Un par de ojos azules, de Thomas Hardy

hardy-un par de ojos azulesAl leer un ensayo de David Lodge, supe que la novela favorita de Proust era Un par de ojos azules , de Thomas Hardy. Quiso algún dios generoso que se produjera la feliz coincidencia de que mi hermana tuviera ese libro. Así que lo he leído.

Es un libro hermoso, y no es extraño que le gustase a Proust.

Aunque desde hace mucho tiempo ya me atraía Thomas Hardy (no sé por qué razón o qué influencia), pensaba que si leía una novela suya sería Jude el oscuro. Ahora tengo más razones para leerla, pues Un par de ojos azules es su primera novela y Jude una de las últimas.

Thomas Hardy nació en 1840 y murió, si no me equivoco, hacia 1928. Escribió muchas novelas, como Lejos del mundanal ruido (Far from the Madding Crowd) o Tess de los Uberville , que es la historia en la que se basa la película Tess , con Nastassia Kinsky.

(c) The Thomas Hardye School; Supplied by The Public Catalogue Foundation

El prologuista de Un par de ojos azules (Damián Alou) dice que en The Well-beloved (1897), Hardy critica “esa tendencia tan masculina a tener modelos femeninos prefijados” y compara esa novela con El altar de los muertos y La bestia en la jungla , de Henry James. Todo esto hace que me interese mucho también por The well-beloved , sobre todo porque La bestia en la jungla es quizá la novela corta (o cuento largo) que más me gusta de James, y porque creo, como Hardy, que el error de muchos hombres (tal vez también el de muchas mujeres) es que en realidad no se relacionan con la mujer que tienen junto a ellos, sino con una especie de idea de “mujer”. El extremo de esa actitud es Don Juan, que sólo se relaciona con arquetipos o estereotipos y que seduce pero no ama. El otro extremo, el que a mí me gusta, es Casanova, que seduce porque ama (o al menos porque se siente atraído por alguien), no porque ame seducir. 

Al parecer, en Jude el oscuro, Hardy “critica el matrimonio y se muestra a favor de la libertad de los sentimientos”. En casi todas sus obras “defiende la libertad sexual y ataca las convenciones burguesas”. Más alicientes para leerlo.

En los últimos treinta y tres años de su vida, Hardy dejó de escribir novelas y sólo publicó poesía, al parecer muy buena. Influyó en los “poetas de la experiencia”, como Phillip Larkin: “poesía desnuda, esencial, que apela a la emoción sin caer en el sentimentalismo”.

Yo no sé mucho o no sé nada acerca de la poesía de la experiencia, pero sé que en España hay dos bandos enfrentados de poetas, unos son los de la experiencia y otros… no me acuerdo. La verdad es que me da igual, porque lo último que me gustaría hacer sería meterme en una de estas guerras literarias.

Aunque conozco, como es obvio, la existencia de grupos, tendencias y generaciones literarias, intento leer a cada escritor al margen de la facción en la que combate (o que le atribuyen sus admiradores). Por un lado, porque hay buenos poetas en las diferentes bandas, incluso en aquellas que nos parecen menos interesantes a primera vista; en segundo lugar, porque esas disputas tan enconadas sólo sirven para alimentar prejuicios y cegueras. Así que no opinaré si ser poeta de la experiencia es bueno o malo. Tan sólo intentaré leer a Hardy y a Larkin. Tal vez pueda decir entonces algo acerca de ellos. Por ejemplo: “Hay dos poetas que me gustan (o que no me gustan): Hardy y Larkin. Los expertos los consideran poetas de la experiencia”. Poco más.

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[Escrito el 31 de julio de 2003]

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