Democracia e imperio

El-independente-cabecera

Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el sábado 23 de marzo de 1991

Ilustración de LPO para El Independiente

Ilustración de LPO para El IndependienteBertrand Russell dijo varías veces que prefería un imperio mundial a una pluralidad de Estados enfren­tados. Algunos teóricos actuales sugie­ren que ese imperio podría establecerse bajo el mando bicéfalo de la ONU (po­der político) y de los Estados Unidos (poder militar). Aunque las declaracio­nes de Russell fueron hechas durante la «guerra fría», cuando las alternativas parecían ser imperio mundial o conflicto nuclear, la propuesta de un Gobierno mundial no es mala, e incluso sería el ideal al que debería tender la humani­dad. No creo, sin embargo, que ese ideal coincida con el de quienes abogan por el imperio americano. De lo que se trataría, en mi opinión, sería de establecer un Gobierno mundial democrático, no un imperio mundial regido por una o varias naciones, ya sean éstas democráticas o no.

No me cabe ninguna duda de que no hay sistema político mejor que la demo­cracia, pero también sé que el que una nación sea democrática no implica que su política exterior también lo sea: la In­glaterra colonialista era democrática puertas adentro, pero profundamente antidemocrática en su actuación como imperio. Y éste es el tipo de imperio en que confían quienes quieren entregárse­lo a los Estados Unidos. Un imperio en el que habría ciudadanos de primera, los estadounidenses; de segunda, sus alia­dos del mundo desarrollado, y, por últi­mo, súbditos, el resto del mundo. Un imperio en el que unas cuantas naciones democráticas se esforzarían por mante­ner su altísimo nivel de vida a costa del resto del mundo, interviniendo con toda la contundencia militar necesaria cuan­do su privilegiada situación se viese amenazada.

Es muy difícil, desde la perspectiva de un ciudadano europeo, darse cuenta de lo injusto que es el mundo actual. Porque se puede afirmar, es cierto, que el llama­do mundo occidental es el mejor de los mundos, pero no de los posibles (que son infinitos), sino de los habidos hasta aho­ra. Así parece indicarlo la desaparición de la esclavitud, la mejora de las condi­ciones laborales y la progresiva libera­ción de la mujer. A muchos hombres esto último, la no discriminación desde su nacimiento de la mitad de la humanidad, apenas les parece relevante, como muestra el que argumenten sin ningún sonrojo que en esta o aquella época la sociedad era más libre, justa e igualitaria que en la actual.

Occidente, pues, atra­viesa por uno de sus mejores momentos, pero el resto del mundo pocas veces ha estado peor que ahora: 1.500 millones de personas pasan hambre en África, Asia y Sudamérica, 1.000 millones de chinos viven bajo una dictadura cruel (con la que el Gobierno español parece llevarse muy bien) y al menos otros 1.000 millones de seres humanos pade­cen distintas formas de opresión. Un cálculo muy optimista nos permite afir­mar que 500 millones de personas dis­frutan del mejor de los mundos, mientras tal vez 4.000 millones viven en condiciones lamentables. Condiciones que, o bien han sido provocadas por el primer mundo, o bien, cuando no ha sido así, éste ha mantenido la situación, e in­cluso se ha aprovechado de ella, a pesar de estar en sus manos la posibilidad de remediarla o paliar en gran medida su carácter trágico.

Volviendo al imperio bicéfalo pro­puesto, su poder político, la ONU, está poco capacitado para extender la justicia en el mundo, pues no sólo carece de de­mocracia interna (cinco países con dere­cho a veto), sino que parece sólo intere­sado en defender, cuando lo hace, los de­rechos de los estados, y no los de los in­dividuos. Así, permite el asesinato de decenas de miles de iraquíes para liberar un Estado de dos millones de habitantes, pero no hace nada realmente significati­vo por los 1.000 millones de chinos que viven bajo la dictadura, ni por las muje­res de los países islámicos, ni siquiera por los iraquíes asesinados por Sadam Husein (si Husein se hubiese limitado a matar a su propio pueblo, nada le habría pasado). La doctrina de la ONU en este aspecto es que el asesinato y la dictadura están permitidos siempre y cuando sean autóctonos y no pongan en peligro el «statu quo». En cuanto al poder militar de ese Gobierno mundial, los Estados Unidos, casi sobra todo comentario. Ha­ce poco se acusaba a los pacifistas y a los izquierdistas de ingenuos, pero parece mentira que alguien crea todavía que los Estados Unidos y sus aliados se esfuer­zan en extender la democracia, mantener la paz y acabar con la pobreza. Más asombroso resulta confiar en que ésas serían sus obsesiones si se le entregase el mando universal, cosa que quizá ya se ha hecho de facto.

No es necesario ser «visceralmente antinorteamericano» —cosa que yo no soy ni he sido nunca— para darse cuenta de que la política actual de los Estados Unidos se halla muy lejos de las ideas de sus padres fundadores, y que a la poderosa industria de armamentos no le puede interesar un mundo sin gue­rras. Los que todo lo justifican podrán argumentar, nuevamente, que lo anterior es la clásica teoría del complot, que la prosperidad occidental no tiene nada que ver con el hambre del Tercer Mun­do, que la industria de armamentos es un negocio ruinoso y que la democracia y el bienestar no sólo se dan en el mundo occidental, sino en todo el planeta. Podrán, por tanto, seguir pensando que se debe animar a Estados Unidos a mantener el orden internacional. Pero, si todavía piensan que ese orden y ese imperio tie­nen algo que ver con los propuestos por Russell, deberían volver a leer no sólo sus escritos políticos, sino también algu­no de sus cuentos («Zahotopolk», por ejemplo) para comprobar lo equivo­cados que están.


NOTA EN 2016: veinticinco años después, sigo estando de acuerdo en las líneas fundamentales del artículo, aunque podría hacer unas cuantas matizaciones, que reservo para otra ocasión.  La guerra con Saddam Husein de la que hablo no es la invasión de Iraq, sino la primera guerra del Golfo para liberar Kuwait. Como es obvio, la situación de la mujer en el mundo musulmán ha empeorado en muchos lugares, entre ellos Iraq y Kuwait, y el radicalismo islámico ha aumentado mucho desde entonces y es ya, quizá la mayor amenaza para un mundo civilizado.


POLÍTICA

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Originally posted 1991-03-23 17:04:21.

¿Qué fue del marxismo?

Hace muchos años, quise hacer para mi amigo Marcos una investigación acerca de Marx, en la que mi postura sería muy crítica.

Al no haber hecho ese trabajo en su momento, cuando el marxismo todavía era un gigante que abatir, ahora (2003) ya resulta difícil ponerse a la tarea, pues el gigante ha caído. Tal vez se incorpore de nuevo, pero mi sensación ahora es como la de Swann en En busca del tiempo perdido, cuando quiere saber si Odette le era infiel o no y supone que lo sabrá cuando Odette ya sea definitivamente suya y el amor se haya diluido con los años, y también los celos. Pero ese deseo tan grande de saber si aquella noche ella, estaba sola o no, resulta que también se diluye llegado el momento:

“Este problema tan interesante, que iba a poner en claro en cuanto se le acabaran los celos, perdió precisamente toda suerte de interés en cuanto dejó de estar celoso (A la sombra de las muchachas en flor)

Incluso se le diluyó a Swan el deseo de vengase de Odette cuando ya no la amara:

“Con el amor se fue el deseo de demostrarle que ya no había amor” .

Es como lo que cuenta mi padre en Matar a Victor Hugo: cuando era joven, prometióvengarse de un jefe que le maltrató, pero, cuando tuvo la oportunidad de vengarse, ya no tenía ningún deseo de hacerlo. Al Iván adulto ahora le resultaban indiferentes las promesas de aquel joven Iván.

Quienes no creemos en la venganza ni en la saña con los caídos, no obtenemos placer cuando el monstruo está a merced de nuestros golpes, ahora que ya no tenemos tampoco necesidad de golpearle para salvar nuestra vida (al menos nuestra vida mental). Ahora que ha llegado el día (desde hace quizá más de quince años) en que el marxismo ya no nos domina, ni siquiera siento anhelos de señalar a todos aquellos que justificaron tantas atrocidades, pero sé que a veces se debe hacer, para no dar pie a malentendidos, y como solían decir entonces ellos: “para hacer justicia a las víctimas”. A sus víctimas.

( Escrito en 2003)

Recibí un comentario a esta entrada, creo que cuando la republiqué en otra página:

Ya que ya no odias al marxismo, sería una buena oportunidad para que lo investigaras y vieras que está lleno de verdades filosóficas. No te conozco, apenas estoy leyendo algunas cosas que has escrito. Por eso no sé qué grado de conocimiento tienes acerca del marxismo.
Así como hablas de no tener un pre juicio sobre las personas o las mujeres que conoces, así podrías intentar conocer el marxismo. Tal vez verías que no estaba tan equivocado en sus críticas al capitalismo.
Un abrazo

A lo que respondí:

Hola Gustavo

La verdad es que nunca, que yo recuerde, llegué a odiar el marxismo. Siempre me ha parecido una filosofía bastante razonable, con muchos aciertos, pero también con algunos errores (siempre desde mi punto de vista, inevitablemente subjetivo y personal).

Precisamente ayer hablaba con una amiga (todavía no había leído tu post) y le decía que, en mi opinión, los marxistas y comunistas tuvieron razón en sus denuncias de la injusticia y la explotación.

El problema no es el marxismo en sí, en tanto que teoría filosófica, sino lo que en el siglo XX se hizo amparándose y apoyándose en él. Como le dije a mi amiga, el problema es que los comunistas triunfantes no sólo cometieron las mismas injusticias que denunciaban, sino que incluso las superaron, algo que parecía imposible. Si eso no hubiera sucedido, ahora cualquier persona sensata y sensible se sentiría muy próxima al marxismo.

Así que comparto completamente tu opinión acerca de que el marxismo no estaba equivocado en sus críticas al capitalismo, como no estaban equivocados los anarquistas, ni los diversos socialistas, ni los liberales como John Stuart Mill, que se hallaba mucho más cerca del socialismo que de los liberales actuales.
Como no lo estaban tampoco los Ilustrados o los hermanos Graco, o cualquiera que haya denunciado las injusticias del mundo (ya sea feudal, imperial, capitalista… o comunista).

Creo conocer el marxismo medianamente, pues hace más de veinte años leí decenas de libros de Marx, Engels y todos los marxistas en sus diversas variantes (precisamente uno de los problemas es definir qué es el marxismo), pero tengo ganas e intención de releerlo.

Pero el problema fundamental del marxismo es que, aparte de su interés filosófico y moral (que es mucho), es que fue también una ideología organizada, de carácter extremadamente dogmático (y de ello Marx y Engels serían en gran parte responsables).

Durante años, los años de su dominio intelectual no se podía intercambiar ideas con los marxistas en una discusión razonable y libre, sino que simplemente había que acatar dogmas y proclamas, a menudo muy dudosas y frecuentemente construidas ad hoc para justificar lo injustificable. En esa línea iba el trabajo que quería hacer para mi amigo.

Precisamente con el marxismo no tuve prejuicios, a no ser prejuicios positivos, pues desde los 14 años empecé a leer sus textos con algo muy semejante al entusiasmo. Pero, afortunadamente, no me quedé ahí, como les sucedió a casi todos los que me rodeaban, sino que seguí investigando y observando la realidad sin que los prejuicios marxistas adquiridos me convirtieran en sordo o insensible a la injusticia. Eso me hizo combatir (intelectualmente) el marxismo (y sobre todo el marxismo- leninismo- estalinismo- pensamiento Mao Ze Dong), precisamente porque seguía pensando lo mismo, porque seguía estando en contra de la explotación y de la injusticia.
Pero es un tema complejo y quizá no me he explicado muy bien.
Te agradezco tu razonado y razonable comentario y te envío un afectuoso saludo.

 


Epílogo 2017: en los últimos años, parece que algo de aquello ha reverdecido, aunque por ahora no alcanza la intensidad de entonces. Pero no puedo negar que es triste que algunos se atrevan a defender de nuevo tantas cosas de las que se supone ya debíamos haber aprendido y justificar de manera vergonzosa lo injustificable. Es en especial triste verlo entre algunos jóvenes que dicen defender la justicia. Por supuesto, me estoy refieriendo no a Marx en particular, sino al uso de sus ideas en el siglo XX.


Karl Marx y el marxismo

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Originally posted 2003-03-17 11:54:38.

El Gran Mecanismo

Jan Kott llama el Gran Mecanismo a lo que en la Edad Media se llamaba la Rueda de la fortuna,que mostraba la ascensión, caída y sucesión de los monarcas. Es curioso, sin embargo, que Kott no aluda a aquello que decía Marx de que el engranaje no sabe que es una pieza de la maquinaria. Porque resulta interesante contemplar a toda esta sucesión de monarcas como una masa, no muy diferente de esas otras masas despreciadas, la plebe, el populacho, los esclavos, los obreros, los trabajadores. Los reyes, seres únicos por definición, al final se acumulan y se repiten unos a otros, como una masa casi indiferenciada.

ruedaJan Kott recuerda la puesta en escena que hizo Peter Hall  cuando represento en dos días seis tragedias históricas de Shakespeare en una misma reprsentación. Hall colocó una gigantesca escalera en el escenario, y al final de la escalera un trono en el que se sienta un rey anciano, que ve como van ascendiendo los que van a derribarle o sucederle. Podemos imaginarnos, no recuerdo si se refiere a ello Kott, a Ricardo III ascendiendo y derribando a los que le preceden, que casi ocupan todos los escalones. Todos van cayendo en su camino al trono y él sube escalón tras escalón, cubierto de sangre. Finalmente, supongo, se sienta en el trono, para ser inmediatamente derribado.

En La verdadera historia de las sociedades secretas)  hablé del Gran Mecanismo, como esa Rueda de la Fortuna que no deja de girar, llevando al pretendiente al trono y de allí a la tumba prematura, en relación con los lalmdos Reyes de Invierno y los Rosacruces.


La verdadera historia de las sociedades secretas

 

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[Publicado por primera vez el 27 de diciembre de 2008. Revisado en 2015]

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Originally posted 2012-03-18 00:05:11.

Expertos y marxistas

Lenguaje de expertos /2

marxism[Escrito en 2003]

Sin duda, usted, al ver la lista de palabras recomendadas en Hable como un verdadero experto, se habrá dado cuenta de que existe un cierto aire de familia entre el lenguaje de los expertos y el de los antiguos marxistas. No es extraño, puesto que hasta hace no mucho ambas tendencias y lenguajes solían ir unidos: los expertos (o quienes más presumían de serlo) eran casi siempre marxistas. Por otra parte, seguramente  ya habrá notado usted  que en los últimos años vuelven a soplar vientos marxistas, o al menos una brisa neomarxista, tras el silencio en que cayeron bajo los cascotes del muro de Berlín. Sin embargo, le recomendamos (emplee siempre que pueda este tipo de plural, aunque sólo opine usted), que no se arriesgue todavía a utilizar expresiones como:

marxism stalin1)  “superado”, “metalectura”, “Modo de Producción”.

2) “praxis” (sustituya esta utilísima expresión por “practicidad”),

3) “burgués”, “burguesía”: los burgueses desaparecieron al mismo tiempo que los marxistas, aunque gente poco informada todavía se refiere a ellos, causando hilaridad o incomprensión en las filas más jóvenes de los expertos.

4) “Desviaciones”.

5) “Articular” (esta expresión ya ha pasado al lenguaje vulgar), “enfoque, “factores económicos”.

6) “Aporte dialéctico” (y todas las variables de “dialéctica”).

7) “lógicamente necesario” (en contextos no lógicos)

8) “objeto real-concreto”, y  todas las combinaciones con guión en las que cualquiera diría que se está diciendo lo mismo a un lado y al otro del guión (¡Pero no es así, ojo!, es sólo una trampa dialéctica).

Sin embargo, este es un momento ideal para que usted compre las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Mao , Stalin, Althusser, etcétera, que los marxistas vendieron hace 10 o 15 años y que todavía se pueden encontrar a precios de risa en las librerías de saldo. A lo mejor, dentro de poco, los precios se disparan.


Epílogo en 2015: la predicción, en cierto modo se ha cumplido y ahora, en 2015, con la crisis, los libros marxistas han regresado a las librerías e incluso vuelven a escucharse palabras perdidas. Así que, esté usted muy atento a las novedades y a los nuevos vientos que soplan: desempolvar el viejo repertorio le puede resultar muy útil.

Nuevo epílogo en 2019: el renacer del marxismo o de tendencias cercanas o con un aroma semejante, no ha sido tan dominante entre la intelligentsia como hasta 1989, quizá porque ahora no hay intelligentsia, pero sí ha traído un nuevo lenguaje


[Escrito en 2003]

 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)


Karl Marx y el marxismo

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SIGNOS

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POLÍTICA

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Originally posted 2015-07-10 01:15:42.

Perlas marxistas

He aprendido mucho de Marx y Engels, pues eran personas muy inteligentes pero, como suele suceder con los filósofos que construyen sistemas filosóficos, la mayoría de sus ideas dependen de ese sistema, con lo que una vez que cae el sistema cae con él su contenido. Lo mejor, ahora, sería renunciar, por fin, al cientifismo de Marx y, tal vez, editar sus mejores ideas en forma de breves fragmentoso aforismos: Perlas marxistas.


Karl Marx y el marxismo

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La fuerza teórica de Marx

Karl Marx

Ahora que el marxismo ya casi ha desaparecido como religión o ideología dogmática, quizá ha llegado el momento de releer a Marx como a un interesante pensador del que se pueden aprender muchas cosas (a menudo en contra de los propios marxistas). Porque es cierto que su capacidad argumentativa era asombrosa, por lo que no es extraño que muchos quedaran tan seducidos por ella que perdieran la capacidad de razonar por sí mismos, o que otros, como en el caso de Walter Benjamin, intentaran adaptar su propio pensamiento a los presupuestos marxistas (coincido con Scholem en que eso fue un error por parte de Benjamin). Recientemente, incluso el Papa Ratzinger ha reconocido esa capacidad teórica de Marx, considerando que su error fue el materialismo (en mi opinión, eso fue más bien uno de sus aciertos).


Karl Marx y el marxismo

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Hable como un verdadero experto

Lenguaje de expertos /1

language-expertsSi usted quiere ser un experto en arte y literatura, filosofía y sociología, y si pretende usted optar a alguna ayuda, beca o premio oficial relacionado con el sector del arte, lo más importante no es que aprenda todas las cosas que ese tipo de expertos aprende. Eso puede ser útil, pero le llevará demasiado tiempo. Lo que importa es que usted aprenda a hablar y a escribir como ellos. Veamos algunos consejos de urgencia.


1)  No diga “persona”, diga “sujeto”

2)  No diga “lugar”, diga “espacio”

3) “No diga “lugar de encuentro o reunión”, y tampoco “sociedad”, diga siempre “espacio social”.

4) Diga a menudo:

a.   “Estructura”, pero no refiriéndose a edificios.

b.  “Consenso” pero no aplicado a la política ( como el consenso entre varios partidos). Por el contrario, úselo para relacionar entes concretos o abstractos que carezcan de cualquier atisbo de la voluntad o conciencia necesaria para establecer un consenso. Por ejemplo: “Se muestra así un consenso entre el espacio social y la estructura productiva”

c.   “Flujo” y “reflujo”, pero no referido a la regla de las mujeres.

d.  “metáfora”. Esto es lo mejor de lo mejor. Todo son metáforas, amigo mío, las cosas metaforizadas no se sabe si han existido alguna vez, porque todo es metáfora de algo. Si quiere rizar el rizo y epatar a la audiencia, puede usted darle la vuelta a las metáforas más conocidas: “A mí, los falos siempre me han parecido una metáfora de los faros”

e.   “lenguaje”, para referirse a cualquier cosa, desde la construcción de un hormiguero por las hormigas a los procesos gástricos.

f.    “continuo” y “discontinuo”

g.  “lineal” y “elíptico”, pero no en contextos relacionados con el dibujo o la astronomía.

h.  “contexto”, en cualquier contexto.

i.     “extremos”, “extremista”: para referirse a las propuestas artísticas de alguien o a sus ideas políticas (siempre, en este último caso, de un modo elogioso)

j.     “interno” y “externo”, pero intente no emplearlos como opuestos, sino más bien mostrar que lo interno es lo externo y a la inversa, o que ambas cosas son lo mismo. Recuerde, además, que una de las conclusiones inevitables a la que llegan los expertos cuando la discusión ya se hace un poco fatigosa es que “Todo es lo mismo en definitiva”

k.  “Identidad” y “diferencia”

l.     “performativo” y “preformativo”, “labor”, “configurar”.

m. “sistema”: siempre que pueda, es perfecto en combinación con “contexto”.

n.  “sentido” y “producción de sentido”, aunque no tenga ningún sentido. La segunda expresión tiene puntuación extra.

o.  “perfil”, en lugar de “retrato” o “descripción”, pero nunca referido a un rostro, sino siempre a una mente, a una biografía, por ejemplo, o a una actividad política.

p.  “minoridad”. Puntuación máxima.

q.  “criticidad”, y todo lo que termine en “idad”

r.    “implementar”: no abuse de ello, porque ya ha pasado al lenguaje de los políticos.

s.   “vertebrar”. No lo use, no sea antiguo hombre, que se le va a notar (ver, sin embargo, el  anexo “Expertos y marxistas“)

t.     “discurrir”, “Economía cultural”, “pasividad existencial” y “afirmación”.

Si usted, siguiendo estos consejos, escribe un texto convincente y en el que todo el mundo entiende lo que ha dicho, entonces es que ha hecho usted algo mal: ha fracasado y se van a dar cuenta enseguida de que usted no es un experto. Un experto ha de ser convincente, pero no se debe entender lo que dice, aunque todo el mundo jure que lo ha comprendido todo.

lenguaje

Memento

Recuerde siempre la anécdota de Eugenio D’Ors:

D’Ors dictaba los textos a su mecanógrafa Angelita.

Cuando terminaba, le preguntaba:

-¿Se entiende, Angelita?

-Perfectamente, maestro.

-Pues entonces, oscurezcámoslo.”

Y recuerde también la máxima de Cossio

“Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos.”

 

Lecturas recomendadas

lenguaje-johnny_automatic_wise_owl_on_booksLea usted a muchos autores franceses de la segunda parte del siglo XX. Empiece con Sartre, siga con Foucault, Derrida, Lacan, Althusser etcétera. No se preocupe si no entiende nada o si lo que entiende le parece poco interesante, lo importante es ir contagiándose de la manera de expresarse.

Hoy en día, lo más actual es repasar los escritos de Guy Debord y los situacionistas.

Es decir, escriba usted como un español del siglo XXI que quiere escribir como un francés del siglo XX que imita a los alemanes del XIX. Espeso y contundente, con cierto aroma científico pero con argumentos siempre incomprobables.

 

Dos buenos ejemplos para memorizar (¡¡ejemplos reales!!)

EJEMPLO 1

“El espacio social queda evocado en la imagen de una mesa redonda, una estructura democrática, igualitaria. Mesa sobre al que se produce sentido y donde se llega al consenso de la realidad por medio del lenguaje, que cumple una labor preformativa. Sin embargo se presenta aquí como un espacio ciego: Ausentes las imágenes, la representación opera a través de la palabra, del sonido que se articula en el “tiempo real”. La continuidad del flujo temporal es una metáfora psíquica construida y reforzada por el lenguaje -lineal o continuo como el tiempo común o consensual. Lo discontinuo supone una pérdida, una negación, el vacío, la muerte, la nada. Sin embargo, estas nociones negadas por la sociedad, están en nosotros. La vida se opone a la vida. El ser es contradictorio, dramático, extremo.

EJEMPLO 2

Dos condiciones de posibilidad para hacer sostenible este esquematismo. Primera: su minoridad, cuanto más micro sea el aparato, menos requerimientos de ingeniería para equilibrar energía de gasto y ecuación de audiencia. Y segunda: la consistencia de sus contenidos de criticidad. Desasistida de instrumentos que implementen su credibilidad por la posición de fuerza ocupada en el sistema institucional, su única potencia, como inductora de interés público la extrae de su participación en el público y libre juego de las argumentaciones, de la pública exposición del pensamiento y su contraste. Cierto que eso determina su enorme fragilidad -y si se quiere la certidumbre de una muerte rápida tan pronto como se produce decaimiento de la tasa de interés cognitivo- pero al mismo tiempo ello asegura la pertinencia de su existir”.


Epílogo en 2015: a pesar de que han trascurrido unos doce años, el lenguaje de los expertos no ha cambiado demasiado (parece evolucionar mucho más lentamente que cualquier otra jerga), así que muchas palabras y expresiones todavía le resultarán útiles. Pero también será necesaria una actualización, por supuesto.


 Esta entrada pertenece a mi Diccionario para idiotas ilustrados (antes conocido como Diccionario para intelectuales selectos)

[Escrito en 2003]


SIGNOS

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Liberales y marxistas

Creo que muchos de los llamados liberales han hecho más por la humanidad que casi todos los teóricos de la izquierda más o menos marxista. Seguramente es más importante leer a John Stuart Mill para luchar por la libertad que a Marx, y creo que sus escritos políticos (no los económicos, que no he leído pero que según creo no son muy agudos) siguen siendo actuales, útiles y estimulantes para un pensamiento de izquierdas (de lo que yo considero izquierda, claro), mientras que muchos de los escritos de los marxistas aparecen ya como lo que realmente siempre fueron: palabrería seudocientífica de gentes que se creen en posesión de verdades reveladas.

Naturalmente que bajo esa palabrería hay un montón de buenas ideas y de estupendos propósitos, pero que a menudo ni siquiera les pertenecen.

He aprendido mucho de Marx y Engels, pues eran personas muy inteligentes pero, como suele suceder con los filósofos que construyen sistemas filosóficos, la mayoría de sus ideas dependen de ese sistema, con lo que una vez que cae el sistema cae con él su contenido. Lo mejor, ahora, sería renunciar, por fin, al cientifismo de Marx y editar sus mejores ideas en forma de breves fragmento o aforismos: Perlas marxistas.

Es muy posible que gran parte de su análisis de la sociedad sea correcto, pero ese análisis debe ser incluido, con menos ruido y furia, en las disciplinas de la economía, al política y la economía política, junto a otros teóricos como David Ricardo, Malthus, Keynes, etcétera, muchos de ellos liberales. Quitarle, en fin, el halo de Mesías o Profeta. Puede que también sea cierto que algunas de las ideas de Marx acerca de cómo llegar al socialismo sean válidas, puesto que el marxismo, como el cristianismo ya ha defendido casi todo: “esto y lo contrario”.

No en vano, el ultimo intento de salvar a Marx consistió en recuperar los llamados Manuscritos, textos de carácter más filosófico, precisamente porque en ellos aparecía un pensador menos dogmático y en teoría menos inhumano, que permitió mostrar aquello que se llamaba el lado humano o humanismo, que tanto despreciaba Sartre (El existencialismo no es un humanismo), y que lo hacía más compatible con el cristianismo y con los nuevos vientos de mayo del 68. Pero fue en vano.

Hace muchos años, yo diría que antes de la caída del Muro de Berlín (1989), cerca de la estación de metro de Bilbao o de Alonso Martínez, discutía con mi amigo Marcos. Acababa de escribir un trabajo polémico para él a partir de otra discusión anterior: él decía que Tucídides era progresista y yo decía que era conservador. Mi tesis, desarrollada en esa investigación, para la que leí muchos libros (además de a Tucídides completo) le convenció y no quiso escribir un trabajo para refutarme.
Entonces, en un tono similar al que inició el asunto de Tucídides, hablamos de Marx y de lo que quedaba de Marx. De lo que se podía aprovechar. Para Marcos todavía quedaba bastante, para mí, casi nada. ¿Entonces que hacemos con Marx?, me preguntó. “Tirarlo a la basura” le respondí.

Eran momentos más duros que estos en el tema del marxismo (ya averiguaré el año por el trabajo de Tucídides), que aunque iba perdiendo poder todavía era la filosofía dominante en el mundo intelectual. Felipe González, dirigente del PSOE español, era marxista o acaba de dejar de serlo. Mi respuesta fue una respuesta polémica a propósito, porque también en esa época era moderado en la expresión de mis odios y afectos (lo que no quiere decir que sea siempre moderado en mis odios y afectos, a veces no: una cosa es lo que se siente y otra cómo se dice).

Y fue polémica porque de pronto me sentí impulsado a ser radical, sin duda porque estaba molesto tras tantos años de agobio marxista con su ciencia política y su gregarismo, porque estaba harto de todas las instrucciones que nos daban acerca de lo que había que hacer y de lo que había que pensar, lo que había que gritar y lo que había que justificar (quizá ya no tan claramente a Stalin, pero si a Lenin, por ejemplo, cosa que todavía hace mucha gente).

Porque la verdad es que no creo que haya que tirar a nadie a la basura, y tampoco a un libro. Ni lo creo ahora, ni lo creía entonces. Si mi memoria no me traiciona, creo que enseguida dije que era sólo una manera de hablar (es muy posible que escribiera esa conversación ese mismo día, así que la buscaré).

Ante la insistencia de Marcos en que quedaban muchas cosas buenas de Marx, le dije que del mismo modo que en el caso de Tucídides, haría una investigación y un trabajo contra Marx, y que él hiciera otro a favor de Marx. Empecé a tomar notas y a leer y releer libros de Marx, Engels y los marxistas, pero lo dejé a medias, porque quería hacer algo demoledor pero absolutamente convincente, y eso requería mucho trabajo. Ahora me arrepiento de no haberlo llevado a cabo, porque, hay muy pocos escritos que se ocupen seriamente de refutar a Marx. Lo único que encuentras son panfletos de la derecha o de la izquierda (anarquistas y comunistas heterodoxos) que suelen consistir más en una serie de descalificaciones que en un estudio razonado.

Lo mejor acerca del tema es posiblemente la tercera parte de La Sociedad Abierta y sus enemigos. Este es un libro que está prohibido citar entre la izquierda, como en la época dorada de la Rusia Soviética estaba prohibido leer el 1984 de Orwell, El dios desnudo, de Howard Fast o Del cero al infinito de Arthur Koestler.

La sociedad abierta y sus enemigos es uno de los libros que mejor defiende la libertad y una sociedad más justa, atacando a Platón; Hegel y Marx. Pero resulta que Popper, otro peligroso liberal como Mill, era de derechas, al menos en sus últimos 30 o 40 años, y su nombre es anatema entre las filas de la izquierda, a pesar de que sus ideas son a veces la mejor arma contra la derecha, contra el conservadurismo y contra los propios liberales, y a favor de la libertad y una sociedad abierta, en la que, precisamente, una izquierda justa podría imponer pacíficamente sus ideas. Popper en ese delicioso libro es tan hermoso y útil como lo es John Stuart Mill en Sobre la libertad.

Sin embargo, al no haber hecho ese trabajo en su momento, cuando el marxismo todavía era un gigante que abatir, ahora ya resulta difícil ponerse a la tarea, pues el gigante ha caído. Tal vez se incorpore de nuevo, pero mi sensación ahora es como la de Swann en En busca del tiempo perdido, cuando quiere saber si Odette le era infiel o no y supone que lo sabrá cuando Odette ya sea definitivamente suya y el amor se haya diluido con los años y y también los celos, pero ese deseo tan grande de saber si aquella noche ella, estaba sola o no, resulta que también se diluye llegado el momento:

“Pero este problema tan interesante, que iba a poner en claro en cuanto se le acabaran los celos, perdió precisamente toda suerte de interés en cuanto dejó de estar celoso (A la sombra de las muchachas en flor)

Incluso se le diluyó a Swann el deseo de vengase de Odette cuando ya no la amara:

“Con el amor se fue el deseo de demostrarle que ya no había amor” .

Es como lo que cuenta mi padre, Iván Tubau, en Matar a Victor Hugo: cuando era joven, prometió vengarse años después de un jefe que le maltrató, pero, cuando tuvo la oportunidad de vengarse ya no tenía ningún deseo de hacerlo. Al Iván Tubau adulto  ahora le resultaban indiferentes las promesas de aquel joven Iván. Quienes no creemos en la venganza ni en la saña con los caídos, obtenemos mucho menos placer cuando el monstruo está a merced de nuestros golpes que cuando tenemos que golpearle para salvar nuestra vida (al menos nuestra vida mental). Ahora que ha llegado el día (desde hace años) en que el marxismo ya no nos domina, ni siquiera tengo anhelos de señalar a todos aquellos que justificaron tantas atrocidades, pero sé que a veces hay que hacerlo, para no dar pie a malentendidos, y como solían decir ellos: “para hacer justicia a las víctimas”. A sus víctimas.


El 12 de mayo de 2008 recibí un comentario a esta entrada de Gustavo:

“Te pierdes en tu propia “palabrería”, como dices tú.
Predicar la muerte del marxismo no lo matará.
Me temo que por más que lo intentaras no podrías “demoler” las ideas marxistas.
O tal vez sí, pero tendrías que partir desde las propias ideas marxistas, pienso yo…
Desde el liberalismo lo dudo mucho”.

A lo que respondí:

“Me temo que las cosas, por el momento, indican lo contrario: el marxismo, tal como lo hemos conocido, ya no existe, por lo que no es necesario demolerlo.
Muchas de sus ideas han sido incorporadas al conocimiento común y válido de la economía o la filosofía; otras se han considerado erróneas; algunas serán recuperadas, bastantes de ellas matizadas o corregidas.

Y sí, tienes razón, una parte de la crítica al marxismo se puede usar partiendo de las ideas marxistas, pues el propio Marx, como él mismo decía en una brillante e ingeniosa metáfora, era, sin saberlo, un engranaje de la maquinaria, es decir de la sociedad victoriana en la que vivía. Y, por supuesto, no podemos aceptar hoy el machismo de Marx ni su dogmatismo, ni su intolerancia, por mencionar dos aspectos que no comparte Stuart Mill.

En cuanto al liberalismo, tal vez hayas pensado que yo soy liberal o lo defiendo. En absoluto. No lo soy. Me gusta aquello que decía Chesterton: “Siempre he creído en el liberalismo, pero hace tiempo que perdí la ingenuidad infantil de creer en los liberales”.
Es algo que se podría aplicar al marxismo también.

La verdad es que no creo mucho en las categorías como “marxismo, liberalismo, capitalismo, comunismo”, etcétera, etcétera, y no menciono a Stuart Mill para defender al liberalismo (¿cuántos liberales de hoy en día defienden, como hacía él, la legalización de las drogas?), más bien considero, como él mismo declaró en una ocasión, que él era más bien socialista.

También creo que eso que hoy se llama “liberalismo” merece sin duda una crítica tan demoledora como la que en su día mereció el “marxismo”. No creas, por tanto, que si me di cuenta del exceso “marxista”, soy ciego y sordo al “liberal”.
En conclusión, creo que el marxismo y el liberalismo se pueden demoler o simplemente poner en cuestión desde muchos puntos de vista, pero el que a mí me gustaría en particular sería el de una verdadera izquierda.


[Publicado en 2003]

Karl Marx y el marxismo

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Unidad europea y separatismo

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Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el lunes 8 de julio de 1991

 Unidad europea y separatismo

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Ilustración de LPO para El Independiente (8 de julio de 1991)

Es perfectamente posible pensar que el nacionalismo es una estupidez y considerar, al mismo tiempo, que la respuesta violenta a las ansias nacionalistas no sólo es una estupidez mayor, sino también una muestra más de nacionalismo. Muchos opinan que la proclamación de la independencia eslovena es un ejemplo de nacionalismo irracional, pero no parece que opinen lo mismo de la sangrienta represión llevada a cabo por el Estado central yugoslavo. A Felipe González le preocupa que el virus nacionalista se extienda a otras «regiones europeas» (entre diecisiete y cuarenta. pero todos sabemos cuál o cuáles le preocupan realmente). Lo que debería inquietarle es que se emplee la violencia, siguiendo el ejemplo yugoslavo, para reprimir los eventuales deseos secesionistas de esas «regiones».

Los analistas dicen que Europa se halla nuevamente en una situación muy compleja, tras el largo letargo de la guerra fría: por un lado se busca la unidad, la abolición de las fronteras; por otro, la división, la multiplicación de las fronteras. Sin embargo, tal vez se trata de un debate falso y simplista: en una Europa unida, los estados plurinacionales no tendrían razón de ser y sí la tendrían las comunidades que suelen llamarse «naturales»: la catalana, la vasca, la eslovena, la estonia, etcétera. Si ha de llegar un día en que los europeos voten y sean gobernados por un Parlamento Europeo, no está muy claro qué papel le correspondería en tal situación al Parlamento español, que no podría ocuparse ni de los asuntos particulares ni de los generales. En efecto, los asuntos regionales serían competencia de las diversas comunidades autónomas, que ya cumplen, con mayor o menor acierto, esta tarea; las cuestiones generales dependerían directamente del Parlamento Europeo. No se ve ninguna razón para multiplicar los entes, los intermediarios, la burocracia, creando o manteniendo un Parlamento español que conecta, a través de un desvío, a los catalanes, a los andaluces o a los madrileños con el Parlamento Europeo. En una Europa unida desaparecerán, en efecto, muchas fronteras y muchas aduanas, por ejemplo las que separan Francia de España, pero no desaparecerán las que separan Galicia de Asturias o Valencia de Murcia, sencillamente porque no existen. Las regiones difícilmente serán inútiles en una Europa unida, los estados plurinacionales si, incluido el yugoslavo.

En cualquier caso, y sea cual sea la solución o el modelo que finalmente se adopte (una Europa de doce países unidos o una Europa verdaderamente unida), de lo que se trata ahora no es de la conveniencia o no del surgimiento o no de nuevos estados, sino del uso de la violencia. Lo que no se debe permitir, y lo que ha de ser el eje de cualquier debate, es el recurso a la fuerza, ni para conseguir la independencia ni para impedirla. Ello supone, evidentemente, el respeto a la voluntad de cada comunidad y, en consecuencia, la posibilidad de expresar esta voluntad democráticamente, pues resulta un contrasentido recomendar a los separatistas la vía democrática y prohibir legal o constitucionalmente cualquier posibilidad de secesión.

La libertad, se dice, trae consigo el abuso; la represión no sólo produce también el abuso, sino que además es irracional. Conceder la independencia o la autonomía a los pueblos que la deseen tal vez no arregle todos los problemas ni garantice el fin de la violencia, pero negársela tampoco es un buen remedio, y de ello hemos tenido ya abundantes ejemplos. Resulta asombroso que se mantenga hoy en día el dogma de la invariabilidad de las fronteras y la integridad territorial, y que la Conferencia de Cooperación y Seguridad Europea lo haya adoptado, diciendo cosas tan peregrinas como que para que un territorio se separe han de estar de acuerdo las dos partes: al Estado central le basta con no dar su consentimiento a esta separación por mutuo acuerdo. Esto, la coincidencia total entre ambas partes, es siempre deseable, pero raramente es posible; como decía Flora Lewis, un mes antes de la proclamación de independencia eslovena, «no es posible en Yugoslavia un ‘divorcio’ civilizado y amistoso».

Todavía resulta más sorprendente que por una vez que Estados unidos se comporta de manera racional, diciendo que estaría dispuesto a reconocer la independencia de Croacia y Eslovenia si se lleva a cabo por medios pacíficos. se critique su postura desde el editorial de este periódico. Hemos de dejar de pensar que las fronteras son inmodificables, porque ese dogma nacido del miedo nos está llevando a la catástrofe que pretendía evitar. No podemos seguir pensando que la libertad de elección y los procedimientos democráticos están vedados a las naciones que consideramos conflictivas. La unidad a sangre y fuego, lejos de garantizar la estabilidad, ha llevado a Europa a momentos terribles y puede precipitamos de nuevo en el odio y la guerra civil. Hemos de respetar la voluntad actual de las diversas comunidades, sea cual sea su tradición y su historia, pues la historia puede explicar el presente, pero no debe determinar el futuro; no son los muertos, sino los vivos, los que han de elegir su destino.


 

NOTA EN 2015: a pesar del tiempo transcurrido, sigo estando de acuerdo en lo fundamental con lo que digo en este artículo. Quizá sí sea necesario aclarar que el hecho de estar en contra del uso de la violencia en los conflictos territoriales no implica que yo personalmente esté a favor o en contra del nacionalismo o de la formación de nuevas naciones. Sobre este asunto, se puede leer también El arte de lo posible en Cataluña.


POLÍTICA

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

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