La muerte de Denis Diderot

Poco antes de la muerte de Diderot, se le llevó a un lecho más cómodo. Dijo: “Os molestáis por un mueble que no durará ni cuatro días”. Murió, en efecto, cuatro días después, pronunciando estas palabras famosas: “El primer paso hacia la filosofía es la incredulidad”. El 1 de julio de 1784, Diderot, en la mesa, se inclina para servirse una compota de cerezas; su mujer le hace una pregunta, a la que ya no responde.

 

“Se utiliza a los muertos para deprimir y entristecer a los vivientes.”

mortal

“Cuando sobre mi sarcófago una gran Palas desolada muestre a los viandantes con el dedo las grabadas palabras: Aquí yace un sabio, no vayáis con una risa indiscreta a desmentir a la Minerva llorosa y ajar mi memoria honrada, diciendo: Aquí yace un loco… Guardadme el secreto.”

**********

**************

Desciende por esta página como por una tumba para conocer todas las entradas mortales alojadas en esta tumba digital.

PÁGINAS MORTALES

Accidentes eróticos

Craven y Cuervo visitan la Escuela


Leer Más
La inmortalidad y los libros

Leer Más
Liliana en La Recoleta

Leer Más
Cómo veo mi muerte

Leer Más
Los cementerios también mueren

Leer Más
Visitas al cementerio

Leer Más
Craven y Liliana

Leer Más
Mortal

Leer Más

LA GALERÍA MORTAL

La muerte de Demócrito de Abdera

Leer Más
La muerte de Séneca

Leer Más
La muerte de Francisco de Quevedo

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
La muerte de Denis Diderot

Leer Más

LA DISCOTECA MORTAL

Albergo a ore y Les amants d’un jour

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Vecchio frak, de Domenico Modugno

Leer Más
El señor de las sombras

Leer Más
Súplica para ser enterrado en la playa de Sète, de Georges Brassens

Leer Más
Canción para mi muerte, de Sui Generis

Leer Más

Originally posted 2012-03-25 18:50:36.

¿Es posible dialogar con un creyente?

En una respuesta al comentario de un lector, escribí hace unos años algunas cosas acerca de la dificultad de discutir con un creyente. Con cualquier creyente. Retomo esas ideas aquí.

Cuando se discute con un creyente, tiene lugar eso que los  psicólogos llaman el punto ciego: existen regiones intelectuales, temas o cuestiones en la que todos dejamos de razonar de la manera en que lo hacemos normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas, y a los seguidores de equipos de fútbol, por supuesto.

Si se discute con un comunista fervoroso, o con un fascista, acerca de sus ideas políticas, se sabe desde el principio que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos (los no creyentes) sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.

Si se habla con un católico, se sabe desde el principio que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque esa persona haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados). Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y uno y otro defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.

Cuando leo a grandes pensadores que defendieron una religión o una ideología, no puedo evitar pensar que estoy ante un talento desperdiciado, como Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, una mente poderosa que se ve obligada a justificar y argumentar dogmas que casi siempre son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto. Pero como esa era la doctrina cristiana, Tomás de Aquino lo defiende: si fuera otra la doctrina cristiana, se las arreglaría para defender lo contrario sin inmutarse. Resulta muchas veces triste observar cómo Tomás de Aquino insulta a su propia inteligencia.

Un ejemplo podría ser la doctrina de la Trinidad. Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que con mucha probabilidad no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo o con lo que creían los primeros cristianos. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial que fue establecido, si no recuerdo mal, en el Concilio de Nicea, hacia el año 300 después de cristo. Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento pone en duda que Dios, como creían los judíos (y el era judío seguidor de la religión judía) era Uno y al mismo tiempo una sola y única persona.

Baste con ese ejemplo para mostrar como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender ideas y planteamiento no porque busque la verdad, sino porque busca adecuarse a lo que decidieron unos personajes más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.

En ningún momento he pensado o pienso que los creyentes, así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad (también en general o sobre los diversos temas particulares), pero sí creo que no son capaces de buscarla precisamente en el tema que más les inquieta, conmueve e interesa: su propia fe.


 (Al principio titulé el artículo “¿Es posible dialogar con un creyente?”. Como bien me señaló “discutir” no es la palabra adecuada. Me refería a dialogar, por eso he cambiado el título, aunque también podría ser: ¿Es posible no discutir con un creyente?.


Entradas de Ensayos de teología

(Más artículos de Mitología en Toda la mitología)

Tertuliano y el absurdo

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
La tierra prometida

Leer Más
Ensayos de teología

Leer Más
Dios y la doble rendija

Leer Más
Moral holista

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Dios en la cruz

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Una interpretación del taoísmo

Leer Más
Ateísmo y optimismo

Leer Más
La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2


Leer Más
La Biblia atea de Buñuel

Leer Más
Guitton y la física cuántica

Leer Más
Maneras de predecir el futuro

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
…Jesucristo y los cristianos

Leer Más
Si yo fuera cristiano

Leer Más
Lo uno y lo plural

Leer Más
¿Dios en la cruz?

Leer Más
¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

Leer Más
Dios no puede demostrar que es Dios
Imposibilidades de Dios /1

Leer Más
Ser cristiano y, además, católico

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
La filosofía perenne

Leer Más
Constantino y los mitos

Leer Más
¿Dios ha muerto?

Leer Más

Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

 En este vídeo, Lola Larumbe, de la librería Rafael Alberti,  en el madrileño barrio de Argüelles, recuerda los tiempos difíciles en los que se inauguró la librería, durante la época franquista o quizá poco después de la muerte de Franco, hacia el año 1975.

La fotografía de la que hablamos Lola y yo en la presentación, en la que mi hermana Natalia y yo posamos junto al escaparate de la librería:

 Y aquí hay otra fotografía tomada en el mismo día mismo día, en la que aparecemos mi padre, Iván, y yo:

Junto a la palabra “VOLVEREMOS” se pueden ver disparos de bala. La palabra que hay escrita debajo no acabo de entenderla. Se supone que los autores del ataque eran fascistas, guerrilleros de Cristo Rey o algo parecido, es decir algún tipo de franquistas que no querían que España se convirtiera en una democracia. Aquellos años fueron muy difíciles, algo que hoy apenas se recuerda, y cada día parecía que la dictadura y el fascismo podían regresar, una amenaza que casi se hizo real en 1981, con el intento de golpe de estado. Era muy peligroso participar en las manifestaciones porque un tiro perdido te podía matar. Al menos en una ocasión presencié cómo moría un manifestante y más de una vez estuve a punto de salir malparado, por ejemplo con mi madre en una ocasión en la que nos refugiamos junto a un portal y un policía a caballo con la porra en ristre dudó si venir a por nosotros, durante unos momentos que se nos hicieron eternos.

Pero junto a toda la tensión y la incertidumbre de aquellos años, también fue una época tremendamente estimulante, pues salíamos de la españa gris y miserable del franquismo y empezábamos a decubrir que se podía vivir de otra manera.

Uno de los placeres de aquellos años era precisamente la librería Rafael Alberti. Mi hermana y yo teníamos una cuenta de libros que nos había abierto mi madre, creo que con un límite de 5000 pesetas (quizá eran 500, tengo muy mala memoria para los precios), pero pronto superamos ese libro. A pesar de ello, los libreros nos permitían seguir comprando libros.

Descubrí en la Alberti a muchos de los autores que más me han influido e interesado, entre ellos bastantes de los que menciono en Nada es lo que es, como Raymond Smullyan o Bertrand Russell, por ejemplo. Me gustaba muchísimo buscar libros de las más diversas disciplinas y géneros, aunque estaba especialmente interesado por la filosofía y la ciencia, además de la mitología y el mundo grecolatino. Todavía recuerdo el placer intenso que sentía cuando encontraba un libro especialmente interesante y corría a casa, dos o tres portales más abajo, a leerlo.

Fueron en fin, años a los que, al recordarlos ahora, se les podría aplicar el pasaje del célebre poema de Wordsworth :

Atisbos de la inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia

IX

¡Oh gozo! En nuestras ascuas
hay algo que permanece vivo
y que la naturaleza recuerda todavía,
aunque fuera tan fugaz.

Pensar en nuestros años pasados engendra en mí
perpetua bendición: no ciertamente
por lo más digno de ser bendecido:
deleite y libertad, el simple credo
de la infancia, en reposo o atareada,
con esperanzas renovadas aleteando en el pecho;
no es por ello que levanto
el canto de alabanza y agradecimiento,
sino por aquellas preguntas obstinadas
acerca del sentido y las cosas ajenas,
que vinieron a nosotros y se desvanecieron,
sospechas sin definir de una criatura
que se mueve por mundos que no comprende,
instintos elevados ante los que nuestra naturaleza mortal
tembló como un culpable al ser descubierto;
por aquellas primeras afecciones,
esos vagos recuerdos,
que, sean lo que sean,
son la fuente de luz de todo nuestro día,
son la luz dominante en todo nuestro mirar;
nos sostienen y abrigan, con el poder de hacer
que estos años ruidosos parezcan sólo instantes
en el devenir del eterno silencio:
verdades que despiertan para nunca perecer,
a las que ni la desatención, ni el esfuerzo loco,
ni el hombre, ni el muchacho,
ni todo lo enemigo de la dicha
puede borrar del todo o destruir.
Y aquí, en la estación de tiempo sereno,
aunque estemos muy tierra adentro,
nuestras almas ven un destello de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí;
y hasta allí pueden ir en un instante
y ver a los niños que juegan en la orilla
y escuchar las poderosas aguas fluir eternamente.

El poema continúa con aquel otro pasaje inolvidable que tanto nos emocionó a quienes vimos en la infancia la película de Elia Kazan Esplendor en la hierba:

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mi mirada.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo”.


El vídeo pertenece a la presentación de Nada es lo que es, en la librería Rafael Alberti. Me acompañaron Lola Larumbe y Juanjo de la Iglesia. Fue una tarde muy agradable y entretenida, en un lugar que está muy relacionado con mi identidad, sea eso lo que sea.

 

La traducción del pasaje IX del poema de Wordsworth parte del texto de José María Valverde, pero con bastantes  modificaciones mías, a partir del poema original de Wordsworth. El célebre fragmento del esplendor en la hierba, que ya pertenece al pasaje X, es la traducción más difundida pero desconozco el nombre del autor, y no lo he modificado.


[Publicado en 2012. Revisado en 2017]


Portada

Je est un autre y otras paradojas

Leer Más
Wilde, Chesterton y Martin Gardner entran en la Rafael Alberti

Leer Más
Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Leer Más
La identidades asesinas

Leer Más
Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Leer Más
Canetti y los libros para especialistas

Leer Más
Acerca de las definiciones

Leer Más
Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

Leer Más

La muerte de Francisco de Quevedo

Ya muy enfermo, Quevedo preguntó al médico que le dijera cuánto tiempo le quedaba por vivir; el médico le dijo que tres días, a lo que el escritor replicó: “ni tres horas”. Y así fue. Dictó sus últimas disposiciones y no pudo dejar de ser quien era cuando a la propuesta de un amigo de que dejara dinero para pagar los músicos que habían de acompañar su entierro, soltó: “La música páguela quien la oyere”.


Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en un cuarto del Convento de los Dominicos de Villanueva de los Infantes. Allí se conserva todavía la cama, y en la pared un soneto escrito por Quevedo cuando ya presentía su fin:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.

¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.

Quevedo escribió decenas de poemas y ensayos acerca de la muerte, entre ellos uno de sus sonetos más célebres:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

 

A imitación de Séneca, Quevedo también escribió un “Morirás”, que es realmente brillante:

MORIRÁS

“Fuera verdad entera si dijeras has muerto y mueres; lo que pasó lo tiene la muerte, lo que pasa lo va llevando. Morirás. Desde que nací lo sé, por eso lo espero y no lo temo. Morirás. No dices bien: di que acabaré de morir y acertarás, pues con la vida empecé la muerte. Morirás. Me dices lo que sé y callas lo que no sé, que es el cuándo. Morirás. Con todos hablas y todos te sacarán verdadero y tu vida a ti propio. Morirás. Si he vivido bien, empezaré a vivir; si mal, empezaré a morir. Morirás. No me alborotará hacer lo que todos han hecho y lo que todos harán. Morirás. Primero me lo dijo la Naturaleza. Morirás. Es vana amenaza, pues ninguno es tan necio que rehúse lo que hace; no hay hora que no muera. ¿Por qué he de temer lo que hago? ¿Por qué he de rehusar llegar adonde me llevo? Morirás. No viviré con esperanza de descansar, sino esperaré morir. Morirás. Con el propio contento que quien navega llega al puerto y quien peregrina a su patria. Morirás. Y los apetitos y vicios, si muero mozo, y las enfermedades y miserias, si muero viejo. Morirás. y si muero dichoso, la envidia que me tienen, y si desdichado la que yo tengo. Morirás. Y los cuidados y los desvelos si soy rico, y el desprecio y las calamidades si soy pobre. Morirás. Si hablas con el cuerpo, no lo puedo excusar por la naturaleza; si con el alma, te pueden desmentir las virtudes y las gracias. Morirás. Si hubiera alguno a quien no lo pudieras decir, me entristecieras. Morirás. No podré de otra manera seguir a muchos y ser seguido de todos. Morirás. No hay otro camino para pasar a vida sin muerte. Mientras lo dijeres a todos no podrás mentir, y no hay en todos uno en quien no puedas mentir, si le dijeres que vivirá”.

******

[Publicado por primera vez en Esklepsis 3 (1997) y en la red en 2004]

galeria-mortal2

La muerte de Demócrito de Abdera

Leer Más
La muerte de Séneca

Leer Más
La muerte de Francisco de Quevedo

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
La muerte de Denis Diderot

Leer Más

 

La muerte de Séneca

“Séneca, porque siendo ya muy viejo y teniendo el cuerpo muy enflaquecido con la larga abstinencia despedía muy lentamente la sangre, se hizo cortar también las venas de piernas y tobillos… Y sirviéndose de su elocuencia hasta en aquel último momento de su vida… dictó muchas cosas”.

La muerte de Séneca

“…Durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó… que le trajesen el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados… Y lo tomó, aunque sin ningún efecto, por habérsele ya resfriado los miembros, y cerrado las vías por donde pudiese entrar la violencia en él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió: “Este licor consagro a Júpiter liberador”. Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo”

 

MORIRÁS

“MORIRÁS. Esto es la naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Con esta condición entré; de salir. Morirás. Derecho es de gentes devolver lo que recibiste. Morirás. Peregrinación es la vida; cuando has caminado mucho, forzoso es volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La Naturaleza al nacer me puso este término, ¿de qué me puedo quejar? A esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede impedirse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero ni el último. Muchos murieron antes de mí. Todos después. Morirás. Este es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré que no sea mortal”.

La muerte de Demócrito de Abdera

“Se cuenta que Demócrito de Abdera, debido a su vejez, había decidido quitarse la vida y para lograrlo disminuía día a día la cantidad de alimento. Pero al llegar los días de la fiesta de las Tesmoforias, las mujeres de la casa le suplicaron que no muriera durante la celebración para que ellas pudieran participar en los ritos sagrados. Él consintió, ordenándoles que colocaran a su lado un recipiente con miel, y se mantuvo así con vida los días necesarios, bastándose sólo con el aroma exhalado por la miel. Pasados los días de la fiesta, al apartar de sí la miel, murió” (La muerte de Demócrito de Abdera contada por Ateneo).

Democritus-medita

Demócrito meditando acerca del lugar en el que se encuentra el alma, por Léon-Alexandre Delhomme

 

SOBRE LAS CAUSAS DE LA MUERTE SEGÚN DEMÓCRITO

“Pues cuando domina la fuerza circundante y ya no puede rechazarse la presión que viene de afuera, al no poder respirar, sobreviene la muerte para los seres vivos, pues la muerte es la salida del cuerpo de estas figuras, por la presión de lo circundante”. (fragmento 484)

 

“Un hombre justamente célebre, como Demócrito, afirmó que no hay signos seguros de la cesación de la vida, en los cuales puedan confiar los médicos. Con más razón aún negó que pueda haber signos seguros de la proximidad de la muerte” (fr.485)

mortal

 

QUÉ HACER CON LOS CADÁVERES

“Por lo cual es más sabio Heráclides del Ponto, cuando prescribe incinerar los cadáveres, que Demócrito, quien quiere conservarlos en miel. Si el pueblo hubiese seguido a éste, ¡que me muera si hoy pudiera comprar un vaso de vino con miel por menos de cien denarios.” (Varrón)

************

[Publicado por primera vez en Esklepsis nº3 en 1997]

Más sobre Demócrito en Cosas que he aprendido de… Demócrito

*****

***********

LA GALERÍA MORTAL

La muerte de Demócrito de Abdera

Leer Más
La muerte de Séneca

Leer Más
La muerte de Francisco de Quevedo

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
La muerte de Denis Diderot

Leer Más

Entradas sobre DEMÓCRITO

Cornwallis y Demócrito

Leer Más
La muerte de Demócrito de Abdera

Leer Más
Tritogenia , de Demócrito, y otros libros recuperados

Leer Más
La confianza lamentable de Dionisio de Halicarnaso

Leer Más
…Demócrito de Abdera

Cosas que he aprendido de…


Leer Más
Demócrito, todólogo

Leer Más
La causa de todas las causas

Leer Más
Demócrito, filósofo y detective

Leer Más
El azar y la necesidad

Leer Más
Demócrito, precursor de la Biblioteca Total de Borges… y de Woody Allen

Leer Más
Razón y sentidos en Demócrito

Leer Más

ENSAYO “LA ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES”

2.6 Pensamiento, palabra y acción

Leer Más
2.4 Acceso del hombre a la felicidad

Leer Más
2.3 Los bienes exteriores

Leer Más
2.1 La ética de Demócrito

Leer Más
1.9 La felicidad en la adversidad

Leer Más
1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

Leer Más
1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

Leer Más
1.5 La felicidad es un fin perfecto

Leer Más
1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

Leer Más
1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

Leer Más
Introducción

Leer Más
2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

Leer Más
1.6 ¿Qué es la felicidad?

Leer Más
La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


Leer Más
2.7 Conclusión

Leer Más
La felicidad y los tres modos de vida

Leer Más
1.2 El bien supremo es la felicidad

Leer Más
ÍNDICE

Leer Más

La ilusión de la ilusión

Gaudapada-451px-Shri_Gaudapadacharya_StatueComo pasa en todas las doctrinas monistas o no-dualistas,  en el Gaudapada Gita (de la escuela advaita vedanta) tampoco se consigue explicar la ilusión.

De acuerdo: todo es ilusión (maya), no existe esto ni lo otro, no hay ni siquiera Atman y Brahman, sino que todo es imaginario e ilusorio.

Pero, si aceptamos tal cosa: ¿cómo se explica que de algo no dual surja la ilusión que vemos?

Es un problema idéntico al que ellos mismos critican en los que creen en un Dios eterno fuera del tiempo (como los cristianos): “¿cómo puede intervenir lo eterno (y siempre acto puro) en lo transitorio (y potencial) sin dejar de ser eterno?”.

Se les puede hacer a ellos preguntas similares a las que hacen a los cristianos o a quienes creen en un dios personal y omnipotente, como: ¿Por qué en lo indiferenciado puede producirse algo como la ilusión, que no sólo se diferencia de lo indiferenciado, sino que también esconde en sí mismo diferencias? ¿Es que acaso  la ilusión no es diferente de lo que es sólo real y no ilusorio?

Las respuestas que ofrecen los filósofos y las doctrinas indias son semejantes a las cristianas: pura verbosidad, enredo y palabrería. Filosofía basada en conceptos más o menos razonables pero aplicados de manera arbitraria y caprichosa.

******

[Acerca de la crítica de Gaudapada al dios personal, omnipotente y eterno, ver: Argumento contra la eternidad]

[Publicado el 5 de diciembre de 2007 en Caracteres]

 

********

GAUDAPADA GITA

Sueño y vigilia en el Gaudapada Gita

Leer Más
Los asombrosos sueños

Leer Más
Gaudapada contra el ritualismo

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Argumento contra la eternidad

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
Gaudapada y Wittgenstein

Leer Más
La ilusión de la ilusión

Leer Más
Las múltiples apariencias de lo que es

Leer Más
¿Es posible dialogar con un creyente?

Leer Más
La analogía del tizón de Gaudapada

Leer Más

Entradas de Ensayos de teología

(Más artículos de Mitología en Toda la mitología)

Tertuliano y el absurdo

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
La tierra prometida

Leer Más
Ensayos de teología

Leer Más
Dios y la doble rendija

Leer Más
Moral holista

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Dios en la cruz

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Una interpretación del taoísmo

Leer Más
Ateísmo y optimismo

Leer Más
La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2


Leer Más
La Biblia atea de Buñuel

Leer Más
Guitton y la física cuántica

Leer Más
Maneras de predecir el futuro

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
…Jesucristo y los cristianos

Leer Más
Si yo fuera cristiano

Leer Más
Lo uno y lo plural

Leer Más
¿Dios en la cruz?

Leer Más
¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

Leer Más
Dios no puede demostrar que es Dios
Imposibilidades de Dios /1

Leer Más
Ser cristiano y, además, católico

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
La filosofía perenne

Leer Más
Constantino y los mitos

Leer Más
¿Dios ha muerto?

Leer Más

 

Argumento contra la eternidad

Gaudapada

Dice el Gaudapada Gita:

 “¿Cómo puede alguien creer que un ser inmortal puede cambiar su naturaleza y devenir mortal, mantener que lo inmortal —aunque le haya ocurrido esto— permanece sin cambio?”

 

Es un argumento prácticamente irrebatible, al que los cristianos se tienen que enfrentar cuando definen a Dios como eterno y al mismo tiempo pretenden explicar su intervención en lo no eterno. Y creo que las respuestas de los cristianos son mera palabrería ante un callejón lógico sin solución.


Comentario en 2016

Me refiero, por supuesto, a la inmortalidad ligada al concepto de eternidad: un ser cósmicamente o tecnológicamente poderoso y avanzado podría ser inmortal pero provocar su propia muerte. Lo imposible es que un ser eterno lo haga, porque la eternidad está fuera del tiempo por definición (de los propios creyentes en la eternidad).


Sin embargo, el propio Gaudapada no escapa a un reproche similar al que él hace, como puede verse en La ilusión de la ilusión


GAUDAPADA GITA

Sueño y vigilia en el Gaudapada Gita

Leer Más
Los asombrosos sueños

Leer Más
Gaudapada contra el ritualismo

Leer Más
Metáforas del cuenco

Leer Más
Argumento contra la eternidad

Leer Más
Controlar la mente es depresivo

Leer Más
Gaudapada y Wittgenstein

Leer Más
La ilusión de la ilusión

Leer Más
Las múltiples apariencias de lo que es

Leer Más
¿Es posible dialogar con un creyente?

Leer Más
La analogía del tizón de Gaudapada

Leer Más

Entradas de Ensayos de teología

(Más artículos de Mitología en Toda la mitología)

Tertuliano y el absurdo

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
La tierra prometida

Leer Más
Ensayos de teología

Leer Más
Dios y la doble rendija

Leer Más
Moral holista

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Dios en la cruz

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Una interpretación del taoísmo

Leer Más
Ateísmo y optimismo

Leer Más
La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2


Leer Más
La Biblia atea de Buñuel

Leer Más
Guitton y la física cuántica

Leer Más
Maneras de predecir el futuro

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
…Jesucristo y los cristianos

Leer Más
Si yo fuera cristiano

Leer Más
Lo uno y lo plural

Leer Más
¿Dios en la cruz?

Leer Más
¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

Leer Más
Dios no puede demostrar que es Dios
Imposibilidades de Dios /1

Leer Más
Ser cristiano y, además, católico

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
La filosofía perenne

Leer Más
Constantino y los mitos

Leer Más
¿Dios ha muerto?

Leer Más