Epitafios

Selden critica los epitafios en los que el muerto se atribuye todas las virtudes. Dice que es como si un pintor pusiese en un cuadro todas las cosas más hermosas que existen y después dijera que ese es su retrato.

Open Library: Details: Table-talk of John Selden

Originally posted 2007-12-08 00:00:43.

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Otto y el sapo

Tras visitar la Capilla Sixtina de América, la catedral de Aldahuyllas, Karina y yo fuimos a ver otra iglesia con murales en Huaro. Al llegar vimos al encargado hablando con un extranjero. Al salir de la iglesia le ofrecimos llevarle a Canincunca en nuestro coche (conducía Karina), pues él también quería ir allí. Se llamaba Otto y era alemán de Westfalia.

En Canincunca visitamos la Iglesia y luego el cementerio. Los tres éramos muy aficionados a los cementerios y a la muerte, pero Ottó, además, estaba haciendo una tesis acerca de la muerte en la Colonia. Al parecer también en Cuzco, nos dijo Otto, residía otra necrófila que investigaba algo relacionado con los cementerios. Otto realizaba sus investigaciones fundamentalmente en el archivo de Cuzco, donde ante sus pedidos de libros le decían. “Vuelva otto día”.

De regreso a Cuzco, paramos en Oropesa, en una chicharronería junto a una estación de tren abandonada, cuando el sol ya se estaba ocultando en un bellísimo aterdecer.

Comimos chicharrones (cerdo asado, pero no las típicas cortezas), bebimos unas cervezas Cuzqueñas y pasamos una tarde divertidísima jugando al sapo.

sapo1

El sapo de Oropesa

¿Quién ganó?

sapo3

Aquí se ve al campeón (Otto) al fondo

Es duro de admitir para personas tan competitivas (pero sólo en el juego) como Karina y yo, pero ganó Otto: tres de cuatro partidas.

[Escrito en 1997]

Originally posted 2012-10-23 14:09:53.

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Buda

Siddharta Gautama, conocido también como Buda (o Buddha), es decir, “el Despierto” o “el Iluminado”, y también como Sakyamuni o “el sabio de los Sakyas”, nació en una familia de la casta noble. Su padre había sido advertido de que su hijo le abandonaría si conocía el mundo exterior, así que lo mantenía encerrado en el palacio entre fiestas, placeres y todo tipo de lujos. Pero un día o una noche Buda salió del palacio, quizá con la ayuda de un auriga, y vio a un hombre enfermo, a un anciano y un cadáver. Descubrió así la enfermedad, la vejez y la muerte y abandonó su palacio, buscando una respuesta a esos males.

Buda probó a practicar el ascetismo extremo, pero acabó dándose cuenta de que no se podía alcanzar ningún tipo de salvación martirizando el cuerpo. Finalmente, tal vez sentado bajo un árbol, comprendió la verdadera naturaleza del dolor (las Cuatro Nobles Verdades) y descubrió también el camino que lleva a la liberación del dolor (el Noble Óctuple Sendero).

El camino de Buda fue llamado por él mismo yana (barca, balsa o vehículo), por lo que las tres principales interpretaciones del pensamiento de Buda han sido llamadas Hinayana o Pequeño Camino o Vehículo, Mahayana o Gran Vehícul,o y Vajrayana o Vehículo de Diamante. Es muy probable que todas los caminos budistas malinterpreten a Buda. Su verdadero pensamiento debió coincidir con alguna de las doctrinas del Hinayana, hoy minoritario.

HAZ CLIC EN LAS FLECHAS PARA VER LA AVENTURA

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 La tradición dice que Buda vivió entre el -543 ( o bien -566) y el -478, aproximadamente. Dataciones recientes sitúan la fecha de su muerte entre el -420 y el -368. Pero ninguna de estas fechas es segura.

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Súplica para ser enterrado en la playa de Sète, de Georges Brassens

Tras escribir una canción llamada Testamento, George Brassens, tal vez porque creía que le quedaba poco tiempo de vida debido al deterioro de su salud, escribió un codicilo o añadido, que es laimpresionante Suplica para ser enterrado en la playa de Sète. Es una de las canciones más extensas de Brassens y una de las más hermosas de su reportorio, lo que es un verdadero mérito, porque las buenas canciones de Brassens se cuentan por decenas.

No he encontrado una traducción que me acabase de gustar, así que me he permitido hacer un collage con varias traducciones y he añadido algunos cambios. Aún así, no me siento satisfecho con la traducción de algunos pasajes, y es posible que haya cometido errores graves. Para mostrar la dificultad de algunos pasajes, diré ante el verso: “La Camarde qui ne m’a jamais pardonné”, algunos traducen “La Muerte…” o “La Camarada…”, mientras que el traductor automático de Google propone: “El ángel de la muerte…”, y la verdad es que probablemente esa es la traducción más acertada, pues la Camarde se refiere a la representación alegórica de la muerte, en especial en las Danzas de la Muerte medievales. Su traducción precisa sería algo así “La Chata”, “la Desnarigada” o “la Sin nariz”, por la calavera que representa a la muerte.

También hay divergencias al traducir la corniche, que parece evidente que se refiere a los caminos o carreteras de montaña sobre el mar, típicos de la Costa Azul.

En cuanto a Gavroche y Mimí Pinson son personajes de Victor Hugo y de Alfred De Musset, por lo que parece claro que titis y grisettes se refiere a ellos, a los gamberrillos de Los Miserables y a las modistillas o grisettes de Musset, con los que Brassens espera encontrarse una vez muerto. Varios versos de la canción se refieren a El cementerio marino de Paul Valery, con el que Brassens compara, modesta e inmodestamente, el suyo.

De todos modos, la canción está repleta de referencias cultas y populares, rasgos ambos muy medievales, como lo es la mención a la Camarde, algo  frecuente en el que sin duda fue el más medieval de los cantantes franceses del siglo XX.

La traducción del vídeo también tiene varios errores (puedes leer una más completa tras  la letra en francés).

Supplique pour être enterré à la plage de Sète

La Camarde qui ne m’a jamais pardonné,
D’avoir semé des fleurs dans les trous de son nez,
Me poursuit d’un zèle imbécile.
Alors cerné de près par les enterrements,
J’ai cru bon de remettre à jour mon testament,
De me payer un codicille.

Trempe dans l’encre bleue du Golfe du Lion,
Trempe, trempe ta plume, ô mon vieux tabellion,
Et de ta plus belle écriture,
Note ce qu’il faudra qu’il advint de mon corps,
Lorsque mon âme et lui ne seront plus d’accord,
Que sur un seul point : la rupture.

Quand mon âme aura pris son vol à l’horizon,
Vers celle de Gavroche et de Mimi Pinson,
Celles des titis, des grisettes.
Que vers le sol natal mon corps soit ramené,
Dans un sleeping du Paris-Méditerranée,
Terminus en gare de Sète.

Mon caveau de famille, hélas ! n’est pas tout neuf,
Vulgairement parlant, il est plein comme un œuf,
Et d’ici que quelqu’un n’en sorte,
Il risque de se faire tard et je ne peux,
Dire à ces braves gens : poussez-vous donc un peu,
Place aux jeunes en quelque sorte.
Juste au bord de la mer à deux pas des flots bleus,
Creusez si c’est possible un petit trou moelleux,
Une bonne petite niche.
Auprès de mes amis d’enfance, les dauphins,
Le long de cette grève où le sable est si fin,
Sur la plage de la corniche.

C’est une plage où même à ses moments furieux,
Neptune ne se prend jamais trop au sérieux,
Où quand un bateau fait naufrage,
Le capitaine crie : “Je suis le maître à bord !
Sauve qui peut, le vin et le pastis d’abord,
Chacun sa bonbonne et courage”.

Et c’est là que jadis à quinze ans révolus,
A l’âge où s’amuser tout seul ne suffit plus,
Je connu la prime amourette.
Auprès d’une sirène, une femme-poisson,
Je reçu de l’amour la première leçon,
Avalai la première arête.
Déférence gardée envers Paul Valéry,
Moi l’humble troubadour sur lui je renchéris,
Le bon maître me le pardonne.
Et qu’au moins si ses vers valent mieux que les miens,
Mon cimetière soit plus marin que le sien,
Et n’en déplaise aux autochtones.

Cette tombe en sandwich entre le ciel et l’eau,
Ne donnera pas une ombre triste au tableau,
Mais un charme indéfinissable.
Les baigneuses s’en serviront de paravent,
Pour changer de tenue et les petits enfants,
Diront : chouette, un château de sable!
Est-ce trop demander : sur mon petit lopin,
Planter, je vous en prie une espèce de pin,
Pin parasol de préférence.
Qui saura prémunir contre l’insolation,
Les bons amis venus faire sur ma concession,
D’affectueuses révérences.
Tantôt venant d’Espagne et tantôt d’Italie,
Tous chargés de parfums, de musiques jolies,
Le Mistral et la Tramontane,
Sur mon dernier sommeil verseront les échos,
De villanelle, un jour, un jour de fandango,
De tarentelle, de sardane.

Et quand prenant ma butte en guise d’oreiller,
Une ondine viendra gentiment sommeiller,
Avec rien que moins de costume,
J’en demande pardon par avance à Jésus,
Si l’ombre de sa croix s’y couche un peu dessus,
Pour un petit bonheur posthume.
Pauvres rois pharaons, pauvre Napoléon,
Pauvres grands disparus gisant au Panthéon,
Pauvres cendres de conséquence,

Vous envierez un peu l’éternel estivant,
Qui fait du pédalo sur la vague en rêvant,
Qui passe sa mort en vacances.

Súplica para ser enterrado en la playa de Sête

La muerte, que nunca me perdonó
por haber sembrado flores en los agujeros de su nariz,
me persigue con un encono imbécil.
Asi que seguido de cerca por los entierros,
me pareció bien poner al día mi testamento,
pagarme un testamento.

Moja en la tinta china azul del Golfo de Lion,
moja, moja tu pluma, oh, mi viejo notario,
y con tu más bella escritura
anota lo que tendrá que ocurrir con mi cuerpo,
cuando mi alma y él ya sólo estén de acuerdo
en un solo punto: la ruptura.

Cuando mi alma tomará su vuelo hacia el horizonte,
junto la de Gavroche y la de Mimi Pinson,
las de los gamberros y las grisettes.
Que ante el suelo natal se lleve mi cuerpo,
en un sleeping del Paris-Mediterráneo,
con término en la estación de Sète.

Mi panteón de familia, vaya! no está muy nuevo,
vulgarmente hablando, está repleto,
y si de ahí no sale nadie,
se corre el riesgo de que se haga tarde y no puedo
decirle a estas bravas gentes: apartaos un poco,
dejad sitio a los jóvenes, de alguna forma.

Justo al borde del mar, a dos pasos del oleaje azul
cavad si es posible un pequeño agujero mullido,
un buen nicho pequeño .
Cerca de mis amigos de infancia, los delfines,
a lo largo de este arenal donde la arena es tan fina,
en la playa de la cornisa.

Es una playa donde incluso en sus momentos furiosos
a Neptuno nunca se ple toma demasiado en serio,
y cuando un barco naufraga
el capitán grita: “Soy el jefe a bordo!
sálvese quien pueda, el vino y el anís primero,
cada uno a lo suyo y ánimo”.

Y es ahí que en otro tiempo, una vez a los 15 años,
en la edad en la que divertirse solo ya no es suficiente,
conocí el primer amor.
Al lado de una sirena, una mujer-pez,
recibí del amor la primera lección,
tragué la primera espina.

Con todo el respeto hacia Paul Valéry
yo como humilde trovador sobre él voy más allá,
el buen maestro me lo perdone.
Y que al menos si sus versos valen más que los míos,
mi cementerio sea más marino que el suyo,
y no moleste a los autóctonos.

Esta tumba en sandwich entre el cielo y el agua,
no dara una sombra triste al cuadro,
sino un encanto indefinible.
Las bañistas la utilizarán
como sombrilla,
para cambiar de ropa y los niños pequeños
dirán: qué guay! un castillo de arena!

Es mucho pedir: sobre mi pequeña parcela,
plantad, os lo pido una especie de pino,
pino parasol de preferencia.
Que sabrá prevenir contra la insolación,
a los buenos amigos venidos a hacer sobre mi concesión
reverencias de afecto.

 Tanto venidos de España y tanto de Italia,
todos cargados de perfumes, de bellas músicas,
El Mistral y la Tramontana,
sobre mi último sueño derramarán
sus ecos,
de villanela, un día, un día de fandango,
de tarantela, de sardana.

Y cuando cogiendo mi loma como almohada
una ondina venga gentilmente a dormitar,
con menos que nada como traje
Pido perdón por anticipado a Jesús,
si la sombra de su cruz se acuesta un poco encima,
para una felicidad póstuma.

Pobres reyes faraones, pobre Napoleón,
pobres grandes desaparecidos que yacen
en el Panteón,
pobres cenizas de consecuencia.

Tendréis envidia un poco del eterno veraneante,
que pedalea sobre las olas en sueños,
que pasa su muerte de vacaciones.

 

******

Traducciones empleadas: Tuky, Jesús Álvarez y Google Traductor

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LA DISCOTECA MORTAL

Música

 

 

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Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

 En este vídeo, Lola Larumbe, de la librería Rafael Alberti,  en el madrileño barrio de Argüelles, recuerda los tiempos difíciles en los que se inauguró la librería, durante la época franquista o quizá poco después de la muerte de Franco, hacia el año 1975.

La fotografía de la que hablamos Lola y yo en la presentación, en la que mi hermana Natalia y yo posamos junto al escaparate de la librería:

 Y aquí hay otra fotografía tomada en el mismo día mismo día, en la que aparecemos mi padre, Iván, y yo:

Junto a la palabra “VOLVEREMOS” se pueden ver disparos de bala. La palabra que hay escrita debajo no acabo de entenderla. Se supone que los autores del ataque eran fascistas, guerrilleros de Cristo Rey o algo parecido, es decir algún tipo de franquistas que no querían que España se convirtiera en una democracia. Aquellos años fueron muy difíciles, algo que hoy apenas se recuerda, y cada día parecía que la dictadura y el fascismo podían regresar, una amenaza que casi se hizo real en 1981, con el intento de golpe de estado. Era muy peligroso participar en las manifestaciones porque un tiro perdido te podía matar. Al menos en una ocasión presencié cómo moría un manifestante y más de una vez estuve a punto de salir malparado, por ejemplo con mi madre en una ocasión en la que nos refugiamos junto a un portal y un policía a caballo con la porra en ristre dudó si venir a por nosotros, durante unos momentos que se nos hicieron eternos.

Pero junto a toda la tensión y la incertidumbre de aquellos años, también fue una época tremendamente estimulante, pues salíamos de la españa gris y miserable del franquismo y empezábamos a decubrir que se podía vivir de otra manera.

Uno de los placeres de aquellos años era precisamente la librería Rafael Alberti. Mi hermana y yo teníamos una cuenta de libros que nos había abierto mi madre, creo que con un límite de 5000 pesetas (quizá eran 500, tengo muy mala memoria para los precios), pero pronto superamos ese libro. A pesar de ello, los libreros nos permitían seguir comprando libros.

Descubrí en la Alberti a muchos de los autores que más me han influido e interesado, entre ellos bastantes de los que menciono en Nada es lo que es, como Raymond Smullyan o Bertrand Russell, por ejemplo. Me gustaba muchísimo buscar libros de las más diversas disciplinas y géneros, aunque estaba especialmente interesado por la filosofía y la ciencia, además de la mitología y el mundo grecolatino. Todavía recuerdo el placer intenso que sentía cuando encontraba un libro especialmente interesante y corría a casa, dos o tres portales más abajo, a leerlo.

Fueron en fin, años a los que, al recordarlos ahora, se les podría aplicar el pasaje del célebre poema de Wordsworth :

Atisbos de la inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia

IX

¡Oh gozo! En nuestras ascuas
hay algo que permanece vivo
y que la naturaleza recuerda todavía,
aunque fuera tan fugaz.

Pensar en nuestros años pasados engendra en mí
perpetua bendición: no ciertamente
por lo más digno de ser bendecido:
deleite y libertad, el simple credo
de la infancia, en reposo o atareada,
con esperanzas renovadas aleteando en el pecho;
no es por ello que levanto
el canto de alabanza y agradecimiento,
sino por aquellas preguntas obstinadas
acerca del sentido y las cosas ajenas,
que vinieron a nosotros y se desvanecieron,
sospechas sin definir de una criatura
que se mueve por mundos que no comprende,
instintos elevados ante los que nuestra naturaleza mortal
tembló como un culpable al ser descubierto;
por aquellas primeras afecciones,
esos vagos recuerdos,
que, sean lo que sean,
son la fuente de luz de todo nuestro día,
son la luz dominante en todo nuestro mirar;
nos sostienen y abrigan, con el poder de hacer
que estos años ruidosos parezcan sólo instantes
en el devenir del eterno silencio:
verdades que despiertan para nunca perecer,
a las que ni la desatención, ni el esfuerzo loco,
ni el hombre, ni el muchacho,
ni todo lo enemigo de la dicha
puede borrar del todo o destruir.
Y aquí, en la estación de tiempo sereno,
aunque estemos muy tierra adentro,
nuestras almas ven un destello de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí;
y hasta allí pueden ir en un instante
y ver a los niños que juegan en la orilla
y escuchar las poderosas aguas fluir eternamente.

El poema continúa con aquel otro pasaje inolvidable que tanto nos emocionó a quienes vimos en la infancia la película de Elia Kazan Esplendor en la hierba:

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mi mirada.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo”.


El vídeo pertenece a la presentación de Nada es lo que es, en la librería Rafael Alberti. Me acompañaron Lola Larumbe y Juanjo de la Iglesia. Fue una tarde muy agradable y entretenida, en un lugar que está muy relacionado con mi identidad, sea eso lo que sea.

 

La traducción del pasaje IX del poema de Wordsworth parte del texto de José María Valverde, pero con bastantes  modificaciones mías, a partir del poema original de Wordsworth. El célebre fragmento del esplendor en la hierba, que ya pertenece al pasaje X, es la traducción más difundida pero desconozco el nombre del autor, y no lo he modificado.


[Publicado en 2012. Revisado en 2017]


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La muerte de Francisco de Quevedo

Ya muy enfermo, Quevedo preguntó al médico que le dijera cuánto tiempo le quedaba por vivir; el médico le dijo que tres días, a lo que el escritor replicó: “ni tres horas”. Y así fue. Dictó sus últimas disposiciones y no pudo dejar de ser quien era cuando a la propuesta de un amigo de que dejara dinero para pagar los músicos que habían de acompañar su entierro, soltó: “La música páguela quien la oyere”.


Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en un cuarto del Convento de los Dominicos de Villanueva de los Infantes. Allí se conserva todavía la cama, y en la pared un soneto escrito por Quevedo cuando ya presentía su fin:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.

¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.

Quevedo escribió decenas de poemas y ensayos acerca de la muerte, entre ellos uno de sus sonetos más célebres:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

 

A imitación de Séneca, Quevedo también escribió un “Morirás”, que es realmente brillante:

MORIRÁS

“Fuera verdad entera si dijeras has muerto y mueres; lo que pasó lo tiene la muerte, lo que pasa lo va llevando. Morirás. Desde que nací lo sé, por eso lo espero y no lo temo. Morirás. No dices bien: di que acabaré de morir y acertarás, pues con la vida empecé la muerte. Morirás. Me dices lo que sé y callas lo que no sé, que es el cuándo. Morirás. Con todos hablas y todos te sacarán verdadero y tu vida a ti propio. Morirás. Si he vivido bien, empezaré a vivir; si mal, empezaré a morir. Morirás. No me alborotará hacer lo que todos han hecho y lo que todos harán. Morirás. Primero me lo dijo la Naturaleza. Morirás. Es vana amenaza, pues ninguno es tan necio que rehúse lo que hace; no hay hora que no muera. ¿Por qué he de temer lo que hago? ¿Por qué he de rehusar llegar adonde me llevo? Morirás. No viviré con esperanza de descansar, sino esperaré morir. Morirás. Con el propio contento que quien navega llega al puerto y quien peregrina a su patria. Morirás. Y los apetitos y vicios, si muero mozo, y las enfermedades y miserias, si muero viejo. Morirás. y si muero dichoso, la envidia que me tienen, y si desdichado la que yo tengo. Morirás. Y los cuidados y los desvelos si soy rico, y el desprecio y las calamidades si soy pobre. Morirás. Si hablas con el cuerpo, no lo puedo excusar por la naturaleza; si con el alma, te pueden desmentir las virtudes y las gracias. Morirás. Si hubiera alguno a quien no lo pudieras decir, me entristecieras. Morirás. No podré de otra manera seguir a muchos y ser seguido de todos. Morirás. No hay otro camino para pasar a vida sin muerte. Mientras lo dijeres a todos no podrás mentir, y no hay en todos uno en quien no puedas mentir, si le dijeres que vivirá”.

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[Publicado por primera vez en Esklepsis 3 (1997) y en la red en 2004]

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La muerte de Séneca

“Séneca, porque siendo ya muy viejo y teniendo el cuerpo muy enflaquecido con la larga abstinencia despedía muy lentamente la sangre, se hizo cortar también las venas de piernas y tobillos… Y sirviéndose de su elocuencia hasta en aquel último momento de su vida… dictó muchas cosas”.

La muerte de Séneca

“…Durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó… que le trajesen el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados… Y lo tomó, aunque sin ningún efecto, por habérsele ya resfriado los miembros, y cerrado las vías por donde pudiese entrar la violencia en él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió: “Este licor consagro a Júpiter liberador”. Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo”

 

MORIRÁS

“MORIRÁS. Esto es la naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Con esta condición entré; de salir. Morirás. Derecho es de gentes devolver lo que recibiste. Morirás. Peregrinación es la vida; cuando has caminado mucho, forzoso es volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La Naturaleza al nacer me puso este término, ¿de qué me puedo quejar? A esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede impedirse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero ni el último. Muchos murieron antes de mí. Todos después. Morirás. Este es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré que no sea mortal”.

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La muerte de Denis Diderot

Poco antes de la muerte de Diderot, se le llevó a un lecho más cómodo. Dijo: “Os molestáis por un mueble que no durará ni cuatro días”. Murió, en efecto, cuatro días después, pronunciando estas palabras famosas: “El primer paso hacia la filosofía es la incredulidad”. El 1 de julio de 1784, Diderot, en la mesa, se inclina para servirse una compota de cerezas; su mujer le hace una pregunta, a la que ya no responde.

 

“Se utiliza a los muertos para deprimir y entristecer a los vivientes.”

mortal

“Cuando sobre mi sarcófago una gran Palas desolada muestre a los viandantes con el dedo las grabadas palabras: Aquí yace un sabio, no vayáis con una risa indiscreta a desmentir a la Minerva llorosa y ajar mi memoria honrada, diciendo: Aquí yace un loco… Guardadme el secreto.”

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Desciende por esta página como por una tumba para conocer todas las entradas mortales alojadas en esta tumba digital.

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La muerte de Demócrito de Abdera

“Se cuenta que Demócrito de Abdera, debido a su vejez, había decidido quitarse la vida y para lograrlo disminuía día a día la cantidad de alimento. Pero al llegar los días de la fiesta de las Tesmoforias, las mujeres de la casa le suplicaron que no muriera durante la celebración para que ellas pudieran participar en los ritos sagrados. Él consintió, ordenándoles que colocaran a su lado un recipiente con miel, y se mantuvo así con vida los días necesarios, bastándose sólo con el aroma exhalado por la miel. Pasados los días de la fiesta, al apartar de sí la miel, murió” (La muerte de Demócrito de Abdera contada por Ateneo).

Democritus-medita

Demócrito meditando acerca del lugar en el que se encuentra el alma, por Léon-Alexandre Delhomme

 

SOBRE LAS CAUSAS DE LA MUERTE SEGÚN DEMÓCRITO

“Pues cuando domina la fuerza circundante y ya no puede rechazarse la presión que viene de afuera, al no poder respirar, sobreviene la muerte para los seres vivos, pues la muerte es la salida del cuerpo de estas figuras, por la presión de lo circundante”. (fragmento 484)

 

“Un hombre justamente célebre, como Demócrito, afirmó que no hay signos seguros de la cesación de la vida, en los cuales puedan confiar los médicos. Con más razón aún negó que pueda haber signos seguros de la proximidad de la muerte” (fr.485)

mortal

 

QUÉ HACER CON LOS CADÁVERES

“Por lo cual es más sabio Heráclides del Ponto, cuando prescribe incinerar los cadáveres, que Demócrito, quien quiere conservarlos en miel. Si el pueblo hubiese seguido a éste, ¡que me muera si hoy pudiera comprar un vaso de vino con miel por menos de cien denarios.” (Varrón)

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[Publicado por primera vez en Esklepsis nº3 en 1997]

Más sobre Demócrito en Cosas que he aprendido de… Demócrito

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2.6 Pensamiento, palabra y acción

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.3 Los bienes exteriores

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2.1 La ética de Demócrito

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

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1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


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2.7 Conclusión

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La felicidad y los tres modos de vida

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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El Decepcionismo

En la tapa interior de La verdadera historia de las sociedades secretas se puede leer:

“Daniel Tubau es guionista y director de programas y series de televisión y autor de Las paradojas del guionista (Alba, 2007) Apasionado por la filosofía, la mitología, el comic y todo lo relacionado con la muerte, es también miembro fundador de la Sociedad Decepcionista.”

Me han preguntado varias veces qué sociedad es la Decepcionista. El periodista Fernando Franco, del periódico Faro de Vigo, me dijo que había estado buscando información en Internet acerca de esa sociedad y que no había encontrado absolutamente nada. Esa es la prueba de lo secreta que es la Sociedad Decepcionista, tan secreta que ni siquiera sus miembros, excepto yo, saben que pertenecen a ella.

También en una entrevista me preguntaron por la Sociedad Decepcionista:

“Como fundador de la Sociedad Decepcionista ¿Aceptas a seguidores de clubes de fútbol, corazones rotos y miembros de partidos políticos?, ¿A quién le cerrarías las puertas?

__ La Sociedad Decepcionista no acepta nuevos miembros desde hace unos 15 años. Y no aceptaría a socios cuya decepción procede de accidentes como el fútbol o un amor roto: tiene que tratarse de un decepcionismo menos casual, más absoluto. Así que le cerraría las puertas a casi todo el mundo, incluso a mí mismo, pues como decía Groucho Marx, no puedo pertenecer a una sociedad que acepta miembros como yo. Además, el decepcionismo y el pesimismo son hoy en día un lugar común tan común que yo prefiero ser optimista.

Cuando terminé el libro sobre las sociedades secretas pensé si podía añadir algo que me relacionase directamente con alguna de ellas y, como es cierto, aunque suene ya muy repetido, que siempre he seguido el precepto de Groucho Marx de no pertenecer a ningún club, lo más cercano que encontré fue el Decepcionismo, un breve movimiento filosófico en cuyo desarrollo sí participé.

El Decepcionismo fue creado en una cafetería de el barrio de Argüelles de Madrid, junto a la calle de la Princesa, llamada Cervecería Esmeralda. Allí estábamos un día del siglo pasado cinco amigos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, dos chicos y tres chicas. No sé por qué razón, pensamos en la posibilidad de crear una nueva tendencia filosófica. Tras pensar en diversas posibilidades, alguien propuso el Decepcionismo.

Sede transitoria de la Sociedad Decepcionista

Enseguida empezamos a definir el decepcionismo, a describir sus rasgos fundamentales, a establecer incluso sus leyes. Apuntamos lo que se nos ocurría en papeles sueltos. Yo conservo uno de ellos (aunque ahora soy incapaz de encontrarlo), y sé que Blanca Gortari anotó en una carpeta azul bastantes cosas. Ignoro si existen más testimonios del Decepcionismo.

Una de las cosas más interesantes eran las leyes del Decepcionismo, que tal vez eran ocho, diez o doce, pero de las que yo sólo recuerdo tres, y ni siquiera estoy seguro de si mi recuerdo es preciso y exacto. Pero intentaré enumerar aquí esas tres leyes.

Las leyes del Decepcionismo

1ª Ley: Todo es decepcionante

2ª Ley: Si se diera el caso de que no todo fuera decepcionante, eso sería muy decepcionante.

3ª Ley: En el caso de que la segunda ley del Decepcionimo fuera cierta, ello confirmaría la verdad de la primera ley del Decepcionismo.


La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas
Alba Edi­to­r­ial, 424 pági­nas

“La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas desvela el saber oculto de los influyentes masones y franc­ma­sones, los mis­te­riosos rosacruces, los ese­nios y sicar­ios con­tem­porá­neos de Jesu­cristo, los magos per­sas y los sac­er­dotes egip­cios, los asesinos del Viejo de la Mon­taña, el pri­o­rato de Sión y los tem­plar­ios.
El libro nos guía a través de un sin­fín de cer­e­mo­nias ini­ciáti­cas, cul­tos mis­téri­cos, lengua­jes secre­tos, sím­bo­los y con­traseñas o la asom­brosa Cábala.”

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También en ebook: La verdadera historia de las sociedades secretas

[Publicado por primera vez el 24 de diciembre de 2008]

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