DUDA RAZONABLE

Prejuicios e intuiciones

Una de las principales razones por las que nos equivocamos una y otra vez se debe a que tenemos demasiada confianza en nuestras intuiciones. Creemos saber enseguida la respuesta para muchas cosas casi sin pensar, y eso nos llena de confianza. Es cierto que a menudo nuestras intuiciones dan en el blanco, no se puede negar. Pero el problema es que nuestra mente apenas registra nuestros errores intuitivos. Esa desproporción entre los aciertos observados y los errores que pasan desapercibidos es lo que nos hace tan propensos a razonar mal, a pensar llevados por prejuicios, a establecer leyes absurdas a partir de fenomenos puramente casuales.

He dedicado muchos libros y muchas páginas a este asunto, que atraviesa varios mundos: desde la psicología a la sociología, desde la semiótica a la estrategia, desde el pensamiento de Sherlock Holmes al de Sunzi.

En DUDA RAZONABLE reúno las entradas dedicadas de manera específica a asuntos como el descubrimiento de los prejuicios o el control y la puesta a prueba de la intuición, pero también a conocer y evitar los principales sesgos cognitivos y descubrir las virtudes del pensamiento paradójico y no dogmático.

 

 

OTRAS PÁGINAS ACERCA DE SESGOS COGNITIVOS Y PREJUICIOS

Todas las páginas dedicadas a mi libro No tan elemental: como ser Sherlock Holmes

Casi todas las páginas dedicadas a Las paradojas del guionista

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

lapaginanoaltEn La página noALT traté hace años algunas cuestiones relacionadas
con la polarización política, ideológica e idealógica. Y en especial el uso de ideas como armas arrojadizas aquí: “La evolución de las piedras

PÁGINAS ACERCA DE CRETIVIDAD Y PARADOJAS

Creatividad y teorías bastante extravagantes

losgrandesinventosdetubau

Algunos de mis inventos

DUDA RAZONABLE

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Pretaporter y consumo feroz

Es cierto que gracias a la globalización disponemos de ropa y zapatos baratos, siempre que sepamos comprarlos fuera de temporada alta o en época de rebajas. Eso hace que la industria de la vestimenta se haya reciclado en los últimos decenios.

En los años 60 del siglo pasado el pret-a-porter (listo para llevar) fue una revolución democratizadora, al ofrecer a la mayoría de la población ropa barata de mediana calidad, no especialmente confeccionada para ellos, claro está, sino para un cuerpo femenino y masculino estadísticos. No era como la alta costura, pero daba el pego, siempre que no acudieras con ella a una recepción de la embajada.

King Camp Gillette

El siguiente paso consistió en aplicar el gran consejo que le dio William Painter, inventor de la chapa para refrescos gaseosos, a King Camp Gillette:

“Inventa algo de usar y tirar, algo desechable. Así te asegurarás que siempre te pidán más.”

Poco después, Gillete, mientras se afeitaba una mañana frente al espejo, tuvo la revelación de la cuchilla de afeitar desechable:

“Mientras me encontraba con la navaja en la mano, posando mis ojos en ella tan ligeramente como el pájaro que se dispone a instalarse en su nido, nacieron la maquinilla de afeitar Gillette y su hoja intercambiable.”

Gracias a la ayuda de William Nickerson, inventor del botón del ascensor, Gillete abandonó su proyecto de cambiar la humanidad y se conformó con ayudar a los hombres a cambiar la apariencia de su rostro. De este modo pudo cumplir su sueño de inventor, pero esa es otra historia, que contaré en otra entrada de este Inventario.

Los comerciantes de la moda, tras el pret-a-porter, acabaron descubriendo el secreto de Painter y comenzaron a hacer ropa no sólo lista para llevar, sino también lista para tirar… tras un uso breve y con la ayuda de los potentes detergentes, las implacables lavadoras y las ardientes planchas.

La ropa se abarató tanto, y se hizo de tan mala calidad, que ahora es inevitable verse obligado a renovarla cada poco tiempo: ropa desechable, sin duda uno de los mejores negocios de la actualidad.

A cambio de ello, la vida de los piratas textiles se ha hecho más fácil, pues cada vez resulta más difícil distinguir el original de la copia. ¿Qué me importa que la copia sea incluso de peor calidad? Es cierto, pero me sale más barato comprar cinco copias sucesivas que el original (del que, al fin y al cabo, también me cansaré antes de la próxima temporada).

Muchos se lamentan de esta decadencia, degradación y terrible estado de cosas, del consumismo feroz y otros vicios que se creen modernos, pero ya sabemos que quienes más gritan y se lamentan son casi siempre quienes menos hacen. Yo grito poco, pero me atrevo a proponer soluciones en Los grandes inventos de TuBaU, que puedes visitar haciendo clic en la imagen.


 


 [Publicado por primera vez en Inventario digital, 4 de marzo de 2011]

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La inteligencia contra los test de inteligencia

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su CI (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología o definición circular que ya mencioné en otra ocasión: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías y propuestas que se basan en la observación y la ciencia, la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con otra improbable mutación genética.


[Publicado el 3 de abril de 2013 en Divertinajes]

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El himno de batalla de la madre tigre

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su C.I. (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología que ya mencioné en una ocasión anterior: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías que se basan en la observación y la ciencia, me parece que la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida, lo que no implica negar la influencia de la genética en el ser humano, como sostienen algunos opositores de Gould.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con una improbable mutación genética que se haya producido en las últimas tres décadas solo en esa parte del planeta.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Amy Chua, vestida de negro, con sus hijas y su marido (en el extremo derecho) en una presentación en Shanghai.

2018: Recientemente, Amy Chua ha publicado un nuevo libro, en esta ocasión junto a su marido, en el que sostiene que ciertas etnias o comunidades (en las noticias suelen escribir “razas” de manera absurda) desarrollan sus capacidades cognitivas mejor que otras. En concreto se refiere a ocho comunidades: judios, indios (de la India), chinos, persas o iraníes, libaneses, nigerianos, cubanos exiliados y mormones. La razón no sería genética, como es obvio al estar ahí los mormones incluidos, sino que se debería a un triple factor que comparten esas comunidades: un complejo o sentimiento de superioridad, inseguridad y capacidad de controlar los impulsos. Como no he leído el libro, no puedo juzgar si sus argumentos son sólidos o no. Sí que he oído hablar de estudios sociológicos en los que las personas con complejo de superioridad, con el sentimiento de que son mejores que los demás por alguna razón, suelen obtener mejores resultados que las otras, incluso en pruebas en las que se les imbuye de ese sentimiento de superioridad en el momento mismo de la prueba (por ejemplo, haciendo que acierten en cuestionarios preliminares trucados). También es obvio que los persas, los chinos, los mormones y los judíos se consideran pertenecientes a culturas superiores al resto o al menos a grandes culturas. Pero simpre es arriesgado establecer conclusiones tan decisivas a partir de ciertas coincidencias.

 


[Publicado el 20 de marzo de 2013. Revisado en 2018]

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Parientes cercanos

Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es:

La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante.

Esta definición es bastante convincente, pero tiene el problema de que su campo de aplicación es muy amplio. Muchos animales pueden ser considerados inteligentes, como las abejas de las que hablé en Lo que sí está en los genes, capaces de señalar a sus compañeras dónde encontrar un buen campo de margaritas. Ahora bien, quizá no nos parecen tan inteligentes aquellas otras abejas de la especie higiénica que son capaces de abrir celdillas infectadas pero que no tiran la larva enferma, a pesar de tenerla allí delante, ya que carecen de la instrucción genética para realizar esa segunda tarea, a primera vista tan obvia. El comportamiento instintivo no nos parece inteligente y tampoco creo que lo sea el intuitivo, que es una especie de instinto, pero adquirido durante la vida del individuo, como dije en Inteligencia intuitiva.

Volvamos a la definición de inteligencia.

Minsky y un amigo

El comportamiento inteligente podría incluir no solo animales como las abejas, los cuervos, los perros y los gatos, y quién sabe si las esponjas (que tardaron hasta 1765 en ser reconocidas como animales), sino también a los ordenadores personales e incluso a los termostatos. Eso último es lo que opinó hace muchos años Marvin Minsky, uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial. Minsky opinaba que un termostato que mantiene estable la temperatura de una habitación es inteligente, puesto que recibe información del medio circundante, por ejemplo que la temperatura es de 12 grados, y a continuación modifica su conducta, dando salida a aire caliente hasta que la temperatura se eleva a 18 grados. Cuando vuelve a recibir la información de que esa temperatura ha sido alcanzada, vuelve a modificar su conducta e interrumpe o disminuye la salida de aire caliente. La provocación de Minsky tenía la intención de señalarnos lo difícil que resulta definir la inteligencia, a pesar de lo que creen los partidarios de los test de inteligencia, quienes acaban en la inevitable conclusión de que la inteligencia es esa cosa que miden sus test.

Elementos de la inteligencia del termostato

Aristóteles ya nos ofreció una brillante distinción entre las tres clases de alma o naturaleza: la de las plantas, con alma vegetativa; la de los animales, con alma vegetativa y sensitiva, y la de los seres humanos, con alma vegetativa, sensitiva e intelectiva. Pero también podríamos considerar que las plantas, los animales, los seres humanos e incluso los termostatos pertenecemos a una extraña especie o género, la de los “procesadores de información”. Nos distinguimos unos de otros según sea nuestra mayor o menor capacidad de procesamiento. Probablemente, un termostato sea en esta clasificación un pariente cercano de una esponja, mientras que los más avanzados ordenadores comienzan a compartir con nosotros un cierto aire de familia.

 


 

Cuaderno de Psicología

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El azar y la necesidad

Ilustración de Daniel Tubau

Uno de los asuntos que ha ocupado durante millones de horas a las mentes más inquietas de la humanidad es problema del azar y la necesidad. ¿Estamos determinados por nuestros genes, por las estrellas, por los dioses, por el clima, por la educación, por nuestro género, por nuestra cultura? ¿Son nuestras acciones libres o seguimos nuestros instintos, como los animales, o instrucciones de un programa, como las máquinas?

Desde que se recuerda, y también por lo que los arqueólogos y paleantropólogos deducen de los restos prehistóricas, siempre los humanos han intentado desentrañar si nuestra vida y nuestro universo es determinista o indeterminista, si estamos sometidos a un destino férreo o a un caprichoso azar.  El tema ha hecho que se volcaran toneladas de tinta en rollos de seda, libros de bambú, pergaminos y papeles; ha fatigado las manos de los escribas mesopotámicos, entregados a hacer saltar muescas en las piedras con sus signos cuneiformes para dejarnos un testimonio de sus inquietudes, ha mantenido a los canteros egipcios durante horas trazando intricados jeroglíficos en los muros y las columnas. Las imprentas de China y de la Europa de Gutenberg han trabajado sin descanso imprimiendo cientos de libros que intentaban resolver el gran misterio. Hoy en día el universo digital rebosa de artículos, libros, series y películas o discusiones interminables acerca de este asunto no resuelto.

Las respuestas a el equilibrio metafísico entre azar y necesidad también ha dado origen a cientos de escuelas filosóficas y a sectas religiosas y escuelas místicas, no sólo en Grecia y Roma, sino en la India y en China, en Persia, en las culturas precolombinas, en el mundo musulmán, entre los cristianos y entre los judíos.

A menudo la respuesta psicológica se ha entrelazado con la ontológica y la metafísica. Los estoicos enseñaban a soportar el dolor y las contrariedades, lo que les hizo desarrollar una metafísica en la que existía un destino férreo, que no estaba en nuestra mano modificar; los epicúreos buscaban el placer y eso les hizo concebir un universo en el que dominaba el azar, por lo que añadieron al movimiento de los átomos de Demócrito una desviación azarosa o clinamen, que impedía que todo el universo estuviera determinado de manera estricta por los dictámenes de esas partículas elementales. Los cristianos, que creían que el mundo ideal se situaba en el futuro en vez de en el pasado, otorgaron al ser humano el libre albedrío, pero al mismo tiempo lo sometieron desde su nacimiento al más cruel de los determinismos, el del pecado: todos somos pecadores desde el momento en que nacemos, porque cargamos con la culpa de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Por su parte, los budistas, los hinduistas y los jainistas aceptaron de manera semejante que tenemos que cargar con las culpas o aciertos de nuestras vidas anteriores, pero lograron al mismo tiempo proponer la mayor de las libertades y el libre albedrío más radical: es verdad que somos como somos por lo que hicimos en nuestras vidas anteriores, pero también seremos lo que seremos en función de lo que hagamos ahora. Aristóteles, por su parte, proponía algo semejante, pero lo circunscribía a la vida de un individuo: somos lo que hacemos. El ser humano, nos dice, nace como una tabula rasa, como una tableta en blanco, que debemos ir llenando en nuestra búsqueda de la felicidad, hasta llegar al ideal máximo, es decir, a la contemplación pura, algo que quizá podemos comparar con una meditación al mismo tiempo reflexiva e inquieta. Ahora bien, para que todo eso funcione no solo tiene que existir un Primer Motor Inmóvil que mantenga todo el universo en movimiento, sino también esclavos que nos permitan tener el tiempo libre que exige la contemplación pura. Quién sabe, quizá algún día se cumpla el sueño de Aristóteles gracias a los robots.


[Escrito en 2014]

 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. Aquí he añadido otros textos relacionados con el azar y la necesidad, es decir, el determinismo y el indeterminismo.

Pi y la Biblioteca

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Dawkins: genes, memes y determinismo

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Casualidades causales

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El azar y la necesidad

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Tersites y Palamedes, las leyes del azar
|| Homéricas /007

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Aquiles y Áyax se la juegan en Troya
Homéricas /008

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El rey indio que se apostó a sí mismo

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Cómo ganar a los dados a un tonto

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Lo que sí está en los genes

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El azar y la necesidad

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Casualidades

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Casualidades significativas y narrativa

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La columna de fuego

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Análisis retrospectivo y física cuántica en el problema del determinismo y el indeterminismo

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Cicerón, el estadístico

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Lo que sí está en los genes

En diversos momentos he hablado de la célebre y nunca concluida polémica entre lo innato y lo adquirido: aquello que somos a causa de nuestros genes y aquello que somos a causa de la sociedad, la educación o, quizá, a causa de esas extrañas causas imprevistas e imprevisibles a las que solemos llamar azar.

En El genio no nace: se hace, negué la popular teoría que atribuye nuestra personalidad y nuestros logros a la genética, pero también admito que somos entes programados y programables. En otra ocasión intentaré explicar qué implica que el ser humano sea programable y que, además, lo sea por sí mismo, es decir, que él mismo pueda ser sujeto y objeto de su programación. Ahora me interesa mostrar hasta que punto estamos programados por la naturaleza y por los diversos mecanismos de eso que se llama evolución natural.

Abeja melífera

Quienes rechazan la influencia de los genes en nuestro comportamiento, a menudo lo hacen porque consideran que admitir tal influencia sería lo mismo que privar al ser humano de libertad. Me parece que esa conclusión no es necesaria ni inevitable y que es perfectamente posible creer en una poderosísima influencia genética y, al mismo tiempo, creer en lo que los filósofos medievales llamaban libre albedrío y voluntad, que es quizá la mayor aportación del cristianismo a este debate, tal vez a cualquier debate. Sin embargo, aunque creamos en la voluntad y la posibilidad de elección, conviene no desviar la mirada hacia otro lado: no hay más remedio que admitir que la influencia genética es muy poderosa en nuestro comportamiento.

Pondré al lector el ejemplo que más me ha impresionado en cuanto a un comportamiento determinado por los genes. No está protagonizado por seres humanos, sino por abejas.

La historia la cuenta Richard Dawkins en El gen egoísta, y se refiere a las abejas melíferas, es decir, las abejas que fabrican miel.Pues bien, citaré casi íntegro el fascinante pasaje en el que Dawkins explica el comportamiento de las abejas melíferas, porque creo que él lo explica mucho mejor de lo que pudiera hacerlo yo:

Las abejas melíferas sufren una enfermedad infecciosa llamada loque. Ataca a las larvas en sus celdillas. De la especie domesticada empleada por los apicultores, algunas corren más riesgo de contraer dicha enfermedad que otras, y resulta que la diferencia entre las razas es, por lo menos en ciertos casos, relativa al comportamiento. Existen las llamadas razas higiénicas que rápidamente erradican las epidemias mediante la localización de las larvas infectadas, arrastrando dichas larvas fuera de sus celdillas y arrojándolas fuera de las colmenas. Las razas susceptibles lo son porque no practican ese infanticidio higiénico. El comportamiento realmente involucrado en este método es bastante complicado. Las obreras deben localizar la celdilla de cada una de las larvas infectadas, remover la capa de cera que recubre la celdilla, extraer la larva, arrastrarla a través de la puerta de la colmena y arrojarla al descargadero de los desperdicios.

No está mal para una simple abeja, pero entonces viene lo más sorprendente, que muestra el alcance y la detallista precisión de la codificación genética.

Antes de continuar, piense el lector en la poca complejidad de una abeja, al menos comparada con la de un ser humano. Pues bien, un investigador llamado Rothenbhuler quiso averiguar de qué manera las abejas aprendían esas dos tareas, que consistían en abrir las celdillas y extraer las larvas infectadas:

Rothenbhuler volvió a cruzar a los híbridos de la primera generación con una raza higiénica pura obtuvo un resultado muy hermoso. Las hijas abejas de la colmena se dividieron en tres grupos. Uno de ellos demostró un comportamiento higiénico perfecto, un segundo grupo demostró carecer totalmente de dicho comportamiento y el tercero demostró un comportamiento intermedio. Este último grupo perforó las celdillas de cera de las larvas enfermas pero no continuó con el proceso de arrojar la larva. Rothenbhuler conjeturó que podía haber dos genes separados, uno para destapar la celdilla y otro gen para arrojar la larva fuera de la colmena. Las razas higiénicas normales poseen ambos genes y, en cambio, las razas susceptibles de contraer la enfermedad poseen sus alelos rivales. Los híbridos que sólo llegaron hasta la mitad del camino poseían presumiblemente, el gen para romper la celdilla (en dosis doble) pero no aquellos genes para arrojar fuera la larva.

No sé si el lector se ha dado cuenta cabal de lo que nos está diciendo Dawkins: en el ADN de la abeja hay una instrucción para abrir celdillas y hay otra instrucción para tirar larvas. Si falta una de las dos, la abeja no hace nada delante de una celda abierta, o bien abre una celda y no tira la larva.

Esto es asombroso, y más teniendo en cuenta que las abejas no son famosas por su torpeza, sino por todo lo contrario: son capaces, por ejemplo, de indicar a sus compañeras dónde pueden encontrar flores suculentas. Lo hacen mediante un baile. Parece evidente que en el ADN de la abeja no puede estar codificado que hay un manojo de margaritas en una casa de Ciudad Real, así que las abejas se encuentran con una situación no prevista y tienen que modificar su baile para que otras abejas encuentren esa casa que, de no ser por el aviso de su colega de colmena, nunca habrían visitado. Todo lo anterior da la impresión, no sé si de un comportamiento consciente, pero sí al menos de la disposición a observar cosas nuevas y actuar en función de lo observado. Sin embargo, la actitud de las abejas frente a una celdilla vacía da la sensación contraria: parece como si fueran literalmente ciegas, tienen allí enfrente esa larva muerta, deberían expulsarla de la colmena, y sin embargo no lo hacen. Tal vez el baile mismo de las abejas también esté codificado y las abejas que bailan y las que miran el baile tan solo activan microscópicos GPS o mecanismos de geolocalización y kilometraje, puesto que, una vez conocido lo que hacen las abejas melíferas con las larvas muertas, podemos imaginar cualquier otra cosa. Por otra parte, la respuesta alternativa sería que las abejas han desarrollado un lenguaje no genético tan complejo como para distinguir metros y kilómetros, norte y sur y arriba y abajo, lo que suena incluso más improbable. Hay que puntualizar, para el lector escéptico que piense que las abejas no se dan las indicaciones mediante el baile, sino, por ejemplo, por alguna especie de olfato (“oliendo” a la abeja que ha estado cerca de las margaritas y siguiendo el rastro) o porque la abeja que ha encontrado las margaritas hace después de guía… Pues bien, el baile ha sido reproducido por abejas robots…. ¡y ha funcionado!

El robo bee (robt abeja) del Project Robo Bee de Berlín (más información: Project RobBee, conferencia en español RoboBee)

En realidad, lo que hacen es dar coordenadas polares, señalando el ángulo y la distancia a la flor mediante el tipo de baile y su duración. El olor al parecer también ayuda, pero solo para detectar el lugar indicado porque coincide con el olor de la abeja danzante. Quizá también detectan el campo electromagnético transmitido por la vibración de las alas.

Si, como vemos, en el gen de las abejas melíferas de la especie higiénica es posible codificar comportamientos tan específicos, conviene no subestimar los condicionantes genéticos que influyen poderosamente en nuestro comportamiento. Es una buena lección que nos dan las abejas y que nos hace no estar tan seguros de nuestra libertad de elección.

 


 

CUADERNO DE BIOLOGÍA

 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. En la categoría  El azar y la necesidad, hablo de azar, de necesidad y del determinismo y el indeterminismo.

 

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El genio no nace, se hace

Que yo sepa, no se conoce ningún caso de genio que no haya necesitado hacerse, más allá de algún matemático, algún músico  o alguna persona dotada para ciertas operaciones mentales, que casi siempre combina su genialidad en ese terreno con el autismo o alguna otra característica mental que suele afectar a su vida cotidiana. Lo que antaño se llamaban idiots savants, idiotas sabios. Pero eso no es lo que suele considerarse un genio, sino tan solo “un genio… para el cálculo”, por ejemplo.

En realidad, yo estoy en contra de la definición de alguien como “genio”, pero podemos emplear la palabra para referirnos a esas personas que han destacado de manera notable en la historia de la ciencia, el arte, la invención o el pensamiento. No creo, por otra parte, que los genios que conocemos hayan sido las únicas personas que podían haber logrado lo que ellos lograron. Sería absurdo pensar que entre los miles de millones de individuos que han nacido en cientos de ciudades y en miles de pueblos perdidos ninguno de ellos pudiera haberse convertido en un genio.

Jorge Luis Borges

Tampoco es sin duda casualidad que casi todos los genios que han pasado a la historia procedan de lugares más o menos desarrollados, al menos desde el punto de vista cultural, y todos o casi todos han tenido a su alcance medios de los que no disponían muchos otros. El hecho de que apenas se mencionen dos o tres decenas de mujeres artistas o científicas antes del siglo XX, pero sí miles de hombres, no puede ser una simple casualidad. Aún teniendo en cuenta el machismo que ha ocultado muchos nombres de mujeres, la gran mayoría de las mujeres no tuvieron ni la más mínima oportunidad para desarrollar su talento a lo largo de casi toda la historia.

Es obvio también que Jorge Luis Borges no habría podido sentir la fascinación por la literatura inglesa que le permitió redefinir la escritura en español, si su abuela no le hubiera enseñado inglés casi como primera lengua.

Tampoco creo en la existencia de razas humanas, algo en lo que Borges sí creía (lo que es una muestra de que la educación también puede ser incompleta incluso en alguien como él), pero me permitiré usar la palabra negro, a pesar de que creo que no significa casi nada (ya he dicho que tampoco creo que signifique mucho la palabra “genio”): ¿crees el lector que Obama es el negro más inteligente de todos los que existen y han existido y que ninguno podría superarlo?

Sí, es cierto que parece muy inteligente, pero ¿no le puede haber dado una cierta ventaja el haber nacido en el territorio norteamericano de Hawai y haberse educado en Estados Unidos en los años 60 del siglo XX?

¿Cree el lector que es tan solo una asombrosa casualidad el que dos de los negros que figuran en todas las historias de la literatura universal nacieran en Europa? Me refiero, por supuesto, a Pushkin, símbolo de la poesía y la literatura rusa, y a Alejandro Dumas, gran patriarca de la literatura francesa. Por cierto, ¿cree el lector que también se debe a la casualidad que casi nadie sepa que eran negros?

Alejandro Dumas

Afortunado aquel que nace en una ciudad poderosa, decía Platón:

“Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, hombre y no mujer, libre y no esclavo. Pero sobre todo agradezco el haber nacido en el siglo de Sócrates”.

No debe creer el lector que la preferencia de Platón por ser hombre y no mujer se deba a su misoginia o machismo, pues Platón es considerado, con razón, uno de los filósofos más cercanos al feminismo, al menos en comparación con su discípulo Aristóteles y otros pensadores de su época, con la excepción de Epicuro y Aristipo, quizá.

Alexander Pushkin

Esa preferencia de Platón se debe a que pudo observar las pocas oportunidades que tenían las mujeres en su época para desarrollar sus talentos intelectuales, políticos o creativos, del mismo modo que sabía perfectamente cuáles eran las ventajas de nacer libre y no esclavo, gracias a su propia experiencia, pues Platón fue vendido como esclavo por el tirano de Siracusa y pasó varios años en esta condición hasta que pudo ser rescatado.

Para defender que son los genes y no la educación los responsables de la existencia de los genios, se dice que los grandes maestros raramente tienen grandes discípulos. Es muy discutible que eso sea cierto.

Sócrates tuvo como discípulo a Platón, pero también a Antístenes, a Aristipo, a Euclides y a muchos más. Platón, a su vez, tuvo como discípulo a Aristóteles, quien tuvo como discípulo a Teofastro, que al parecer era también un filósofo de cuidado. En cualquier caso, los tres filósofos griegos más conocidos (Sócrates, Platón y Aristóteles) siguen una línea continua de maestro-discípulo. En el chan budista chino, la versión del budismo dhyana indio y el origen del zen japonés, sucede lo mismo: a cada maestro le sucede un nuevo maestro comparable a él, que no es su hijo, sino su discípulo, hasta tal punto que se producen escisiones continuas, porque los discípulos creen siempre hallar una verdad o una variante que supera la versión del maestro.

El medio griego den la antiguedad dio durante varios siglos decenas de filósofos, arquitectos y artistas. ¿Por qué dejó de darlos? ¿Cree el lector que se produjo una mutación genética que volvió estúpidos a los griegos? De hecho, el medio griego siguió dando pensadores en el lugar más desarrollado de la época, Bizancio, aunque la presencia cultural excesiva de la religión ortodoxa tal vez echó a perder parte de sus posibilidades, como lo hizo el catolicismo en Europa, consiguiendo que pensadores tan impresionantes como Escoto Erígena, Guillermo de Ockham o Nicolás de Cusa perdieran cientos de horas discutiendo acerca de esencias divinas, porque ese era el tema casi único del momento.

Confucio

En la Inglaterra Isabelina, Shakespeare no estaba solo: convivió con Christopher Marlowe, John Ford, John Donne y Ben Jonson, entre otros. En España, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora fueron contemporáneos. En la época de los Reinos Combatientes, antes de la unificación de China, se concentran las tres cuartas partes de los filósofos chinos; en la época Tang muchos de sus mejores poetas, en la Song los pintores y en la Yuan o mongola el mejor teatro.

A pesar de que los ejemplos se podrían multiplicar sin fin, se insiste una y otra vez en que los genes son más importantes que la educación y el medio circundante. Pero en la historia del arte, la filosofía y la ciencia hay pocos ejemplos de hijos que suceden a sus padres, excepto entre los artesanos, que aprendían el oficio porque era su mejor medio de vida. El problema es que, incluso en los casos en los que se da la sucesión padre-hijo, es difícil negar la importancia del ambiente, de la educación y de la enseñanza trasmitida. El hijo suele haber nosolo heredado los genes de sus padres, sino también los ha tenido como ejemplo.

Por otra parte, a veces se menosprecia la importancia del entorno para, de este modo, defender los propios méritos. Es como decir: “Me merezco mi fama, no por los privilegios de los que he gozado, sino porque soy genéticamente superior”. Es un planteamiento absurdo. Como si fuera más digno heredar que adquirir: aquello de lo que podemos presumir es lo que hemos alcanzado por nuestro esfuerzo (con la pequeña o gran ayuda del entorno), no aquello que nos vino ya de fábrica en los genes.

Sin embargo, las fábulas tradicionales, los cuentos de hadas o películas como La guerra de las Galaxias nos acostumbran a ese relato de la herencia genética. Es el relato de la pereza y la vagancia, en el que uno cree que le ha tocado la lotería genética, como quien espera que su décimo salga premiado en el próximo sorteo.

Padre e hijo, genios de la Fuerza


[Publicado por primera vez el 1 de enero de 2013 en Divertinajes. revisado en 2017]

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Maneras de predecir el futuro

Adivinar el futuro ha sido una ambición de los seres humanos desde los tiempos más remotos. Se ha intentado conocer el futuro leyendo las entrañas de animales, mirando las estrellas, sacrificando toros o caballos, echando las cartas, examinando los posos del café o interpretando los sueños, como hizo Daniel cuando el rey Nabucodonosor soñó con una extraña estatua:

Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran estatua. Esta estatua, que era muy grande y cuyo brillo era extraordinario, estaba de pie delante de ti; y su aspecto era temible.
La cabeza de esta estatua era de oro fino; su pecho y sus brazos eran de plata; su vientre y sus muslos eran de bronce; sus piernas eran de hierro; y sus pies en parte eran de hierro y en parte de barro cocido.
Mientras mirabas, se desprendió una piedra, sin intervención de manos. Ella golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.
Entonces se desmenuzaron también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro; y se volvieron como el tamo de las eras en verano. El viento se los llevó, y nunca más fue hallado su lugar. Y la piedra que golpeó la estatua se convirtió en una gran montaña que llenó toda la tierra.
 Daniel interpretó esa estatua formada por diversos materiales como la sucesión de cuatro grandes reinos, que los seguidores de los textos bíblicos han intentado situar en la historia conocida con mayor o menor éxito.

Como es sabido, o como debería serlo, el método de los profetas consiste fundamentalmente en contar el pasado como si fuera el futuro, es decir: inventarse a un profeta que habría vivido en tiempos de Nabucodonosor y atribuirle un texto escrito trescientos o cuatrocientos años después, un texto escrito por ellos, claro, por los propios profetas.

Interpretación moderna de la estatua

La anterior es una manera curiosa de predecir el pasado, que tiene ciertas semejanzas con la que tenían que aplicar los historiadores rusos durante la época de Stalin, pues constantemente se veían obligados a reescribir el pasado, siempre en función de las purgas ordenadas por el dictador. Eso les obligaba a borrar de las fotografías a quienes ya no eran bien vistos. Ante la dificultad de predecir lo que el día de mañana sería correcto, un historiador soviético de la época dijo: “Hoy en día lo difícil no es predecir el futuro, sino el pasado”.

Un camarada caído en desgracia desaparece del pasado


PENSAMIENTO Y CREATIVIDAD

POLÍTICA

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Nuevos lenguajes y creatividad

Santillana Lab Participantes

Hace unas semanas asistí como alumno y profesor a un taller, encuentro o clinic en , invitado por Fernando Herranz Mayoral y Juan Carlos Pérez.

santillanalabDanielEstuve allí como alumno porque compartí aquella sesión con personas de diversas profesiones, con las que aprendí muchas cosa verdaderamente interesantes; como profesor porque intenté aportar ideas relacionadas con mi trabajo como guionista o director o profesor de guión, dirección, creatividad o literatura. Es una manera de generar ideas que siempre me ha gustado, y que hizo célebre el MediaLab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets), quizá el mayor centro de invención e innovación mundial.

La sesión tuvo lugar en un lugar llamado El Play, donde nos conocimos todos los participantes, charlamos un rato de manera distendida y después nos dividimos en dos grupos de trabajo, para compartir ideas y propuestas acerca de los nuevos lenguajes en la educación. Después los dos grupos volvimos a juntarnos y se hizo un resumen de los aspectos más interesantes.

#santillanalab

El viernes 13 de junio tendrá lugar la segunda sesión.

Pronto contaré más detalles, pero por ahora dejo aquí uno de los resultados de la sesión, una historieta en la que aparecemos los participantes.

[Puedes usar la barra lateral para leer el comic completo]


 

Creatividad y teorías bastante extravagantes