La fuerza del espíritu

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“Las heridas del corazón son mucho más dolorosas que las del cuerpo. Y muchas de las enfermedades corporales se originan en el espíritu. Las que nos vienen del exterior son bien pocas. Hay veces en que tomamos una medicina para sudar, pero no lo conseguimos; no obstante, basta con que sintamos miedo o vergüenza una sola vez para que nos empiece a correr el sudor. Señal de que es fruto del espíritu”.

Kenko Yoshida, Tsuresuregusa

Aunque es evidente que no todas las enfermedades proceden del espíritu (de lo psicológico, si se prefiere), la observación de Yoshida Kenko es extraordinaria y coincide con ideas de Oliva Sabuco y otros precursores del estudio de lo psicosomático, concepto tan mal empleado  pero tan acertado también.

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 [Citado en Waste Web en octubre de 2004, comentado en 2013]

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Borregos


A lo largo de la historia de la humanidad, le deja a uno pasmado la facilidad con que millones de personas han seguido sin dudar las normas de los lugares comunes y la hipocresía dominante y se han olvidado de pensar más allá de lo admitido en su propio círculo.

Lo que más asombra es que en en las larguísimas listas de reyes, caudillos y soberanos que han existido, casi ninguno de ellos se haya decidido a escribir unas memorias en las que se sincere y cuente, con un pie ya en la tumba y lejos de sufrir cualquier represalia, toda la gran mentira de la que ha sido partícipe. Porque ellos, los poderosos, son los primeros que, como borregos, se creen todo esa farsa que representan o que, aunque no crean en ella, al menos renuncian a hacerla pública, aunque sea a título póstumo.

Supongo que habrá algunas excepciones y sería interesante estudiarlas, hacer una lista de impostores confesos, pero yo sólo recuerdo ahora a Casanova, quien en sus memorias confiesa, entre otras cosas, todas sus farsas espiritistas. Debido a este arranque de sinceridad, Casanova ha perdido la posibilidad de ocupar un lugar de honor en la lista de célebres paranormalistas, junto a Cagliostro, el Conde de Saint Germain y otros célebres embusteros. Casanova, por cierto, conoció y compartió farsas con los dos mencionados, Cagliostro y Saint Germain.

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 [Escrito el 10 de febrero de 2006]

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