Democracia e imperio

El-independente-cabecera

Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el sábado 23 de marzo de 1991

Ilustración de LPO para El Independiente

Ilustración de LPO para El IndependienteBertrand Russell dijo varías veces que prefería un imperio mundial a una pluralidad de Estados enfren­tados. Algunos teóricos actuales sugie­ren que ese imperio podría establecerse bajo el mando bicéfalo de la ONU (po­der político) y de los Estados Unidos (poder militar). Aunque las declaracio­nes de Russell fueron hechas durante la «guerra fría», cuando las alternativas parecían ser imperio mundial o conflicto nuclear, la propuesta de un Gobierno mundial no es mala, e incluso sería el ideal al que debería tender la humani­dad. No creo, sin embargo, que ese ideal coincida con el de quienes abogan por el imperio americano. De lo que se trataría, en mi opinión, sería de establecer un Gobierno mundial democrático, no un imperio mundial regido por una o varias naciones, ya sean éstas democráticas o no.

No me cabe ninguna duda de que no hay sistema político mejor que la demo­cracia, pero también sé que el que una nación sea democrática no implica que su política exterior también lo sea: la In­glaterra colonialista era democrática puertas adentro, pero profundamente antidemocrática en su actuación como imperio. Y éste es el tipo de imperio en que confían quienes quieren entregárse­lo a los Estados Unidos. Un imperio en el que habría ciudadanos de primera, los estadounidenses; de segunda, sus alia­dos del mundo desarrollado, y, por últi­mo, súbditos, el resto del mundo. Un imperio en el que unas cuantas naciones democráticas se esforzarían por mante­ner su altísimo nivel de vida a costa del resto del mundo, interviniendo con toda la contundencia militar necesaria cuan­do su privilegiada situación se viese amenazada.

Es muy difícil, desde la perspectiva de un ciudadano europeo, darse cuenta de lo injusto que es el mundo actual. Porque se puede afirmar, es cierto, que el llama­do mundo occidental es el mejor de los mundos, pero no de los posibles (que son infinitos), sino de los habidos hasta aho­ra. Así parece indicarlo la desaparición de la esclavitud, la mejora de las condi­ciones laborales y la progresiva libera­ción de la mujer. A muchos hombres esto último, la no discriminación desde su nacimiento de la mitad de la humanidad, apenas les parece relevante, como muestra el que argumenten sin ningún sonrojo que en esta o aquella época la sociedad era más libre, justa e igualitaria que en la actual.

Occidente, pues, atra­viesa por uno de sus mejores momentos, pero el resto del mundo pocas veces ha estado peor que ahora: 1.500 millones de personas pasan hambre en África, Asia y Sudamérica, 1.000 millones de chinos viven bajo una dictadura cruel (con la que el Gobierno español parece llevarse muy bien) y al menos otros 1.000 millones de seres humanos pade­cen distintas formas de opresión. Un cálculo muy optimista nos permite afir­mar que 500 millones de personas dis­frutan del mejor de los mundos, mientras tal vez 4.000 millones viven en condiciones lamentables. Condiciones que, o bien han sido provocadas por el primer mundo, o bien, cuando no ha sido así, éste ha mantenido la situación, e in­cluso se ha aprovechado de ella, a pesar de estar en sus manos la posibilidad de remediarla o paliar en gran medida su carácter trágico.

Volviendo al imperio bicéfalo pro­puesto, su poder político, la ONU, está poco capacitado para extender la justicia en el mundo, pues no sólo carece de de­mocracia interna (cinco países con dere­cho a veto), sino que parece sólo intere­sado en defender, cuando lo hace, los de­rechos de los estados, y no los de los in­dividuos. Así, permite el asesinato de decenas de miles de iraquíes para liberar un Estado de dos millones de habitantes, pero no hace nada realmente significati­vo por los 1.000 millones de chinos que viven bajo la dictadura, ni por las muje­res de los países islámicos, ni siquiera por los iraquíes asesinados por Sadam Husein (si Husein se hubiese limitado a matar a su propio pueblo, nada le habría pasado). La doctrina de la ONU en este aspecto es que el asesinato y la dictadura están permitidos siempre y cuando sean autóctonos y no pongan en peligro el «statu quo». En cuanto al poder militar de ese Gobierno mundial, los Estados Unidos, casi sobra todo comentario. Ha­ce poco se acusaba a los pacifistas y a los izquierdistas de ingenuos, pero parece mentira que alguien crea todavía que los Estados Unidos y sus aliados se esfuer­zan en extender la democracia, mantener la paz y acabar con la pobreza. Más asombroso resulta confiar en que ésas serían sus obsesiones si se le entregase el mando universal, cosa que quizá ya se ha hecho de facto.

No es necesario ser «visceralmente antinorteamericano» —cosa que yo no soy ni he sido nunca— para darse cuenta de que la política actual de los Estados Unidos se halla muy lejos de las ideas de sus padres fundadores, y que a la poderosa industria de armamentos no le puede interesar un mundo sin gue­rras. Los que todo lo justifican podrán argumentar, nuevamente, que lo anterior es la clásica teoría del complot, que la prosperidad occidental no tiene nada que ver con el hambre del Tercer Mun­do, que la industria de armamentos es un negocio ruinoso y que la democracia y el bienestar no sólo se dan en el mundo occidental, sino en todo el planeta. Podrán, por tanto, seguir pensando que se debe animar a Estados Unidos a mantener el orden internacional. Pero, si todavía piensan que ese orden y ese imperio tie­nen algo que ver con los propuestos por Russell, deberían volver a leer no sólo sus escritos políticos, sino también algu­no de sus cuentos («Zahotopolk», por ejemplo) para comprobar lo equivo­cados que están.


NOTA EN 2016: veinticinco años después, sigo estando de acuerdo en las líneas fundamentales del artículo, aunque podría hacer unas cuantas matizaciones, que reservo para otra ocasión.  La guerra con Saddam Husein de la que hablo no es la invasión de Iraq, sino la primera guerra del Golfo para liberar Kuwait. Como es obvio, la situación de la mujer en el mundo musulmán ha empeorado en muchos lugares, entre ellos Iraq y Kuwait, y el radicalismo islámico ha aumentado mucho desde entonces y es ya, quizá la mayor amenaza para un mundo civilizado.


POLÍTICA

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Originally posted 1991-03-23 17:04:21.

La polémica acerca de Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Antes de ver la película de Bertolucci Soñadoreshabía asistido a algunas discusiones acerca de la postura política de los personajes. Unos defendían la postura de Matthew, el americano, otros la del francés, Theo.

Eso me hizo pensar más de la cuenta durante la película en lo que decía el francés y en lo que decía el americano. La verdad es que no vi muy claramente en qué bando podía estar yo. A veces estuve de acuerdo con el francés, como cuando critica la guerra de Vietnam o cuando defiende a Chaplin frente al nuevo rey emergente de los cinéfilos (Buster Keaton). Pero, otras veces me pareció más sensato lo que decía el americano: la parte final donde dice que los cócteles molotov son fascismo embotellado.

Creo que una de las cosas que hace muy bien Bertolucci en Soñadores es mostrar a veces dogmáticos a sus personajes, pero no mostrarse él dogmático: un personaje dice una cosa y el otro dice otra, pero Theo y Matthew no son teorías encarnadas: son personas. Se equivocan a menudo, dicen cosas absurdas, a veces incluso sabiendo que las dicen. Esto se trasmite a veces de manera llamativa al mantener el plano del rostro de alguien que acaba de decir algo: esos instantes de más nos permiten descubrir que no cree de verdad en lo que dice, o que ya está cambiando de opinión.

Así sucede, creo yo, en la parte en la que Theo habla de la revolución Cultural china y del libro rojo de Mao. Es fácil ahora estar doblemente de acuerdo con los argumentos de Matthew, puesto que ahora todos sabemos y queremos saber qué fue la Revolución Cultural China, que consistió no sólo seguir como un dogma un único libro, sino  en asesinar por él. Pero Theo no sabe eso y habla del libro no como de un arma violenta, sino como de algo que puede llevar una sociedad mejor. Cuando Matthew le muestra lo que significa seguir un único libro, Theo parece comprenderlo, a pesar de que el final de la película parezca desmentirlo, cuando Theo “se junta con una multitud para hacer el mal”. Sin embargo, ¿cuántos no actuaron entonces como Theo, repitiendo consignas pero viviendo de una manera que desmentía esas consignas, creyendo y no creyendo en lo que hacían? El que esté libre de pecado, que no tire la primera piedra: yo también tiré una vez un cóctel molotov, aunque lo dirigí contra el asfalto de una calle vacía y creo que me arrepentí esa misma noche.

Pero no siempre actuamos de manera racional, ni siquiera siguiendo nuestras propias razones, y esa es una cosa que Soñadores muestra bien. Ahora es muy fácil ver que el americano tiene razón en las cosas más importantes (excepto Vietnam), pero quizá se nos escapan opiniones más cercanas a la de Theo en otros asuntos más actuales.


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Originally posted 2004-01-08 14:38:57.

¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Estos días he discutido con dos personas acerca del mismo tema: las medidas adoptadas en Brasil contra los turistas estadounidenses, en reciprocidad o represalia por las medidas que los estadounidenses adoptan con los turistas brasileños (o con todos los turistas).

Con las dos personas con las que he discutido, el fondo de la cuestión ha sido el mismo: a ellos les parecía estupendo lo que hacía Brasil y a mí me parecía un sin sentido. Antes de ver Soñadores, yo mismo dije a una de esas personas que responder a la humillación con la humillación, a lo policial con lo policial y al fascismo con el fascismo no es mi ideal de la lucha contra la humillación, lo policial y el fascismo. Me parece que Matthew dice lo mismo al final de la película, así que me sorprende que quienes elogian lo que dice Matthew no vean la semejanza entre ambas situaciones.

Es fácil darse cuenta de cuál era la postura correcta hace 35 años (en 1968), pero creo que no es tan difícil ver el paralelismo con lo que sucede en Brasil. Si Estados Unidos adopta una postura que consideramos denigratoria y abusiva, difícilmente me puede parecer que esté bien que Brasil adopte esa misma política denigratoria y abusiva.

Otras personas se han mostrado inmediatamente indignadas por la supuesta reciprocidad brasileña y han imaginado, como yo, a turistas de carne y hueso humillados en una aduana, y no en leyes y símbolos. Algunas personas se han dado cuenta del error y han rectificado fácilmente.

Si no menciono ningún nombre aquí es porque hacerlo sería abusar de una posición de poder, la de alguien que tiene a su disposición una página web. Así que si alguno de ellos quiere responder, anónimamente o no, puede hacerlo, porque aquí es posible que yo haya simplificado, tergiversado o, sencillamente, no expresado sus argumentos en defensa de la reciprocidad brasileña.


[Ver también Soñadores y La polémica acerca de Soñadores]

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Originally posted 2004-01-09 14:42:11.

Expertos y marxistas

Lenguaje de expertos /2

marxism[Escrito en 2003]

Sin duda, usted, al ver la lista de palabras recomendadas en Hable como un verdadero experto, se habrá dado cuenta de que existe un cierto aire de familia entre el lenguaje de los expertos y el de los antiguos marxistas. No es extraño, puesto que hasta hace no mucho ambas tendencias y lenguajes solían ir unidos: los expertos (o quienes más presumían de serlo) eran casi siempre marxistas. Por otra parte, seguramente  ya habrá notado usted  que en los últimos años vuelven a soplar vientos marxistas, o al menos una brisa neomarxista, tras el silencio en que cayeron bajo los cascotes del muro de Berlín. Sin embargo, le recomendamos (emplee siempre que pueda este tipo de plural, aunque sólo opine usted), que no se arriesgue todavía a utilizar expresiones como:

marxism stalin1)  “superado”, “metalectura”, “Modo de Producción”.

2) “praxis” (sustituya esta utilísima expresión por “practicidad”),

3) “burgués”, “burguesía”: los burgueses desaparecieron al mismo tiempo que los marxistas, aunque gente poco informada todavía se refiere a ellos, causando hilaridad o incomprensión en las filas más jóvenes de los expertos.

4) “Desviaciones”.

5) “Articular” (esta expresión ya ha pasado al lenguaje vulgar), “enfoque, “factores económicos”.

6) “Aporte dialéctico” (y todas las variables de “dialéctica”).

7) “lógicamente necesario” (en contextos no lógicos)

8) “objeto real-concreto”, y  todas las combinaciones con guión en las que cualquiera diría que se está diciendo lo mismo a un lado y al otro del guión (¡Pero no es así, ojo!, es sólo una trampa dialéctica).

Sin embargo, este es un momento ideal para que usted compre las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Mao , Stalin, Althusser, etcétera, que los marxistas vendieron hace 10 o 15 años y que todavía se pueden encontrar a precios de risa en las librerías de saldo. A lo mejor, dentro de poco, los precios se disparan.


Epílogo en 2015: la predicción, en cierto modo se ha cumplido y ahora, en 2015, con la crisis, los libros marxistas han regresado a las librerías e incluso vuelven a escucharse palabras perdidas. Así que, esté usted muy atento a las novedades y a los nuevos vientos que soplan: desempolvar el viejo repertorio le puede resultar muy útil.

Nuevo epílogo en 2019: el renacer del marxismo o de tendencias cercanas o con un aroma semejante, no ha sido tan dominante entre la intelligentsia como hasta 1989, quizá porque ahora no hay intelligentsia, pero sí ha traído un nuevo lenguaje


[Escrito en 2003]

 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)


Karl Marx y el marxismo

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SIGNOS

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POLÍTICA

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Originally posted 2015-07-10 01:15:42.

Metáforas de cine

Aceptar que la Tierra es redonda y que no se caen los que viven en “el lado de abajo”, y que, además, el planeta se mueve en el espacio a una velocidad vertiginosa sin que nos caigamos todos, es algo que choca contra la intuición y que desafía al sentido común. No es extraño que muchos se negaran a aceptarlo durante siglos.

El cine también nos ha hecho aceptar con naturalidad algo que parece completamente absurdo: que lo que nos parece una acción continua en realidad esté compuesto por fotogramas independientes de imágenes estáticas.

Esta asombrosa revelación nos prepara para aceptar asuntos todavía más extravagantes, como algunas consecuencias de la física cuántica o la relativista. El cine, en efecto, es un término de comparación estupendo para la física cuántica, porque los electrones también “se saltan los intermedios”.

En efecto, el electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición: ahora está en esta órbita y después está en la siguiente, pero no atraviesa el estado intermedio. Eso es lo que se llama un salto cuántico. Del mismo modo, en la proyección de una película, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente. No hay continuidad bajo las apariencias, ni en el cine ni en el mundo subatómico.

Fotogramas del átomo

Aunque puede parecer extraño que no veamos los espacios de celuloide que hay entre fotograma y fotograma, lo verdaderamente asombroso es que no percibamos la oscuridad en la que permanecemos durante gran parte de la película.

En efecto, el obturador tiene que interrumpir el haz de luz del proyector dos veces en cada fotograma, para que tengamos la ilusión de movimiento. De este modo, el celuloide avanza un fotograma cada 42 milisegundos, pero el fotograma no es mostrado durante toda la duración de esos 42 milisegundos.

En realidad, el fotograma se muestra durante 8,5 milisegundos, pero luego es ocultado por el obturador durante 5,4 milisegundos; se muestra de nuevo otros 8,5 milisegundos, se oculta otros 5,4 milisegundos y es mostrado finalmente otros 8,5 milisegundos. Es decir, vemos el fotograma durante 25,5 milisegundos y no vemos nada durante unos 16 milisegundos.

En realidad, como dicen Bordwell y Thompson, en una película que dure 100 minutos, “¡el público está sentado en absoluta oscuridad durante casi cuarenta minutos!”

Heráclito decía panta rei, todo fluye. Ahora sabemos que es posible que algo no se mueva y que ni siquiera se vea durante un 40 por ciento del tiempo, como las imágenes de los fotogramas del cine, y que, sin embargo, puede parecer que se mueve de manera continua.

Así que podemos preguntarnos si ese río de Heráclito que nunca es el mismo río, no será tan sólo una ilusión, y concluir que tal vez tuviera razón su rival, Zenón de Elea, cuando afirmó que el movimiento no existe. También la realidad que vemos podría no ser continua. Tal vez el movimiento que creemos ver es creado por nuestra percepción, que quizá funcione como un proyector de cine, creando continuidad donde no la hay. Tal vez vivimos en un universo estático o parpadeante sin saberlo.


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Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Debido a algún prejuicio o idea hecha, no tenía ganas de ir a ver esta película. También los espectadores somos a veces como esos productores americanos que valoran a un director en función de su última película. Y supongo que no me gustó la última película que vi de Bertolucci, aunque lo cierto es que tampoco recuerdo que me disgustara.

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Al empezar la película fui arrebatado por ella inmediatamente y me pasé todo el principio en un estado parecido a la enajenación o la borrachera mental. Después, caí de ese estado: la película me siguió interesando, pero no provocaba ya en mí sensaciones tan intensas.

Yo soy un buen espectador de cine porque me entrego a la película, pero un mal crítico porque no me entrego al análisis, así que tampoco lo haré ahora. Creo que las películas son un conjunto de cosas sencillas y complejas mejor o peor unidas y que es una soberbia extrema pretender reducirlas a un esquema crítico, detectar todos sus errores y aciertos como un entomólogo. Ponerle nombres a las cosas no significa haberlas entendido. A menudo significa todo lo contrario.

Simplemente intento aquí describir algunas ideas y emociones que la película me provocó. Muchas de esas emociones tienen que ver con el cine, porque Soñadores está llena de imágenes de cine que se entrelazan con la vida de los personajes. Imágenes de cine clásico y del cine que se hacía en los años en los que transcurre la película: Jules et Jim, Band apart… la nouvelle vague.

Ahora muchas de esas películas no son otra cosa que pasto para los críticos, pero para mí su fuerza permanece intacta, porque esa fuerza no depende de consideraciones estilísticas o ideológicas, esa energía sobrevive a pesar de todas las teorías con las que fueron hechas y con las que son analizadas hoy.

Umberto Eco es un ensayista al que me gusta mucho leer, pero tiene una tendencia enfermiza por las dicotomías, por el “o esto o lo otro”. Es un gran representante de lo que Ana Aranda llama el pensamiento alternante. Una de las célebres dicotomías de Eco es la de “apocalípticos e integrados”. Otra, la que establece entre los críticos de narrativa o de cine: “orgásmicos” y “analistas”.

Si yo creyera en el pensamiento alternante de Eco, debería considerarme (como se ve por estos comentarios a Soñadores) entre los orgásmicos. Soy de los que dicen: “Oh!” “¡Ah!”, “Es una película deliciosa”, “me ha encantado”, etcétera.

Pero, como yo no comparto la afición de Eco por las dicotomías ni tengo ganas de pertenecer a ninguna banda intelectual, diré que también me gustan los análisis y algunos analistas. Como Chesterton decía de los liberales: “Siempre he creído en el análisis, pero hace tiempo que abandoné la infantil ingenuidad de creer en los analistas”.

Pero, claro, un buen análisis tiene que cumplir al menos una condición: si no logra mejorar la película, al menos no debería empeorarla y reducirla, trasformándola en menos de lo que es. Muchos críticos actúan como los jíbaros del Amazonas: se llevan la cabeza cortada para su colección, pero tan reducida y arrugada que ya apenas se distinguen los rasgos y es imposible saber si esta cabeza perteneció a Fulano y esta otra a Mengano: lo único que podemos saber es que las dos cabezas pertenecen al coleccionista.

Cuando vamos a un museo, unos cuadros nos gustan y otros no. Pasamos rápido por las salas que no nos ofrecen nada interesante y nos detenemos en las que nos muestran bellezas desconocidas, o quizá ya conocidas pero dignas de ser degustadas de nuevo. Una película, sin embargo, nos impone la secuencia con la que la recorremos. No podemos variar el itinerario, detenernos en una escena y hacerla eterna, como se hace eterno el instante de una noche de amor.

Es cierto, pero del mismo modo que no incendiamos el Museo porque nos haya disgustado la Sala 23, tampoco deberíamos hacer arder en el fuego de una crítica implacable una película que nos ha dado mucho placer y tal vez sólo un poco de aburrimiento o un mal movimiento de cámara.

Algunos críticos nos ofrecen siempre un juicio, un veredicto, pero ese no es el tipo de crítica que me gusta. Prefiero la manera de explicar y analizar, a veces hasta el detalle más nimio, que emplea Walter Murch. Después de leer lo que dice Murch, siempre tengo ganas de ver la película de la que habla y me da la sensación de que gracias a él, a Murch, he sabido ver cosas que no vi al ver la película.

Así que va llegando el momento de regresar a Soñadores, pues, para ser yo un orgásmico, este comentario parece más propio de un analista.

Sin duda este largo preámbulo se debe a que es la primera vez, creo, que en este o en otro blog he comentado una película, y me siento obligado a aclarar algunas cosas, para después hablar con naturalidad, pues el mundo de los cinéfilos está lleno de artificialidad. En definitiva, no hablo como crítico ni para los críticos ni pretendo que mis opiniones sean condenas o absoluciones. Son sólo opiniones del momento. Quizá en otro momento mis emociones y mis opiniones serían otras.

Continúa en La polémica acerca de Soñadores.


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Hable como un verdadero experto

Lenguaje de expertos /1

language-expertsSi usted quiere ser un experto en arte y literatura, filosofía y sociología, y si pretende usted optar a alguna ayuda, beca o premio oficial relacionado con el sector del arte, lo más importante no es que aprenda todas las cosas que ese tipo de expertos aprende. Eso puede ser útil, pero le llevará demasiado tiempo. Lo que importa es que usted aprenda a hablar y a escribir como ellos. Veamos algunos consejos de urgencia.


1)  No diga “persona”, diga “sujeto”

2)  No diga “lugar”, diga “espacio”

3) “No diga “lugar de encuentro o reunión”, y tampoco “sociedad”, diga siempre “espacio social”.

4) Diga a menudo:

a.   “Estructura”, pero no refiriéndose a edificios.

b.  “Consenso” pero no aplicado a la política ( como el consenso entre varios partidos). Por el contrario, úselo para relacionar entes concretos o abstractos que carezcan de cualquier atisbo de la voluntad o conciencia necesaria para establecer un consenso. Por ejemplo: “Se muestra así un consenso entre el espacio social y la estructura productiva”

c.   “Flujo” y “reflujo”, pero no referido a la regla de las mujeres.

d.  “metáfora”. Esto es lo mejor de lo mejor. Todo son metáforas, amigo mío, las cosas metaforizadas no se sabe si han existido alguna vez, porque todo es metáfora de algo. Si quiere rizar el rizo y epatar a la audiencia, puede usted darle la vuelta a las metáforas más conocidas: “A mí, los falos siempre me han parecido una metáfora de los faros”

e.   “lenguaje”, para referirse a cualquier cosa, desde la construcción de un hormiguero por las hormigas a los procesos gástricos.

f.    “continuo” y “discontinuo”

g.  “lineal” y “elíptico”, pero no en contextos relacionados con el dibujo o la astronomía.

h.  “contexto”, en cualquier contexto.

i.     “extremos”, “extremista”: para referirse a las propuestas artísticas de alguien o a sus ideas políticas (siempre, en este último caso, de un modo elogioso)

j.     “interno” y “externo”, pero intente no emplearlos como opuestos, sino más bien mostrar que lo interno es lo externo y a la inversa, o que ambas cosas son lo mismo. Recuerde, además, que una de las conclusiones inevitables a la que llegan los expertos cuando la discusión ya se hace un poco fatigosa es que “Todo es lo mismo en definitiva”

k.  “Identidad” y “diferencia”

l.     “performativo” y “preformativo”, “labor”, “configurar”.

m. “sistema”: siempre que pueda, es perfecto en combinación con “contexto”.

n.  “sentido” y “producción de sentido”, aunque no tenga ningún sentido. La segunda expresión tiene puntuación extra.

o.  “perfil”, en lugar de “retrato” o “descripción”, pero nunca referido a un rostro, sino siempre a una mente, a una biografía, por ejemplo, o a una actividad política.

p.  “minoridad”. Puntuación máxima.

q.  “criticidad”, y todo lo que termine en “idad”

r.    “implementar”: no abuse de ello, porque ya ha pasado al lenguaje de los políticos.

s.   “vertebrar”. No lo use, no sea antiguo hombre, que se le va a notar (ver, sin embargo, el  anexo “Expertos y marxistas“)

t.     “discurrir”, “Economía cultural”, “pasividad existencial” y “afirmación”.

Si usted, siguiendo estos consejos, escribe un texto convincente y en el que todo el mundo entiende lo que ha dicho, entonces es que ha hecho usted algo mal: ha fracasado y se van a dar cuenta enseguida de que usted no es un experto. Un experto ha de ser convincente, pero no se debe entender lo que dice, aunque todo el mundo jure que lo ha comprendido todo.

lenguaje

Memento

Recuerde siempre la anécdota de Eugenio D’Ors:

D’Ors dictaba los textos a su mecanógrafa Angelita.

Cuando terminaba, le preguntaba:

-¿Se entiende, Angelita?

-Perfectamente, maestro.

-Pues entonces, oscurezcámoslo.”

Y recuerde también la máxima de Cossio

“Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos.”

 

Lecturas recomendadas

lenguaje-johnny_automatic_wise_owl_on_booksLea usted a muchos autores franceses de la segunda parte del siglo XX. Empiece con Sartre, siga con Foucault, Derrida, Lacan, Althusser etcétera. No se preocupe si no entiende nada o si lo que entiende le parece poco interesante, lo importante es ir contagiándose de la manera de expresarse.

Hoy en día, lo más actual es repasar los escritos de Guy Debord y los situacionistas.

Es decir, escriba usted como un español del siglo XXI que quiere escribir como un francés del siglo XX que imita a los alemanes del XIX. Espeso y contundente, con cierto aroma científico pero con argumentos siempre incomprobables.

 

Dos buenos ejemplos para memorizar (¡¡ejemplos reales!!)

EJEMPLO 1

“El espacio social queda evocado en la imagen de una mesa redonda, una estructura democrática, igualitaria. Mesa sobre al que se produce sentido y donde se llega al consenso de la realidad por medio del lenguaje, que cumple una labor preformativa. Sin embargo se presenta aquí como un espacio ciego: Ausentes las imágenes, la representación opera a través de la palabra, del sonido que se articula en el “tiempo real”. La continuidad del flujo temporal es una metáfora psíquica construida y reforzada por el lenguaje -lineal o continuo como el tiempo común o consensual. Lo discontinuo supone una pérdida, una negación, el vacío, la muerte, la nada. Sin embargo, estas nociones negadas por la sociedad, están en nosotros. La vida se opone a la vida. El ser es contradictorio, dramático, extremo.

EJEMPLO 2

Dos condiciones de posibilidad para hacer sostenible este esquematismo. Primera: su minoridad, cuanto más micro sea el aparato, menos requerimientos de ingeniería para equilibrar energía de gasto y ecuación de audiencia. Y segunda: la consistencia de sus contenidos de criticidad. Desasistida de instrumentos que implementen su credibilidad por la posición de fuerza ocupada en el sistema institucional, su única potencia, como inductora de interés público la extrae de su participación en el público y libre juego de las argumentaciones, de la pública exposición del pensamiento y su contraste. Cierto que eso determina su enorme fragilidad -y si se quiere la certidumbre de una muerte rápida tan pronto como se produce decaimiento de la tasa de interés cognitivo- pero al mismo tiempo ello asegura la pertinencia de su existir”.


Epílogo en 2015: a pesar de que han trascurrido unos doce años, el lenguaje de los expertos no ha cambiado demasiado (parece evolucionar mucho más lentamente que cualquier otra jerga), así que muchas palabras y expresiones todavía le resultarán útiles. Pero también será necesaria una actualización, por supuesto.


 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)

[Escrito en 2003]


SIGNOS

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Unidad europea y separatismo

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Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el lunes 8 de julio de 1991

 Unidad europea y separatismo

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Ilustración de LPO para El Independiente (8 de julio de 1991)

Es perfectamente posible pensar que el nacionalismo es una estupidez y considerar, al mismo tiempo, que la respuesta violenta a las ansias nacionalistas no sólo es una estupidez mayor, sino también una muestra más de nacionalismo. Muchos opinan que la proclamación de la independencia eslovena es un ejemplo de nacionalismo irracional, pero no parece que opinen lo mismo de la sangrienta represión llevada a cabo por el Estado central yugoslavo. A Felipe González le preocupa que el virus nacionalista se extienda a otras «regiones europeas» (entre diecisiete y cuarenta. pero todos sabemos cuál o cuáles le preocupan realmente). Lo que debería inquietarle es que se emplee la violencia, siguiendo el ejemplo yugoslavo, para reprimir los eventuales deseos secesionistas de esas «regiones».

Los analistas dicen que Europa se halla nuevamente en una situación muy compleja, tras el largo letargo de la guerra fría: por un lado se busca la unidad, la abolición de las fronteras; por otro, la división, la multiplicación de las fronteras. Sin embargo, tal vez se trata de un debate falso y simplista: en una Europa unida, los estados plurinacionales no tendrían razón de ser y sí la tendrían las comunidades que suelen llamarse «naturales»: la catalana, la vasca, la eslovena, la estonia, etcétera. Si ha de llegar un día en que los europeos voten y sean gobernados por un Parlamento Europeo, no está muy claro qué papel le correspondería en tal situación al Parlamento español, que no podría ocuparse ni de los asuntos particulares ni de los generales. En efecto, los asuntos regionales serían competencia de las diversas comunidades autónomas, que ya cumplen, con mayor o menor acierto, esta tarea; las cuestiones generales dependerían directamente del Parlamento Europeo. No se ve ninguna razón para multiplicar los entes, los intermediarios, la burocracia, creando o manteniendo un Parlamento español que conecta, a través de un desvío, a los catalanes, a los andaluces o a los madrileños con el Parlamento Europeo. En una Europa unida desaparecerán, en efecto, muchas fronteras y muchas aduanas, por ejemplo las que separan Francia de España, pero no desaparecerán las que separan Galicia de Asturias o Valencia de Murcia, sencillamente porque no existen. Las regiones difícilmente serán inútiles en una Europa unida, los estados plurinacionales si, incluido el yugoslavo.

En cualquier caso, y sea cual sea la solución o el modelo que finalmente se adopte (una Europa de doce países unidos o una Europa verdaderamente unida), de lo que se trata ahora no es de la conveniencia o no del surgimiento o no de nuevos estados, sino del uso de la violencia. Lo que no se debe permitir, y lo que ha de ser el eje de cualquier debate, es el recurso a la fuerza, ni para conseguir la independencia ni para impedirla. Ello supone, evidentemente, el respeto a la voluntad de cada comunidad y, en consecuencia, la posibilidad de expresar esta voluntad democráticamente, pues resulta un contrasentido recomendar a los separatistas la vía democrática y prohibir legal o constitucionalmente cualquier posibilidad de secesión.

La libertad, se dice, trae consigo el abuso; la represión no sólo produce también el abuso, sino que además es irracional. Conceder la independencia o la autonomía a los pueblos que la deseen tal vez no arregle todos los problemas ni garantice el fin de la violencia, pero negársela tampoco es un buen remedio, y de ello hemos tenido ya abundantes ejemplos. Resulta asombroso que se mantenga hoy en día el dogma de la invariabilidad de las fronteras y la integridad territorial, y que la Conferencia de Cooperación y Seguridad Europea lo haya adoptado, diciendo cosas tan peregrinas como que para que un territorio se separe han de estar de acuerdo las dos partes: al Estado central le basta con no dar su consentimiento a esta separación por mutuo acuerdo. Esto, la coincidencia total entre ambas partes, es siempre deseable, pero raramente es posible; como decía Flora Lewis, un mes antes de la proclamación de independencia eslovena, «no es posible en Yugoslavia un ‘divorcio’ civilizado y amistoso».

Todavía resulta más sorprendente que por una vez que Estados unidos se comporta de manera racional, diciendo que estaría dispuesto a reconocer la independencia de Croacia y Eslovenia si se lleva a cabo por medios pacíficos. se critique su postura desde el editorial de este periódico. Hemos de dejar de pensar que las fronteras son inmodificables, porque ese dogma nacido del miedo nos está llevando a la catástrofe que pretendía evitar. No podemos seguir pensando que la libertad de elección y los procedimientos democráticos están vedados a las naciones que consideramos conflictivas. La unidad a sangre y fuego, lejos de garantizar la estabilidad, ha llevado a Europa a momentos terribles y puede precipitamos de nuevo en el odio y la guerra civil. Hemos de respetar la voluntad actual de las diversas comunidades, sea cual sea su tradición y su historia, pues la historia puede explicar el presente, pero no debe determinar el futuro; no son los muertos, sino los vivos, los que han de elegir su destino.


 

NOTA EN 2015: a pesar del tiempo transcurrido, sigo estando de acuerdo en lo fundamental con lo que digo en este artículo. Quizá sí sea necesario aclarar que el hecho de estar en contra del uso de la violencia en los conflictos territoriales no implica que yo personalmente esté a favor o en contra del nacionalismo o de la formación de nuevas naciones. Sobre este asunto, se puede leer también El arte de lo posible en Cataluña.


POLÍTICA

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