2.7 Conclusión

democrito

Sólo queda por comentar una cuestión que es tal vez la central en todo estudio de la ética aristotélica: el de su misma definición. La de Aristóteles es el ejemplo más repetido y el modelo más señalado de ética eudemonista, y además teleológicamente eudemonista. Sin embargo, ambos conceptos nos son tan trasparentes, ni su aplicación tan evidente como pueda parecer.

Si no un error, la definición de la ética aristotélica como eudemonista puede ser una gran simplificación, o la descripción de un hecho trivial, pero no carente de consecuencias.

¿Es la ética de Aristóteles, en definitiva, eudemonista?

Parece serlo, desde el momento en que el propio Aristóteles así lo afirma, pero, como se ve claramente en el texto citado en la nota 9, también las demás éticas a las que se enfrenta lo son (a excepción tal vez de la de Platón): Todos los hombres están de acuerdo en que el bien supremo es la felicidad. Esto significa que la ética de Aristóteles es eudemonista, sí, pero de un modo semejante a como la física es materialista, o la matemática “calculista”. es decir, que el hecho de que aquello que estudian, y admiten estudiar, los físicos sea la materia (lo que Aristóteles definiría como el ente móvil), no significa ni mucho menos que todos ellos (los físicos) tengan un mismo concepto de qué sea la materia. La materia, tal como se define, por ejemplo, por las teorías más avanzadas de la Física actual, no se parece en nada a la materia tal como fue entendida hasta finales del siglo XIX. Los físicos actuales, aún reconociendo que se dedican a estudiar los fenómenos puramente físicos, y no los espirituales, no los biológicos, por ejemplo, pueden llegar no sólo a cuestionar la noción clásica de materia, sino a definir ésta como algo muy cercano a eso que se llamaba espíritu. Con ello, se ve que incluso una actividad definida como materialista, puede al final cuestionar su mismo presupuesto central cuando llega el momento de definirlo. Lo mismo sucede con la ética de Aristóteles: el fin de la misma es la felicidad, por supuesto, pero también lo es para la ética de Demócrito, la de los epicúreos, la de los estoicos (sutilezas terminológicas aparte) y muchas otras. Intentar acercarse a la ética aristotélica desde la oposición que enfrenta a las éticas eudemonistas con las no eudemonistas, o materiales frente a formales (que suelen fecharse a partir de Kant) es correr el riesgo de malinterpretar y no llegar a comprender la especificidad misma de la ética aristotélica, e incluso de ni siquiera ver los puntos de contacto que se pueden establecer entre ella y algunos de los desarrollos propuestos por las llamadas éticas no eudemonistas y las de los valores. La causa de esta confusión que lleva frecuentemente a un estéril academicismo terminológico en el que los perfiles de las palabras impide ver el trazo conceptual, tal vez se halle en el propio Aristóteles.

Porque Aristóteles se plantea varias cuestiones que quizá no sean equivalentes. Se pregunta, en efecto cuál es el fin al que deben aspirar los hombres, y cuál es el fin al que quieren aspirar los hombres. Se pregunta, dicho de otro modo, cuál sería el estado ideal que definiría al hombre feliz, pero también cuál es la función propia del hombre, que éste tiene que cumplir para ser verdaderamente hombre. Por ello, la ética de Aristóteles parece exigir, o al menos eso me parece, el cumplimiento de unas condiciones fundadas ante todo en el vivir conforme a la razón. A quien cumple estas condiciones no le está asegurada la felicidad en su pleno sentido, de tal modo que si le preguntáramos si es feliz por cumplir los dictados de la razón, podría respondernos: “No lo sé, pero sé que sería infeliz si no pudiera [o no pudiera intentar] cumplirlos”. No me es posible tratar con el rigor y extensión precisos este asunto, ni tampoco el de la concepción teleologista de Aristóteles, que ha causado no menos confusión en sus comentadores.

*********

ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

2.6 Pensamiento, palabra y acción

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.3 Los bienes exteriores

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2.1 La ética de Demócrito

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

Leer Más
1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

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Introducción

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ÍNDICE

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


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2.7 Conclusión

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La felicidad y los tres modos de vida

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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CUADERNO DE FILOSOFÍA

Originally posted 1992-12-14 12:01:39.

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2

Según Cicerón, la cuestión ética fundamental de la felicidad fue importantísima para Demócrito:

“Demócrito descuidó sus bienes y su fortuna para buscar la felicidad, que hacía consistir en el conocimiento de las cosas; de esta investigación de la naturaleza quería que se originase el buen ánimo” (fr.740).

La cita de Cicerón nos permite hablar sin más preámbulo de aquello que Demócrito considera el bien supremo. En efecto, Demócrito, del mismo modo que lo hará Aristóteles, se pregunta cuál es el fin de la vida humana y concluye que es “el buen ánimo” (fr.735). Este buen ánimo no es otra cosa que la felicidad (fr.739).

La coincidencia con Aristóteles es en este punto casi absoluta, excepto en el hecho de que Demócrito prefiere emplear como concepto básico el de buen ánimo (euthymia) y no el de felicidad (eudaimonía), aunque, llegado el caso, los declara sinónimos e incluso utiliza otros equivalentes, como bienestar (fr.734):

“A la felicidad llama [Demócrito] buen ánimo, bienestar, armonía, simetría e imperturbabilidad” (fr.742).

Así pues, como señalan los comentadores de los fragmentos de Demócrito (en la edición de los Presocráticos III de Gredos), para Demócrito “el buen ánimo es el fin  (télos) de la vida, y el supremo bien (to krátiston), que coincide con la felicidad.

Este buen ánimo es “el estado en el que el alma está serena y equilibrada, porque no la perturba ningún temor, ni el miedo a los dioses ni ninguna otra afección” (fr.734).

 

*********

ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

 

Originally posted 1992-12-14 12:01:39.

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Tachinaba Akemi revisitado

En Placeres sencillos de Tachibana Akemi mencioné un poema que me gustó mucho al leerlo en Silencioso Tao, de Raymond Smullyan:

PLACERES SENCILLOS

Es un placer
Cuando desplegando una hoja de papel
Cojo el pincel
Y escribo con más habilidad
De la que esperaba

Es un placer
Cuando tras cien días
Retorciendo mis palabras
Sin éxito, de repente
Surge un bello poema

Es un placer
Cuando, sin ayudas,
Puedo comprender
El significado de un volumen
Que se considera muy denso

Es un placer
Cuando, algo muy infrecuente,
Tenemos pescado para la cena
Y mis hijos gritan gozosos
“¡Yum-yum!” mientras lo engullen

Es un placer
Cuando, en un libro que examino al azar,
Encuentro un personaje que es como yo.

En estos días, mientras juntaba cosas para el Cuaderno de Japón, me he encontrado otra vez con el poema de Akemi Tachibana. Eso me ha dado la idea de buscar información acerca de él y más poemas suyos.

En la biblioteca virtual Questia he encontrado el poema de los placeres sencillos en japonés y en la traducción inglesa de Donal Keene. Y me he llevado una gran sorpresa:

Solitary pleasures

Tanoshimi wa                            It is a pleasure
Komi wo hirogete                     When, spreading out some paper,
Toru fude no                             I take brush in hand
Omoi no hoka ni                        And write far more skilfully
Yoku kakeshi toki                     Than I could have expected.

Tanoshimi wa                             It is a pleasure
Momohi hineredo                      When, after a hundred days
Naranu uta no                            Of twisting my words
Futo omoshiroku                       Without success, suddenly
Idekinuru toki                            A poem turns out nicely.

Tanoshimi wa                             It is a pleasure
Asa okiidete                                When, rising in the morning
Kinō made                                  I go outside and
Nakarishi hana no                     Find that a flower has bloomed
Sakeru miru toki                        That was not there yesterday.

Tanoshimi wa                             It is a pleasure
Mare ni uo nite                           When, a most infrequent treat,
Kora mina ga                              We’ve fish for dinner
Umashi umashi to                     And my children cry with joy
Iite kuu toki                               “Yum-yum!” and gobble it down.

Tanoshimi wa                             It is a pleasure
Sozoro yomiyuku                       When, in a book which by chance
Kaki no naka ni                          I am perusing,
Ware to hitoshiki                       I come on a character
Hito wo mishi toki                     Who is exactly like me.

Tanoshimi wa                             It is a pleasure
Yo ni tokigataku                         When, without receiving help,
Suru kaki no                               I can understand
Kokoro wo hitori                        The meaning of a volume
Satorieshi toki                            Reputed most difficult

Tanoshimi wa                            It is a pleasure
Ebisu yorokobu                         When, in these days of delight
Yo no naka ni                             In all things foreign,
Kōkoku wasurenu                     I come across a man who
Hito wo miru toki                      Does not forget our Empire.

Además de alguna estrofa que está en distinto orden, en la versión de Smullyan faltan dos estrofas enteras. La primera dice más o menos:

Es un placer
cuando al amanecer
salgo fuera y veo
una nueva flor
que ayer no estaba.

Pero la sorpresa está otra estrofa, que es la que cierra el poema, y que dice:

Es un placer
cuando en estos días de deleite
en todo lo extranjero
encuentro a un hombre
que no olvida nuestro Imperio.

Para quienes no conocen la historia de Japón, quizá conviene aclarar que Akemi (1812-1868) vivió en la época del shogunato. Desde hacía varios siglos, en Japón existía un sistema dual en el que había un emperador, que carecía de poder efectivo, y un shogun, que era quien realmente mandaba. Akemi deseaba la restauración del Imperio.

En parte estimulados por la agresiva llegada a Asia de las potencias occidentales, muchos políticos y pensadores de Japón propusieron el restablecimiento del Imperio y al mismo tiempo la modernización del país, acabando con el shogunato feudal.

Al final, este cambio se hizo  durante la restauración Meiji del Imperio (1868-10912), y eso permitió a Japón convertirse en una potencia mundial, al contrario de China, que no supo emprender las reformas. En la modernización de Japón se imitaron muchas de las ideas occidentales, tras una cuidadosa investigación de las diferentes constituciones y sistemas de organización de las naciones europeas y de Estados Unidos. El propio emperador viajó a Europa para informarse por sí mismo. Lo curioso del asunto es que en Japón, tras algunas resistencias iniciales, prácticamente todos estaban de acuerdo en que había que imitar a Occidente, tanto los pro occidentales como los anti occidentales.

Pero Tachibana Akemi no llegó a ver la restauración imperial, pues murió en el preciso año en el que se inició la época Meiji, aunque fue uno de los precursores de este movimiento. Su animadversión hacia el shogunato también le hizo romper con las formas tradicionales de los poetas del período Tokugawa (shogunato). En cualquier caso, parece que Akemi se alineaba junto a los contrarios a las ideas extranjeras.

Una vez aclarado esto, sólo diré que es obvio que Smullyan cercenó el poema de Akemi y que, en mi opinión, eso fue un gran acierto. Porque la última estrofa de Akemi echa a perder todo el poema, toda esa deliciosa enumeración de placeres sencillos, que con esos versos finales se convierte en una proclama política, que, al margen de su acierto o error, es todo lo contrario de lo que dice el resto del poema. La sencillez de esos placeres es incompatible con un sentimiento tan artificioso y prefabricado como es el patriotismo, cualquier patriotismo.

Por otra parte, es curioso, pero no infrecuente, que un poema (eso si, cercenado) pueda ser mejor que las intenciones de su autor al escribirlo.

Ilustración tomada de la página Simply Building Net

Sospecho que el libro de los placeres sencillos de Tachibana Akemi contiene muchas más estrofas en la que describe otros placeres, a la manera de las encantadoras enumeraciones de lo que le gusta y lo que no le gusta de Sei Shonagon en El Libro de la almohada.
La ilustración de Yoshitoshi Tsukioka aparece junto a otra estrofa de Tachibana Akemi:

Pleasure is this:
to lie cool under the bower
of moonflowers
the man in his undershirt,
the woman in her slip.

(El placer es esto:
descansar bajo la enramada
de flores lunares,
el hombre en camiseta,
la mujer en combinación.)

*********

[Publicado en junio de 2006]

Originally posted 1992-12-14 12:01:39.

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

Democrito_de_Giovanni_y_Battista_Luteri_S_XVI

Demócrito aborda una cuestión que Aristóteles no examina sino muy indirectamente (especialmente en el Libro I): la distinción misma de lo bueno y lo malo. Para Demócrito, el criterio para saber lo que se debe desear o rechazar es la afección, “pues es deseable lo que nos atrae y es rechazable lo que nos repele” (fr.667)[1]. Y añade que “deleite y sinsabor son la medida de lo perjudicial”. Esta insistencia hace que Plinio llegue a afirmar que Demócrito opinaba que los dioses son sólo dos: perjuicio y beneficio (fr.671). Se puede intuir la proximidad de estas opiniones con una ética de valores y de disvalores, pero estos fragmentos también han hecho concluir a algunos que Demócrito proponía una ética puramente hedonista. Sin embargo, existen textos que niegan radicalmente esta consideración y, al mismo tiempo, aproximan de nuevo la ética democriteana a la aristotélica. Así: “Para Demócrito el bien supremo es el buen ánimo, que no se identifica con el placer…“(fr.734). Ahora bien, es cierto que el placer suele ir asociado en Demócrito al buen ánimo, pero no de otra manera que como síntoma o señal: “El deleite [Demócrito se refiere fundamentalmente al deleite intelectual] muestra que se ha alcanzado el buen ánimo, pero no es en sí el buen ánimo” (nota 293,p.371ss). Se trata, pues, de un placer sobrevenido, como aquel del que habla Aristóteles. Es más, concluye Demócrito, la felicidad “surge de la delimitación y de la elección de los placeres” (fr.742), por lo que no se puede hablar de que aquella esté sometida a estos, sino a la inversa. Porque, en definitiva, para Demócrito, del mismo modo que para Aristóteles, e incluso con más insistencia, “la razón… está acostumbrada a alcanzar los deleites en sí misma” (fr.982), pues “los grandes deleites provienen de la belleza de las acciones (fr.1031).” Se puede hallar aquí, parece, el germen de la idea de valor absoluto aplicada al comportamiento virtuoso en sí mismo, que Reiner no halla expresada por primera vez, y no de un modo completo sino en Cicerón[2].


[1] “Hay tres criterios: para la captación de lo invisible, los fenómenos; para la investigación, el concepto; para lo que se debe desear o rechazar, la afección, pues es deseable lo que nos atrae y es rechazable lo que nos repele”. En en fragmento 671 dirá: “Para todos los hombres, el bien y la verdad son lo mismo; lo placentero, en cambio, es una cosa para uno y otra cosa para otro”.
[2] Vieja y Nueva Ética, 218 y ss.

*********

ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

2.6 Pensamiento, palabra y acción

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.3 Los bienes exteriores

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2.1 La ética de Demócrito

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

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1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

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Introducción

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ÍNDICE

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


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2.7 Conclusión

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La felicidad y los tres modos de vida

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CUADERNO DE FILOSOFÍA

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Sextina de amistad

EL ALBUM DE PANDORA

Leí algo acerca de los Álbumes de Pandora en un libro que tenía que corregir para la editorial Mondadori. Se trataba de un estudio sobre Rembrandt, si no recuerdo mal. En ese libro se explicaba que en la época de Rembrandt era frecuente tener un Álbum de Pandora, es decir, un libro con hojas en blanco. El libro se iba llenando con dibujos o con regalos: una flor seca que han besado los labios del amante, una cinta de tela con la que ella ataba su cabello.

Tal vez en el libro se explicaba que Rembrandt tenía un Libro de Pandora en el que dibujaban sus amigos pintores, o tal vez algunos de sus dibujos se han conservado en los libros de Pandora de sus amigos. No me acuerdo.

Es fácil darse cuenta de que el Álbum de Pandora es una versión amable de la célebre caja de Pandora de la mitología griega, un mito que aprovecho para recordar ahora.

En los primeros tiempos, el titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los desdichados hombres que vagaban como salvajes por la tierra, sumidos en uan oscuridad perpetua. Prometeo, además, había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los humanos.

Para deshacer los favores del titán a los hombres, Zeus encargó al herrero divino Hefesto, que fabricase una mujer semejante a las diosas. Esta mujer fue llamada Pandora y reunió todas las perfecciones divinas. Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último, Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

Pese a los consejos de su hermano, Epimeteo, que no era muy listo, se casó con Pandora.

Como era de esperar, pues lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora la llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que enseguida se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Solo quedó dentro de la vasija la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los humanos suicidarse.

Pero existe otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija Zeus había puesto los bienes, entregados como un presente para la humanidad. Cuando Pandora abrió la caja, todos los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.

Todo lo anterior me sirve para explicar en qué consiste esta sección de Esklepsis: recuerdos de mis amigos, no necesariamente regalos que me hayan hecho.

Sin embargo, empezaré con un presente que hice yo a un amigo.

 

Sextina de amistad

Se trata de un tipo de poema bastante complejo y en completo desuso llamado sextina, aunque tengo la duda de si Gil de Biedma llegó a escribir alguna en el siglo XX.

El poema se compone de seis sextetos y un terceto final. Ahora bien, las últimas palabras de los versos de cada sexteto son siempre las mismas, pero ordenadas de diferente manera.

La palabra que está al final del primer verso es la que pasa a ser la primera en el siguiente, mientras que la primera del primer verso se convierte en la segunda. El resto igual: la quinta pasa a tercera y la segunda a cuarta; mientras que la cuarta pasa a tercera y la tercera a cuarta.

Además de esto, en el terceto final se han de utilizar las seis palabras, dos en cada verso (se supone que una en cada hemistiquio). Es más fácil ver esta combinatoria en el poema que explicarla. De todos modos, en la siguiente tabla se puede ver la estructura de una sextina, con las palabras de final de verso que yo mismo empleé en mi primera sextina:

1er verso      2ºverso        3er verso    4º verso        5ºverso       6ºverso
sextina          paciencia   oculto          amistad        prisión         arte
arte               sextina       paciencia    oculto           amistad       prisión
oculto           amistad      prisión         arte              sextina         paciencia
prisión          arte            sextina         paciencia     oculto          amistad
amistad        prisión       arte              sextina         paciencia    oculto
paciencia     oculto         amistad       prisión         arte              sextina

 

Llamé a esta sextina, que escribí tumbado sobre la hierba en el parque del Retiro de Madrid, Sextina amicitiae, es decir, sextina de amistad.


 

SEXTINA AMICITIAE (1991)

                                              A Manuel Abellá

Será esta la primera sextina
que componga de ingenio mi arte
buscando el feliz hallazgo oculto
en los versos de la métrica prisión
en que voluntario me encerró amistad
y en que me mantiene paciencia.

Si virtud teologal es la paciencia
obra divina ha de ser esta sextina
que ha de redimirme por amistad
y en alquimia de técnica y arte
permitirme escapar de la prisión
hallando el camino ahora oculto.

Muchas dificultades, no lo oculto,
podrían acabar con mi paciencia
y cerrarme en del oprobio la prisión
quedando en el limbo la sextina
de las inconclusas obras de arte
que a buen puerto no llevó amistad.

Mas si sudor es lo que exige amistad
no han de dejar mis versos oculto
que mayor esfuerzo por el arte
no se encontrará ni más paciencia
que la que da carne a esta sextina
cubriendo su esqueleto que es prisión

Otra peor y más terrible que prisión
desgracia sería perder la amistad
por no saber componer una sextina,
aunque mi temor yo aquí no oculto
de que esta de Job la paciencia
no haga olvidar la falta de arte.

Como el titán Prometeo dando el arte
de hacer fuego padeció cruel prisión
soportando el suplicio con paciencia
por tener de los hombres la amistad
dejo yo un álbum de Pandora oculto
que esperanza convirtió en sextina.

En fin, no oculto que esta mi sextina
hija es de paciencia y no tanto de arte
de días prisión y castigo de amistad.

***********

[Artículo publicado por primera vez en el número 3 de mi revista Esklepsis 3, 1997]

Ver también: El álbum de Pandora

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NUMEN
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Acerca del karma


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Fábula del origen del mundo y primera tentación

 

   1
In ilo tempore

En el principio, las rosas eran rosas
los dientes eran sólo dientes
y las perlas escasas.

Las mujeres peinaban su cabello rubio
el oro se extraía de las rocas y los ríos
y las palomas volaban en el cielo,
en vez de refugiarse en el pecho
de las muchachas.

Pero, ¿cómo no emparejar
dientes y perlas, oro y cabello
senos y palomas?

Lo uno por lo otro
Hermosa manera de no llamar
a las cosas por su nombre.

 

2
La Caída

La rosa, la rosa, la rosa, la rosa
la rosa, la rosa, la rosa,
la rosa
la rosa
la rosa

la rosa

Miles de rosas multiplicadas,
copias de copias pisoteadas
marchitas por el uso
cansadas y repetidas rosas
reflejos de una rosa que huye
del espejo.
Copia sin original.

 

3
Resurreción

Aunque muerta cada día,
renace la rosa
en cada gesto del amante que
ignorante o sabio
de nuevo la ofrece.

 

4
El Juicio

Sea rosa la rosa
y continúe en el jardín
para que la roben
los amantes.

Sea también figura y cifra
en los versos y en la literatura.

Gocen unos y otros con su rosa
Ámenla los amantes
con amor doble, 
sin restar vida a la vida
al sumar conceptos.
Sin impedir al arte
el placer de ser espejo,
o el de no serlo.

Sea la vida vida, y además,
literatura.

 


[Publicado por primera vez el 9 de diciembre de 2006 en Pasajero]


POESÍA


NOSTOI

Acerca del karma

Originally posted 1992-12-14 12:01:39.

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

AristotelesAnimalsAristotle

Tras el examen de las diversas soluciones propuestas, Aristóteles retorna a la noción de bien y señala que el bien no es sino “aquello a causa de lo cual se hacen las demás cosas”[1]. Pero los bienes que hemos examinado no lo son por sí mismos, luego no son perfectos, pues “llamamos perfecto a lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa[2]”Resulta, entonces, que la riqueza y la virtud, el placer y los honores, no son bienes perfectos, pues no son deseados por sí mismos. La felicidad, por el contrario, sí parece ser un fin perfecto, “pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa”, mientras que los demás bienes, aunque podamos desearlos por sí mismos, los buscamos también a causa de la felicidad, pues “pensamos que gracias a ellos seremos felices”[3].

Como se ve, la noción de bien perfecto no se resuelve en la simple oposición entre lo que es deseado por sí mismo y lo que es deseado por otra cosa, sino que requiere que se cumplan a la vez dos condiciones que no son equivalentes, aunque pueda parecerlo a primera vista:

(a) que ese bien sea deseado por sí mismo,

(b) que ese bien no sea deseado por otra cosa[4].

Con ello, Aristóteles admite la posibilidad de un bien que, a pesar de ser efectivamente deseado por sí mismo, sea también deseado por otra cosa. Creo que esta opinión es de una gran precisión, puesto que parece evidente que es posible desear las riquezas o los placeres por sí mismos, es decir, no como medios para alcanzar algo, sino como fines. Es decir, alguien puede desear la riqueza porque ella conlleva un vivir desahogado, y alguien puede preferirla por el mismo placer de ser rico, de manejar dinero. Ahora bien, en última instancia, opina Aristóteles, la suma de esos placeres que se desean por sí mismos es aceptada en tanto que parece proporcionar una vida feliz. Y no obstante, podría considerarse tal vez si fines como la riqueza, por ejemplo, no pueden ser también deseados por sí mismos en un sentido absoluto, aún a sabiendas de que pueden no llevar a la felicidad, y hasta impedir una vida feliz. Si esto se aceptase, todo el planteamiento ético de Aristóteles basado en que todos los hombres aspiran a la felicidad como bien supremo se desmoronaría. Y tal vez esta sea una posibilidad real, que Aristóteles parece intuir en algunos momentos, y que es causa de alguna falta de precisión en su discurso. Sobre ello volveré a hablar al final de este trabajo.


[1] 1097a,15-20.
[2] 1097a,30.
[3] 1097b,5.
[4] “Los honores, el placer, al inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad por sí mismos ( puesto que desearíamos estas cosas aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad” (1097b,1-5).
***

ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

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Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2


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2.7 Conclusión

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La felicidad y los tres modos de vida

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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CUADERNO DE FILOSOFÍA