¿Quieres ser guionista?, pues olvida todo lo que sabes

Judit Pérez en Nosotras.com

“Las paradojas del guionista”, un libro paradójico en si mismo.

danieltubau

Daniel Tubau con su nuevo libro, Las paradojas del guionista, intenta desmontar los tópicos que rodean al mundo del guión. Un hombre de excepciones más que de normas, rehuye de las formas magistrales ya que las grandes recetas dogmáticas suelen dejar fuera las dudas, las dificultades y los propios medios de la creación. Un libro que no solo se dirige a profesionales de la televisión y cine, también a todos los interesados en el arte de contar historias desde una perspectiva narrativa.

Más de veinte años de experiencia como guionista y director en decenas de programas y series de televisión. Periodista y escritor. Actualmente guionista freelance y profesor en cursos y master para guionistas. Nosotras hemos hablado con él, ¡Conócelo!

1. Afirma que en el trabajo de guionista uno se da cuenta que mejor olvidar todo lo aprendido en manuales, en cursos? Sin embargo, ¿Usted se arriesga a escribir un manual para guionistas?

Esta es la primera paradoja del libro, “Decir que no se deben seguir normas ya es una norma”;. Para aprender algo nuevo hay que hacer un esfuerzo no para olvidar lo que ya se sabe, pero sí para dejarlo temporalmente en suspenso, ya que nuestros prejuicios nos impedirán percibir ideas que parezcan chocar con ellos.

2. En el libro usted dice que el guionista debe hacer creer al espectador de que es libre, pero no debe serlo.¿El guionista por tanto manipula al espectador?

Por supuesto, el guionista, al menos el de ficción, siempre manipula al espectador, decide no sólo qué parte de la realidad quiere seleccionar, sino la manera en la que la quiere contarlo y el orden de los acontecimientos. En la vida real a menudo es difícil saber cuál es la causa y cuál es el efecto, pero en la ficción, el simple hecho de poner una cosa antes que la otra trasmite al espectador la sensación de que lo primero es causa de lo segundo.

3. ¿Cómo se entiende que el guionista cree sus leyes y a la vez esté sometido a ellas?
El espectador está dispuesto a presenciar una historia que trascurre en un mundo de ficción y, en este sentido, acepta que le cuenten cómo funciona ese mundo, por ejemplo el de El señor de los anillos o Bambi. Pero una vez definidas las reglas de ese mundo, el guionista también debe seguirlas, si no, el espectador se sentirá estafado. En una historia heroica infantil clásica, el héroe puede tener poderes mágicos, pero su actitud ha de ser la de un héroe que busca el bien. En una historia realista, el protagonista podrá ser bueno o malo, pero no puede resolver de repente algo por arte de magia.

4. Dice que saber menos a veces es mejor que saber más. ¿En el mundo del guionista funciona la regla del menos es más?

Esto se debe entender en el mismo sentido que lo de los prejuicios y las normas: siempre es bueno saber más, pero el conocimiento también puede bloquear la creatividad al considerar que hay cosas que se pueden hacer y cosas que están prohibidas.

5. ¿Cómo se consigue escribir lo de siempre pero de una forma original?

No copiando literalmente lo de siempre. Por ejemplo, copiando de muchos lugares diferentes y aportando alguna cosa nueva, como se hace en Matrix, que copia ideas como el mito de la caverna de Platón y los viajes de Alicia de Lewis Carroll, mezclándolo con la estética del anime (animación) japonesa y llevando todo eso al futuro y al mundo de los ordenadores y la realidad virtual.

6. Usted ha afirmado que las mejores producciones están en el continente asiático ¿Qué las hace diferentes?

Es difícil contestar, pero algunos aspectos llamativos son la importancia que se le da al sonido, tanto a nivel de guión como técnico; a la imagen, con ejemplos extraordinarios como la fotografía de Christopher Doyle en las películas de Wong Kar Wai. Aparte, da la sensación de que en Corea del Sur, China (incluyendo Hong Kong) y Japón, su estética es la del siglo XXI, mientras que la nuestra es todavía la de los años ochenta del siglo pasado. Pero no sólo desde el punto de vista formal: también las historias que se cuentan me parecen muy intereresantes.

7. ¿En nuestro país se hacen buenas producciones?

Creo que no tantas como sería deseable.

8. ¿Dónde encuentra usted la inspiración?

En todo, pero no necesariamente en cosas que tengan que ver con el guión, el cine o la televisión. En la mitología, la literatura, la vida diaria, el cómic, la ciencia, el conocimiento de otras culturas y, sobre todo, en la combinación de estímulos lo más diversos posible.

9. ¿Cuál es la clave de un buen guión?

Esta sería una de esas respuestas del millón de dólares, que haría inútil la publicación de libros acerca del guión (como el mío). No creo que haya una respuesta única y tampoco creo que todos estemos de acuerdo en qué es ?un buen guión?. Pero se pueden dar algunos consejos que pueden ser útiles, que es lo que intento en mi libro.

10. ¿Una buena producción?

Si te refieres a una película que me guste especialmente, All that Jazz (Empieza el espectáculo), de Bob Fosse. En televisión, la serie A dos metros bajo tierra.

(26 de febrero de 2007, Entrevista de Judit Pérez a Daniel Tubau en Nosotras.com)


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En este sitio web puedes encontrar todo tipo de contenidos relacionados con Las paradojas del guionista: entradas acerca del libro, noticias y presentaciones, críticas y comentarios… Sin embargo, casi todas las entradas presentan nuevos contenidos, a veces para matizar o enriquecer algo que se dice en el libro, en otras ocasiones para desarrollar asuntos que no pudieron tratarse a fondo en el libro. A continuación, se muestran las entradas, ordenadas en categorías o secciones.

Si buscas entradas relacionadas con mi otro libro El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo digital, puedes visitar la página El guión del siglo 21.

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Originally posted 2007-02-26 12:06:42.

Esto no es una página web (y otras paradojas)

webpagelarge_web_page_basics_istockA muchos, el título de esta entrada les sonará a paradoja. Otra paradoja al estilo de aquel ensayo que tanta polémica causó en su primera edición: Por qué el mundo digital no es digital.

Es posible que los lectores también recuerden el célebre cuadro de Magritte “Ceci n’est pas une pipe” (“Esto no es una pipa”).

Entonces, ¿se trata de una nueva paradoja, ante la que debemos sonreír con suficiencia y un poco de fatiga?

Yo creo que no.

A mí me gustan todo tipo de paradojas, pero mis preferidas no son las paradojas locas, aquellas que tan sólo plantean cosas imposibles o absurdas. A menudo son muy divertidas, pero no son las que más me gustan. Tampoco las que me gustan son aquellas que no ofrecen ninguna salida posible, al estilo de los koans del zen, frases que el pobre novicio se mata por desentrañar hasta que, de pronto, en mitad del esfuerzo y tal vez ayudado por un bastonazo de su maestro, alcanza el satori o iluminación.

No, tampoco son esas mis favoritas.

Una antología de koans acaba resultando casi siempre aburrida. Tienen gracia cuando el contexto es interesante, pero en sí mismos, los koans no resultan interesantes, precisamente porque carecen de sentido. Si hallamos un sentido interesante a un koan, entonces habremos encontrado algo que su autor no quería que encontrásemos.

Un koan: "Cuando encontréis a un maestro en la calle, no le saludéis con palabras ni sin ellas.¿cómo debéis tratarlo?   Me pregunto lo siguiente: puesto que hoy en día todo el mundo que se interesa por el zen sabe que un koan no tiene sentido, el aprendiz zen que vaya a un monasterio y le digan un koan, ¿para qué se va a tomar el esfuerzo de desentrañarlo?

Un koan: “Cuando encontréis a un maestro en la calle, no le saludéis con palabras ni sin ellas.¿cómo debéis tratarlo?” Me pregunto lo siguiente: puesto que hoy en día todo el mundo que se interesa por el zen sabe que un koan no tiene sentido, el aprendiz zen que vaya a un monasterio y le digan un koan, ¿para qué se va a tomar el esfuerzo de desentrañarlo?

Volviendo a las paradojas y a los diferentes tipos de paradojas, ¿cuáles son las paradojas que más me gustan?

Son las que expresan o revelan de alguna manera algo muy cierto o algo muy falso, o algo que no resulta tan evidente como parecía, o que muestran una relación entre dos cosas que parecían lejanas, o que revelan una diferencia entre dos cosas que parecían casi iguales. Una buena manera de definir este tipo de expresiones paradójicas es la que emplea Borges para referirse al paradójico Oscar Wilde:

“Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y experimental de que Wilde, casi siempre, tiene razón”.

Habrá quien se tome, de nuevo, la frase de Borges como una expresión paradójica e ingeniosa, es decir, como un comentario acerca de Oscar Wilde escrito al estilo de Oscar Wilde. Esa es una de las bellezas del comentario de Borges, pero su principal belleza es que lo que dice es cierto: Wilde solía tener razón.

Para Borges, no existe ningún escritor con más encanto que Wilde: "Lo fue en el diálogo casual, en la amistad, lo fue en los años de dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma"

Para Borges, no existe ningún escritor con más encanto que Wilde: “Lo fue en el diálogo casual, en la amistad, lo fue en los años de dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma”

Wilde, al contrario de lo que piensa mucha gente, no sólo era un escritor delicioso y encantador, sino que, además, era uno de los pensadores más rigurosos y profundos de su época. Lo que pasa es que a menudo la profundidad y la seriedad se confunden con el aburrimiento. Oscar Wilde, rodeado de revolucionarios y conservadores furibundos y dogmáticos, escribió uno de los mejores libros de política de su época: El alma del hombre bajo el socialismo, que todavía en los años setenta causaba escándalo en las filas de la izquierda reaccionaria, que son casi tan numerosas como las de la derecha reaccionaria (y esta no es una observación paradójica, sino sólo descriptiva). Wilde, en definitiva, es uno de los autores más sensatos. A menudo, cuando nos reímos con una de sus ingeniosidades, debemos detenernos un momento y darnos cuenta de si la gracia está en el contenido aparentemente extravagante o en su escandalosa sensatez.

Lo mismo sucede con la mayoría de las paradojas de Chesterton, a quien cito tan abundantemente que, por una vez, me privaré de hacerlo.

magritte

En cuanto a la paradoja de Magritte y la pipa, su sentido más evidente es muy simple. Además de simple, es interesante: una pipa dibujada no es una pipa. No se puede fumar con ella. Es una afirmación coincidente con aquella que dice: “El mapa no es el territorio”.

Lo interesante de estas paradojas es que nos hacen advertir de una manera brutal algo que a menudo se presenta de una forma más sutil. Pocas veces nos vamos a enfrentar a alguien que pretenda que una pipa dibujada es una pipa o que un mapa de España es España, pero sí que nos encontraremos muchas veces con situaciones menos definidas en las que se expresan pretensiones igual de disparatadas.

Cuando yo digo: Esto no es una página WEB, ¿a qué me refiero?

No me refiero a la frase misma “Esto no es una página WEB”. No, no se trata de una auto-referencia de la frase sobre sí misma. Me refiero de veras a lo que el lector ha pensado espontáneamente: a esta página web llamada danieltubau.com, en la que se incluyen todo tipo de cosas, entre ellas este artículo.

Afirmo que esto no es una página web porque lo importante no es que todas estas cosas se hallen en una página web. Yo estoy haciendo en cierto modo una página web, pero en un modo más fundamental estoy haciendo otra cosa, otras cosas. Para aclarar la supuesta paradoja de un modo quizá didáctico pero espero que no ofensivo, pondré una sencilla comparación: ¿El Hamlet de Shakespeare es un libro? Parece que sí lo es. Pero, si vemos Hamlet representado sobre un escenario, ¿sigue siendo un libro? ¿Lo es si lo escuchamos grabado en un cassete? Quizá lo de que sea un libro es difícil de rechazar debido al hábito fuertemente arraigado, pero, lo pondré más fácil: ¿Hamlet en cassete es un cassete? ¿Lo importante del Hamlet grabado en cassette es que se trata de un cassete?

Lo mismo sucede con esta página web, que es una página web porque de no ser así tú no estarías leyendo esto ahora, pero que, al mismo tiempo, y fundamentalmente, no es una página web.

La conclusión de todo ello es que me siento bastante libre para hacer lo que me apetece en esta página web, puesto que nunca he pretendido hacer una página web.

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[Publicado en  junio de 2003]

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Originally posted 2003-06-24 16:26:34.

Zeami, el teatro Nô y el jo ha kyu

En Las paradojas del guionista conté con mucho detalle el asunto de las tres partes de un guión, pero también intento aclarar la confusión en la que caen incluso teóricos como Robert McKee al confundir planteamiento, desarrollo y desenlace con esos supuestos tres actos que todo guión debe tener. Para distinguir entre ambas cosas, empleo el ejemplo de La ronda, de Schnitzler, una obra que tiene tres “actos” en el sentido de planteamiento, desarrrollo y desenlace, a pesar de estar compuesta por diez actos.

También me refiero a otros teóricos de las tres partes de una obra, como el japonés Zeami, quien opinaba que no solo ha de haber planteamiento, desarrollo y desenlace en una obra, sino también en cada una de las divisiones de esa obra, en cada frase y en cada palabra. Se trata del concepto llamadao Jo Ha Kyu:

“En Japón, esta división de la obra en tres partes tiene su origen en la danza y la música llamada Bugaku que se divide en: un comienzo más o menos lento y tranquilo (jo), que se ve roto por un movimiento más agitado y variado (ha) que conduce progresivamente a un final rápido (kyu), que culmina toda la secuencia, tras la cual puede comenzar otra unidad jo-ha-kyu en la que de nuevo se aprecia un incremento gradual de intensidad y velocidad.”

(Las paradojas del guionista)

Puedes ver un fragmento de una obra bugaku aquí: Bugaku

El creador del moderno teatro Nô japonés, Zeami, expresa así la idea del jo ha kyu en su Fushikaden:

«Así como en todas las cosas existe introducción, desarrollo y desenlace, lo mismo pasa con el sargaku [precedente del Nô]».


zeami

Zeami (1363-1443), creador del teatro Nô

Zeami Motokiyo era hijo de Kanami un famoso actor, del que heredó sus enseñanzas, que mantenía en secreto, pues eso le hacía superior a sus rivales. Zeami actuó siendo niño ante el shogun Ashikaga Yoshimitsu y recibió a partir de entonces su protección, además de convertirse, al parecer, en su amante. Pero cuando murió el shogun, Zeami no obtuvo el apoyo del nuevo gobernante, y tuvo que exiliarse.

Durante siglos se recordó a Zeami como actor y escritor de obras de teatro Nô, pero en 1909 se descubrieron unos manuscritos en los que explicaba sus secretos artísticos, se trata del manual de teatro llamado Fushikaden.


 

fushikaden

Portada del Fushikaden de Zeami, una edición extraordinaria a cargo de Javier Rubiera e Hidehito Higashitani. Además del tratado de Zeami, se incluyen cuatro de sus dramas Nô.

El Fushikaden contiene muchos pasajes interesantes y me parece que Zeami demuestra una inteligencia y perspicacia notables, como cuando discute si el artista debe complacer a los que tienen buen ojo crítico o a los que carecen de él:

“En general hay muchos modos de conseguir fama y prestigio en el Nô. Es difícil que un diestro satisfaga el corazón de los que no tiene buen ojo crítico. No suele ocurrir que un actor torpe resulte bien a los ojos de los que tienen buen ojo crítico. El que un diestro no satisfaga el corazón de los que no tienen buen ojo crítico se debe a la incapacidad de los ojos de los que no tienen buen ojo crítico, pero si es un diestro que ha alcanzado la maestría y además un actor que posee invención de recursos, actuará de tal manera que también a los ojos de los que no tienen buen ojo crítico se suscitará el interés. Se podría decir que un actor que haya alcanzado la máxima categoría en esta invención de recursos y maestría ha alcanzado la flor [la cima de su arte] (…) Precisamente ese actor que haya conseguido tal grado tendrá reconocimiento público y tambien hasta de la gente de países lejanos y de las zonas rurales, todos sin excepción lo encontrarán interesante (…)”.

Son consideraciones que nos hacen pensar en autores como Shakespeare o los clásicos griegos, que también eran capaces de interesar al mismo tiempo a los iniciados y a los profanos, mientras que otros sólo son capaces de gustar al público más vulgar o al público más selecto, dos públicos que suelen coincidir en su rígida respuesta ante todo lo que no se ajusta a su prejuicios. Zeami, como Moliere o Shakespeare, no sólo escribía obras, sino que también las representaba, por lo que conocía las dificultades de complacer a todos los espectadores sin dejar fuera ni a lo que subvencionarían sus trabajos ni a quienes llenarían las salas.

“En cuanto a este arte, el ser querido y apreciado por todos se considera como base de la felicidad en el mantenimiento de la compañía. Por eso, si exclusivamente se muestra sólo un estilo incomprensible, no habrá elogios de nadie. Por esta razón, sin olvidarse del espíritu del principiante en el Nô, dependiendo del momento y del lugar, hay que actuar de tal manera que se convenza al ojo vulgar; eso sí que es la felicidad.”

El artista que se gana la vida con su trabajo y que se ve obligado constantemente a depender del público no puede comportarse como aquel que se mantiene alejado y a cubierto: tiene que conocer lo que los griegos llamaban el kairós, el momento adecuado para cada cosa, la respuesta idónea en cada situación. Debe adaptarse, refrenar a menudo su deseo de deslumbrar con algo que no va a ser entendido, o eliminar un chiste privado cuando es solo una fatuidad que entorpece el desarrollo de la obra. Curiosamente, estas limitaciones que pone el mundo real a la imaginación del artista, casi siempre mejoran lo que produce, lo obligan a traducirse, a hacerse entender, explicarse, lo que muchas veces mejora sus primeras ideas. Aunque durante años se despreció a Shakespeare por alternar lo sublime y lo vulgar, desde hace mucho tiempo sabemos que esa característica es la que lo convierte en superior a los artistas vulgares pero también a los sublimes.



espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Daniel Tubau no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos.

Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

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Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

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El guión del siglo 21
El futuro de la narrativa en el mundo digital“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)En este sitio web dedicado a El guión del siglo 21 amplío los contenidos del libro, corrijo errores, amplío cuestionesy muestro ejemplos en vídeo que, como es obvio, no podían estar presentes en un libro analógico. Los temas son casi inabarcables y para que el visitante de esta página pueda orientarse es muy recomendable que lea el libro.

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Originally posted 2008-01-14 22:33:43.

Por qué un caballo blanco no es un caballo

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La escuela de los Nombres (Ming Chia) se desarrolló entre el año -300 y el -200.  Su representante más famoso fue Gongsun Long, quien dijo que un caballo blanco no es un caballo.

Al parecer, a Gongsun Long le preguntaron si había llegado a la ciudad en un caballo y él dijo que no, porque había llegado en un caballo blanco, y un caballo blanco no es un caballo.

Parece una afirmación absurda, pero es completamente cierta, al menos en algún sentido.

Esto se ve de manera muy sencilla si examinamos atentamente la afirmación:

“Un caballo blanco es un caballo”

Es decir:

Caballo blanco=caballo

Pero si caballo blanco es lo mismo que caballo, entonces en cualquier ntexto en el que aparezca la palabra caballo se podrá sustituir cualquiera de los miembros de la igualdad “caballo=caballo blanco”. Es decir, donde pone caballo podríamos poner caballo blanco.

Por ejemplo:

Un caballo negro es un caballo

sería lo mismo que:

Un caballo negro es un caballo blanco

Con lo que llegamos a afirmaciones bastante absurdas, ¿no es cierto?

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cuadernodefilosofia

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Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

Acerca del karma

En 1992, escribí un ensayo que llamé Algunas aproximaciones a la noción de acumulación kármica. Es un título terrible, que no se corresponde con la sencillez del texto.

Edición tras edición el título fue acortándose, primero como Acerca de la acumulación kármica, y ahora Acerca del Karma. En la próxima edición quizá se llame Karma.

Lo edité malamente y lo tuve un tiempo rondando por ahí. Pensé varias veces incluirlo en mi revista Esklepsis, pero era demasiado largo, y acabé separándolo de la revista. Lo leyó mi padre y lo leyó i amigo Marcos. Los dos me dijeron que era muy interesante, y los dos parecían sinceros, pero ninguno de los dos llegó a detallarme, de palabra o por escrito, cuáles eran esas cosas interesantes que contenía el ensayo. y que les habían llamado la atención. Sí sé que mi padre intentó aplicar la idea central y que en ciertos aspectos logró algún resultado positivo.

El autor hacia 1992

Cuando quería editarlo en Esklepsis, mi propósito era añadir después, en Apoyo Mutuo (fanzine asociado a Esklepsis), un montón de notas, en las que aportaría información acerca de cuestiones que en el texto sólo se mencionan, o bien desarrollaría  algún argumento tratado solo de modo tangencial. Y la verdad es que escribí muchas de esas notas.

Al proponerme editarlo ahora, he pensado si convenía añadir esas notas de Apoyo Mutuo en notas a pie de página,o bien no añadirlas, o bien ofrecerlas tras el texto. Escribir notas y comentarios a mis propios escritos es actualmente uno de mis pasatiempos favoritos: disfruto escribiéndolas y disfruto leyéndolas.

Me alegró mucho saber que esta opinión no es sólo mía: mi amiga Karina me dijo que le habían gustado mucho las notas a las felicitaciones que escribí para mi hermana Natalia, y también los comentarios a otros cuentos y novelas, como Solo me queda ser la sombra. Así que, como le dije a Karina, quizá acabe convirtiéndome en un escritor a pie de página: escribir cualquier tontería y dedicarme a anotarla.

Ahora bien, intento que las notas y los comentarios tengan que ver con el texto que anotan y comentan. De hecho, siempre están motivados por él. Y, a la inversa, intento evitar escribir textos para ser anotados (ni siquiera lo hago en las felicitaciones de Natalia), donde puede parecer que aparecen muchos personajes porque  tengo la intención de luego hablar de ellos en las notas.

Y no sigo con esta digresión.

Diré solamente finalmente he decidido no añadir esas notas en esta edición de Acerca dele karma, más que nada porque esome llevaría demasiado tiempo. En la próxima edición, añadiré esas notas, y tal vez otras cosas.

Tan sólo he añadido ahora, en 1997, un breve comentario acerca del origen del ensayo original Algunas aproximaciones acerca de la noción de acumulación kármica, que puedes leer a continuación.

El origen de Acerca del  karma

La idea de escribir este ensayo se me ocurrió un día que estaba esperando el autobús 29 en la calle Arturo Soria, en la parada que está frente a una iglesia y un convento de monjas. Hablé de esto en una especie de introducción al ensayo, que luego eliminé en las siguientes correcciones, y que reproduzco a continuación:

“Intentaré recordar algo que pensé hace unas semanas mientras esperaba el autobús. Se trataba de un interesante desarrollo de la doctrina kármica en el terreno psicológico. Lamentablemente, casi recuerdo la idea base, pero no los trazos de la argumentación, que eran bastante precisos. Así que será éste un dibujo sin verdadera fuerza.

Ya que tengo que reconstruir algo, me permitiré hacer una breve exposición de la doctrina del karma antes de tratar el tema que me interesa en particular.”

No sé qué día se me ocurrió la idea, pero sí sé que escribí Acerca del karma el día 17 de diciembre de 1992, y que lo firmé con el seudónimo-acróstico Lien-Tau Buda.

La primera edición de Acerca del karma se imprimió el 23 de noviembre de 1997, domingo.

(Nota en 2019: ahora estoy casi seguro de que la idea se me ocurrió exactamente el 11 de diciembre de 1992. También escribí años después ese libro de notas a pie de páginas, que es uno de los capítulos fundamentales de mi libro Segunda parte)

Continuará…


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Un paradójico libro de guión (para guionistas de verdad)

por Alberto Zúñiga Rodríguez

las paradojas del guionista

Por lo regular cuando uno busca libros sobre guión cinematográfico, se encuentra con volúmenes que proponen fórmulas establecidas o incansablemente vistas en pantalla, como si escribir una película se tratara precisamente de una justa culinaria o peor aún, de una serie de pasos para redactar una historia “sin complicaciones”. Algunos más aberrantes te ofrecen, retan o invitan a ser un guionista profesional en X cantidad de meses o semanas. Lo que nos queda claro es que, hasta cierto punto, estos textos lo que proponen es involucrarnos en el proceso creativo que incluye el listado de los cuatro elementos básicos de cualquier estructura narrativa o dramática: personajes y sus acciones que ocurren en espacio y tiempo determinados. No obstante, estas guías (porque gran parte se constituye como tal) rayan en la vehemente necesidad de citar ejemplos que coartan la creatividad y enmarcan los proyectos cinematográficos a meras imitaciones malogradas.

El problema de estos libros, tipo manual de instrucciones, no recae necesariamente en que objetiven sus esfuerzos en enseñarte a ser guionista fast-track o proporcionarte trucos y tips que le han funcionado a innumerables cintas o guionistas, sino en adentrar insuficientemente en la naturaleza del relato y sus personajes, o peor aún, sin proporcionar las tablas indispensables para comprender la naturaleza del medio cinematográfico y la vinculación estrecha entre una historia que pueda ser atractiva y libre de procedimientos gastados. Está claro que no hay nada nuevo bajo el sol y que no existe ningún libro que suministre al lector o guionista, técnicas innovadoras o fórmulas secretas que garanticen el éxito de un buen relato cinematográfico (como hacen algunos best-sellers de superación personal en otro ámbito), sin embargo, lo que sí es notorio es que los problemas que se derivan del quehacer de quienes escriben historias son muy poco abordados con seriedad o puestos en una mesa de reflexión. Esto último es el objetivo que Daniel Tubau se ha propuesto dilucidar en Las Paradojas del Guionista -Reglas y Excepciones en la Práctica del Guión- (Alba Editorial, Barcelona 2006, 390 pp), que sin intenciones dogmáticas instruye sí sobre la importancia de las técnicas y el conocimiento de corrientes teóricas pero focaliza su atención sobre la importancia de la práctica y los retos que esta implica al sentarse una persona frente a su narración.

Acercarse al libro de Tubau es un verdadero placer que nos invita a descubrir que la responsabilidad de la escritura de guiones depende del rigor con el cual trabajemos día con día para ella, librando infinidad de obstáculos y sin dar concesiones o recurrir a referentes exitosos que limiten su impacto. Desde el primer apartado, El medio audiovisual, esta obra se aleja del dogmatismo que encierra este oficio y con ejemplos curiosos y muy divertidos, reflexionamos sobre las artes audiovisuales y su hábitat natural en lo referente a la ciencia del guión. En la siguiente parte, La estructura del guión, el autor cita a teóricos relevantes que cualquier guionista o aspirante a él debe conocer (Syd Field, Linda Seger, Elliot Grove, Irvin Blaker o Robert McKee) pero enfatizando que su obra busca alejarse de esas teorías magistrales y prefiere ahondar en la excepción de las normas. En el tercer apartado, como todo buen relato de tres tiempos (inicio, desarrollo y fin) Las Paradojas del Guionista profundiza en la práctica del guión y sus tropiezos habituales, como el cómo empezar a escribir, bloqueos y métodos de trabajo, la corrección del guión y una curiosa sección donde, con agudeza e inteligencia, explica el por qué el guionista es su propio enemigo. Para cerrar con broche de oro, el autor incluye un epílogo paradójico que explica la naturaleza del título y sin menoscabar su postura antidogmática, propone una serie de 38 consejos que se sirven como plato fuerte para probar la exquisita labor de escribir para cine y televisión. Devoren pues este vademécum que dicta que Decir que no se deben seguir normas es dar una y que en el cine hay que prometer pero no cumplir.

las paradojas del guionista

El autor del libro Daniel Tubau

Texto publicado el domingo 11 de Noviembre de 2007, en la columna semanal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.

Obtenido a través de la página La guarida de Betursus


 


Las paradojas del guionista
reglas y excepciones en la práctica del guión

Alba editorial, 2006,2010,2014

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Con esta obra, Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación.

Todas las entradas de la página web del libro:

Las paradojas del guionista

Contacto: danieltubau@gmail.com


Críticas, comentarios y Fe de erratas


Las 38 paradojas del libro y algunas más

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Reglas y excepciones (Las paradojas del guionista)

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Originally posted 2008-01-14 12:15:37.

La memoria de lo incompleto

Anoche, con Marcos, hablamos de la memoria de los camareros, que recuerdan lo que no han servido.

Es una de las versiones de un experimento, se encarga a los camareros de un local diversas comandas. En un momento dado, con alguna excusa, como una alarma de incendio, se interrumpe la tarea con muchas comandas todavía sin servir. Tiempo después se pregunta  a los camareros por las comandas que hicieron ese día: recuerdan las que quedaron incompletas, pero han olvidado las que sí completaron. Este es un asunto acerca del que mi amigo Eduardo Daswani sin duda tendría mucho que contar, porque es la persona que conozco que más sabe del arte de los camareros.

camarero

En mis clases he comparado este curioso resultado de la memoria de lo incompleto en los camareros con el método que el guionista de cómic Chris Claremont empleó para dar nueva vida a los X Men: creaba más y más tramas que quedaban abiertas. Eso hizo protestar a los lectores, pero Claremont tenía una respuesta, como expliqué en Las paradojas del guionista :

claremont-fenix

La muerte de Fénix

“A pesar de que Claremont convirtió a los X Men en el cómic más vendido de la editorial Marvel, superando incluso al mítico Spiderman, los lectores le reprochaban que había abierto muchos enigmas en las aventuras y que tardaba mucho en resolverlos. Jim Shooter, editor jefe de la editorial, le transmitió un día las quejas de los lectores y le pidió que empezara a resolver las cuestiones pendientes y también que resucitara de una vez al personaje de Fénix, como pedía el público. Claremont le respondió: «El secreto está en no contentarlos nunca, Jim, pensé que tú también lo sabías».

Lo que quería decir Claremont es que para mantener interesado al lector de cómic hay que proponerle muchos enigmas y dejar muchas preguntas en el aire: ¿qué sucederá cuando Rondador Nocturno descubra que su madre es Mística?, ¿cuál es el verdadero origen del esqueleto de adamantium y las garras de Lobezno?, ¿cuándo se producirá el enfrentamiento final entre Magneto y el Profesor Xavier?El lector tiene que creer que esos misterios van a ser resueltos y que sus preguntas serán respondidas. Pero el día en que el guionista se decida a revelar el origen de Lobezno o el parentesco de Rondador y Mística, la serie habrá perdido muchos de sus mayores alicientes y el lector ya no irá corriendo al quiosco para comprarse el siguiente número de los X Men.

Viajaba en un tren camino de casa de mi madre cuando escribí esta nota

Viajaba en un tren camino de casa de mi madre cuando escribí esta nota

En mis cursos, especialmente en los intensivos de guión, dejo muchos temas abiertos. Podría decir lo de Claremont: “Así volvéis a mis clases”, pero, claro, eso no suele suceder, excepto en lugares como la Factoría del guión, en los que los alumnos se matriculan en diversos cursos y me los encuentro varias veces año tras año. En los cursos que empiezan y terminan en un plazo previsto, supongo que esta sensación de que quedan cosas abiertas hace desear a algunos alumnos, como me dijeron en el reciente intensivo de verano, que el curso durara más. Eso es, desde luego, mucho mejor que el deseo de que se acabe de una vez. En cualquier caso, del mismo modo que Claremont, muchos de los asuntos los dejo incompletos a propósito, para que sigan siendo un estímulo en el que se seguir trabajando y evitar que se conviertan en un tema cerrado y olvidado, como suele suceder cuando se explican las cosas de tal manera que parece que no hay nada más que descubrir, al modo de los gurús de guión de Estados Unidos.

Pero Marcos y yo también comentamos otra curiosa incompletitud: la de esos amores que quedaron a medias, que no llegaron siquiera a existir. Muchos de ellos seguimos recordándolos durante años y años,  a pesar de su brevedad, mientras que olvidamos o apenas pensamos en otros que cristalizaron, se desarrollaron y desaparecieron de muerte natural, digamos. No todos lo amores completos se olvidan, por supuesto, pero lo asombroso es cómo recordamos algunos tan breves que apenas duraron un instante.

Yo recuerdo a una muchacha en Formentera, a la que sólo vi una tarde junto a una playa de rocas, cuando ella me pidió que moviera su hamaca. Yo tenía apenas diecisiete años. Hablamos un poco, cruzamos miradas intensas, mi timidez impidió que sucediera algo más, como tantas otras veces, pero recuerdo aquel momento con una intensidad incomparable, del mismo modo que recuerdo cómo vi desde la distancia subir a un autobús en Oviedo a una muchacha de Baeza a quien nunca volví a ver, o como recuerdo todavía a María Angeles cantándome “Alfonsina y el mar” junto a las lagunas de Ruidera, y a su hermana Rossi, y a una muchacha con la que apenas me crucé en la calle Echegaray de Madrid una madrugada de Año Nuevo, hace quizá diez años: una mirada de interés, un momento de duda, un instante para decidir si nos vamos juntos y… nunca más. O Sili, aquella muchacha para la que escribí más de una decena de poemas a los 15 o 16 años, y con la que sólo llegué a cruzar una cuantas palabras y muchas miradas furtivas, y las dos amigas con las que estuve una noche en las laderas del Parque del Oeste, que llegaron a mí no sé como y que desaparecieron de la misma misteriosa manera. Recuerdo esos momentos con una claridad asombrosa y todos ellos comparten una cualidad: son amores incompletos, como las comandas de los camareros o las tramas de los tebeos de Chris Claremont.

Escribí hace muchos años, una tarde en Buenos Aires acerca de esta persistencia de los amores no cumplidos:

“Algunos ya no tenían rostro, pero entre los demás, aquellos que le devolvían el recuerdo de una persona olvidada, algunos le causaban el dolor de la ocasión perdida, de la promesa no cumplida.  Promesas que se había hecho a sí mismo, cuando todavía pensaba que el tiempo era una extensión sin límite en la que todo había de tener su cumplimiento”.

Y así seguimos recordando todos esos amores incompletos, cuyo cumplimiento situamos en un punto indeterminado de nuestro futuro, hasta que nos damos cuenta, como decía Gil de Biedma, que de todo, o al menos de todo aquello, hace ya veinte años.

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LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA

Reglas y excepciones en la práctica del guión
Alba Editorial, 390 páginas

En formato papel y ebook electrónico
Casa del Libro//Amazon

web del libro: Las paradojas del guionista

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Canetti y los libros para especialistas

 

En el prólogo a Masa y Poder escrito por Juan José del Solar Bardelli, se comenta la ausencia de Marx y Freud (y Levi-Strauss) en el libro de Canetti:

“La omisión de toda referencia a estos y otros autores fue considerada herética, así como la ausencia de metodología”.

Canetti contó, tiempo después, que a Levi-Strauss no lo había leído al publicar su libro, y que no recurrió a Marx y Freud porque “no quería escribir un libro basado en la investigación científica actual, sino más bien que fuera el producto de una reflexión nueva sobre el tema”. También respondió a quienes le reprocharon que en el libro no apareciera la palabra “fascismo” que “las seiscientas páginas del libro no tratan de otra cosa”. Por último, explicó que escribió su libro de una manera tan particular con el propósito de que pudiera ser leído con provecho al cabo de cien años, y que “no quedara marcado por los estigmas de la actualidad ni por sus connotaciones retóricas”.

Razones parecidas son las que me hicieron escribir Nada es lo que es sin recurrir a la bibliografía especializada y evitando aspectos de la cuestión que llenan cientos de páginas en otros libros. Siempre intento que mis libros que no se dirijan a un público especializado, o al menos que puedan ser leídos tanto por un público especializado como por cualquier lector con cierta inquietud intelectual. Incluso mis libros de guión, como Las paradojas del guionista o El guión del siglo 21, creo que pueden ser una lectura interesante para personas que no estén interesadas en el mundo del guión.

Precisamente, en la presentación del libro, Marina Pino comentó que Las paradojas del guionista le había ayudado en la escritura de sus libros (que no tenían nada que ver con el cine o el guión). También Marcos Méndez me comentó, acerca del mismo libro (quizá con algo de exageración) que no era sólo un libro de guión, sino que también era acerca de la vida e incluso de ética y filosofía (que no se asusten los guionistas: también es fundamentalmente un libro de guión). Me alegran esas opiniones.

En cualquier caso, no descarto escribir un libro para especialistas en algún momento, y existen muchos libros para especialistas que me interesan mucho, pero no es lo que me mueve a escribir. Ahora bien, incluso los libros para especialistas deben estar bien escritos.

 

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

No verse a sí mismo

En On Having no Head, Harding destaca el hecho de que nunca vemos nuestra cabeza, excepto en un reflejo.
A veces me ha interesado esta imposiblidad de vernos a nosotros mismos, excepto en un reflejo: resulta que en la práctica totalidad de nuestras experiencias no aparece nuestro rostro. En la mayor parte de nuestra, vemos las escenas en las que participamos, los rostros y las expresiones de los demás, pero no nuestras propias expresiones. Por eso resulta a veces difícil identificarnos con lo que recordamos, y sospecho que, al recordar, a menudo ponemos imágenes de nuestra propia cosecha que no pudimos ver realmente. Si recordásemos de verdad una escena tal como fue, sólo veríamos las imágenes a la manera de una cámara subjetiva cinematográfica: las cosas entrarían en nuestro campo de visión: una figura que se acerca, un primer plano de un rostro, unos labios en primerísimo plano y la oscuridad de un beso.

Se da la paradoja de que una persona se conoce menos a sí misma de lo que la conocen las demás, al menos en el plano físico. Mi hermana me ha visto más de lo que me he visto yo mismo, en lo tocante a las expresiones del rostro. Y mi gestualidad es casi desconocida para mí, puesto que uno no actúa de la misma manera ante un espejo que ante los demás. Por eso, cuando una cámara nos ha filmado de improviso y luego vemos las imágenes, a menudo sentimos cierta extrañeza, porque nos descubrimos muy diferentes de como nos habíamos imaginado. Es como cuando oyes tu voz grabada y te das cuenta de lo distinta que es a cómo tu mismo te oyes.

Por cierto, es un asunto bastante interesante lo antes insinuado: una persona se conoce a sí misma en lo psíquico más de cuanto los demás puedan llegar a conocerla, mientras que en lo físico se conoce menos de lo que los demás la conocen. En lo psíquico se podría recordar precisamente lo que decía Borges en Borges y yo: todo eso que los demás conocen de Borges pertenece al otro Borges. Son retazos de su psiquismo encarnados en conversaciones, escritos, etcétera.
El propio Borges, por cierto, unifica en cierto modo ambos mundos en otro texto, en el que cuenta como los rasgos sucesivos de ese mundo literario que un hombre ha ido dibujando acaban trazando la imagen de su cara.

Y sin embargo, a pesar de todo lo anterior, a pesar de que en nuestros recuerdos no deberíamos ver nuestro rostro, me da la impresión de que a veces en nuestros recuerdos nos situamos en el punto de vista de un tercer observador externo, entrando nosotros mismos en plano, viéndonos como un personaje más, con nuestro rostro, lo que, como dije antes, sólo sucede en raras ocasiones, por ejemplo si hay un espejo en el que reflejarnos.

De todos modos, también hay que tener en cuenta que no sólo quedan grabados en nuestra memoria los datos visuales, sino también los sonoros, olfativos, gustativos y, sobre todo, los del tacto. Precisamente a través de los recuerdos táctiles, podemos inferir algunas imágenes visuales, por ejemplo el recuerdo de una sonrisa nuestra, que aunque no pudimos ver en el momento, quizá sí que llegamos a sentir en nuestro rostro.

La ley de Hofstadter

Douglas Hofstadter es el autor de una ley que lleva su nombre:

Ley de Hofstadter:

“Todo lleva más tiempo de lo que se piensa, incluso teniendo en cuenta la Ley de Hofstadter”

Una prueba del acierto de la Ley de Hostadter es una página que inicié hace varios años, en la que quería incluir diversas leyes, principios y normas más o menos paradójicas. Inicié la página con el llamado “Efecto Hawthorne” y prometí nuevas paradojas. Pasó el tiempo, e incluso entre tanto publiqué Las paradojas del guionista, donde enumero más de 40 paradojas relacionadas con el guión, pero la página de las paradojas siguió como el primer día.

Para que no trascurra un año más, apenas unos días antes del 2009, hoy recupero esa página e incluso le cambio el nombre. Se llamaba “Las paradojas de Mister Mister”, porque no se me ocurrió nada mejor en ese momento (se trataba de un homenaje a Las paradojas de Mister Pond, de Chesterton, y un intento de paradoja con el juego ” señor Señor”, lamentable, es cierto). Como ahora tampoco se me ocurre nada mejor, lo llamaré simplemente Paradojas, pero espero cambiarlo en cuanto se me ocura algo mejor.

Puedes visitar la nueva página con este enlace:

Paradojas