Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Kim Chun-su es un poeta coreano que murió hace algunos años. Sus compatriotas consideran que es el poeta más importante del último siglo.

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A Chun-su le interesaban mucho la literatura y la filosofía europea, en especial la fenomenología de Husserl, pero también se sentía dividido entre Marx y Freud, entre el ser social y el ser individual. Este conflicto me resulta cercano, porque yo también me siento a menudo dividido entre esos dos impulsos, que yo asocio con el confucianismo (ser social) y con el taoísmo (ser individual), o con el gran camino (mahayana) y el pequeño camino (hinayana) budistas.

Muchas veces es más fácil identificarnos con lo distante que con lo cercano, posiblemente porque lo cercano está lleno de ruido mediático y es difícil llegar a escucharlo con atención: lo vemos a diario y nos llama la atención todo lo negativo y mediocre. Quizá por eso Chun-su buscaba en Europa y yo busco en Asia o en la antigüedad grecorromana. Goethe encontró en el persa Hafiz esa voz cercana que no encontraba en Alemania, excepto durante su breve pero intensa amistad con Schiller.

Chun-su también estaba poseído por Dostoievsky. En esto coincido con él, porque no puedo negar que la lectura de Dostoievsky ha supuesto varias veces para mí un verdadero golpe emocional. Al recordar las sensaciones que la lectura de Dostoievsky ha llegado a producirme, soy caoaz de elevarme sobre el ruido mediático que hoy en día rebaja cuanto puede a Dostoievsky, empezando por su compatriota Nabokov, quien le debe más de lo que quiere reconocer.

A Dostoievsky se le juzga por lo que representa en el canon cultural, por su figura literaria, más que por sus textos. Se le exige un realismo y una coherencia narrativa que olvida que el arte no está obligado a seguir la teoría aristotélica de la imitación o mímesis y que también puede crear sus propias reglas. Aceptar por un momento esas reglas, mientras leemos una novela, no tiene por qué implicar que también aceptamos los propósitos o teorías del autor. Aunque es un placer encontrar a personas que piensan como uno mismo, a veces los autores más estimulantes son los que menos se parecen a nosotros. A mí me gusta decir que albergo suficientes sensibilidades para apreciar todo tipo de cosas, al margen de lo que mi juicio crítico desencadenado pueda después dictaminar sobre ellas. Algo semejante a lo que decía Samuel Johnson acerca de su cerebro isabelino:

“Presumo yo más bien de poseer en una sola cabeza dos mentes: una mente isabelina, que se entrega a Shakespeare sin hacerse preguntas que no sean las qué él mismo me arroja, y otra que vive en el presente, en este siglo de plomo y academias, y que observa escondida, pero que no interviene hasta que ha llegado su momento.”

Ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys, precuela de Jane Eyre

Ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys, precuela de Jane Eyre

Poseído por Dostoievsky es un libro que podría parecer absurdo o banal a primera vista, pues se trata de poemas escritos por los personajes de Dostoievsky . Literatura sobre la literatura, mitomanía, poesía intelectualista, un camino muy arriesgado que suele acabar en el pastiche. Pero hay excepciones muy hermosas, como algunos poemas de Kavafis con personajes griegos o romanos, algunos cuentos de Karel Kapek en los que dialogan, en alguna especie de cielo literario, dioses o personajes clásicos; muchos de los deliciosos diálogos de los muertos de Luciano en los que aparecen dioses, gobernantes y filósofos; o la novela Ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys, donde se cuenta la historia del misterioso personaje de Jane Eyre, la novela de Charlotte Bronte, aquella Antoinette Cosway, la primera esposa de Rochester, que vive sumida en la locura, encerrada en la buhardilla de Thornfield Hall.

También me recuerda esta obra de Chun-su a la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, en la que todos los poemas son epitafios de los muertos de un cementerio. Tanto en la obra de Lee Masters como en esta de Chun-su el placer aumenta a medida que lees más poemas y tu mente, de manera casi inconsciente, va descubriendo nexos entre unos y otros. Junto a ello, una sensación de recorrer diversos lugares, como las estancias de una casa, semejante a la que se experimenta con la lectura de una novela, y que no es tan frecuente con la lectura de poemas.

 

Ofrezco aquí dos de los poemas del libro de Chun-su.

CON TODO MI RESPETO A MI MAESTRO STAVROGIN

Con una planchuela enrojecida al fuego
puebo achicharrarme el costado.
Con un cuchillo me levanto las uñas de la mano
y también las uñas de los pies.
¿Cuánto podré aguantar?,
mido la altura de mi imaginación.
Demasiadas palabras y demasiados problemas,
es la metafísica de la torre de babel
que yo sacudo.
Digo derrúmbate, derrúmbate
hasta que se derrumbe.
Sin embargo, como le sucedió a un poeta,
una espina verde de la primavera tardía
se me clava. Finalmente me mata.

Esta es la realidad.
Un corpezuelo físico compuesto de siete partes de agua,
¿qué haré con esta vergüenza,
maestro?

A punto de suicidarse,
su estúpido discípulo Kirilov.

 

A NATASHA

Natasha,
el crimen
es un escabeche
que se hace poniendo carne y sangre en sal.
El setenta por ciento es sal.

Petersburgo, como un poema de Baudelaire,
huele a sodio por todas partes.
Después de lanzarme a las ruedas de un coche de caballos,
yo también pude saberlo:
aún en el dolor de muelas hay placer.
¿Por qué Sonia, pese a que vendió su cuerpo,
se convirtió en un ángel?
Añorando la luz,
esperamos ahora la noche.

El príncipe Valkovski,
un holgazán que no hizo nada en esta vida.


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[Publicado por primera vez el 21 de junio de 2004]

NOTA EN 2013: Me ha sorprendido encontrar aquí la metáfora de un libro de poemas o una novela como una estancia que se recorre, porque no recordaba haber pensado en ello antes de leer el Prefacio a Platón de Eric Havlock (algo de lo que hablo muy extensamente en La cicatriz de Ulises)

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Kungzi según Gore Vidal

Kungzi (Confucio) por Ana Aranda vasserot

Antonio Penadés comparó en la presentación de Recuerdos de la era analógica algo que digo en el relato “Que nada se crea” con la novela histórica de Gore Vidal Creación.

Se trata de aquello de la coincidencia en un mismo momento histórico de figuras fundamentales de la cultura mundial: los presocráticos y Sócrates, Kung zi (Confucio), Lao zi, Buda, Zaratustra y Mahavira. No es un descubrimiento del que podamos presumir ni Gore Vidal ni yo, puesto que es una idea muy repetida, aunque quizá incorrecta, porque tal vez no fueron tan coetáneos muchos de estos personajes, aunque sí parecen moverse en un arco temporal de unos 300 años.

Yo no había leído el libro de Gore Vidal, que he escuchado hace unas semanas, y me ha gustado bastante. Está protagonizado por un embajador persa, nieto de Zaratustra, que viaja a la India y a China (que llama Cathay, para dejar claro que China como tal entonces no existía) y conoce a todos estos personajes. El que más le impresiona es Confucio (Kungzi), a quien considera el más inteligente de todos ellos. Es muy probable que sea un juicio acertado. Creo que Confucio, a pesar de mi tremenda admiración por Zhuangzi, era verdaderamente listo e inteligente, sensato y sabio, y sólo  se me ocurre una comparación posible con Demócrito (de quien quedan tan pocos fragmentos que resulta difícil saberlo).

Por cierto, Demócrito es casi coautor de Creación, pues es él quien toma al dictado las palabras del embajador persa. Es probable que Gore Vidal no lo eligiera por casualidad.

 

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[Puedes ver y escuchar el comentario acerca de Gore Vidal de Antonio Penadés aquí: Los griegos y Gore Vidal]

[Publicado por primera vez el 11 de mayo de 2010]

La teoría de la relatividad de Urashima

Lee mi versión del cuento en: El pescador Urashima

En el cuento clásico japonés El pescador Urashima, su protagonista salva a una tortuga, que le invita a visitar el mundo de la reina de los mares. Ambos se sumergen y llegan a un palacio submarino de madreperla.

Urashima a lomos de la tortuga

 

 La tortuga resulta ser una hermosa muchacha, con la que Urashima se queda a vivir. Sin embargo, cuando transcurren tres años, el joven echa tanto de menos a su anciana madre que pide a la reina de los mares que le deje regresar a su hogar. La reina de los mares accede y le da una cajita “que le puede dar la felicidad”, pero que “no debe abrir”.

Urashima regresa a la superficie a lomos de la tortuga. Al llegar a su pueblo, le parece estar en un lugar desconocido. No conoce a nadie y las casas son diferentes, excepto el Templo del Dragón Rojo. Llega a su casa, que descubre abandonada. Busca a su madre por todas las habitaciones, no la encuentra. Pregunta a un vecino, el hombre le dice que no conoce a esa anciana, pero que sí sabe que hace muchísimos años vivió en esa casa un pescador llamado Urashima, que murió ahogado.

Es entonces cuando Urashima se da cuenta de que han pasado más de cien años desde el día en que se sumergió en el mar. Conserva la cajita que le dio la reina de los mares, la abre, un humo espeso se expande en el aire y al instante el pescador envejece y el pelo se le pone blanco. Ha descubierto que el tiempo en el mundo de la reina de los mares trascurre más lento que en el de los seres humanos.

urashima

Urashima descubre que todo ha cambiado

Aquí no sólo se trata de que junto a los dioses o los seres mágicos se pueda recuperar la juventud, como sucede en ese hermosísimo relato de Lampedusa llamado Ligea; tampoco se propone la paradoja de ser inmortal junto a los dioses, como el desgraciado Titonos, que vivió siglos junto a Eos, la aurora, pero que olvidó pedir la eterna juventud y se fue arrugando hasta convertirse en un bulto sin forma. No se trata tan sólo de eso, sino de la certeza de que el tiempo transcurre más lentamente en el mundo de los dioses.

Es algo que también sucede también en las aventuras del rey mono chino. Cuando Wu Kung, el rey mono, regresa junto a sus súbditos después de pasar un año en el mundo celeste, sus súbditos le dicen que ha tardado muchísimo. Él responde que sólo ha estado fuera un año, pero los revoltosos monos le corrigen: “Un año en el reino de los dioses es como cien años en el mundo de los mortales”.

Parece, en definitiva, que habitar entre los dioses es semejante a viajar en una nave espacial a una velocidad cercana a la de la luz: el tiempo transcurre allí más lentamente. Eso nos recuerda la célebre paradoja de los gemelos de la teoría de la relatividad: un hermano se queda en la tierra y el otro viaja en una nave espacial que casi alcanza la velocidad de la luz. Al regresar a la Tierra, treinta años después, el gemelo astronauta, descubre que en la Tierra han trascurrido trescientos años. La física nos dice que esto no es una fábula.

Hay otros cuentos en los que sucede lo mismo que le sucede a Urashima , por ejemplo, El gobernador del sur, de Li Gonzuo. También me parece que sucede algo semejante en un relato galés del Mabinogion, además de en un relato del ciclo de Ossian inventado por James McPherson: Oisin.

Creo que este tema del transcurso relativista del tiempo en los cuentos, y en general la manera de considerar el transcurso del tiempo en la ficción que suele llamarse popular o tradicional, es muy interesante, como he intentado mostrar en mi ensayo El transcurso del tiempo en la ficción universal.

Otro aspecto interesante del cuento, lo que podríamos llamar un motivo mitológico o mitema, es el del regalo de los dioses que los humanos no deben abrir. Me refiero a la cajita de Urashima, que él abre, con lo que se convierte en un anciano. El ejemplo más conocido es sin duda la caja de Pandora, que Prometeo regala  a los seres humanos y que Pandora abre llevada por la curiosidad, lo que hace que todos los males contenidos en la caja escapen y asolen desde entonces el mundo. Otro, aunque bajo la forma de un fruto en un árbol, se encuentra en el paraíso imaginado por los judíos, es la manzana que muerde Eva. Casi siempre se trata de un obsequio de los dioses que podríamos llamar “regalo envenenado”, una especie de prueba que se entrega con cierta mala intención, tal vez para descubrir si el humano es digno de lo que los dioses le han concedido. La lección de esos cuentos es que la curiosidad es peligrosa, pero también que debemos aceptar lo que los dioses nos den sin rechistar.

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Unidad europea y separatismo

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Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el lunes 8 de julio de 1991

 Unidad europea y separatismo

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Ilustración de LPO para El Independiente (8 de julio de 1991)

Es perfectamente posible pensar que el nacionalismo es una estupidez y considerar, al mismo tiempo, que la respuesta violenta a las ansias nacionalistas no sólo es una estupidez mayor, sino también una muestra más de nacionalismo. Muchos opinan que la proclamación de la independencia eslovena es un ejemplo de nacionalismo irracional, pero no parece que opinen lo mismo de la sangrienta represión llevada a cabo por el Estado central yugoslavo. A Felipe González le preocupa que el virus nacionalista se extienda a otras «regiones europeas» (entre diecisiete y cuarenta. pero todos sabemos cuál o cuáles le preocupan realmente). Lo que debería inquietarle es que se emplee la violencia, siguiendo el ejemplo yugoslavo, para reprimir los eventuales deseos secesionistas de esas «regiones».

Los analistas dicen que Europa se halla nuevamente en una situación muy compleja, tras el largo letargo de la guerra fría: por un lado se busca la unidad, la abolición de las fronteras; por otro, la división, la multiplicación de las fronteras. Sin embargo, tal vez se trata de un debate falso y simplista: en una Europa unida, los estados plurinacionales no tendrían razón de ser y sí la tendrían las comunidades que suelen llamarse «naturales»: la catalana, la vasca, la eslovena, la estonia, etcétera. Si ha de llegar un día en que los europeos voten y sean gobernados por un Parlamento Europeo, no está muy claro qué papel le correspondería en tal situación al Parlamento español, que no podría ocuparse ni de los asuntos particulares ni de los generales. En efecto, los asuntos regionales serían competencia de las diversas comunidades autónomas, que ya cumplen, con mayor o menor acierto, esta tarea; las cuestiones generales dependerían directamente del Parlamento Europeo. No se ve ninguna razón para multiplicar los entes, los intermediarios, la burocracia, creando o manteniendo un Parlamento español que conecta, a través de un desvío, a los catalanes, a los andaluces o a los madrileños con el Parlamento Europeo. En una Europa unida desaparecerán, en efecto, muchas fronteras y muchas aduanas, por ejemplo las que separan Francia de España, pero no desaparecerán las que separan Galicia de Asturias o Valencia de Murcia, sencillamente porque no existen. Las regiones difícilmente serán inútiles en una Europa unida, los estados plurinacionales si, incluido el yugoslavo.

En cualquier caso, y sea cual sea la solución o el modelo que finalmente se adopte (una Europa de doce países unidos o una Europa verdaderamente unida), de lo que se trata ahora no es de la conveniencia o no del surgimiento o no de nuevos estados, sino del uso de la violencia. Lo que no se debe permitir, y lo que ha de ser el eje de cualquier debate, es el recurso a la fuerza, ni para conseguir la independencia ni para impedirla. Ello supone, evidentemente, el respeto a la voluntad de cada comunidad y, en consecuencia, la posibilidad de expresar esta voluntad democráticamente, pues resulta un contrasentido recomendar a los separatistas la vía democrática y prohibir legal o constitucionalmente cualquier posibilidad de secesión.

La libertad, se dice, trae consigo el abuso; la represión no sólo produce también el abuso, sino que además es irracional. Conceder la independencia o la autonomía a los pueblos que la deseen tal vez no arregle todos los problemas ni garantice el fin de la violencia, pero negársela tampoco es un buen remedio, y de ello hemos tenido ya abundantes ejemplos. Resulta asombroso que se mantenga hoy en día el dogma de la invariabilidad de las fronteras y la integridad territorial, y que la Conferencia de Cooperación y Seguridad Europea lo haya adoptado, diciendo cosas tan peregrinas como que para que un territorio se separe han de estar de acuerdo las dos partes: al Estado central le basta con no dar su consentimiento a esta separación por mutuo acuerdo. Esto, la coincidencia total entre ambas partes, es siempre deseable, pero raramente es posible; como decía Flora Lewis, un mes antes de la proclamación de independencia eslovena, «no es posible en Yugoslavia un ‘divorcio’ civilizado y amistoso».

Todavía resulta más sorprendente que por una vez que Estados unidos se comporta de manera racional, diciendo que estaría dispuesto a reconocer la independencia de Croacia y Eslovenia si se lleva a cabo por medios pacíficos. se critique su postura desde el editorial de este periódico. Hemos de dejar de pensar que las fronteras son inmodificables, porque ese dogma nacido del miedo nos está llevando a la catástrofe que pretendía evitar. No podemos seguir pensando que la libertad de elección y los procedimientos democráticos están vedados a las naciones que consideramos conflictivas. La unidad a sangre y fuego, lejos de garantizar la estabilidad, ha llevado a Europa a momentos terribles y puede precipitamos de nuevo en el odio y la guerra civil. Hemos de respetar la voluntad actual de las diversas comunidades, sea cual sea su tradición y su historia, pues la historia puede explicar el presente, pero no debe determinar el futuro; no son los muertos, sino los vivos, los que han de elegir su destino.


 

NOTA EN 2015: a pesar del tiempo transcurrido, sigo estando de acuerdo en lo fundamental con lo que digo en este artículo. Quizá sí sea necesario aclarar que el hecho de estar en contra del uso de la violencia en los conflictos territoriales no implica que yo personalmente esté a favor o en contra del nacionalismo o de la formación de nuevas naciones. Sobre este asunto, se puede leer también El arte de lo posible en Cataluña.


POLÍTICA

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

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