Metáforas

Un aspecto interesante de la cuestión del conocimiento metafórico es la evidente relación entre las metáforas y aquello que decía Descartes: existen dos mundos, el de la sustancia extensa y el de la sustancia pensante. Cada uno de estos mundos tiene un lenguaje propio y no es correcto usar términos o conceptos de un lenguaje para describir el otro mundo.

Es decir, la sustancia extensa es la materia y la sustancia pensante es el espíritu. Para Descartes son mundos separados, aunque se conectan de alguna forma, tal vez, en su opinión, a través de la glándula pineal.

Cuando usamos metáforas, incurrimos casi siempre en ese error falta, especialmente cuando usamos metáforas extensionales (materiales). Ahora bien, ¿es posible hablar del mundo de la sustancia pensante sólo con términos apropiados, según la idea de Descartes, o es una tarea imposible, o al menos tan enojosa como la propuesta por algunos positivistas lógicos?

Supongo que me refería en el párrafo anterior a algo como que, puesto que todas las metáforas se formulan en un lenguaje material (hablado o escrito, o incluso pensado) y puesto que esas metáforas solo parece que puedan referirse a lo material de una u otra manera, ¿cómo encontrar metáforas espirituales, que sean puro pensamiento? Parece imposible.

Precisamente los lenguajes fisicalistas propuestos por algunos positivistas, a pesar de lo dicho antes, parecen contradecir a Descartes, al proponer extender el lenguaje fisicalista al mundo de la mente.


[Escrito en 1990. Revisado en 2018]

[Escrito con motivo de un seminario de antropología y el libro de Lakoff y Johnson Metáforas de la vida cotidiana]

Descartes

Descartes

[pt_view id=”a2a6ee47y5″]

 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

[pt_view id=”a2a6ee47y5″]

SIGNOS

[pt_view id=”e0b02a28s2″]

Originally posted 1990-11-28 12:02:03.

Sistemas de símbolos, prejuicios y aprendizaje

color

Dice Descartes en Principios de la filosofía:

“Cuando decimos que percibimos colores en los objetos, en realidad es lo mismo que si dijéramos que percibimos algo que ignoramos qué es, pero que producen en nosotros una sensación muy clara y manifiesta, que se llama sensación de los colores”. (Principios de la filosofía, punto 70)

Se me ocurre algo que no sé si tiene mucho que ver con esto, pero que sí se relaciona con las metáforas y con algunas afirmaciones de los relativistas culturales. Es lo siguiente.

Si durante la infancia, o durante nuestro aprendizaje, adoptamos un determinado conjunto de símbolos, como el matemático, el musical, el lógico, el religioso o místico, etcétera, es posible que, después, sólo podamos asegurar que realmente comprendemos una cosa cuando logramos traducir o adaptar esa cosa a ese nuestro primer lenguaje. Es decir, traducimos lo desconocido a lo conocido, del mismo modo que, como dice Descartes, tenemos una sensación de color ante ciertos estímulos, pero ello no significa que sepamos por qué se produce esa sensación.

babelPor ejemplo, he hablado en otra entrada dedicada a Descartes de mis problemas con la lógica, mi necesidad de traducir las fórmulas lógicas a un lenguaje cotidiano para entenderlas plenamente, pero en algunas personas que han seguido estudios de letras la incapacidad de comprender o asimilar razonamientos abstractos o estrictamente formales puede llegar a ser extrema.

Otro ejemplo: los defensores de un lenguaje fisicalista estricto sostienen, implícita o explícitamente, que los fenómenos sólo pueden ser descritos en el lenguaje de la física y/o  en el de la lógica. Por el contrario, quienes, como Smullyan (que es, por otra parte, un gran lógico formal), se sitúan cerca de ideas características del taoísmo, replican que esas explicaciones fisicalistas no explican nada.

La verdad es que para casi todos nosotros resulta mucho más fácil entender y comprender una descripción antropológica o un poema de Shakespeare al modo tradicional que esa misma descripción o poema convertida en dígitos binarios, algo que no le cuesta nada hacer a un ordenador, que, por su parte, sí es incapaz, por el momento, de procesar información al modo tradicional humano, ambiguo e indeterminado.

Es decir, si adoptamos un patrón de comprensión determinado, lo más habitual será que no lleguemos a comprender realmente algo hasta que dispongamos de una traducción a nuestro lenguaje (cuando apliquemos  un proceso comparativo (isomorfismo, metáfora, etc.) entre lo que conocemos y lo que queremos conocer. Pero no creo que esto apoye el relativismo, ni siquiera las tesis de Lakoff y Johnson.

[4 de marzo de 1990]

***********

Nota en 2014

Algunas sugerencias del texto no sé a qué se refieren exactamente (pues este texto pertenece a unos apuntes de hace más de veinte años), como la mención a “las tesis de Lakoff y Johnson”, que supongo que se refiere a la tesis que sostienen en su libro Metáforas de la vida cotidiana, que ahora no recuerdo con precisión, pero que supongo que es algo semejante a: “Todo nuestro conocimiento es metafórico”.

Lo del relativismo supongo que se refiere a que los relativistas dicen que las diferentes culturas no se pueden entender porque cada una habla su propio lenguaje. Por eso sugiero que aunque es cierto que el lenguaje (entendido en el sentido de concepción sobre el mundo o la realidad) que hemos aprendido nos condiciona y a veces nos obliga a traducir lo diferente a nuestro propio lenguaje, ello no impide que pueda haber comunicación, discusión, entendimiento y decisión a partir de esas “traducciones”.

Nota en 2019

Una bonita casualidad ha querido que esta entrada se actualizase precisamente hoy, en que estaba pensando, por diversas razones en lo que contaba el filósofo de la ciencia Paul Feyerabend: que nunca entendió realmente lo que había significado el holocausto hasta que lo vio contado en una película. Quizá sea un buen ejemplo del poder de la narrativa, que es casi siempre el primer lenguaje que aprendemos, y al que, por lo tanto, estamos atados emocionalmente.


[pt_view id=”a2a6ee47y5″]

Originally posted 1990-07-04 12:02:40.