Los hechos y su seleccion

|| Tucídides y la democracia /20

Ostraka para Temístocles. Piezas para votar si el estadista y estratega debía ser exiliado de Atenas, es decir, enviado al ostracismo.

El problema de la objetividad de Tucídides nos obliga a examinar una concepción de la historia y de la tarea y el carácter de los historiadores que está muy extendida. Esta concepción, errónea en mi opinión, deriva de las ideas positivistas del Círculo de Viena, aunque su origen es anterior (se halla también, por ejemplo, en Comte). Alsina cita algunos testimonios que representan esta concepción y que se refieren, precisamente, referidos a Tucídides:

“Gomme, tras realizar un pormenorizado análisis de varios pasajes tucidídeos, termina con estas palabras: ‘Todo eso no lo explica Tucídides con muchas palabras, sin duda porque era familiar a sus lectores, pero principalmente porque aquí, como en otras partes, hace que la narración de los hechos se explique por sí misma” .

El profesor Kitto también opina:

“Tucídides tiene los ojos puestos en los hechos, en las personas, en lo que éstas hicieron… Si merece el nombre de historiador científico es porque él parte de los hechos que ha investigado personalmente con rigor y porque las ideas generales que pone ante nosotros proceden de los hechos”(!!). (Las admiraciones son mías)

En los últimos años, querido Marcos, una de mis bestias negras es el apriorismo teórico, pero ante opiniones como éstas es perfectamente comprensible que se insista una y otra vez en que no existen hechos ‘vírgenes’, ‘puros’.

[2017: El apriorismo teórico sostiene que sólo encontramos lo que buscamos y, por lo tanto, que nuestros prejuicios teóricos dirigen y condicionan la obtención de los datos. Eso lleva a pensar que los datos no existen, sino que son creados por nosotros. Es el extremo opuesto de lo que dice Kitto en la cita ante la que asombré. Para Kitto, los datos estaban ahí delante de Tucídides, que solo tenía que tomarse la molestia de recogerlos y trascribirlos en su libro. Como se puede deducir, yo estaba en contra de ambas interpretaciones, el empirismo ingenuo que cree en los datos puros y el apriorismo teórico que cree solo hay teorías y nunca datos.]

Como dice Alsina, se parte de un razonamiento falso, pues “la historia de Tucídides es ciertamente una obra de selección: el historiador ha tenido que escoger entre múltiples hechos, a los que concede importancia según su criterio propio y personal”.

Jacqueline de Romilly lo dijo con toda claridad, cuando escribió en 1965 (traduzco del francés):

“Un historiador no deja de elegir. Cuando define su dominio, su investigación, su método, elige. Es más, entre los datos, siempre incompletos, que ha reunido, entre los documentos, siempre limitados, que ha conocido y conservado, ha de elegir de nuevo. Desde el momento en que establece una secuencia, desde que escribe una frase que enlaza dos acontecimientos, introduce con ello una interpretación” .

Como bien señala De Romilly, la selección de los datos o los hechos observados es inevitablemente una elección subjetiva, que impone un criterio, aunque sea el de importancia: “esto es relevante, aquello no lo es”. Una siguiente manipulación inevitable es, como también dice, el ordenar los hechos en una determinada sucesión o cadena causal, que quizá no se corresponde del todo con el acontecer cronológico. Este es un tema al que doy mucha importancia en mis clases de guión, cuando hablo de la relación entre la historia (los hechos en bruto, podríamos decir para entendernos) y el relato (la manera en la que contamos esa o esas historias).

De Romilly termina definiendo la actividad de Tucídides con estas palabras:

“Todo está construido, buscado. Cada palabra, cada descripción, cada silencio, contribuye a revelar una significación que ha sido decidida por él, impuesta por él” .

 

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

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Continuará…


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Los polémicos discursos de Tucídides

|| Tucídides y la democracia /19

No he encontrado ningún parentesco entre Moses Finley y John H. Finley Jr., a pesar de que muchos de sus libros tratan de los mismos o similares temas

J.H Finley Jr. (que tal vez es pariente de Moses Finley) opina que los discursos de Tucídides no son en modo alguno anacrónicos, en contra de la opinión de otros historiadores.

Esta polémica acerca de la veracidad de los discursos se basa fundamentalmente en cuestiones filológicas y de estilo, por lo que no voy a examinarla, ya que carezco de conocimientos mínimos en tales cuestiones. Sólo diré que supongo que Finley Jr. basa su defensa de los discursos en su comparación con los discursos de los sofistas, especialmente de Gorgias, que habían familiarizado a los oradores y a los oyentes con un tipo de discurso similar a muchos de los que recoge Tucídides, que van desde la argumentación llamada sofística (capaz de hallar razones convincentes para cualquier opinión) a la exposición cruda de las razones que mueven a los hombres y a los Estados (el poder, la fuerza, etc.). [1]Sobre el uso de estos argumentos por los atenienses, ver la Conclusión.

También se ha señalado el uso exagerado por parte de Tucídides de los dissoi logoi (que supongo que significa algo así como ‘lugares comunes’) al hacer hablar a personajes muy diversos:

“¿Es imaginable que mientras Nicias, en su discurso del libro IV, intenta disuadir a Atenas de la expedición a Siracusa, un siracusano, en Sicilia, use los mismos argumentos y casi con las mismas palabras?” [2](Alsina, 45).

En cualquier caso, el uso que hace Tucídides de los discursos ha sido una de las razones que ha cuestionado la supuesta objetividad del historiador:

“Grosskinsky dice que cuando habla Pericles, es de hecho Tucídides quien pone en sus labios gran parte de sus propias ideas. La famosa objetividad del historiador empieza a tambalearse” [3](Alsina, 111).

Los dissoi logoi no son “lugares comunes” como aventuré entonces, sino más bien”dobles razonamientos”,  ejercicios dialécticos o retóricos, en los que quien argumenta debe hacer el ejercicio de situarse en el lugar de su oponente. Aunque son de autor anónimo, también se le atribuyen a Protágoras de Abder o a su escuela.

Se ha insistido en muchos aspectos de los discursos que resultan bastante problemáticos: por ejemplo, el uso de interlocutores anónimos, los discursos de un grupo de personas, o las síntesis que en ocasiones hace Tucídides de varios discursos en uno solo.

Por otra parte, M.I.Finley, el más respetado de todos los historiadores griegos, también dice que es fácil demostrar que Tucídides tergiversó a sabiendas la célebre reunión de la asamblea ateniense  en la que se debatió acerca de Mitiline en el libro III. [4](ver “Tucídides el moralista”, en Aspectos de la Antigüedad, 74).

En cuanto a Momigliano, compara la similitud entre todos los discursos tucídideos con la riqueza de matices con la que Platón hace hablar a cada interlocutor, y concluye que Tucídides no evita el error de una historia psicologista, como algunos han dicho, sino que “se encuentra bajo este error”, y que cae en la deformación histórica al usar a los personajes, muchos de ellos anónimos, para hilar y dar coherencia a su historia.

Mi opinión personal es que es inevitable hasta cierto punto que todos los discursos se parezcan, dado que no son transcripciones directas, sino reconstrucciones a partir de testimonios diversos (como reconoce el propio Tucídides). Creo también que el grado de fiabilidad de los discursos varía según quien los pronuncie. Me parece, por ejemplo, que en los discursos de Pericles se deben de conservar cosas que sin duda dijo Pericles, e incluso rasgos de su estilo. Por contra, pienso que los discursos anónimos, la selección misma de los discursos, la reconstrucción de discursos no escuchados por el propio historiador y el deseo de hacer de los discursos algo coherente más allá de la fragmentación inevitable de los diversos testimonios, hace que los discursos se conviertan en una poderosísima arma ideológica en manos de Tucídides. Creo que habría sido una maravilla leer las transcripciones literales de discursos de la época, pero me parece que los discursos que nos transmite Tucídides nos obligan a ser muy prudentes y que a menudo, más que explicar los hechos, los enmascaran. Considero, finalmente, que los discursos tienen una importancia desmesurada en la obra de Tucídides y que dirigen al lector a dónde Tucídides le quiere llevar. De esto se hablará en el siguiente apartado, pero también en Lectura de Tucídides.

Continuará…


[Escrito hacia 1991. El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

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Los discursos

|| Tucídides y la democracia /18

El método de intercalar en su historia discursos que a menudo no han sido escuchados personalmente, como el propio Tucídides confiesa, pues debido a su exilio a partir de -424 no pudo presenciar la política interna ateniense, plantea muchos problemas de veracidad: 

¿Hasta que punto Tucídides expresa sus propias opiniones a través de los diversos oradores?

¿Qué fiabilidad merece la selección misma de los discursos?

Estas son dos cuestiones que han sido muy debatidas. Algunos autores, como Blass, Croiset, Rittelmeyer y Ross consideran anacrónicos, ya en su propia época, los discursos ‘transcritos’ por Tucídides. Estos autores opinan que los atenienses (y sobre todo los no atenienses) de aquella época no pronunciaban discursos a la manera tucididea, que parece más cercana, dicen, a una concepción teatral de la política, a la manera de Sófocles o Esquilo, que a la realidad.

Es curioso que el método de intercalar discursos también sea empleado en una de las primeras crónicas o anales chinos, el Zuozhuan (Comentario de Zuo o Tradición de Zuo), un libro quizá coetáneo de Tucídides. En este caso la verosimilitud es todavía más improbable, porque al autor chino le separan a veces cientos de años de los acontecimientos que relata. Lo curioso es que, quizá porque temía las posibles críticas acerca de su fiabilidad, el cronista aprovecha un hecho histórico para destacar el cuidado que los historiadores ponían en trasmitir con exactitud los acontecimientos. Sucede en la historia del asesinato del Duque Zhuang de Qi a manos de su primer ministro Cui Shi:

“Se nos dice que, en primer lugar un historiador y, más tarde, dos de sus hermanos, escribieron “Cui Shi mató a su señor”, lo que les acarreó su propia ejecución, uno detrás de otro. Y entonces llegó otro hermano y escribió la misma frase en la crónica, e incluso se nos dice que había otra persona preparada para asegurarse de que el acontecimiento quedará registrado.”

Como dice Geoffrey Lloyd, no podemos saber si nos están contando un hecho histórico que muestra el rigor de los historiadores o si más bien están aprovechando ese hecho histórico para inventarse una anécdota que probaría el rigor de los historiadores, en general, como el propio autor del Zuozhuan.

[El Zuozhuan se ha considerado tradicionalmente un comentario a los áridos Anales de Primaveras y Otoños (Chunqiu) que Confucio quiso conservar a toda costa, aunque últimamente cobra fuerza la hipótesis de que se trata de un texto independiente. En la última traducción al inglés se ha preferido traducirlo como Tradición de Zuo y no Comentario de Zuo.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

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Tucídides, Kautilya y otros maquiavelos avant la lettre

|| Tucídides y la democracia /17

Kautilya o Chanakya

Como ya he dicho, ciertos pasajes en los que Tucídides parece sugerir que el poder depende de la fuerza, aunque a veces lo haga a través de discursos de diversos personajes históricos, han hecho que se lo compare no sólo con Maquiavelo, sino también con Hobbes, Nietzsche y Diodoto. Yo añadiría al hindú Kautilya, autor de un manual político muy semejante al de Maquiavelo, llamado Arthasastra (Ciencia de la riqueza). Se discute si el autor del libro es el propio Kautilya, primer ministro del rey Candragupta Maurya de Magadha, o si pertenece a la escuela Canakya Kautilya, que seguiría sus enseñanzas. La obra pudo ser escrita en el siglo IV antes de nuestra era.

También se podría añadir, por supuesto, a una buena media docena de diplomáticos, estrategas y hombres de estado de la antigua China, como Lisi, consejero del Primer Emperador Shi Huang Di; Han Fei zi, condiscípulo y también consejero de ese emperador; el Señor de Shang, quizá el más coherente e inmisericorde de los maquiavelos que han existido, y unos cuantos más, casi todos del período llamado de los Reinos Combatientes, que precede a la unificación de China.

Es cierto, en cualquier caso, que en la obra de Tucídides las citas que reflejan la amoralidad de la política podrían multiplicarse hasta el aburrimiento, así: “Cuando se presenta una ocasión de incrementar la propia potencia por la fuerza, los argumentos legales nunca han detenido a nadie en su expansión (I, 76)”. Pero eso no significa necesariamente que Tucídides compartiese esta amoralidad: en algunos casos podría limitarse a constatar un hecho real que otros no querían ver [5]Aquí escribí con pluma: “Goebbels:”. Sin duda quería añadir alguna frase de Goebbels  relacionada con la amoralidad de la política, pero que luego no encontré. .

2017: No hace falta aclarar que el término maquiavelo lo uso como un adjetivo a la manera popular, sin que ello quiera decir que el propio Maquiavelo fuera realmente “un maquiavelo”

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2017]

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Tucídides y Maquiavelo: las lecciones de la historia

|| Tucídides y la democracia /16

A menudo se ha comparado a Tucídides y a Maquiavelo. En primer lugar, por su manera de presentar las razones que llevan a los hombres y a los Estados a la guerra; en segundo lugar, porque se ha considerado que Tucídides, como Maquiavelo en El Príncipe, pretendía hacer de su obra un manual de política práctica.

Algo de  esto último parecía verse en lo que dice Tucídides de que gracias a su historia se podrá juzgar y saber de otras cosas tales y semejantes que podrán suceder en adelante”; Por otra parte, Carlos V llevaba la historia de Tucídides en sus campañas, como Alejandro la Iliada.

Karl Reinhardt ha dicho acerca de Tucídides y Maquiavelo:

“Los dos son grandes patriotas; los dos fueron menospreciados como políticos por su patria; el ateniense estuvo desterrado durante veinte años. Para ambos la moral y el poder son dos magnitudes que no emplean los mismos módulos… A los ojos de ambos, la historia es tratada como un libro de texto para futuros políticos, para los cuales ellos escriben”.

Sin embargo, esta última opinión parece actualmente descartada, a pesar del texto de Tucídides que cité en una entrada anterior, y que he repetido en parte un poco más arriba. Yo creo que, efectivamente, no se puede considerar la historia de Tucídides como un manual para políticos, pues, como señala Roussel, a pesar de que Tucídides promete formular leyes generales, a la hora de la verdad apenas formula ninguna, excepto la de que es “un principio natural que el débil sea dominado por el fuerte”, y su insistencia en el deseo de poder.

 

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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Estructura y superestructura

|| Tucídides y la democracia /15

Herodoto y Tucídides.

Herodoto y Tucídides.

Arnaldo Momigliano, en relación con la imagen de Heródoto como “padre de la mentira”, como historiador inventivo y poco riguroso, señala que es que es precisamente Tucídides el responsable de la mala fama de Heródoto: “Es hasta demasiado obvio que Tucídides determinó en definitiva el veredicto de la antigüedad sobre su predecesor” (Momigliano, 137).

Por otra parte, para terminar con el tema de la veracidad de Heródoto, resulta que no es en los relatos coetáneos a él (como yo suponía) donde se ha podido comprobar que Heródoto ‘merece confianza’, sino que ha sido en su faceta de historiador de Oriente, gracias a los descubrimientos arqueológicos. Dice Momigliano que los orientalistas han escudriñado en este último siglo a Heródoto y “han establecido que describía de acuerdo con la verdad lo que veía, y refería honestamente lo que escuchaba”. Para la historia de las guerras médicas, continúa Momigliano, “no estamos en condiciones tan favorables porque nuestra fuente principal es justamente Heródoto”.

[bctt tweet=”El propio Tucídides es el responsable de la mala fama de Heródoto.” username=”danieltubau”]No sé cuál es la originalidad, o las originalidades, de Tucídides pues aún no he leído toda su obra [en el momento de hacer esta investigación, en 1991]. A primera vista, me parece que uno de sus rasgos más originales es precisamente el dedicarse a narrar con todo detalle el presente, que con el tiempo se convertirá en pasado, en historia, y el incorporar la franqueza de los sofistas al tratar los acontecimientos humanos. También el destacar la influencia de la estructura, lo que le ha valido ser equiparado con los marxistas, aunque,  sin embargo, va en detrimento del absoluto desprecio que muestra por la superestructura, privándonos de informaciones sobre la cultura ateniense y de otros lugares, que habrían sido simplemente maravillosas y muy útiles para comprender las verdaderas causas de la guerra. Tan sólo le interesa, como dice Otto Regenboen “el factor político-militar del poder, no los cuadros etnográfico-geográficos en que abunda Heródoto) en su característica multiplicidad”.

En palabras de Momigliano: “En la narración de Tucídides falta todo interés por comprender las personalidades humanas… no existe en Tucídides un reconocimiento de las necesidades específicas que lanzaron a los griegos los unos contra los otros, ni un estudio profundo en torno a la distinta organización de los espartanos y los atenienses”. Otro rasgo original es, por supuesto, el uso de los discursos como hilo argumental fundamental, tema que se tratará en el apartado #4.


2016: Naturalmente, cuando hablo de estructura y superestructura me estoy refiriendo a la distinción marxista infraestructura-estructura-superestructura en su versión popular. Digamos que no de un modo muy riguroso. Simplemente, lo que todo el mundo entendía entonces, y que escuchabas una y otra vez: la superstructura es la cultura, la filosofía, la religión y todo el sistema simbólico de la sociedad; la estructura comprende las políticas económicas y cosas como las relaciones de parentesco; la infraestructura son los medios de producción y la fuerza de trabajo, la tecnología, etc. Pero insisto, que este uso que yo hacía era el popular, sin entrar en grandes detalles o precisiones y a veces, por ejemplo, no teníamos muy claro si cosas como las instituciones sociales (tribunales, escuelas, etc) eran estructura o superestructura, probablemente porque la verdadera diostinción era entre infraestructura (o base) y superestructura, así que la estructura quedaba ahí en un terreno de nadie.

La decadencia del marxismo como teoría dominante en los círculos intelectuales había comenzado un tiempo antes, pero se había desmoronado de manera brusca, y al parecer definitiva, tras la caída del muro de Berlín, en 1989. Lo que unos días antes todavía era para muchos una ciencia llena de deslumbrantes leyes, se vino abajo como los ladrillos del célebre muro. Eso impidió, por cierto, que yo mismo llevara a cabo otra investigación que le prometí a mi amigo Marcos, acerca del marxismo, porque ya no parecía razonable perder el tiempo en ello, ahora que de pronto ya nadie creía en su verdad irrefutable. Es una pena, porque en ese momento podría haber escrito algo interesante, y aunque ahora en ciertos círculos el marxismo ha reverdecido un poco, ya no tengo ánimos ni tiempo para leer todo lo que leí entonces acerca del tema. Además de que, excepto algún pasaje aquí y allá, es un tipo de lenguaje y método científico extremadamente aburrido, pedantesco y fatuo. Hoy resulta difícil creer que cualquier intelectual o persona que se preciara de tener algo de cultura repetía las fórmulas marxistas con absoluto convencimiento y de una manera dogmática inatacable, a pesar de que, en muchos aspectos, ni siquiera las llegaban a entender. Naturalmente, hay otros materialismos diferentes del histórico y el dialéctico, como el materialismo cultural de Marvin Harris, y el hecho de que el marxismo no sea una ciencia no invalida todos sus aportes teóricos: no estoy seguro de si los términos infraestructura, estructura, superestructura fueron creados por Marx, pero tienen cierta utilidad, como es obvio. Karl Popper, en las antípodas de Marx, como es obvio, en su vejez adoptó una distinción en ciertos aspectos semejante, con su teoría de los Tres Mundos, que conozco sólo de manera ligera.

 

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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La fiabilidad de los historiadores antiguos

|| Tucídides y la democracia /14

Se suele decir que la originalidad de Tucídides como historiador reside en que es un autor ‘serio’, ‘riguroso’ o ‘científico’, pero habría que deshacer este malentendido. Dice Strassburger:

“La aportación de Tucídides a la historiografía no es el paso de la falta de crítica a la actitud crítica, sino de una consideración no política a otra política [6]Alsina, 34.

Alsina está de acuerdo:

“No es un buen método atribuir a Tucídides mayor agudeza crítica por el simple hecho de que los documentos no hayan delatado en nuestro historiador errores importantes de información. También de amplios capítulos de la historia de Heródoto es válida esa afirmación [7]Alsina, 34”.

La verdad es que resultaría bastante extraño que se hallasen errores graves en la narración de hechos estrictamente contemporáneos por parte de Tucídides. Tales errores sólo podrían ser atribuidos al descuido, cosa difícilmente achacable a Tucídides, al interés o a la mentira.

[bctt tweet=”Errores que no podrían ser atribuidos al descuido, sino al interés o a la mentira.” username=”danieltubau”]En cuanto a Heródoto, los capítulos a los que se refiere Alsina que son también fiables y rigurosos, supongo que son aquellos más próximos al nacimiento del propio Heródoto. Eso  no quiere decir que  Heródoto no acierte en acontecimientos más lejanos, pero tales aciertos no son un, mérito directamente atribuible a Heródoto, sino a sus informadores: Heródoto, dada la amplitud de su propósito, se expone mucho más al error, pero gracias a ello nos trasmite datos, sea cual sea su grado de fiabilidad, maravillosos y que, de proponerse un absoluto rigor, se habrían perdido.

Sima Qian

Sima Qian

Recientemente (2016) he podido observar un debate semejante acerca de los primeros historiadores griegos, en especial Sima Qian, al que casi se le llamó, como a Heródoto, “padre de la mentira”. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos del siglo XX y XXI han dado la razón en algunos asuntos a Sima Qian hasta extremos asombrosos, en especial en lo que se refiere a su lista de reyes de la dinastía Shang, que se consideraba una invención fabulosa (más de mil años separan a Sima Qian de esos reyes). El descubrimiento de más de 200.000 huesos de animales o caparazones de tortuga con oráculos shang ha permitido reconstruir la segunda parte de la dinastía Shang, que coincide con las listas de Sima.

Por otra parte, hay que tener en cuenta cuáles eran las herramientas de las que disponían Heródoto (y Tucídides incluso): algunos textos escritos aquí y allá, casi siempre procedentes de los aduladores de los monarcas, registros históricos escritos en lenguas desconocidas o semidesconocidas (egipcio, persa, asirio). Hay que suponer que Heródoto conocía algunas lenguas, pero casi siempre necesitaría de traductores más o menos fiables. Aparte de eso, testimonios de viajeros y antiguos cuentos y leyendas. Tal vez pudieron acceder a algún texto de uno o dos historiadores anteriores, pero poco más. El resultado, en tales condiciones, es deslumbrante, en especial en el caso de Heródoto. Sima Quian, sin embargo, probablemente contaba con registros históricos mucho más elaborados, aunque en ningun caso comparables a los de un moderno historiador.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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El presente crea el pasado

|| Tucídides y la democracia /13

En cierto modo, se puede decir que la visión de la historia de Tucídides es más de delante hacia atrás que de atrás hacia adelante:

“La reconstrucción que Tucídides intenta del pasado homérico no se basa en un análisis objetivo de las condiciones de aquella época, sino que aplica circunstancias sólo válidas para la Atenas del siglo V” (Alsina, 117).

Es decir, es el presente, la Atenas del siglo V antes de nuestra era, lo que determina en cierto modo cómo ha sido el pasado. Se trata, por supuesto, de un rasgo casi inevitable en cualquier historiador, pues, como decía Borges, somos nosotros quienes creamos a nuestro precursores, eligiendo  a aquellos que nos gustan o nos interesan, o nos resultan útiles, y sacándolos del olvido, pero dejando, al mismo tiempo, en el silencio a muchos otros.Y leyéndolos ahora de una manera nueva, como quizá nunca antes se habían leído.

Quien se dé una vuelta por las hemerotecas del pasado o rebusque en los catálogos de las editoriales de hace cincuenta, cien o doscientos años, descubrirá a un buen número de ilustres desconocidos… para nosotros, pero que en su época eran los autores más leídos. Muchos hechos históricos casi habrían desaparecido de la memoria si no jugasen un papel importante en la justificación del presente. Pensemos, por ejemplo, en la resistencia de la fortaleza judía de Masada en tiempos de Roma: durante siglos fue olvidada, pero ese pequeño hecho histórico se recuperó cuando los judíos regresaron a Palestina, porque era un buen mito para un estado que vivía en una guerra permanente. Cualquier batalla que haya dado origen a una nación es, por supuesto, recordada por su carácter fundacional, pero otras batallas que fueron trascendentales en su momento, por ejemplo porque significaron la desaparición de un reino del que ya no se volvió a hablar, han quedado enterradas en las arenas del tiempo, casi siempre de manera literal.

Hitler:

Hitler: “Perdóname, camarada, pero es una oportunidad TAN buena!

Aquí podemos recordar de nuevo aquella frase de Alexeiev (si recuerdo bien) que decía que en los tiempos de Stalin la tarea más difícil para los historiadores no era predecir el futuro a partir de los datos del pasado, sino predecir el pasado a partir de los datos del presente, es decir, teniendo en cuenta los caprichosos cambios de humor del dictador o su necesidad de eliminar no sólo físicamente, sino también de los libros de historia, a sus rivales. Un ejemplo curioso de esta reescritura fue uno de los principios de la estrategia militar de Stalin: el uso del engaño y la sorpresa, que era en su opinión un aspecto absolutamente fundamental. Cuando Hitler rompió el pacto entre nazis y comunistas e invadió la Unión Soviética de manera sorpresiva, la invasión dejó a Stalin tan atónito (a pesar de que el espía  Sorge había avisado de la invasión e incluso de la fecha exacta), que sufrió un colapso nervioso que le impidió reaccionar durante dos semanas. A partir de ese momento, el concepto de engaño y sorpresa en los libros de estrategia militar fue relegado a un papel absolutamente secundario y se prohibió hablar siquiera de esa estratagema, que antes había sido tan querida por Stalin, hasta la muerte del dictador en 1953.

[bctt tweet=”Nosotros creamos a nuestros precursores, dijo Borges.” username=”danieltubau”]Lo anterior, por cierto, me recuerda una investigación que no llegué a terminar: la comparación entre los índices analíticos de libros de diferentes épocas: al hacerlo descubres que hay palabras que aparecen en unos y están ausentes en otros. Digamos (es un ejemplo inventado) que la palabra “fraternidad” no aparecía nunca antes de 1789, o que la palabra “experimento” no aparecía apenas antes de 1650. No es que las palabras no aparezcan en esos libros: es que no aparecen en los índices analíticos. Este tipo de comparaciones nos permite hacer un retrato de una época a veces más certero que el atender a los grandes rasgos. Se podría comparar con la atención al detalle de Sherlock Holmes o de Giovanni Morelli, que cuento en No tan elemental.

Lo mismo, sin duda se puede aplicar a Tucídides cuando lee y selecciona pasajes o ideas de la Ilíada: su lectura no es la misma que la de Heródoto, porque las preocupaciones de su época tampoco son las mismas. Heródoto acogerá con interés los pasajes en los que se señala el conflicto entre los griegos y una potencia extranjera (Troya) porque le inquieta el conflicto entre griegos y persas; Tucídides tal vez atienda a los momentos en los que los griegos disputan entre sí, porque en su tiempo el asunto inquietante era la guerra entre griegos y griegos.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

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