El deus ex machina de la Medea de Eurípides

medea_vasija

En ¿Qué es el deus ex machina? expliqué en qué consistía el mecanismo narrativo del deus ex machina (dios a través de la máquina) y las razones por las que Aristóteles consideraba que no se debía utilizar, porque es”un recurso fácil que no nace de la trama misma”.

Antes que Aristóteles, Platón también desaprobó el uso del deus ex machina:

“A menos que prefieras que, como los tragediógrafos cuando se encuentran sin salida y recurren a los dioses levantándolos en máquinas, así también nosotros nos demos por vencidos alegando que los nombres primarios los establecieron los dioses y, por eso, son exactos. ¿Será éste nuestro argumento más poderoso?”

Ahora bien, en Primera defensa del deus ex machina también expliqué que para los griegos de la época clásica recurrir a los dioses no era siempre algo impostado, sino que su intervención en una trama tenía cierta lógica, puesto que dentro de la concepción mítica o religiosa de la época los dioses intervenían constantemente en el devenir humano.

Aristóteles, en su crítica al deus ex machina menciona la Medea de Eurípides. Sin embargo, tal vez la opinión de Aristóteles acerca de la Medea no esté del todo justificada. La recuerdo aquí antes de discutirla:

“A partir de esto se advierte (para formular una digresión) que el desenlace también debe surgir de la fábula misma, y no depender de un artificio de la escena, como en la Medea de Eurípides”.

 

¿Cuál es el argumento de la Medea de Eurípides?

El argumento de la obra de Eurípides cuenta que Medea está casada en Corinto con el argonauta Jasón, pero que el héroe pretende repudiarla para casarse con Glauce, la hija del rey Creonte. Furiosa, Medea decide vengarse. Consigue que Glauce acepte un vestido envenenado y tanto ella como su padre Creonte mueren entre terribles dolores. Después, Medea mata a dos de los hijos que ha tenido con Jasón. Finalmente, Jasón va a buscarla para vengarse:

JASÓN
(golpeando la puerta)

Los cerrojos cuanto antes corred, mis servidores,
quitad las barras, vea yo mi doble desdicha:
ellos ya muertos y ella… su pena haré que pague.

Aparece en lo alto de la casa
Medea llevada en un carro por dragones
alados; sobre el carro los cadáveres de sus hijos.

MEDEA
¿Por qué la puerta así sacudes en tu intento
de buscar a los muertos o a mí, que les maté?
Ahórrate el trabajo. Si de mí necesitas,
háblame cuanto quieras, mas no podrás tocarme:
tal es el carro alado que me da Helio, mi abuelo.

Medea mata a sus hijos

 Así que Medea logra escapar por la intervención de un dios y de un deus ex machina, el carro de su abuelo el sol (Helios es el dios Sol), que sin duda resultaba una visión espectacular cuando descendía sobre el escenario del teatro.

Sin embargo, como se dijo antes, la intervención divina, aunque posible gracias al artilugio mecánico que existía en los teatros griegos, ¿es realmente un deus ex machina?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que Eurípides no se inventa la historia de Medea. Era una leyenda muy conocida y los espectadores del teatro sabían que ella lograba escapar, puesto que todavía tenía que jugar un importante papel en otro mito, el de Teseo y su padre Egeo. Y según esa leyenda, Medea escapaba de Corinto precisamente en el carro de Helios. Así que no sucede otra cosa que lo que tenía que suceder.

El carro de helios de Medea

El propio Eurípides dedica un breve pasaje de la obra a describir el encuentro entre el rey Egeo de Atenas, que regresa del oráculo de Delfos, y Medea. Allí vemos que Medea le promete un remedio para su esterilidad y que le pide refugio en Atenas, tras contarle la traición y el repudio de Jasón. Egeo le promete refugio en Atenas.El espectador está informado, por tanto, de que Medea confía en cometer su crimen y después escapar. Quizá representase una cierta sorpresa ver que la manera en que escapa es el carro de Helios, con lo que se trataría, en todo caso, de un desenlace sorprendente pero inevitable.

Por ello, sorprende un poco la crítica de Aristóteles.

Meva Onyurt en Understanding aristotelian tragedy dice que esa crítica podría deberse, más que a una cuestión narrativa, a una cuestión moral: Medea es una criminal y no puede salvarse de esa manera, ni los dioses deberían ayudarla. Es posible, en efecto, que Aristóteles rechazara implicar a Zeus en una acción tan detestable, pero también hay que recordar que una de las versiones del mito asegura que el propio Zeus se enamoró de Medea al ver su poderosa determinación y que quiso repudiar a su esposa Hera. Medea se negó a aceptar el trato, algo  que Hera siempre le agradeció.

 

Medea por Eugene Delacroix

Medea, por Eugène Delacroix

 Una interpretación socio-política de Medea

Un aspecto curioso es que, según las versiones más antiguas, Medea no mató a sus hijos, sino que lo hicieron los corintios. Se aseguraba que fueron ellos también quienes sobornaron a Eurípides con quince talentos de plata para que hiciera recaer todas las culpas sobre Medea y exculpara, de este modo, a la ciudad de Corinto. Si suponemos que en la leyenda original, Medea no mata a sus hijos, resulta mucho más razonable que Helios le envíe ese carro salvador.

De ser así, en cierta manera sí se podría decir que el aspecto moral pudo influir, como dice Onyurt, en la opinión de Aristóteles, aunque de una manera muy indirecta: habría sido  razonable hacer intervenir a los dioses si Medea no hubiese matado a los hijos, pero deja de serlo al convertirse en una criminal.

María Dolores López Galocha ofrece un análisis muy interesante de la obra en Estudio socio-político de la Medea de Eurípides, que contradice la idea de que los corintios sobornaron a Eurípides para que atribuyera los crímenes a Medea y no a ellos. Sucedió más bien lo contrario, dice López Galocha, pues, con su Medea, Eurípides quiso referirse, de manera a veces muy directa, a un conflicto político que, precisamente tenía que ver con Corinto. Meses antes del estreno de la Medea de Eurípides, habían tenido lugar tensas negociaciones en Atenas:

“Entre su Asamblea y diversas embajadas espartanas enviadas, al parecer, con la finalidad de evitar que la guerra entre peloponesios y atenienses estallara (Tuc. 1, 126-145). El conflicto de Corcira-Epidamno-Corinto, el asunto de Potidea, del que no pueden separarse las acciones subversivas de Perdicas de Macedonia, y la promulgación del Decreto Megárico son los hechos que jalonan un peligroso tira y afloja de poder entre Atenas y Corinto, que acabó rompiendo el difícil equilibrio logrado con el Tratado del -446/-445.”

En aquellos momentos, olvidada ya la unión griega contra los persas, la democracia imperial ateniense era presentada por corintios y espartanos como un enemigo de la libertad al que había que enfrentarse. Corinto y Esparta querían una excusa para romper el pacto vigente con Atenas:

“Corinto, que veía peligrar sus intereses en zonas de gran importancia para su economía y, en consecuencia, disminuir su prestigio como segundo estado dentro de la Liga del Peloponeso, maniobró tanto en Esparta, cabeza de la Liga, como junto a los restantes estados peloponesios, para conseguir que Atenas fuera considerada culpable de haber roto el Tratado de los 30 Años y declararle la guerra.”

Es por ello, dice López Galocha, que se insiste tanto en la obra en la ruptura por parte de Jasón del pacto, de ese matrimonio con Medea que Jasón quiere romper. Ese es el tema que pone en marcha la obra y esa es la razón de la actitud de Medea. El Coro siempre considera justificado el reproche a Jasón, a veces en versos que, efectivamente, parecen tener una doble lectura relacionada con la política del momento:

“Se fue el respeto de los juramentos,

el pudor ya no es dueño de la Hélade inmensa; voló al cielo. 440).

Por ello, dice López Galocha:

“Es en relación con esta problemática donde debemos situar a Medea, y no suponer que Eurípides era ajeno a la misma. La alabanza que el Coro entona en honor de Atenas (vv. 824 y ss.) no persigue sólo agradar al público asistente, a las autoridades o al corego que la ha financiado. Es una contestación a la propaganda peloponésica contra Atenas, un recordatorio del papel jugado por ésta en el pasado, su reivindicación como centro benefactor de la Hélade, y una incitación a la defensa del bienestar de que gozaban los atenienses.”

Esta interpretación, compatible en muchos aspectos con otras que he expuesto aquí,, también muestra, en contra de la opinión de Aristóteles, que la intervención de los dioses es perfectamente justificada y necesaria en la obra:

“Desde el momento en que Medea anuncia su intención de castigar el ultraje sufrido, jamás es acusada de obrar injustamente, sino todo lo contrario. Es más, en los versos finales, así como en su último parlamento con Jasón, se muestran sus actos como ejecutados con consentimiento de la divinidad. Medea ha invocado una y otra veza Zeus, guardián de los juramentos y protector de los xénoi, y aTemis (vv. 160y ss., 205 ss., 515 ss., 760 Ss.); y cuando al final de la obra, ya victoriosa en lo alto de la escena, sobre el carro alado regalo de su abuelo el dios Helios y con los cadáveres de sus dos hijos, Jasón invoca a los dioses y a Zeus reprochándoles su inactividad ante el crimen de Medea, ninguno le responde (vv. 1390 ss, 1405 y ss.), no ya porque Eurípides creyera o no en los dioses, o porque presentara al ser humano librado a su propio destino, sino porque Jasón fue el primero que les ofendió rompiendo los juramentos hechos en nombre de Zeus por beneficio propio.”

Esta aquiescencia de los dioses y del Coro no se extiende, sin embargo, al asesinato de los niños, que es condenado. De nuevo aquí Eurípides parece querer decirnos algo: que a causa de la violación de los juramentos morirán inocentes.

La conclusión, dice López Galocha es que:

“Medea, siendo víctima se ha convertido en verdugo, de la opresión ha pasado a la libertad. Montada en su carro alado, ubicado en el lugar reservado en la escena a los dioses, y ya desvinculada de su pasado, sabe, al contrario que Jasón, muy bien a dónde ir: a Atenas, la ciudad que se “ofrece como remedio a la ceguera, como patria de gentes lúcidas, que respetan todos los derechos y ofrecen su comprensión a los maltratados por la fortuna”.

Como se ve, ya se interprete en clave mitológica, ya socio-política, el desenlace de Medea, aunque suceda a través de la máquina que se emplea para hacer descender a los dioses sobre el escenario, no puede considerarse propiamente un deus ex machina, sino un final anunciado e incluso necesario.

Eurípides termina su obra con unos versos en los que deja bien claro lo que he intentado explicar aquí: que todo está en manos de los dioses y que nada es imposible en una obra dramática en la que ellos intervienen, puesto que son ellos los que deciden el desenlace de una historia como la de Medea:

CORIFEO
Muchas cosas el Zeus del Olimpo gobierna;
lo que cumplan los dioses prever no se puede.
Lo esperado no dejan que llegue a su fin,
consiguen que se haga real lo imposible.

Quizá en este pasaje haya algo de doble sentido, al referirse Eurípides no sólo a las habilidades de los dioses, sino también a las de un dramaturgo: “lo esperado no deja que llegue a su fin y consigue que se haga real lo imposible”.

*********

En Mímesis, Erich Auerbach muestra cómo el realismo se reservaba en el teatro griego a la comedia, mientras que en la tragedia, sin duda por la aparición de dioses y reyes, se presentaban por regla general comportamientos y tramas idealizadas.

En mi ensayo Nada es lo que es, el problema de la identidad, publicado en la editorial Devenir, he tratado el episodio posterior a la obra de Eurípides, es decir, la estancia de Medea en Atenas junto al rey Egeo.

*********

[Publicado por primera vez el 15 de febrero de 2008]

El deus ex machina y el diabolus ex machina

(Otras entradas de cine y guión en Cine y guión)

[pt_view id=”8ccea30o6p”]

Entradas publicadas en NUMEN
(Para otras entradas de mitología ver MITOLOGÍA)

Teseo y la identidad

Leer Más
La venganza de Alcmeón

Un mito recuperado por Carlos García Gual


Leer Más
Hipótesis mitológicas

Leer Más
La maternidad extravagante de Atenea y Satana

Leer Más
Helena de Troya y su doble

Leer Más
El rey indio que se apostó a sí mismo

Leer Más
Héroes trágicos o victoriosos

Leer Más
El terror invade América

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Primera defensa del deus ex machina

Leer Más
Un mito y su interpretación

Leer Más
El Mahabharata y otras obras del tiempo

Leer Más
La mitología comparada, ¿arte o ciencia?

Leer Más
Atenea y Satana: el dios “embarazado”

Leer Más
NUMEN, mitología comparada

Leer Más
Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Leer Más
El deus ex machina de la Medea de Eurípides

Leer Más
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Leer Más
Mitología, mística y religión

Leer Más
El tiempo de los mitos

Leer Más
Salvado por el terror (y la mitología)

Leer Más
El héroe en el estiercol

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
El barco de Teseo

Leer Más
Hefesto y el nacimiento de Atenea, reinterpretación de un mito

Leer Más
La prostitución masculina en los mitos armenios

Leer Más
¡Felicidades!

Leer Más
El álbum de Pandora

Leer Más
Tuan Mac Carell
Seres proteicos 2

Leer Más
Los indoeuropeos y la mitología comparada

Leer Más

*****

Curso sobre la estructura narrativa en Murcia

Aquí puedes ver el estupendo cartel que anuncia mi próximo curso intensivo en Murcia., dedicado a la estructura, más bien habría que decir a las estructuras del cine.

A continuación también puedes ver los contenidos del curso y todos los datos relacionados con el curso.

cartel

Reverso-cartel-contenidos

 

Reverso-cartel

******

PRÓXIMOS CURSOS DE GUIÓN

****************

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

[pt_view id=”d52dd99cd0″]

El guionista a la búsqueda del espectador

Entre el guionista y el espectador siempre hay demasiada gente: el director, los productores, y los actores, entre muchos otros. Todos simulan no conocer al guionista, especialmente los actores, que repiten sus frases fingiendo que les pertenecen a ellos. Por su parte, el espectador también finge creer que los actores dicen lo que piensan (o lo que no piensan, si son mentirosos), pero, en cualquier caso, cree que los actores son responsables de sus palabras. El guionista tampoco existe para el espectador.

En algunos momentos, sin embargo, los guionistas parecen cansarse del anonimato en el que viven y deciden hacerle saber al espectador, al director e incluso a los actores que ellos están ahí detrás, que sin ellos nada de lo que hacen sería posible.

Ya antes de que existieran guionistas había escritores celosos de los actores que representaban sus obras. Uno de ellos era Shakespeare, que también era actor, aunque al parecer no muy bueno. Tal vez resentido porque otros actores no sólo le superaran en escena sino que además oscurecieran su labor como dramaturgo, decidió expulsar de la compañía “Los hombres del Chambelán” a Will Kempe, un actor experto en gigas y bufonadas que distraían la atención del espectador de la trama principal:

“A partir de entonces, dice James Shapiro en 1599, Un año en la vida de Shakespeare, aquel iba a ser el teatro de un dramaturgo, y no el de un actor, por muy popular que tal actor fuese”.

William Kempe

En sus obras, Shakespeare, contrariando esa norma que dice que no debemos percibir el trabajo del autor tras la obra, se hace notar una y otra vez y se encarga de recordar al espectador que no está viendo una escena de la vida real, sino del teatro y, en consecuencia, escrita por alguien.

En Hamlet, en El sueño de una noche de verano y en Trabajos de amor perdidos, Shakespeare introduce una obra dentro de la obra, pero en otras ocasiones nos parece que es el propio Shakespeare quien se dirige a nosotros a través de los actores, como un Groucho Marx isabelino que le hablara a la cámara.

Uno de los mejores ejemplos se encuentra en Ricardo III. El usurpador Ricardo, cojo, contrahecho, deforme, “el enemigo de los espejos”, como él mismo se define, lanza una apuesta imposible: se convertirá en rey de Inglaterra, a pesar de todos los que le preceden en la línea de sucesión, y su ascensión comenzará con la seducción de la viuda que vela el cadáver de Eduardo, Príncipe de Gales, al que él mismo ha matado:

“Teniendo contra mí a Dios,
a su conciencia y estos obstáculos, y sin amigos que 
respaldaran mi pretensión al mismo tiempo, sino el
mismo demonio y la cara simuladora, y sin embargo,
ganarla a ella: el mundo entero contra la nada”

Después de seducir a la viuda y de matar a todos cuantos se interponían en su camino hacia el trono, finalmente se ve en la situación de asesinar también  a Buckingham y exclama: “So much for the audience! Off with his head!” (“¡Basta de contemplaciones con el público! ¡Caiga su cabeza!”). Y aquí, como muy bien señala Harold Bloom:

 “Nos estremecemos ante la orden de Ricardo dirigida contra cualquiera de nosotros. Merecemos nuestra posible decapitación porque no hemos sido capaces de resistir el escandaloso encanto de Ricardo, que ha hecho de nosotros otros tantos Maquiavelos”.

El espectro de Hamlet por Henry Fuseli

Shapiro encuentra en las obras de Shakespeare otro doble sentido delicioso, del que pudieron ser testigos los espectadores de la época. Se trata de la célebre escena en la que Hamlet habla con el espectro de su padre. Shakespeare, aunque no fuera un buen actor, estaba especializado en ciertos papeles y, entre ellos, eso es un dato seguro, el del espectro del padre de Hamlet. Así que podemos imaginar, nos dice Shapiro, a Shakespeare en la escena del teatro londinense de El Globo, interpretando al espectro y a Richard Burbage, el nuevo actor en el que Shakespeare confiaba tras expulsar a Will Kemp, en el papel de Hamlet. El espectro, es decir, Shakespeare, dice: “Recuérdame”. El actor Burbage, a través de Hamlet, le responde: “¿Recordarte a ti? Sí, pobre espectro, mientras quede memoria en esta esfera (globe) desorbitada”. Resulta dificilísimo no dejarse seducir por este doble sentido y no imaginar a Shakespeare y a Burbage representando sus papeles, pero, al mismo tiempo, representándose a sí mismos como el mejor dramaturgo y el mejor actor del Globo y de El Globo (the globe and The Globe).

Una extraña rata en la puerta de atrás del teatro The Globe, recientemente reconstruido. Foto de Daniel Tubau (octubre de 2013)

Una extraña rata en la puerta de atrás del teatro The Globe, recientemente reconstruido.                        Foto de Daniel Tubau (octubre de 2013)

 

Actores al servicio de los guionistas

Muchos guionistas también quieren hacerse notar como Shakespeare, construyendo guiones capaces de atravesar las capas sucesivas de directores, iluminadores, decoradores, productores y actores, como hizo Charlie Kaufman en Adaptation, en la que él mismo se convierte en el protagonista de la película.

NIcholas Cage como el guionista Charlie Kaufman en Adaptation

Nicholas Cage como el guionista Charlie Kaufman en Adaptation

Otras veces los guionistas renuncian a ser personajes de sus obras pero hacen que los actores se refieran a ellos y a su trabajo, aunque parezcan hablar de otras cosas.

El pan nuestro de cada día, de King Vidor

Un ejemplo divertido se encuentra en El pan nuestro de cada día (Our daily bread) de King Vidor, película en la que, en plena época de la Depresión, la familia Silm se establecen en una granja abandonada y ayudan a crear una comunidad para intentar sobrevivir a la miseria. Un día llega una muchacha de la ciudad, aficionada a la juerga, al sexo y a la música de jazz, a la que el joven matrimonio acoge. El espectador ya se imagina los problemas que podrían llegar con esta muchacha, pero el guionista decide anticiparse y hacerse notar de una forma divertida: uno de los hombres le dice a la muchacha que no intente nada con el señor Slim, puesto que es un hombre casado. Ella, que acaba de llegar, exclama: “Vaya, ¡eso sí que es anticipar!”  Naturalmente, como el Ricardo shakesperiano, la muchacha encarna aquí al guionista, que se permite, aunque sea por un momento, hablar con los espectadores y mostrarles que sabe qué es lo que están pensando en ese preciso instante.

 *******

Todo esto que cuento aquí tiene mucha relación con la paradoja nº4 de mi libro Las paradojas del guionista, como se puede ver en la entrada dedicada a esa paradoja: El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note. Y también, por supuesto, con mi libro El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión.


espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista

[pt_view id=”d52dd99cd0″]


Casa del Libro (versión impresa y electrónica)
Amazon (versión impresa y electrónica)

Todas las entradas y artículos que he publicado en relación con el libro, aquí: Las paradojas del guionista.

Si buscas entradas relacionadas con mi otro libro El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo digital, puedes visitar la página El guión del siglo 21.

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura


WILLIAM SHAKESPEARE

[pt_view id=”b63abe0a76″]

Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

 

happy end

Se dice en las Upanishads indias: «El hijo es el padre del padre».

A veces los efectos son la causa de la causa: algo que no tiene sentido cobra significado si vemos otra cosa después. Un padre o una madre solo pueden recibir ese nombre a partir de la existencia de un primer hijo. La narración audiovisual emplea constantemente la relación de causa y efecto, pero a veces también la inversa, la que va de los efectos a las causas (ver «Causas sin efecto y efectos sin causa»).

Las paradojas del guionista

El capítulo mencionado de mi libro (“Causas sin efecto y efectos sin causa”) se ocupa de la naturaleza causal (que no casual) del cine. Allí explico algunas virtudes y desventajas de la naturaleza secuencial de las obras audiovisuales (cine, televisión, comic, incluso una conferencia). No voy a repetir aquí lo que digo en el libro, pero sólo mencionaré tres aspectos interesantes de la relación causa-efecto en toda narración audiovisual. Por otra parte, estas reflexiones han sido prolongadas en mi libro El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión, donde dedico varios apartados en la segunda parte al causalismo, pero también al acausalismo.

Hay que decir que, en primer lugar, el guionista construye su guión estableciendo causas que producen efectos: los soldados del Darth Vader matan a los padres de Luke y eso hace que Luke se decida por fin a luchar contra el Imperio.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la simple sucesión de escenas una detrás de otra hace que el espectador tienda a pensar que lo que sucede en las escenas posteriores se explica por lo que pasó en las anteriores. Una excepción a esta norma sería el flashback o la historia contada hacia atrás, como en Viaje al origen de Alejo Carpentier o Memento, de Christopher Nolan.

En tercer lugar, la relación causa-efecto es tan absolutamente dominante en la construcción del guión y de su estructura, y resulta tan intuitivo por parte del espectador tanto buscar causas que expliquen los efectos como esperar efectos que se produzcan tras las causas, que los guionistas tenemos la posibilidad de confirmar esta tendencia del espectador, con el mecanicismo o ir contra ella con en el acausalismo.

El mecanicismo consiste en construir una cadena férrea de causas y efectos, una estructura rígida, donde todo encaja a la perfección pero que al mismo tiempo puede acabar por ser tan predecible que el espectador pierda todo interés en seguir la trama: aunque no se adivine siempre lo que va a suceder, sí percibe continuamente que lo que está viendo “sirve para algo”. Eso acaba fatigando, porque se detecta tras la acción la mano constante y firme del guionista, a menudo muy hábil, es cierto, pero demasiado presente. Este mecanicismo es absoluto hoy en día en las películas de Hollywood y lo era en las series de Estados Unidos hasta hace unos años. Todo en la narración era arte de guionista preciso y formulario, normas y trucos estructurales de probada eficacia comercial, pero la vida se escapaba entre las rendijas de esa red tan bien trazada. De todo esto y de cómo la obsesión por la estructura es la razón de esa previsibilidad del cine comercial, hablo también en los primeros capítulos de El guión del siglo 21.

Por otra parte, el acausalismo radical, que rompe las expectativas del espectador continuamente, no dándole nunca lo que espera, puede a veces ser muy estimulante, pero otras veces se convierte en una especie de ejercicio de estilo en el que (¡oh, paradoja!) se ve también demasiado al guionista. Porque el hecho de que ninguna causa produzca un efecto puede ser tan insólito o previsible como lo contrario. De ahí la artificiosidad de ambas escuelas.

Como suele suceder, por fortuna existe un término medio entre los extremos, que rechaza tanto el “todo tiene que servir para hacer avanzar la trama” como el “nada de lo que vemos tiene sentido”.

En este término medio se podría tal vez citar a Shakespeare, que construye tramas elaboradas, pero escribe escenas o diálogos que no tienen una función clara en la trama; o series recientes de la televisión americana, como Los Soprano, y especialmente The Wire, pero también House of cards, Boardwalk Empire y muchas otras. Hablaré de algunas de las características de estas series en otro momento.

memento

Memento es un ejemplo de estructura férrea, absoluta, pero que, al mismo tiempo propone algo distinto en lo que se refiere a la sucesión habitual de causas y efectos, pues todo transcurre al revés, lo que rompe las expectativas del espectador y la acerca al cine experimental, a pesar de ser cine comercial.


Aquí puedes ver el momento inicial (o final) de Memento

Y aquí, por el contrario (o no= puedes ver el momento inicial (o final) de  Memento

 

En Happy End (1967), la película checoslovaca de  Oldřich Lipský, el final cronológico es el principio y el principio es el final, y toda la película se desenvuelve, como en Memento, desde el desenlace cronológico hacia atrás, mediante la sucesión de pequeños bloques narrativos como el que puedes ver aquí. Vamos, pues, desde los efectos a las causas. O, si se prefiere, desde el punto de vista narrativo, los efectos son las causas.


Aunque esta entrada se ocupa de una de las paradojas de Las paradojas del guionista, también tiene mucha relación con una de las técnicas narrativas a las que me refiero en El espectador es el protagonista, el acausalismo.

espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista

(Comprar en Casa del libro)

[pt_view id=”d52dd99cd0″]


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

Casa del Libro  / Amazon

Página web del libro


Las 38 paradojas del libro y algunas más

El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


Leer Más
Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

Leer Más
Promete pero no cumplas
Paradoja nº10

Leer Más
Todos los métodos son buenos, incluso los malos

Paradoja nº27


Leer Más
La mejor manera de mostrar algo es no mostrarlo nunca del todo
Paradoja nº6

Leer Más
El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note
Paradoja nº4

Leer Más
Se debe proporcionar información sin que parezca información
Paradoja nº5

Leer Más
Las 38 paradojas del guionista (y algunas más)

Leer Más
La meta del viaje es lo de menos, lo que importa es el camino
Paradoja nº9

Leer Más
Decir que no se deben dar normas es dar una norma
Paradoja nº1

Leer Más


El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


Una buena historia ha de sobrevivir al medio en el que es contada, ha de poder ser traducida a otro medio, pero el medio determina también la forma en la que es contada una historia.   Todo el largo capítulo «Entender los medios» se dedica a este asunto. En primer lugar, recordando lo que era la paradoja original de McLuhan: «El medio es el mensaje». En los siguientes apartados se hace un repaso de algunos de los medios relacionados con la narración audiovisual y se continúa con un análisis del propio medio audiovisual. El último apartado se ocupa específicamente de la paradoja en sí y se le da la vuelta («El medio es y no es el mensaje»).

 

Nam June Paik, «McLuhan Caged (in Electronic Art II)», 1968

 

 

Los primeros capítulos de Las paradojas del guionista están dedicados a uno de los asuntos más importantes en la creación artística: entender el medio para el que se trabaja. Analicé algunos de los medios más importantes relacionados con el cine, como la literatura, la música, el teatro o el comic. Aunque el tema da para escribir un libro extenso, me limité a resumir algunos de los aspectos que creo son más interesantes para el trabajo del guionista. En cualquier caso, la sección del libro dedicada a los diferentes medios  termina con un apartado que expresa con claridad la paradoja: “El medio es y no es el mensaje”.

Como es sabido la frase “El medio es el mensaje” es una de las más célebres del más célebre de los teóricos de la comunicación, Marshall McLuhan, quien decía que el medio mediante el que es trasmitido un mensaje determina, modifica y cambia la recepción y percepción de ese mensaje. El mismo suceso, contado en televisión, en cine o en un periódico, es percibido de distinta manera.

Una expresión de la teoría de McLuhan es el dicho no menos célebre de Andy Warhol: “Todos tenemos derecho a nuestros 15 minutos de fama”. Es decir nuestros 15 minutos de presencia en televisión, algo que se está haciendo realidad hoy en día (y  no tanto en la época de McLuhan y Warhol), en los programas de tele- realidad como Gran Hermano, pero también con los contenidos digitales en Internet, ahora accesibles a casi todo el mundo,, y que les permiten, nos permiten, mostrar lo que hacen o mostrarse a sí mismos sin más.

 [vimeo]http://vimeo.com/12656729[/vimeo]

El medio es el mensaje en Mad Men

Se trata de un anacronismo, pues en la época en la que trascurre la serie, McLuhan no había popularizado la expresión. Faltaban tres o cuatro años.

EStoy convencido de que esta paradoja  (El medio es y no es el mensaje) pronto dará origen a una interpretación mucho más compleja y también muy interesante. Es algo de lo que hablo en El guión del siglo 21, dedicado a las nuevas narrativas audiovisuales, en el que confirmo algunas intuiciones que deslicé en Las paradojas del guionista. Es el primer paso hacia algo que creo sucedera en un futuro un poco más lejano, como lo cuento en el relato de Recuerdos de la era analógica que se llama “La obra de arte en la época de la reproducción malebranchiana”, cuando la distinción entre medios y mensaje se haré especialmente complicada. Siento ser críptico, pero explicarlo más disminuiría el placer de la lectura de Recuerdos de la era analógica.

 *****

Marshall McLuhan en Annie Hall

Mucha gente recuerda la frase de McLuhan “El medio es el mensaje” y se rien de quienes lo citan diciendo “El medio es el masaje”. Pero lo cierto es que McLuhan escribió El medio es el masaje, un delicioso y encantador librito, en colaboración con el artista gráfico Quentin Fiore.

Versión española de El medio es el masaje, de Marshall McLuhan y Quentin Fiore

El libro se convirtió ya entonces en un audiobook, en un disco de vinilo, al que se añadieron efectos del medio sonoro. En los dos vídeos siguientes puedes escucharlo, aunque está en inglés y requiere cierta atención, pues McLuhan nunca es trivial.

 

El medio es el masaje 1

El medio es el masaje 2

 

El tiempo de los mitos

Los mitógrafos o mitólogos hablan de un tiempo mítico presente en casi todas las culturas, al que llaman illo tempore (“aquel tiempo”). Es el tiempo en el que los dioses y los héroes hicieron las cosas que hoy repetimos. El tiempo de los arquetipos que nosostros ahora tan sólo imitamos.

Pero quiero referirme aquí no al tiempo mítico, sino a otro tipo de tiempo de los mitos, no el tiempo en el que trascurren los mitos, sino el tiempo que abarca el trascurso de esos mitos.

Si examinamos la mitología griega, con sus muchos héroes y dioses, advertimos con cierta sorpresa que, aunque se habla de épocas anteriores a la creación misma de nuestro mundo, de miles de años desde los primeros dioses hasta nuestros días, en realidad los dioses y héroes apenas cubren unas cuantas generaciones.

Por ejemplo:

1. Gaia

2. Ouranos

3. Kronos

4. Zeus

5. Apolo

Cinco generaciones de dioses tan sólo. A veces tal vez seis. A partir de la quinta o sexta generación ya empiezan los semidioses y los héroes.

Urano y Gaia en tiempos felices

Si contamos las generaciones de semidioses y héroes, tampoco son muchas, aunque pueden superar a las de los dioses.

Aetlio

Endimion

Etolo

Agenor

Eveno

Tideo

Diómedes

Los últimos, Tideo y Diómedes ya casi son hombres heroicos, pero no héroes. Tideo participó en la guerra para conquistar la ciudad de Tebas; su hijo Diomedes en la expedición a Troya.

Naturalmente, podemos prolongar estas genealogías, pero ya en el tiempo de los hombres, y de este modo descubrir, por ejemplo, cómo Pericles está emparentado con los primeros fundadores de Atenas. Si queremos llegar a Roma tendremos que seguir a uno de los enemigos de Diómedes, el troyano Eneas, que nos conducirá a Italia y a Rómulo y Remo, de la mano de la genealogía inventada por Virgilio en La Eneida. Aquí las generaciones tienen que cubrir entre trescientos y quinientos años, que es lo que se supone que separa a la caída de Troya de la fundación mítica de Roma.

Pero, lo curioso es que las generaciones de los dioses y primeros semidioses sean tan pocas, a pesar e cubrir miles de años, no unos cientos como las de los héroes.

Algo semejante a lo que sucede en Grecia se puede encontrar en mitologías como la celta o la irlandesa, la nórdica o la lituana. Tal vez la excepción sea la India, con su millón de dioses, pero sospecho que el núcleo original de dioses védicos tampoco sobrepasa las cinco o seis generaciones.

Las largas genealogías releigiosas se han desarrollado casi siempre posteriormente, en una religión ya muy sistematizada, organizada e intelectualizada, como la de los gnósticos y sus eones o dioses que crean a otros dioses, que alcanzan, tal vez, más de ochenta generaciones.

Desde el punto de vista evemerista (entendiendo que tras los mitos se esconden hechos históricos), estas seis generaciones de dioses resultan muy interesantes para quien pretenda rastrear, por ejemplo, los orígenes de los pueblos indoeuropeos. Aunque sospecho que no siempre se puede comparar la duración de una generación divina y otra humana. A veces un dios o un héroe puede representar a un reino o a una tribu, por ejemplo.

Ahora bien, culturas indoeuropeas como la griega y la india comparten a algunos de los dioses de esas cinco generaciones (por ejemplo, en India Ouranos es Varuna, Zeus es Dyaus Pitar y Ares se desdobla en los gemelos Maruts). Como es obvio, las diferencias comienzan cuando griegos e indios hablan de sus semidioses y héroes, ya cercanos a las generaciones autóctonas de cada lugar.

 

**********

[Publicado por primera vez el 9 de febrero de 2008]

La siembra de Gilgamesh

En El diabolus ex machina me referí al que tal vez sea el primer ejemplo conocido de diabolus ex machina: el que se emplea en el desenlace de la Epopeya de Gilgamesh, cuando una serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud . Tal vez fui un poco injusto, porque una lectura atenta de la obra en sus diferentes versiones en acadio, asirio y otras lenguas semitas, o en hitita, hurrita y otras lenguas indoeuropeas, nos revela que diversos autores intentaron evitar el diabolus ex machina de la epopeya mesopotámica.

Como tal vez hayas adivinado, lector, la manera de evitar un diabolus ex machina es la misma que se emplea para evitar un deus ex machina: escribir hacia atrás (la paradoja número 21 de mi libro Las paradojas del guionista). Es decir, “sembrar”, situar a lo largo del relato ciertos detalles, escenas y situaciones que preparen al espectador para aceptar lo que va a suceder. En el caso de la Epopeya de Gilgamesh, ese desenlace en el que Gilgamesh pierde la flor de la juventud al bañarse en un pozo no es tan casual como parece, pues la afición de Gilgamesh por hacer pozos es una constante a lo largo del relato. Así, en la Tablilla de Sippar, datada hacia el -1700 y que al parecer era un ejercicio escolar, se cuenta cómo Gilgamesh emprende su viaje en busca de la inmortalidad, a pesar de que el dios solar Samash le dice que no podrá lograrlo (esto ya es sembrar el desenlace) y se  menciona su afición a cavar pozos:

Cavó pozos Gilgamesh
que antes no había;
bebía las aguas,
seguía los vientos.

Samash se inquietó; se inclina hacia él
y le dice a Gilgamesh:
“Gilgamesh, ¿a dónde vas dando vueltas?
¡La vida que buscas no la encontrarás!”

Shamash y el disco solar

También en la aventura que emprenden Gilgamesh y Enkidu para enfrentarse al monstruoso Hunwawa en el bosque de los cedros, una y otra vez Gilgamesh cava pozos de agua fría, se supone que para tener agua para el viaje:

De cara a Samash
cavaron un pozo
echaron agua fría en los odres

(tablilla IV:5)

Por eso, después de prepararnos varias veces a lo largo de la epopeya a esta afición o necesidad de Gilgamesh a encontrar o a cavar pozos, cuando llega el fatal desenlace en el que una serpiente se lleva la flor de la juventud, el propio Gilgamesh expresa claramente que su error ha sido bañarse en un pozo:

“¡Cuando abrí el pozo
dejé tirados mis pertrechos!

La fatalidad se ceba entonces con Gilgamesh, dándole un golpe tras otro:

“¿Qué puedo reconocer que me sirva de señal?”

Se refiere aquí el héroe a que la marea ha subido “veinte leguas dobles” y ya no es posible saber dónde dejó la flor y dónde la serpiente la robó.

Es muy probable que la necesidad, costumbre o manía de excavar pozos, tenga algún sentido mitológico, quizá relacionado con el dios solar Samash, o quizá porque la culebra que habita en las pozas de agua fría represente a una deidad enemiga. Marcos Méndez recordaba en un comentario reciente que también en el Jardín del Edén de Adán y Eva una serpiente es la causante de que los seres humanos pierdan la inmortalidad. Sé también que un estudioso que se apellida Civil ha estudiado el asunto de los pozos de agua a fondo, pero no he podido consultar su investigación.

 

******

[Esta entrada pertenece tanto a Las paradojas del guionista, dentro de la serie de entradas dedicadas al deus ex machina como a La epopeya de Gilgamesh]

El deus ex machina y el diabolus ex machina

[pt_view id=”8ccea30o6p”]

Aristóteles como deus ex machina


En Dios y el deus ex machina me referí a una hipótesis interesante: Aristóteles habla del deus ex machina en su Poética, como un truco narrativo con el que hay que andarse con cuidado, pero quizá él mismo usa un deus ex machina en su Física para explicar cómo funciona el cosmos:

“Debe existir un primer motor que transmite el movimiento a todas las cosas naturales y a quien nada mueve y que debe entenderse como eterno, inmutable y acto puro.”

El deus ex machina que utiliza Aristóteles es el Primer Motor, que él mismo en y después muchos interpretadores, como Tomás de Aquino, han identificado con Dios.

Lo curioso es que Aristóteles no sólo utiliza a Dios como un deus ex machina que se convierte en el desenlace de sun sistema filosófico y que resuelve el problema de la sucesión infinta de cosas que mueven a otras, sino que, siglos después de su muerte, el propio Aristóteles se convertiría en el deus ex machina de teólogos y filósofos, quienes con una apelación al llamado “el Filósofo”, arreglaban todos los desaguisados y rellenaban todos los huecos de sus sistemas.

Aristóteles, en efecto, se convirtió en deus ex machina filosófico durante la larga era cristiana, sólo por debajo de Dios en importancia y uso. Aristóteles fue en la Edad media la encarnación de eso que también se ha llamado Argumento de Autoridad:

_¿Por qué debemos pensar que tenemos libre albedrío?
_ Porque lo dice Fulano.
_¿Y quién es Fulano?
_Fulano es el Filósofo.
_¿Y quién es el Filósofo?
_ Aristóteles.

De este modo se hizo decir al Filósofo casi todo, incluso cosas que nunca había dicho.

    Aristóteles (el Filósofo)

Los preceptistas italianos y los clasicistas franceses aseguraron que las obras dramáticas debían respetar la unidad de tiempo, acción y lugar.

¿Por qué?

Porque lo decía Aristóteles (pero Aristóteles no lo decía).

¿Y por qué se debe dividir el guión en tres actos?

Porque lo decía Aristóteles (y siglos después Field y McKee).

Pero Aristóteles sólo se refería a ciertos dramas, y no a la épica, por ejemplo.

¿Y por qué no se debe usar el deus ex machina?

Porque lo decía Aristóteles.

Pero, ¿lo decía?

Tampoco lo decía.

Lo que Aristóteles decía es que debía emplearse bien:

“El artificio [deus ex machina] debe reservarse para problemas fuera del drama para acontecimientos pasados más allá del conocimiento humano, o sucesos aún por producirse, que requieren ser intuidos o anunciados, puesto que es privilegio de los dioses conocer de antemano.”

Y es razonable que Aristóteles aceptase el buen uso del deus ex machina, puesto que, como hemos visto, él mismo lo empleaba al filosofar.

A lo mejor se podría afirmar, sin demasiada exageración, que la física y la cosmología de Aristóteles, incluso su metafísica, son una derivación de su teoría poética. Sus ideas acerca del teatro tal vez condicionaron sus ideas acerca del universo.

En efecto, Aristóteles observó, con acierto, que todo lo que sucede en una obra de teatro conduce a un fin, a un desenlace. Eso es su causa teleológica, la causa que está en el futuro: las cosas suceden para algo, en vista a un fin determinado. El dramaturgo compone a menudo el desenlace y luego escribe hacia atrás, para que todo lleve a él.

Y del mismo modo que un dramaturgo conduce la acción hacia el desenlace previsto, así sucede en el universo. Los cristianos incluso describieron en detalle ese desenlace inevitable, que tendrá lugar en el fin de los tiempos y al que llamaron Juicio Final.

En ambos casos, por cierto, Dios interviene, apareciendo casi siempre al final, aunque, Dios (o ese dios a través de la máquina), ya conozca desde el principio todo lo que va a suceder.

El desenlace propuesto por los cristianos, con dos epílogos o anticlímax, uno para los que van al paraíso, a la izquierda, y otro para los que van al infierno, a la derecha.

El deus ex machina y el diabolus ex machina

[pt_view id=”8ccea30o6p”]

Ágora, de Alejandro Amenábar


Al salir de un preestreno de Ágora comenté la película con varios asistentes.

__¿Te ha gustado? -me preguntaron.

__Sí.

Es una respuesta que sorprenderá a quienes me conocen cuando vean la película, porque resulta demasiado evidente que Ágora contiene muchas cosas que no suelen gustarme. La explicación de por qué me gustó me temo que puede resultar tan extravagante que muchos pensarán que se trata de una especie de broma irónica, en la que digo lo contrario de lo que pienso. No sé cómo defenderme de esa acusación, porque resulta bastante razonable, pero insisto que mi intención no es caer en otra de esas paradojas a las que soy tan aficionado. Intentaré explicar por qué Ágora me gustó a pesar de que contiene tantas cosas que no me gustaron.

 

Lo que no me gusta
No me gusta de Ágora que recurra a una vulgar historia de amor, o a varias historias de amor, de Hipatia con sus discípulos. La principal es la que mantiene con Davo.

No me gusta eso, no sólo porque sea un truco narrativo trivial, demasiado vulgar, ideado para mantener interesado al espectador común, como ese hueso (el significado) que Eliot lanzaba al lector mientras decía cosas más importantes en un poema. El propio Amenábar ha reconocido, a veces explícitamente, que esa es la función de la historia de amor: fuegos artificiales para que la mayoría aguante tanta charla acerca de astronomía.

El resultado, sin embargo, es que el uso de esos macguffins amorosos (que no interesan al guionista ni al director, pero se supone que sí al espectador), al final, es decir, en el desenlace, se adueñan de la historia y consiguen el efecto contrario, es decir, que la charla astronómica parezca el relleno de color local en el que situar las diversas peripecias amorosas de la protagonista.

El desenlace, por otra parte, me parece especialmente desafortunado porque al resolver en él la historia de amor que Davo siente hacia Hipatia,  la película queda reducida a esa historia de amor. Hay que tener mucho cuidado con lo que se cuenta en un desenlace, porque es inevitable que el espectador lo considere algo así como la tesis o la moraleja de la película.

Además, Amenábar decide cambiar el horror de la muerte de Hipatia, tal como nos lo han contado las fuentes clásicas, sólo con la intención de salvar al personaje de Davo y poder cerrar la trama del amor Davo/Hipatia.

Es obvio que un guionista, Mateo Gil, y un director, Alejandro Amenábar, no tienen por qué respetar la historia. Una película no es un libro de historia y puede contar las cosas de otra manera. Por supuesto, pero ya que cambiamos lo que sucedió, hagámoslo para mejorar, si no la historia, al menos sí la película. Y con ese desenlace, en mi opinión, no se consigue mejorar ni la historia ni la película.

¿A qué se debe ese extraño final? Sospecho que a varias razones. Una de ellas es un vicio típico de guionista relacionado con la estructura del guión, que se supone debe dar la sensación de ser coherente, y con lo que se llama el arco de un personaje, uno de eso nombres inventados por los teóricos del guión para rebautizar las nociones del sentido común: un personaje debe cambiar, transformarse a lo largo de la historia (excepto si es James Bond, claro).

Davo, es cierto, comienza sufriendo una primera transformación que a mí me parece bastante razonable y bien pensada: a pesar de toda la cercanía que mantiene con Hipatia, sigue siendo un esclavo para ella. Pero después, se quiere cerrar el arco del personaje y el círculo de la trasformación con un golpe final, dándole a Davo la oportunidad de redimirse de algún modo. Se busca con ello dar un sentido a lo que le sucede a Davo y a esa subtrama de su amor por Hipatia. Pero ese sentido ya existía, y me resulta difícil imaginar otro mejor que el que la historia real nos ha trasmitido. Davo tenía que hacer lo que, en caso de haber existido, probablemente habría hecho, o en todo caso sufrir por no haber podido evitar el horroroso final de su amada. Pensar que un asesino fanatizado tiene un último momento de lucidez movido por el amor que una vez sintió es, como mínimo, cursi (me abstengo de decir lo que es como máximo).

La segunda razón por la que sospecho que Amenábar ha hecho lo que ha hecho se resume en las letras de un nombre: Spielberg.

Spielberg, como él mismo reconoce, no puede soportar la idea de que los niños tengan pesadillas después de ver una de sus películas, así que se las arregla para proporcionarles, incluso en las más insólitas circunstancias, un final feliz. Por ejemplo, en Inteligencia Artificial.

Dentro de los finales posibles (no de los imaginables) de Ágora, el que nos da Amenábar es el más feliz. Según él mismo ha confesado, estudió a fondo todas las películas de Spielberg antes de rodar Ágora. La influencia, en efecto, se percibe en casi todas las decisiones narrativas y estilísticas de Ágora.

Tampoco me gusta la manera en la que se trata la relación de Hipatia con el sexo y el amor.

Puesto que sobre ese dato sabemos bien poco, Amenábar y Gil podrían haberse inventado lo que quisieran. Por ejemplo, que practicaba el sexo con total libertad. Puesto que precisamente ella hacía lo que normalmente estaba reservado a los hombres y era profesora de filosofía, ¿por qué no iba a hacer también eso?

Al parecer, Rachel Weizs quería hacer al personaje más sensual y sexual y discutió con Amenábar acerca del asunto, pero tuvo que acabar aceptando interpretar a una especie de monja.

Es cierto que la tradición nos ha trasmitido la imagen de una Hipatia virgen, pero es una tradición procedente de los cristianos, de cristianos favorables a ella, como Sócrates Escolástico, que insistiendo en su virginidad, la hacían más inocente si cabe del crimen que otros cristianos cometieron. Pero la tradición también nos ha trasmitido que estaba casada con un tal Isidoro.

Fuera cual fuese la realidad, es obvio que Amenábar y Gil podían haber presentado a una Hipatia que no fuera virgen. No había ninguna necesidad de inventar la excusa de que tenía que elegir entre su ciencia y el matrimonio (porque si se casaba ya no podría enseñar). En la Antigüedad existían filósofas casadas que daban clase, empezando por Teano, la esposa de Pitágoras. Como es obvio, cada época es distinta, y en la Alejandría de Hipatia quizá hubiese leyes que prohibían la enseñanza a mujeres casadas, pero parece improbable.

Aceptar el testimonio de los cronistas cristianos, que consideraban virgen a toda mujer martir o santa (excepto las mártires y santas violadas, claro está) y convertir a Hipatia en virgen conduce a una conclusión un poco simple: el amor a la ciencia y el sexo no son compatibles (al menos para las mujeres).

Es un planteamiento también intelectualmente peligroso, porque convierte a Hipatia en una de esas mujeres reprimidas que parece llevar un velo interior, en vez de esos otros velos que al final le ponen a Hipatia sus captores, en una comparación, en mi opinión excelente por parte de Amenábar-Gil, con las mujeres que hoy en día viven sometidas en tantos lugares donde el islamismo impone su ley.

Amenábar hace que Hipatia se reprima a sí misma, con la excusa de que si ama a un hombre debe casarse con él y eso le haría perder la posibilidad de seguir dando clase, cosas todas ellas, como ya he dicho, discutibles. Yo creo que Amenábar ha sido también en esto influido por su maestro Spielberg, quien siempre pasa de puntillas sobre cualquier cosa que huela a sexo. Este tipo de tratamiento muestra más bien la represión de los autores, más que la del personaje. Por otro lado, dado que los enemigos de Hipatia son fanáticos cristianos que detestan el cuerpo y el sexo, parece una ironía desafortunada que maten a quien hace lo mismo que ellos (rechazar los placeres del cuerpo), pero en nombre de la ciencia.

Y lo que es más importante: en una película que pretende ser un canto de amor a la filosofía, a la ciencia y en particular a la astronomía, a veces se saca la conclusión de que Hipatia, considerada entre los mejores filósofos y científicos de la época helenística tardía, sólo era capaz de despertar en sus alumnos el amor, pero no hacia la ciencia y el conocimiento, sino sólo hacia ella.

Amenábar, por su parte, pretende que al hacer a Hipatia asexuada está haciendo feminismo, “pues nadie se pregunta por la vida sexual de un científico”, pero eso es una falacia. Claro que nos preocupamos por la vida sexual o amorosa de un científico, por ejemplo de Einstein, al menos si lo que queremos contar es su vida (y no simplemente sus descubrimientos científicos). Pero es que, además, Amenábar no se limita a contar la parte científica o religiosa del asunto, sino que introduce historias de amor ficticias, pero negándose a mostrar el lado sexual de Hipatia, negándolo incluso. Esa es una elección que no hace Hipatia, sino Amenábar, y con esa elección se pronuncia ruidosamente acerca de la sexualidad de Hipatia.

Por otra parte, ese rechazo del sexo por parte de Hipatia, unido a su obsesión por la ciencia, hace que el personaje en ciertos momentos llegue a parecer tan fanático como sus enemigos.

Tampoco me gustan la mayoría de los actores, que se apoyan demasiado en una gestualidad explícita, usando efectos tópicos para trasmitir sus emociones. Ninguno es malo, todos son aceptables, pero todos resultan fáciles de olvidar. Las únicas excepciones que ahora recuerdo, aparte de algún secundario interesante, son Rachel Weizs y el actor que interpreta a su padre (Teón de Alejandría).

No me gusta la realización “tan americana” (como me comentaba un amigo a la salida), tan comercial en el mal sentido, tan efectista y, por tanto, tan insípida, tan poco interesante.

Y mucho menos el uso que se hace de la música, elemento omnipresente para trasmitir emociones, como en cualquier película, es cierto, pero en este caso con un carácter manipulador demasiado exagerado. Otro rasgo propio, como no, de Spielberg.

 

Lo que me gustó

Y después de todo lo anterior, ¿por qué dije que la película me gustó?

La respuesta es que cuando voy a ver una película, y más si he sido invitado y no la he elegido yo, intento disfrutar. No me gusta sufrir por sufrir, ni aburrirme a fondo para confirmar y demostrar mis premoniciones, teorías o prejuicios. Así que ya esperaba en Ágora todas esas cosas que acabo de reprocharle, u otras semejantes. Por ello, no me sorprendió que las tuviera.

Pero sí me gustó que tuviera algunas cosas a las que soy muy aficionado: la filosofía, la ciencia, y en especial la astronomía. Y me gustó que su protagonista fuera Hipatia, que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos. Tuve la suerte, además, de tener como profesora a una moderna Hipatia, la extraordinaria profesora Ana Rioja, que en Filosofía de la Naturaleza me enseñó (o lo intentó, porque fui tan mal alumno como siempre) todo eso que Hipatia enseña a sus alumnos: el sistema tolemaico, los epiciclos, los ecuantes, los sólidos platónicos, la perfección del círculo que Kepler desafió, como Hipatia (la Hipatia ficticia, licencia del guionista que aplaudo), muy a su pesar…

Así que yo era uno de esos espectadores dispuestos a pasarse dos horas viendo una película que tratase sólo de astronomía, que al parecer es lo que le hubiera gustado hacer a Amenábar. Pero yo sólo no puedo llenar las salas de cine ni garantizar a Amenábar recuperar la inversión.

Ágora me permitió pensar en esas cosas que tanto me gustan y emocionarme pensando en ellas, y también incluso durante algunos momentos científicos me emocioné con la propia película (pero no durante los amorosos). También, por supuesto, me interesa el tema del fanatismo y el decidido ataque a la intolerancia y la religión organizada que hacen Gil y Amenábar.

Por otra parte, una vez descartado todo eso que no me gusta, pero que esperaba encontrar en la película, una vez dispuesto a lo que esperaba que pudiera ser una película de Amenábar, y no a lo que yo deseo en una película, sólo me quedaba un gran temor al comenzar la proyección: que la película fuera aburrida.

Y por eso me gustó, porque no me aburrió. Porque Amenábar también ha conseguido en eso imitar a Spielberg: casi siempre es entretenido.

 

 

******

[Publicado el 13 de octubre de 2009]

 

 

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

[pt_view id=”d52dd99cd0″]

 

Las invasiones afortunadas

britania-250px-Agricola_campaigns_in_BritanniaLa invasión de las islas británicas por Roma fue un triunfo a medias o una derrota parcial. Los romanos lograron asentarse en las islas pero no dominarlas, y nunca se decidieron a invadir Irlanda.

A ello debemos el que se haya conservado una de las más interesantes literaturas, y casi el único resto de una cultura, la celta, que dominó casi toda Europa y que llegaba hasta Turquía.

Otra invasión, la del rey Harald de los cabellos dorados, está en el origen de otra gran literatura que quizá no se habría escrito si los nobles noruegos no se hubiesen hecho a la mar con tal de no someterse al nuevo rey del norte. Los nobles rebeldes llegaron a Islandia y allí, en un aislamiento semejante al de Irlanda, escribieron las incomparables sagas y eddas, que son también casi lo único que queda de la antigua cultura germánica.

eddamayor

Aunque podemos lamentarnos por lo que se ha perdido, e imaginar qué maravillas podríamos haber disfrutado si celtas y germanos hubiesen tenido la oportunidad de trasmitir su cultura, una mirada atenta tal vez nos revelaría que esas literaturas prodigiosas no son el resto que sobrevivió a las invasiones, sino su consecuencia: sin las invasiones tal vez no habría habido literatura celta o germana.

Los germanos, por cierto, tuvieron la oportunidad de trasmitir su cultura cuando se apoderaron de todo el imperio romano de Occidente. Sin embargo, apenas dejaron nada, excepto algunas referencias que se pueden rastrear en monjes ya cristianizados como Beda el venerable o Saxo Gramático, junto a la excepción, tardíamente redescubierta, de El cantar de los Nibelungos, que es una de las pocas muestras literarias germanas que no fue escrita en Islandia.

El aislamiento de Irlanda le permitió desarrollar una cultura propia, que tal vez no tenía demasiada relación con lo que había sido la cultura de los celtas o de los germanos continentales, ya fueran galos, belgas, del norte de Italia o celtíberos.

Tal vez sucedió algo parecido con Islandia.

 

Entradas publicadas en NUMEN
(Para otras entradas de mitología ver MITOLOGÍA)

Teseo y la identidad

Leer Más
La venganza de Alcmeón

Un mito recuperado por Carlos García Gual


Leer Más
Hipótesis mitológicas

Leer Más
La maternidad extravagante de Atenea y Satana

Leer Más
Helena de Troya y su doble

Leer Más
El rey indio que se apostó a sí mismo

Leer Más
Héroes trágicos o victoriosos

Leer Más
El terror invade América

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
Primera defensa del deus ex machina

Leer Más
Un mito y su interpretación

Leer Más
El Mahabharata y otras obras del tiempo

Leer Más
La mitología comparada, ¿arte o ciencia?

Leer Más
Atenea y Satana: el dios “embarazado”

Leer Más
NUMEN, mitología comparada

Leer Más
Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Leer Más
El deus ex machina de la Medea de Eurípides

Leer Más
Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA


Leer Más
Mitología, mística y religión

Leer Más
El tiempo de los mitos

Leer Más
Salvado por el terror (y la mitología)

Leer Más
El héroe en el estiercol

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
El barco de Teseo

Leer Más
Hefesto y el nacimiento de Atenea, reinterpretación de un mito

Leer Más
La prostitución masculina en los mitos armenios

Leer Más
¡Felicidades!

Leer Más
El álbum de Pandora

Leer Más
Tuan Mac Carell
Seres proteicos 2

Leer Más
Los indoeuropeos y la mitología comparada

Leer Más

*****

************