La analogía del tizón de Gaudapada

Una analogía muy interesante en el Gaudapada Gita:

47. Lo mismo que un tizón en movimiento aparece como una curva, la consciencia, cuando se pone en movimiento, aparece como el conocedor y lo conocido.

48. Lo mismo que el tizón cuando no está en movimiento, está vacío de apariencias y de devenir, así también la consciencia, cuando no está en movimiento está vacía de apariencias y de devenir.

Creo que se podría escribir algo interesante comparándolo con El nuevo acelerador y las ideas de Zenón acerca del movimiento.

tizon

49. Cuando el tizón está en movimiento, las apariencias no vienen de ninguna otra parte; cuando está sin movimiento, las apariencias no van a ninguna otra parte, ni van adentro de él.

50. Ellas no emergen del tizón, puesto que son insustanciales. Lo mismo se aplica a la consciencia, puesto que en ambos casos las apariencias son del mismo tipo.

51. Cuando la consciencia está oscilando, las apariencias no vienen a ella de ninguna otra parte, ni van a ninguna otra parte cuando está en reposo, ni entran en ella.

52. Ellas no emergen de la consciencia puesto que son insustanciales. Ellas no pueden ser conceptualizadas puesto que no están sujetas a la relación de causa y efecto.

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The analogy of blight in Gaudapada

  A very interesting analogy in the Gaudapada Gita: (part 3)

47.  Just as a blight on the move appears as a curve, consciousness, when put in motion, appears as a connoisseur and the known.

48. Like blight when it is not moving, is empty of appearances and becoming, well consciousness, when it is not moving is empty of appearances and future.

49. When blight is in motion, appearances do not come from anywhere else, when it is moving, appearances are not going to anywhere else, or go inside of him.

50.  They did not emerge from blight, as they are insubstantial. The same applies to consciousness, since in both cases the appearances are similar in nature.

51.  When consciousness is swings, appearances do not come to it from anywhere else, nor will any other party when it is at rest, or come into it.

52. They do not emerge out of consciousness because they are unsubstantiated. They can not be conceptualized as they are not subject to the cause and effect relationship.

I think I could write something interesting comparison with the new accelerator and ideas on the movement of Zenon.

Espíritu de pez, de Pu Song Li: el amor y las convenciones

Al leer varios pasajes de un cuento de Pu Song Li, escribí en el margen del libro: “Esklepsis, Seres de papel, Smullyan: el gusto de ver a alguien como tú”.

Me refería a una sección que tenía en mi revista Esklepsis dedicada a seres de papel, es decir, a personajes que habitan en libros. También al gran lógico Raymond Smullyan y a un texto suyo en el que comenta un poema de Tachibana Akemi, en el que Akemi dice que es un palcer encontrar en los libros a personas que piensan como tú. Así que yo me alegraba de encontrar a alguien como Smullyan, que pensaba como yo que es un placer encontrar a alguien que piensa como tú, y que además se alegraba de encontrar a alguien como Akemi, que también pensaba en el placer de encontrar a alguien como tú en los libros. Y ahora, al leer el cuento de Pu Song Li “Espíritu de pez”, me sentía yo como el joven al que describe:

“En la aldea de Hebei vivía el joven Mu Changong, un devorador de libros. Poseía una habilidad especial para elegir los que más convenían a sus gustos y a sus necesidades, es decir, los que iban a entretenerle o le formarían.
Solía leer en un lugar junto al muelle, pues al levantar la cabeza repasando mentalmente un pasaje que le había llamado la atención, le encantaba poder contemplar ese escenario.

Sin embargo, el padre del muchacho quería que se ocupase de los negocios, así que Mu Changong tuvo que dirigir uno de sus almacenes, “cosa que el joven pudo hacer fácilmente, al ser muy despierto y tener una mente práctica o imaginativa, de acuerdo a la situación que se dispusiera a afrontar”.

Me gustó mucho esto de una mente capaz al mismo tiempo (o en distintos tiempos) de ser práctica o imaginativa, porque no creo que sean características incompatibles.

Cuando cumplió dieciséis años, su padre le llevó a Wuchang (Hubei) para celebrarlo. Allí el joven se dio cuenta de “lo importante que es poder contemplar en la realidad lo que se ha leído, porque se capta mejor lo que pretendió contar el autor, al mismo tiempo que se buscan lugares, momentos y emociones que de otra manera hubieran pasado desapercibidos”.

El caso es que el joven estaba recitando unos poemas a la ciudad junto al río cuando oyó unas risas y vio a una hermosa muchacha y su rostro “quedó en su mente como se retiene el deslumbramiento provocado por el sol cuando se mira hacia él mucho tiempo”.

Tiempo después, el joven recibe la visita de una mujer que le dice que viene en nombre de su hija Bai Qiulian, que también se había enamorado de él. Sin embargo, el padre del joven no consiente en esa boda y el joven no sabe cómo oponerse a su padre. La joven va enfermando y, tras diversas peripecias y superar la oposición del padre, los dos jóvenes se casan, pero un día se descubre  de manera terrible el secreto de Qiulian: es una mujer pez.

En el cuento queda claro que el amor está por encima de las convenciones y se ve que a pesar de que estamos acostumbrados a hablar del férreo tradicionalismo chino (los deberes familiares y todo lo que ello implica), también allí, como en el resto del mundo, a menudo esas convenciones eran vistas como una injusticia. Queda claro el público lector se solidarizaba con esos amantes que se oponían a las normas. Me recuerda en este sentido, a La mere coupable y La ecole des meres, de Marivaux. De hecho, también hay varias obras de teatro chinas que muestran que una cosa eran las leyes y las convenciones y otra lo que la gente pensaba en su fuero íntimo, cuando veía a dos amantes. Allá, como aquí, solían pensar que el amor estaba por encima de esas reglas y obligaciones. Otra cosa, por supuesto, es que, una vez que salían del teatro, después de soltar las riendas de sus emociones, se comportaran de la manera en la que las convenciones lo exigían.

Leyendo un pasaje pensé en un argumento similar al de este cuento, pero en el que el padre se enamoraría de la muchacha, y finalmente ella de él.

Algunos pasajes que me han gustado o me han llamado la atención:

¡Claro, como en los libros que lees! -estalló el hombre de negocios-. Juegas con sueños y los haces reales, pero la vida es muy distinta”. 

 

“La grácil muchacha, cuyos vestidos eran como el estuche que medio esconde las joyas más valiosas de un cuerpo sublime…”

 

– Pero el otro día te reíste de mis poemas, dulce Qiulian.
– ¡Oh, no… Nunca como una burla! -protestó ella, igual que una admiradora que no ha sido entendida-. Recordé mis primeros juegos con las amigas, yendo en una barca. Nos hacíamos cosquillas, sin agresividad, mientras hablábamos de los chicos que nos gustaban… Aquello era el despertar del amor, o mejor diré comenzar a abrir las puertas para asomarse al amor… Tú me trajiste estas evocaciones, y no pude contener mi risa de felicidad. debes comprenderlo.

 

“Porque eran unos amantes especiales, de los que creen en los sueños y saben cómo funciona la comunicación sin palabras: emoción junto a emoción, risas que alimentan otras risas, lágrimas que llaman a otras lágrimas, al saber que la felicidad les pertenecía en exclusiva”.

 

“Más radiante resultó la luna de miel, cuando los dos pudieron convertirse en uno, gracias a un encuentro pausado, al principio, y agitado después. Sin prisas, al pertenecerles todo el tiempo del mundo”.


[Escrito en 1998. El texto en otro color es de 2018]

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Dios y la doble rendija

En Dios y la ciencia, los hermanos Igor y Grichka Bogdanov conversan con Jean Guitton, un pensador cristiano que siempre me ha interesado mucho, quizá desde que mi padre me regaló su libro El trabajo intelectual, que él conoció gracias a un profesor al que admiraba, si lo recuerdo bien. Guitton siempre estuvo muy interesado por la ciencia, que admiraba y que consideraba compatible con sus creencias cristianas. En esta larga conversación entre los hermanos Bogdavov y Guiitton, ellos intentan buscar argumentos para detectar la presencia de Dios o del espíritu en la materia o en los hallazgos científicos.

Cuando leí el libro, antes sin duda de 1993, tomé algunas notas, que ahora resultan casi ininteligibles. Por eso, he buscado el libro y los argumentos de los Bogdanov y de Guitton a los que aludo en las notas y sin los cuales es imposible entender mis opiniones. He escrito en otro color todo lo que he añadido ahora, en abril de 2017.

Los hermanos Bogdanov y Guitton comentan varios resultados e interpretaciones de la mecánica cuántica para apoyar su idea de que existe un espíritu en la materia.

En primer lugar, se refieren al experimento de la doble rendija.

Los hermanos Bogdanov se refieren al “famoso experimento que el físico
inglés Thomas Young realizó por primera vez en 1801″:

I.B: “Imaginemos de nuevo el dispositivo: una superficie plana, horadada por dos rendijas; una fuente luminosa, situada delante; y una pantalla, colocada detrás. A partir de aquí, ¿qué sucede cuando los «granos de luz» que son los fotones atraviesan las dos rendijas y encuentran la pantalla que hay detrás? Desde 1801, la respuesta es clásica:se observa en la pantalla una serie de rayas verticales, alternativamente oscuras y claras, cuyo trazado general evoca inmediatamente el fenómeno de las interferencias”.

Entonces es Jean Guiton quien responde y dice que para Einstein la luz está compuesta de pequeños granos, los fotones, y se pregunta:

“¿Cómo pueden miriadas de granos turbulentos, separados unos de otros, configurar las coherentes y precisas formas de las bandas alternativamente claras y oscuras?”

Se trata, claro, del fenómeno de la dualidad  onda-partícula. Es decir el hecho observado de que los fotones se comportan como ondas y como partículas. Apunté al margen:

No parece tan difícil explicar las rayas coherentes y precisas, que pueden producirse, creo yo, también con proyectiles macroscópicos.

Después muestran la célebre paradoja del experimento de la doble rendija:

“Supongamos, en primer lugar, que cierro una de las dos rendijas, la izquierda, por ejemplo. Ahora, los fotones deberán pasar por la única rendija existente, la derecha. Reduzcamos la intensidad de la fuente luminosa hasta que emita los fotones de uno en uno. «Disparemos» ahora un fotón. Un instante más tarde, el fotón pasa por la única rendija abierta y alcanza la pantalla. Como conocemos su origen, su velocidad y su dirección, podríamos, con ayuda de
las leyes de Newton, predecir exactamente el punto de impacto de nuestro fotón en la pantalla. Introduzcamos ahora en el experimento un elemento nuevo: vamos a abrir la rendija de la izquierda. Seguimos después la trayectoria de un nuevo fotón en dirección a la misma rendija, la de la derecha. Recordemos que nuestro segundo fotón parte del mismo lugar que el primero, se desplaza a la misma velocidad y en la misma dirección.
J. G.—Si he comprendido bien, la única diferencia en este segundo «disparo de fotón» es que, al contrario que en el primer caso, la rendija de la izquierda ahora permanece abierta…

 

G. B.—Exactamente. En buena lógica, el fotón número dos debería golpear la pantalla exactamente en el mismo sitio que el fotón número uno. Pues bien, no sucede nada de eso. El fotón número dos golpea, efectivamente, la pantalla en un sitio muy diferente, completamente distinto del punto de impacto del primero. Es decir, todo sucede como si el comportamiento del fotón número dos hubiera sido modificado por la apertura de la rendija de la izquierda. El misterio es éste: ¿cómo ha «descubierto» el fotón que la rendija izquierda estaba abierta? Antes de intentar responder, vayamos más lejos. Continuemos despachando fotones de uno en uno en dirección a la placa, sin apuntar a ninguna rendija. ¿Qué constatamos al cabo de cierto tiempo? Que, en contra de lo esperado, la acumulación de impactos de los fotones en la pantalla forma progresivamente la trama de interferencia producida instantáneamente en el curso del experimento inicial”.

Aquí apunté:

En cuanto a lo de cerrar y abrir una rendija, puede ser interpretado de diversas maneras.

Lo mismo se puede decir de que el fotón no impacte en el mismo lugar. A lo mejor hay que saber mucha física, pero en lenguaje corriente no es tan convincente.

Me refería a las diversas interpretaciones que se han hecho de estos resultados, como la de los mundos múltiples de Everett o la probabilística. Pero, sin tener en cuenta esas interpretaciones y simplemente desde el punto de vista de un lector profano que no sabe nada de física cuántica, la explicación de los Bogdanov y Guitton es imprecisa. Antes de llegar a conclusiones tan aventuradas, habría que explicar: ¿cómo sabemos que el impacto de cada lanzamiento es exactamente el mismo y que cada fotón golpeado es exactamente idéntico? Si tenemos un rifle y disparamos a una distancia equivalente a la del fotón y la pared tras las rendijas, lo que probablemente equivalga a muchísimos metros, quizá kilómetros (pues estamos hablando de la partícula más pequeña de luz, el fotón), no estoy seguro de que el mejor cazador o un rifle puramente mecánico pudiera impactar exactamente en el mismo punto. Así que los disparos no impactan en el mismo punto tanto si se abre una rendija como si se abren las dos, como prueba el hecho de que cuando continúa el experimento los impactos van formando un patrón de interferencia, a pesar de que se supone que en muchos disparos nos encontraremos con la misma situación de las rendijas (abiertas o cerradas, una o las dos) y con el mismo disparo en teoría. Parece, por lo tanto, que a falta de más precisiones, el hecho de abrir la otra rendija no es lo que hace que el segundo impacto no sea en el mismo lugar. Por otra parte, un fotón es algo ínfimo en comparación con el universo circundante, lleno de átomos y donde operan todo tipo de fuerzas: nucleares fuerte y débil, gravedad, electromagnética. ¿Cómo podemos saber que esa partícula ínfima no es afectada por esas fuerzas u otras del mismo modo que una mota de polvo es afectada y se desvía al caer en el aire y chocar con otras partículas y motas de polvo? Incluso en una condición ideal de aislamiento absoluto… ¿realmente podemos asegurar ese aislamiento para un fotón teniendo en cuenta que, por ejemplo, los neutrinos que tienen una masa dos millones de veces inferior a la de un electrón?

Estoy hablando, por supuesto, desde mi profunda ignorancia, como ya aclaré en una nota que se puede leer más abajo escrita en 1994, pero aunque mi objeción no tenga sentido, la explicación de los Bogdanov y Guitton debería aclarar esa imprecisión en su explicación. Sé que esta objeción mía no tiene mucho sentido, o al menos creo recordar que así lo entendí en algún momento, pero ahora me cuesta recordarlo con precisión. Tal vez se explique en mi Filosofía de la física cuántica. En cualquier caso, aunque mis objeciones no tengan validez, como sospecho, no hay ninguna razón para postular a un Dios o a una conciencia cósmica para explicar el resultado del experimento de la doble rendija.

Después anoté:

Lo del gato de Schrodinger resulta igualmente discutible.

Aquí me refería al célebre experimento del gato propuesto por Erwin Schrödinger para mostrar el absurdo del principio de Heisenberg, pero que acabó sirviendo precisamente para sustentar la interpretación de Copenhague.

Los hermanos Bogdanov también se refieren al experimento del péndulo de Foucault y con sus resultados intentan probar una especie de conciencia cósmica:

“La conclusión que se extrae del experimento de Foucault es pasmosa: indiferente a las masas —considerables, sin embargo— de los soles y galaxias próximas, el plano de oscilación del péndulo se alinea con objetos celestes que se encuentran en el horizonte del universo, a vertiginosas distancias de la Tierra.

En la medida en que la totalidad de la masa visible del universo se encuentra en los miles de millones de galaxias lejanas, esto significa que el comportamiento del péndulo está determinado por el universo en conjunto y no solamente por los objetos celestes que están próximos a la
Tierra.’

En otras palabras, si levanto este simple vaso de la mesa, pongo en juego fuerzas que implican al universo entero: todo lo que sucede en nuestro minúsculo planeta está en relación con la inmensidad cósmica, como si cada parre llevase dentro la totalidad del universo. Con el péndulo de Foucault estamos, pues, forzados a reconocer que existe una misteriosa interacción entre todos los átomos del universo, interacción en la que no interviene ningún intercambio de energía ni fuerza alguna pero que, sin embargo, conecta el
universo en una única totalidad.
J. G.—Parece que todo sucede como si una especie de «conciencia» estableciese una conexión entre todos los átomos del universo. Como escribió Teilhard de Chardin: «En cada partícula, en cada átomo, en cada molécula, en cada célula de materia viven escondidas y trabajan a espaldas de todos la omnisciencia de lo eterno y la omnipotencia de lo infinito.»

Mi comentario en este caso fue:

Y también hay manera de explicar lo del péndulo (por ejemplo, una mota de polvo en un disco que gira).

Con esto me refería a que no hace falta recurrir a una conciencia cósmica para explicar la interrelación entre todos los elementos del universo: lo extraño sería que no sucediera así. ¿Podemos imaginar fragmentos del universos desgajados, como islas perdidas sin relación con todo lo que las rodea? Parece difícil y absurdo. A no ser que hablemos de multiuniversos realmente separados.

Con lo de la mota de polvo en un disco, supongo que me refería a que si en un disco de vinilo que gira en el plato de un tocadiscos hay una mota de polvo, esa mota de polvo girará con el disco, no porque se mueva por sí mismo la zona exacta en la que está, sino porque esta zona está en un surco, que está en un sector del disco, que está en el disco, es decir, en el universo. Todo el universo de vinilo gira y con él todas las motas de polvo.

 

En 1994 añadí un comentario:

NOTA 1994: Tengo que admitir que algunas de mis ideas son muy arriesgadas y posiblemente nacen de mi ignorancia. Soy consciente de ello y no pretendo ocultarlo. Cuando equiparo los resultados de los experimentos microscópicos (o cuánticos) con los macroscópicos no digo que sean iguales para nuestra observación, como parece deducirse del texto. En realidad parto de un curioso supuesto: ¿Supongamos unos seres que se hallasen en la misma relación respecto a nuestros fenómenos macroscópicos como nosotros nos hallamos respecto a nuestros fenómenos microscópicos, ¿qué observarí­an y cómo interpretarí­an estos seres experimentos que tuvieran como objeto fenómenos macroscópicos? (Insisto, macroscópicos según nuestra escala, para ellos serían fenómenos microscópicos.

A la luz de este supuesto mío, que posiblemente es una soberana tonterí­a, hay que interpretar mis afirmaciones en este pasaje y en otros semejantes. Pero tengo la esperanza de que este experimento imaginario se pueda hacer mediante una simulación de ordenador, tal vez no recurriendo a seres colosales, sino, por el contrario, suponiendo fenómenos subcuánticos que obedeciesen a leyes del mundo macroscópico, fijando nuestro lí­mite de observación, y viendo si es posible observar, partiendo de esos supuestos, algo semejante a lo que se obtiene en las experiencias cuánticas.

Pondré un ejemplo paralelo:

Si grabamos unas imágenes y las emitimos a super-velocidad, solo veremos manchas borrosas difíciles de interpretar. Si no sabemos que se trata de imágenes a super-velocidad, podemos pensar que efectivamente se trata de manchas ininterpretables o que no se ajustan a nuestros esquemas perceptuales o conceptuales.

 

Epílogo extravagante en 2017

Al buscar fotografías de los hermanos Bogdanov para ilustrar este artículo, me he encontrado con dos sorpresas. La primera es que los hermanos Bogdanov se vieron implicados en un escándalo científico monumental, que revisaré en su momento: ver Bogdanov affair.

La segunda tiene que ver con el quizá más espectacular cambio de imagen de los hermanos Bogdanov.

 

 

Ver también Guitton y la física cuántica


[Las notas originales escritas antes de 1993, publicadas el 21 de abril de 1993]

 Ensayos de teología

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El olvidado William Cornwallis

william-cornwallisWilliam Cornwalis escribió unos Ensayos imitando los de Montaigne. En 1599. Un año en la vida de Shakespeare, Shapiro transcribe algunos fragmentos que recuerdan ideas expresadas por Shakespeare en sus obras. Son textos interesantes, así que me sorprendió que Shapiro dijera que Cornwallis está hoy en día olvidado. No parece razonable este olvido y desconfíe de que fuera así.

Busqué en una librería electrónica (Questia), así como en la completísima Biblioteca Digital  Project Gutenberg y en Luminarium English Anthology (dedicada a la época Tudor y con decenas de autores), y pude constatar que Shapiro no exagera: no hay en ellos ningún texto de Cornwallis.

Tal vez este silencio se deba a que Cornwallis escribió verdaderos ensayos, cvomo él mismo explica:

“I hold neither Plutarch’s, nor none of these ancient short manner of writings, nor Montaigne’s, nor such of this latter time to be rightly termed essays, for though they be short, yet they are strong, and able to endure the sharpest trial: but mine are essays, who am but newly bound prentice to the inquisition of knowledge, and use these papers as a painter’s boy a board, who is trying to bring his hand and his fancy acquainted.”

“Sostengo que ni Plutarco ni ninguno de esos escritos breves antiguos, ni tampoco los de Montaigne pueden ser considerados con propiedad ensayos, porque a pesar de su brevedad, son fuertes y capaces de superar la más dura prueba; pero los míos sí son ensayos, pues no soy sino un mero aprendiz en la búsqueda del conocimiento, y uso estos papeles como el hijo del pintor que usa una tabla e intenta sostener su pulso y hacer realidad su fantasía”

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EL RESTO ES LITERATURA

Autores virtuosistas

Me ha sorprendido mucho encontrar en Teorías métricas del siglo de oro, de Emiliano Díaz Echarri, la referencia a varios autores de versos virtuosistas (o como se quiera llamar) que no aparecen en Verbalia de Marius Serra. Estos autores son:

Poemas de Simnias de Rodas

Simmias de Rodas: escribió composiciones que adoptan formas de huevo, alas, segur… (ver López de Toro: Tres poemas difíciles de Simmias de Rodas)

Porfirio Optaciano: escribió un panegírico al emperador Constantino, en el que se “agotan todas las combinaciones métricas imaginables”.

Publio Porcio: escribió Pugna Porcorum, en honor a su propio nombre, en el que todas las palabras empiezan por “P” e imitan el sonido de los gruñidos de los cerdos.

Pedro Compostelano: De consolationes rationes, combinaciones en hexámetros.

Vicens: sonetos que se pueden leer de cincuenta maneras

A todos estos los compara Días Echarri con Caramuel y su Metamétrica, diciendo que no pueden igualarlo.

También menciona a los árabes “con sus extrañas recetas de la aliteración idéntica, suficiente, alargada, compuesta, aproximada, invertida, contigua; con sus versos de triple rima y sus enigmas y logogrifos por métodos facilitantes, productivos, perfectos y accesorios[1].

Podría hablar de todo esto en ESKLEPSIS, como una especie de anexo al libro de Serra.

Siempre me ha gustado hacer anexos a los libros que parecen contenerlo todo: el Libro de los seres imaginarios, de Borges, el Diccionario de Mitología de Alianza Editorial. Podría ser una nueva sección de ESKLEPSIS llamada Algo más, o algo parecido.


[Escrito el 29 de junio de 2001]

2017: que yo sepa, nunca hice esa sección en Esklepsis, aunque sí intenté la reconstrucción de libros perdidos, como el del Emperador Amarillo o el Tritogenia de Demócrito. Hace muchos años, en la adolescencia, hice varios caligramas bastante sofisticados, con siluetas de mujeres desnudas, por ejemplo, pero creo que no conservo ninguno.


 

  1. [1](G. de Tassy: Rethorique et prosodie des langues de l’Orient musulman)

Guitton y la física cuántica

Guiton, en su conversación con los hermanos Bogdanov en el libro Dios y la ciencia: hacia el metarrealismo (1993), adopta siempre una interpretación de los resultados de la mecánica cuántica que es discutible y que no es seguida por todos los físicos, más que nada porque las explicaciones de los fenómenos cuánticos, en el momento actual, entran más en el terreno de la opinión y de la filosofía, que en la de una verdadera opinión científica. Una cosa es la descripción, otra la explicación.


Ver también acerca del libro y de la extravagante historia de los hermanos Bogdanov: Dios y la doble rendija


[Escrito antes de 1993. Publicado en 1993 en Caracteres]

 Ensayos de teología

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El punto ciego

Daniel Goleman se refiere en El punto ciego a una zona de sombra que nos afecta a todos. Un punto ciego, un vacío que carece de existencia.

Tú también puedes descubrir ese punto ciego en tu sistema perceptivo con un sencillo experimento. Basta con que tapes tu ojo izquierdo y después fijes la mirada en el rombo negro. A continuación, debes alejar o acercar la cabeza, sin dejar de mirar fijamente el rombo.

Descubrirás que a una cierta distancia, tal vez unos 40 o 50 centímetros, el círculo negro desaparece. Es asombroso, pero nos sucede a todos los seres humanos.

La explicación de esta ceguera parcial es que la retina está conectada al cerebro por medio del nervio óptico y que el punto en el que se unen retina y nervio óptico carece de células fotosensibles. Es un punto ciego.

Esta curiosidad fisiológica la aplica Goleman a la psicología: el punto ciego no sólo afecta a nuestra percepción de los objetos, sino también a nuestra percepción de los demás y de nosotros mismos. Un ejemplo es cuando una familia deja de percibir y de reaccionar en su vida cotidiana ante un hecho devastador que les afecta a todos. El dramaturgo noruego Heinrik Ibsen trató en varias de sus obras lo que él llamaba “mentiras vitales”, que permiten a una pareja o a una familia negar la existencia de algo que podría destruir su relación. Uno de las situaciones de ceguera parcial más asombrosa es la violación de los hijos en el hogar familiar, algo que a veces es conocido por todos los miembros de la familia, pero que jamás se menciona, fingiendo todos, día tras día, que son una familia como cualquier otra.

Ese punto ciego no sólo es perceptivo y emocional, sino también moral, ético e incluso político. Existen ciertos asuntos en los que nuestros juicios acerca del bien y el mal, de lo moral y lo inmoral, de la justicia y el crimen, dejan de funcionar de manera coherente, puntos ciegos en nuestra percepción moral y política.

Bertrand Russell nos enseñó una manera de prevenir esos puntos ciegos mediante el razonamiento lógico. Es cierto, como el propio Russell señaló más de una vez, que la lógica no puede solucionarlo todo, pero sí puede ayudarnos a percibir muchos de nuestros errores y de nuestros prejuicios.

Un buen método consiste en sustituir a los protagonistas de nuestros dilemas morales por simples elementos lógicos, entes abstractos como “A”, “B”  y “C”.

De este modo, podemos formular la siguiente afirmación:

1.”La pena de muerte es un crimen”

y a continuación, concluir con toda lógica:

2. “Si A ordena que se aplique la pena de muerte a B, entonces A es un criminal”.

 

Una vez que ya sabemos que de la frase 1 se sigue la conclusión de la frase 2 (A es un criminal”), ya podemos sustituir el ente indefinido “A” por cualquier persona que haya ordenado aplicar la pena de muerte a alguien.

Es decir, podemos sustituir la letra “A” por: “Francisco Franco”, que reinstauró con carácter pleno la pena de muerte en España en 1938

O podemos sustituir “A” por “Ernesto Che Guevara”, que aplicó la pena de muerte en Cuba cuando ya había triunfado la revolución y el nuevo régimen había sido instaurado.

O podemos sustituir la “A” por “Bill Clinton”, que negó el indulto a varios condenados a muerte cuando era gobernador de Arkansas.

O podemos sustituir la “A” por “Maximilien Robespierre”, quien, a pesar de defender públicamente la abolición de la pena de muerte, ordenó todas cuantas pudo, desde la del rey Luis XIV hasta la del Marqués de Sade, que se libró porque el propio Robespierre fue guillotinado poco antes de la fecha que esperaba al divino marqués.

Cuando empleamos el método de Russell para analizar dilemas morales nos damos cuenta de que muchas de nuestras actitudes y reacciones morales o políticas no sólo no son razonables, sino que ni siquiera son coherentes. Con un poco de suerte, si además de aplicar la lógica somos capaces de ser honestos, lo más probable es que derribemos a ciertos ídolos de sus pedestales.

Russell demostró a lo largo de su vida que era capaz de aplicar esta lógica moral, y que podía mantener y defender sus convicciones morales en circunstancias y situaciones donde la mayoría se extraviaba. Lo hizo, todavía muy joven, cuando defendió el sufragio femenino, en contra de la opinión mayoritaria de sus contemporáneos; o cuando defendió el pacifismo durante la Primera Guerra Mundial y acabó en la cárcel; o cuando visitó la Unión Soviética y, tras observar lo que estaba sucediendo y entrevistarse con Lenin, mostró de manera pública su repulsa a lo que había visto allí, aunque ese le costara enfrentarse a muchos de sus antiguos amigos comunista. Volvió a demostrar esa coherencia lógico-moral cuando, en los años 60, creó el Tribunal Russell contra los crímenes de guerra de Estados Unidos en Vietnam,pero  al mismo tiempo condenó el encierro en un gulag de Alexander Solzhenitsyn en la Unión Soviética; o cuando fue encarcelado de nuevo, a los 90 años, por su apoyo a la desobediencia civil y el desarme nuclear.

Sospecho que quizá algunos lectores, ante ciertos ejemplos de este artículo, han dado un respingo y rápidamente han encontrado un argumento que les ha permitido negarse a admitir la existencia del punto ciego en sus juicios políticos. En realidad, no resulta demasiado difícil encontrar excusas, vías de escape que nos impidan admitir lo inadmisible, y justificar a Franco, al Che Guevara, a Clinton o a Robespierre. La explicación de este mecanismo psicológico es muy sencilla.

En efecto, lo más curioso del punto ciego perceptivo es que, cuando se deja de ver el punto negro de la derecha no lo sustituimos  por la nada o el vacío, sino por una superficie coherente imaginaria.

Es fácil comprobarlo si repetimos el experimento, pero ahora no sobre fondo blanco, sino sobre fondo negro.

Cierra o tapa tu ojo izquierdo. Mira fijamente el rombo y aléjate o acércate a la pantalla o el papel hasta que desaparezca el punto blanco.

¿Verdad que cuando desaparece el punto blanco su espacio es sustituido por una superficie negra? No vemos la nada u otro color cualquiera, sino que rellenamos el hueco perceptual con color negro, como si todo el rectángulo fuera ahora negro. Como es obvio, ese color negro que ocupa el lugar del punto blanco desaparecido, tampoco existe: es una construcción de nuestro cerebro.

Del mismo modo que sucede con nuestra percepción visual, en el terreno de la moral y de la política también rellenamos los puntos ciegos, porque no podemos admitir que existan. Para lograrlo, nos servimos de la ideología, como vimos en Armas de destrucción masiva, de la deshumanización del enemigo (Bichos) o de algo todavía más eficaz: la contextualización. Pero de eso hablaré en otro lugar.


ACLARACIÓN

Quizá deba explicar por qué creo que la pena de muerte es el peor de los crímenes. Lo creo no por que se le aplique o pueda aplicar a un inocente, sino porque se ejerce sobre alguien a quien ya tenemos a nuestra merced y al que matamos a sangre fría. No hay atenuantes para un crimen semejante, como, afortunadamente, se acepta en cada vez más países del mundo, pero que se rechaza todavía en otros, como Estados Unidos, China, Arabia Saudí o Irán (e incluso en España en caso de guerra).

Tal vez el lector no comparte mi opinión. Si ese fuera el caso, puede sustituir la pena de muerte por otro asunto hacia el que sienta repulsión y aplicar la fómula de Russell: sustituir las palabras y los nombres concretos por las letras A, B, C… y entonces opinar con una férrea lógica moral.


[Publicado el 8 de marzo de 2012 en Divertinajes]

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POLÍTICA

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Akutagawa y Montaña otoñal

Wang Shih-ku le cuenta a su amigo Yün Nan-t’ien la historia del cuadro Montaña Otoñal.

Este cuadro fue pintado por el pintor Ta Ch’ih, uno de los más importantes de la dinastía Yuan, de origen mongol (junto a Meitao-jen y Huang-hao-shan-ch’iao).

Ta Ch’ih era ya conocido por sus cuadros Costa Arenosa y Alegre Primavera, pero existe un tercer cuadro que, aparentemente, los supera a todos: Montaña Otoñal.
Así que Wang le cuenta a su amigo Yün la historia de ese cuadro.

akutagawaResulta que tiempo atrás el maestro Yüan Tsai discutía de pintura con Yen-k’o y le recomendó que viese el cuadro Montaña Otoñal, dándole, además una carta de recomendación para el señor Chang, el propietario del cuadro.
Yen-k’o va a ver el cuadro y queda conmovido. Intenta comprarle el cuadro a Chang, pero éste no lo vende.
Trascurridos cincuenta años del día en que Yen-k’o vio el cuadro, Wang (el que cuenta la historia) averigua el paradero de Montaña Otoñal, que ahora está en otras manos, y va a verlo. Es una obra maestra, como atestiguan además los críticos, pero él sabe que no es el cuadro único que vio Yen-k’o, quien, al llegar y ver también el cuadro, confirma esta opinión, aunque ambos esconden sus verdaderos sentimientos.
El relato parece la narración de un asunto relacionado con un cuadro, como una anécdota histórica (no sé si los pintores y críticos son personajes que existieron), pero tiene algo inquietante en su misma trasparencia. Por eso no es extraño ni erróneo que se incluya en la recopilación Las mejores historias siniestras (resulta más justificado teniendo en cuenta el título original: Stories Strange And Sinister)
Montaña Otoñal

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historias-siniestras_1Ryonosuke Akutagawa
Traducido al inglés (Autum Mountain) por Ivan Morris.
Traducción española: Irene Peypoch
Incluido en la selección de cuentos de varios autores: Las mejores historias siniestras. (Stories Strange And Sinister), por Laurette Naomi Pizer.

Editorial Bruguera 1972 (4ª edición) 1ª edición: 1968 (en inglés, al
parecer, y en español también)

 

Mímesis y símbolos

Joaquín Lomba Fuentes, en La filosofía judía en Zaragoza, llama la atención acerca de una importante diferencia entre el “horizonte cultural” judaico y el griego:

“Frente a un mundo mimético griego que remite a un universo de modelos significados, el judaico presenta el mundo como un conjunto de símbolos substantes en sí mismos y que mueven no a la inteligencia, que busca significados a través de significantes, sino a la imaginación, sensibilidad y conocimiento-praxis en busca de la instalación de la conciencia en otro u otros niveles simbólicos. Y este carácter que es propio del mundo judío podemos extenderlo al mundo semita en general, incluyendo la cultura islámica.”

lombafuentesEsta diferencia entre mímesis y simbolización probablemente puede dar lugar a una interesante investigación, más que nada teniendo en cuenta la crítica moderna al concepto griego de mímesis o imitación. Es evidente que en el arte la cosa misma (la cosa en sí o noúmeno, aquello que está más allá de las apariencias) no puede darse, sino que debe ser presentada o bien mediante una imitación o bien mediante una simbolización (no me detendré ahora a pensar si existen otras maneras de presentación de la cosa en sí).

Si queremos contar el nacimiento de Jesucristo o de Mitra podemos hacerlo mediante una duplicación de ese suceso que haga que el espectador sienta que lo está viendo de nuevo. Eso sería la mímesis.

También podemos hacerlo a través de la simbolización: mediante simbolos que el espectador descifra: este simbolo es Mitra, este otro Jesucristo, aquél de allá el nacimiento de un dios.

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Pero creo que Lomba Fuentes se equivoca en la parte final al caracterizar el modo semita y el modo griego. Al menos desde el punto de vista del arte y del espectador, el modo mimético tiene más bien las características que Lomba Fuentes atribuye al simbólico: quien ve la estatua de Apolo cree estar ante el mismo dios Apolo, quien asiste a una representación de Sófocles por un momento cree estar viendo realmente el asesinato de Edipo. Es decir, pone en marcha su imaginación y su sensibilidad tanto o más que su inteligencia. Por el contrario, en el simbolismo semita lo que fundamentalmente se pone en marcha es la inteligencia y la búsqueda de significados para esos significantes que se le muestran. Al menos en el terreno del arte y la estética. Pero quizá Lomba Fuentes se refiere al terreno de la pura especulación filosófica, aunque lo llame “horizonte cultural”.

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[Escrito antes de 1989. Las imágenes y el texto en verde son de 2014]

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Joaquín Lomba Fuentes

NOTA en 2014

Recuerdo todavía la gran emoción intelectual que supuso para mí la lectura. hacia 1989, de los dos libros de Joaquín Lomba Fuentes La filosofía judía en Zaragoza y La filosofía islámica en Zaragoza. Son dos libros magníficos.

Tiempo después, escribí un comentario a esta entrada: “¿Es el arte siempre imitación?”



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Shakespeare y su época

En 1599. Un año en la vida de Shakespeare, James Shapiro intenta mostrar a Shakespeare en relación con su época, rechazando la frecuente opinión que lo presenta como una especie de milagro, un fenómeno único e inexplicable:

“Sólo recientemente ha empezado a darse un cambio de opinión en contra de la visión de Shakespeare como un poeta que trasciende su época, un poeta que escribió, como dijo Samuel Coleridge, “lo mismo que si fuese de otro planeta”.

Y es verdad que cuando uno se detiene a observar a otros personajes de la época isabelina, se queda asombrado, desde John Donne a la reina Isabel, desde Cornwallis, que escribió unos ensayos montaignescos, al propio Montaigne como influencia (y claro, a Plutarco, hoy injustamente menospreciado, antes que Montaigne); desde la Escuela de la Noche de Walter Raleigh y compañía a John Milton y John Selden (de quien ahora leo sus Charlas de sobremesa con asombro); desde Christopher Marlowe y Ben Jonson a la influencia italiana, francesa y española (incluido el Quijote), etcétera. Shakespeare, tras ver lo que tenía alrededor, puede seguir asombrándonos, pero no resulta inexplicable.

 

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[Publicado el 17 de diciemnre de 2007]

WILLIAM SHAKESPEARE

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