas, que en este caso podrían ser éfectuados con tallos de milenrama, como en el Yijing (I Ching), se obtiene un 1, un 5 o un 9, entonces es mejor atacar desde el oeste, pero que si es un 3, un 7 o un 11, entonces es mejor atacar desde el este.

Es decir:

1-5-9            oeste
2-6-10         sur
3-7-11          este
4-8-12         norte

Resulta difícil saber a qué se refieren estos números y no se explica cómo se obtienen, tal vez tengan que ver con el examen del cielo, lo que explicaría que la última parte del libro se refiera a las mansiones lunares. Sin embargo, no parece que exista una relación clara ambas cosas, porque el capítulo de las mansiones lunare es una larga enumeración de los antiguos estados, de su situación en los tiempos de la recopilación del libro (en época Han) y de su mansiones lunares correspondientes, como en este ejemplo:

“En el pasado, el reino de Yue tenía su capital en lo que ahora es Shayin en El Gran Yue, que corresponde a la mansión lunar de Nandou 南 斗 (Cucharón del sur)”.

Milburn dice que también se ha supuesto que los números podrían tener relación con la teorías de las Cinco Fases:

“Es posible que estuvieran de alguna manera conectado con los valores numéricos de sistema descrito a continuación, ya que los colores de las cinco fases eventualmente se asocian con los números: 0 blanco (bai 白), 1 negro (hei 黑), ¿6? azul (qing 青), 4 verde (lü 綠), ¿7? amarillo (huang 黃), 5 blanco (bai), 2 rojo (chi 赤), ¿8? blanco (bai) y 3 morado (zi 紫)

También podría tratarse de un dado de doce caras, nos dice Milburn, puesto que se han encontrado dados de 18 caras en época Han y quizá se usaban de doce en época de Yue. También se ha intentado, sin demasiado éxito poner en corespondencia los números con cuadrados mágicos chinos como el luoshu (Diagrama del río Luo). De estas y otras interpretaciones de las tres partes del libro, consultar Olivia MIlburn (The Glory of Yue)o.

Todas las dudas que surgen al leer acerca de las auras, de las direcciones del ataque y de las mansiones lunares han hecho que la mayoría de los estudiosos consideren que se trata de tres textos sin relación escritos en diferentes épocas, los dos primeros en época Zhou (antes del -221) y el último (sin ninguna duda en este caso) en época Han.

El Registro de las auras militares y la lectura de las auras todavía esconden muchos secretos que quizá nos revelen nuevos descubrimientos arqueológicos.

El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china antigua publicada hasta la fecha.
Contiene la traducción comentada de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia.
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